RebeldeMule

El libro: ese amigo que nos ayuda a pensar.

Planta/anuncia un debate, noticias sueltas, convocatorias políticas o culturales, campañas de mecenazgo, novedades (editoriales, estrenos, próximas emisiones de tv...).
No lo considero así solo hago algunas aclaraciones pertinentes.

KaOs escribió:Eso es, en mi opinión, la diferencia entre leer un texto para cultivarnos y leer para generar en nuestra mente falacias "ad verecundam". Aun que en Rebeldemule nos tiran a veces más las falacias "Ad hominem".
He tenido que recurrir a la Wikipedia para ver qué eran esos latinajos, y o estás en un error o no te entiendo (o no lo he entendido bien yo o la Wiki está equivocada, que también puede ser).

* El "argumentum ad hominem" es un argumento que se construye a la medida del adversario basándose en las convicciones de este para convencerlo de otra cosa (digamos que es constructivo). La "falacia ad hominem" también se apoya en las convicciones del adversario pero con la intención de atacarlo y descalificarlo.
* "Ad verecundiam", según la Wiki, viene siendo una descalificación personal para que haciendo de menos a otro sus argumentos tengan poca validez.
http://es.wikipedia.org/wiki/Argumentum_ad_verecundiam

María

LaMeri escribió:* El "argumentum ad hominem" es un argumento que se construye a la medida del adversario basándose en las convicciones de este para convencerlo de otra cosa (digamos que es constructivo). La "falacia ad hominem" también se apoya en las convicciones del adversario pero con la intención de atacarlo y descalificarlo.

La Wiki está equivocada en ese artículo. La definición correcta del argumento ad hominem, tomada de otro artículo de la propia Wiki es:

LaWiki escribió:Argumentum ad hominem o argumento dirigido al hombre: Consiste en replicar al argumento atacando o dirigiéndose a la persona que realiza el argumento más que a la sustancia del argumento.
http://es.wikipedia.org/wiki/Lista_de_prejuicios_cognitivos

Es una falacia (falso argumento) informal muy usada en estas discusiones. No pongo ejemplos concretos para no resultar hiriente, pero confío en la sagacidad de LaMeri para, definición en ristre, encontrar algunos ejemplos en los mensajes anteriores de este mismo hilo.

HerrK

Gracias por la aclaración, eso me cuadra más. Gracias por confiar en mi sagacidad (uyuyuyyyyy, no sé si estaré a la altura :mrgreen: ;) :lol: ).

Un saludo

María

Cuando me refería a "Ad verecundiam" me refería básicamente a que aun que leas un libro de...que se yo, Lenin; y sientas una gran admiración poer el personaje, no hay que tragar jamás lo que dice tal cual, solo porque "lo dice Lenin". hay que atacarlo, criticarlo, leerlo de forma reflexiva con todos los conocimientos que tenemos en mano.

Respecto a la otra, gracias a herrk por aclararlo ;)
Cada duda es una bala, una barricada en cada respuesta
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No te había entendido bien pero me gusta más este enfoque.

Como comprendió bien Kaos cuando digo que la ex URSS y la China actual están más "cerca del socialismo", lo hago pensándolo en tiempos históricos, en lo que los marxistas llamamos "desarrollo de las fuerzas productivas y los medios de producción" a pesar de los revisionistas la lucha comunista hizo dar un gran paso a estas enormes regiones del planeta. Esto hay que verlo en terminos de evolución historica.

Vamos maoísta, como colega de la carrera de historia y materialista histórico deberías ser tú el primero en presentar los problemas en perspectiva histórica... ¡hombre que casi me mandas al GULAG a mi también!
Los marxistas sólo podemos ganar una discusión si las cosas se plantean científicamente y una vez que se empiezan a plantear así hay que aprovecharlo...

Saludos

Dzerjinskii escribió:Los marxistas sólo podemos ganar una discusión si las cosas se plantean científicamente y una vez que se empiezan a plantear así hay que aprovecharlo...

Digo yo que aquí no venimos a ganar discursiones como si fuera un concurso, sino a fomentar el juicio crítico y aclarar dudas.

Lo siento Dzerjinskii es que no le habia leido pausado sino con apuro y bueno deje solo el comentario en lo que me parecio algo contradictorio pero a la luz de los hechos que volvi leer se entiende bien la idea que planteas ahi... y bueno nada de Gulags eso para los enemigos de clase.

Y bueno hace bien invanjoe en corregirte Dzerjinskii, en es si que te pasaste de revoluciones con eso de ganar...jejeje :mrgreen:

la editorial Hiru (Eva Forest QPD) y Alfonso Sastre) tiene una serie de colecciones que tienen que ser interesantes.

De la coleccion Otras Voces he leido dos libros y voy a por más.

Tiene 5 títulos de Michael Parenti.

El que leido "Julio Cesar, una historia del pueblo romano" es de esos que abren ojos (hice una referencia en el hilo que tiene Parenti en RM)

Otro libro que no solo abre ojos sino ojazos es el de "El mito de la guerra buena" El papel de EEUU en la II Guerra de Jacques R. Pauwels.

Me atrevo a decir que es el mejor regalo que se puede hacer en El Dia de la Inteligencia, que por cierto no sé que cae este año :mrgreen:

Dorado escribió:El que leido "Julio Cesar, una historia del pueblo romano" es de esos que abren ojos (hice una referencia en el hilo que tiene Parenti en RM)

¿Alguna forma de hacerse con el? Via e-link o tienda de internet...

Gracias por la recomendación ;)
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KaOs escribió:
Dorado escribió:El que he leido: "Julio Cesar, una historia del pueblo romano" es de esos que abren ojos (hice una referencia en el hilo que tiene Parenti en RM)

¿Alguna forma de hacerse con el? Via e-link o tienda de internet...

Gracias por la recomendación ;)


Creo que al buscar otras obras de HIRU me salia en casa del libro ademas de en la misma editorial.

un saludo

Interesante hilo con el que se puede aprender.
Se está desvirtuando pero hay comentarios muy interesantes sobre lo importante de los libros.

Nunca nos debemos olvidar de la importancia de los mismos, pero no nos debemos quedar en la intelectualidad. Hay que poner en práctica a diario lo que leemos, lo que creemos, lo que es mejor para la clase obrera. Hay que trabajar por la unidad de nuestra clase.

Os recomiendo también una página de descargas donde voy subiendo varios libros digitalizados:

Descarga gratuita de libros

saludos
“…“¡El servicial Trotski es más peligroso que un enemigo! ¡Que cerdo es este Trotski!: frases izquierdistas y bloque con los derechistas contra los zinmerwaldianos de izquierda! ”.
Lenin

Fuente: http://www.manueltalens.com/articulos/o ... nguaje.htm


El lenguaje “texto” y la neolengua orwelliana



Manuel Talens. Granada, 1948. Novelista, traductor y articulista en la prensa de lengua española. Ha publicado hasta la fecha dos novelas, La parábola de Carmen la Reina (1992) e Hijas de Eva (1997) y tres libros de relatos, Venganzas (1995), Rueda del tiempo (2001, Premio Andalucía de la Crítica 2002) y La sonrisa de Saskia y otras historias mínimas (2003). Como traductor, además de una intensa labor en los medios alternativos de internet, especialmente en Rebelión, donde forma parte del grupo de traductores habituales, ha vertido al castellano textos de ficción, semiótica, psiquiatría, teatro, ensayo y cine, de autores que van desde el francés Georges Simenon al inglés Tibor Fischer o a la estadounidense Edith Wharton, pasando por Groucho Marx, Paul Virilio, Blaise Cendrars, Derek Walcott, Georges Hyvernaud, Geert Lovink, James Petras, Donna J. Haraway o el Groupe µ. http://www.manueltalens.com

Los Libros en Castilla y León, nº 7, 2001



El pasado mes de julio, durante un viaje al Pirineo, escuchaba yo distraídamente la emisora France Culture mientras el coche me iba deslizando por la carretera. Una entrevista, de repente, empezó a interesarme. Se la hacían al comedido autor de un libro sobre el lenguaje «texto», ese galimatías con que los jóvenes se comunican entre sí en los chats de Internet y en los mensajes por teléfono móvil. El entrevistado -un lingüista y profesor universitario de París- vino a decir que la necesidad de ahorrar tiempo y dinero en el momento de escribir cualquier frase ha sido el motor del extraordinario florecimiento de este metalenguaje que ha nacido como apéndice de las viejas lenguas de la cultura europea. Los ejemplos concretos que dio en francés (kkse por «qu’est-ce que c’est», dm por «demain», etc.) son transportables al castellano. Veamos: entre otras muchas innovaciones, el lenguaje «texto» en nuestras latitudes ha sustituido ll por y, ha eliminado los «inservibles» acentos, el deletreo de algunas palabras (por ejemplo, «cuatro» ha pasado a ser definitivamente 4, «por qué» es pq, «más» es +, «arriba» es ­- y así sucesivamente) y ha enterrado la letra h (¿a quién le interesa ese resto del ayer, que ni siquiera se pronuncia?).

El tiempo real de conexión a la red -internética o telefónica- es caro, añadió en su perorata el profesor (para quien todo parecía ser una cuestión de bajo presupuesto) y cuanto menos se demoran los jóvenes en transmitir el mensaje, más barato les sale.

Ante una postura tan poco analítica, el periodista se inquietó del peligro de que eso que ha empezado como un juego banal, restringido a la comunicación a distancia y a una franja específica de la población -los adolescentes-, llegue un día a generalizarse debido al auge imparable de aparatos informáticos que nos rodean, pero el entrevistado respondió que el lenguaje «texto» convivirá probablemente junto a la forma culta, gramatical, de la escritura tradicional, desestimando en apariencia el hecho turbador de que cada vez son más numerosos los universitarios de la Unión Europea incapaces de expresarse de manera correcta, de palabra o por escrito, en las distintas lenguas.

Surge aquí, por supuesto, la pregunta inmediata: ¿Qué es «expresarse de manera correcta»? Y, de ella, otra pregunta derivada: ¿No será acaso una postura retrógrada, un oponerse a la libertad individual, el defender a ultranza reglas sintácticas que provienen de tiempos feudales? Está claro que el hecho de plantear el problema en tales términos parece llevar en sí mismo el germen de un saludable desafío, y ya sabemos desde Freud que para crecer es necesario oponerse. Pero, ¿lo lleva de verdad?

Durante las últimas tres décadas, a partir del instante en que el mundo inició su imparable aceleración, hemos asistido al desprestigio o a la franca ruptura de normas y principios, buenos y malos, que habían necesitado siglos de sosegado engaste. Las relaciones familiares y sociales, los conceptos de autoridad, de respeto y de convivencia han sido pulverizados o son irreconocibles, las distancias físicas entre países antes lejanos se han reducido y hoy nada es igual a lo que conocimos hace todavía muy poco. ¿Por qué, entonces, el lenguaje no habría de sufrir los embates de la posmodernidad? Si la cultura, tan apreciada antaño, ha perdido su lugar de privilegio para ser reemplazada por la información superficial inmediata -constantemente renovada-, si el conocimiento de la Historia, del saber transmitido por las generaciones precedentes, es ya algo tan obsoleto que los currículos escolares se desprenden de él como de unos zapatos viejos, ¿no será que estamos entrando en una nueva era de humanidad, que prescindirá definitivamente de buena parte del bagaje anterior para empezar desde cero un huxleyano Brave New World?

Un discurso almibarado como éste, con la ocultación nada inocente de cualquier vínculo negativo, es la mercancía que los defensores a ultranza del ultraliberalismo nos pretenden vender, envuelta en la aureola de una supuesta emancipación individual. Sin embargo, la realidad que se oculta detrás de tales falacias -el lenguaje «texto» liberador de las cadenas de la gramática forma parte de ellas, junto con las supercherías del «libre mercado», del «estado de derecho» o de las «guerras humanitarias»- es muy distinta.

Llegados a este punto de mi exposición, el lector me permitirá que copie aquí una larga cita de George Orwell, extraída del apéndice de su sobrecogedora novela 1984, donde se define la neolengua de la etapa final de la dictadura social: «La intención de la neolengua no era solamente proveer un medio de expresión a la cosmovisión y hábitos mentales propios de los devotos del Ingsoc, sino también imposibilitar otras formas de pensamiento. Lo que se pretendía era que la vieja lengua olvidada, cualquier pensamiento herético, es decir, un pensamiento divergente de los principios del Ingsoc, fuera literalmente impensable, o por lo menos en tanto que el pensamiento depende de las palabras. Su vocabulario estaba construido de tal modo que diera la impresión exacta y a menudo de un modo muy sutil a cada significado que un miembro del Partido quisiera expresar, excluyendo todos los demás sentidos, así como la posibilidad de llegar a otros sentidos por métodos indirectos. Esto se conseguía inventando nuevas palabras y desvistiendo a las palabras restantes de cualquier significado heterodoxo, y a ser posible de cualquier significado secundario. Por ejemplo: la palabra libre aún existía en neolengua, pero sólo se podía utilizar en afirmaciones como “este perro está libre de piojos”, “este prado está libre de malas hierbas”. No se podía usar en su viejo sentido de “políticamente libre” o “intelectualmente libre”, ya que la libertad política e intelectual ya no existían como conceptos y por lo tanto necesariamente no tenían nombre. Aparte de la supresión de palabras definitivamente heréticas, la reducción del vocabulario por sí sola se consideraba como un objetivo deseable, y no sobrevivía ninguna palabra de la que no se pudiera prescindir. La finalidad de la neolengua no era aumentar, sino disminuir el área del pensamiento, objetivo que podía conseguirse reduciendo el número de palabras al mínimo indispensable.»

(Diviértase el lector, si lo desea, sustituyendo Ingsoc por globalización neoliberal y neolengua por lenguaje texto.)

La palabra, con sus connotaciones casi divinas de creación del mundo a través del acto iniciador de nombrar las cosas, ha sido siempre un instrumento de poder. Roma nos impuso el latín, España impuso en América la lengua de Castilla, e Inglaterra, de forma retardada a través de su hijo pródigo estadounidense, ha universalizado en poco tiempo el inglés como nueva lingua franca. Cada imperio sucesivo, a través de las palabras que legaba a sus vasallos, ha transmitido su ideología, pero lo que está sucediendo hoy con este nuevo retoño -el lenguaje «texto»- es una vuelta de tuerca todavía más perversa, pues ni siquiera se trata de sustituir una lengua por otra, sino de arrasar los cimientos gramaticales -es decir, mentales- que nos constituyen como individuos. Dicho engendro ya no es hijo de ninguna patria geográfica particular con veleidades imperialistas, como ha venido sucediendo hasta hace poco en el transcurrir de la historia, sino de un enemigo invisible, apátrida y omnipresente, el capital globalizador, auténtico amo del mundo en este nuevo milenio.

Las compañías multinacionales (y en cabeza de ellas las del sector de telecomunicaciones, que es el más boyante y el que mejor difunde el pensamiento único), tras conseguir que los políticos «democráticos» estén a su servicio y dicten leyes que favorecen su implantación y sus negocios, necesitaban gobernados incultos y dóciles -consumidores, no personas con capacidad de crítica y de rebelión- y una de las maneras más rápidas de lograrlo es uniformizarlos a través y por encima de las fronteras, rompiendo las estructuras lingüísticas de nuestra torre de Babel, que son el nudo gordiano de los genes culturales de la diversidad, el auténtico ADN que nos define como individuos frente al universo. Hoy en día, el lenguaje «texto» pone en peligro todas las lenguas de la tierra, incluida la inglesa, por mucho que ésta sea la que utiliza en sus intervenciones el brazo armado de las compañías multinacionales.

El lenguaje «texto», lejos de ser una moda joven, progre e inocua capaz de suscitar la sonrisa comprensiva de las generaciones ya instaladas, es una auténtica bomba de relojería que los nuevos señores del dinero nos han dejado bajo la cama. Oponerse a su difusión no es oponerse al necesario mestizaje, a los préstamos tomados de otras culturas o a la evolución tranquila de las viejas lenguas -en nuestro caso, del castellano-, pues los pueblos, con su infinita sabiduría, ya se encargan de ello, sino desoír las órdenes pseudolibertarias dictadas subliminalmente con propósito destructor desde los despachos de altos ejecutivos.

Concuerdo con quienes opinan que la globalización neoliberal, con su obsceno mercantilismo, es una nueva Guerra Mundial (la cuarta, tras la tercera que fue la Guerra Fría). Mata con lentitud, pero mata igual que las anteriores. Sin embargo, no es cierto que estemos indefensos para combatir: como dijo el poeta, nos queda la palabra, y el castellano, bien hablado y bien escrito, puede ser un arma sumamente eficaz.

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