Página 2 de 2

NotaPublicado: Mié May 02, 2007 9:34 pm
por anacharsis
Pues seguiremos aportando material para la reflexión:

“Mandar obedeciendo”, lo llama el sub comandante Marcos
Servir los intereses y aspiraciones de la clase trabajadora, es lo que da carácter de vanguardia al partido

Pedro Campos Santos
Rebelión


Tradicionalmente, desde que Lenin desarrolló su teoría sobre el papel de vanguardia del Partido Comunista en relación con la clase obrera, el movimiento comunista internacional y sus partidos afiliados se esforzaron por guiar y encabezar las luchas económicas y políticas de las masas trabajadoras.

Después de la muerte del líder bolchevique, en el seno del movimiento comunista y obrero internacional se desarrollaron y agudizaron múltiples contradicciones, cuando la dialéctica revolucionaria fue trocada en postulados preestablecidos, que se aprendían como el catecismo, y se pretendía aplicarlos mecánicamente en disímiles contextos, provocando muchos equívocos.

En general, los intentos de controlar y dirigir el movimiento obrero internacional sobre la base de un pensamiento homogéneo, se distanciaban de la amplia concepción original de la Primera Internacional, que fundó y dirigió Carlos Marx. Esta organización pretendía la unión y coordinación de las acciones del movimiento obrero del mundo entero, sin distinción de línea política, sin sectarismos, sin pretender uniformarlo, ni mucho menos dirigirlo desde un centro.

Los estatutos generales de la Asociación Internacional de los Trabajadores redactados por Marx, expresan en su artículo primero: “La Asociación es establecida para crear un centro de comunicación y de cooperación entre las sociedades obreras de los diferentes países y que aspiren a un mismo fin, a saber: la defensa, el progreso y la completa emancipación de la clase obrera.” (1)

Y, en “Las pretendidas escisiones en la Internacional”, señalan los fundadores del Socialismo Científico: “Así, los Estatutos de la Internacional, no reconocen más que simples sociedades “obreras”, todas las cuales persiguen el mismo objetivo y aceptan el mismo programa. Programa que se limita a trazar los rasgos generales del movimiento proletario, y deja su elaboración teórica a cargo de las secciones, que aprovecharán para ello el impulso dado por las necesidades de la lucha práctica y el intercambio de ideas que se efectúa. En los órganos de las secciones y en sus congresos se admiten indistintamente todas las convicciones socialistas” (2)

Las actuaciones de Marx y Engels en el seno de la Primera Internacional, la Asociación Internacional de los Trabajadores, muestran su consecuencia con desarrollar todo el accionar revolucionario de los trabajadores a partir de la propia realidad, del movimiento concreto que experimentaba la lucha de clases y no compartían ninguna idea preconcebida como doctrina sectaria que tratara de imponer, desde fuera, ningún particular camino a la clase trabajadora.

Toda la obra teórica de Marx, es un sistemático y profundo canto analítico a la realidad, sus entrecruzadas causas y manifestaciones y, cuando su mirada iba más allá de su tiempo, solo era proyectada de manera general, como prolongación del desarrollo dialéctico de esa realidad.

En la Guerra Civil en Francia, Marx expresa: “La clase obrera no esperaba de la Comuna ningún milagro. Los obreros no tienen ninguna utopía lista para implantarla por decreto del pueblo…. Ellos no tienen que realizar ningunos ideales, sino simplemente dar (rienda) suelta a los elementos de la nueva sociedad que la vieja sociedad burguesa agonizante lleva en su seno. Plenamente conciente de su misión histórica y heroicamente resuelta a obrar con arreglo a ella, la clase obrera puede mofarse de las burdas inventivas de los lacayos de la pluma y de la protección pedantesca de los doctrinarios burgueses bien intencionados, que vierten sus ignorantes vulgaridades y sus fantasías sectarias con un tono sibilino de infalibilidad científica” (3)

La Segunda Internacional, en este sentido, tuvo una línea parecida a la de la Primera, hasta que, violando el sentido internacionalista de la clase trabajadora, fracasó por el chovinismo que predominó en el seno del movimiento obrero europeo cuando la Primera Guerra Mundial.

La Tercera Internacional, creada por Lenin, significó un cambio total en las concepciones orgánicas y organizativas respecto a las ideas originales de Marx, y estructuró la Internacional sobre la base de organizaciones políticas para dirigir o pretender dirigir el movimiento obrero, que deberían tener una concepción similar sobre los medios y fines de las luchas obreras y deberían responder a una estructura vertical, y a los principios del centralismo democrático a la manera del partido comunista. El II Congreso de la III Internacional celebrado en 1920, adoptó las “21 Condiciones” que restringían aún más la participación de organizaciones proletarias y establecía una disciplina partidista a nivel internacional (4).

Luego de la muerte del fundador de la III Internacional, se afianzó la tendencia sectaria que, con Stalin al frente, tendió a subordinar todo el movimiento obrero mundial a las concepciones, directrices e intereses del gobierno de la URSS, no sin lucha en el seno de la IC, como evidenciaron las discusiones y acuerdos de su VII y último Congreso celebrado en 1935. (5) La III Internacional se disolvió en 1943, y en 1947 se creó la Oficina de Información Comunista, que fue cerrada en 1956.

Inspirados en las ideas de Lenin y el triunfo de la Revolución de Octubre, los partidos organizados bajo esta concepción y guiados desde un centro director general, llegaron a controlar incluso el gran mapa “socialista” que componían la URSS con sus Repúblicas Socialistas Soviéticas, las Democracias Populares del Este Europeo y que luego se amplió con la República Popular China y Viet Nam.

Cuba se incorporó al grupo de naciones que intentaban construir el socialismo, pero aquí los comunistas no habían sido la fuerza dirigente principal que inició el movimiento revolucionario, sino que se le incorporaron y, más tarde, en los albores de la lucha concreta por las nuevas relaciones de producción socialistas, se diluyeron en el nuevo partido de la Revolución. (6)

La filosofía dirigista que predominó en el Movimiento Comunista Internacional después de Lenin, y que pretendió imponer dogmas y preconceptos a la construcción socialista, en lugar de partir de las realidades económico-sociales de cada país, y que procuraba poner el movimiento comunista internacional en función de los intereses y consideraciones del gobierno de la URSS, es responsable en buena medida del derrumbe del Socialismo Soviético con todos sus cohetes nucleares, sus 15 Repúblicas y todo el Pacto de Varsovia.

Esta situación llegó tan lejos como a las intervenciones militares de la URSS en Polonia, Hungría, y Checoslovaquia, la expulsión del Partido Comunista Yugoslavo de la Oficina de Información Comunista , el rechazo a la participación yugoslava en el CAME y a las fuertes discrepancias chino-soviéticas que llevaron a conflictos militares fronterizos -por citar las más conocidas- todo, por diferencias de enfoques surgidas de la propia clase trabajadora y los Partidos Comunistas que, precisamente, se salían de la aplicación de concepciones dogmáticas sobre el papel del Partido, la clase obrera y las políticas que debían aplicarse.

La manera de establecer el camino a seguir, por decreto partidista, según entiendan las cúpulas dirigentes, o convenga a sus intereses de grupo, buscando una vía desarrollista sin tener primero en cuenta el avance de las relaciones socialistas de producción, ni las demandas inmediatas de las masas trabajadoras, ya sean manuales o intelectuales, de la ciudad o del campo, es también responsable -en mucha medida- de que en China avance un capitalismo de Estado cada vez más acentuado, con paulatino predominio del capital extranjero. (7)

Si el reformismo económico de los partidos obreros, los llevó en ocasiones a colocarse a la zaga del capitalismo, el desconocimiento o subestimación de los intereses concretos inmediatos de los trabajadores, los condujo, en ocasiones, a desligarse de las masas trabajadoras. Las consecuencias fueron desastrosas en todos los casos, pero peores cuando eso ocurría desde el poder.

Del fracasado socialismo de fines del siglo pasado, unos partidos comunistas que giraban en la órbita soviética, simplemente, desaparecieron; otros vieron decrecer su influencia; algunos se fundieron con otras fuerzas para no perecer y unos pocos lograron cambiar a tiempo sus programas, adecuándose a las necesidades concretas del movimiento obrero y han logrado insertarse exitosamente en las nuevas condiciones.

Debemos extraer las lecciones de la historia. Si el resultado práctico de todo aquello fue ese desastre en casi todas partes ¿dónde, cuándo y cómo se perdió el papel de vanguardia de las luchas sociales, de los movimientos de los trabajadores? No es “hacer leña del árbol caído”. No. Tenemos, necesitamos, estamos urgidos de encontrar qué falló en esa “concepción de vanguardia”. No se trata de cuestionar el papel de dirigente que debe jugar el Partido, sino de cómo realizarlo efectivamente a partir de conjugar los intereses inmediatos, mediatos y estratégicos de los trabajadores y no imaginar que pueda ser ejercido por simple decreto y el establecimiento de líneas predeterminadas o de esquemas ideados por “mentes superiores”.

Marx nunca organizó un partido político nacional para imponerle una línea al movimiento obrero. Los fundadores del Socialismo Científico buscaban siempre imbricar su pensamiento con los movimientos obreros ya existentes, escarbaban en esas experiencias de lucha de las clases trabajadoras, las manifestaciones de sus intereses, los modos y maneras en que actuaban, al tiempo que criticaban las organizaciones sectarias que trataban de controlar el movimiento obrero en función de intereses estrechos de grupos o individuos.

En carta a Carlos Cafiero, cuando Engels reseña la oposición suya y de Marx, a incluir en el programa de la Internacional, la demanda de Bakunin de la abolición del derecho de herencia y del Estado, señala: “En nuestra Asociación tenemos hombres de todo género: comunistas, proudhonistas, unionistas, tradeunionistas, cooperadores, bakuninistas, etc., e incluso en nuestro Consejo General hay hombres de opiniones bastantes diferentes. En el momento en que la Asociación se convirtiera en una secta, estaría perdida. Nuestra fuerzas reside en la amplitud con que interpretamos el artículo primero de los Estatutos, a saber: que son admitidos todos los hombres que aspiran a la emancipación completa de la clase obrera.” (8)

Es evidente que para Marx y Engels el Partido tenía que ser menos secta y más sindicato, discusión que luego se sostuvo en el seno de varios partidos comunistas y de la propia Internacional, cuando para muchos de sus cuadros, se hacía claro que algunos elementos del partido, trataban sus asuntos como conciliábulo, en reuniones cerradas, con agendas secretas y resultados más ocultos, aislados de las masas de los trabajadores y distanciándose de sus acciones e intereses inmediatos.

Esta tendencia se evidenció con más fuerza en los movimientos revolucionarios y partidos obreros de los países capitalistas de menos desarrollo, donde se subestimaba la lucha por los intereses más inmediatos de los trabajadores, lo cual era considerado como “economicismo”. Al respecto, en carta a Paul Lafargue, Marx, refiriéndose a Bakunin, expresa: “Este asno no ha comprendido siquiera que todo movimiento de clase como tal es y ha sido siempre necesariamente un movimiento político.” (9)

Después de la Revolución de Octubre, se desarrolló el esquema de que la teoría revolucionaria venía de la intelectualidad que estaba fuera de la clase trabajadora y que era el Partido quien daba sentido revolucionario a las acciones de los trabajadores. Los teóricos revolucionarios que interpretaron así el marxismo, no valoraron en toda su dimensión, las acciones propias de Marx en el seno de la clase obrera inglesa, y sus constantes llamados a interpretar la realidad no como reflejo del pensamiento, sino precisamente al revés: el pensamiento como reflejo de la realidad, tal cual es. Su llamado a transformarla -“práctico-crítica”- era partiendo de esa misma realidad, como precisa Marx en las Tesis 1, 8 y 14 sobre Feuerbach. (10)

Aquella concepción intelectualista que ganó muchos adeptos dentro del movimiento comunista, contribuyó también a la sobre valoración, por muchos dirigentes, del papel predominante de los pensadores y las “teorías revolucionarias”, sobre las tendencias prácticas de la sociedad y la actuación concreta del movimiento obrero, que no debían confundirse con espontaneismo y anarquía.

La clase trabajadora moderna que incluye a todos los asalariados, sobre todo a partir de la revolución científico técnica y la automatización, ha adquirido una fisonomía más amplia que incluye a toda la intelectualidad trabajadora, productora de bienes, tecnologías y servicios, altamente calificada y culturalmente desarrollada, capaz de generar masas de políticos y científicos sociales desde su propio seno, que no solo dominan las teorías revolucionarias, sino que lo hacen desde la posición de la clase trabajadora.

Si luego de la revolución industrial inglesa, la clase obrera, por componerse en su mayoría de asalariados manuales, precisó de intelectuales venidos de otras clases, para que le ayudaran a reconocer las concepciones científicas en las que se basaban sus condiciones de existencia y desarrollo, esa situación empezó a cambiar con el nacimiento del siglo XX, al final del cual, se había transmutado completamente.

Siendo así, hoy se hace más real que nunca, la frase varias veces expuesta por los fundadores del Socialismo Científico, tan repetida como poco entendida: “la emancipación de la clase obrera, debe ser obra de la clase obrera misma”, lo que obliga más todavía, a partir de las propias consideraciones de los modernos obreros, para establecer cualquier línea de actuación del movimiento revolucionario de los trabajadores.

En verdad, la actuación de Marx y Engels, más que de vanguardia, parecía una acción de búsqueda minuciosa en la retaguardia del movimiento obrero. Siempre estaban a la zaga, aprendiendo y luego interpretando el movimiento, sus acciones, el significado de las mismas, hacia dónde conducían, qué encerraban, qué buscaban los trabajadores. Ellos no especulaban, no inventaban soluciones, las extraían de las experiencias vivas, históricas, concretas del movimiento obrero, aprendían de ellos: Qué hacían los obreros, qué querían…Ese era el camino.

Engels, en carta a Konrad Shmidt en agosto de 1890, expresa: “Nuestra concepción de la historia es, sobre todo, una guía para el estudio y no una palanca para levantar construcciones a la manera del hegelianismo”. (11) Cinco años después ratifica el aserto en carta a Werner Sombart: ...“toda la concepción de Marx, no es una doctrina, sino un método”. (12) Para ellos el papel de los comunistas no era imponer nada, sino simplemente identificar la realidad para facilitarla e impulsarla y transformarla, pero a partir de ella misma.

Cuando la Comuna de París, y luego, en relación con los movimientos y partidos de la clase obrera alemana, inglesa, europea en general, trataron de influir, aportaron criterios, también sostuvieron ácidas polémicas con los líderes de aquellos movimientos proletarios, sobre todo con Lassalle y Bakunin pero, más que nada los estudiaban. Incluso después del Manifiesto Comunista firmado en 1848, y de la fundación de la Primera Internacional en 1864, la actuación de los clásicos fue tratar de unir y coordinar el movimiento político de la clase obrera internacional existente, más que guiarlo, conducirlo, o hacer de vanguardia.

La experiencia práctica posterior de muchos partidos comunistas, demuestra que sus posibilidades de influencia se acrecentaron en la medida en que asumieron o se integraron a los movimientos, acciones y procesos revolucionarios obreros o nacionales, actuando más desde los propios intereses de los trabajadores, que como pretendidas vanguardias.

Luego del desastre socialista de fines del siglo pasado, el neoliberalismo aprovechó la confusión creada en el movimiento obrero, para desarticular los beneficios obtenidos por los trabajadores en un largo siglo de luchas contra el capital como el derecho de huelga, las grandes centrales sindicales, los salarios mínimos, la jornadas de 6 y 8 horas, las compensaciones salariales por la inflación, los contratos colectivos de trabajo, el pago de horas extras y otras por el estilo.

En los últimos años la situación ha ido cambiando, pues el aumento de la explotación de la clase trabajadora en los países capitalistas desarrollados, el saqueo del llamado Tercer Mundo y las guerras de rapiña imperialistas por el control de los recursos naturales y los mercados, han acentuado como nunca las diferencias sociales, y han arrojado a la pobreza, a la marginación y a la miseria a millones de seres humanos en todas partes, incluidos los propios países capitalistas desarrollados. A causa de esto, un movimiento migratorio “ilegal” de enormes proporciones tiene lugar en todos los continentes.

El movimiento obrero internacional se va recuperando del trance producido en el cambio de milenio, y la resistencia en cada país crece, al tiempo que nuevas formas internacionales de unión y organización van surgiendo, como los movimientos alter mundistas; y nuevos procesos revolucionarios, en todo el mundo, nacidos de nuevas condiciones y diversos matices, van aflorando como la Revolución bolivariana en Venezuela, el triunfo del Movimiento Al Socialismo (MAS) en Bolivia, y los triunfos democráticos de gobiernos progresistas en América Latina.

Paralelamente se producen otros procesos internacionales, en Rusia, China, y en muchos países productores de materias primas que tienden a contrarrestar al hegemonismo norteamericano, creído invencible centro de poder unipolar, desde fines de la pasada centuria.

El movimiento obrero, no solo se manifiesta a través de sus organizaciones relacionadas con los partidos de izquierda, sino en las acciones mismas de los trabajadores y grupos de trabajadores en su actividad práctica, incluso sin control de esas organizaciones, informalmente, en relación con la producción de bienes materiales, en las formas de apropiación de los resultados y en la manera en que realiza su auto-reproducción como clase.

F.Engels en Ludwing Feuerbach y el fin de la filosofía clásica alemana, al considerar el método materialista dialéctico en Marx señala: “Pero de la descomposición de la escuela hegeliana…brotó esta corriente de Marx.…replegándose sobre las posiciones materialistas. Es decir decidiéndose a concebir el mundo real –la naturaleza y la historia- tal como se presenta a cualquiera que lo mire sin quimeras idealistas preconcebidas; decidiéndose a sacrificar implacablemente todas las quimeras idealistas que no concordasen con los hechos, enfocados en su propia concatenación y no en una concatenación imaginaria.” (13)

Esa es la manera de evitar decisiones preconcebidas, burocráticas, administrativas, de tipo “dirigista” que, en lugar de beneficiar el avance del movimiento obrero y el proceso revolucionario hacia el socialismo, puedan ser contrarias a los intereses de los trabajadores y a la revolución socialista que, en la era moderna son una y la misma cosa, no porque la clase obrera tenga obligadamente que asumir y apoyar las posiciones del partido, sino porque precisamente, es al revés: el partido debe identificarse con y promover, los intereses de los trabajadores.

Una interpretación muy mexicana y también muy realista de esa dialéctica marxista sobre el papel de los revolucionarios, la encontramos en una de las consignas del sub-Comandante Marcos, Jefe del Ejército Zapatista de Liberación Nacional de México: “mandar obedeciendo”. La única forma de realizar una dirección efectiva de la clase trabajadora, es conociendo sus dinámicas y sirviendo -obedeciendo- a sus intereses, prioridades y aspiraciones.

Las organizaciones políticas que pretendan encabezar el movimiento obrero en cualquier país del mundo moderno, deben tener en cuenta todo esto, si no quieren fracasar.




Bibliografía

1) C. Marx. Estatutos Generales de la Asociación Internacional de los Trabajadores. C. Marx y F.Engels OE en tres tomos. T-II. Editorial Progreso. Moscú 1973.

2) C, Marx y F. Engels. Las pretendidas escisiones en la Internacional. C.Marx y F. Engles. OE en tres tomos. T-II. Editorial Progreso. Moscú 1973.

3) C. Marx. La guerra civil en Francia. C.Marx y F.Engels. OE en tres tomos. T-II. Editorial Progreso. Moscú 1973.

4) Instituto de Marxismo-Leninismo Anexo al CC del PCUS. La Internacional Comunista. Ensayo histórico sucinto. Editorial Progreso. Moscú

5) Idem.

6) El Partido Socialista Popular, Partido Comunista, participó en la lucha contra la tiranía de Batista y después de un período de indecisión decide apoyar la lucha armada que se desarrollaba en la Sierra Maestra. Luego del triunfo de la Revolución, se integró junto a las otras fuerzas revolucionarias en el Partido Unido de la Revolución Socialista (PURS) -bajo la dirección del Comandante en Jefe Fidel Castro- que más tarde adoptó el nombre de Partido Comunista de Cuba. Nota del autor.

7) Según estadísticas del Ministerio de Comercio de China, el pasado año, de las 500 empresas con un volumen de comercio exterior superior a 300 millones de dólares, 304, el 60,8% del total, son firmas de inversión foránea, el resto 141 son de propiedad estatal y 55 empresas privadas chinas. Las 500 principales firmas exportadoras vendieron unos 605 mil millones de dólares, 42,6% del total. La mayor exportadora del país el pasado año con 14 mil 470 millones de dólares fue la compañía Hongfujin Precision Industrial, subsidiaria del mayor fabricante de productos electrónicos de Taiwán, perteneciente a su vez a la estadounidense General Electric. Datos tomados del comentario para Radio Habana Cuba del economista cubano Santiago Brugal: China: El Yuan, comercio y crecimiento. 21 de julio de 2006.

8) F. Engels. Carta a Carlos Cafiero. 1-3 de julio de 1871. Marx, Engels y Lenin acerca del anarquismo y el anarcosindicalismo. Editorial Progreso. Moscú.

9) C. Marx. Carta a Paul Lafargue, 19 de abril de 1870. Marx, Engels y Lenin acerca del anarquismo y el anarcosindicalismo. Editorial Progreso. Moscú.

10) C. Marx. Tesis sobre Feuerbach. C.Marx y F. Engels, OE en tres Tomos. T-I Editorial Progreso, Moscú 1973.

11) F.Engels. Carta a Conrado Shmidt el 5 de agosto de 1890. C.Marx y F. Engels, OE en tres Tomos. T-III Editorial Progreso, Moscú 1974.

12) F.Engels. Carta Werner Sombart. 11 de marzo de 1895. . C.Marx y F. Engels, OE en tres Tomos. T-III Editorial Progreso, Moscú 1974.

13) F. Engels. Ludwing Feuerbach y el fin de la filosofía clásica alemana. C.Marx y F. Engels, OE en tres Tomos. T-III Editorial Progreso, Moscú 1974


el marxismo es una ciencia?

NotaPublicado: Lun May 07, 2007 10:22 am
por klaudia_daniela
No entiendo ese carácter científico que se le quiere dar al Marxismo. Podemos hacer un paralelismo entre la historia de la filosofía y la historia de la ciencia, pero eso no significa que englobemos una dentro de la otra.
Al menos como ciencia exacta, con la que podemos hacer predicciones.
Aquí dejo un artículo que quizás pueda dar pié a más debate: ( es importante saber sobre el autor que escribe estos artículos, a mí no me suena ese nombre, pero bue , consideré interesante este escrito que cuelgo a continuación).
Si el marxismo no puede ser considerado ciencia, entonces, ¿qué sentido tiene hablar de un "Marx empantanado" ?

El marxismo ¿es una ciencia?

Jordi Soler Alomà

Existe la creencia bastante difundida que el marxismo es una ciencia. Por ejemplo, ante los problemas de la humanidad, hay quien tiene una fe ciega en que la ciencia del marxismo los va a resolver.

Veamos qué hay de cierto en dicho supuesto:

Para que la proposición "el marxismo es una ciencia" tenga sentido, debemos establecer, antes que nada, el significado -que debemos consensuar- de marxismo, por un lado, y de ciencia, por el otro; entre otras cosas, porque ninguno de los dos conceptos es ajeno a la controversia.

Empecemos por el concepto de marxismo: se suele concebir el marxismo como una corriente ideológica -es decir, un conjunto de supuestos cognitivos y de principios normativos- que fue fundada por Carlos Marx, quien seria -según el tópico que analizamos- su máximo exponente. Sin embargo, dentro de lo que históricamente se ha venido a llamar marxismo conviven múltiples tendencias de lo más heterogéneas y variopintas. Para muestra: leninismo, trotskismo, maoísmo, estalinismo, marxismo-leninismo, la metafísica materialista-dialéctica, kautskismo, marxismo estructuralista, teoría crítica (escuela de Frankfurt), revisionismo bernsteiniano, existencialismo marcussiano y otras.

Para que un cuerpo de conocimiento pueda ser considerado una ciencia, uno de los requisitos que se le exigen es que mantenga cierta homogeneidad de criterios; condición que, en la anterior relación, obviamente no se da; además, algunas de dichas tendencias son directamente anticientíficas: para la teoría crítica la ciencia es ideología, para Marcusse, los diamats y Stalin es una veleidad burguesa. Sin embargo, cuando nos referimos al marxismo como ciencia estamos pensando, sobre todo -y con razón-, en Marx. Pero, en este punto, topamos con un problema: fue, precisamente, el propio Marx, quien se excluyó a sí mismo del conjunto del marxismo. No era en broma cuando le dijo a su yerno, Paúl Lafargue: "lo cierto es que yo no soy marxista". Marx, que era un hombre de mentalidad abierta, no podía tolerar ni que se convirtiera su pensamiento en un catecismo ni que llevara su nombre una especie de secta dogmática, ni que en su nombre se profirieran todo tipo de estupideces; lo que deseaba era que la gente conocedora de su obra se animara a pensar por cuenta propia. En ese contexto, desautorizó a sus dos yernos marxistas, Lafargue y Longuet -confesos seguidores suyos-, colgándoles los epítetos de "el último bakuninista" y "el último proudhonista", respectivamente.

Vemos, pues, que no podemos incluir a Marx en el marxismo sin traicionar la voluntad del propio Marx. Pero, como cuando pensamos en el marxismo como ciencia suponemos a Marx, lo que ahora debemos averiguar es si el pensamiento del gran sabio es una ciencia específica, delimitable como una rama autónoma del corpus científico.

Un proceso de investigación cumple con el método científico si da los siguientes pasos:

- Descubrimiento de un problema: Marx observa que hace falta un análisis científico del funcionamiento de la sociedad moderna (en síntesis, del capital).

- Planteamiento: la sociedad moderna, como todo sistema social, es un proceso que tiene su génesis, desarrollo y culminación, punto en el cual se transformará en otra cosa; debemos conocer las leyes que rigen ese proceso -entre las cuales destaca la del funcionamiento del capital- para poder actuar racionalmente sobre él; es decir, para que la negación de la sociedad moderna sea dialéctica y no mecánica.

- Cuerpo de conocimientos relacionados: economía política, historia, politología, filosofía, material empírico y estadístico, etc.

- Solución con el material obtenido: Marx examina con un trabajo ciclópeo los conocimientos existentes constata que no permiten la solución del problema planteado; por lo tanto, sintetiza todo el inmenso caudal de material con el que ha trabajado, establece críticamente sus límites y da el siguiente paso.

- Establecimiento de nuevos contenidos: además del método científico, Marx aplica la dialéctica al análisis de la forma mercancía, que él entiende que es la célula del organismo del capital; demuestra cómo a partir de la forma mercancía del producto del trabajo surge necesariamente la forma dinero y el capital; desarrolla el concepto de valor, demostrando que la esencia de toda otra ulterior forma de valor reside en la forma relativa; procede al análisis del proceso de formación del capital, diferenciando fuerza de trabajo y trabajo; etc.

- Solución al problema: efectivamente, Marx ofrece una explicación cabal y legaliforme del funcionamiento del sistema capitalista, de cómo surge y se desarrolla el capital y de cómo se genera el valor y el plusvalor en el proceso de trabajo, de cómo se transmite el valor a través de los elementos de la estructura de la sociedad y de cómo el proceso económico condiciona el funcionamiento general del sistema, engarzado retroactivamente con la base ideológica que lo legitima. Demuestra, también, que los propios principios constitutivos del sistema -tanto materiales como espirituales- no pueden llevarse hasta sus últimas consecuencias sin la transformación del propio sistema.

Hasta aquí hemos podido comprobar: a) que el marxismo no es una ciencia; b) que Marx no pertenece al conjunto de tendencias que constituyen el marxismo; c) que Marx opera de acuerdo con los cánones de la ciencia.

Queda pendiente: explicar en qué consiste la aplicación dialéctica del método científico de Marx, empresa que dejo para un ulterior trabajo.

más elementos para reflexionar

NotaPublicado: Lun May 07, 2007 3:22 pm
por klaudia_daniela
Para comenzar hay que sentar unas cuentas verdades del barquero. Un criterio de avance o perfeccionamiento en una ciencia, y desde luego en la elaboración del marxismo, es el siguiente: Cada nueva versión de su teoría, si es valida, explica, incluye además, el exceso empírico sobre el contenido de su predecesora. Es decir que comprende hechos nuevos, inesperados o no contemplados en la original formulación y también que excluye hechos viejos que ya no están presentes en la realidad. Es lo mismo, algo de su exceso empírico surgido recientemente, es corroborado y lo inactual es desechado. Por gran ejemplo de necesaria agregación, la proletarización de las mujeres, que en EE.UU. son algo más del 50% de todos los asalariados.

Naturalmente tampoco en el marxismo hay caminos reales, ni nadie adquiere conocimientos por ciencia infusa y menos en una ciencia cuyo fundamento declarado es el materialismo. Más, hay que tener presente que el materialismo es el fundamento del marxismo, los seudomarxismos clericales son inauténticos.

El marxismo es un sistema formado por teorías y métodos, condiciones bajo las cuales los marxistas conducen su investigación, previa a su práctica. Ya que: Sin teoría revolucionaria no hay movimiento revolucionario (*)

La teoría debe poseer un grado de coherencia que conlleve la elaboración de un programa definido para la investigación futura, en cualquier presente. Debe asimismo ser capaz de comprender el pasado.

También el marxismo, como cualquier otra ciencia, es algo a realizarse cooperativamente por personas que tengan un interés común. Hay que considerarlo fruto de un colectivo de pensamiento, con un estilo de pensamiento, resultado de una estructura sociológica y de convicciones.

Es indudable que las concepciones científicas del marxismo no se basan meramente en las observaciones del material empírico, sino también o más en las ideas cuya génesis proviene del siglo XIX, sin el estudio de Marx y Engels no hay marxismo.

Las tres fases yuxtapuestas del desarrollo del marxismo son:

1º La instauración del estilo del pensamiento, correspondiente exclusivamente a Marx y Engels;

2º La extensión del estilo de pensamiento, correspondiente a las grandes corrientes del marxismo en el siglo XX;

3º La transformación precisa hoy para incluir los fenómenos de la historia humana con que nos enfrentamos en el siglo XXI.

Estas tres fases unidas son tres hilos entrelazados que juntos formarían un marxismo restablecido, y son los factores decisivos para su instauración, extensión y continuidad.

Mucho más el marxismo que cualquier otra ciencia tiene una fuerte dependencia de la lucha de clases, del ambiente social en el que se desenvuelve, ambiente social que contribuye a su desarrollo o que lo inhibe por la presión social o política de los aparatos ideológicos del estado.

El marxismo no puede ser entendido sin recurrir a su aventura en el mundo, a su historia, pero sin que su estructura de ideas pueda dejarse de lado. Por tanto el estudio de las nuevos hechos del presente es un paso necesario para comprender el mundo con la mejor herramienta intelectual al alcance.

Hay que investigar y estudiar, sin confundir la opinión con el estudio y sus resultados.

(*) V.I. Lenin



El estado y la contrarrevolución

Hace 15 años que la URSS salió de la historia del mundo.
Francisco Bonal García (Para Kaosenlared) [30.08.2006 18:36] - 602 lecturas - 9 comentarios


Hace 15 años que el estado soviético se hundió. La noche de aquel día, yo trabajaba hasta las o­nce de la noche, al salir de la empresa busque a un anarquista que conozco desde hace años para decirle que la concepción anarquista sobre el estado prevalecía sobre la marxista, exactamente que el sustantivo estado era más importante que el apellido, burgués o proletario (“de todo el pueblo”)

Hasta esa fecha nadie había previsto una contrarrevolución pacifica, aunque el parlamento contrarrevolucionario que entonces se defendía fue volado en pedazos año y medio después por las mismas fuerzas sociales emergentes, la parte que se impuso de la burocracia exsovietica iniciando el camino para convertirse en una nueva burguesía mezclada inicialmente con los nacionalismos periféricos aliados al imperialismo yanqui.

Fueron los restauradores del capitalismo en la URSS, cuyo rostro visible fue Yelsin, un antiguo suplente del buró político del PCUS, un numeroso sector de la burocracia estatal que franqueó el Rubicón desde gestionar a apropiarse de la propiedad estatal, completándose así el ciclo de la contrarrevolución y de la restauración del capitalismo en la URSS.

Más, el PCUS, un partido con más de quince millones de miembros, fue ilegalizado sin que nadie dijera esta boca es mía, lo que hubiese resultado de lo más extraño si el susodicho partido hubiese tenido un halito de vida. El enorme PCUS era poco más o menos una cáscara vacía que fingía aliento exudando ideología que es en lo que había convertido al marxismo soviético.

De hecho los cursos de “marxismo-leninismo” eran incesantes, contando para la promoción personal las horas estudiadas, cuantas más, mejor. Resultó que aquel “marxismo-leninismo” era un recitativo de formulas muertas en las que no creía ya nadie. O si creían algunos, pero al estilo de la religión, solamente como creencia, fe sin obras.

Lo más importante a efectos de la teoría marxista consistió en que la transición del estado soviético a un estado burgués fue una transición casi pacifica. Y el estado como garante del orden y la propiedad resultó tener más importancia que el apellido del estado, fuese burgués o fuese de “todo el pueblo”.

También en el resto de las naciones donde se dio la transición al capitalismo el comportamiento del estado fue de garante del orden del capital y eso después de muchos años de haber sido formados para garantizar otro tipo de orden económico y social. Esta conducta, aparte de las infiltraciones de las que supongo habrá que esperar aún años para que aparezcan a la luz, desdice de la teoría marxista del estado en su letra leninista.

NotaPublicado: Lun May 07, 2007 8:06 pm
por anacharsis
Salud Klaudia-Daniela ( y a cuantas otras personas anden por aquí);

Nos gusta que reconduzcas el hilo a su propuesta inicial: aquella que versaba sobre el carácter científico del marxismo como opuesto al dogmatismo; haríamos bien en definir, como pide el texto que nos traes - unos cuantos términos para que no incurramos en imprecisiones.

Entendemos por ciencia, en un sentido amplio, aquel conocimiento que busca la verdad basándose tanto en el rigor lógico del razonamiento, como en la observación empírica de la realidad. La ciencia entendida de esta manera se define como opuesta a la opinión y a la creencia (doxa), ya que éstas serían formas de conocimiento a-críticas y no fundamentadas ni racional ni empíricamente. El pensamiento dogmático, se basa en un modelo comunicativo unidireccional (alguien transmite los conocimientos y el resto son meros receptores de una cosmovisión que sólo pueden reproducir y no cuestionar) mientras que el pensamiento científico supone un modelo comunicativo dialógico (ya que en la confrontación de argumentos entre sí y de los argumentos con la realidad empírica es donde se produce el conocimiento).

Precisando algo más conviene hacer una distinción entre ciencias: la primera gran distinción es entre ciencias formales y ciencias empíricas. Las primeras serían fundamentalmente la matemática y la lógica, y son el instrumento básico de las segundas; las empíricas, aquellas que tratan con la “realidad” del mundo. Aquí suele hacerse una distinción entre ciencias sociales o humanas y ciencias naturales; esta distinción puede cuestionarse, aunque su separación parece clara: en los fenómenos humanos interviene la conciencia y en los procesos naturales no. De hecho la relación entre ambos ámbitos es dialéctica, ya que los procesos naturales han de tenerse en cuenta al estudiarse los fenómenos humanos, y los procesos sociales han de tenerse en cuenta al abordar las ciencias naturales, ya que la ciencia es un producto social. Una, entre muchas, de las virtudes del marco científico del materialismo dialéctico es que nos permite abordar dichas dimensiones, sin caer en un reduccionismo materialista vulgar (como el positivismo burgués), ni en una mistificación idealista.

Este hilo recorre toda la historia de la filosofía y la ciencia (la historia en busca del conocimiento), en la que se han ido proponiendo diferentes límites entre una y otra formas de conocimiento, entre el conocimiento científico y el conocimiento dogmático o mitológico.

Desde estos presupuestos, creemos que sería bastante raro afirmar que el marxismo es un dogma; por eso se cuestiona la pertinencia de llamarlo materialismo histórico-dialéctico, o socialismo científico y no marxismo. Se trataría de renunciar al nombre de Marx, sobre todo para no traicionarlo, para no traicionar el punto de partida de una tradición científica, que tuvo en Marx y Engels su punto de inflexión; operaron estos autores una síntesis superadora del idealismo ilustrado y del positivismo empirista, para asentar las bases de una concepción crítica y des-ideologizada de la ciencia social. Pero no lo hicieron sólo desde un plano de abstracción teórica epistemológica, si no que dieron al socialismo un carácter científico al fundamentarlo en los resultados del análisis social. A este respecto, el libro fundamental es el Capital: en él se pone en marcha el método dialéctico y se describe de forma científica la forma del sistema capitalista de producción, partiendo de su elemento constitutivo, la mercancía y viendo cómo surgen dialécticamente de la forma mercancía, la forma dinero y la forma capital, la creación de valor y de plus-valor…

No estaría de más tener en cuenta lo que Marx y Engels definieron como ideología: falsa conciencia, obstáculo para el conocimiento de la verdad, error sistemático, inversión de la realidad por compromisos con el poder establecido; de esta forma la ideología es una cosmovisión, una construcción de conocimientos, falaz por definición, que al estar comprometida con los intereses de la clase dominante, encubre y justifica la realidad social que pretende explicar; esta dimensión ideológica se manifiesta en todas las sociedades en distintas formas, religión, mitología, pseudociencia, metafísica...; sólo de forma secundaria viene a llamarse el marxismo ideología - al vulgarizarse el sentido de éste término y equipararlo a cosmovisión - como cosmovisión de la clase obrera, que coincidiría con el conocimiento verdadero de la realidad social, por lo tanto más científico que ideológico.

Los resultados de los estudios de Marx, desarrollan la economía política, y sientan las bases para el estudio materialista y dialéctico de las distintas ciencias sociales. Como tal conocimiento científico, el marxismo, el materialismo dialéctico, ofrece los instrumentos de análisis necesarios para la transformación revolucionaria de la realidad, y para la construcción de un modelo socialista de producción, como camino de emancipación de la humanidad, concretada en la clase obrera bajo el sistema capitalista de producción, como paso necesario para construir finalmente el comunismo, el paso del reino de la necesidad al reino de la libertad, del desgobierno de la economía al gobierno de la política.

En este sentido es importante distinguir entre la disidencia y la discrepancia; Por un lado se intenta hundir el barco, por el otro remar. Sin labor crítica el socialismo no es posible, sin pretensión científica (tal como hemos intentado definirla) la revolución estaría ciega.

Creemos que el primero de los textos que nos propones se comprende algo mejor si, yendo hasta el final, lo complementamos con la respuesta que Victor Morales dió y la contrarespuesta del profesor Soler que le lleva a aclararnos su postura, que a nuestro entender quedaba explicitada de forma algo más que ambigua en el primer artículo.

En cualquier caso estos textos no nos parecen nada claros y creemos que los autores se embrollan en reflexiones que no van a donde (parece) querrían ir: a explicar porqué y en qué medida el marxismo debe o no considerarse una ciencia; es decir, establecer los límites de lo científico en el marxismo. El profesor Soler, concluye “En resumen: mi postura es que, si en el conjunto de lo que se llama marxismo hay que incluir a Marx, deberíamos proceder a eliminar de este conjunto a todos los autores que no tengan nada en común con él. Además, de los que aún se mantuvieran después de esta eliminatoria -que no serían muchos-, habría que seleccionar aquellos contenidos que realmente enriquecieran y desarrollaran en algún aspecto la teoría marxiana. Solamente entonces se podría plantear la cuestión de si el marxismo es o no es una ciencia.” Pero, no nos explica de forma detallada, cuales son los criterios para llevar a cabo esta criba, y el propio autor se guarda mucho de explicitar cuáles son esos “marxistas” que no son científicos.

Para complicar o profundizar en el tema, Entra una tercera voz en el juego, la de Francisco Umpiérrez Sánchez, estudioso marxista, cuyas apreciaciones nos conviene considerar seriamente en el problema que tratamos, el hecho de que el marxismo es una ciencia; En el artículo, Umpierrez expone que la crítica extendida a la economía marxista que afirma que frente a la economía burguesa, ésta está dotada de un componente ético, que por lo tanto la excluiría de ser una ciencia en sentido estricto, es un error muy peligroso; el problema es que la economía política marxista, incluiría a la economía burguesa, ya que la primera aborda cuestiones que por razones de encubrimiento ideológico, la segunda no puede abordar; tal como la naturaleza del dinero y la creación de Valor; y es precisamente el descubrimiento de tales mecanismos lo que implica un posicionamiento político, ya que la verdad es Universal y por ello supone, aunque pareciera paradógico, una toma de partido.

El profesor Soler nos brinda una sesuda y amplia respuesta (en pdf) a la que sigue la muy interesante ( a nuestro parecer) contrarréplica de Umpiérrez. . En este intercambio de argumentos vemos cómo el marxismo ES una ciencia, y cómo es preciso el intercambio dialéctico (la discrepancia) para la precisión de conceptos que nos aclaran los fenómenos sociales. Leer El Capital no es fácil, pero tampoco imposible; ahora, si la economía política marxista está llamada a planificar la producción y distribución de bienes en un sistema socialista, no vemos cómo podría hacerlo de una manera mínimamente satisfactoria sin ser una ciencia ( y valga lo mismo para analizar las condiciones materiales y la correlación de fuerzas existentes en el seno de una sociedad determinada para llevar a cabo su transformación revolucionaria)

Para quien quiera seguir la polémica (pues ambos autores continuaron discutiendo) puede consultar aquí los enlaces a las réplicas y contra réplicas así como a otros textos de ambos autores que nos llevan a conocerlos mejor; pero quizá quiera consultar el último artículo de la serie de Umpiérrez, ya que en él, nos hace ver cuáles son las implicaciones prácticas tras este debate que a los profanos puede sonar a discursión bizantina (y que en ningún caso lo es) Abunda el autor en el tema del marxismo como ciencia también en este artículo

Y otra vez nos hemos salido del tema, al adentrarnos de lleno en él: La propia discusión epistemológica sobre el marxismo le confiere a éste estatuto científico (lo que se pretende es, cómo siempre ha intentado la filosofía, delimitar lo que es o no es ciencia, hasta dónde la mistificación ideológica, hasta dónde el pensamiento racional)

En cuanto a los otros textos que nos propones, el primero (¿de dónde sale?) viene a dar por supuesto el carácter científico del marxismo, y el segundo, aunque plantea cuestiones muy pertinentes (por qué se produjo una desvinculación popular con el PC en los paises del Este, cómo el PC pudo producir dirigentes como Yeltsin, cómo el carácter crítico del conocimiento marxista pudo convirtirse en credo inoperante...?), a pesar de plantear cuestiones interesantes decíamos, ofrece afirmaciones más que cuestionables sobre el carácter del Estado dando por buenas posiciones anarquistas anti-estatistas que no ofrecen ninguna solución al problema de la dominación Capitalista (ya que menos Estado es lo que persiguen las corporaciones transnacionales, y menos Estado, aunque hubiera más organización de base, conduce a la indefensión del pueblo y a la dependencia “servil” en régimen feudal) Otra cosa es que haya que profundizar en el control popular del Estado Socialista, y, como planteara Lenin, trabajar para la futura disolución del Estado en el camino hacia el comunismo.

Antes de concluir (sabemos que nos hemos extendido en exceso) agradecemos los textos propuestos, la mayoría de los cuales nos han sido de gran utilidad, como esperamos que sean los que nosotras proponemos; pero esperamos que la lectura de todos estos textos nos lleven a pensar por nuestra cuenta e intentar aclarar aquí, en este foro, nuestro pensamiento, haciendo ejercicio directo de él, para intentar construir las reflexiones en común. Valga este embrollo nuestro como un intento de ello.

Salud y gracias.

NotaPublicado: Lun May 07, 2007 8:47 pm
por klaudia_daniela
Un gusto leerte anacharsis. GRACIAS.
Gracias por facilitarme esos enlaces que yo estaba buscando y no encontraba ( supongo que con más tiempo los hubiera encontrado ).
La que tiene una empanada mental ahora soy yo, respecto a si el marxismo debe ser o no considerado una ciencia, y si lo es, cuáles son sus límites desde el punto de vista estrictamente científico.
Leeré detenidamente las respuestas y contrarespuestas que facilitas para aclararme las ideas.

un saludo

NotaPublicado: Mar May 08, 2007 12:15 am
por klaudia_daniela
Y atendiendo a los enlaces que nos facilitaste anacharsis, he decidido colgar el penúltimo que leí y que me pareció digno de debatir. Si tenéis frescos algunos de los conceptos que se tratan en El Capital, quién se atrevería a hacer una valoración positiva o negativa de lo que nos dice Umpierrez?
Nota: personalmente yo no tomaría China como un ejemplo de "socialismo".

¿Es el marxismo una ciencia? (4)

Francisco Umpiérrez Sánchez

Rebelión

Plusvalor y propiedad. Ante el temor de que el debate que mantengo con Jordi Soler se vicie y canse al lector, lo renovaré con nuevas ideas que espero sean útiles para la defensa del socialismo. En su último trabajo Jordi Soler supone ideas que de ningún modo se encuentran en mis teorizaciones, cuando me compara con Lasalle o cuando afirma que yo confundo el trabajo con la fuerza de trabajo. No respondo a estas cuestiones porque supondría alejarnos de aspectos más cruciales de nuestro debate. No obstante, quisiera hacer un pequeño comentario sobre la cuestión principal que nos diferencia. Yo defiendo el derecho de los trabajadores a reclamar la propiedad sobre la plusvalía e incluso sobre la plusvalía capitalizada. Quien haya leído El Capital sabrá que todas las empresas al cabo de un número determinado de años representan plusvalía capitalizada, esto es, representan trabajo ajeno apropiado por el capitalista. De ahí que sea legítimo expropiar a los capitalistas de sus bienes empresariales y pasarlos a manos de los trabajadores, a manos de sus originarios propietarios.

Por el contrario, Soler defiende que la plusvalía pertenece al capitalista. Creo que Soler no diferencia con claridad dos cosas: una, la plusvalía es creada por el trabajador, y dos, el capitalista se la apropia. Si el capitalismo es un sistema que permite a unos hombres apropiarse de trabajo ajeno, y de acuerdo con dicho sistema les pertenece, no se sigue de ello que sean sus legítimos propietarios. Sus legítimos propietarios son los trabajadores, sus creadores, y hacen bien, por lo tanto, en reclamar el derecho de propiedad sobre todas las formas de plusvalía. En el plano de la lucha de ideas se trata, por ejemplo, de lo siguiente: cuando los capitalistas se quejan de que pagan muchos impuestos, de que una parte de sus rentas es sacrificada en aras del bien común, hay que recordarles que esos impuestos son plustrabajo.

Mercancía y capital. El socialismo soviético confundió la forma mercantil de la riqueza con su forma de capital. Así que la lucha contra la forma de capital de la riqueza se convirtió en la lucha contra su forma de mercancía. Aunque Stalin hablara de que había que respetar la ley del valor y así lo repitió Mao Zedong, en una economía donde no hay mercado es imposible que la ley del valor se manifieste. Una de las características de la economía soviética era que se habían suspendido las relaciones mercantiles monetarias. Y si se suspenden esas relaciones, es imposible que la ley del valor se manifieste. Y si a la ley del valor no se le permite manifestarse, es evidente que no se respeta. El camino seguido por las reformas económicas chinas iniciadas en 1978 tenía como objetivo crear un mercado socialista, demostrar que el socialismo también sabía aprovechar el mercado como mecanismo económico para el desarrollo de las fuerzas productivas. Creo que ese objetivo se ha logrado y con notable éxito. La experiencia del socialismo mundial durante los primeros setenta años ha demostrado que el mercado es un mecanismo económico superior al plan para desarrollar la economía.

La naturaleza capitalista o socialista de una sociedad se determina atendiendo a su propiedad: si las empresas están en manos privadas, tendremos una sociedad capitalista; pero si están en manos públicas, en manos del obrero colectivo y del Estado, entonces tendremos una sociedad socialista. Mientras que para determinar si una sociedad es de economía planificada o de economía mercantil, debemos atender a los siguientes factores. En una economía planificada la autoridad estatal central le dicta a cada empresa a quién debe comprar, qué debe comprar y el precio que ha de pagar; lo que ha de producir, a quién debe vender y el precio al que debe vender; y la obliga a entregarle toda la ganancia. Es evidente que en una economía así los trabajadores no se sientan dueños de la empresa, puesto que nada pueden decidir por sí mismos. Mientras que en una economía mercantil es la empresa quien decide qué comprar, a quién comprar y el precio que está dispuesta a pagar; el producto a elaborar, a quién vendérselo y el precio de venta; y una parte de la ganancia queda en sus manos. Y todas estas operaciones pueden ser realizadas por una empresa de propiedad colectiva. De manera que nada hay de raro en la noción de mercado socialista: sencillamente se trata de que los distintos colectivos de trabajadores propietarios de las empresas las gestionen de forma autónoma y sean responsables de sus propias pérdidas y ganancias.

Los capitalistas y sus apologistas son los más interesados en demostrar que el mercado es capitalismo, que no puede existir una economía mercantil que no sea capitalista, que si se quiere un mercado en toda regla es imprescindible la participación de los capitalistas. Esta concepción dominó en el camino hacia la extinción del socialismo soviético: la creación del mercado fue pareja a la transformación de la propiedad pública de la mayor parte de las empresas del Estado en propiedad privada. En la extinta URSS la victoria del capitalismo sobre el socialismo, de la propiedad privada sobre la pública, se presentó como creación del mercado libre. Pero la experiencia de los últimos veinte años de la economía china demuestra que puede haber una sociedad socialista de mercado, una sociedad que utiliza el mecanismo del mercado para producir su riqueza y donde el noventa por ciento de las empresas sean de propiedad estatal y de propiedad colectiva. Así que la economía mercantil no tiene que ser necesariamente una economía capitalista.

Economía planificada y economía individual. Es cierto que la economía individual es todo lo contrario de la economía colectiva, pero en una sociedad socialista la gente no podría vivir satisfactoriamente si no existiera economía individual. Imagínese, atento lector, que usted vive en una sociedad de economía altamente planificada. Usted necesita un fontanero o un electricista, no los encontrará; necesita comprar en un bazar o cenar en un restaurante, no los encontrará. Usted tiene un pequeño terreno donde le gustaría cultivar algunos productos de la tierra y criar ganado con el propósito de venderlos, no puede hacerlo. Imagínese lector cómo se animaría la economía de esa sociedad en la que usted vive si estuvieran permitidas las libertades mercantiles para la economía individual. Es cierto que estas personas que pertenecen a la economía individual percibirían ingresos superiores a los del obrero medio, pero éste tendría mejor satisfechas sus necesidades de servicios elementales así como sus necesidades de productos del campo.

Empresario y capitalista. En la ideología dominante el concepto de empresario y el concepto de capitalista se igualan. De hecho, por ejemplo, Jordi Soler habla que ‘empresario’ es el modo eufemístico de denominar al capitalista. Aclaremos, pues, esta diferencia. En la pequeña empresa el empresario y el propietario son la misma persona. De ahí que en ese ámbito sea relativamente normal confundir ambos conceptos. Pero en las grandes empresas la función de empresario y la función de propietario recae en personas distintas. La función de empresario es una función del trabajo: es la persona encargada de gestionar la empresa y de explotar eficazmente la fuerza de trabajo de la que dispone. Por dicha función la persona en cuestión recibe un salario, más alto que el que recibe el obrero medio. Mientras que la función de capitalista es una función de propiedad: son las personas propietarias de las empresas que perciben anualmente sus correspondientes dividendos. Es cierto que los gestores de las grandes empresas son a su vez propietarios de una parte de las acciones de la misma. De este modo se logra que el gestor ponga el máximo interés en que la empresa obtenga beneficios.

Imaginemos por unos instantes que todas las empresas de propiedad privada existentes en España pasan a ser propiedad de los trabajadores. Surge una pregunta: ¿están los trabajadores capacitados para gestionar las empresas de las que son recientemente propietarios? No y mil veces no. ¿Qué hacer entonces? Contratar a los capitalistas más experimentados en calidad de gestores durante un plazo determinado, ofrecerles incluso un buen sueldo y derechos sobre una parte de los beneficios anuales. Lo que deberían hacer los obreros más avanzados, dotados de una clara conciencia socialista, es aprender de esos ex capitalistas para que en el plazo más breve posible los sustituyeran al frente de las empresas. El paso de una economía capitalista a una economía socialista es un periodo de transición, donde concurren los elementos nuevos con los elementos viejos, y la presencia de los antiguos capitalistas como gestores de las empresas socialistas es uno de esos elementos de transición. Por lo tanto, la izquierda radical debe distinguir con claridad la función del empresario de la función del capitalista, declarar que nada tiene contra la función de empresario ni con el hecho de que las personas que realizan esa función perciban un salario superior a la media. También deben declarar que nada tienen contra los beneficios, que lo normal y deseable es que las empresas tengan beneficios, pero que sí están en contra de que esos beneficios no estén en manos de sus creadores, de los trabajadores, incluido el trabajador que trabaja como empresario.

NotaPublicado: Mié May 09, 2007 12:55 pm
por anacharsis
Salud Klaudia daniela;

Nosotras considerábamos importante este texto de Umpiérrez por dos razones (a parte de ser la continuación del hilo que tú nos ofreciste)

1ª La disputa por la precisión terminológica entre el profesor Soler y Umpiérrez, sólo tiene cabida DENTRO del pensamiento científico en el sentido amplio que intentamos definir; ambos comparten la certeza de estar entablando un debate racional en el que el peso de los argumentos y su adecuación empírica determinarán la validez de sus argumentaciones.

2ª Las precisiones terminológicas especializadas tienen implicaciones prácticas, y no son meras especulaciones filosóficas de caracter metafísico. En este caso concreto, entre otras, la pertinencia o no de la expropiación directa por parte de los trabajadores, los impuestos del capitalista como recuperación estatal del plusvalor, etc.

Nuestra intención no era abrir un debate sobre China, que nos llevaría lejos de las intenciones originarias del hilo. Intentando contestarte diremos tan sólo que si por "ejemplo" entendemos "ejemplaridad", en el sentido de modelo a seguir, como en la frase "Fulanita es un ejemplo de virtud", entonces nosotras tampoco creemos que China sea un "ejemplo" de Socialismo; pero esta apreciación que nombramos acertadamente como creencia, está más motivada afectivamente, emocionalmente, que racionalmente. Porque de hecho y derecho, China ES un país que, nos guste más o menos, ha seguido un modelo económico de desarrollo distinto al capitalista, un modelo nacido de una revolución comunista, que vivió un fenómeno nuevo dentro de la construcción del socialismo, "la revolución cultural" que pretendía afianzar el control popular del Estado, pero que tomó otros derroteros distintos tras la muerte de Mao y persecución a la banda de los cuartro que concluyó con la condena a muerte de Chiang Chin, pero que en cualquier caso ha sido guiado por un Partido Comunista. En ese caso China si es un "ejemplo" de socialismo, en el sentido de uno de los distintos casos o experiencias socialistas que se dan o han dado en la realidad histórica, como la URSS, Yugoslavia, Rumanía, Albania, Corea del Norte, Cuba... son en este sentido, todos ellos, "ejemplos de socialismo". Que nuestra simpatía ( e incluso nuestro razonamiento, acertado o no) nos haga sentirnos más próximas a Cuba o al proceso Bolivariano hoy en marcha en distintos lugares de Latino América, no puede llevarnos a negar la realidad histórica China (por muy críticos que en un momento determinado tuvieramos que ser con esta realidad en aras de un mayor y mejor progreso del socialismo). Nosotras, la verdad, no disponemos ni de los datos empíricos, ni de la especialización económica suficiente para determinar qué es lo que sucede realmente en China (los medios insisten en que se está dando una transición al capitalismo, que a todas luces parece cierta - desde luego no parece que se esté profundizando en el control campesino y obrero que postrulara Mao - pero, también es cierto que conviene desconfiar de los grandes medios informativos y no ser determinantes en las valoraciones, que no son más que eso, valoraciones, opiniones carentes de un sólido fundamento empírico).

Por hacernos eco de otros planteamientos de Umpiérrez en el texto (sobre los que sinceramente no podemos ser concluyentes, pero que nos parecen interesantes, que pueden movernos a la reflexión) sobre la economía mercantil y los tipos de propiedad, también en Cuba se da dentro de un marco estatal de economía planificada, la iniciativa individual empresarial (como de hecho también se dió en la URSS), siempre que no implique la explotación del hombre por el hombre, y dentro de unos límites establecidos por el Estado: en Cuba hay talleres mecánicos, restaurantes y otras empresas de iniciativa privada. No se puede entender el proceso bolivariano en Venezuela, sin la concesión de microcréditos para estimular la creación de trabajo cooperativo desde la iniciativa privada... por eso quizá sea pertinente diferenciar entre empresario y Capitalista, ya que el capitalista es propietario de medios de producción social, y basa su beneficio en la explotación del trabajo convertido en una mercancía más; una mercancía que sin embargo es la única capaz de crear valor, y que por lo tanto su precio en el mercado no se corresponde con la riqueza que genera, la diferencia entre el salario y la riqueza creada por un trabajador, es el plusvalor del que se apropia el capitalista. (explicado rápido y mal, pero para salir del paso) Es interesante al respecto profundizar, como se está haciendo en Venezuela en la diferencia marxista o marxiana (que diría Soler) entre Valor y Precio, a la hora de la gestión socialista de mercado como se explica en este texto

De hecho es un error frecuente, que la propaganda imperialista se ha esforzado en difundir, que en los paises comunistas no hay propiedad privada; lo que no hay, o no debería haber, es propiedad privada de los medios de producción, y no son las leyes del mercado y la acumulación del beneficio las que controlan la sociedad, si no que es la sociedad la que a través del Estado gobierna y controla los mercados. Pero los individuos sí tienen propiedades y un artesano es dueño de lo que produce y libre por tanto de comerciar con ello.

Nos parece sin embargo que ahora sí, estamos dejando el tema central del hilo bien lejos; es el marxismo un dogma o una ciencia, dónde está el progreso y dónde la disidencia???

Sería interesante que expusieras cuáles son tus dudas y certezas sobre el tema en cuestión para que pusieramos en orden nuestras ideas al respecto y seguro que así todas y todos (por si alguien encuentra raro esto del femenino plural como englobador de géneros "todas las personas") acabaríamos aprendiendo mucho. Nosotras lo hemos intentado de veras, y nos ayudaría a precisar y a pensar valernos de vuestras (para incluir a más gente) reflexiones.

Gracias.

Las cosas interesantes que escriben los casi marxistas

NotaPublicado: Jue May 24, 2007 8:27 pm
por klaudia_daniela
Quizás el siguiente texto del pce(r) aclare dudas e incógnitas que se expusieron en este hilo:

Las cosas interesantes que escriben los que son ‘casi’ marxistas ( I )

En los foros de internet de las organizaciones que se consideran comunistas es frecuente observar que a pesar de plantearse interesantes discusiones, finalmente todo acabe en el mismo punto, a saber, en Stalin, sus errores, la burocracia, etc. Es consecuencia de la manera burguesa de debatir. En uno de esos foros alguien apunta que no se puede criticar a Trotski sin haberle leído y que entre todos los documentos del sitio no se puede consultar La revolución permanente. El moderador tercia para decir que, efectivamente, tiene razón y que (aunque no está de acuerdo con Trotski) para poder debatir antes hay que estar bien informado y, por tanto, propone incluir los textos de Trotski para luego poder criticarlos. Siguiendo ese criterio, junto a la Revolución proletaria y el renegado Kautsky de Lenin tendrán que incluir también los textos de Kautsky para poder debatir con conocimiento de causa; y junto al Anti-Dühring de Engels, los del propio Dühring, y junto a la Miseria de la filosofía de Marx, la Filosofía de la miseria de Proudhon, y así sucesivamente pueden ir llenando el servidor.

La consecuencia es que por esa vía, lejos de aclarar nada, incrementan la confusión. Algunos marxistas cuando adoptan la pose estúpida de la burguesía multiplican su ridículo exponencialmente. La manera de debatir impuesta por la burguesía les conduce a decir: no nos hacemos responsables de los contenidos de nuestro foro, o bien: sólo asumimos los artículos firmados, o finalmente: que publiquemos ésto no quiere decir que estemos de acuerdo con ello. Es como si su medio fuera neutral respecto a los contenidos que difunden. Por esa vía los que se llaman marxistas están llenando su propaganda de contenidos antimarxistas con los que -según aseguran- no están de acuerdo. No los suscriben pero tampoco los combaten; es más, los promocionan. Para demostrar que no son dogmáticos están abriendo las puertas a la ideología burguesa, a verdaderos mequetrefes abiertamente contrarrevolucionarios. No son, efectivamente, dogmáticos pero tampoco son marxistas y difunden contenidos antimarxistas porque ni siquiera saben lo que es el marxismo y, por tanto, carecen de criterio propio, incluso sobre aspectos cruciales de la lucha de clases. Ellos, como la burguesía, presentan las ideas como si fueran inofensivas y, por tanto, que no hace ningún daño, sino todo lo contrario, el promoverlas de manera indiscriminada. Los marxistas, por el contrario, creemos que las ideas son ofensivas, creemos en su su fuerza cuando arraigan en las masas y nos vemos en la obligación de difundir las nuestras y combatir de manera implacable las contrarrevolucionarias.

En esos foros aparece un absurdo: se pelean con la burguesía en la calle pero conviven con ella en internet. En la calle hacen barricadas y tiran piedras, pero al sentarse delante del ordenador se vuelven burgueses educados y tragan con todo lo que les echen sin pestañear. Su lema es: no comparto lo que dices pero respeto tus ideas. No entienden que la lucha de clases es política, pero también económica e ideológica. Las luchas ideológicas son luchas de clases que en lugar de en las calles se desenvuelven en los tinteros, en los papeles y en los medios de propaganda.

Lo peor de todo esto es que algunos despistados se consuelan a sí mismos: quizá no sean marxistas pero son progresistas en cualquier caso, dicen. También esa gente aporta cosas interesantes, viene a ser su excusa. Es bueno difundir sus ideas como una mera de difundir las de Marx. Hablan así de gentuza del estilo de Antonio Negri, un personajillo vendido desde siempre a la reacción imperialista, como si por un momento fuera imaginable pensar que sus tonterías tuvieran el parecido más remoto con las ideas revolucionarias de Marx. Los embaucadores más sutiles parecen moverse dentro de nuestro propio terreno. Son refinados; casi parecen marxistas: utilizan nuestras expresiones y critican al capitalismo. Por ejemplo, Trotski dijo de sí mismo en su autobiografía:

Para Lenin, cuando pasaba revista a la evolución del partido en su conjunto, el trotskismo no era ninguna cosa extraña u hostil; por el contrario, era la corriente de pensamiento socialista más próxima al bolchevismo (1).

Se trata de eso justamente, de los que no son pero están próximos. Algunos de ellos incluso pretenden mejorar a Marx, a quien ven un poco apolillado por el implacable paso del tiempo, como si quisieran recuperarle para la rabiosa actualidad. Otros dicen que Marx tiene cosas positivas pero que hay otras equivocadas...

Como bien ha escrito Patrick Rossineri, y es lo único que ha escrito bien (2), hoy las obras de Marx, Engels y Lenin no se editan ni se distribuyen ni, en consecuencia, se pueden obtener en las librerías. Ni en la sección de economía, ni en la de filosofía, ni en la de sociología. Ha vuelto la censura. Si preguntas en una librería por la obra La ideología alemana, por ejemplo, te dirán que tras la caída de la URSS eso está anticuado; Marx murió hace 130 años. Pero seguro que el librero tiene a la venta las obras de Platón, que murió hace 2.300 años. ¿No está anticuado Platón? ¿Por qué se venden unas obras tan antiguas? ¿Por qué Platón sí interesa y Marx no?

No podemos comprar las obras de Marx pero podemos (¿afortunadamente?) leer a los que casi se parecen (y a veces se parecen mucho) a él. Alguno puede incurrir en la ingenuidad de tratar de saber algo acerca del pensamiento de Marx a través de Negri, quien se presenta como marxista, o casi. El problema es que desde ese casi hasta Marx casi hay un abismo.

Cuando no podemos leer a Marx directamente es cuando llegan los casi marxistas para explicarnos el verdadero pensamiento de Marx, ya pulido de impurezas. No necesitamos a Marx. Por ejemplo, para superar los errores de El Capital y aprender economía política, lo mejor es leer La producción de mercancías por medio de mercancías de Piero Sraffa, que es casi marxista. Conclusión: mejor que marxista es ser casi marxista porque si lo eres al cien por cien entonces eres un dogmático, no piensas por tí mismo, no aportas nada nuevo, no haces más que repetir de memoria lo que Marx ya dijo.

Lo que es y lo que no es marxismo

Nosotros entendemos que existe una frontera entre lo que es y lo que no es -ni podrá ser nunca- marxismo, si bien no es fácil trazarla en un determinado momento y de una manera definitiva. Estamos convencidos también de que cualquier texto no vale como marxismo y que hay tesis que se exponen en su nombre, e incluso del auténtico, que no tienen nada que ver con él.

No se trata de ningún intento por nuestra parte de preservar la pureza del marxismo porque resultaría inútil. Tampoco se trata de exponer el marxismo como una teoría única y fijada de una vez y para siempre, que también resultaría no sólo absurda sino antimarxista, una forma de dogmatismo. A nuestra ideología también se le puede aplicar la dialéctica de la verdad absoluta y la verdad relativa. Lo que defendemos es que muchas de las teorías que circulan por ahí como marxismo no sólo no lo son sino que constituyen otros tantos ataques dirigidos contra él, de manera que si no se reconocen como tales ataques, permaneceremos pasivos e indefensos frente a ellos, a merced de la ofensiva ideológica del enemigo de clase. Como todo lo que está vivo, el marxismo avanza -pese a lo que burguesía diga- en una lucha implacable contra la ideología burguesa y también en una lucha interna. Aparece entremezclado y en oposición constante con toda clase de influencias. Por eso importa intentar esa separación y reiterar que no vale todo lo que se afirma en nombre del marxismo.

Pero no existen fórmulas mágicas para separar el marxismo del antimarxismo, ni existe ninguna autoridad que pueda indicar lo que es y lo que no es marxismo. No obstante, sí creemos poder apuntar algunos criterios mínimos que posiblemente encontrarían un amplio acuerdo entre los marxistas: la dialéctica, el materialismo y la práctica. Añadimos que esos tres criterios se deben dar simultáneamente, lo que resulta más que suficiente para tirar por la borda del marxismo a buena parte de lo que la burguesía nos quiere colar como tal.

La letra muerta

Entre los tres criterios que hemos expuesto, la práctica es la que delimita lo válido de lo falso, pero no sólo en el sentido habitual con el que se utiliza la noción de práctica, sino también en el sentido de que los interrogantes teóricos son los que la práctica plantea. Lo que los intelectuales no podrán entender nunca es que los problemas no los plantea la teoría sino la práctica y que, finalmente, también los resuelve la práctica. Ellos podrán seguir discutiendo durante siglos acerca del importante problema del sexo de los ángeles, así como del dios uno y trino, pero los interrogantes teológicos -teóricos- nunca se resolverán porque no existen fuera de las sacristías.

La teoría y la práctica forman una unidad indisoluble y contradictoria; sólo se les puede separar de una manera relativa y condicionada. Además, como cualquier contradicción, están en movimiento, en un cambio constante, como ya hemos expuesto en otro artículo. Por tanto, esa obsesiva preocupación de algunos teóricos por el marxismo dogmático carece de todo fundamento: si es marxismo no es dogmático y si es dogmático no es marxismo. El marxismo sólo degenera en un dogma cuando se convierte en una teoría, en lo que se califica como una corriente de pensamiento. Por eso la preocupación de los antidogmáticos por la esclerosis es una preocupación por sí mismos. No han entendido nada. Dominados por sus concepciones burguesas, ellos leen a Marx y Engels como quien lee a Aristóteles o a cualquier otro pensador de la historia de la humanidad, cuando Marx y Engels repitieron hasta hartarse que ellos pretendían otra cosa. Pero los antidogmáticos no son tales: a lo que aspiran es a sustituir un dogma por otro, a demostrar que el antidogmatismo consiste no en que no haya dogmas sino en que no haya sólo uno, y de esa manera se ven encerrados en el mismo círculo vicioso de siempre: las tendencias, las corrientes, las facciones... toda la amalgama de versiones diferentes de la misma partitura.

La importancia de la práctica es tal que sin la Revolución de Octubre Lenin no sería lo que es hoy, sus libros no se habrían traducido y, a lo máximo, su nombre aparecería perdido entre los de muchas otras corrientes: Martov, Plejanov,... Lenin no suscita interés sólo por sus escritos sino por el gigantesco impacto práctico que tuvieron sobre la historia de la humanidad.

Contra el dogmatismo se alega a veces que el marxismo es una guía para la acción, cuando quizá sería mejor decir que el marxismo está en la acción misma. No está sólo en El Capital ni en el Anti-Dühring sino en la I Internacional, la Comuna de París, la Revolución de Octubre, nuestra guerra civil, la revolución china, cubana, vietnamita, la transición,... para acabar en la lucha de los obreros de la naval de Vigo. Eso es lo que hay que leer porque si alguien se conforma sólo con una parte, sólo con la teoría, tendrá motivos para sospechar sobre el dogmatismo, en especial sobre su propio dogmatismo.

Los anglosajones tienen la suerte de utilizar los tiempos verbales en gerundio que resultan muy apropiados para dar una noción cabal de lo que es la práctica. Donde nosotros decimos trabajo o producción ellos dicen working que es exactamente la práctica y que podríamos traducir como manos a la obra: una actividad actual, que se está haciendo en ese preciso instante. Pues bien, el marxismo es como la masa de harina que se está haciendo pan en el horno de la práctica, y hay que entenderlo justamente así; en el momento en el que alguien hable del marxismo como pan ya tostado, empieza el dogmatismo porque estaremos hablando del pasado y no del presente ni del futuro. Letra muerta.

Al decir esto corremos el riesgo de caernos por el otro costado, el del empirismo y la tabla rasa, como si cada día pusiéramos los ojos en blanco ante cada nuevo acontecimiento. El marxismo, por el contrario, hila el pasado con el presente, explica cómo éste se gesta a partir de aquel, la transición de uno hacia otro, acumulando en su seno todas las experiencias del movimiento obrero mundial. El marxismo actualiza el pasado, confronta el presente a partir del cúmulo de conocimientos ya adquiridos previamente, como un alumno que se examinara cada día en una evualuación continua de sus conocimientos.

Una de las tareas del partido comunista es justamente ésa: ligar el pasado al presente, transmitir a los revolucionarios de hoy la experiencia de los revolucionarios de ayer de manera que no tengan que partir desde cero. Esa crónica de la actualidad candente en la que los acontecimientos se suceden vertiginosamente uno tras otro, tiene poco que ver con el marxismo si con ella no se explican de dónde provienen y hacia dónde van, sus causas y sus desarrollos futuros.

Marxianos y marcianos


A los antidogmáticos les gusta suavizar un poco las expresiones ideológicas y prefieren hablar de marxianos antes que de marxistas. Es una manera de ensanchar el salón para que todos quepamos dentro del mismo recinto. Quizá no sean del todo marxistas, pero al menos son marxianos, casi alcanzan. Desde antiguo entre éstos casi siempre está la dialéctica como comodín prescindible. Contra el virus dogmático los marxistas tenemos la dialéctica como otro remedio infalible, si bien son muchos marxianos los que precisamente plantean una batalla frontal contra ella, que les resulta tan incomprensible como un sortilegio medieval. Los intelectuales antidogmáticos, como los pacientes cascarrabias, no quieren la enfermedad (el dogmatismo) ni tampoco el remedio (la dialéctica). Por ejemplo, en su obra La ley de la acumulación y del derrumbe del sistema capitalista el economista polaco Henryk Grossman, que pasa por marxiano, repudia la dialéctica expresamente desde sus primeras líneas. Lo mismo cabe decir de Althusser, cuya batalla contra el hegelianismo está en realidad enfilada contra la dialéctica.

El repudio de la dialéctica tiene profundas raíces históricas dentro del movimiento revolucionario como consecuencia -precisamente- de la influencia del dogmatismo: como Marx no nos dejó un manual de ese sortilegio, podemos prescindir de ella sin que nos acusen de heterodoxos. Como, además, al morir él había pasado hacía mucho tiempo el sarampión hegeliano, sus cabalísticos escritos juveniles parecían contaminados por una jerga tan extraña como innecesaria. Como quien seguía insistiendo en ella era Engels y éste no era Marx sino alguien inferior, sujeto a sospecha, se podía prescindir incluso del propio Engels.

Esas y otras varias razones hicieron que a finales del siglo XIX, cuando el marxismo se impuso como ideología dominante dentro del movimiento obrero revolucionario, la dialéctica quedara fuera de juego y la socialdemocracia alemana pudo presentarse perfecta y pulida en el programa, en la letra y en los documentos, mientras sostenía un reformismo ramplón en lo cotidiano, demostrando que el dogmatismo teórico, furibundo en sus grandes expresiones, es ideal para encubrir una política acomodaticia en la práctica. Los dogmáticos siempre recitan de memoria una frase de Marx y Engels con la que excusar sus desvaríos políticos; incluso tienen frases contra el mismo dogmatismo.

Pero el marxismo no es niguna frase. Como cualquier teoría científica, como cualquier pensamiento vivo, se enriquece conforme evoluciona la realidad y nuestro conocimiento acerca de ella. Esto hace que progrese y avance, pero no lo hace según el capricho retórico de los intelectuales sino conforme a determinadas leyes, que son las de la dialéctica. Por eso con la entrada del capitalismo en su etapa imperialista aparece el leninismo, que no es algo diferente del marxismo sino un desarrollo suyo. Sin embargo, muy pocos de los antidogmáticos aluden a las novedades introducidas por Lenin en el marxismo sino, por el contrario, huyen de ellas, tratando de separar a ambos y retrotraer a Marx a los primeros esbozos de su pensamiento.

Cuando los intelectuales denuncian el dogmatismo es porque no les gusta repetir lo que otros ya han dicho antes que ellos; tienen que decir cosas nuevas para publicar sus artículos y vender sus libros. En su afán novedoso, destacan la importancia de las pequeñas variantes que el capitalismo ha ido introduciendo, olvidando las cuestiones más generales y, por tanto, el encuadre de lo nuevo en lo viejo. De esa manera promueven una visión distorsionada de los fenómenos, de su importancia relativa dentro del modo de producción capitalista, de los motivos de su aparición, del papel que desempeñan, etc. En fin, para hablar de lo nuevo siempre hay que hablar también de lo viejo y, por tanto, repetir lo que otros ya han dicho antes al respecto. Cuando algo cambia es porque otra parte permanece y la dialéctica exige explicar por qué cambia una cosa mientras la otra no lo hace.

El surgimiento de lo nuevo en el desarrollo de todas las cosas es un concepto fundamental de la dialéctica al que los marxistas prestamos enorme atención. Lo nuevo es el futuro que en el momento actual aparece de manera embrionaria en medio de lo antiguo; a todos los recién nacidos les lavan las comadronas, porque lo nuevo no aparece puro y limpio sino en medio de lo viejo. Es lo que se va a desarrollar y por eso atrae nuestro interés. No es la moda, lo que la burguesía lanza como transitorio y efímero, aquello a lo que se aferran los intelectuales como a un clavo ardiendo. La moda es todo lo contrario de lo nuevo: es lo superficial. Lo único que nos permite separar lo nuevo que va a desarrollarse de lo efímero que va a perecer, es la dialéctica y el conocimiento que el marxismo proporciona de las leyes que rigen la evolución de la sociedad. Esta preocupación por lo nuevo es lo que convierte al marxismo en el elixir de la eterna juventud.

No obstante, para impugnar el dogmatismo algunos se aferran a la dialéctica de una manera equivocada. Siguiendo a Lukacs hablan de la dialéctica como un método para diferenciarlo del sistema de Marx. A veces se les escapa que la dialéctica se aplica a la economía, a la historia o a cualquier otro terreno. Otros dicen que Marx se quedó con el método de Hegel y que con él hay que hacer lo mismo: el método de Marx es válido pero no el sistema. Todo eso es un galimatías grotesco. La dialéctica no es un método ni admite tampoco aplicaciones ni distinciones como la de ciencia pura y ciencia aplicada de Bernstein, ni la de ortodoxia y heterodoxia de Lukacs, quien se consideró a sí mismo como el verdadero marxista ortodoxo pero ha pasado a la historia como el verdadero marxista heterodoxo. El mismo Lukacs avisó de que con los defectos idealistas de su libro Historia y conciencia de clase se habían fabricado consignas de moda (3). Pero el libro ha tenido más éxito que las advertencias que en su contra lanzó el mismo que lo escribió. Ésa es la esencia del trabajo disolvente que la burguesía realiza con los autores que son casi marxistas: convirte sus desviaciones en auténticas modas ideológicas.

Predicción y planificación


La importancia que los marxistas concedemos a lo nuevo es lo que nos permite predecir los acontecimientos, asunto respecto del cual se pueden leer habitualmente las mayores estupideces que uno pueda imaginar, hasta el punto de que refutarlas exigiría dedicarle un espacio propio, sobre todo para explicar el concepto de determinismo que en esta discusión subyace inevitablemente. En este punto no hay diferencia entre lo que llaman ciencias naturales y ciencias sociales. La capacidad de realizar predicciones es inherente a cualquier teoría, dentro de los límites que toda teoría tiene. Las teorías se crean precisamente para poder realizar predicciones sobre el futuro, intervenir sobre él, cambiarlo y modificarlo, lo cual no significa poder lograrlo de una manera arbitraria sino siguiendo las propias leyes de la teoría.

Si los marxistas no fuéramos capaces de predecir los acontecimientos tampoco podríamos planificar nuestro trabajo político; no habría programa ni línea política, ni táctica, ni podríamos alertar a las masas, por lo que estaríamos a merced de los acontecimientos, que es lo que le sucede a la burguesía y a todos los oportunistas de su misma naturaleza. Naturalmente que quien predice los acontecimientos (lo cual sólo se puede hacer de una manera general) se equivoca y eso le tiene que enseñar a predecirlo de una manera mejor y más rigurosa, no a dejar de hacer predicciones. Eso es el marxismo y esos son los errores que cometemos los marxistas cuando planificamos nuestra actividad revolucionaria. Los que de ninguna forma son marxistas son los que sellan los boletos de las quinielas los lunes: cuando los acontecimientos han pasado, todos acertamos siempre y entonces es muy fácil criticar a quienes han errado en el diagnóstico. Pero éste que se ha equivocado sí es marxista; no lo es quien carece de diagnóstico. Éste es el que se aferra a la letra muerta, al dogma, un vulgar cronista de la realidad pretérita no alguien que se esfuerza por cambiarla.

¿Qué es, pues, el marxismo? No es otra cosa que esa fusión del pasado y el futuro en el presente mismo sobre el que estamos batallando en la medida de nuestras fuerzas y de nuestras posibilidades. En otras palabras, es el trabajo político de transmitir conciencia (y por tanto organización) al movimiento espontáneo de las masas explotadas, de dirigirlas en sus luchas. Que no pueda existir movimiento revolucionario sin teoría revolucionaria no significa otra cosa que la íntima unidad de ambos. La importacia de la práctica no puede confundirse con el practicismo vulgar, con el viejo lema revisionista de que los principios no son nada y que lo importante es el movimiento. Pocas semanas antes de morir, Engels le escribía a Labriola: ahora estamos a punto de empezar (4). Eso es lo que los marxistas nos repetimos cada día: estamos a punto de empezar... pero no empezamos de cero. Por eso cuando los antidogmáticos dicen que el marxismo tiene que cambiar para adaptarse a los cambios sociales y políticos de la actualidad, nosotros decimos que el marxismo cambia y no cambia a la vez; lo que hace es profundizar en el conocimiento de la realidad. Pero eso no tiene nada que ver con los intentos de sustituir con esa excusa el marxismo por otra cosa diferente que nada tiene que ver con él.

La táctica del caballo de Troya

Nosotros siempre partimos del reconocimiento de que cualquiera puede inventar las teorías que estime convenientes, y esas teorías pueden estar plenamente fundadas y sensatamente argumentadas, no pudiendo por nuestra parte oponer ninguna objeción... excepto cuando las mismas se exponen como parte integrante del marxismo. Éste es el punto en cual nosotros nos vemos, no en el derecho sino en la obligación, de ofrecer también, nuestra opinión al respecto como marxistas. Nada tendríamos que objetar si muchas teorías que pretenden ser marxistas cambiaran su etiqueta y se llamaran fenomenología, estructuralismo, kantismo, sicoanálisis, positivismo, o de cualquier otra forma, pero no es así y todas ellas pugnan por ganar la patente de marxismo cuando, la mayor parte de las veces son su misma negación.

También partimos de la constatación de dos hechos que nos parecen básicos. El primero es que con el transcurso del tiempo, a pesar de lo que la burguesía afirme, el marxismo ha ido ganando en fuerza e influencia más allá del proletariado para el que fue creado, por lo que la burguesía y sus funcionarios ideológicos, a su manera, también han creído asimilar una cierta forma de marxismo y utilizan buena parte de sus categorías, especialmente en las ciencias sociales y en la historia. El segundo es que la táctica del caballo de Troya, tan vieja como la humanidad, determina que la mejor manera de acabar con el enemigo consiste en infiltrarse dentro de su propia fortaleza y que, por tanto, la mejor manera de disolver el marxismo consiste en ponerse sus ropajes para convertirlo en algo inofensivo, en una de las varias corrientes de pensamiento del siglo XIX de las muchas que surgieron, una más.

Nuestra conclusión respecto a estos dos puntos es la siguiente: ni esa influencia del marxismo en la ideología burguesa es marxismo, ni tampoco lo es el entrismo burgués en su seno. Nada podemos oponer a la influencia que el marxismo pueda tener en la ideología burguesa; esta cuestión no nos corresponde abordarla a nosotros; sencillamente nada tenemos que decir al respecto, salvo alertar de que eso nunca puede ser marxismo, algo que nos parece tan obvio que ni siquiera entraremos a razonarlo. Pero no admitimos la influencia de la burguesía y los intelectuales a su servicio en el seno del marxismo. Este segundo aspecto sí es importante porque una de las formas de dominación ideológica de la burguesía consiste en introducirnos su propia versión del marxismo como si fuera la nuestra.

En efecto, la burguesía no podría imponerse políticamente si no lograra establecer su ideología como dominante, lo cual exige que esa ideología burguesa esté lo suficientemente diversificada como para lograr penetrar en ámbitos sociales muy diferentes, como son los de la burguesía y los del proletariado. La burguesía preserva una ideología para sí misma y elabora otra para el proletariado que, lógicamente, tiene que revestir formas distintas de la anterior, sin que por ello deje de ser una ideología burguesa.

La dominación burguesa que, como decimos, es también una dominación ideológica, fuerza a que los marxistas tengamos que desenvolver nuestra lucha -que incluye la lucha ideológica- en condiciones externas de hostilidad. Las cosas que nosotros decimos y la manera en que las decimos resultan totalmente inusuales no sólo para la burguesía sino para la gran mayoría de la sociedad; choca con eso que llaman opinión pública. Por eso la imagen que la burguesía tiene de nosotros es la de iluminados y visionarios; además, como no logran doblegarnos mediante sus medios de propaganda, también nos llaman dogmáticos y fanáticos. Si nuestra propaganda no surtiera ese efecto sorprendente entre muy amplios sectores sociales, es cuando tendríamos motivos para preocuparnos porque estaríamos navegando a favor de la corriente, que necesariamente es burguesa.

Por tanto, es claro que nadie puede sustraerse a la influencia ideológica de la burguesía como a ninguna otra influencia, salvo que se introduzca en una campana de vacío y no salga de ahí, lo que resultaría totalmente antimarxista; lo único que cabe es tomar conciencia de ese influjo y saber utilizarlo. Por ejemplo, tendremos que tomar conciencia de que la presión ideológica de la burguesía está mucho más desarrollada entre los intelectuales que entre los obreros y, por tanto, que tenemos razones para desconfiar mucho más de todo aquello que nos llega de los libros y las academias, así se disfrace con los ropajes más radicales que tenga por conveniente.

El marxismo abierto


No se trata, como afirma Nestor Kohan en su pésimo Diccionario básico de categorías marxistas, de que el marxismo sea abierto porque si pretendiera ser cerrado el resultado sería exactamente el mismo. Cuando no se cuidan las expresiones se producen extrañas asociaciones: la expresión marxismo abierto procede, nada menos, que de un artículo del filósofo vichysta (fascista y católico a la vez) francés Emmanuel Mounier en los prolegómenos de la guerra fría (5) y no podemos considerar que un autor así resulte fiable precisamente.

Pero todo esto tiene poco que ver también con el dogmatismo y el pluralismo, que es la manera en que la burguesía entiende estos fenómenos. No se puede decir que el marxismo es único y uniforme porque no es cierto. Ahora bien, aunque moleste a tanto antidogmático que circula por el mundo, esto también hay que reconocerlo del marxismo soviético, respecto del cual la visión que se ha lanzado en el mundo libre, entre ellos el mencionado Kohan, es ridícula. Bajo el denostado diamat (materialismo dialéctico) monolítico también se escondía una enconada lucha ideológica. El famoso diamat soviético ni formó nunca una única corriente, ni tampoco era plenamente coherente, ni tampoco era siquiera marxista en algunos casos.

Veamos cómo manipulan los hechos los filósofos burgueses. En su libro La filosofía actual, Ferrater Mora divide el marxismo en dos corrientes: por un lado nos presenta el diamat, que califica de ortodoxo (en singular) y, por el otro, a todos los demás marxismos (en plural). El primero, que proviene de un equívoco cometido por Engels, se impuso en la URSS y la mejor manera de que aparezca como algo macizo es no citar absolutamente a ningún autor representativo de esa sopa que Ferrater Mora saca de su propia cabeza o de curas católicos que le sirven de referencia, como el jesuita austriaco Gustav Wetter. Por el contrario, cuando menciona a la otra corriente, los marxistas heterodoxos, aparece una pléyade de nombres: Lukacs, Gramsci, Kolakowski, Althusser, entre otros. La primera corriente es impersonal y gris; la otra está bien definida con nombres y apellidos.

En esa línea de tergiversación, Kohan presenta las cosas de la misma forma:

El marxismo integra diversas tradiciones ideológicas, filosóficas y políticas. No existen en su seno definiciones únicas y taxativas, como erróneamente planteaban los antiguos manuales soviéticos de divulgación (u otros similares inspirados en ellos).

Cada tradición marxista reinterpreta el legado de Marx y sus categorías de diverso modo.

Todo esto que dice Kohan es otra manipulación descarada. Como bien dice, el dogmatismo le ha hecho un daño enorme al marxismo, pero se le olvida decir que el liberalismo le ha hecho otro tanto y, desde luego, las tesis de Kohan tienen más que ver con su liberalismo burgués que con ninguna forma de marxismo. No es ninguna casualidad que Kohan vuelva a plantear el problema de la misma forma que los filósofos burgueses. Esas coincidencias nunca son casualidad. Para él no sólo los manuales soviéticos ofrecían erróneamente (al parecer todos ellos, sin excepción) definiciones taxativas sino que eso no es marxismo porque éste es una amalgama que agrupa diversas tradiciones en su seno, sin que parezca importar que se trate de tradiciones burguesas. Naturalmente que a partir de ese pluralismo se derivan muchos más pluralismos, cada uno de los cuales reinterpreta el legado de Marx de diverso modo, es decir, como le da la gana, remedio infalible contra el maldito dogmatismo. Este puré, cabe concluir, sí es marxismo. Sin embargo, paradógicamente, cuando define la concepción materialista de la historia afirma que es la base de la (re)unificación de todas las ciencias sociales, nada menos: no entendemos cómo se pueden (re)unificar todas las ciencias sociales si ni siquiera el marxismo es único. Con toda su verborrea lo que Kohan pretende es sustituir las definiciones únicas de los manuales soviéticos por las definiciones igualmente únicas de su propio manual, cuyo parecido con el original es pura casualidad.

El final obligado es una paella mixta porque el punto de partida también lo es: el marxismo no integra diversas tradiciones o, por mejor decirlo: el marxismo integra diversas tradiciones en la misma medida en que rompe con ellas. La chapuza ideológica de Kohan se dispara cuando sostiene que, a su vez, cada tradición marxista reinterpreta el legado de Marx porque los marxistas no estamos para interpretar (y menos para reinterpretar) nada sino para cambiarlo todo.

Esto es clave porque es lo que diferencia a los marxistas de todas las tradiciones anteriores, y lo que ha ocurrido con las versiones burguesas de Marx ha sido justamente que ya no solamente siguen pretendiendo reinterpretar el mundo sino reinterpretar al propio Marx, lo cual es totalmente absurdo. Lo que diferencia a un sicoanalista de un marxista es que el primero, a 50 euros la hora, sienta a su paciente en el diván para que le cuente sus sueños de manera que pueda interpretarlos, mientras que lo que hacemos los marxistas es organizarle para hacerlos realidad.

Que los antidisturbios desalojen las aulas

Nunca hemos considerado que el marxismo tenga algo que ver con el sicoanálisis, como tampoco con ningún tipo de marxismo salido de las universidades de París, Padua, Berkeley o Buenos Aires. Como decía el viejo Engels de los teóricos puros:

En nuestra agitada época ocurre como en el siglo XVI: en las materias relacionadas con los intereses públicos sólo existen teóricos puros en el campo de la reacción, y eso es lo que explica que estos señores no sean tampoco verdaderos teóricos, sino simples apologistas de esta reacción (6).

Los escritos de Marx y Engels responden a las necesidades revolucionarias (prácticas) de la lucha de clases; la de los marxistas heterodoxos salen de la tiza de una pizarra. El marxismo es una cosa y las reinterpretaciones de Marx son otra bien distinta de la anterior.

La consecuencia de ese marxismo de pega es la repulsión sentida en amplios sectores populares hacia esas abstracciones teóricas. Marx y Engels fueron los primeros en exigir que las masas se adueñaran de la ciencia, mientras que los teóricos se esfuerzan por alejarlas de ella. El marxismo ni nace de la cabeza de unos teóricos ni es tampoco una teoría separada de las masas y de la práctica. En sus Tesis sobre Feuerbach hablaba Marx de la terrenalidad del pensamiento y hoy muchos se siguen quedando estupefactos cuando se esfuerzan por leer algo de todas esas elucubraciones, más cerca del cielo que del suelo.

Puestos a hacer comparaciones, nosotros encontramos mucho más marxismo en el diamat monolítico que en todas las papillas que en el mundo libre nos han querido vender como tal. Lo cual no quiere decir -insistimos- que se pueda suscribir como válido todo lo que provenía de la URSS, y nosotros ya hemos tenido oportunidad de lanzar algunas críticas a determinadas tesis allí vigentes. Pero tampoco vamos a seguir la corriente de renegar de ello, ni mucho menos de suscribir las estupideces que la burguesía ha vertido contra el marxismo soviético.

Tampoco hay que ocultar que muchos de los ataques más serios contra el marxismo realizado en nombre del propio marxismo, han provenido del antiguo bloque de países socialistas. Es el caso del polaco Leszek Kolakowski, a quien Ferrater coloca entre esos marxistas no ortodoxos que tratan de enfrentar a Engels con Marx, criticando al primero para ofrecer así otra versión del segundo, realizada su guisa.

Divide y vencerás, dice el refrán, de manera que Kolakowski, se ponga el disfraz que se ponga, venga de Polonia o de Porriño, es un intelectual burgués cuyas tesis los marxistas debemos combatir sin tregua porque sus afirmaciones, por más académicas que parezcan, no son inocentes o inofensivas reinterpretaciones sino que quieren llevarnos de cabeza al pantano revisionista. Cuando las teorías de Kolakowski descienden del cielo a la tierra, eso es lo único que queda: un reformismo vulgar. Así podríamos seguir con muchos otros cuando después de leer sus teorías tenemos que preguntar por sus prácticas, si es que existen tales prácticas. Por ejemplo, otro que pasa muy frecuentemente por marxista es Adorno, un profesor universitario alemán que cuando los estudiantes ocuparon sus aulas en 1967 llamó a la policía para que los desalojara de allí. Con estas prácticas excusamos perder ni un minuto de nuestro tiempo en exponer las teorías marxistas de Adorno y tantos otros como él...

La lucha de clases es así: mientras Adorno llama a la policía para que desaloje las aulas de estudiantes, nosotros llamamos a los estudiantes para que desalojen a Adorno de las aulas. No sólo no tenemos nada que ver sino que estamos enfrente unos ("marxistas") de otros (marxistas).

Ferrater Mora sólo menciona una vez a Lenin como un adaptador del marxismo a los manuales soviéticos; por supuesto en su elenco de autores marxistas tampoco aparecen otros, como el Che Guevara, por ejemplo, porque él otorga más importancia a los teóricos de la especulación pura, a los profesores universitarios que escriben más libros o libros que los mortales como nosotros no somos capaces de entender y, por tanto, pensamos que deben ser gente muy profunda, mucho más que nosotros (que somos unos superficiales).

Si el marxismo estuviera en los libros sería, efectivamente, un dogma acabado y agotado. Pero el marxismo está en las reuniones de los obreros de Turín que preparan la próxima huelga, en los fusiles de los guerrilleros filipinos y en las manifestaciones por las calles de Caracas. El marxismo vive porque en todo el mundo existen partidos comunistas preparando sus próximas ofensivas contra la explotación.

Un cielo poblado por fantasmas

Si el marxismo es una teoría ligada a una práctica, no entendemos que se hable de marxismo allá donde la práctica no existe. Pero lo contrario de la práctica no es la teoría sino la especulación. Por eso los que la burguesía nos promociona como marxistas se han especializado en la estética y la pura contemplación artística (Lukacs, Della Volpe, Marcuse, Benjamin, Lefebre, Adorno) que, como máximo, han llegado hasta comprometerse políticamente pero sin salir jamás del círculo cerrado de las aulas y de los libros.

Una teoría es una respuesta a una pregunta previa cuyo origen es el que se trata de indagar: se trata de saber si esta pregunta es una pura especulación o es una duda que surge de la práctica, de la realidad terrenal. Las dudas y las preocupaciones de los explotados no son las mismas que las de los intelectuales. Como decía Marx, mientras la ideología alemana desciende el cielo sobre la tierra, aquí se asciende de la tierra al cielo. Los lectores atentos de Marx se habrán dado cuenta muchas veces de la reiteración con que en sus escritos aparecen palabras como fantasma, espectro, quimera, ilusión, misterio y otros parecidos. Toda su lucha fue por algo tan simple como encender la luz para demostrar que esos fantasmas no tenían vida propia, que no son más que palabras vacías: pura contemplación. Que hoy a la especulación tradicional, como la religiosa, le haya sucedido otra especulación sobre el propio Marx, no cambia nada las cosas, pero nos parece muy extraño que precisamente a nosotros, que somos los que luchamos contra esto, se nos acuse de dogmatismo y de convertir al marxismo en una religión. No podemos aceptar de ningún modo que ellos, los especuladores, traten de dar un vuelco completo a la cuestión: son ellos, los que presumen de antidogmáticos, los que convierten al marxismo en letra muerta separándolo de la práctica.

El divorcio entre la teoría y la práctica es una forma más de alienación. Pero con la alienación sucede que siempre nos presentan como alienados a los obreros, mientras que los intelectuales puros alardean de una perfecta conciencia de la realidad. Es otro de esos vuelcos espectaculares en los que las cosas aparecen al revés de como son en realidad. Como bien sabemos desde el viejo Feuerbach, la alienación es el imperio de la abstracción, un dominio en el que los especuladores se mueven como pez en el agua. Por el contrario, el marxismo es el análisis concreto de la situación concreta que hace imposible el dogmatismo. Cuando los académicos se mueven y no salen del terreno de las generalidades, es imposible reconocer ahí ninguna forma de marxismo por más que tengan a Marx en la punta de la lengua a cada paso. Pero su tarea es así de quijotesca: tienen que inventar fantasmas para poder enfrentarse a ellos, en lugar de enfrentarse con la realidad y cambiarla.

Es relativamente fácil comprobar no solamente que todas esas teorías son erróneas o que no son marxistas, sino que son antimarxistas y que la misma historia del marxismo es una lucha incansable contra todo ese tipo de concepciones que se reproducen a cada paso. También es fácil deducir que, frente a las ideologías abiertamente burguesas y reaccionarias, aquellas otras que parecen casi marxistas son mucho peores y que contra ellas hay que concentrar el fuego de la crítica porque los ataques más graves que hemos recibido provienen de nuestro mismo entorno. Hay que huir como de la peste del compadreo de que todo vale. Una larga experiencia demuestra que eso tiene poco recorrido y que ni siquiera es posible hablar de debate sino más bien de combate: contra ese tipo de concepciones también hay que levantar barricadas y tirar piedras. En todos los foros hay que mantener la coherencia con lo que hacemos en la calle; hay que dejar de ser tan educados.


Partido comunista de España ( reconstituído )

NotaPublicado: Jue May 24, 2007 8:54 pm
por rubiera
Cuando los intelectuales denuncian el dogmatismo es porque no les gusta repetir lo que otros ya han dicho antes que ellos; tienen que decir cosas nuevas para publicar sus artículos y vender sus libros. En su afán novedoso, destacan la importancia de las pequeñas variantes que el capitalismo ha ido introduciendo, olvidando las cuestiones más generales y, por tanto, el encuadre de lo nuevo en lo viejo. De esa manera promueven una visión distorsionada de los fenómenos, de su importancia relativa dentro del modo de producción capitalista, de los motivos de su aparición, del papel que desempeñan, etc. En fin, para hablar de lo nuevo siempre hay que hablar también de lo viejo y, por tanto, repetir lo que otros ya han dicho antes al respecto. Cuando algo cambia es porque otra parte permanece y la dialéctica exige explicar por qué cambia una cosa mientras la otra no lo hace.


Este es precisamente el punto principal de mis problemas con los intelectuales "marxistas" novedosos. Pienso también que la caída de la URSS afectó a mucha gente que precisamente por ser dogmática se fueron ellos mismos a la mierda junto con el socialismo soviético, y ahora, ya que es duro muchas veces reconocerlo, para no definirse anticomunistas, estos grandes iluminados pretenden a toda costa tratar de reformar el marxismo, borrando lo supuestamente "viejo" y buscando la nueva "verdad" en la propia negación del marxismo-leninismo.
Muy buen análisis el de los compañeros del PCE(r).

NotaPublicado: Mar Jun 19, 2007 11:25 pm
por maoista
Hola, ya que se toco lo que es el partido comunista del perú PCP desearia hacer un comentario.

El PCP que fue el que guio la lucha revolucionaria del pueblo peruano.

Pasare a contestar a cada uno de los autores presentes en este debate:

En primer lugar klaudia_daniela para asegurar algo debes de conocer bien el proceso y creo solo te dejas guíar, mas no haces juicio crítico verdadero. En el Perú es bien cierto que se vivio una guerra interna, una guerra popular, que fue comandada por el pensamiento guia del marxismo-leninismo-maoismo-pensamiento gonzalo. Ahora bien esta guerra tuvo un saldo de muertos de ambos bandos, de parte del pueblo peruano y del estado pero esto no es algo qe uno deseara, si pudieramos dar de forma pacífica la revolucion lo hariamos de esa forma, pero no se va dar nunca, esa posición pacífica ya fue refutado dentro de las filas de la revolución y aquel que aun la sostenga simplemente es un revisionista, traidor de la causa del pueblo.

También pareciera que muchos de ustedes en un eclecticismo bien marcada dicen ser marxistas. Cuando el marxismo exige definirse o estas con el pueblo o eres su enemigo asi de simple son las cosas no hay tercera. Rubiera pareciera que es un buscador de vias y encima dice buscar la linea incierta cuando lo que se quiere es luces para una via correcta, no vamos trabajar para buscar vias inciertas, no primero se da la derrota y luego la revolución, asi seria la forma de verlo si lo vemos como rubiera lo piensa y aparte dice que el objetivo mío tampoco no ha sido pretender que nadie tome partido ni con uno ni con otro, sino poner las opiniones contrastantes a la luz y tratar de discutir sobre las diferentes corrientes que se dicen no-dogmáticas, entonces señor rubiera que tipo de marxista es usted sino ayuda a aclarar el camino del pueblo que ruta tomar si usted trae este tema y no da luces, simplemente es un personaje que se ufana de ser marxista pero que en la lucha de ideas no aclara nada.

Otra cosa pareciera que el papel de la violencia no les cuadra a muchos y pareciera que de marxismo solo saben el nombre y algun manual de colegio que hubieran leido. Yo les recomiendo leer los 7 ensayos de interpretación de la relaidad peruana de Jose Carlos Mariategui... donde dice: "la revolución es un parto doloroso y a la vez sangriento" esto es una forma de decir que la revolución no va ser pacifica sino va ver derramamiento de sangre y al quien no le cuadre lo sentimos pues la revolucion no es para personajes que no estan dispuestos ofrendar la vida por la nueva sociedad. Podremos ufanarnos de que el ejercito rojo en la segunda guerra mundial logro derrotar al nazismo, pero todo ello conllevo sacrifio por defeder la patria socialista al igual que costo derramiento de sangre cuando se dio la revolucion de octubre, al igual que en la revolcuion china, ps eso es el papel de la violencia, una violencia revolucionaria que va parir la nueva sociedad. Si aun asi dicen ser marxistas sin admitir el caracter violento de la revolucion ps les aconsejo que se cambien de ideologia o sino lean el manifiesto y la seccion el papel de la violencia en la historia.

Acaso eso no pueden entender usted Klaudia_Daniela

Amarchis me habla de revolucion Bolivariana, en primer lugar para el peru bolivar no es mas que un personajillo que nos vendio ante españa en la firma de la capitulación de ayacucho, apesar de ser los vencedores de la guerra fuimos los perdores en mesa todo por culpa de ese miserable de bolivar. Hablar de revolución bolivariana con una confederacion americana que es lo que planteaba bolivar es pues simplemente querer ser capitalistas a lo tipo la union europea o como los estados unidos del norte.

Hay una cosa cierta de Hugo Chavez. quitale el petroleo y no va hacer nada, ese personaje solo es un figurón, cualquiera puede insultar a un presindente, hasta yo lo hago, lo verdaderamente revolucionario se va dar cuando se critique el sistema capitalista, se proponga alternativas a ese capitalismo, cuando la masas realemnte tengan solucionados sus necesidades a lo menos basicas(salud, comida, vestimenta), pues mientras en venezuela no se de eso no pasa nada, y sun seudo socialismo del siglo XXI no es nada ni lo sera.

NotaPublicado: Mié Jun 20, 2007 8:14 am
por rubiera
maoista, si usted me lee en este foro verá todo lo que me he empeñado en dar luces y guiar mis ideas en una orientación, por lo tanto su acusación es totalmente gratis. Este hilo en cambio, tiene otro sentido y es discutir sobre la necesidad de "renovar" o "mejorar" el marxismo. Sobre este tema simplemente proponemos las opiniones de varios autores, no para imponer una opinión, sino para que ayuden a crear un debate.

En cuanto a la revolución bolivariana creo que usted se equivoca. El nombre es lo de menos (yo también concuerdo de que Bolívar fue un burgués-antimperialista, y Marx lo criticó bastante), pero lo que sí es imperdonable que usted se una a las falacias contra el intento de Socialismo Venezolano quitándole los méritos que hasta ahora se ha ganado. El proceso venezolano no es un proceso "tradicional" de Revolución y las medidas revolucionarias se han aplicado paulatinamente. Sin embargo se han alcanzado grandes logros sociales que ningún otro país del cono sur sueña en estos momentos. La vía bolivariana no ha sido hasta ahora la de la lucha armada, pero eso no significa que, al menos yo la niegue, todo lo contrario, siempre me ha parecido la única vía posible, aunque si hay procesos que demuestran en un país determinado en situaciones particulares que otras vías son válidas, jamás me opondría a ellos por una simple cuestión de métodos.

En fin, que sus acusaciones son gratis y lo mejor que haría aquí sería aclarar las dudas con respecto al Sendero Luminoso, que seguramente gran parte de la información que tenemos aquí provienen de las falacias de la propaganda burguesa. Por lo tanto lo invito a reflexionar y a aclarar, si puede, el tema del PCP y sus grupos guerrilleros.

NotaPublicado: Mié Jun 20, 2007 8:25 am
por KaOs
maoista escribió:Hay una cosa cierta de Hugo Chavez. quitale el petroleo y no va hacer nada, ese personaje solo es un figurón, cualquiera puede insultar a un presindente, hasta yo lo hago, lo verdaderamente revolucionario se va dar cuando se critique el sistema capitalista, se proponga alternativas a ese capitalismo, cuando la masas realemnte tengan solucionados sus necesidades a lo menos basicas(salud, comida, vestimenta), pues mientras en venezuela no se de eso no pasa nada, y sun pseudo socialismo del siglo XXI no es nada ni lo sera.

Aunque pueda ser reformista, me parece que la gestión de Chávez es de lo mejor que se está dando en un país ahora mismo. Por supuesto que tiene sus pegas, pero poco a poco se están sentando las formas para una reforma socialista. ¿Qué necesidad tiene el señor Chávez de una revolución violenta para llegar a al gobierno, si ya esta en él? No necesita tomar ningun palacio de Octubre para que gobierne su partido.

Por otra parte, la visión de Marx de la violencia como motor de la historia (lucha de clases) dice que esta lucha puede ser declarada o encubierta. No soy un experto en marxismo como el compañero rubiera, pero pienso que la administración venezolana no tiene la necesidad de dar un golpe sangriento en la actualidad. Cosa que sí podrían necesitar otros países del Sur.

NotaPublicado: Sab Jun 23, 2007 6:37 pm
por anacharsis
En fin, nosotras creíamos que en este hilo se debatía el carácter científico del marxismo, al menos sobre eso es sobre lo que nosotras hemos intentado hablar aquí: en cuanto si es pertinente o no modificar el marxismo, no entendemos muy bien qué puede querer esto decir: Marx realizó sustanciales cambios en su teoría, y muchos son los que han venido después (Lenin, Mao, pero también muchos otros) que han producido interesantes conocimientos desde el materialismo diálectico, enriqueciendo el marxismo, tanto en la práctica política revolucionaria al uso, como en los distintos campos del saber (aportaciones también revolucionarias). El problema es quién determina y bajo qué criterios que es o no revisionismo... creemos que un punto de vista marxista dirá que es la propia práxis la que ofrecerá el criterio de verdad y pertinencia... de ahí, entre otras cosas, el caracter científico del marxismo. Sería absurdo pensar que si Marx y Engels, o Lenin, dedicaban tanto tiempo al estudio y crítica de los discursos y descubrimientos más recientes de las distintas ramas de las ciencias, con un rigor científico y argumental admirable, hoy no debamos hacerlo...

Es absolutamente vital combatir el revisionismo cuando se está afianzando un proceso revolucionario, puesto que el revisionismo no es más que la expresión de la reacción capitalista para socavar las bases del proceso revolucionario, pero son otras las urgencias más inmediatas cuando se está tan alejado de un proceso revolucionario como parece estarlo ahora Europa, por ejemplo: parece que lo fundamental sería ahondar en las contradicciones del capitalismo, propagar la crítica y la necesidad de la organización para crear las bases sociales que pudieran finalmente derrocar el actual sistema de dominación. La Historia nos enseña que para abrir procesos revolucionarios primero son necesarias amplias alianzas y amplios frentes. Labor de los comunistas será la actividad pedagógica de agitación y propaganda entre los movimientos y organizaciones sociales.

En cuanto al compañero Maoista, tan sólo decirle que pensamos que sería mucho mejor privarle de sus reservas petroleras a los yankies y sus aliados fundamentalistas de Arabia Saudí entre otros, que al pueblo Venezolano. Es precisamente esa actitud que usted aquí manifiesta, esa pureza irreflexiva y acrítica, la que quizá algunos quieran llamar dogmática, pero que a nosostras se nos antoja casi siempre como contra-revolucionaria sin más, como radicalismo izquierdista... una desviación que por cierto también ha sido denunciada como revisionimo, complementaria del oportunismo, y que busca socavar las bases de la unión revolucionaria, ofreciendo a las fuerzas represivas reaccionarias justificaciones ante la opinión pública para el ejercicio de la violencia represora.

Salud.