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Damnation (David Mackenzie et al., Netflix, 2017)

Series, programas, reportajes, telefilms, productoras independientes, youtubers... el formato televisivo liberado para las masas.
Damnation
(o sea, putanación)
David Mackenzie, Adam Kane, Rod Lurie, Eva Sørhaug, Alex Graves (EE.UU. de América, 2017) [60 min]

Portada
IMDb
(Wikipedia | Filmaffinity)


Sinopsis:

    [propia] EE.UU., 1931; marco de la Gran Depresión. Seth Davenport es un sacerdote recién aterrizado en Holden, un pueblecito de Iowa, con una visión teológica inspirada en el Jesús revolucionario y pobre. Hay en marcha una huelga de granjeros contra el descenso de los precios agrícolas marcados por la banca de la región, y la pareja formada por el predicador y su mujer, la periodista Amelia, va a cargar con la responsabilidad de hilar fino a nivel estratégico para ganarla. Enfrente, los poderes fácticos locales (policía, prensa, banca y un organismo paramilitar, la Legión Negra) y la agencia de detectives Pinkerton, que ha enviado a la ciudad a un matón, Creeley Turner, para romper la huelga.

Comentario personal:

    En los nueve primeros minutos de la serie: huelga, robo de propiedad privada justificada por criterios comunales, un banquero jodiendo a los agricultores, un cura diciendo que a Cristo lo mataron porque iba a darle el poder a los pobres, un piquete, un rompehuelgas y un muerto. Así arranca un western socialista.

Marc, en @Libroscinecómic, el 15 de febrero de 2018, escribió:La interpretación bíblica también tiene lucha de clases; por eso se conoce más lo de la otra mejilla que el pasaje "no he venido a traer la paz sino la espada" (Mateo, 10:34). Gran serie: pistoleros de la patronal, manipular el mercado ¿libre?, huelgas y revueltas en los años 30.

Sergio Gregori, en "'Damnation' de Netflix: Cuando la revolución es comerciable", en FurorTV, el 24 de febrero de 2018, escribió:Acostumbrados a una industria cinematográfica marcadamente anticomunista [...], "Damnation" se vuelve una excepción [...] Sin tapujos ni vergüenza, en "Damnation" se habla de marxismo como lo que siempre ha representado: la búsqueda de la justicia social y la hermandad de los trabajadores frente a los parásitos defensores de los privilegios. [...] Si bien "Damnation" no esconde su posición favorable a los “agitadores” en su narración literaria, sí nos recuerda que todo ser humano tiene pasado y pecados compartidos y que nadie nace siendo “el hombre nuevo”.

Brais Fernández, en "'Damnation': De huelgas, biblias y balas", en La Marea, el 16 de febrero de 2018, escribió:Iowa (EEUU), 1931. En plena Gran Depresión, una misteriosa pareja compuesta por un predicador y su esposa dirigen una huelga de granjeros en un pequeño pueblo. En un Medio Oeste golpeado duramente por la crisis desatada en 1929, familias enteras de productores luchan contra los precios abusivamente bajos impuestos por los intermediarios y contra las amenazas de los bancos, siempre ávidos por desahuciar a quienes puedan con tal de aumentar sus beneficios. Así comienza "Damnation", una serie de Netflix que podríamos definir como un “western de la lucha de clases”, que narra una de las épocas más fascinantes de la historia norteamericana.

Episodio tras episodio, desfilan por la serie una cohorte de personajes que, por usar la manida expresión de Max Weber, representan “tipos ideales” de la historia social estadounidense. Ningún personaje es lo que parece ser: todos ellos están atravesados por una profunda necesidad de redención, un sentimiento muy característico de la cultura protestante, en el cual las cuentas del pasado deben ser ajustadas mediante las acciones del presente. No es de extrañar que uno de los protagonistas principales, Seth Davenport, recuerde mucho a aquel predicador atormentado y milenarista que describía John Steinbeck a través de Jim Casy en Las uvas de la ira.

Los personajes que representan en la serie a la clase capitalista (banqueros, industriales y toda una serie de secundarios sin escrúpulos, peones al servicio de las grandes corporaciones) son presentados como fanáticos cínicos profundamente atravesados por una ideología positivista que, en nombre del progreso económico, justifica todo tipo de barbaridades. En el relato oficial del capitalismo, la historia de EEUU se cuenta como una historia sin lucha de clases, en la que un puñado de hombres llegan a un territorio grande, semivacío, con grandes recursos naturales, en el cual los ricos que antes eran pobres se hacen a sí mismos a través de su esfuerzo y audacia. "Damnation" deja claro que toda la riqueza de la oligarquía que ha dominado EEUU durante más de dos siglos surge del trabajo de la clase obrera y de procesos de expropiación periódica hacia todas las formas de propiedad no articuladas en torno a los intereses directos del capital financiero.

Pero como decía Foucault, “donde hay poder, hay resistencia”. La “otra historia de los Estados Unidos”, parafraseando el excelente libro del historiador socialista Howard Zinn, es una historia de huelgas, solidaridad y, por qué no decirlo, resistencia activa y directa frente a la violencia de las élites. Esa violencia que atraviesa la historia de EEUU la ejerce una estrecha alianza entre capital y Estado a través de múltiples mecanismos. En "Damnation" aparecen dos métodos: por un lado, la aparición de grupos fascistas compuestos de tradicionalistas de clase media extremadamente violentos, que las élites no controlan directamente, pero que financian y usan políticamente contra las organizaciones populares; por otro, “los hombres de Pinkerton”, pistoleros rompehuelgas a sueldo de las grandes empresas, y que simbolizan esa vieja costumbre del capital norteamericano de privatizar “la seguridad”, como podemos ver todavía hoy en las cárceles y en los ejércitos privados que inundan medio mundo, como los de la compañía Academi (antes conocida como Blackwater).

Frente a ello, la clase trabajadora norteamericana se organizó en sindicatos, que no dudaron utilizar todo tipo de métodos para defenderse de la violencia patronal. En "Damnation" no queda claro en ningún momento la afiliación partidaria de los militantes obreros, pero a través de las luchas fabriles de Detroit, los conflictos en las minas de Kentucky y las huelgas de okies en el medio oeste, descubrimos “el fuego subterráneo” que se escucha en las canciones de Pete Seeger y Woody Guthrie, y que nos permite conocer las tradiciones del movimiento obrero norteamericano. Si el predicador interpretado por Killian Scott nos recuerda al típico outlaw (fuera de la ley) tan cantado en la música country, el personaje de Amelia Davenport (interpretado por Sarah Jones) representa un tipo de militancia radical que combinaba el periodismo con la capacidad organizativa al mejor estilo John Reed.

En ese sentido, la ideología de la militancia radical que protagoniza "Damnation" sintetiza las dos grandes corrientes originales de pensamiento y acción que atravesaron a la clase trabajadora norteamericana durante el final del siglo XIX y el primer tercio del XX. Por un lado, un proyecto sindicalista revolucionario en torno a los Industrial Workers of the World (IWW), una organización tremendamente creativa en sus métodos. Bajo la consigna “Un único y gran sindicato”, los wobblies (como eran conocidos sus militantes) trataron de organizar al “quinto deprimido: los obreros inmigrantes y desarraigados, los inexpertos, los desorganizados y los rechazados, los grupos más pobres y más débiles de los obreros”.

Con una militancia de una entrega y generosidad inimaginable en nuestros tiempos e iconos como Joe Hill o Mother Jones, fueron capaces de demostraciones épicas de solidaridad, como el traslado masivo de los hijos e hijas de las familias en huelga de una ciudad a otra para protegerlos durante el conflicto, costumbre que imitaría la CNT en España durante los años 30. La otra tradición subterránea presente en "Damnation" es el populismo progresista, que trataba de defender a la ciudadanía de a pie frente a la voracidad de Wall Street. Este movimiento agrupaba campesinos, pequeños propietarios y artesanos, y proponía una vía diferente a la socialista, pues no aspiraba tanto a una revuelta anticapitalista como a defender a los “pequeños” frente a la voracidad de los grandes. Los discursos y prácticas de los personajes de "Damnation" oscilan en esas dos direcciones, eso sí, siempre a punta de pistola.

No desvelaremos nada de la serie, pero sí de cómo acabó esa guerra de clases que recorrió Estados Unidos durante las décadas previas a la Segunda Guerra Mundial. El Partido Demócrata liderado por Franklin D. Roosevelt respondió “democráticamente” a través del New Deal a la ofensiva de las clases trabajadoras con una maniobra que podemos calificar como “hegemónica”: mientras aplastaba a los “comunistas” y a la militancia obrera radical para alejar el peligro de una revolución, integraba mediante ciertas concesiones algunas demandas de los sectores populares. El resultado, como casi siempre, es paradójico: EEUU, con una guerra mundial de por medio, salió de su mayor crisis con un pacto social en el que la gente trabajadora vivía un poco mejor a cambio de no tocar los resortes fundamentales del poder económico.

Quizás la diferencia entre los efectos de la crisis de los años 30 y la crisis que vivimos actualmente se encuentre en la respuesta obrera. "Damnation" nos ayuda a reconciliarnos un poco con una clase obrera que hoy aparece a ojos de muchos izquierdistas como la culpable del monstruo de Donald Trump. Disfrutar de esta serie de Netflix nos permite avistar un hilo rojo y hacernos la pregunta fundamental que planteaba aquel maravilloso himno del movimiento obrero norteamericano: “Which side are you on?” (¿De qué lado estás?).





Apuntes bibliográficos: si "Damnation" le ha abierto el apetito, en España se han editado algunos libros excelentes para conocer la historia de ese periodo. Fuego subterráneo: historia del radicalismo de la clase obrera en los EEUU, de Sharon Smith (que, obviamente, ha inspirado el titulo de este artículo, basado en una expresión muy típica del movimiento revolucionario estadounidense) es un magnífico recorrido por las luchas obreras. Se complementa muy bien con Dinamita: historia de la violencia de clases en EEUU (1826-1934), de Louis Adamic, militante wobbly. Algo más amplio pero igual de fundamental es el ya citado La otra historia de los EEUU, de Howard Zinn. Por último, sobre la historia de los IWW, se editó hace tiempo un libro de Patrick Renshaw llamado Wobblies. Historia de la Industrial Workers of the world, por desgracia descatalogado, y que también citamos más arriba.


Ficha técnica


Reparto:


Idioma original: Inglés.





Secuencias






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detalles técnicos u otros: mostrar contenido
Datos técnicos del primer episodio

General
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fuente: https://dvyp.blog/2018/02/16/damnation-fascismo-pyme



Damnation: el fascismo tiene una PYME


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CdProcer

Días de Vino y Podcast // 16 de febrero de 2018




“Esta serie es una joya”, o al menos eso he pensado a los primeros cinco minutos de empezar a verla. Netflix la describe como la lucha entre los proletarios y los violentos capitalistas del Midwest americano, en un 1930 atenazado por la crisis económica y la Ley seca. Seth y su esposa Amelia, el primero predicador cristiano y la segunda articulista revolucionaria, lideran una huelga en medio de un pequeño pueblo llamado Holden. Los granjeros han estado sufriendo una bajada de precios durísima, que pone en riesgo su modo de vida, y los banqueros y pequeños comerciantes tienen la culpa de ello. Las huelgas han explotado a lo largo del país, y suena en el aire la palabra revolución. Todo el pueblo es un polvorín, del que se prende la mecha con la llegada de “el Rompehuelgas” Creeley, hermanastro de Seth. Así, hermano contra hermano, campesino contra banquero, el pueblo se posiciona, y la sangre llega al río en los bandazos que da el equilibrio de poderes a lo largo de la serie.

Bueno, empecemos. Primeramente, esta serie es, cómo no, otra superproducción occidental donde se respira una excepcionalidad sobrehumana por parte del héroe -Seth- y el antagonista -el Rompehuelgas-. Esto es una continua en el espacio tiempo de las producciones literarias y cinematográficas desde Sherlock Holmes, y ha pasado recientemente también en "La casa de papel", analizada también en DVyP. Como ya se dijo, no es más que un recurso estilístico profusamente empleado para separar al criminal del hombre común (¿alguien se imagina a sí mismo siendo Seth?), provocando que el hombre medio asiduo a este tipo de productos se plantee la criminalidad organizada como algo reservado a genios del mal -o del bien-.

El segundo punto que creo que hay que analizar es la visible analogía entre las acciones de “el Predicador” y la Teología de la Liberación latinoamericana, es decir, curas apoyando a la guerrilla comunista en medio del Amazonas. Esto supone un cambio material en las acciones de los caritativos curas (violencia) sin romper la forma (Iglesia). Es decir: supone una actitud revolucionaria de derrocamiento del sistema apoyándose en la base de la moral judeocristiana, madre de los valores liberales. ¿A favor? Tienen una de las más estables comunidades políticas de toda la historia, los feligreses. ¿En contra? Esa comunidad política depende de superiores jerárquicos que viven en el Vaticano, que normalmente excomulgaban a todo el que oliera a revolución. En definitiva, ya les diera Dios o el Papa el poder de congregar masas, los curas de la Teología de la Liberación recibían su autoridad del poder establecido, con lo que al menos ontológicamente su postura hace aguas.

Analizando más profundamente las relaciones de poder económico, que son una constante en la serie, creo que es de especial importancia sacar a relucir el manuscrito Trabajo asalariado y capital, de Marx. Éste nos permite entender un momento que considero clave: en una negociación entre productores y capitalistas, fin hacia el que se encamina el medio “huelga”, ocurre que a los primeros les hacen un divide et impera en toda regla. Hasta ese momento, ganaderos y granjeros veían afectado por igual el precio de sus productos, es decir, sufrían una rebaja drástica que no les permitía mantener su existencia. Pero en ese momento, en vez de ofrecer 12 dólares por galón de leche se acepta pagar 30, pero ya no se pagará el precio reducido de 6 dólares por fanega de maíz: se pagarán tan sólo 3 para compensar. Esto provoca una pugna entre las clases productoras; de ahora en adelante, los granjeros del maíz estarán solos en su lucha, abandonados por los ganaderos.

Aquí vemos la división marxista del mercado en cuatro grupos: los vendedores que deben vender más caro para cubrir costes, los que se pueden permitir vender más barato, y la misma dinámica para los consumidores. Los capitalistas, que en este caso son “consumidores no finales”, entienden esa diferencia entre las fuerzas de la oferta, y la explotan. De esa manera, dividen la comunidad “vendedores” entre aquéllos que ya cubren sus necesidades con la nueva propuesta de consumo -ganaderos- y aquéllos que no se pueden permitir vender tan barato -granjeros-. La nueva propuesta son las nuevas reglas del mercado; porque está claro que la mano invisible no existe.

Este, en esencia, es el funcionamiento del capitalismo hasta el siglo XX. Con el paso del tiempo, hay cada vez menos pequeños propietarios capaces de aportar sus productos al mercado, que sucumben ante las grandes compañías y aquella minoría beneficiada por ésta. La traducción política de esto en la serie es la pérdida de apoyos para los huelguistas, que pierden la mitad de sus fuerzas.

Continuemos con mis nuevos fanáticos favoritos: la Legión Negra. La Legión Negra, esos encapuchados violentos y tradicionalistas, está constituida por la clase media, que es incapaz de extraer plusvalía ante la negativa de vender a precios rebajados de los pequeños propietarios agrícolas. La pequeña burguesía se torna pues en reacción: el progreso, que es la libertad de los granjeros en base a su no dependencia económica, dinamita todo agarre y control que esas clases medias tienen sobre la población. De otro modo: se usa la huelga para acabar con las dinámicas capitalistas que poco a poco van destruyendo al pequeño propietario en virtud de la acumulación de capital originaria, y ello genera una andanada tradicionalista que carga ora contra el huelguista ora contra los negros.

Por ello, hacia el final de la serie ocurre lo que todo trotskista conoce: la clase media es incapaz de conseguir nada relevante por sí misma, pues es incapaz de constituirse en vanguardia de cualquier movimiento político, y acaba subordinada o bien a la élite o bien a las clases populares. En esta ocasión, como la mayoría de las veces, el capital -representado por el nuevo banquero de Holden- pacta con la clase media rota por el progreso revolucionario y les entrega armas y dinero en su lucha por la permanencia del orden existente. Ya lo dice la frase: cuando tiras a un liberal por las escaleras, se vuelve un fascista. Y como en general a los liberales no les gusta quedar de extremistas, han encontrado su mayor activo, como reconocen en la serie: una capucha negra, es decir, el anonimato y la homogeneidad. Todos somos clase media, ¿os suena?

Es importante destacar el papel que tiene esta Legión Negra, la cual existió de verdad: frente a la incapacidad de los mecanismos comunes y normalizados de represión, es decir, las fuerzas policiales, entra en escena lo paramilitar -detectives, pistoleros y sectas tradicionalistas-. La negación de la violencia en la sociedad liberal no permite vertebrar ésta a través los aparatos y mecanismos de los que dispone el poder legitimado, o tan sólo levemente; por ello, resulta necesario emplear herramientas situadas fuera del marco legal. Esto, a su vez, se realiza precisamente para la superviviencia de ese marco legal, que no puede escapar de un origen violento. En conclusión, la paz demócrata contiene en sí la violencia primigenia, que aparece en los momentos de tensión.

Considero necesario pararse a analizar el papel de “el Rompehuelgas”, el hermano de Seth -Creeley-. Éste no es más que un lumpen que sirve de apoyo a las élites para reprimir huelgas. Pinckerton fue usado para ello durante la última etapa del siglo XIX en Estados Unidos. Una vez más, la teoría del 18 de Brumario De Luis Bonaparte es válida: así como la “Guardia Móvil” de lúmpenes aseguró el triunfo del futuro emperador, el hecho de que el Rompehuelgas sea sacado de la cárcel para acabar de brazo ejecutor de los poderosos no puede ser considerado un simple recurso narrativo. En 1892, durante la huelga de Homestead, los agentes de Pinkerton como Creeley mataron a 10 obreros y dejaron más de 70 heridos, mientras intentaban romper una huelga.

El esquema se repite con un tal señor Johnson; él y el Rompehuelgas representan a aquellos desechados del mercado laboral legal para servir como hacha de verdugo ante la hidra del cambio social. Por lo tanto, jamás dejan de ser una herramienta en manos de las élites, como lo es la Legión Negra y como el padre de Seth y Creeley les había enseñado. Cuando Creeley sigue sin progresar en su misión de acabar con la huelga, es llevado delante de hombres de negocios que los tratan como animales: los alimentan, los cuidan y, desde una altura prudencial, los hacen luchar a muerte. Puro divertimento.

Antes de empezar a pelarse, Creeley advierte a Johnson: “son de otra especie”. El poder les separa, los hace, en esencia, diferentes. El señor Hide, que había sido el reclutador y empleador de Creeley, lo traiciona metiéndole en esa pelea, ¿o no? ¿Se puede castigar a un hacha? Ese es su castigo por fallar. Pero el Rompehuelgas, ganando la pelea, se ve incapaz de acabar con Hide, que se ha quedado a su alcance: las lógicas de poder le impiden actuar como quisiera, las disciplinas de poder actúan sobre el cuerpo del Rompehuelgas, impidiéndole llevar a cabo su venganza y sus impulsos. En otras palabras, su voluntad de poder se somete ante el monstruo del poder y sus reglas.

Es curiosa la figura de este señor Hide, y aquéllos que lo acompañan. En sus elegantes trajes y sus despóticos métodos, en sus cacerías en busca de venados, la palabra progreso les ronda siempre el habla. La expropiación de la que trata el capítulo 24 de Das Kapital, La llamada acumulación originaria, supone un progreso frente al feudalismo. La violencia con la que la burguesía arranca de las manos aún calientes a los pequeños propietarios o yeomens ingleses es fascinante, y es de entender que este proceso se empleara también en el atrasado Midwest americano unos siglos más tarde. Como ya se ha dicho más arriba, ésta estrategia forma parte de la violencia primigenia sobre la que se erigen las instituciones liberales.

El final, a todo esto, es el de toda serie de cowboys que se precie: tiroteos, traiciones, pactos de última hora y victoria del bando de lo correcto. Para el Rompehuelgas, ahora parte de ese bando, hay una ascensión social; lo que su padre nunca pudo tener. Para el Predicador, sin embargo, hay dolor: la temporada se cierra con el más que probable asesinato por parte de una agente de Pinkerton infiltrada.

Por concluir y no extenderme más: es una serie tremenda, que no trata de disimular las tensiones sociales sino que nutre la trama de éstas, y eso, en los tiempos que corren, ya es algo. Sus diez capítulos, aunque a veces se hacen pesados, no dejan indiferente a nadie.


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