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Tragarse vivo a Marx?

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Tragarse vivo a Marx?

Nota Jue Abr 12, 2007 12:19 pm
Ayer leí en la zona de literatura un tema a debatir que inició la compañera Klaudia_Daniela. Por cuestiones de tiempo no pude intervenir y ahora lo busco y no lo encuentro.

El hilo en cuestión contenía un escrito de Carlo Frabetti titulado algo así como "Comerse (o tragarse o devorar) a Marx".

¿Alguien sabe dónde fue a dar ese hilo?


Saludos

Nota Jue Abr 12, 2007 12:26 pm
Yo tambien lo recuerdo, pero es verdad que no esta en su sitio.

Si estas ahi haznos una señal :evil: :evil: :evil:

Nota Jue Abr 12, 2007 12:29 pm
Supongo que la respuesta la tendra Klaudia :roll:

Tragarse vivo a Marx?

Nota Jue Abr 12, 2007 11:24 pm
El mensaje lo edité para cambiarlo de sitio en el foro y sin querer lo borré. ( lo corté para pegarlo en otro sitio y luego no lo hice ). Tengo dos hijos pequeños así que ya se imaginarán.... ni 5 minutos seguidos puedo estar en frente al pc. :|

Dicho mensaje era relativo a un librito de Carlo Frabetti titulado: "socialismo científico", donde no cuestiona al marxismo exactamente, sino que lo considera como una teoría abierta, no acabada, que se ha de superar. Según él , existe un paralelismo entre la evolución de la física y la socioeconomía: Así como Albert Einstein y Max Plank con sus teorías de la relatividad y la mecánica cuántica "empantanaron" a Newton, el "socialismo científico" también lo hará con la teoría de Marx. Quiere decir esto, que el marxismo no es una teoría "cerrada", sino que ha de evolucionar según las necesidades y transformaciones de la sociedad.
No sé hasta qué punto es válido comparar una ciencia como la física con la socioeconomía, pues esta última tiene un componente humano sobre el que es difícil elaborar predicciones....

El librito se descarga de http://www.rebelion.org/docs/33771.pdf

SOCIALISMO CIENTÍFICO El hecho de que nos empeñemos en seguir llamando “marxismo” a lo que Marx y Engels denominaron “socialismo científico” es menos anecdótico de lo que podría parecer a primera vista. En primer lugar, el término supone un agravio comparativo, pues prescinde de uno de los cofundadores (el más inteligente de los dos, por cierto, aunque Engels no tuviera la enorme capacidad de trabajo ni la poderosa personalidad de Marx). En segundo lugar, el término es reductivo y adialéctico, pues identifica todo un proceso, un desarrollo continuo, con su etapa fundacional. Esa forma de patronimia es adecuada para las doctrinas estáticas, inamoviblemente ligadas a un “padre” fundador: cristianismo, confucianismo, franquismo... Pero no llamamos “einsteinismo” a la relatividad, porque es una disciplina en continua
evolución y construida con las aportaciones de numerosos físicos y matemáticos; y, por la misma razón, el decimonónico término “darwinismo” está cayendo en desuso, progresivamente sustituido por “evolucionismo”. ¿Por qué no ha ocurrido otro tanto con el término “marxismo”? La respuesta es tan obvia como preocupante: el marxismo más visible, el más institucional, ha evolucionado muy poco desde los tiempos fundacionales. El gran error de Marx y Engels fue proclamar la inevitabilidad de la caída del capitalismo y prometer el paraíso (comunista, pero paraíso al fin y al cabo); eso, para muchos, convirtió el marxismo en una religión y, por consiguiente, en un instrumento de dominación en manos de las castas sacerdotales de turno. Dicho de otro modo: el mal llamado “socialismo real” dificultó el desarrollo del socialismo científico y marginó o persiguió a quienes luchaban por salvarlo de la ideologización. La desigual pugna (metadialéctica) del materialismo dialéctico con el solapado dogmatismo de la izquierda institucional ha sido la gran batalla intelectual del siglo XX; aunque ha sido (y sigue siendo) una batalla soterrada, ignorada por la cultura oficial, silenciada por los poderes de uno y otro signo. Los marxistas tuvieron claro desde el principio que había que liquidar la moral burguesa; pero el propio marxismo era un producto de la burguesía, de su filosofía y su moral, y, por lo tanto, para crecer tenía que podar sus propias raíces. Tenía que romper con el patriarcado y con su brutal represión de la sexualidad (sobre todo de la sexualidad femenina). Tenía que romper con la familia nuclear, con la explotación doméstica de la mujer, con la hegemonía masculina. Pero luchar contra los privilegios ajenos es más fácil que luchar contra los propios, y el marxismo, en manos de los hombres, como casi todo, no supo, no pudo o no quiso librar esa batalla fundamental (no escuchó, como Segismundo, la arenga de Clotaldo: “Corona tu victoria venciéndote a ti mismo”). Y la batalla tuvo que librarse en otros ámbitos. Por eso el marxismo, para merecer el nombre de socialismo científico, tiene que asimilar, ante todo, los logros teóricos y prácticos del feminismo, la principal fuerza revolucionaria de nuestro tiempo (y probablemente de todos los tiempos). Y también tiene que asimilar los logros teóricos y prácticos del anarquismo, el ecologismo, el pacifismo, el indigenismo, el vegetarianismo y otras formas de oposición a la barbarie capitalista. Tiene que despojarse de su solapado puritanismo cristianoburgués (es decir, patriarcal) y escuchar con la mayor
atención y el mayor respeto a homosexuales, transexuales, prostitutas, okupas, emigrantes y marginados de toda índole. El marxismo tiene que volverse a la vez más nacionalista y más internacionalista; porque nacionalismo e internacionalismo no son antitéticos, como creen algunos (incluidos no pocos marxistas), sino complementarios. El nacionalismo de un pueblo unido frente al imperialismo avasallador lo une, a su vez, a todos los demás pueblos en su lucha común contra la “globalización” capitalista. Los desposeídos no tienen patria, nos recuerda el Manifiesto Comunista, les ha sido arrebatada junto con todo lo demás; por eso su primera tarea es recuperarla, y recuperar la patria (cada pueblo la suya y juntos la de todos) es recuperar la vida, recuperar el mundo.
“…“¡El servicial Trotski es más peligroso que un enemigo! ¡Que cerdo es este Trotski!: frases izquierdistas y bloque con los derechistas contra los zinmerwaldianos de izquierda! ”.
Lenin

Nota Jue Abr 12, 2007 11:59 pm
Realmente Frabetti es un tipo que piensa bien, y aunque como todos los intelectuales consagrados tenga un poco ese deje arrogante que molesta un poco, hace pensar y razonar, aunque algunas veces hace razonamientos que me dan la impresión que son más juegos de palabras que filosofía (estúpido que soy yo) y se mete en esas cosas tipo de quién fue más inteligente, si Marx o Engels.

De todas formas no entiendo por qué tanto alboroto con que si se puede tragar vivo a Marx (o al marxismo o socialismo científico) o no. Creo que la misma esencia del materialismo dialéctico responde a la pregunta. El marxismo puede ser mejorado, como hizo Lenin y seguramente tragado vivo porque como todo, está en continuo cambio. El problema está en aplicar bien sus leyes básicas y no pretender con cuatro frases tratar de tragarse a Marx como hacen algunos diciendo con la mayor tranquilidad del mundo que el marxismo está ya muy superado. Marx se tragó a Hegel y a la metafísica, pero seguramente para llegar al marxismo hubo que pasar por la dialéctica idealista y por la dialéctica no idealista de los grandes pensadores griegos. No hay un fin para nada porque nada es estático, ni siquiera las teorías.

En mi opinión Frabetti es un excelente escritor de literatura infantil, al menos por el único libro de él que tengo en mis manos llamado "Ulrico y la llave de oro". Recomendadísimo.

qué error!!

Nota Vie Abr 13, 2007 2:09 am
El texto que quería colgar no era ése. Sino este:

TRAGARSE VIVO A MARX
Galileo y Newton no sólo dieron a la física una estructura matemática precisa, coherente y operativa, sino que sentaron las bases de un método científico que sigue siendo la más poderosa herramienta del conocimiento. Con su consigna fundacional (“Hay que medir todo lo que es medible y hacer medible lo que no lo es”) y su aforismo leonardiano (“El libro del universo está escrito en el lenguaje de las matemáticas”), se puede decir que Galileo inaugura la ciencia moderna. Y con su ley de la gravitación universal, Newton pone orden en la naturaleza. Desde que Buda y Tales de Mileto, cada uno a su manera, dieron la espalda a los dioses para buscar las respuestas (y las preguntas) en la realidad misma, la mente humana no había dado un salto tan grande y, en apariencia, tan definitivo. Pero a principios del siglo pasado Einstein formuló la teoría de la relatividad, que afirma que el espacio y el tiempo no son realidades absolutas y separadas, que hay un límite infranqueable para la velocidad, que la materia y la energía no son esencialmente distintas... Y en su momento se dijo que la relatividad suponía el fin de la física newtoniana, el derrumbamiento de su majestuoso edificio conceptual. Pero en realidad lo que hizo Einstein fue (un famoso científico lo expresó con esta feliz metonimia) “tragarse vivo” a Newton. En efecto, la relatividad no invalida la física tradicional: sencillamente (y nunca mejor dicho), la relativiza, la integra en un esquema más amplio. De hecho, en la mayoría de los casos seguimos utilizando la vieja física de siempre, que solo deja de ser válida a nivel subatómico, a velocidades próximas a la de la luz o en campos gravitatorios muy intensos. Decir que Marx y Engels son los Galileo y Newton de la socioeconomía puede parecer exagerado o gratuito, pero las similitudes no son pocas ni irrelevantes. Y tal vez el aspecto
más instructivo de este paralelismo sea el de la falsa periclitación de ambos sistemas. La física newtoniana no ha sido refutada, sino tan solo desposeída de su apariencia de formulación completa y definitiva de las leyes de la naturaleza, y con el marxismo ha ocurrido otro tanto, pese a los cacareos de los “nuevos filósofos”, los posmodernos y los relativistas culturales. A pesar de los excesos y defectos del llamado “socialismo real”, a pesar de los propios errores de Marx y sus continuadores, el marxismo sigue siendo el gran paradigma socioeconómico, ético y político de nuestro tiempo. Solo que no puede pretender ser la explicación total y última de los fenómenos sociales. No puede autoproclamarse “científico” en el sentido fuerte del término, y menos aún arrogarse la facultad de predecir el futuro. Profetizar la inexorable autodestrucción del capitalismo y el seguro advenimiento del “paraíso comunista” fue un error de bulto que el marxismo ha pagado muy caro, un residuo de idealismo que nos podría hacer temer que Marx fuera menos científico de lo que pretenden sus hagiógrafos. Pero, en cualquier caso, ello no resta ni un ápice de validez al materialismo histórico, del mismo modo que la física no se resiente del hecho de que Newton fuera un neurótico. Retomando una reflexión ética milenaria cuyos ancestros más ilustres son Buda y Lao Tse, Sócrates y Epicuro (como es bien sabido, Marx centró su tesis doctoral en la comparación de los sistemas atómicos de Demócrito y Epicuro), el marxismo propugna, básicamente, una revolución moral. A la vieja moral cristiano-burguesa adoptada (y adaptada) por el capitalismo, basada en la sumisión, la esperanza en otra vida y la aceptación de la jerarquía social, el marxismo opone una nueva moral basada en la solidaridad, la resistencia, el cuestionamiento de lo establecido, la confianza en las propias fuerzas, la decisión de cambiar la sociedad. Y del mismo modo que Galileo vio en la experimentación el método por excelencia, la llave maestra
de la ciencia, Marx vio en la praxis la clave de una nueva filosofía cansada de limitarse a explicar el mundo y decidida a transformarlo. Vivimos en una sociedad basada en la explotación del hombre por el hombre. Analicemos las relaciones de intercambio que la configuran y perpetúan, con objeto de sustituirlas por otras relaciones que pongan fin a la explotación, que realicen y fomenten la solidaridad. Ese es, en última instancia, el proyecto del marxismo. Y no ha perdido ni un ápice de vigencia. De qué manera o maneras llevar adelante ese proyecto en un mundo en el que el imperialismo (fase superior del capitalismo) parece más fuerte y más dispuesto que nunca a demoler todos los obstáculos que encuentre en su camino: ese es el problema de la izquierda. Y si el viejo marxismo dogmático es un callejón sin salida, una trampa para nostálgicos de lo absoluto, dar la espalda a sus logros y sus propuestas es, sencillamente, un suicidio moral y político. La solución, aunque todavía no la tengamos clara (como no tenemos clara la futura evolución de la física, que aún dista mucho de explicarlo todo), pasa necesariamente por tragarse vivo a Marx.
“…“¡El servicial Trotski es más peligroso que un enemigo! ¡Que cerdo es este Trotski!: frases izquierdistas y bloque con los derechistas contra los zinmerwaldianos de izquierda! ”.
Lenin

Nota Vie Abr 13, 2007 9:37 am
Klaudia, le he cambiado el título al hilo. A ver si los compañeros se animan a participar.

Nota Dom Abr 15, 2007 3:04 pm
Dejo aquí un excelente análisis que seguramente alguno calificaría de dogmático: (el documento está dividido en dos posts)

Marta Harnecker o el método de la tergiversación

Koeyu Latinoamericano, revista de análisis político-cultural, ha publicado, en su número 55, una entrevista con Marta Harnecker, autora de Conceptos elementales del Materialismo Histórico, libro que, como ya sabrán nuestros lectores, fue muy difundido en España en los años setenta. Esta entrevista, a decir verdad, ha llamado mucho más nuestra atención que aquel libro, por cuanto, además de hacer en ella algunas precisiones sobre marxismo y hablar del pasado, el presente y el futuro del socialismo -situando a la revolución cubana en el centro de sus reflexiones- Marta Harnecker esboza una crítica a las concepciones que ella misma ha estado defendiendo. Esta nueva toma de posición supone, sin ninguna duda, un paso hacia adelante. Sin embargo, aún se hace notar el peso del fardo que lleva a cuestas y del que, al parecer, no puede o no sabe desprenderse. Su eclecticismo en todas las cuestiones básicas o de principios, se hace notar desde las primeras líneas. Esto es lo más característico, lo que más destaca, en toda la entrevista.

Tomemos sus propias declaraciones: Creo que es preciso separar la crisis del marxismo y la crisis del socialismo. Son dos cosas distintas. El marxismo es una ciencia. El socialismo es un proyecto de sociedad. En esta separación arbitraria que hace Marta entre marxismo y socialismo -fórmula que ha cogido prestada de su maestro, el gran Althusser-, se halla el meollo de su concepción teórica y política. Luego la veremos establecer otras divisiones del mismo estilo.

Que el marxismo es una ciencia que, por lo demás, no ha de ser confundida con el proyecto, está fuera de toda discusión. Pero, ¿en qué consiste la diferencia? ¿no puede haber un proyecto socialista igualmente científico? Sabemos que sí puede haberlo y que este proyecto se halla unido, como la uña a la carne, a la ciencia del marxismo. ¿No conoce Marta Harnecker dicho proyecto? Naturalmente, también existe otro, el mismo que han defendido siempre los revisionistas, desde Bernstein hasta Gorbachov. Si M. Harnecker se refiere a este último tendríamos que darle la ó. Mas ella no menciona en ningún momento el revisionismo y, por el contrario, niega la posibilidad de un proyecto socialista estrechamente vinculado a toda la doctrina científica de Marx; de lo que resulta una apología de las aberraciones de todos los oportunistas. La idea expuesta por Marta Harnecker puede servirles a éstos, además, para seguir ostentando la insignia del marxismo sin tener que preocuparse para nada de camuflar el verdadero carácter burgués de sus proyectos. ¿Acaso no es eso lo que tratan de seguir haciendo? Pocas veces se presenta tales proyectos como lo que realmente son: distintas variantes del viejo programa liberal-reformista. En cambio, a la hora de hacer el balance de sus fracasos, nadie duda en atribuírselos al marxismo. La jugada de la burguesía y del imperialismo resulta, en este caso, una verdadera obra maestra.


¡Marx contra el marxismo!


El marxismo no es la misma cosa que el socialismo, ciertamente, pero tampoco le es ajeno. El socialismo forma parte del marxismo junto con la economía política y la filosofía del materialismo dialéctico. Por este motivo, separar el socialismo del marxismo, o de cualquier otra de sus partes constitutivas, equivale a hacer una caricatura de él. Marta Harnecker despoja al marxismo de sus partes más esenciales. Para ella, el marxismo no es, como para nosotros, una concepción integral del mundo, de la sociedad y del mismo proceso del pensamiento del hombre; no es un arma afilada para la transformación revolucionaria de la sociedad por el proletariado, sino tan sólo un método de análisis, una ciencia del método aséptica, que no toma partido ni se mancha las manos en la lucha de clases. O sea, concibe el marxismo como una nueva metafísica, como una teología desligada de la práctica, capaz de explicar los misterios de este mundo, pero inoperante a efectos prácticos e incluso teóricos.

Lenin definió el marxismo como el sistema de las ideas y la doctrina de Marx. El estudio de las relaciones de producción de una sociedad determinada y concreta en su aparición, su desarrollo y su decadencia en la historia, es lo que constituye el contenido de la doctrina económica de Marx; en tanto que sus ideas dan en conjunto el materialismo moderno como teoría y programa del movimiento obrero de todos los países. Lenin destaca, además, que para Marx, el materialismo despojado de este aspecto era, y con razón, un materialismo a medias, unilateral, sin vida. Marx analiza las relaciones de producción en una sociedad determinada y concreta, y lo hace con fines prácticos, es decir, para poder precisar la estrategia de la lucha revolucionaria del proletariado. Esto es, en resumen, el socialismo científico.

Pero M. Harnecker, no contenta con su logro anterior, y continuando en la misma línea de razonamiento, lleva a cabo un divorcio mucho más importante y decisivo: el del propio Marx con el marxismo. Veamos como lo consigue: Marx fue reacio a usar el término marxismo para denominar sus investigaciones científicas. La razón de esta supuesta reserva de Marx no puede ser más simple, ya que, según explica poco más adelante la misma autora, se habla de la matemática, de física, de antropología, de sicoanálisis, pero no se habla de galileísmo, newtonismo, levy-straussismo, freudismo, porque toda ciencia tiene un desarrollo que trasciende a su fundador y a la vez tiende a requerir un desarrollo cada vez más colectivo.

Marx no fue marxista en el sentido dogmático del término, y en este punto Marta Harnecker tiene toda la razón del mundo. Recordemos al respecto la diatriba del propio Marx contra tales marxistas: ¡He sembrado dragones y han nacido pulgas! ¿Quiere decir esto que Marx se hubiera pronunciado en desacuerdo con los dragones que nacieron posteriormente bajo la denominación del marxismo? Lenin y Mao fueron marxistas. Ahora podemos decir que, además, Lenin fue leninista y Mao maoísta; o sea, que su marxismo no les impidió desarrollar la ciencia de su fundador. Más bien lo contrario. En cambio conocemos a numerosos individuos que bajo esta misma u otras denominaciones (como matemáticos, físicos, biólogos o filósofos) han hecho contribuciones más bien pobres a las ciencias que profesan. ¿O es que no existe el dogmatismo en las demás ciencias y sólo en el terreno del marxismo? Y de eso ¿quién es el responsable? ¿Acaso la matemática, la física o la biología? En todas las ramas de las ciencias han nacido pulgas, garrapatas y lagartijas. Dragones, muy pocos. Lenin fue un dragón, Mao también. Ninguno de los dos fueron dogmáticos, aunque bien es verdad que nunca han faltado quienes les acusaran de serlo, precisamente, por aferrarse en todas las cuestiones al marxismo y no abandonar jamás sus concepciones y principios revolucionarios. Su firmeza en todas las cuestiones de principio les permitió hacer importantísimas contribuciones al desarrollo de las investigaciones científicas comenzadas por Marx y Engels y, al igual que ellos, siempre vincularon sus estudios al movimiento revolucionario de los obreros y campesinos explotados y oprimidos por el capitalismo; estimularon su organización, la orientaron y se pusieron al frente de ellos. De modo que sus investigaciones nada tuvieron que ver con las que se realizan en laboratorios y gabinetes; no investigaron por amor a las ciencias ni para que la burguesía se aprovechara de sus descubrimientos (cosa, por demás, imposible, dada la naturaleza de clase de su doctrina), sino para que los trabajadores de todo el mundo se unieran y dispusieran de un arma afilada con la que abatir a los explotadores.

La doctrina de Marx es todopoderosa porque es exacta. Es completa y ordenada y da a la gente una concepción monolítica del mundo, una concepción intransigente con toda superstición, con toda reacción y con toda defensa de la opresión burguesa (1). De estas palabras de Lenin no se infiere, como lo han interpretado siempre las mentes más estrechas, que aquél considerara al marxismo como un sistema de ideas cerrado o ya acabado. Marx, efectivamente, tomó distancias respecto a tales marxistas, declarando en tono irónico: por lo que a mí respecta, yo no soy marxista, lo cual, como se podrá comprender fácilmente, tiene muy poco que ver con el asunto de la denominación a que alude M. Harnecker. En ese pasaje que acabamos de citar, Lenin se refiere al marxismo como doctrina completa y ordenada, como concepción monolítica del mundo, frente a los que, como Marta Harnecker, pretenden revisarlo, parcelarlo y hacerlo compatible con la superstición. No en vano Lenin resalta al mismo tiempo la intransigencia del marxismo con toda reacción y con toda defensa de la opresión burguesa.

Del Marx científico o del Marx teórico hemos oído hablar muchas veces. Del Marx marxista, del Marx verdadero, del Marx que vincula la teoría a la práctica, rara vez se habla. Generalmente, este aspecto de las ideas y de la actividad de Marx suele ser presentado como un momento, como un accidente sin ninguna trascendencia. Marta Harnecker olvida la crítica que hiciera el mismo Marx al viejo materialismo, poniendo al descubierto, como uno de sus defectos fundamentales, su incomprensión de la importancia de la acción revolucionaria. De ahí que ella no puede comprender tampoco por qué Marx, dedica durante toda su vida, paralelamente a los problemas teóricos, gran atención a las cuestiones de táctica de la lucha de clase del proletariado (Lenin); no puede entender que Marx y Engels integraran la teoría a la práctica, su participación activa en la Liga de los Comunistas o que posteriormente fundaran la I Internacional, convirtiéndose en el alma de la Asociación. El marxismo actúa en el complejo y dinámico mundo de la economía y de la lucha de clases, y no puede ser equiparado con la matemática o cualquier otra ciencia que opera con axiomas, categorías y magnitudes más o menos fijas y, por tanto, mensurables. Por la misma razón, Marx tampoco puede ser comparado con ningún otro científico, ya que en él se funde el hombre de ciencia, el pensador, el obrero y el revolucionario; todos a un mismo tiempo.

La misma confusión que ha hecho incubar a Marta Harnecker una idea tan peregrina del marxismo, a reducirlo a tan sólo una mera cuestión de metodología, ignorando todo lo demás, le impide comprender que no puede ser designado con otra denominación distinta, aunque sea referido a una sola de sus partes constituyentes. El marxismo no es sólo una filosofía, no es sólo una economía, no es sólo una política. Es todo eso junto y otras muchas cosas a la vez. De ahí el término. Este se deriva del nombre de Marx y designa toda la obra realizada por él conjuntamente con Engels, la cual, ya hemos visto, se extiende también a la participación de ambos en las luchas sociales de su tiempo, a su posición de clase, etc. Eso es el marxismo. Lo demás viene dado por el uso y el abuso que han hecho muchas veces los discípulos de Marx y Engels de sus ideas y de su nombre, pero particularmente las pulgas.

Marta Harnecker hace un llamamiento para que se abandone la posición clasista en las ciencias, pues considera que éstas son neutrales o poco menos. Ni siquiera es capaz de reconocer el partidismo de la burguesía en aquellas ciencias cuyo objeto específico suscita, según palabras de Marx las más violentas, mezquinas y abominables pasiones del coó humano: la furia del interés privado. Por su parte, Lenin también denunció esta actitud de la burguesía, adoptada en relación a la doctrina de Marx, al tiempo que añadía: esperar una ciencia imparcial en una sociedad de esclavitud asalariada sería la misma pueril ingenuidad que esperar de los fabricantes imparcialidad en cuanto a la conveniencia de aumentar los salarios de los obreros en detrimento de las ganancias del capital (2). La posición de clase de Marx y su actitud como científico concuerda perfectamente con el carácter social de los fines que persigue. En esta unidad de compromiso político militante a favor de la inmensa mayoría de los explotados y oprimidos, asumida por Marx, y lo que él mismo llama la libre investigación científica, radica, precisamente, la revolución científica realizada por el marxismo.


La crisis estructural del revisionismo

Al enjuiciar la crisis del socialismo, Marta Harnecker hace mucho hincapié en la necesidad de distinguir el proyecto socialista de un determinado modelo de socialismo. Esta distinción le parece básica. Sin embargo, la misma ambigüedad de su discurso le impide establecerla de una forma clara y terminante. Unas veces, el proyecto aparece como la proyección hacia adelante del socialismo (ejemplo de Cuba), otras como la fea realidad, la forma en que dicho proyecto se ha materializado en los países ex-socialistas; finalmente, el proyecto se convierte en un modelo de desarrollo en la URSS. Es cierto, ella quiere defender el proyecto socialista, pero al no señalar claramente la línea que separa en todos los campos a dicho proyecto del modelo de desarrollo revisionista, lo único que consigue es que aparezcan de nuevo confundidos. No se debe escribir de estos problemas entre líneas. Marta reconoce haberse quedado en silencio respecto a ciertos errores que veía. Este reconocimiento es digno de ser tenido en cuenta. La cuestión es que no se trata tan sólo de ciertos errores. Hay errores permisibles; mas cuando se permite que las cosas lleguen hasta donde han llegado sin decir esta boca es mía, entonces la responsabilidad es mucho más grave y exige, por tanto, una rectificación más seria y más profunda.

Marta intenta rectificar y ayudarnos al mismo tiempo. Pero ¿cómo lo hace? Antes proponía separar el marxismo del socialismo para salvar al primero del naufragio; luego quiso convencernos de la necesidad de amputar al marxismo sus partes más esenciales para librarlo del dogmatismo; y ahora nos está proponiendo el abandono del comunismo a fin de poder salvar el proyecto socialista. Además, esta mujer no sólo quiere separar el proyecto del modelo que ella misma ha dibujado; también hace una mezcla irreconocible entre el susodicho proyecto socialista y la realización más o menos completa del mismo. Esto sucede por querer evitar a toda costa el vocablo comunismo. Y no es, como pudiera parecer a primera vista, una cuestión semántica. No. La clásica e inevitable separación en dos etapas del proceso revolucionario (una socialista y la otra comunista -Mao plantea tres etapas-) ella la hace desaparecer, precisamente, para dar entrada en la conceptualización marxista (esta vez nada dogmática, es cierto) a su ya referido proyecto y al no menos célebre modelo; aunque, eso sí, los dos igualmente socialistas. En los países de Europa del Este, se podría decir, siguiendo el hilo de las ideas de Marta, hubo un modelo, pero carecieron de un proyecto. Mas, nosotros preguntamos ¿puede calificarse de socialista un modelo que no está inspirado en un proyecto comunista? Parece un juego de palabras, ¿verdad? Y volvemos a preguntar, ¿cómo se ha de llamar tal proyecto para que no se confunda con el modelo y pueda servirle de marco y como punto obligado de referencia? ¿Cuál es el contenido esencial del proyecto y en qué se diferencia del modelo de la señora Marta Harnecker? Todos los modelos socialistas que no lo han sido realmente han carecido de este punto de referencia y era lógico que así fuese, ya que, si el socialismo no se plantea como etapa de transición hacia el comunismo, ¿a dónde, si no, puede conducir? La experiencia está demostrando que tales modelos socialistas sólo pueden llevar al desastre o a la restauración del capitalismo. Los dogmáticos, podrá objetar Marta Harnecker, también hicieron ese planteamiento de las dos fases del comunismo, y ya ves... Cierto. Los dogmáticos han facilitado mucho las cosas. Se quedaron estancados; no supieron resolver ni en la teoría ni en la práctica ninguno de los problemas que se han presentado en el período de transición, y no han sabido resolverlos porque eran (o son, en otros casos) revisionistas; es decir, se negaban a reconocer la realidad de esos países o enfocaban sus problemas desde la óptica de la ideología, la política y los intereses de la clase burguesa a la que realmente representan.

Ahora, Marta hace acopio de valor para hablar de algunas de esas realidades. Sin embargo, ella no cree que sea correcto hacer un juicio moral de la crisis del socialismo. Tenemos que conocer -afirma- sus causas objetivas. Sin los instrumentos de la teoría marxista, sin el análisis de la forma que adopta la lucha de clases en esos países, no podemos entender lo que ocurre en esas sociedades... Pero, ¿cómo? ¿es que existen las clases en el socialismo? ¿desde cuándo? No nos hagamos demasiadas ilusiones. Marta Harnecker no reconoce en ningún momento que existan las clases en el socialismo. Sólo se refiere a la forma que adopta la lucha de clases en esos países, lo cual es muy distinto. Es decir, todo el problema se reduce, según ella, a una cuestión de forma, ya que las clases, hace tiempo que han desaparecido. La burguesía no existe, como tal clase, en el socialismo. Tampoco se da la lucha de esa burguesía por el poder, apoyada por el imperialismo. Todo lo más, Marta Harnecker admite la existencia de una fuerte tendencia en grupos, por desgracia cada vez más mayoritarios, que reniegan del socialismo y desean retornar al capitalismo. Este es, como se sabe, uno de los temas tabúes del revisionismo moderno, al que M. Harnecker no se atreve a hincarle el diente, ya que, entre otras cosas, eso la obligaría a tener que reconocer la necesidad de la dictadura revolucionaria del proletariado sobre la burguesía para toda la etapa histórica de la transición del capitalismo al comunismo; algo que ella, como tendremos ocasión de comprobar, no está dispuesta a admitir.

Aclaremos de pasada que esa forma que adopta la lucha de clases en países donde, teóricamente, las clases ya no existen, siempre ha sido reconocida por los capitostes revisionistas. De no hacerlo así, es claro a todas luces que no podrían justificar la dictadura burocrática que vienen imponiendo a los trabajadores bajo la forma del Estado de todo el pueblo. Por lo demás, los revisionistas también intentan fundamentar la necesidad de dicha dictadura relacionándola de manera muy dialéctica (como hace Marta) con la lucha contra el capitalismo fuera de sus fronteras. Respecto a este asunto, como en tantos otros, no se diferencian gran cosa de la burguesía. Es sabido que ésta última presenta siempre su Estado en la misma forma, es decir, como Estado nacional o de todo el pueblo en sus enfrentamientos con los otros Estados capitalistas.

Marta Harnecker nos alerta contra el peligro de ver las cosas en blanco y negro: como se trata de un problema de lucha de clases dentro de los países socialistas con el apoyo de fuerzas contrarrevolucionarias externas -advierte-, nuestro análisis no puede ser simplista, pero el suyo lo es a más no poder. Lucha de clases dentro de los países socialistas con el apoyo de fuerzas contrarrevolucionarias externas, ¿a quiénes están sosteniendo dichas fuerzas, a las nubes? La simplificación del análisis aparece, precisamente, con este escamoteo: cuando se hace desaparecer de la escena a las fuerzas contrarrevolucionarias internas, compuestas por el revisionismo y la burguesía, como principales enemigos de la clase obrera y de la causa socialista.

Compartimos enteramente la proposición de Marta Harnecker en el sentido de apoyar a las fuerzas revolucionarias que dentro de esos países representan el proyecto socialista (es lo que hemos hecho siempre), pero en realidad ella no nos está facilitando en nada las cosas.

Al llegar a este punto de su entrevista, Marta Harnecker hace un retrato bastante fiel de la historia del socialismo y de la situación que se ha creado, particularmente, en la URSS. No obstante, encontramos en él un defecto, para nosotros capital: deja completamente en la sombra, una vez más, al revisionismo, justamente cuando es lo que hace falta destacar en estos momentos. Es incorrecto, afirma, que se pretenda hacer un juicio moral de la crisis del socialismo, proponiendo como alternativa un análisis de las causas objetivas que han conducido a la crisis. Una parte de este análisis ya lo hemos visto. Ahora queremos preguntar: ¿no sería necesario incluir también, como parte de ese análisis, una valoración de las causas subjetivas, ideológicas, de la crisis del socialismo? Marta intenta hacerlo a su modo, es decir, sin descorrer el velo que lo dificulta. Introduce, por ejemplo, el concepto de crisis estructural como algo novísimo, hasta ahora sólo aplicado al capitalismo. Más adelante explica: Estoy convencida de que no se puede estudiar teóricamente el socialismo sin distinguir los conceptos de relaciones sociales de producción y de relaciones técnicas de producción. De nuevo el camuflaje, de nuevo la mistificación. Esto es la constante a lo largo de toda la entrevista de Marta Harnecker.

Cuando ella habla de crisis estructural, como concepto aplicable no sólo al capitalismo, sino también al socialismo, ¿a qué se está refiriendo? Cuando llama a distinguir los conceptos de relaciones sociales de producción y de relaciones técnicas de producción, ¿por qué lo hace? Evidentemente para no tener que reconocer, franca y llanamente, la existencia de la contradicción que enfrenta a las fuerzas productivas con las relaciones de producción, así como la contradicción existente entre la base económica y la superestructura política, ideológica, cultural, etc., de la sociedad. Los revisionistas siempre han negado que en el socialismo existieran tales contradicciones, al igual que han negado la existencia de las clases y su lucha. Para ellos, en el sistema socialista, se da una correspondencia entre las fuerzas productivas y las relaciones de producción, y no hace falta, por tanto, cambiar nada ni efectuar continuos ajustes. Sólo reconocen la necesidad de desarrollar aún más las fuerzas productivas, en tanto que, las relaciones de producción y la superestructura política, ideológica, etc. -aseguran- se irán ajustando por sí solas. De ahí que hayan llevado a todos los países al estancamiento, a la crisis y al desastre. No es casual que Marta haya realizado en estos precisos momentos un descubrimiento tan decisivo y que trate de presentarlo como un fenómeno nuevo en el socialismo. Quiere dar a entender con ello que la crisis no puede ser prevista ni evitada y que, por consiguiente, el revisionismo queda eximido de cualquier responsabilidad o juicio moral al respecto. No se da cuenta que, de esta manera, del concepto de crisis estructural que hace extensivo al socialismo también se desprenden el caos y la bancarrota inevitables; no comprende que está condenando al socialismo a correr la misma suerte que el capitalismo, que lo está condenando a una muerte segura antes de que haya alcanzado su etapa última y natural de desarrollo: la etapa propiamente comunista.

Cabe pensar en una crisis estructural en los países socialistas que no conduzca a la restauración capitalista, sino a más socialismo, como dice Marta, intentando enmendar de muy mala manera su propia tesis. Pero, en ese caso, ya no sería una crisis estructural; al poder ser previstas y controladas, las crisis estructurales en el socialismo pierden el carácter que estas mismas crisis tienen en el capitalismo. Por consiguiente, este concepto no puede ser aplicado también al socialismo. Si Marta Harnecker lo aplica, es para poder salvar al revisionismo y salvarse ella al mismo tiempo de la condena y el ridículo. Habría que preguntar, ¿por qué ha esperado tanto tiempo, por qué ha tenido que ser la crisis la que le obligara a pensar en ello? Todo el mundo sabe que ésta ha sido una de las cuestiones más debatidas en las últimas décadas en el movimiento comunista internacional, pero Marta, al parecer, no tiene ninguna noticia de este debate. No sabe tampoco que, por defender las mismas ideas que ella ahora está exponiendo con tan malas artes, los maoístas nos hemos visto perseguidos por toda la jauría revisionista, acusados de ser lo peor.

La crisis estructural resulta ser un concepto falso cuando se intenta aplicar al socialismo como causa objetiva. Lo que aquí se ha producido es la crisis y bancarrota estructural de la ideología y la política del revisionismo. Sólo de este modo se puede explicar el desarrollo y el desenlace final de este fenómeno. Al no querer reconocer la existencia de contradicciones, de las clases y de la lucha de clases, los revisionistas se incapacitaron para hacer frente y resolver de una manera correcta los problemas. La superioridad del socialismo sobre el capitalismo estriba, precisamente, en que ofrece la posibilidad, por primera vez en la historia, de dirigir el proceso económico-social de una manera consciente, de forma que se puedan evitar las crisis estructurales, la contrarrevolución y todas las lacras propias del sistema capitalista. Esto implica, ante todo, proseguir el esfuerzo revolucionario, aplicando los principios de la lucha de clases y de la dictadura del proletariado.


¿Control popular o revolución?

Marta Harnecker no está de acuerdo con dichos principios y propone que sean abandonados. Por ejemplo, no ve que tenga ningún sentido seguir empleando el término dictadura del proletariado. Dice, cuando hablas al pueblo del líquido para beber usas el término agua, no le hablas de H2O. De la misma forma, no tiene ningún sentido hablar de la dictadura del proletariado en el discurso político. O sea, que todo se reduce, una vez más, a una cuestión de término. Se imagina que este problema resulta tan sencillo como beber un vaso de agua y que, consiguientemente, no requiere de ninguna explicación ni de ningún esfuerzo. Llega un día en que las masas populares aceptarán la dictadura del proletariado sin entenderla, o más bien, sin practicarla. Esto es lo que, en realidad, está proponiendo Marta Harnecker. Exclama: ¿Cómo vamos a decirles nosotros a ese pueblo que no ha estudiado marxismo, que no tiene conocimientos científicos: compañeros, venimos a ofrecerles una nueva dictadura...? ¡Venimos a ofrecerles! El pueblo no participa en la lucha, no aprende en la revolución a distinguir a los amigos de los enemigos, no edifica su nuevo poder con el conocimiento de la ciencia, y por si aún fuera poco, Marta H. renuncia a educarlo para que puedan aplicarla de una manera consciente y eficaz. El conocimiento de la ciencia se lo reserva para ella, o mejor, para la burguesía y el imperialismo, los cuales no tendrán tantos escrúpulos como tiene M. Harnecker para razonar y aconsejarles sobre lo que más les conviene. ¿O supone que la burguesía no va a seguir trucando el término, como lo ha hecho el revisionismo, para provocar su rechazo por los trabajadores, aunque se presente como simple vaso de agua? Ellos siempre explicarán la fórmula asegurando que se trata de una pócima mortal.

Los comunistas nunca deben ocultar sus objetivos a las masas, no deben camuflar la verdad ni negar la ciencia a los trabajadores, por muy complicada o desagradable que ésta pueda parecer.

Marta quiere hacer ignorar que lo único que distingue al Estado socialista de cualquier Estado burgués es su naturaleza de clase: el ser la dictadura del proletariado, la expresión de sus intereses, la dictadura de la inmensa mayoría del pueblo trabajador sobre la minoría explotadora. Es una dictadura sobre la burguesía, ya que, de lo contrario, carecería de sentido hablar del Estado. Pero, al mismo tiempo, supone la más amplia democracia para el pueblo. Además, como instrumento de la revolución proletaria, necesario para el tránsito al comunismo, el Estado socialista tiene una característica que no puede tener jamás ningún Estado burgués: desde su origen, el Estado de la dictadura del proletariado se presenta como un no Estado, ya que su fin último no es otro que el de acabar con toda forma de explotación y de opresión e irse así extinguiendo, haciéndose inútil.

Marta Harnecker nos ofrece una excelente lección científica cuando matiza su tesis del H2O: Hay que tener en cuenta que la sociedad está compuesta de intereses contradictorios y evidentemente hay que someter los intereses de la minoría a los de la mayoría. De nuevo no existen las clases; la sociedad está compuesta de intereses contradictorios. Así planteado, ¿qué sentido puede tener emplear el término dictadura del proletariado ni de ninguna otra clase? En la sociedad burguesa también se da la lucha de intereses contradictorios ¿Debemos entender por ello que tampoco aquí existen las clases ni la dictadura de la burguesía? ¿debemos permitir que la burguesía y el revisionismo nos la hagan tragar como si se tratara de un vaso de agua? ¿cómo someter los intereses de la minoría a los de la mayoría? Marta reconoce que la burguesía sólo se somete cuando se la presiona, asegurando, además, que esa presión es la ley de la historia. Olvida que también existe la ley contraria, la que presiona a los intereses de la mayoría para que se someta a los de la minoría y que esa ley se denomina dictadura. Por lo demás, también olvida decir que dicha ley no es eterna, sino transitoria, un momento de la historia, consecuencia de la existencia de las clases y sus luchas, que viene a ser la verdadera ley de la historia que ella -y con ella la burguesía y el revisionismo- oculta.

El reconocimiento de la lucha de clases como verdadero motor de la historia y la extensión de dicho reconocimiento a la necesidad de la dictadura del proletariado se hacen absolutamente necesarios por varias razones: primero, para poder denunciar la dictadura de la burguesía sobre los trabajadores; segundo, para poder señalar a éstos el camino que habrá de conducirles al poder; tercero, para que una vez esté el poder en sus manos, sepan hacer uso de él y no se lo dejen arrebatar; y cuarto, por cuanto hay que educar a las masas en el carácter transitorio del Estado, para que aprendan a prescindir de él y puedan arrumbarlo cuanto antes como un trasto viejo.

Al hacer de la presión ley de la historia, Marta Harnecker está abogando por el mantenimiento a ultranza del Estado. Toda la cuestión se reduce a eso: al desmantelamiento de la verdadera dictadura revolucionaria del proletariado para imponer en su lugar una falsa democracia (en la forma de Estado de todo el pueblo), cuyo fin no es otro que el de perpetuar la dictadura burocrática. M. Harnecker se lamenta amargamente por los estragos causados por esta dictadura (que ella denomina del partido), pero en realidad no hace nada para combatirla. Al contrario; ella busca perpetuarla, camuflándola bajo la forma de una presión. No quiere que se ejerza la dictadura sobre la burguesía ni quiere reconocer que cuando ésta no le es impuesta son los trabajadores los que acaban siendo víctimas de la presión por partida doble: de manera directa (cuando son suplantados por la burocracia y reprimidos en sus iniciativas revolucionarias) e, indirecta, cuando esa misma burocracia permite a la burguesía imponerse de nuevo en el terreno económico, político y cultural, en nombre de una falsa democracia que prescinde en su discurso político del concepto de dictadura, precisamente, para poder camuflarla mejor.

No se puede negar que Marta está muy preocupada con este problema y que anda dándole vueltas en busca de una solución. Pero también tenemos que decir que su eclecticismo ideológico y su falta de firmeza política le conducen una y otra vez al atolladero. No obstante, al final de sus divagaciones parece que ha encontrado un rayito de luz. Veamos cómo expone su nuevo y trascendental descubrimiento: Yo recuerdo que Althusser, preocupado por esta situación, creyó ver en la etapa inicial de la revolución cultural china un mecanismo de control popular sobre el partido. El sostenía, y creo que la historia le ha dado la razón, que un país gobernado por un partido único, en el que éste asume las tareas del Estado, tiene que estar sometido a algún tipo de control popular. Althusser creyó ver, pero vió realmente muy poco. La prueba está en la limitada concepción sobre la Revolución Cultural que su discípula, Marta Harnecker, presenta ahora.

Remitiéndose al gran Althusser (un teórico del que ya habíamos perdido toda memoria y cuya contribución a la teoría marxista se puede representar por una suma de varios ceros), Marta Harnecker elude el gran escollo que supone para ella el pensamiento de Mao. Desde luego, resultaría excesivo pedir que, al menos en este punto, hiciera un pequeño esfuerzo de rigor analítico. Menciona la preocupación de Althusser, pero no habla de la solución teórica y práctica que dio Mao a este importante problema.

En la exposición de la Harnecker aparecen trastocados varios elementos de juicio. En primer lugar, la revolución cultural proletaria en China no se plantea como un mecanismo de control popular sobre el partido, sino como una verdadera revolución destinada a restablecer el poder popular. Se trata, evidentemente, de una clara manifestación de la lucha de clases en las condiciones del socialismo, de una lucha que abarcó todos los campos (el político, el económico, el cultural, el militar, etc.), y que, en lo inmediato, tenía como principal objetivo derrocar a los representantes de la burguesía que habían usurpado algunas áreas del poder y comenzaban a reprimir a las masas y a estancar el desarrollo de la revolución. Se trataba, pues, de aplicar la más amplia democracia popular, hacer que las masas trabajadoras se liberaran por sí mismas y liberasen las fuerzas productivas imponiendo su dictadura de clase sobre la burguesía. La revolución cultural proletaria también se plantea como lucha entre dos líneas dentro del propio partido comunista. Como una lucha entre la línea revisionista, que preconiza poner término a la revolución para dedicarse a desarrollar las fuerzas productivas recurriendo al capital extranjero, y la línea que propugna marchar hacia la meta del comunismo, persistiendo en la revolución y desarrollando en todos los planos al país con sus propias fuerzas. La idea del control popular sobre el partido que expone Marta Harnecker, referida a la Revolución Cultural Proletaria China, no corresponde ni al planteamiento teórico ni a la realización práctica de la misma. Es falsa, además, porque, como es sabido, en China no existe un solo partido y también porque, tal como acabamos de ver, la lucha se planteó antes que nada en el seno el propio Partido Comunista. Esa idea corresponde más bien a una concepción socialdemócrata y revisionista, muy acorde con todo lo que hasta aquí ha estado defendiendo.
Publicado en Resistencia núm. 15
marzo de 1991


El 19 de agosto y la contrarrevolución rusa

La propaganda imperialista califica de putsch reaccionario y de intento de golpe de Estado los sucesos acaecidos en la URSS el pasado 19 de Agosto. Sin embargo, bastaría con reparar en el carácter de las medidas impuestas tras la detención de los miembros del Comité para el Estado de Emergencia, que habían protagonizado dicho intento, para darse cuenta del burdo engaño que se ha fraguado. ¿Quiénes son, dónde están los verdaderos golpistas contrarrevolucionarios?

Aquí nos encontramos con la conocida treta del carterista que grita ¡al ladrón!, tras haber sido sorprendido con las manos en la masa. La machacona insistencia en la versión del supuesto golpe ha servido a las fuerzas burguesas para desviar la atención de los trabajadores del golpe real para el que se venían preparando desde hacía mucho tiempo y que, al fin, han llevado a cabo, aprovechando las circunstancias y la confusión creada. A todo el mundo ha sorprendido la chapuza realizada por dicho Comité. En cambio, a pocas personas ha cogido por sorpresa la rapidez y la destreza con que han actuado los autodenominados demócratas. Y es que, efectivamente, un acto de tal naturaleza no se improvisa. Requiere de una larga y minuciosa preparación. Después, una vez que se ha decidido dar el primer paso, sólo a unos idiotas se les puede ocurrir detenerse ante esa cueva de truhanes y ladrones que forman el parlamento ruso, sin tomar siquiera la precaución de cortar las líneas telefónicas. Esta falta de previsión sólo demuestra una cosa: que los llamados golpistas no tenían elaborado ningún plan de operaciones, ni el propósito de saltar por encima de las instituciones creadas por la reforma y, menos aún, la intención de arrestar a los principales instigadores contrarrevolucionarios. Este ha sido su gran error, lo que ha permitido a aquéllos mantener las manos libres en todo momento para consumar su obra. Por lo demás, ¿acaso no han estado preconizando un cambio radical, que pusiera término a lo que aún quedaba en pie del Estado Soviético? ¿No han llamado a una contrarrevolución abierta, al estilo pinochetista, que les permitiera arrasar las conquistas populares y establecer el sistema capitalista?

Bueno, pues con alguna variación sobre los planes previstos, ese cambio ya se está llevando a cabo. Para ello han contado con la activa participación de los sectores más corruptos y derechistas del anterior sistema, con una parte del aparato del Estado y, como no podía ser menos, con la entusiasta colaboración del imperialismo, de manera muy especial con la de los Estados Unidos y su Agencia de Inteligencia (CIA). La panoplia de demócratas y revolucionarios no ha podido ser más completa. Se sabe que el famoso Yeltsin -héroe de esas jornadas- se mantuvo todo el tiempo colgado al teléfono recibiendo órdenes de Bush. El mismo Mister Gorbachov no abandonó ni por un momento la onda de Radio Liberty, que le mantuvo informado.

El papel desempeñado por este personaje de opereta a todo lo largo de la Perestroika es bien conocido. Sin embargo, se desconoce su participación en esta última parte de la tramoya. Abundan los indicios que hacen suponer su compromiso o connivencia con el Comité que habría de sustituirle temporalmente (mientras durara su enfermedad, que tal parece ser la fórmula elegida o acordada), y no faltan malas lenguas que acusan a Gorbachov y a otros miembros de su pandilla de haber traicionado en el momento decisivo a los traidores, dejándolos en la estacada. Pero lo cierto es que Gorbachov ha jugado, como en tantas ocasiones, con dos barajas, cosa nada de extrañar si tenemos en cuenta su tramposa y marrullera trayectoria política. Lógicamente, la burguesía se muestra ahora muy agradecida por los servicios que les ha prestado y ha decidido premiarle, manteniéndolo en el cargo, aunque limitándole los poderes que sus anteriores protectores le habían concedido. Se comprende que no les interese jubilarle, pues le siguen necesitando para que legitime al nuevo régimen y todas las medidas contrarrevolucionarias que está tomando.

Bajo esta cobertura han podido ser detenidos y encarcelados los más altos cargos del Estado Soviético y destituido el Gobierno. También se ha procedido a desmantelar la cúpula militar y la de los servicios de seguridad; el PCUS, el Soviet Supremo, los medios de comunicación leales al anterior sistema, etc., han sido igualmente desmantelados, reestructurados y transferidos a los nuevos dueños. En todas partes se ha desatado una feroz represión contra los comunistas y otros muchos trabajadores y demócratas, al tiempo que se pone en marcha de forma acelerada la reforma radical de las estructuras económicas, sociales y políticas, la misma que hace tan sólo unos meses, el 17 de marzo, fue rechazada en referéndum por la inmensa mayoría de los pueblos de la URSS.

Algunos energúmenos de la prensa oficial española pretenden establecer un paralelismo entre la iniciativa tomada por el Comité Soviético para el Estado de Emergencia y la intentona golpista que se produjo en nuestro país el 23 de febrero de 1981. Otros cretinos colegas suyos, que posan de inteligentes, han querido recordar el golpe militar fascista que derrocara a Salvador Allende, en Chile, el 11 de septiembre de 1973. Todos pretenden hacer pasar por alto un dato casi insignificante: el Comité fue constituido para detener el verdadero golpe anti-socialista, antipopular y contrarrevolucionario de los Yeltsin y Cía. En cierto modo, se podría decir que en la URSS ha ocurrido como en Chile, o sea, que han triunfado, una vez más, los pinochetistas. Y eso, no tanto por su forma de actuar, sino, principalmente, por el programa, las ideas y los proyectos que les guían. El Comité no podía ni haber intentado un golpe contra el Estado Soviético, porque, sencillamente, era la encarnación de ese mismo Estado.

Ciertamente, la destitución de Gorbachov suponía una medida excepcional que podía provocar reacciones incontroladas de la burguesía en las calles, como así ha sucedido. De ahí la necesidad de tomar algunas medidas de carácter preventivo y que emplearan para ello tan sólo a fuerzas del Ministerio del Interior. Pero estas medidas fueron perfectamente legales, conforme a la Constitución y a las leyes soviéticas vigentes. Además, dada la gravedad de la situación a que se había llegado, ya no se podía haber hecho otra cosa, al menos, por el momento. ¿Quiénes habían elegido a Gorbachov y lo mantuvieron contra viento y marea en el puesto que todavía ocupa, sino los mismos que trataron de descabalgarle? Si algo cabe reprochar a éstos es el haber sido cómplices del engaño y la traición que ha supuesto la Perestroika, de haber colaborado en su aplicación, y luego, el haberse opuesto y haber actuado contra ella de forma burocrática, harto tímida, y cuando era ya demasiado tarde.

Nota Dom Abr 15, 2007 3:05 pm
Los muertos no hablan

Ahora la burguesía ha impuesto su dictadura de clase a los trabajadores y acelera los planes para la restauración del capitalismo en Rusia y en los demás Estados de la nueva Unión. Para eso se ve obligada a quitar de en medio al PCUS. Hasta hace bien poco se ha servido de él para sus fines, pero, toda vez que ha logrado hacerse con el poder, ya no lo necesitan, pues se ha convertido en un estorbo. Varios millones de funcionarios componían dicho partido. Entre ellos se encontraban numerosos comunistas, de esto no tenemos ninguna duda. Pero, por lo que parece, ninguno es capaz de tomar una sola decisión, siquiera sea para defenderse de la jauría que les persigue y amenaza con lincharles.

Muchas veces se ha comentado la degeneración sufrida por el PCUS -como en general la de casi todos los PC oficiales-; sin embargo, aún cuesta trabajo creer que la podredumbre, la carencia de voluntad combativa y la desmoralización, hayan podido afectarlo hasta el extremo de asistir, impasible, a su disolución.

Minado desde dentro por la burguesía, separado de las masas y con un discurso revisionista, socialdemócrata y liberal, en su seno se han ido incubando los peores hábitos y tendencias: la incuria más espantosa, la rutina y la corrupción. Todo esto le había conducido a la completa parálisis política, al incumplimiento de las normas de funcionamiento, a la anarquía y a la atomización. En este ambiente viciado, el C.C. era como un juguete en manos de Gorbachov. De sobra conocía este intrigante la utilización que podía hacer de ese instrumento, a cuya máxima responsabilidad había sido promovido para mantener la disciplina de los militantes fieles, de los verdaderos comunistas. Y ha sido después de hacerles acatar todas las decisiones tomadas por él y su camarilla, de conducir al PCUS al pantano de la Perestroika, cuando no ha dudado en asestarle el puntillazo, firmando los decretos que le ha presentado la burguesía contrarrevolucionaria para su ilegalización y la confiscación de todos sus bienes. Esto ha podido ocurrir porque el PCUS estaba ya liquidado como formación política, de modo que sólo faltaba firmar el acta de su defunción. Tal ha sido otro de los grandes méritos de Gorbachov: ha concluido la obra de demolición que Jruschov, su maestro, sólo pudo comenzar.

Y mientras tanto, al tiempo que todo esto ha venido ocurriendo, ¿cuál ha sido la actitud mantenida por la clase obrera? Frecuentemente se ha acusado la pasividad y la carencia de espíritu revolucionario de la clase obrera de la Unión Soviética. Esta fue capaz de constituir la vanguardia del movimiento revolucionario mundial, derrocó por primera vez en la historia a la burguesía, venció al nazismo, construyó con su solo esfuerzo un gran país socialista, influyente y respetado, pero últimamente de ella se podía decir: permanece en silencio, porque los muertos no hablan. La verdad es que la burocracia revisionista la ha desarmado durante décadas de críticas anti-marxistas al período de Stalin, la ha despojado de sus tradiciones revolucionarias y la ha reducido a la más completa impotencia política. Sólo un sector de esa misma clase obrera se ha manifestado, y lo ha hecho ¡en apoyo de la reacción, de sus propios esclavizadores! Esto da idea del estado de postración en que se encuentra la inmensa mayoríade los obreros.

Al cerrar toda perspectiva de lucha por el comunismo y proponer en su lugar la política de los estímulos materiales individuales, la burocracia ha dado paso a lacras tales como el afán de lucro, el alcoholismo, la haraganería, etc. Algo semejante se puede decir de las prédicas revisionistas acerca de la desaparición de la clase burguesa y de su lucha por el poder en el socialismo, con lo que, al tiempo que anulaba toda actividad política e ideológica democrático-revolucionaria, todo espíritu crítico, todo trabajo creador, permitía que aflorara y se fuera extendiendo la planta venenosa de la ideología burguesa, el culto religioso y la más estúpida veneración de las modas de Occidente. Todo esto, junto a las reformas económicas de tipo capitalista, ha preparado el terreno para que se fuera gestando la crisis de la sociedad y para que, finalmente, se haya implantado el poder de esa burguesía que ya no existía.


La nueva fase de la crisis

La burguesía ha impuesto su dictadura de clase en lo que fue la cuna del socialismo, derrotando en toda línea al Estado Soviético y al Partido creado por Lenin y los bolcheviques. Para lograr este objetivo ha necesitado varias décadas y ha utilizado los recursos e intrigas más inimaginables, particularmente en el último período. Bien es verdad que de tal Partido y Estado quedaba en pie muy poco. De ahí que les haya resultado relativamente fácil acabar con ellos. No obstante, lo que ahora se plantea es si la burguesía va a poder implantar de nuevo el capitalismo en Rusia y en los demás países de su órbita. Nosotros, desde luego, negamos esa posibilidad. Pensamos que, por el contrario, lo que ahora se inicia es un nuevo proceso revolucionario que va a tener de protagonista al proletariado, y que sólo podrá acabar con la reimplantación de su dictadura revolucionaria. La profunda crisis en que está sumida aquella sociedad no podrá ser superada por la vía de la restauración capitalista y, menos aún, en un marco internacional como el actual, caracterizado por la profunda recesión económica y por el agravamiento de todas las contradicciones interimperialistas. Esta situación general obra a favor de esa nueva revolución. El ejemplo más claro de lo que decimos lo encontramos hoy en Yugoslavia, pionera, como se sabe (en condiciones incomparablemente más favorables), del camino que han emprendido ahora los rusos y demás nacionalistas de aquellas repúblicas. La desintegración social, el enfrentamiento civil, la intervención directa de los otros Estados y la revolución, son ya fenómenos inevitables.

Tal como ha señalado la Dirección de nuestro Partido en una declaración, publicada con motivo de los acontecimientos que aquí estamos comentando: Estos episodios no han hecho sino dar paso a una nueva fase de la crisis, en la que ya no aparecen los obstáculos que venían entorpeciendo el desarrollo a gran escala de la lucha de masas y a las iniciativas revolucionarias. Esta lucha se va a ver favorecida por el marco de la crisis general del sistema capitalista, en el que tratan de desenvolverse los proyectos restauracionistas e imperialistas de la nueva burguesía rusa, así como por otros muchos factores, como la misma naturaleza y extraordinaria gravedad de los problemas a que tendrán que hacer frente.

Tanto en los países del Este y Centro de Europa, como ahora en la ex-URSS, la burocracia revisionista se ha mostrado incapaz de regir los destinos de los pueblos y, más aún, de contener la avalancha burguesa e imperialista. Ahora corresponde a esos pueblos tomar en sus manos sus propios asuntos. De ello depende no sólo su futuro, sino también el que se pueda evitar en lo inmediato una nueva conflagración mundial. Nuestro Partido, en diversos documentos y artículos, ha advertido de los riesgos que entraña esta nueva situación. Ya en agosto del año pasado señalábamos: la catástrofe que se cierne esta vez sobre el mundo no parece que vaya a ser pequeña, ya que este proceso está plagado de contradicciones y tensiones a cual más grave y peligrosa. La vieja historia quiere repetirse, sólo que esta vez la representación no va a resultar una comedia. Si la Unión Soviética no logra enderezar su rumbo y encaminar sus pasos hacia la meta que tenía fijada, una crisis mundial de incalculables consecuencias será inevitable. Los líderes revisionistas han proclamado muchas veces sus deseos de paz y creen que la están procurando. Pero, con su política timorata y de cortos vuelos, lo que en realidad están haciendo es crear todas las condiciones para que estalle de nuevo la guerra (3).

Hasta el presente, la paz ha sido asegurada por la existencia de un campo socialista. El derrumbe del Pacto de Varsovia y el debilitamiento de la URSS podían haber sido compensados por una sólida alianza de ésta con la RPCH y un mayor acercamiento y cooperación entre los países socialistas y las fuerzas revolucionarias de todos los continentes. También esta alianza hubiera disuadido a los imperialistas y constituido un frente de resistencia a sus pretensiones de imponer el nuevo orden del capital. Es claro a todas luces que los Estados imperialistas estaban muy interesados en el debilitamiento de la URSS, necesitaban una Unión Soviética desarmada, pacífica y sometida a la férula del capital financiero internacional, de modo que ello les permita salir de la profunda crisis y el atolladero en que el imperialismo se encuentra. De esta manera podía ser alejado momentáneamente el peligro de enfrentamiento abierto. Pero una Rusia imperial, que pretenda erigirse en potencia capitalista, capaz de competir en los mercados internacionales y armada hasta los dientes -tendencia que se perfila últimamente de forma nítida- aumenta los riesgos de que dicho enfrentamiento se produzca a no muy largo plazo.

Las consecuencias que se derivan de todo ello resultan claras, al menos para nosotros: frente al pillaje y al terror imperialistas, frente a los intentos de la burguesía de confundir, dividir y enfrentar a los trabajadores y de utilizarlos de nuevo como carne de cañón, no existe más alternativa que reemprender de forma decidida la lucha de resistencia contra el capitalismo. Al mismo tiempo, debemos contribuir, en la medida de nuestras posibilidades, a forjar un arma internacionalista que haga más eficaz esa lucha en todos los países. Desde luego, dada la situación general, va a resultar muy difícil detener o desviar el curso que siguen actualmente los acontecimientos, pero no podemos descartar un cambio favorable a las fuerzas revolucionarias. Tal podría suceder en el caso probable de un estallido de la revuelta popular en la ex-Unión Soviética, o con la profundización del proceso de rectificación de la política revisionista iniciado hace tiempo en la República Popular de China, en Cuba, Vietnam y Corea del Norte. Particularmente China, la China revolucionaria del maoísmo, puede salvar en esta hora crítica al socialismo y a la humanidad entera del peligro que nos amenaza, y devolver a los trabajadores de todo el mundo la confianza en el comunismo.
Publicado en Resistencia núm. 16
octubre de 1991


El maoísmo y la caricatura del marxismo

Se acaba de cumplir el centenario del nacimiento de Mao Zedong, el que fuera gran pensador, estratega y líder comunista chino. Esto ha dado ocasión para que algunos partidos y organizaciones revolucionarias de distintos países hayan llevado a cabo una intensa campaña de propaganda de sus particulares concepciones y puntos de vista, a las que invariablemente suelen poner la etiqueta de maoísmo. Nuestro Partido, el PCE(r), que también se proclama heredero de Mao y hace suyas sus ideas y planteamientos, no se ha sumado a dicha campaña por diversos motivos, pero, principalmente, por considerar que lo que se estaba haciendo con ella no era otra cosa, en realidad, que contribuir a la caricatura que, desde tiempo atrás, vienen realizando la burguesía y el revisionismo de la obra y la personalidad de Mao.

El pensamiento de Mao, como toda la obra teórica y práctica del marxismo-leninismo, es patrimonio del proletariado revolucionario de todos los países y nadie tiene derecho a apropiarse de él; menos aún está facultado para interpretarlo y extender certificados que acrediten la adhesión a la doctrina. Esta concepción dogmática y sectaria y la práctica política que la acompaña son completamente ajenas al marxismo, y, desde luego, reportarán siempre resultados contrarios a los que con ella -sin duda de muy buena fe- se buscan. Es deber de los comunistas estudiar y difundir los clásicos y, sobre todo, empeñarse a través de un trabajo duro y prolongado en aplicar sus principios universales y sus enseñanzas vivas (no la letra muerta) a las condiciones de cada país. Esto resultará siempre, es cierto, más difícil y menos ruidoso que todo ese alboroto que organizan algunos pobres apologistas de la peor de las tradiciones que nos ha legado también, para nuestra desgracia, el movimiento comunista. Pero no existe otra actitud, ni otro método, para alcanzar la meta que conscientemente nos hemos fijado. Eso, que siempre será necesario, si es que de verdad nos hemos propuesto realizar un trabajo serio, lo es aún más en momentos de crisis y confusión como los que estamos atravesando, en los que se requiere un criterio propio e independiente para poder distinguir lo acertado de lo erróneo.

Uno de los partidos que más se está destacando en esa labor de caricaturización del marxismo-leninismo y del pensamiento de Mao es el Partido Comunista de Perú (PCP), más conocido por Sendero Luminoso. El subjetivismo delirante de que vienen haciendo gala los luminosos les ha conducido últimamente a identificar su estrategia de guerra popular en Perú, es decir, el denominado Pensamiento guía del presidente Gonzalo, nada más ni nada menos que con el desarrollo del maoísmo a nivel mundial. De modo que, a partir de ahora ya sabemos a qué debemos atenernos: no se trata de estudiar, defender y aplicar el pensamiento de Mao sino el pensamiento Gonzalo, principalmente, como nuevo desarrollo, y considerar, además, los anteriores desarrollos de la doctrina e ideas revolucionarias a través de la lente deformada que los senderistas nos ofrecen gratuitamente.



Continuidad y ruptura en el desarrollo del marxismo


Veamos a continuación una de las joyas más preciadas de la colección particular de Gonzalo (Dr. Guzmán), la que se refiere, precisamente, a esta cuestión tan fundamental de la teoría y el programa comunista: La ideología del proletariado internacional, en el crisol de la lucha de clases, insurgió como marxismo deviniendo marxismo-leninismo y, posteriormente, marxismo-leninismo-maoísmo. Así la todopoderosa ideología científica del proletariado, todopoderosa porque es verdadera, tiene tres etapas: 1) marxismo, 2) leninismo, 3) maoísmo; tres etapas, momentos o hitos de su proceso dialéctico de desarrollo; de una misma unidad que en ciento cuarenta años, a partir del 'Manifiesto', en la más heroica epopeya de la lucha de clases, en encarnizadas y fructíferas luchas de dos líneas en los propios partidos comunistas y la inmensa labor de titanes del pensamiento y la acción que solamente la clase podía generar, sobresaliendo tres luminarias inmarcesibles: Marx, Lenin, Mao Tse-Tung, mediante grandes saltos y tres grandiosos, nos ha armado con el invencible marxismo-leninismo-maoísmo, principalmente maoísmo hoy (4).

Bien... Tomaremos un respiro antes de meter la cuchara dentro de la olla podrida que nos ha cocinado el Sr. Guzmán. Dejemos a un lado la prosa de alto coturno y los tropezones sintácticos de su discurso. Esos son detalles que carecen de importancia, por lo que rogamos a nuestros lectores que disculpen, en lo que a esto se refiere, la torpeza de nuestro engreído profesor. Se está planteando aquí, en forma harto confusa y abigarrada, con ese estilo de cliché que distingue a los dogmáticos incurables, la cuestión del desarrollo del marxismo; o más exactamente, según asegura expresamente el profesor Guzmán, el proceso dialéctico del desarrollo del marxismo a través de tres etapas distintas y bien diferenciadas: la etapa marxista, la etapa leninista y la etapa maoísta, todas ellas concebidas dentro de una misma unidad. Es decir, se está refiriendo también a la continuidad del marxismo a través de los diversos combates que ha tenido que librar contra las corrientes ideológicas y políticas burguesas hostiles a él, en especial contra el revisionismo, en el curso de los últimos ciento cuarenta años.

Se sobreentiende que los objetos y los fenómenos sólo pueden desarrollarse sobre la base de su continuidad y que ésta se da en un tiempo y un espacio. O sea, que ésta no es una cualidad exclusiva del marxismo, es universal. Lo que no continúa muere y, por tanto, no puede desarrollarse. Lo mismo se puede decir de lo que no se desarrolla: está muerto o le falta poco para extinguirse. La cuestión radica en saber cómo se produce el desarrollo dialéctico del marxismo (en realidad todo desarrollo es dialéctico). En este punto el principal defecto que encontramos en el planteamiento del Sr. Guzmán es que no lo hace depender, aunque lo parezca, de la contradicción; es decir, de la unidad y la lucha, sino sólo de la unidad. Cuando habla de la lucha se refiere a algo extraño y exterior al marxismo. El separa arbitrariamente y de una manera tajante el marxismo de su opuesto (la ideología y la política burguesa); convierte al marxismo en una unidad que se basta a sí misma para existir. Y si establece alguna relación con su contrario lo hace siempre desde la separación, de modo que en ningún momento llegan a constituir una unidad de contrarios. La identidad, interpenetración o mutua dependencia para poder existir desaparecen para dar lugar a una división o separación perpetua de los contrarios, que de esa forma quedan en el campo de batalla mirándose frente a frente, sin llegar jamás a trabarse en una verdadera lucha. No debe extrañarnos que desde esa posición, en lugar de un desarrollo del marxismo, lo que en realidad encontremos no es otra cosa que una petrificación del mismo.

No quisiéramos interpretar mal al Sr. Guzmán, pero es evidente que la idea que prevalece en su exposición, el núcleo, por así decir, de su teoría consiste en esa separación absoluta que establece entre los opuestos polares, es decir, entre lo que él considera que es el marxismo y todo lo que es ajeno o contrario a él. Una cosa es el marxismo, viene a decir, como unidad que se bastó a sí misma tanto para insurgir como para desarrollarse, y otra, por ejemplo, el revisionismo, del que el marxismo no tiene ninguna necesidad para existir y mucho menos para desarrollarse. O para decirlo con otras palabras más familiares: lo blanco es blanco y lo negro, negro; esto es una cosa y aquello otra distinta, sin que exista ninguna relación entre ellas. En cualquier caso, la única relación que establece, si se puede llamar así desde esa separación, es la de la lucha, la contraposición, la exclusión, sin que lleguen nunca a formar una identidad, una unidad de contrarios. Esta es la raíz metafísica de toda la concepción política que sustenta el PCP, que le conduce inevitablemente a enfrentarse incluso con sus amigos y potenciales aliados, tratándolos como si fueran enemigos a los que se debe combatir de manera implacable.

Ciertamente, este problema que estamos analizando afecta a la ideología del proletariado internacional (por este motivo nos hemos visto obligados a salir al paso del Sr. Guzmán y sus pupilos, venciendo no pocos escrúpulos de conciencia debido, principalmente, a su situación actual) y debe ser tratado correctamente. Pero, como se comprenderá, eso no lo vamos a conseguir desde la actitud altanera y la posición metafísica que ellos han adoptado. Veamos a continuación qué dice Lenin a propósito de este mismo problema: La historia de la filosofía y la historia de las ciencias sociales nos enseñan con toda claridad que el marxismo no tiene nada que se parezca al 'sectarismo', en el sentido de doctrina encerrada en sí misma, rígida, surgida al margen del camino real del desarrollo de la civilización mundial (5). El marxismo insurgió como heredero de lo más avanzado que la humanidad había dado hasta entonces en el terreno de la filosofía, de la economía política y de las ideas sobre el comunismo; es el resultado de esas tres grandes corrientes y de su fusión con el movimiento obrero. Ese es el verdadero crisol del marxismo, y no la lucha encarnizada. Esta es una idea distorsionada, ahistórica y antidialéctica sobre el proceso de surgimiento o el origen del marxismo como todopoderosa ideología científica del proletariado, ideología que, por lo demás, la clase por sí misma no podía generar desde su lucha económica o sindical.

Según el profesor Guzmán, el marxismo devino marxismo-leninismo y, posteriormente, marxismo-leninismo-maoísmo, sin que sepamos cómo ni por qué. La única explicación que nos ofrece es porque resulta todopoderosa ideología, todopoderosa porque es verdadera -aclara-, exponiendo seguidamente, sin dejarnos apenas respirar, las tres etapas, momentos o hitos. Claro que después de este esfuerzo, verdaderamente titánico, el hombre se detiene a descansar; y es una verdadera pena porque es ese proceso dialéctico de desarrollo del marxismo a través de sus distintas etapas, hasta alcanzar la cumbre más alta (o sea, la última y definitiva, la que está condensada en la materia gris del Presidente Gonzalo), lo que más nos interesa. Así que de momento vamos a tener que prescindir de él y de esa concepción suya metafísica, casi milagrosa, que hace depender todo o casi todo exclusivamente de la todopoderosa y verdadera ideología. Señalemos sólo de pasada que aquí el profesor Guzmán confunde dos nociones diferentes. Lenin, cuando se refiere a la doctrina de Marx y Engels dice de ella que es todopoderosa porque es exacta. Una concepción intransigente -explica- con toda superstición, con toda reacción y con toda defensa de la opresión burguesa, que resulta ser también verdadera siempre que no se olvide señalar el carácter relativo tanto de ésta, como de todas las demás verdades no reveladas por el Espíritu Santo. Precisamente, por esta razón, Lenin aplica el calificativo de exacta a la doctrina marxista para distinguirla de aquéllas otras que establecen sus sistemas de ideas y sus juicios tomando como base o como principio no la ciencia, sino la ideología, no la práctica social (los diversos tipos de práctica), sino la idea de Dios o la noción de la verdad absoluta. La verdad científica que representa el marxismo no tiene, efectivamente, nada que ver con ninguna de esas supersticiones y las combate todas.


La lucha en el terreno general del marxismo

Por nuestra parte no es la primera vez que abordamos este importante problema que se le plantea al movimiento revolucionario relacionándolo, precisamente, con la crisis por la que atraviesa dicho movimiento. La dependencia existente entre éste y una línea ideológica y política correcta es algo que ya quedó firmemente establecido desde los tiempos de Lenin. Es claro, pues, que no podemos hablar seriamente del nuevo desarrollo del marxismo-leninismo sin tener en cuenta esos dos factores (la organización y la línea de la que depende) y sin considerar a la vez la etapa de crisis que le ha precedido. Ciertamente, esta crisis, como las otras anteriores por las que ha pasado el movimiento comunista, no altera los cimientos sobre los que el marxismo se levanta, no modifica su esencia, los principios fundamentales que conforman su estructura, su unidad básica, todo aquello que asegura su continuidad, pero sí los modifica, los enriquece e incorpora a ellos nuevos elementos que sirven de plataforma para nuevos desarrollos. Para acabar de comprender este problema habría que reparar en el carácter clasista y eminentemente práctico del marxismo y dejar aclarado a la vez el marco histórico, económico, social y político en que tiene lugar el proceso de su surgimiento y de las distintas etapas que enmarcan su desarrollo. Ambos aspectos están relacionados estrechamente, de tal forma que no es posible separarlos o hacer abstracción de uno sólo sin desnaturalizarlo o sin hacer una lamentable caricatura de él.

Sabemos que el marxismo y el movimiento revolucionario han atravesado por diversas etapas de crisis y que han padecido derrotas ante sus enemigos como resultado, muchas veces, de los ataques y mistificaciones que han llevado a cabo contra él los revisionistas, crisis y derrotas que en todos los casos han preludiado las fases de su nuevo desarrollo. Otras veces han sido los propios partidos comunistas y el movimiento en su conjunto los que han cometido errores graves o se han descarriado, facilitando así la labor de los enemigos abiertos o encubiertos del marxismo y de la revolución. Claro que tales errores, desviaciones, ataques y tergiversaciones no pueden atribuirse al marxismo y proceden de fuera de él. Pero ¿puede ser concebida la unidad de teoría y práctica que define la esencia del marxismo y su proceso de desarrollo, independientemente de ese nexo de unión con el desarrollo de la sociedad, con el movimiento de masas y con las influencias políticas e ideológicas más diversas de que éstas son portadoras?

Una vez que se hubieron sentado los cimientos y pilares fundamentales de la doctrina, el marxismo emprendió de firme la lucha por la conquista de las masas trabajadoras. Veamos a continuación qué nos dice Lenin sobre este particular: Hacia la década del 90 del siglo pasado, este triunfo estaba ya conseguido en sus rasgos fundamentales [...] Pero cuando el marxismo hubo desplazado a todas las doctrinas más o menos coherentes que le eran hostiles, las tendencias albergadas en ellas buscaron otros caminos. Cambiaron las formas y los motivos de la lucha, pero ésta continuó. Y el segundo medio siglo de existencia del marxismo [...] comenzó con la lucha de una corriente antimarxista en el seno mismo del propio marxismo [...] El socialismo premarxista ha sido derrotado. Continúa la lucha, pero ya no en su propio terreno, sino en el terreno general del marxismo, a título de revisionismo (7). El marxismo, pues, debido a esa particularidad suya de la que ya hemos hablado, se desarrolla a partir de entonces en lucha abierta contra el revisionismo, contra la ideología y la política burguesa para la clase obrera, lucha que tiene lugar no sólo fuera, sino fundamentalmente dentro, en el terreno general del marxismo. Es así como el revisionismo pasa a formar el polo opuesto de esa unidad que insurgió y se fue afirmando en la lucha contras las concepciones, ideas y doctrinas que le eran hostiles y se le oponían desde fuera. Antes de que el marxismo conquistara a las masas y asentara su dominio en el movimiento revolucionario de la clase obrera, la lucha contra todas aquellas corrientes ajenas al proletariado se libraba fuera del terreno del marxismo. La contradicción con esas tendencias o doctrinas era externa. El marxismo pugnaba por el liderazgo y no se había convertido todavía en el aspecto principal o dominante de la contradicción, ocupaba una posición secundaria; pero, toda vez que hubo ganado la primera gran batalla a la ideología burguesa y afirmado su predominio en las filas obreras, pasó a convertirse en el principal foco de atracción a la vez que en el blanco principal de los ataques de toda la burguesía, de sus viejos y nuevos enemigos. Fue de esta manera como la lucha se trasladó, desde fuera, al seno mismo del marxismo y del movimiento obrero socialista, y como, tras pasar un tiempo, una parte de él (la más importante e influyente) devino en revisionismo. Así se produjo la crisis que habría de llevar poco más tarde al movimiento a la división en dos partes enfrentadas e irreconciliables (una, representada por los revisionistas, socialchovinistas y social-patriotas; la otra, encabezada por los marxistas revolucionarios e internacionalistas). Y fue esta división, y la lucha sin concesiones a que dió lugar, la que obró a partir de aquel momento como la principal fuerza motriz del desarrollo del marxismo y del propio movimiento revolucionario.


Uno se divide en dos

Esto no significa que el marxismo se hubiera convertido en su contrario, es decir, que hubiera degenerado en ideología y política burguesa, revisionista, sino tan sólo que había pasado -aunque no por mucho tiempo- a ocupar una posición secundaria en el movimiento y en la contradicción que forma con el revisionismo. De esta manera vuelve a la posición anterior a su triunfo en el movimiento obrero, aunque en una situación muy diferente, dado que, tanto en el aspecto material como en el subjetivo, las condiciones ya no son las mismas de antes, sino que han cambiado. Es esta nueva situación general y la lucha a que da lugar la que va a propiciar, como luego veremos, el desarrollo del marxismo.

A propósito de esta cuestión, es frecuente la confusión en que incurren algunos marxistas que no han asimilado bien la teoría revolucionaria -entre los cuales destacan algunos luminosos- cuando, al exponer el cambio dialéctico, es decir, la transformación de un objeto o un fenómeno en su contrario, dan por sentado que ese mismo cambio de naturaleza afecta también, y en la misma forma, a los dos aspectos que componen toda contradicción. Es así como suprimen toda posibilidad de continuidad y, por tanto, también de desarrollo. Es como si afirmaran que por el mero hecho de triunfar el proletariado e imponer éste su dictadura sobre la burguesía y cambiar, consiguientemente con ello, la naturaleza de clase del Estado, cambiase igualmente el carácter de la burguesía y del mismo proletariado. Cuando lo que sucede realmente es que, al permutar sus respectivas posiciones o el lugar que ocupa cada clase dentro de la contradicción, el proletariado se erige en el aspecto principal, dominante y decisivo -de ahí el cambio en la naturaleza del Estado y de la misma sociedad-, en tanto que la burguesía pasa a convertirse en el aspecto secundario o subordinado. Este problema sólo se puede resolver definitivamente a través de un largo proceso de desarrollo en el que se manifiesta la ley dialéctica objetiva de la negación de la negación. Pero que tanto el proletariado como la burguesía (y lo que no es más que la expresión ideológica de sus intereses respectivos) seguirán existiendo y librando continuas batallas durante un largo período histórico, a través de cambios o saltos revolucionarios, de vueltas y revueltas y que, por consiguiente, se seguirá manteniendo también la contradicción, la unidad y la lucha entre las dos clases, las dos vías y las dos líneas, de esto no debe cabernos ninguna duda.

El principio fundamental del materialismo dialéctico que hicieron célebre los comunistas chinos durante la Revolución Cultural, según el cual uno se divide en dos, resulta completamente ajeno al pensamiento Gonzalo. Este principio de carácter universal está ausente de su discurso, incluso cuando parece evocarlo al referirse a la lucha de dos líneas, puesto que ésta se da en unos partidos comunistas tan monolíticos y tan cerrados sobre sí mismos, que en su concepción aparece como una nueva unidad espejo de la anterior. El revisionismo es el opuesto del marxismo, es su contrario esencialmente distinto, no una simple excrecencia del mismo, dado que representa los intereses de la burguesía dentro del movimiento obrero. Por tanto, es en la lucha contra este enemigo que tenemos dentro de casa, que está unido a nosotros y que se infiltra por mil rendijas y canales diferentes en nuestras propias filas, como tiene lugar el desarrollo del marxismo y del propio movimiento revolucionario. No verlo así sólo puede conducir al pantano del espiritualismo y la metafísica, que es donde el Sr. Guzmán ha ido a caer con toda su parafernalia prosopopéyica.

El Sr. Guzmán y sus acólitos quieren convencernos de que sus ideas y concepciones se basan en el marxismo-leninismo-pensamiento de Mao y que representan un nuevo desarrollo de esta doctrina, pero en realidad suponen un salto atrás en la evolución del pensamiento filosófico, una vuelta a la lógica formal primitiva, a la metafísica, en la que sin ninguna duda se han inspirado. Cualquier estudiante de filosofía sabe que, a semejanza de la lógica dialéctica, también la lógica formal academicista parte del postulado de la ley de identidad al modo como la plantea el profesor Guzmán, es decir: una cosa es siempre igual o idéntica a sí misma. Luego, si A es A y no puede llegar a ser no-A, surge, de acuerdo con este planteamiento, la ley de la contradicción que constituye el complemento esencial de la que acabamos de referir. Identidad y contradicción son, de acuerdo con esas reglas lógicas metafísicas, características completamente distintas, absolutamente desconectadas y mutuamente excluyentes de los objetos y el pensamiento del hombre. Esta cualidad de exclusión mutua está expresamente formulada en la tercera ley de la lógica formal: la ley del tercero excluido. De acuerdo con dicha ley las cosas son y deben seguir siendo una de dos mutuamente excluyentes. Si A es igual a A, no puede ser igual a no-A. O por decirlo de otra manera: A no puede ser A y no-A al mismo tiempo, pero sobre todo, A no se puede transformar en no-A. ¿No nos suena en el oído esta musiquilla?


La negación de la negación

De ser una exigua minoría sin apenas influencia dentro del movimiento obrero, la fracción revolucionaria e internacionalista pasó, en un plazo relativamente corto, a constituirse en la fuerza o factor principal. A ello contribuyó en gran medida la guerra imperialista, el triunfo en Rusia de la revolución socialista y la elaboración, en base al análisis de la situación y de todas las experiencias anteriores del movimiento, de una línea y un programa justos, acordes con las nuevas condiciones del imperialismo y de la revolución proletaria. Fue en esta brega como el leninismo devino nuevo desarrollo del marxismo, se superó la crisis del movimiento a la que había dado lugar la traición de la socialdemocracia y se logró restablecer la unidad sobre una base más firme y más elevada. Se produjo, a través de un salto, de una verdadera revolución, una nueva vuelta a la situación anterior de predominio del marxismo en el movimiento, sólo que sobre una curva más alta de la espiral que sigue todo desarrollo. Es indudable que la Revolución Socialista de Octubre, el leninismo, y la creación de la III Internacional Comunista, suponían un cambio muy favorable, un verdadero desarrollo respecto a la situación anterior a la traición revisionista. Con todo ello se inició una nueva etapa que sería igualmente impulsada por la contradicción, por la unidad y la lucha, dentro del propio movimiento comunista y en el terreno general del marxismo-leninismo. El revisionismo socialdemócrata había sido derrotado en toda la línea por el marxismo-leninismo, restableciéndose de nuevo la unidad; pero, dentro de esa nueva unidad que representa la continuidad del proceso, la lucha continuará y no cesará hasta provocar una nueva crisis y escisión, una nueva división en dos partes del movimiento. La causa de esta crisis tiene algunos rasgos comunes con la de etapas precedentes, pero van a ser los nuevos problemas y contradicciones que se le plantean al movimiento revolucionario en esta nueva etapa, caracterizada por la crisis general del sistema capitalista y el triunfo de la revolución en la URSS, en China y en otros países, los que habrán de polarizar, principalmente, a las dos concepciones y fuerzas en pugna.

Es en esta sucesión por etapas, y a través de la lucha librada en un terreno cada vez más alto, como tiene lugar el desarrollo del marxismo. Este fenómeno, tal como ya hemos indicado otras veces, se rige por la ley dialéctica de la negación de la negación, o ley del desarrollo en espiral, un desarrollo, como dijera Lenin, que parece repetir las etapas ya recorridas, pero de otro modo, en un terreno superior (la negación de la negación); un desarrollo que no discurre en línea recta, sino en espiral, por decirlo así; un desarrollo a saltos, a través de catástrofes y de revoluciones, que son otras tantas interrupciones en el proceso gradual, otras tantas transformaciones de la cantidad en calidad; impulsos internos del desarrollo originados por la contradicción, por el choque de diversas fuerzas y tendencias que actúan en determinado cuerpo o en los límites de un fenómeno concreto, o en el seno de una sociedad, interdependencia íntima o inseparable concatenación de todos los aspectos de cada fenómeno (con la particularidad de que la historia pone constantemente de manifiesto aspectos nuevos), concatenación que ofrece un proceso único y lógico universal del movimiento: tales son algunos de los rasgos de la dialéctica, doctrina de desarrollo mucho más completa y rica que la teoría corriente (8).

Esta ley se observa con claridad en los procesos de desarrollo de larga duración, en los que existen una o varias contradicciones. Tal sucede en la sociedad. Sobre este mismo particular es frecuente oír decir que el comunismo niega al capitalismo, cuando en realidad lo que el comunismo niega no es sólo al capitalismo, sino a todo el sistema basado en la explotación y a la sociedad dividida en clases. De manera que bien se podría decir que el régimen de la comunidad primitiva representa la afirmación, la sociedad de clases aparece en la historia como la negación de la comunidad primitiva, y el comunismo de nuestros días como la negación de la negación, con lo que se produce una vuelta completa al punto de partida, sólo que sobre una base más elevada. Este es el verdadero desarrollo dialéctico. Lo mismo, o algo parecido, sucede con el marxismo: el surgimiento de la doctrina científica de la clase obrera y su victoria sobre las demás corrientes ideológicas y políticas ajenas y contrarias a él supuso la afirmación de clase, la conversión del proletariado de clase en sí en clase para sí; luego, el revisionismo niega, desde dentro del propio movimiento, este carácter y lleva al proletariado a la derrota frente a la burguesía imperialista. Y es aquí, en este preciso momento, cuando se produce la ruptura, se da el salto y el marxismo revolucionario se afirma de nuevo en la lucha más intransigente. El desarrollo del marxismo, el leninismo, supone la negación de la negación, es decir, la derrota del revisionismo. Por este motivo se puede afirmar que sin la traición revisionista no hubiera surgido el leninismo ni éste hubiera podido imponerse en el movimiento obrero y comunista internacional. No obstante, la contradicción y la lucha en el seno del movimiento no sólo no desaparecen por este motivo, sino que se hacen mucho más agudas, pues a medida que se acerca su fin, la burguesía y sus agentes multiplican los esfuerzos para mantener o recuperar el poder y no reparan en ningún medio para conseguirlo. Este problema lo explica Mao como sigue: La contradicción fundamental en el desarrollo de un objeto y la esencia del proceso que esta contradicción fundamental determina no desaparece hasta que se completa el proceso. Pero en el caso de un proceso de larga duración, generalmente las condiciones son diferentes en cada etapa. Esto es así debido a que, aunque la naturaleza de la contradicción fundamental en el proceso de desarrollo de un objeto y la esencia del proceso no cambian, la contradicción fundamental se hace cada vez más y más intensa conforme pasa de una etapa a otra de este largo proceso [subrayado nuestro] (9).


Mao contra el dogmatismo y la metafísica

Así llegamos a la tercera etapa del desarrollo del marxismo, a la etapa actual maoísta. Con las aportaciones de Mao a la teoría y a la práctica del marxismo-leninismo se puede decir que, efectivamente, éste devino marxismo-leninismo-maoísmo, pero no sin que antes hubiera insurgido de nuevo el revisionismo dentro del movimiento comunista y sin que este hecho provocara otra división en dos partes del propio movimiento. Esta crisis fue madurando durante el período de avances y victorias casi ininterrumpidas del movimiento revolucionario en todos los países, en el curso del cual surgieron nuevos problemas y se cometieron toda una serie de errores teóricos y prácticos que se fueron acumulando.

Como es bien sabido, Mao mantuvo siempre una posición crítica frente a las concepciones dogmáticas y excesivamente rígidas que habían predominado, a partir de un determinado momento, en el seno del movimiento comunista internacional por influencia de Stalin y del PCUS. Gracias a esa posición crítica e independiente, Mao y el PCCh pudieron trazar una línea ideológica, política y militar justa, acorde con las condiciones de China, y conducir finalmente a las masas a la victoria. Tras la muerte de Stalin y la usurpación del poder en la URSS por parte de la camarilla revisionista de Jruschov y Breznev, Mao realizó un análisis de la experiencia histórica de la construcción del socialismo en la Unión Soviética y de la nueva situación internacional, que le sirvió de base para refutar las tesis acerca del Partido y el Estado de todo el pueblo, la teoría sobre la emulación pacífica con el imperialismo, la del tránsito pacífico al socialismo y otras viejas y nuevas ideas del arsenal revisionista.

En el socialismo, argumentaba Mao, siguen existiendo las clases y la lucha de clases, en particular la lucha que enfrenta al proletariado con la burguesía y el intento por parte de ésta de recuperar el poder; siguen existiendo la contradicción entre las fuerzas productivas y las relaciones de producción, la contradicción entre la base económica y la superestructura política e ideológica y otros tipos de contradicciones. Por consiguiente, es preciso seguir ejerciendo la dictadura revolucionaria del proletariado sobre la burguesía, aplicar una política justa de tratamiento de las contradicciones en el seno del pueblo, fortalecer el centralismo y la democracia, así como la dirección del Partido. En lo que respecta a la situación internacional, Mao remarcaba el carácter esencialmente expoliador y agresivo que continuaba teniendo el capitalismo en su etapa última, monopolista e imperialista, no obstante el importante cambio que se había producido en la correlación de fuerzas en el plano internacional favorable al movimiento revolucionario. Por consiguiente, señalaba, siguen existiendo la contradicción entre el campo de los países socialistas y el campo de los países imperialistas, la contradicción entre la burguesía y el proletariado, la contradicción entre el imperialismo y los países coloniales y semicoloniales y la contradicción que enfrenta entre sí a los propios Estados imperialistas y a los grupos monopolistas. Ninguna de estas contradicciones puede ser suprimida ni suplantada por otra, y cada una de ellas puede pasar a desempeñar, en determinadas condiciones, el papel de contradicción principal.

En conclusión, la línea general a seguir por el movimiento comunista consiste en continuar la lucha de clases y la revolución en las condiciones del socialismo y aplicar en el plano exterior una política basada en el internacionalismo proletario.

Poco después de que el PCCh hiciera públicas sus críticas y esta propuesta (que nosotros hemos resumido) se produjo la ruptura y la lucha abierta con el revisionismo moderno que había conseguido enquistarse en la dirección de la práctica totalidad de los partidos comunistas. Al mismo tiempo que se producía esta ruptura, en la RPCh era impulsada por inspiración de Mao y bajo su dirección la Gran Revolución Cultural Proletaria, con la que culminó todo este proceso.

La exposición pormenorizada de las aportaciones de Mao a la teoría general y a la práctica del marxismo-leninismo es un tema que rebasa los límites de este trabajo. No obstante, nos vamos a referir aquí a aquella parte de su obra más directamente relacionada con el problema que estamos debatiendo, lo que (¡curiosamente!) constituye, sin lugar a dudas, su principal aporte al desarrollo del marxismo-leninismo. De este aporte se han derivado otras importantes contribuciones efectuadas por Mao en el terreno de la política, la economía, etc., especialmente aplicables a las condiciones de los países coloniales.

Mao no sólo refutó al revisionismo moderno y desencadenó el movimiento de masas contra él, tanto en el plano internacional como en la sociedad china y en el propio Partido Comunista de China, sino que también, antes de librar esa gran batalla, tuvo que entablar otra contra las concepciones dogmáticas. Hasta se podría asegurar que en un principio, el filo de su crítica tuvo como principal objetivo el dogmatismo que se había establecido dentro del movimiento comunista (por el estilo del que están defendiendo ahora con tanto encono el profesor Guzmán y sus catecúmenos) y que tanto daño había causado a la revolución en China y en otros países. Fue este dogmatismo anti-marxista el que indujo a Mao a escribir sus obras filosóficas más importantes (Sobre la práctica y Sobre la contradicción) en las que pone al descubierto la raíz metafísica, subjetivista, que impide comprender la importancia de la práctica en el proceso del conocimiento, la particularidad de la contradicción, así como el problema de la identidad o de la unidad y la lucha de los contrarios. De ahí que los dogmáticos se opusieran al reconocimiento de las experiencias prácticas que ya había aportado la revolución china, negaran sus particularidades e intentaran hacer una copia fiel de la revolución soviética. Los dogmáticos y metafísicos razonan como si la realidad objetiva no existiera, analizan los objetos y fenómenos en abstracto y sin relación con la experiencia real del movimiento de masas. Ven la universalidad de la contradicción (la lucha de clases a nivel general), pero no la particularidad de la contradicción (la forma que adopta la lucha de clases en cada país y en una época dada); ven el bosque, pero no los árboles, ni la infinita variedad de objetos y fenómenos del mundo. En cuanto al problema de la identidad, reconocen la lucha, pero no la unidad; otras veces hablan de la unidad, pero olvidan mencionar la lucha. Esa concepción les incapacitó para distinguir las contradicciones de distinto carácter que se dan en el socialismo, les impidió ver la contradicción principal y distinguir el aspecto principal del secundario que forman toda contradicción, la manera en que se cambia un aspecto por el otro a través del salto en determinadas condiciones, cómo influyen unos fenómenos en otros a través de las contradicciones internas, y otras importantes cuestiones de la dialéctica materialista que sólo Mao fue capaz de captar y formular correctamente en base al análisis marxista-leninista y a la práctica concreta de la revolución china.

Mao combatió el dogmatismo, pero no dejó por eso de reconocerlo como parte del movimiento revolucionario. En ello se deja ver, una vez más, su enfoque dialéctico de los problemas; es decir, el reconocimiento de la identidad, de la unidad y la lucha, como algo necesario e inevitable, inherente a todo proceso de desarrollo, incluido el proceso de desarrollo del conocimiento. Por esta misma razón, cuando murió Stalin, hizo un balance favorable de su obra, destacando, en primer lugar, los aspectos más positivos, dominantes en toda su labor, defendiéndolos enérgicamente frente a los ataques rabiosos de los revisionistas que trataban de negarlos, denunciando al mismo tiempo los fines contrarrevolucionarios que encubrían dichos ataques. Pero al salir en defensa de la obra y personalidad de Stalin, Mao no pasó por alto sus errores e hizo de ellos un análisis y una crítica muy serios, verdaderamente marxista-leninistas, poniendo al descubierto su base ideológica: En Stalin hubo mucho de metafísica; además, él enseñó a mucha gente a ponerla en práctica. A Stalin se le escapó la conexión existente entre la lucha y la unidad de los contrarios. La mentalidad de ciertas personas en la Unión Soviética es metafísica; es tan rígida que, para ellas esto es esto y lo otro es lo otro, sin que reconozcan la unidad de los contrarios. De ahí sus errores en lo político (10).


La lucha entre las dos líneas

Hemos afirmado, y la historia nos muestra abundantes testimonios de ello, que el marxismo es la doctrina más avanzada, enemiga intransigente de toda forma de explotación, opresión y superstición. El marxismo, ciertamente, es la verdad más verdadera, pero como todas las verdades, sus ideas y concepciones políticas resultan válidas sólo para cada época y lugar, más allá de cuyos límites se vuelven error, se convierten en su contrario y dejan, por tanto, de ser marxismo. De ahí la necesidad de continuar desarrollándolo a través de la participación directa en la lucha de clases y del análisis concreto de las condiciones concretas. Esta es, como ya indicara Lenin, la esencia misma del marxismo. Los marxistas han incurrido muchas veces en el subjetivismo y el dogmatismo por no tener en cuenta esa cuestión esencial. Es por eso que la teoría, como también dijo Lenin, a menudo marcha rezagada con respecto al movimiento de la vida real, de la lucha de las masas, etc., e induce a cometer serios errores. Además no se debe perder de vista el hecho de que el partido revolucionario, tal como ya hemos señalado, no es un cuerpo extraño, separado de la sociedad y encerrado sobre sí mismo, sino algo abierto y en el que inevitablemente penetran todas las corrientes ideológicas, políticas y culturales de las distintas clases, capas y sectores que componen la sociedad; una sociedad en la que domina la ideología y la cultura burguesas. Por otra parte, encontramos la contradicción entre lo viejo y lo nuevo y la que existe entre lo correcto y lo erróneo, de las que ciertamente no se puede decir que tengan un carácter de clase, pero que, sin embargo, influyen también y en ocasiones pueden llegar a adquirir ese carácter, a confundirse y a favorecer las posiciones burguesas y revisionistas. Por todo ello surgen y se desarrollan continuamente en el seno del Partido distintas contradicciones y luchas de tipo político e ideológico que adoptan la forma de lucha entre dos líneas. Generalmente, esta lucha no tiene carácter antagónico, aunque en ocasiones puede llegar a tenerlo hasta desembocar en una ruptura. Esto suele suceder cuando se atenta o se hace dejación de los principios revolucionarios marxista-leninistas, o bien cuando no han sido tratadas correctamente las contradicciones que surgen dentro del Partido, de forma que sea posible determinar a través de la práctica y de la línea de masas de qué lado está la verdad. Para ello tienen que existir en el seno del Partido la libertad de crítica, la unidad de acción y una actitud honesta, verdaderamente comunista, entre los militantes que las posibiliten. Esta fue la línea que preconizó Mao y que condujo al fortalecimiento del PCCh, a la revolución popular y al desarrollo del marxismo-leninismo.

Mao entiende la lucha interna en el Partido como reflejo de las contradicciones de la lucha de clases y entre lo nuevo y lo viejo en la sociedad; más aún, sostiene que la lucha dentro del Partido es la lucha entre dos líneas que cubre todo un proceso de desarrollo, hasta el punto de que si tales luchas y contradicciones no se dieran la vida del Partido tocaría a su fin. Asimismo, para un desarrollo correcto de la lucha en el seno del Partido, Mao plantea la necesidad de sacar lecciones de los errores pasados para evitarlos en el futuro, y tratar la enfermedad para salvar al paciente. Hay que poner al descubierto -explica-, sin tener consideraciones con nadie, todos los errores cometidos, y analizar y criticar en forma científica todo lo malo del partido para que en el futuro el trabajo se realice más cuidadosamente y mejor. Eso es lo que quiere decir sacar lecciones de los errores pasados para evitarlos en el futuro. Pero, al denunciar los errores y criticar los defectos, lo hacemos igual que el médico trata un caso, con el único objeto de salvar al paciente y no de matarlo. Pues, como él señala, la lucha interna no tiene otro cometido, en última instancia, que el de mantener la unidad en torno a una línea política e ideológica justa.

Al haber dirigido la segunda gran revolución contemporánea en un país de enormes dimensiones, vieja cultura y numerosa población, y tener la ventaja de conocer la experiencia anterior de la revolución soviética, Mao hizo importantes aportaciones a la teoría y a la práctica del marxismo-leninismo. Por esta razón su nombre aparecerá siempre ligado a los de Marx, Engels, Lenin y Stalin. Esto plantea la cuestión del término maoísmo. Desde luego siempre habrá quienes nieguen a Mao esa contribución y se opongan a incluir su nombre en el Panteón de los jefes reconocidos del proletariado revolucionario internacional. De todas formas nosotros pensamos que éste es un problema secundario, que carece de la importancia que se le quiere dar. Recordemos que fue después de la muerte de Lenin cuando surgió por primera vez esta cuestión en el movimiento comunista, acuñándose entonces el término marxismo-leninismo. Esta nueva denominación y la defensa que hizo Stalin de las ideas y planteamientos de Lenin, explicando por su parte que se trataba de un nuevo desarrollo del marxismo, estaba entonces más que justificada, sobre todo porque venía a cortar el paso a las pretensiones de trotskistas y demás compañeros de viaje de suplantar o desvirtuar las ideas de Lenin sobre la revolución y de desviar a las masas del camino emprendido. Lo verdaderamente extraño es que el mismo Lenin no hubiera abordado este problema ni siquiera en términos parecidos y sólo argumentara sobre la necesidad de cambiar el nombre socialdemócrata, que hasta entonces llevaba el Partido, por el de comunista, al considerar no sólo la traición de la vieja socialdemocracia, sino también el hecho de que el nuevo nombre se ajustaba con más exactitud a los fines que persigue el movimiento. ¿Es que Lenin no era consciente de ese nuevo desarrollo de la teoría y el programa al que contribuyó de manera tan decisiva, o no le concedió toda la importancia que posteriormente habría de adquirir este problema? Lenin era plenamente consciente de la contribución que él y su Partido estaban haciendo al desarrollo del marxismo, y más de una vez se refirió a este asunto. Pero nunca hizo ningún aspaviento, presentándolo en todos los casos no como un asunto personal, sino como una obra colectiva que debía servir, además, para apelar al sentido de la responsabilidad de los comunistas rusos: dado que por una serie de circunstancias, sostenía, el centro de la revolución mundial se ha desplazado de Occidente a Rusia, sobre nosotros pesa la enorme responsabilidad de dar cabal cumplimiento a las tareas que la historia nos ha asignado al frente de todos los explotados y oprimidos del mundo.

Por lo demás, Lenin tomaba esa tarea como algo normal y casi consabido. De otra manera resultaría inconcebible el marxismo. De modo que, en lugar de acuñar nuevos términos para añadir a la denominación del marxismo, se refería muy a menudo al ala revolucionaria (o a la fracción roja) en oposición a la fracción reformista (o amarilla); e insistía una y otra vez en la necesidad de la ruptura más radical con los socialchovinistas y demás héroes de la II Internacional, como Kautsky, que envilecieron el marxismo con su centrismo y su podrida ortodoxia.

Lo mismo se puede decir respecto al proceder de Mao. Basta leer su análisis de los errores cometidos por Stalin. En esta cuestión, como en todo lo demás, su prudencia y modestia fue proverbial. Y si en el transcurso de la Revolución Cultural permitió que los guardias rojos exaltaran su nombre y le rindieran culto, la razón no fue otra sino el carácter espontáneo que tomó desde el principio ese culto, lo que no dejó de aprovecharlo el PCCh para contraponerlo al culto que habían fomentado los revisionistas a su propio jefe de filas Liu Shaoqi. Pero Mao nunca aceptó de buena gana esa práctica. Esto quedó completamente claro cuando, una vez derrotados los liuchaoquistas, se opuso a ella y criticó severamente la teoría del genio y la concepción burocrática que envolvía. Esta fue, como es sabido, la causa principal de su desacuerdo y ruptura con Lin Biao.

De la misma manera que la obra de Marx no puede ser asociada únicamente a él -no obstante ser cierto que fue su principal artífice, por eso lleva su nombre-, tampoco el desarrollo de la doctrina por Lenin y más recientemente por Mao se puede atribuir a ellos solamente. Y conste que no estamos negando ninguna de esas luminarias ni los grandiosos saltos que propiciaron. Simplemente nos parece que toda la obra teórica y práctica que ellos tanto contribuyeron a desarrollar puede ser encuadrada, sin que desmerezca lo más mínimo, dentro de la denominación general del marxismo, o si se quiere, del marxismo revolucionario. En cuanto a lo de destacar como principal una sola de las fases del desarrollo de la doctrina (aunque sea la última, más próxima a nuestra situación y experiencia) y se presuma con ello de una mayor economía de pensamiento y concentración, sólo cabe calificarlo como tremendo disparate, una aberración imperdonable, ya que ello conduce por la vía más rápida y sencilla a un empobrecimiento y vulgarización del marxismo, a despojarlo de sus fuentes y principios fundamentales, para dejarlo finalmente reducido a esa caricatura que se intenta hacer de él desde distintas exposiciones.

Puestos a destacar, ¿qué destacaríamos más: la etapa en que el marxismo insurgió y se afianzó, como doctrina científica revolucionaria al servicio de la clase obrera, o el resultado que ahora nos ofrece, en la etapa última, el pensamiento del Presidente Gonzalo? En cualquier caso nosotros destacaremos siempre los principios fundamentales que le sirven de base.
Escrito en diciembre de 1993
Publicado en Mao y la Revolución China
marzo de 1994

Notas:

(1) Lenin: Las tres fuentes y las tres partes integrantes del marxismo
(2) Ibid
(3) Del Informe Político presentado al Pleno del CC por M.P.M. (Arenas), Agosto 1990
(4) Presidente Gonzalo: Sobre el Marxismo-Leninismo-Maoísmo.
(5) Lenin: Tres fuentes y tres partes integrantes del marxismo.
(6) Lenin: Marxismo y revisionismo.
(7) Lenin: Ibidem.
(8) Lenin: Carlos Marx.
(9) Mao Zedong: Sobre la contradicción.
(10) Mao Zedong: Ibidem.


Extraído de http://www.antorcha.org/

Nota Lun Abr 16, 2007 9:53 pm
Ya que todo el artículo es una crítica a una entrevista a Marta Harnecker, sería conveniente poder leer lo que esta estudiosa marxista dice en ella; hemos buscado en la revista citada y no es posible encontrarla. Si alguien pudiera pegarla aquí, tal vez podríamos contrastar lo que un texto y otro afirman.

En cualquier caso, si alguien deseara leer algo de esta autora (y de su implicación política práctica) puede leerlo aquí

Salud.

Nota Lun Abr 30, 2007 11:01 pm
Gracias Rubiera por estos artículos que has colgado aquí.
Yo no me atrevo a contestar nada, puesto que primero debería leer a Marta Harneker. Sobre la posición del PCE(r), ( maoísta ) tengo ciertas dudas y estoy en ello : indagando sobre el maoísmo, la historia de China , etc.
En cuanto a lo que dice el artículo sobre el partido cumunista de Perú, estoy totalmente de acuerdo. Cierto es que en nombre del maoísmo se han acometido muchas atrocidades, y no creo que la esencia del pensamiento de Mao tenga algo que ver con ellas.
Una organización revolucionaria no debe calificarse por lo que dice ser, sino por lo que hace.

un saludo
“…“¡El servicial Trotski es más peligroso que un enemigo! ¡Que cerdo es este Trotski!: frases izquierdistas y bloque con los derechistas contra los zinmerwaldianos de izquierda! ”.
Lenin

Nota Mar May 01, 2007 12:53 am
A ver. que el objetivo mío tampoco no ha sido pretender que nadie tome partido ni con uno ni con otro, sino poner las opiniones contrastantes a la luz y tratar de discutir sobre las diferentes corrientes que se dicen no-dogmáticas y que supuestamente aplican el marxismo-leninismo. Hay que empezar a distinguir la línea incierta entre lo que muchas veces se denomina marxismo-leninismo y el revisionismo.

Tampoco considero que Mao sea para desechar y aunque haya cometido errores, tuvo también muchos aciertos. Que haya gente como sendero luminoso, no le quita méritos a Mao, porque también hay partidos como el indonesio que es maoista y que son muy respetables.

Nota Mar May 01, 2007 11:51 am
Estamos de acuerdo: en estos asuntos no se trata de posicionarse frente al otro, se trata de debatir dentro de un marco común, por eso, las estrategias abiertamente antagónicas dentro del seno de la izquierda anticapitalista se nos antojan equivocadas; la reacción siempre buscó la división entre las fuerzas revolucionarias, introduciendo Dogmas que se decían más puros, más auténticos, más "rojos", los unos que los otros. Mao insistía, con Klaudia Daniela, en que para conocer la verdadera ideología de los actos y las palabras de un determinado grupo revolucionario había que prestar atención a qué intereses servían, a quién beneficiaban.

Los comunistas tienen que preguntar el porqué de todas las cosas y valerse de su propio juicio para examinar cuidadosamente si corresponden a la realidad y si están bien fundadas; no deben en absoluto seguir ciegamente a otros ni preconizar la obediencia servil.

Todas las ideas erróneas, todas las hierbas venenosas y todos los monstruos y demonios deben ser sometidos a crítica; en ninguna circunstancia podemos tolerar que cundan libremente. Sin embargo, Ia crítica debe ser plenamente razonada, analítica y convincente, y no burda, burocrática, metafísica o dogmática.

Tanto el dogmatismo como el revisionismo son contrarios al marxismo. Inevitablemente, el marxismo avanzará, progresará con el desarrollo de la práctica y no permanecerá estático. Quedaría sin vida si se estancara y se estereotipara. No obstante, nunca se pueden violar los principios básicos del marxismo; violarlos es cometer errores. Es dogmatismo enfocar el marxismo desde el punto de vista metafísico y considerarlo como algo rígido. Es revisionismo negar los principios básicos del marxismo, la verdad universal del marxismo. El revisionismo es una variedad de la ideología burguesa. Los revisionistas intentan borrar lo que distingue al socialismo del capitalismo, a la dictadura del proletariado de la dictadura burguesa. Lo que preconizan no es, de hecho, la linea socialista, sino la capitalista.

El revisionismo u oportunismo de derecha es una tendencia ideológica burguesa; es más peligroso que el dogmatismo. Los revisionistas, oportunistas de derecha, alaban de palabra el marxismo; también atacan el dogmatismo, pero lo que atacan es precisamente la quintaesencia del marxismo. Combaten o tergiversan el materialismo y la dialéctica; combaten o intentan debilitar la dictadura democrática popular y la dirección del Partido Comunista; combaten o intentan debilitar la transformación y la construcción socialistas.

citas del Presidente Mao


Por lo tanto hay que andarse con cuidado a la hora de etiquetar a unos u otros como revisionistas o como dogmáticos, y recordar siempre, que como también recordara Mao, a los que cometen errores, salvo los que se manifiesten insistentemente como incorregibles, hay que aleccionarles y convencerles, y para ello es necesario escucharles. Para Mao, inmerso en la construcción del socialismo en China, el principal problema era el revisionismo, ya que las fuerzas contra-revolucionarias amenazaban el proceso, pero el marxismo-leninismo se alimenta de la práctica, y habrá que determinar en cada momento y en cada sociedad, teneniendo en cuenta la relación de fuerzas existentes, cuales son los verdaderos peligros, quienes son los aliados y quienes los enemigos, teniendo en cuenta, los intereses del pueblo, de la clase explotada, ya que en él, en ella, reside la verdad universal.

Hay dos puntos del manifiesto comunista que tienden a ser olvidados con frecuencia:

los comunistas apoyan en todas partes, como se ve, cuantos movimientos revolucionarios se planteen contra el régimen social y político imperante.

Los comunistas no forman un partido aparte de los demás partidos obreros.

No tienen intereses propios que se distingan de los intereses generales del proletariado. No profesan principios especiales con los que aspiren a modelar el movimiento proletario.


Desde estas apreciaciones, creemos que como también nos pide el manifiesto los comunistas debemos laborar por llegar a la unión.

Por eso a nosotras nos cuesta seguir algunos discursos abiertamente antagonistas, dentro del seno de la izquierda, cuando fundamentalmente insisten en etiquetar posiciones y descalificarlas. Desde algunos partidos Comunistas se ataca de manera visceral la revolución Bolivariana, tanto como se atacan a Cuba y Venezuela desde posiciones Libertarias. Nos resulta sospechosa una dialéctica de guerra contra cualquier intento revolucionario, cuando son tantas las fuerzas que necesitamos para derrotar al capital. Los discursos que defienden la pureza de sus posiciones, se nos antoja que tienen miedo a "mancharse las manos" con la realidad social que nos toca vivir y están de algún modo infectadas de esa enfermedad del izquierdismo que postulara Lenin. (No se entiendan nuestras críticas como ataques personales, estamos tan sólo reflexionando sobre el hilo de la cuestión planteada, y planteando cuestiones que deben ser debatidas) Quizá una buena estrategia sería ver la forma de integrar las diferentes corrientes revolucionarias (al fin y al cabo el materialismo dialéctico, la ciencia marxista nos brinda las herramientas para ello).

Nota Mar May 01, 2007 12:13 pm
Dejamos aquí algún material más, sobre y de Marta Harnecker, que pudiera ayudarnos a la reflexión (no somos especialistas en esta autora, ni pretendemos adoptar sus puntos de vista, como tampoco los de Fabretti, o los de Alba Rico, Fernandez Liria, Belén Gopegui, Pascual Serrano... Se trata, en el caso de Marta, ni más ni menos que de una importante teórica marxista que ha trabajado por y en diferentes movimientos revolucionarios, y en el caso de los demás autores mencionados, de voces disidentes que desde España, insisten contra viento y marea en llamarse comunistas y en intentar alzar la voz en defensa del Socialismo y contra el capitalismo, defendiendo muy especialmente el socialismo Cubano y el proceso revolucionario bolivariano):

1º una entrevista para conocer mejor a la autora.


En el laboratorio de una revolución

Ignacio Cirio
Siete sobre Siete

Uruguay, 22 agosto 2005.- Su obra Fidel: la estrategia política de la victoria conoció varias ediciones en todo el continente y constituyó uno de los textos de divulgación sobre el proceso revolucionario cubano más leídos en los últimos 20 años. En otro de sus trabajos, Haciendo posible lo imposible: la izquierda en el umbral del siglo XXI (1), editado inicialmente en Cuba y luego en Chile, Colombia México, Portugal y España, Marta Harnecker ofrece un panorama de los movimientos populares de Latinoamérica y, ya desde el título, aventura una definición del accionar político de cambio –hacer posible lo que a primera vista resulte imposible– que hoy repite, entre otros, el presidente venezolano Hugo Chávez para ejemplificar el sentido que tiene la Revolución Bolivariana. Más aún, desde hace ya tres años, la chilena que dejó su patria perseguida por la dictadura pinochetista se trasladó desde La Habana, Cuba, hacia Caracas, donde reside y trabaja como estrecha colaboradora ad hoc de Chávez en lo que ella misma define como el "laboratorio" revolucionario que es el país petrolero en la actualidad. Harnecker es, así, parte de un selecto grupo de intelectuales –militantes, orgánicos– que, con asiento dentro o fuera del territorio venezolano, "asesoran" al conductor del proceso que, desde inicios de año, tiene como meta declarada la construcción del "socialismo del siglo XXI". Como parte de ese think tank de izquierda debe contarse además, a teóricos, periodistas y divulgadores como Heinz Dieterich Steffan (alemán profesor de la Universidad Autónoma mexicana), el uruguayo director de TeleSur Aram Aharonián y Luis Bilbao (periodista argentino y director de la revista América XXI), entre otros. Harnecker tuvo a su cargo, por ejemplo, la edición e indexación de El nuevo mapa estratégico, un libro en el que se recogen intervenciones de Chávez efectuadas en noviembre de 2004 ante la plana mayor de su gobierno y donde está condensada la doctrina de la Revolución Bolivariana.

Desde esa perspectiva, Harnecker brinda en esta entrevista con Siete sobre Siete datos significativos y de primera mano acerca de los debates y las prácticas que pautan la actualidad de la Revolución Bolivanaria. Asegura que existió un quiebre de parte de los sectores burgueses venezolanos en su enfrentamiento al gobierno luego de derrotado con creces el paro general de fines de 2002 que motivó una aguda situación de escasez en productos básicos. Pero además explica por qué, mientras se propugna la necesidad de "construir el socialismo" se hacen de parte de la conducción bolivariana ingentes esfuerzos para que el empresariado privado entre al redil de los cambios sin renunciar a la posesión de los medios de producción o a una tasa de ganancia cuyo límite son las medidas que permitan abatir los lacerantes niveles de pobreza venezolanos.
—¿En qué momento político se encuentra la Revolución Bolivariana?

—En un momento de profundización de la revolución. En un esfuerzo por hacer más eficiente el aparato del Estado y por luchar contra la corrupción, purificando la policía y organismos de seguridad del Estado. Tratando de profundizar la democracia participativa y esforzándose por implantar otra lógica económica: una lógica humanista y solidaria.
—¿Cuáles han sido los pasos más importantes en el proceso político desde que Chávez definió el rumbo socialista de la Revolución Bolivariana?

—Te asombrará quizá que te diga que no ha habido ningún paso de relevancia dado después de dicha definición. Lo que ocurre es que la práctica fue demostrando a la dirigencia del proceso que la lógica humanista y solidaria que ellos iban implantando a todo nivel, especialmente en el terreno económico, chocaba a cada paso que daban con la lógica capitalista del lucro.

Por ejemplo, no se podía crear cooperativas agrarias ni de productos industriales básicos exitosos si el Estado no asumía gran parte de la compra y distribución de dichos productos. No se podía controlar el efecto de exceso de circulante producto de la enorme cantidad de becas que el gobierno está otorgando a todos los venezolanos que están estudiando en las distintas misiones si no se buscaba un mecanismo para controlar los precios de los productos de la dieta básica que los sectores más humildes consumen. ¿Cómo resolver esto dentro de la lógica capitalista donde el motor del sistema es la ganancia y no la satisfacción de las necesidades humanas? Una medida que fue adoptada como medida de emergencia para asegurar la alimentación de la población cuando la oposición quiso detener el proceso doblegando por hambre al pueblo venezolano durante el paro empresarial de fines del 2002: la compra estatal masiva de productos alimentarios en el exterior para nutrir improvisados mercados populares, mostró el camino. Hoy cientos de mercados populares distribuidos en todo el país, y que ya cubren el 40% del consumo de alimentos de la población, ofrecen productos a precios mucho más baratos que los centros comerciales privados y sus precios han sido mantenidos mediante subsidio estatal al mismo nivel que al inicio de la experiencia. Por otra parte, se está estimulando a los campesinos a producir internamente lo que hasta hace poco se importaba, asegurándoles la compra de sus productos y evitando los intermediarios.

Como ves, el "socialismo" no empieza en Venezuela cuando Chávez lo declara —a comienzos del 2005— sino bastante antes. Y hablo de socialismo entre comillas, porque en realidad lo que se había iniciado en Venezuela no era el socialismo sino un camino que podía conducir hacia una sociedad regida por una lógica humanista y solidaria, donde todos los seres humanos puedan alcanzar su pleno desarrollo.

Chávez no niega que en sus inicios él creyó que era posible resolver los profundos problemas económicos y sociales de Venezuela por una tercera vía; creyó que era posible humanizar el capitalismo, pero la historia le hizo ver que eso no era posible.
—La insistencia en el socialismo como el único camino, paradójicamente aparece al mismo tiempo que se hacen esfuerzos por incorporar al sector privado a los planes económicos del gobierno, ¿no es esto contradictorio?

—Es algo contradictorio para la visión clásica que se ha tenido del socialismo como una sociedad en que todos los medios de producción deben estar en manos del estado eliminándose de raíz la propiedad privada. En esta visión clásica se pone el acento en la propiedad y no en el control de los medios de producción. Cuando Chávez habla del socialismo que se intenta construir en Venezuela él siempre aclara que se trata del "socialismo del Siglo XXI" y no una copia de los modelos socialistas anteriores. Lo central hoy en Venezuela es salir de la pobreza. Hace poco oí a un joven izquierdista criticar al vicepresidente de la República de reformista porque hablaba de que el enemigo principal era la pobreza, y que había que eliminar la pobreza, en lugar de hablar de la necesidad de eliminar a la burguesía. ¡Qué ceguera! ¡Qué dogmatismo! ¿Cuál es la necesidad de atacar esas empresas privadas en este momento? Estas son meras consignas radicales que tienen poco que ver con un análisis de la situación real.¿Cómo no entiende ese joven que para salir de la pobreza entre otras cosas hay que crear empleo productivo y que la reactivación del sector privado ha sido la principal fuente de empleo en los últimos meses en el país? ¿Por qué no se pregunta cuál es la razón por la que la burguesía venezolana, que se jugó entera por derrocar a Chávez en el pasado, hoy está dispuesta a colaborar con el gobierno?

Ni el propio Lenin pensó que era necesario eliminar la propiedad privada para empezar a construir el socialismo. Pocos han leído uno de los decretos iniciales del recién estrenado gobierno soviético: el decreto sobre la publicidad privada que partía de la base de que los capitalistas privados dispuestos a colaborar con el gobierno debían tener un espacio para publicitar sus anuncios. No fueron los socialistas los que marginaron a los capitalistas en Rusia, fueron los capitalistas los que automarginaron al negarse a colaborar con el gobierno soviético y optar por la guerra civil.

Cuando se analiza este problema no hay que olvidar el tema de la correlación de fuerzas. Mientras la burguesía se sienta fuerte y crea poder dominar la situación por las urnas o por las armas es comprensible que no esté dispuesta a colaborar con un proyecto revolucionario que vaya contra la lógica del capital. Pero, ¿qué podía hacer la burguesía venezolana luego de ser triplemente derrotada: fracasó el golpe militar de abril del 2002, no logró sus objetivos el paro empresarial de fines de ese año y ni el referendo de agosto del año del 2004? No le quedaba otra alternativa que irse del país o colaborar con el gobierno si éste le daba facilidades crediticias y le aseguraba mercado.
—Pero ¿no implica un peligro esta coexistencia con la burguesía?

—Claro que implica un peligro. La lógica del capital buscará imponerse siempre. Se dará una lucha constante por ver quién vence a quién. Estamos en el inicio de un largo proceso. El control del poder político, el control cambiario, una correcta política de créditos en la que los capitalistas reciben el préstamo siempre que acepten determinadas condiciones que fija el gobierno —que produzcan para el mercado nacional creando fuentes de trabajo, que paguen impuestos, que colaboren con las comunidades aledañas, etcétera— son fórmulas que usa el gobierno bolivariano para hacer que los empresarios venezolanos medianos y pequeños se comprometan a colaborar con el programa del gobierno cuyo eje es eliminar la pobreza. Son precisamente estos sectores los que se vieron más afectados por la globalización neoliberal.

Pero, no hay que olvidar que se viene de una sociedad en que impera la lógica del capital, con una cultura que inclina tanto a los dueños de las empresas como a los trabajadores que en ellas laboran a la búsqueda de objetivos individualistas. Por eso el socialismo sólo logrará triunfar sobre el capitalismo si pone en marcha, junto a la transformación económica, la transformación cultural de la gente. En la medida en que las personas vayan percibiendo los efectos positivos del nuevo modelo económico que se está tratando de llevar adelante orientado por esta nueva lógica humanista y solidaria, en la medida en que vayan venciendo el individualismo, el consumismo, el afán de lucro en su propia práctica cotidiana, llegarán a las mismas conclusiones a las que Chávez llegó: que la única alternativa a las nefastas consecuencias del capitalismo neoliberal es el socialismo. Es sintomático que encuestas recientes indican que hoy un 40% de la población ya considera el socialismo como algo positivo. Este es un gran avance si se considera el bombardeo ideológico al que ésta ha sido sometida. Los efectos prácticos de las medidas humanistas y solidarias adoptadas por el gobierno son fusiles más poderosos que todos los misiles mediáticos lanzados por la oposición

Y, teniendo claro que se trata de dos modelos económicos antagónicos, es fundamental que una parte importante de los recursos del estado se destinen a afianzar y desarrollar el sector estatal de la economía, ya que el control de las industrias estratégicas es la mejor forma de asegurar que triunfe la nueva lógica humanista y solidaria y se cumplan a cabalidad el plan de desarrollo nacional orientado a eliminar la pobreza.

La búsqueda de colaboración con el capital privado sólo debe plantearse en la medida en que permita avanzar en ese sentido.

—Esa definición implica un cambio conceptual, en la medida que significa "inventar el socialismo", en el siglo XXI y en América latina bajo una hegemonía norteamericana severa. ¿Qué innovaciones teóricas aparecen como más urgentes?

—Más que innovaciones teóricas, creo que hay muchos elementos que ya se encontraban en los pensadores marxistas clásicos, pero que luego fueron desconocidos u olvidados. El Socialismo del Siglo XXI debería retomarlos al mismo tiempo que tendrá que inventar soluciones nuevas a los nuevos problemas planteados por los cambios sufridos por el mundo en estos últimos años. Uno de ellos: el socialismo como la sociedad más democrática. Ya Lenin decía: "capitalismo igual democracia para una élite; socialismo igual democracia para la gran mayoría de la gente". Otro, la importancia del tema del control de los trabajadores. Puede haber propiedad estatal, pero sin control obrero no es propiedad socialista; en cambio puede haber una propiedad privada pero con control obrero y quizá pueda acercarse más al socialismo que la anterior. Otro: cada país deberá buscar su propio camino de transición al socialismo. Lo que pueda o no hacerse dependerá en gran medida de la correlación de fuerzas que en ese país y a nivel mundial se de a favor del socialismo.

Si queremos ser consecuentemente radicales y no radicales sólo de palabra debemos empeñarnos en el trabajo diario de construir la fuerza social y política que nos permita llevar adelante los cambios que queremos. ¡Cuánto más fructífera sería la política si quienes tomaran la palabra fuesen aquellos que están comprometidos en esa militancia cotidiana y no aquellos que hacen de un escritorio su militancia!
—Después de largos años viviendo y trabajando en Cuba, ¿por qué te fuiste a vivir a Venezuela?

—Para acompañar de cerca ese laboratorio que es el proceso revolucionario bolivariano y darlo a conocer en el exterior. Para apoyar en lo que se pueda y especialmente en el tema de la participación protagónica de la gente, que es mi pasión.
—Aunque Chávez se proyecta cada vez con más fuerza en el escenario latinoamericano, algunas fuerzas de izquierda, populares y aún con responsabilidades de gobierno todavía parecen mirar con recelo su liderazgo. ¿Crees que la izquierda de la región valora adecuadamente el proceso venezolano?

—Creo que lo está valorando cada vez más. Los hechos se imponen con demasiada fuerza. Pero todavía hay quienes, tanto dentro como fuera del país, no entienden la importancia de poder contar con un gobierno popular para el avance de las luchas de su pueblo, por muy limitado que este sea.
—¿Qué implicancias tiene el hecho de que, a quince años de la caída de la Unión Soviética, hoy en América latina se haya instalado con tanta fuerza el debate sobre la construcción de un sistema contrapuesto al capitalismo?

—Que estamos en el comienzo de un nuevo ciclo de avance revolucionario y que hay que acelerar la construcción de los factores subjetivos que eviten nuevas frustraciones históricas. Por desgracia, son contados los países donde las fuerzas sociales y políticas de izquierda trabajan armónicamente potenciándose las unas a las otras. Suele predominar el personalismo, la ambición política entre sus dirigentes. No se ha entendido suficientemente que es en la unidad donde está la fuerza, pero que la unidad se construye respetando las diferencias. No se ha entendido suficientemente que el arte de la política es construir la fuerza política y social que permita hacer posible en el mañana cercano lo que hoy parece algo imposible; que para construir fuerza política hay que construir fuerza social.

NOTAS

1. MEPLA, La Habana, febrero de 1998. Algunos pasajes de este trabajo, junto a varios artículos de Harnecker pueden consultarse libremente en http://www.rebelion.org/harnecker. Nota del editor: Este libro fue publicado por primera vez por Siglo XXI Editores en España.

2. Los llamados MERCAL.


2º un texto que pensamos interesante para el debate, y que no sólo sea tragarse vivo a Marx (y Engels), si no también a Lenin; (a Mao parece que también lo hemos puesto en el menu)

rendiendo de la historia
¿Cómo vio Lenin el socialismo en la URSS?

Marta Harnecker
Rebelión
índice

1.El socialismo como producto de la guerra imperialista. Sus bases materiales
2.El marxismo como instrumento explicativo
3. El socialismo que cayó no es el nuestro, pero ¿por qué nos había entusiasmado tanto?
4.Lenin y la propiedad privada capitalista en la revolución rusa
5.De dÓnde proviene la violencia
6.Férrea disciplina en las fábricas y democracia en los soviets
7.No llega la esperada revolución mundial, cambia la estrategia de construcción del socialismo
8.Las grandes industrias y el socialismo
9.Las deformaciones del aparato de estado soviético
10.El tema de las nacionalidades
11.Estrategia internacional para derorocarlo
12.Condiciones históricas concretas
13.¿Por qué hablar del socialismo si nos falta tanto?
14.No se ha elaborado una alternativa acabada

1. Es un placer de estar aquí con ustedes, con todas y todos los estudiantes que están aquí presentes en un evento que trata un tema tan importante. Quisiera decirles que a mí no me gusta que me presenten como parte del equipo oficial del Presidente, porque yo no estoy aquí dando la línea del Presidente, yo estoy aquí porque he estudiado el tema, y para transmitirle a ustedes algunas informaciones sobre un proceso que tenemos que estudiar. Lo que yo diga no compromete en absoluto al Presidente.
El socialismo como producto de la guerra imperialista. Sus bases materiales

2. Ustedes han escuchado por ahí: “¡Abajo el Imperialismo, viva el socialismo!” ¿Saben ustedes que el primer socialismo histórico real, el socialismo de la URSS, nació exactamente porque Rusia estaba involucrada en una guerra imperialista y los pueblos no podían ya resistir más el hambre y la miseria de esa guerra, y campesinos y obreros estaban en los campos de batalla dando sus vidas, especialmente los campesinos eran la carne de cañón que usaban esos gobiernos? El primer socialismo histórico que existió triunfó con la bandera de la paz, con la bandera de la resolución del problema del hambre, de la pobreza.

3. Los obreros y campesinos rusos cuando apoyaron la revolución que se inició en febrero de 1917 no apoyaron el socialismo —ellos no sabían lo que era el socialismo— ¿Qué apoyaban?, el fin de la guerra, querían la paz; se estaban muriendo de hambre, querían alimentos.

4. En esta charla yo quiero darles algunos elementos históricos porque no se puede, compañeros, construir proyectos en el aire, nosotros tenemos que aprender de la historia. Tenemos que elaborar respuestas creadoras, es cierto; no podemos copiar soluciones de otros lados, pero tenemos que conocer las experiencias históricas para aprender de sus éxitos y sus derrotas, no podemos partir de la nada, de lo que se nos ocurra en un escritorio.

5. Justamente quienes aportaron inicialmente más al socialismo fueron dos hombres en un momento histórico determinado, Marx y Engels, que conocían las experiencias de lo que ellos denominaron “socialismo utópico”, éstas eran experiencias de pequeños grupos que buscaban soluciones solidarias dentro de sus respectivas comunidades. Su gran debilidad era que eran grupos aislados de todo el sistema. Lo que plantearon entonces Marx y Engels fue que para que estas experiencias pudieran ser exitosas había que tomar el poder político y transformar toda la sociedad.

6. Pero fue, Lenin, inspirado en Marx y Engels, quien condujo la primera revolución socialista en el mundo.

7. El vio que la guerra imperialista, además de crear un creciente malestar social, había hecho evolucionar mucho al capitalismo de su época. El capitalismo monopolista, el capitalismo de los grandes monopolios, se había transformado en capitalismo monopolista de estado. El estado capitalista, que en los inicios del capitalismo había defendido la libre competencia —donde cada capitalista competía con el otro—, había sido obligado por la guerra a coordinar acciones, a planificar. En este sentido la organización del estado alemán fue la más avanzada. Éste tuvo que hacer planes contra el mercado negro, planes de producción, implantar el trabajo obligatorio y también tuvo que abordar el tema de regulación de la distribución de alimentos, establecer cuotas para que cada familia tuviera algo que comer. Y esto tuvo que hacerlo el capitalismo, y hacerlo contra todo su discurso a favor de la libre competencia y de defensa de la propiedad privada. La guerra obligó a empezar a planificar cada vez más, crecía la interdependencia entres las distintas ramas de la producción y la interrelación entre los distintos países. Analizando toda esta situación Lenin consideró que la guerra había construido las bases materiales del socialismo. Imagínense ustedes hoy, alrededor de 90 años después, en el mundo globalizado en que vivimos, donde la nueva revolución tecnológica nos permite estar comunicados con cualquier parte del mudo en tiempo real, ¡cuánto más avanzada no estará esa base material!

8. Decíamos que Lenin consideraba que las bases las bases técnico materiales del socialismo ya estaban ya construidas, ¿qué faltaba entonces?, que el sujeto de la revolución: la clase obrera, las clases explotadas por el capitalismo, asumieran el poder y transformara esa realidad heredada de guerra, hambre, represión, desigualdad, en una realidad distinta, en una sociedad alternativa.
El marxismo como instrumento explicativo

9. Quiero hacer una interrupción y contarles una anécdota personal: cuando yo era estudiante universitaria yo pertenecía a la Acción Católica Universitaria — fui presidenta de esa asociación—. y luego me volví marxista ¿por qué razón?, porque yo entonces trataba de ayudar a los pobres, visitaba los barrios populares, juntaba ropa y comida para llevarla allí los fines de semana, trataba de poner en práctica la caridad cristiana. Pero cuando fui a estudiar a Francia un post grado en psicología me di cuenta que no bastaba tratar de practicar la caridad cristiana. Que si queríamos que los hombres se amaran los unos a los otros, como lo dice el Evangelio, había que crear las condiciones sociales que permitiesen la realización del amor hacia los demás. Descubrí que los pobres eran pobres, no porque fueran perezosos o incapaces, sino porque había unos pocos que lo tenían todo y que explotaban a la mayoría. Empecé a entender cómo funcionaba la sociedad, a entender por qué había clases sociales. Y logré entender todo eso porque empecé a estudiar a Marx. No fui yo sola, fue toda una generación de jóvenes católicos de aquella época que descubrimos que para amar realmente a nuestro prójimo debíamos luchar por transformar la sociedad encaminándola hacia el socialismo. El marxismo fue para todos nosotros un instrumento que nos permitió analizar la sociedad, descubrir los orígenes de la pobreza, las causas de la existencia de países inmensamente ricos y países muy pobres.
El socialismo que cayó no es el nuestro, pero ¿por qué nos había entusiasmado tanto?

10. Imagínense cómo fuimos atacados cuando cayó el socialismo en los países de Europa del este y la URSS. Para los ideólogos del capitalismo había muerto el socialismo y junto con él el marxismo, la teoría que lo había inspirado.

11. ¿Cuál era nuestra respuesta? La respuesta de Eduardo Galeano, el famoso escritor uruguayo que algunos de ustedes han leído. ¿Qué dijo él?: “Nos han invitado a un entierro que no es el nuestro. Ese socialismo que murió, no es nuestro muerto, porque el socialismo que nosotros defendemos, y que nosotros queremos construir no es el socialismo que se construyó en la Unión Soviética, no es el socialismo burocrático estatista, represor en muchos casos, es un socialismo esencialmente democrático, con plena participación popular.

12. Pero, ¿por qué entonces el primer socialismo histórico había entusiasmado tanto a nuestra juventud si tenía tantos defectos?

13. ¿Qué conocíamos de la Unión Soviética? Sabíamos que con el heroísmo de su pueblo había sido capaz de detener la avanzada nazi y había jugado un papel importante en su derrota definitiva. Qué fue un gran estímulo y apoyo para los movimientos anticoloniales en Asia y África. Pero, sobre todo, que había logrado resolver los problemas de hambre, educación, salud de su pueblo. Fue todo eso lo que atrajo a mucha gente. En aquellos años no teníamos información de cosas negativas que fuimos conociendo después. Cuando estudié las obras completas de Lenin me di cuenta que el propio dirigente bolchevique tenía una visión crítica de lo que se estaba construyendo en la URSS.

14. Y yo quiero explicarles a ustedes como se fue desarrollando esa historia, porque creo que ustedes tienen que tener una serie de informaciones para aprender de esa experiencia, para no volver a cometer los mismos errores.

15. Ya decíamos que en primer lugar la revolución rusa fue el producto de la guerra imperialista, que los obreros y campesinos rusos empezaron a insubordinarse en las grandes ciudades y que su principal reivindicación era poner fin a la guerra. Construyeron organizaciones, los soviets o consejos de obreros y soldados. La mayoría de los soldados eran campesinos.

16. Lenin, que estaba exiliado en Suiza regresa en ese momento a Rusia y se encuentra con un proceso revolucionario en marcha. El análisis de la situación mundial en ese momento lo había convencido de que para resolver los problemas de la guerra, el hambre, la libertad, se necesitaba salir del capitalismo y construir el socialismo, pero sabía también que el pueblo ruso no era capaz de entender lo que era el socialismo. Convenció a su partido, el partido bolchevique, de hacer suyas las consignas de paz, tierra y libertad, y con ellas lograron ganarse el apoyo de los obreros y campesinos que estaban hartos de la guerra.

17. Al triunfar la situación de hambruna que heredaron era catastrófica. Las fábricas tenían que cerrar porque no había qué darle de comer a los obreros en la ciudad. Estos se vieron obligados a retornar al campo para poder alimentarse. Allí sus familias tenían una vaquita que les podía dar leche y otros alimentos. Fue tan crítica la situación que Lenin consideró necesario emplear las reservas de oro del país, para comprar alimento para el pueblo. Esta medida fue criticada por algunos camaradas radicales quienes sostenían que eso no estaba en el programa. Efectivamente no lo estaba, el oro debería haberse destinado a industrializar el país, pero Lenin les respondió: “Tenemos que salvar a los hombres, a los trabajadores, esa es la principal fuerza productiva que tenemos, ¿qué país vamos a construir si dejamos morir de hambre a nuestros trabajadores?” La forma en que se fue desenvolviendo la revolución fue cambiando muchas cosas.

18. Lenin plateó en su libro “El Estado y la Revolución” escrito en 1917 poco antes de la revolución socialista de octubre, que el estado revolucionario debía a pagarle un salario obrero a los funcionarios del estado, y creía que cualquiera empleada doméstica podría manejar el estado. Después se dio cuenta que habían cosas bastante complejas en el estado y tuvo que aceptar la contratación de especialistas burgueses, especialistas del régimen anterior y pagarles mucho más que un salario obrero. Sabiendo a los peligros que se exponía el proceso con esa medida, plateó la necesidad del control obrero sobre estos especialistas.
Lenin y la propiedad privada capitalista en la revolución rusa

19. Por otra parte, nunca fue intención de Lenin eliminar de un día para otro la propiedad capitalista, por el contrario, pensó ofrecerles a los capitalistas condiciones para seguir trabajando dentro de un régimen distinto, donde el poder había pasado a manos de los soviets de obreros y soldados.

20. La mejor prueba de que Lenin no se planteó eliminar las empresas privadas cuando su país comenzó a caminar al socialismo es el decreto sobre la publicidad, uno de los primeros decretos del gobierno soviético. Como los medios de comunicación habían pasado a manos del Estado, se dicta un decreto sobre la publicidad para que los capitalistas privados puedan publicitar sus productos en dichos medios. La concepción inicial de Lenin era el tránsito pacífico al socialismo donde sectores burgueses coexistirían con el poder revolucionario. Pero, ¿qué pasó? ¿Quién fue el que no aceptó esta idea? No fue el gobierno soviético, fueron los propios capitalistas que no aceptaron las reglas de juego implantadas por el gobierno revolucionario y en lugar de concertar acuerdos para sacar al país del hambre y la destrucción luego de la guerra , decidieron lanzarse en una guerra civil para derrocar al gobierno soviético, apoyados por los ejércitos imperialistas que rodeaban a Rusia. Estalló así una guerra civil no deseada por los bolcheviques revolucionarios. Conocer esto es importante ya que aquí, en Venezuela, se están haciendo acuerdos con la burguesía o los dueños privados de las empresas y algunos sectores ultra radicales dicen que eso es contrario al socialismo.

21. El gobierno venezolano, por su parte, ha logrado determinados acuerdos con sectores burgueses. Cuando se analiza este problema no hay que olvidar el tema de la correlación de fuerzas. Mientras la burguesía se sienta fuerte y crea poder dominar la situación por las urnas o por las armas seguramente no estará dispuesta a colaborar con un proyecto revolucionario que vaya contra la lógica del capital. Pero, ¿qué podía hacer la burguesía venezolana luego de ser triplemente derrotada: fracasó el golpe militar de abril del 2002, no logró sus objetivos el paro empresarial de fines de ese año y ni el referendo de agosto del año del 2004? No le quedaba otra alternativa que irse del país o colaborar con el gobierno si éste le daba facilidades crediticias y le aseguraba mercado. Estos acuerdos implican por supuesto un peligro. La lógica del capital buscará imponerse siempre. Se dará una lucha constante por ver quién vence a quién. Estamos en el inicio de un largo proceso. El control del poder político, el control cambiario, una correcta política de créditos en la que los capitalistas reciben el préstamo siempre que acepten determinadas condiciones que fija el gobierno que produzcan para el mercado nacional creando fuentes de trabajo, que paguen impuestos, que colaboren con las comunidades aledañas, etcétera— son fórmulas que usa el gobierno bolivariano para hacer que los empresarios venezolanos medianos y pequeños se comprometan a colaborar con el programa del gobierno cuyo eje es eliminar la pobreza. Quienes empiezan a colaborar son precisamente estos sectores los que se vieron más afectados por la globalización neoliberal.

22. Pero, no hay que olvidar que se viene de una sociedad en que impera la lógica del capital, con una cultura que inclina tanto a los dueños de las empresas como a los trabajadores que en ellas laboran a la búsqueda de objetivos individualistas. Por eso el socialismo sólo logrará triunfar sobre el capitalismo si pone en marcha, junto a la transformación económica, la transformación cultural de la gente. En la medida en que las personas vayan percibiendo los efectos positivos del nuevo modelo económico que se está tratando de llevar adelante orientado por esta nueva lógica humanista y solidaria, en la medida en que vayan venciendo el individualismo, el consumismo, el afán de lucro en su propia práctica cotidiana, llegarán a las mismas conclusiones a las que Chávez llegó: que la única alternativa a las nefastas consecuencias del capitalismo neoliberal es el socialismo.

23. Y, teniendo claro que se trata de dos modelos económicos antagónicos, es fundamental que una parte importante de los recursos del estado se destinen a afianzar y desarrollar el sector estatal de la economía, ya que el control de las industrias estratégicas es la mejor forma de asegurar que triunfe la nueva lógica humanista y solidaria y se cumplan a cabalidad el plan de desarrollo nacional orientado a eliminar la pobreza.
De dónde proviene la violencia

24. ¿Y qué otra cosa nos enseñará la revolución rusa?

25. No son los pueblos pobres los que hacen las guerras, las guerras en el mundo la han hecho los capitalistas. Cuando un pueblo se decide a luchar con las armas en la mano es porque ya no soporta más la esclavitud, la explotación, la miseria. Los pueblos quieren la paz, quienes les imponen la guerra son los opresores. ¿Cuándo se fueron los salvadoreños a las montañas? En el momento en que la represión empezó a diezmar las enormes concentraciones populares en San Salvador no les quedó otra alternativa que replegarse a la montaña.

26. Aquí en Venezuela, para no ir más lejos, se pretendió caminar por el sendero constitucional para hacer las transformaciones políticas y sociales y ¿quién hizo el golpe de estado? ¿Y quién hizo el paro y el sabotaje petrolero? Bueno, se produjo aquí la historia de siempre, de alguna manera la historia que Marx anunciada: cuando los dueños de medios de producción, cuando los capitalistas, cuando los dueños de las tierras sienten que están perdiendo sus privilegios, entonces reaccionan y reaccionan de una forma violenta. Los mismos defensores a ultranza de la democracia, abandonan los métodos democráticos cuando la democracia ya no les conviene. Chile por ejemplo, era un país con grandes tradiciones democráticas, nunca nadie pensó que íbamos a tener un golpe militar, pero apenas triunfó Salvador Allende, los sectores reaccionarios empezaron a conspirar, apoyados por el gobierno de los Estados Unidos, hasta culminar en el golpe militar que segó la vida del presidente chileno, truncó los sueños y esperanzas de su pueblo y implantó una férrea dictadura militar durante 17 años. No podían aceptar que un gobierno popular aplicase por la vía democrática un programa de distribución más equitativa de la riqueza social que hería sus privilegios.

27. En Rusia, como les decía, estalló la guerra civil generada por los sectores burgueses y los restos de la aristocracia zarista y apoyada por los gobiernos burgueses y proimperialistas. Eso obligó a destinar los mejores cuadros, la mayoría obreros, a las tareas de defensa de la revolución. Muchos murieron en ese proceso, y empezó a haber una gran escasez de alimento —como decía anteriormente—. Los pocos obreros que no estaban en el campo de batalla tuvieron que replegarse al campo para poder sobrevivir. La revolución obrera y campesina se quedó sin obreros.

28. A pesar de la desastrosa situación heredada la URSS dio un salto adelante que asombró almundo

29. Se empezaba así a transitar al socialismo en un país que Marx nunca imaginó, un país pequeño campesino, que estaba destruido por la guerra, cuya población se estaba muriendo de hambre. Para entender lo que pasó en la URSS, hay que conocer ese punto de partida. Y a pesar de la desastrosa situación en la quedó ese país luego de siete años de guerra imperialistas y guerra civil, la Unión Soviética llegó a ser unos de los países mas desarrollados del mundo.
Férrea disciplina en las fábricas y democracia en los soviets

30. Otro elemento que hay que tener en cuenta era la enorme necesidad que había de industrializar el país. Y Lenin insistió mucho en la necesidad de tener una férrea disciplina dentro de las fábricas, porque en una fábrica donde cada obrero hace lo que quiere poco se produce. Llegó a decir que la discusión democrática había que hacerla en los soviets, en ese espacio político, pero que en las industrias debía haber una férrea disciplina. Había que respetar las órdenes del gerente sin discutirlas. Claro, la URSS logró salir del atraso en una forma impresionante, ese país se reconstruyó después de la guerra en una forma tal que asombró al mundo, se lograron resolver muchos problemas económicos, pero no se resolvió el problema esencial de socialismo que es ir construyendo el hombre de la nueva sociedad, el sujeto de la nueva sociedad. Los soviets dejaron de ser ese espacio democrático de los inicios, se fueron burocratizando, poco a poco y, por las contingencias que fueron apareciendo en el contexto de la guerra civil, fueron perdiendo su dinámica y se transformaron en una cuestión formal. ¿Cómo iba a surgir el hombre nuevo si éste se va transformando a través de la práctica a través de un largo proceso de aprendizaje si en las fábricas no podía participar y si los soviets habían dejado de funcionar?

31. ¿Se han preguntado ustedes por qué fue derrotado el socialismo en los países de Europa del Este y la URSS en forma tan rápida? Yo estoy convencida que esto ocurrió de esta manera porque no había gente organizada que lo defendiera. Ustedes saben lo importante que es tener gente organizada, gente dispuesta a defender lo que siente como suyo. Venezuela es un ejemplo de ello. Durante el golpe de estado, sin gran organización la gente salió a exigir el retorno de Chávez porque sentía suyo el proceso y sentía sobre todo que Chávez era su conductor. En la Unión Soviética no hubo gente dispuesta a defender ese proceso. Por eso que yo creo que una de los grandes desafíos para el socialismo en el futuro, es cómo resolvemos el tema de la productividad, de la eficiencia económica, pero también cómo vamos construyendo al mismo tiempo el sujeto de la nueva sociedad.
No llega la esperada revolución mundial, cambia la estrategia de construcción del socialismo

32. Otra cosa que hay que tener muy en cuenta es que Lenin creía, cuando se produce la toma del poder por los soviets de obreros y soldados, que muy pronto: en meses, en un año o en dos venía la revolución mundial. La gran tarea de la revolución rusa era defender la Rusia soviética hasta que se produjese la revolución en otros países desarrollados que le iban a suministrar tecnología, cuadros preparados, asesoría técnica, que la iban a apoyar financieramente para salir del atraso. Pero pasan dos, tres, cuatro años, y en 1921 ya se ve claro que la tan esperada revolución en los países avanzados no se materializa. ¿Qué hacer en esas circunstancias? ¿Volver hacia atrás? ¿Devolver el poder a los burgueses y esperar que maduren las condiciones revolucionarias en esos países? Los bolchevique deciden que no pueden volver atrás; que habiendo conquistado el poder político había que iniciar solos un largo tránsito hacia la nueva sociedad que se quería construir. Fue así como se lanzaron a iniciar la construcción del socialismo en un sólo país —un país muy atrasado— contando con sus propias fuerzas. En ese momento nace la Nueva Política Económica más conocida como la NEP con el objetivo de estimular fundamentalmente la producción agraria.

33. Pero ¿por qué había que estimular la producción? ¿Qué había pasado en el campo ruso en los primeros años de la revolución? Para alimentar a los obreros, para que no muriera la gente de hambre, los bolcheviques se habían visto obligados a establecer medidas drásticas. Decidieron requisar en forma obligatoria toda la producción agrícola. Empezaron a quitarle a los campesinos toda la producción excedente, todo lo que permitiese alimentar al ejército y a la gente de la ciudad, pero evidentemente que un campesino al cual se le quitan la producción no tiene motivación alguna para esmerarse en producir y entonces, si bien se logró evitar que la gente muriera de hambre, la producción agrícola descendió en forma peligrosa. Había que motivar nuevamente al campesinado a producir, y había que hacer un esfuerzo por transformarlo en un aliado del proceso.

34. La primera medida que adoptó la NEP fue suspender la requisa de excedentes y permitir el intercambio de productos en el mercado. Había que hacer alianzas no sólo con le campesinado pobre, sino también con el campesinado medio para ser capaces de defender las conquistas alcanzadas y seguir adelante sin el apoyo internacional de otras revoluciones (Ver artículo adjunto: Capítulo.7 El viraje estratégico de 1921).
Las grandes industrias y el socialismo

35. Lenin puso gran énfasis en el desarrollo industrial de la URSS. Estaba convencido que sin grandes fábricas, sin una gran industria altamente desarrollada el socialismo era imposible. (Ver Cap.8 del Anexo) El problema era cómo hacer para que esas grandes industrias permitiesen a los trabajadores controlar el proceso de producción. Mientras más grandes eran las empresas más difícil parecía ser el proceso de participación de los trabajadores. Pero hoy, parece haberse comenzado a revertir esta situación. La nueva revolución tecnológica está permitiendo realizar con éxito proceso de descentralización de funciones, consultas democráticas en tiempo real a pesar de la distancia que pueda mediar entre distintos grupos de trabajadores, necesidad de involucrar no sólo al cuerpo del trabajador sino a su mente para lograr mayores rendimientos: el capitalismo mismo ha estimulado la participación de los trabajadores en los talleres de calidad, etcétera. La nueva revolución tecnológica estaría creando bases objetivas para una gestión más democrática tanto en los centros de trabajo como a nivel de la propia participación política.
Las deformaciones del aparato de estado soviético

36. Otro dato que ustedes deben saber. Lenin murió preocupado por las deformaciones burocráticas del Estado soviético. Lo que se construyó en la URSS se alejaba mucho de las ideas planteadas por el autor en su libro: “El Estado y la Revolución”. El Estado soviético se desformó o, más bien, no llegó nunca a ser transformado realmente. Por eso que Lenin, en uno de sus últimos escrito llegó a decir que los trabajadores debían luchar, y si era necesario, hacer huelgas, para atacar las deformaciones burocráticas del Estado soviético. .
El tema de las nacionalidades

37. En la URSS se cometieron errores también respecto a un tema muy sensible: el tema de las nacionalidades, de las minorías nacionales, en un país muy pluriétnico y con minorías fuertes. Había que respetar sus tradiciones, había que darles autonomía, pero ¿qué pasó? Había sectores del Partido Bolchevique que eran excesivamente centralistas y no eran capaces de entender lo fundamental que era para las comunidades oprimidas que se respetase su soberanía —mientras más sufre y más discriminado es un sector social, más necesidad de autoafirmación y de soberanía tiene—. Viendo que ni el propio Stalin entendía estas cosas, Lenin llegó a decir: “Debemos echar marcha atrás en los acuerdos para la conformación de la URSS, limitando los acuerdos sólo a la parte militar y diplomática” y reestableciendo en todo lo demás la total independencia de esas regiones. Poca gente conoce estos escritos finales de Lenin.
Estrategia internacional para derorocarlo

38. Creo que aunque saltándome muchas cosas, les he dicho lo central.

39. Pero antes de finalizar creo que es importante señalar un último punto: que ese socialismo fue derrotado, porque hubo toda una estrategia internacional concertada para lograr este objetivo. Por ejemplo, las constantes amenazas de guerra obligaron a la URSS a competir en la carrera armamentista. Obligó a un país como la URSS —que todavía no había logrado resolver todos los problemas sociales heredados— a invertir gran cantidad de recursos en armamento y en tecnología de punta en la industria militar. Eso, sin embargo, tuvo un resultado positivo: el gran despegue científico que allí ocurrió. Ustedes saben que el primer viaje a la luna fue realizado por los soviéticos.

40. No era tampoco una meta de Fidel el tener el ejército más poderoso de América Latina. Cuando yo estuve en Cuba como estudiante en 1960, visité varios cuarteles que habían sido transformados en escuelas. El proyecto era ese: transformar los cuarteles en escuelas, y ¿por qué ahora tiene el ejército más poderoso en América Latina? Porque el gobierno de los Estados Unidos lo obligó a ello.
Condiciones históricas concretas

41. Entonces, una enseñanza que yo quiero que ustedes saquen es que los procesos de construcción socialista se hacen en condiciones históricas concretas, y sobre todo en condiciones de correlaciones de fuerzas concretas, donde hay un sector que quiere construir y un sector que quiere destruir y en esa lucha se va construyendo y que, por lo tanto, esa construcción tienen todas las limitaciones y todas las imperfecciones de esa lucha. Una cosa es el sueño de los dirigentes y otra cosa es lo que se puede ir haciendo. Y esto ocurre no sólo al tratar de construir el socialismo, sino en cualquier tarea que se proponga un militante revolucionario: en un gobierno local, en una gobernación, en una alcaldía, en una federación estudiantil... En cualquier lado un militante revolucionario tiene que tratar de analizar las características de la correlación de fuerza que allí existe. Debe tener claro cuáles son las debilidades, cuáles son las fortalezas y tiene que elaborar un plan de trabajo. Ustedes en el movimiento estudiantil tienen que hacerlo. Si ustedes tienen una correlación de fuerzas negativas en las universidades, deben analizar muy bien por qué y deben organizar un plan de trabajo para transformar esa correlación de fuerza. Y ese cambio no se logra con discursos, no basta que ustedes lleguen y hablen de Chávez y la revolución, esa correlación negativa cambiará cuando ustedes logren ganar al estudiantado para un proyecto transformador a través de prácticas estudiantiles concretas.

42. Yo participé en la reforma universitaria en Chile. Empezamos bien, ganamos varias cosas lindas en cuanto a la reforma, de hecho, por ejemplo, yo fui profesora en la Universidad de Chile sin tener título de doctora porque había escrito un libro, un libro que algunos de ustedes lo conocen: “Los conceptos elementales del Materialismo Histórico” y la reforma planteaba que tenía más valor escribir un libro que tener título de doctora. Yo sólo soy licenciada en psicología y llegué a ser profesora, y a elaborar el programa de la cátedra de marxismo, junto con otros profesores, porque había escrito ese libro.

43. En esa reforma universitaria éramos mayoría los profesores y estudiantes que nos identificábamos con el socialismo, pero perdimos la mayoría, y ¿por qué?, porque el movimiento estudiantil empezó a preocuparse solamente de cuestiones políticas y no se preocupaba de las cosas estudiantiles, de los estudiantes. No se discutía con el grueso del estudiantado cómo transformar la universidad para que cumpliese mejor su papel de servicio al pueblo. Se imponía soluciones desde arriba en forma muy vanguardista, lo que de hecho marginaba al grueso del estudiantado del proceso.
¿Por qué hablar del socialismo si nos falta tanto?

44. Otro elemento que hay que tener en cuenta es que al triunfar la revolución rusa de octubre el nuevo régimen político que se estableció fue denominado “República Socialista.” ¿Quería esto decir que ya existía en dicho país un régimen socialista? No, de ninguna manera. Los bolcheviques lo denominaron así porque su meta no era fomentar el desarrollo del capitalismo en ese país, sino ir más allá. Ellos tenían claro que en esos primeros años sólo se estaban dando pasos hacia el socialismo. ¿Qué ocurre en Venezuela hoy? Algo muy parecido. Se esté tratando de cambiar la lógica del capital por una lógica humanista y solidaria y en ese sentido se están dando pasos hacia el socialismo. No sería de extrañar que muchos estudiantes rechacen el socialismo, porque la propaganda antisocialista ha asociado siempre a este régimen con: eliminación de toda propiedad, supresión de la libertad de disentir, represión a los opositores, dictadura despótica. Ya hemos dicho que el socialismo que defendemos no tiene nada que ver con esta caricatura de socialismo.

45. Y, a propósito de esto, es interesante analizar aquellas recientes encuestas que dan a Chávez más del 80% del apoyo popular y al socialismo sólo un 47%, ¿ustedes creen que esto es positivo o negativo? A primera vista se tiende a pensar que esto es negativo: la popularidad del Presidente mucho más alta que la del socialismo. Pero, ¿saben ustedes lo que significa un 47% de apoyo al socialismo en un país en el que durante décadas se ha ido sembrando —a través de los medios de comunicación masiva, la Iglesia Católica y de las escuelas— una muy negativa imagen del socialismo? Eso quiere decir que se ha avanzado mucho, que el Presidente ha logrado ir educando a la gente, especialmente a través de su programa Aló Presidente. A través de él está diciendo constantemente: “Miren señores, lo de las misiones es socialismo, eso es democracia”. Preocuparse de la salud, de la educación del pueblo, de desarrollar hábitos solidarios en lugar de estimular los hábitos egoístas, eso es socialismo. La gente comienza entonces a tener otra imagen de socialismo. Los efectos prácticos de las medidas humanistas y solidarias adoptadas por el gobierno son fusiles más poderosos que todos los misiles mediáticos lanzados por la oposición.
No se ha elaborado una alternativa acabada

46. Es importante que se conozca el origen de las ideas marxistas, los esfuerzos realizados por los socialistas utópicos. Hay que conocer las fuentes, conocer el análisis crítico del capitalismo que hizo Marx y que lo llevó a ver la necesidad de construir el socialismo. Es importante que ustedes se informen, que estudien, porque esto no se inventa de la nada. Hay que construirlo seriamente viendo lo que hay en la base social venezolana, porque hay que construir el socialismo en cada país, hay que partir de cada realidad particular y desde allí ir creando una respuesta a adecuada a cada país. No se pueden aplicar mecánicamente a Venezuela fórmulas que fueron apropiadas para otros países, y en otras circunstancias. Por eso tenía razón Simón Rodríguez cuando decía: “O inventamos, o erramos.” Deben ustedes saber que hoy no hay en ninguna parte del mundo una alternativa acabada. Tenemos que construir esa alternativa de acuerdo con cada realidad, considerando la correlación de fuerzas que en cada país existe, el grado de organización y conciencia popular alcanzado, la situación económica heredada y muchas otras cosas.?


1. Charla en el “Encuentro Nacional de estudiantes revolucionarios por la construcción del socialismo en el Siglo XXI”, Mérida, 22 de julio 2005. Esta charla está basado en la ponencia: Cómo vio Lenin el socialismo en la URSS, presentada por Marta Harnecker en el seminario de la Revista América Libre “Socialismo, experiencias y perspectivas”, realizado en Sao Paulo, Brasil del 4 al 6 de diciembre 2000.


Ambas extraidas de Marta Harnecker/Rebelión Enlace actualizado, ya que en mensaje anterior enlazamos a textos más antiguos de Marta.

Salud, esperamos que nos sea a todas (las personas que seguimos el hilo) de ayuda.

Nota Mar May 01, 2007 4:30 pm
Excelente el análisis de las anacharsis y la cita de Mao es precisamente la esencia de lo que se pretende hacer en este hilo. Está claro que solamente la práctica de de las nuevas estrategias son las que enriquecen al marxismo, pero por otra parte nos enfrentamos a innumerables interpretaciones de la práctica del marxismo entre las cuales existen algunas que no buscan otra cosa que destruirlas, precisamente con el fin de hacer al marxismo impracticable. La desaparición de la URSS fue un golpe muy fuerte para los marxistas leninistas y ha servido para alimentar a los liquidadores revisionistas del marxismo que se extienden como virus en el movimiento revolucionario internacional y que, en el supuesto nombre del proletariado oprimido no hacen otra cosa que socavar las bases del marxismo para hacerlo impracticable. La historia ha demostrado que con este tipo de gente no tiene sentido el diálogo porque no se trata de errores o puntos de vistas diferentes sino de la propia mano del imperialismo. Este es el caso de los trotskistas con quienes los diálogos pierden todo sentido, aunque seguramente muchas personas honestas se han visto atrapados en las redes de este tipo de "marxismo", esto no significa que, en pos de la unidad de la izquierda, empecemos a mezclarnos con quienes no buscan otra cosa que destruir la memoria del poder de la clase obrera y destruir todo lo que huela a socialismo en la actualidad.

Actualmente la batalla más grande que tiene que enfrentar la clase obrera es ante todo la de las ideas que les permita buscar el camino cierto para su total liberación de las cadenas del capital. No se trata solamente de buscar sempiternos argumentos y enredarse en discusiones y en supuestas verdades o mentiras, sino de tomar posiciones del lado de las masas del proletariado y no hacerle eco a las doctrinas burguesas.

El Che decía que es precisamente la burguesía quien nos abre el camino de la verdad. Cuando vemos que atacan a Cuba, a Venezuela, a la Bolivia de Evo, a China, a los revolucionarios vascos, al pueblo palestino, no nos queda otro remedio que desconfiar y posicionarnos en contra de la ideología del imperio. La derecha nos indica mejor que nadie a quienes benefician ciertos argumentos y opiniones.

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