Sinopsis:
- [propia] The East es una organización anarcoecologista clandestina que atenta contra grandes empresas, responsables de diferentes crímenes contra la humanidad y el medio ambiente. Las acciones del grupo consisten en castigar a los ejecutivos de las empresas causándoles un daño proporcional equivalente al que ellos han causado. Una importante compañía contratista de seguridad privada (con presencia en 32 países, nos dicen en el comienzo de la película), encargada de proteger a este tipo de empresas, envía a una de sus más destacadas agentes de campo a una misión: infiltrarse en la organización para evitar nuevas ofensivas. Sin embargo, la misión se ve comprometida cuando la agente, Jane, nombre encubierto "Sarah", empieza a empatizar con los miembros de la organización y a hacer suyo su mensaje.
Comentario personal:
- Uno encuentra escasas ficciones fílmicas que se ocupen de movimientos sociales no-laborales en Estados Unidos, y ya entre los laborales tampoco es fácil encontrar algo por encima de la década de 1980. Tenemos "Batalla en Seattle", lateralmente "Fast Food Nation" y "Network" y algunas sobre el movimiento negro urbano setentero ("Panther"...). Esto justifica por sí solo el interés de esta película. No porque exista grupo real homologable al que imagina, sino porque en él se rastrean prácticas y estrategias que están a la orden del día. Tanto por parte de la fuerza popular como por parte de la empresarial.
En este campo de batalla desnudo, muy clase-contra-clase (media caída en desgracia vs. directivos de gran empresa), de la primera se nos expone un batiburrillo de tópicos políticos, organizativos y culturales. Entre los políticos, el más llamativo es que la acción colectiva, directa por supuesto, tiene un valor destituyente débil, parece una versión negra y madura (los tiempos no están para bromas) del juego situacionista de "Los edukadores", pero alberga un mensaje de calibre pesado para los súbditos de sociedades liberales, a saber, que un individuo es responsable de sus propios actos, luego se le puede pedir cuentas por ellos; entre los organizativos, The East sería un nodo de una confederación informal, casi líquida, de organizaciones radicales (no existe una cabeza que programe una estrategia unificada, sino articulaciones coyunturales entre grupos), para el que las tecnologías de la información juegan un papel central (los comunicados no se leen en televisión, son videopanfletos en internet al estilo Anonymous; se juega con la identidad en las redes sociales y con las estrategias de viralidad; las tareas informáticas están en el corazón de la militancia); entre los culturales, las prácticas son herencia de la contracultura y sus actualizaciones: okupación, amor libre, vida comunal, friganismo y creo haber percibido hasta cierto rechazo a la medicina institucional...
A la compañera articulista de Diagonal, a la que enlazo más abajo, le molesta esta falta de profundidad política. Le voy a objetar que cuando uno se adentra en estos ambientes constata que el pastiche retratado no es tan inexacto y que es difícil encontrar un movimiento de respuesta en EEUU que no se atranque en la negación y la protesta, que contenga una propuesta política completa. No digo más, porque aquello es una realidad plural, pero a vista de águila mi impresión es que The East es una evolución imaginaria probable y desesperada de la contracultura de los 70 y la antiglobalización de los 90, que por sus formas se aboca a una lucha circular, centrípeta, que se sostiene y agota sobre sí misma, sin visos de crecimiento y sin esperanza real de que el cambio llegue a todos y no sólo a unos pocos a través de la elección de un estilo de vida. Sin embargo, la crítica de Brit Marling (coguionista) y Zal Batmanglij (director y guionista) al circuito "anticorporativo" no es sintonía con los empresarios. La película confirma sus crímenes, muestra violencia policial gratuita (en los primeros minutos de la película, la seguridad privada de un ferrocarril agrede por placer sádico a unos chicos), critica despiadadamente el lucro como motor económico (impagable la escena en la que "Sarah", la agente infiltrada, llama a su jefa para advertirle del envenamiento masivo que está preparando The East entre ejecutivos de una farmacéutica y esta se lava las manos porque esta empresa no es su cliente y su destino no le atañe), denuncia las agresiones sexuales habituales entre quienes se sienten dueños de la vida ajena (la misma agente sufre un intento de violación por parte de un niñato rico)... Por oposición, las simpatías recaen en los militantes de The East, que viven una vida honesta, simplificada, de cuidados mutuos... Si se cuestionan otros medios de The East por su violencia, no se hace menos con los del enemigo: de la seguridad personal (subcontratada, externalizada) se hace negocio, tienen grupos de analistas (sí, analistas, ellos se lo toman en serio) sin escrúpulos, operan con infiltraciones y guerra informática y establecen colaboraciones estratégicas empresa-estado, al punto de ser víctimas de su propia lógica (la seguridad privada caza por error a un topo de la pública, del FBI; la externalización no garantiza la seguridad universal, sino que la compromete)...
Si "The East" me parece mejor que otras de su género es porque toma partido y manifiesta una salida política, no nos condena a la impotencia: contra los crímenes del capitalismo, estrategias noviolentas. Al final, la "espía", ya convertida, hará suya la causa y viajará por todo el mundo para convencer a otros empleados de la seguridad privada de que se desmarquen de sus empleadores. A algunos, en particular a los amantes de la ética de la derrota, no gustarán estas conclusiones, pero no se puede acusar al dúo Batmanglij-Mayerling de equidistancia. No son Pontecorvo, "The East" es un producto de su tiempo, de los movimientos de nuestro tiempo: una amonestación al status quo. Vendrán producciones mejores cuando en la lucha política hagamos cosas mejores.
eli alkorta, en "Anarquistas made in Hollywood", en Diagonal, el 9 de octubre de 2013, escribió:Si la industria del cine estadounidense produce una película en la que los movimientos antisistema son reflejados con cierta simpatía, la reacción más precavida por parte del espectador debería ser la sospecha. En "The East", thriller presente en la cartelera dirigido por Zal Batmanglij, Sarah, el personaje principal, se infiltra en un grupo de izquierdas difícil de definir debido a su inexistente agenda política. Empleada de una empresa privada de espionaje dedicada a proteger a las grandes corporaciones, el objetivo de Sarah será el de impedir que la organización The East atente contra determinadas empresas. Sin embargo, a lo largo de la complicada misión, la protagonista entablará una estrecha relación con el grupo que le provocará un conflicto de lealtades.
Una crisis de identidad que no proviene tanto de la concienciación social de Sarah como de razones sentimentales. Y es que el grupo supuestamente anarquista con inclinaciones “eco-terroristas” no transciende en sus motivaciones la esfera de lo privado. De forma increíble, Hollywood logra despojar de contenido político a los movimientos sociales de izquierdas. La palabra capitalismo, con todas sus implicaciones devastadoras, ni se contempla ni se menciona, y las acciones de la organización quedan confinadas al ámbito de la venganza personal. Han sufrido en sus carnes los estragos provocados por determinadas empresas, y persiguen un castigo igualmente personal que desemboque en la enfermedad y muerte de los implicados. En ningún momento se plantean alternativas como el sabotaje o el ataque a los medios de producción, ni se menciona que estas prácticas empresariales están amparadas por el sistema.
Se produce, de esta manera, una trivialización e infantilización de la disidencia que alcanza cotas ridículas en la representación del día a día de la organización. The East es el retrato de una secta hippie de postadolescentes heridos y vengativos. Así, además de sugerir la inexistencia de reivindicaciones políticas, y de confinar las acciones del grupo a meras rabietas, el comportamiento de sus miembros oscila entre lo enloquecido-siniestro y lo adolescente.
No se trata de seres racionales y políticamente concienciados, sino de sujetos heridos en busca de una reparación simbólica con tintes de venganza bíblica. Para que la empatía se produzca, se renuncia a los argumentos en favor de las emociones y se introduce una muy poco creíble historia de amor. Es evidente que, si el tema se tratara con un mínimo de rigor y de seriedad, la película no llegaría a estrenarse o el grupo anarquista encarnaría el nuevo terrorismo a derrotar.
En lugar de una salida tan evidente y tan controvertida, "The East" opta por un mensaje más tibio y mucho más manipulador: distorsionar y descafeinar la realidad y las reivindicaciones de los movimientos políticos de izquierdas. Como sugerencia final ante esta sangrienta venganza, la película ofrece una defensa del diálogo y la persuasión como arma para terminar con la barbarie ecológica y humana causada por las multinacionales. Unas malas prácticas empresariales que se pueden atajar conversando y convenciendo, en una de las conclusiones más extremadamente ingenuas, por no decir cínicas, del reciente cine norteamericano.
Ismael Marinero, en Miradas de Cine, nº 136, julio de 2013, escribió:[...] En tiempos de galopantes injusticias, corrupción sin límites y obscenos abusos de poder se echaba en falta una película que cambiara las tornas y planteara la posible venganza de ese 99% de la población mundial que agacha la cabeza una y otra vez ante los que manejan el tinglado desde sus lujosos despachos y siguen inmunes a la desgracia ajena. Hablamos en términos de ficción, porque la realidad es tozuda y se resiste a ser modificada, por más que movimientos cívicos como Occupy, la Primavera árabe o el 15M hayan surgido de tanto descontento y frustración, y pretendan, de momento sin mucho éxito, cambiar el estatus quo actual. "The East", tan oportunista como ingenua, aprovecha la coyuntura pero sin mojarse del todo, proponiendo una reflexión política que, por más pertinente que sea, no consigue nitidez ni enjundia alguna. La película, a pesar de mantener el interés, se tambalea en el tramo final, relegando la decisión de Sarah a una coda que es demasiado endeble e idealista comparada con lo que la ha precedido.
El director, Zal Batmanglij, en entrevista en El Mundo, el 19 de julio de 2013, escribió:[...] todos estamos muy solos y el capitalismo tienes todas esas falsas promesas. Están todos esos anuncios sobre la felicidad o películas que prometen algo y somos como moscas yendo hacia la luz. El capitalismo es ese artilugio eléctrico para atraer a las moscas. La luz nos atrae y luego nos fríe. Y nos deja vacíos.
Ficha técnica
- Guión: Brit Marling, Zal Batmanglij.
Música: Halli Cauthery, Harry Gregson-Williams.
Fotografía: Roman Vasyanov.
Productora: Fox Searchlight / Scott Free Productions.
Reparto:
- Brit Marling (Sarah Moss / Jane Owen).
- Alexander Skarsgård (Benji).
- Ellen Page (Izzy).
- Toby Kebbell (Doc / Thomas Ayres).
- Shiloh Fernandez (Luca).
- Aldis Hodge (Thumbs).
- Danielle Macdonald (Tess).
- Hillary Baack.
- Patricia Clarkson (Sharon).
- Jason Ritter (Tim).
- Julia Ormond (Paige Williams).
Idioma original: Inglés.
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