RebeldeMule

BUNGE, Mario (1919-2020)

Libros, autores, cómics, publicaciones, colecciones...

BUNGE, Mario (1919-2020)

Nota Sab Feb 20, 2010 2:02 am
Mario Bunge

Portada
(wikipedia | dialnet)


Introducción

En Biografías y Vidas se escribió:Buenos Aires (Argentina), 1919. Físico y filósofo de la ciencia argentino. Tras realizar sus estudios secundarios en el Colegio Nacional de Buenos Aires, se doctoró en Física y Matemáticas por la Universidad de La Plata, y estudió Física Nuclear en el Observatorio astronómico de Córdoba. Compaginó ya por entonces su dedicación a la ciencia con el interés por la filosofía, fundando la revista Minerva en 1944. Fue profesor de Física (1956-1958) y de Filosofía (1957-1962) en la Universidad de Buenos Aires, y desde 1962 fue profesor de Filosofía en la McGill University de Montreal. En 1982 fue galardonado con el Premio Príncipe de Asturias de Humanidades.

Interesado principalmente por la lógica de la ciencia y los problemas del conocimiento científico, ha tratado de construir una filosofía científica (más precisamente, una metafísica) que tuviera en cuenta tanto el conocimiento elaborado por la ciencia como el método utilizado por quienes la practican, entendiendo que este último es un proceso que no está exclusivamente supeditado ni a la experiencia ni a la teoría.

Aunque la concepción de la ciencia elaborada por Bunge concede importancia al desarrollo de la investigación científica en la historia, su orientación está principalmente dirigida al análisis formal de dicho desarrollo, y se aparta de la insistencia en los aspectos históricos, psicológicos y sociales propia de enfoques como los de T. S. Kuhn y P. K. Feyerabend.

Defensor de un realismo crítico basado en una ontología materialista y pluralista, ha mantenido una actitud beligerante ante el psicoanálisis, al que considera una pseudociencia supeditada a la aceptación acrítica de la doctrina de Freud como argumento de autoridad; en un sentido análogo, considera que el marxismo no ha conseguido superar la condición ideológica de sistema de creencias a causa de su repetición también acrítica de las enseñanzas de Marx.

Como obras principales del autor cabe citar Temas de educación popular (1943); La edad del Universo (1955); Causalidad: el principio de causalidad en la ciencia moderna (1959); La ciencia, su método y su filosofía (1959); Ética y ciencia (1960); Intuición y ciencia (1962); El mito de la simplicidad (1963); La ciencia (1963); La investigación científica, su estrategia y su filosofía (1967); Los fundamentos de la física (1967); Teoría y realidad (1972); Filosofía de la física (1973); Semántica (1974); Tecnología y filosofía (1976); Epistemología (1980); El problema mente-cerebro (1980); Ciencia y desarrollo (1980); Materialismo y ciencia (1981); Economía y filosofía (1982); Lingüística y filosofía (1982); Controversias en física (1983); Seudociencia e ideología (1985); Racionalidad y realismo (1985); Intuición y razón (1986); Filosofía de la psicología (1987) y Mente y sociedad. Ensayos irritantes (1989).

Su sistema filosófico está expuesto en los ocho volúmenes que integran su Tratado de filosofía básica (1974-1989), titulados respectivamente Sentido y referencia (1974); Interpretación y verdad (1974); El mobiliario del mundo (1977); Un mundo de sistemas (1979); Explorando el mundo (1983); Comprendiendo el mundo (1983); Filosofía de la ciencia y la tecnología (1985) y Ética: lo bueno y lo justo (1989).





Ensayo





Artículos



[ Add all 12 links to your ed2k client ]

Nota Sab Feb 20, 2010 2:03 am
fuente: http://www.sinpermiso.info/textos/index.php?id=2592


El auténtico socialismo renacerá sobre las cenizas del capitalismo


Portada



Mario Bunge

SinPermiso // 24 mayo 2009



    El artículo que reproducimos a continuación es la conclusión de una conferencia dictada recientemente en Lima por Mario Bunge, el filósofo latinoamericano más importante e internacionalmente reconocido del siglo XX. El texto completo, “El socialismo, ayer, hoy y mañana” –que está también en la base de dos conferencias que el autor pronunciará esta semana en Barcelona y en Madrid—, será publicado próximamente en la versión en papel de SinPermiso semestral. El texto fue amablemente enviado por su autor a nuestra redactora en Buenos Aires María Julia Bertomeu, de cuyo padre, el físico argentino Ernesto-Jorge Bertomeu (1917-2006), fue Mario Bunge entrañable amigo y compañero de estudios.

La sociedad capitalista, caracterizada por el llamado mercado libre, está en grave crisis. Aunque los políticos y sus economistas nos prometen que eventualmente saldremos de ella, no nos dicen cómo ni cuándo. No pueden hacerlo porque carecen de teorías económicas y políticas correctas: sólo disponen de modelos matemáticos irrealistas y de consignas ideológicas apolilladas. Esto vale no sólo para los dirigentes neoliberales sino también para los socialistas, tanto los moderados como los autoritarios. Los neoliberales no nos explican la alquimia que transformaría la libertad de empresa y de comercio en prosperidad; y los pocos marxistas que quedan se regocijan con la crisis que profetizaron tantas veces, pero no proponen ideas nuevas y realistas para reconstruir la sociedad sobre bases más justas y sostenibles.

Yo creo que hay motivos prácticos y morales para preferir el socialismo auténtico al capitalismo, y que la construcción del socialismo no requiere la restricción de la democracia sino, muy por el contrario, su ampliación, del terreno político a todos los demás. Esto es lo que llamo democracia integral: biológica, económica, cultural y política [1] (Bunge, 1979). Semejante sociedad sería inclusiva: no habría exclusiones por sexo ni por raza, ni explotación económica, ni cultura exclusivista, ni opresión política.

Se preguntará, con razón, si ésta no será una utopía más, y mi postura la de un cantamañanas. Mi respuesta es que la democracia integral podrá tardar varios siglos en realizarse, pero que su embrión nació hace ya más de un siglo, cuando se constituyeron las primeras cooperativas de producción y trabajo en Italia, sobre la base de empresas capitalistas fallidas. Un ejemplo parecido, más reciente y modesto, es el movimiento argentino de las fábricas recuperadas; éstas fueron las empresas que, cuando fueron abandonadas por sus dueños por considerarlas improductivas, fueron ocupadas y reactivadas por sus trabajadores [2]. Estos son ejemplos en pequeña escala de socialismo cooperativista.

Si en los EE.UU. hubiera sindicatos y partidos políticos progresistas, éstos aprovecharían la ocasión actual y transformarían en cooperativas las grandes empresas en bancacarrota, tales como General Motors y AIG. Obviamente, semejante cambio requiere la anuencia de los poderes públicos, ya que involucra el reconocimiento legal de las empresas “recuperadas” por sus empleados, cosa que ocurrió en Argentina. Pero lo que ha estado haciendo el gobierno norteamericano desde fines del 2008 es usar dineros públicos para rescatar esas empresas privadas fallidas por mala gestión. O sea, ha estado haciendo lo opuesto de Robin Hood. Garrett Hardin [3] lo llamó “socializar las pérdidas y privatizar las ganancias”.

En resumen, un programa realista para los partidos socialistas partiría de la consigna de la Revolución Francesa, agregándole participación y competencia en la gestión del Estado. El medio para realizar este ideal de la democracia integral es: Ir construyéndola de a poco y desde abajo con las cenizas del capitalismo en tren de autocombustión. O sea, multiplicar las cooperativas y mutualidades, renovar los partidos socialistas con una fuerte dosis de ciencia y tecnología sociales, fortalecer los sindicatos independientes, fundar centros de estudios de la realidad social y multiplicar las bibliotecas y universidades populares.

En suma, el socialismo tiene porvenir si se propone ir socializando gradualmente todos los sectores de la sociedad. Su finalidad sería ampliar el Estado liberal y asistencial para construir un socialismo democrático y cooperativista. Este pondría en práctica una versión actualizada de la consigna de la Revolución Francesa de 1789, a saber: libertad, igualdad, fraternidad, participación e idoneidad.





Notas al pie de página

    [1] Mario Bunge, Treatise on Basic Philosophy, tomo 4: A World of Systems. Dordrecht, Boston: D. Reidel, 1979.

    [2] J. Rebón e I. Saavedra: Empresas recuperadas: La autogesión de los trabajadores. Buenos Aires, Capital Intelectual, 2006.

    [3] Garrett Hardin: Filters Against Folly. Nueva York, Londres, Penguin Books, 1985.

BUNGE, Mario (1919-2020)

Nota Vie Jul 23, 2010 12:09 pm
Copio aquí una polémica entre Jordi Soler Alomà y Mario Bunge, no porque me parezca que ninguno de los dos tiene razón, sino porque las exposiciones de Bunge, que para mi gusto anda muy errado en sus pretensión de hacer una "filosofía científica" (flamante contradictio in adjectio), tiene la gran virtud de ser muy clara, por lo que puede valer para analizar los prejuicios de la que está plagada. Y esos prejuicios no son privativos de Bunge, sino que forman parte de la ideología dominante.


Mario Bunge



Jordi Soler Alomà. Doctor en filosofía.

Rebelión // 25 de abril de 2010



"En este artículo voy a criticar, con gran pesar, a un amigo intelectual al que admiro con toda mi alma y a quien considero el mejor filósofo de la ciencia de todos los tiempos: Mario Bunge, porque soy más amigo de la verdad que de él. (Aristóteles dijo en griego, aunque se cite en latín, Amicus Plato, sed magis amica veritas, que significa “soy amigo de Platón, pero soy más amigo de la verdad” a mi no me queda más remedio que ser más amigo de la verdad que de Bunge).

Coincido con Mario Bunge en todo su arduo peregrinaje iconoclasta, durante el cual, con gran autoridad y magisterio, desenmascara impostores y proyecta poderosos haces de luz a través de las tinieblas de la pseudofilosofía y la pseudociencia.

Llega un momento, empero, en que ya no puedo seguir al lado del maestro; en este punto del camino hay un cartel con el rótulo “MARX”, y una bifurcación con dos indicadores, uno para el lado izquierdo donde pone “Lectores de Marx” y otro para el lado derecho con el rótulo “Opinantes sobre Marx”. Yo tomo el sendero de la izquierda, mientras que Bunge toma el mejor pavimentado camino de la derecha.

Realicé mi tesis doctoral sobre el concepto más problemático del denso y profundo pensamiento de Karl Marx: el concepto de alienación. Me vi obligado, por lo tanto, a estudiar la voluminosa producción intelectual de Marx, y a analizar la extensísima bibliografía existente sobre el genial pensador. Por consiguiente, creo que tengo permiso para hablar de Marx y de marxismo con conocimiento de causa.

Es sabido que Marx, en vista de las especies que algunos de sus seguidores (entre los cuales se hallaban sus dos yernos) propalaban como marxismo, espetó la célebre frase “¡yo no soy marxista!” Pues bien, a través de mi fatigoso análisis pude comprobar que, efectivamente, el pensamiento de Marx y el marxismo son dos cosas distintas, que raramente coinciden y que en algunas ocasiones incluso llegan a ser opuestas. A algunos escritores marxistas se les ve a la legua que no han leído ni siquiera el primer tomo de Das Kapital, la obra más importante de Marx, y en otros es vergonzosamente evidente que no han leído directamente a Marx, sino obras de autores que han escrito sobre él. En la época en que ser marxista confería un cierto prestigio había mucho “intelectual marxista”. Algunos de ellos ahora son neocons o socialdemócratas (todos nadan en la misma charca).

El amigo Bunge, que es tan sutil a la hora de expulsar del templo de la ciencia a los mercaderes de la pseudociencia (Jun, Freud & Co), y tan fino a la hora de distinguir lo que es verdadero pensamiento filosófico de lo que no es más que charlatanería de feria (Feyerabend, Heidegger & Co) no es capaz de distinguir entre el pensamiento de Marx y el marxismo, a los que mete en el mismo saco. No sólo eso: atribuye a Marx doctrinas parafilosóficas que no son suyas (como el materialismo dialéctico, un invento del marxismo leninismo mal cocinado a partir de ciertos esbozos de Engels, y que es una asignatura pendiente de la filosofía, que no ha sabido dar cuenta cabal del mismo).

Cuando Mario Bunge se refiere a Marx, lo hace desde su pedestal de filósofo científico que está por encima de todo, tratando a Marx como “perro muerto”, tal como hicieron en su tiempo con Hegel, cosa que provocó las protestas de Marx (quien no obstante fue su crítico más profundo).

La actitud que tiene Bunge hacia Marx proviene del hecho de que, al contrario que su admirado colega Piaget, es alérgico a la dialéctica, y por ello no se puede enfrentar sin prejuicios a la obra de Marx, porque toda ella transpira dialéctica. Parece ser que para Bunge, todo lo que no se pueda poner en forma matemática, no es científico, y si no es científico, no tiene interés alguno. Bunge no puede admitir que la dialéctica es la lógica (el logos) del movimiento de lo viviente y de lo pensante: para él sólo existe la lógica matemática, y no soporta que la dialéctica soslaye el sagrado dogma del principio de no contradicción. La física (especialidad de Bunge) no puede explicar procesos como el movimiento del pensamiento (por ejemplo cuando abstrae de lo concreto para volver a concretarlo sobre una base conceptual); como máximo, y con la ayuda de la química y de la neurología, puede averiguar los intercambios intersinápticos que envuelve este hecho y en qué partes del cerebro predomina la actividad neuronal. Este proceso, según Marx y Piaget, es dialéctico.

Pero, si bien le podemos perdonar a Bunge el pecado de no comulgar con la dialéctica (la cual, a pesar suyo, usa sistemáticamente a lo largo de toda su obra) no le podemos pasar por alto la superficialidad y la soberbia con la que trata al pensador más importante de todos los tiempos, a quien a veces cae en la bajeza de atacar en lo personal (indirectamente lo hizo en un artículo publicado recientemente en Rebelión, cuando lo acusa de publicar artículos de Engels bajo su firma; si no sabe por qué motivo sucedió eso, lo mejor es callarse, y si lo sabe, es una impostura indigna de un sabio; en ambos casos es una falacia, y las falacias se usan a falta de argumentos sólidos).

En el artículo “Del mal metafísico al bien público” escribe Bunge:

Recordemos dos casos que, aunque muy diferentes, se parecen en que ponen en evidencia la necesidad de construir una visión inteligente del porvenir en lugar de dejarse arrastrar por la corriente o de escuchar los llamados de individuos aquejados de mal metafísico… El primer caso es el de los autores de las dos revoluciones rusas de 1917. La primera fracasó porque los socialistas de Kerensky no ofrecieron lo que quería la gente: paz y pan. La segunda revolución, encabezada por Lenin, no fue guiada sino por dos objetivos: la paz y el desmantelamiento del orden semifeudal. Los bolcheviques no tenían una visión de la nueva sociedad porque creían que ella vendría espontáneamente. Siguiendo a Marx [y Engels], creían que planear el futuro era sueño utópico.

¿Así que “siguiendo a Marx”? ¿Dónde dijo Marx que no había que planificar la sociedad del futuro? ¿No dijo Marx que sin una buena teoría no puede haber una buena práctica? ¿Si la práctica es la revolución la teoría no involucra el nuevo modelo de sociedad, es decir, el sentido de la revolución? Precisamente durante el establecimiento de la Comuna de París lo que más preocupaba a Marx era que no había un diseño claro del nuevo modelo y que todo debía irse improvisando (así y todo, fue el momento histórico más democrático que ha vivido Francia). Bunge sólo tiene razón en que los bolcheviques no habían diseñado el nuevo modelo, pero es falso que fueran tan ingenuos como para creer que la nueva sociedad vendría espontáneamente (“siguiendo a Marx i Engels”). ¡Che, Mario, no seás tan boludo, viejo!

En su obra “La relación entre filosofía y sociología” escribe, en la página 25 (EDAF), que Marx, por culpa de su adhesión a su héroe Hegel (sic), no aportó ninguna nueva técnica a la filosofía. En primer lugar, si Hegel tuvo un crítico radical, objetivo y contundente después de Feuerbach este fue Marx. No fue la “adhesión a su héroe” lo que le impidió a Marx penetrar en la esencia de la mercancía; su eficaz y original enfoque dialéctico al efectuar el análisis constituye una nueva metodología y, por tanto, un aporte histórico no sólo a la filosofía sino también a la ciencia. Además: si bien la técnica de abstraer del contexto, que Marx también aplicó al análisis de la mercancía, ya vigía desde la época de los griegos (y es un proceso fundamental en todas las ciencias que matematizan), Marx innovó también al aportar la técnica para investigar en lo a priori, que otros filósofos sólo habían nombrado e imaginado como algo muy elemental, para poner de manifiesto todo lo dado por supuesto, desvelar las reglas del juego que ya encontramos de antemano como preestablecidas y que nunca nos cuestionamos porque el hecho de no cuestionárselas forma parte del juego. Esto le permite desentrañar la esencia más escondida: la del dinero (que es el valor, una relación social “cosificada”), contribuyendo por lo tanto a poner en evidencia en qué consiste lo que Aristóteles veía como la causa de todos los males de la sociedad. Marx descubrió que lo a priori es mucho más complejo de lo que se había imaginado por ejemplo Kant, y demostró que nuestra práctica diaria está llena de juicios sintéticos a priori dialécticos, de los cuales no somos conscientes.

Más adelante [p. 31] Bunge acusa a Marx de concebir el individuo como un elemento pasivo en una red que lo controla. En primer lugar, va de suyo que si Marx hubiera creído eso no se hubiera molestado en escribir sobre la revolución, la cual supone un papel activo y consciente del individuo (la revolución es un proceso objetivo y subjetivo). Por otro lado, tampoco habría afirmado que la teoría se convierte en una fuerza material cuando es asimilada por la gente (“cuando prende en las masas”). Si bien es cierto que Marx concebía la sociedad como alienada, tanto objetiva como subjetivamente, precisamente la única manera que concebía de salir de esta situación histórica era a través de la autoliberación de las consciencias mediante la crítica de la ideología, que es al mismo tiempo una “autocrítica”, porque la ideología la llevamos dentro. (Por cierto, a pesar de la importancia del concepto de alienación en el pensamiento de Marx, Bunge no lo menciona ni una sola vez).

Una páginas después [p. 39] dice Bunge que la teoría de Marx ha fracasado (y se queda tan ancho). En este punto comete la frivolidad de la que acusa a otros: descalificar sin pruebas. Cuando se hacen afirmaciones de este calibre, amigo, hay que argumentarlas sólidamente; no se puede soltar la frase y quedarse tan tranquilo. Si fracasó como teoría, hay que aportar datos sobre quién, dónde y cuándo demostró que la teoría de Marx no era consistente; si fue en la práctica (que es por donde me imagino que van los tiros) se trata de una falacia, porque, lamentablemente, Marx no llegó a diseñar un modelo de sociedad (aún tenía que terminar los tomos II i III de Das Kapital, y un cuarto tomo que tenía en mente).

En la pág. 45 atribuye a Marx una frase sacada de contexto “la violencia es la comadrona de la historia”, y acusa a Marx de partidario de la violencia. Cuando Marx menciona la violencia lo hace en el contexto de la lucha de clases. Tal como dice en el Manifiesto, “la historia, hasta nuestros días, ha sido la historia de las luchas de clases”. Es sabido que quien ejerce la violencia es precisamente la clase que tiene el poder y que oprime a las clases subyugadas, y que no duda en enviar las fuerzas represivas, incluso el ejército si hace falta, para reprimir las protestas contra el orden establecido; por lo tanto, si no hay otro medio, las clases oprimidas deberán derrocar el poder opresor con medios materiales. ¿Alguien es tan ingenuo de creer que, por ejemplo, la red mafiosa del capital especulativo va a renunciar a su poder a favor de una sociedad más justa si intentamos conmover a esos vampiros inhumanos a través de buenas palabras? ¿No se ha podido comprobar la calaña de estos personajes carentes de moral y de escrúpulos cuando se los ha subvencionado con dinero público y ya están conspirando, aprovechándose de la crisis, para especular contra los propios países que los han salvado del desastre? Antes que perder su poder el capital es capaz de volver a iniciar otra guerra mundial, soltando los perros del fascismo, el cual están dejando crecer y organizarse en Europa y USA, o lo que haga falta. Precisamente describiendo este tipo de situación histórica Marx escribe, en Das Kapital, que “La violencia es la comadrona de toda sociedad vieja que lleva en sus entrañas otra nueva”; ¿por qué? Pues porque la vieja sociedad, con todo su entramado de chanchullos, cargos, prebendas y privilegios, no está dispuesta a una transformación que implique la desaparición de esa estructura, resistiéndose con uñas y dientes… y esto no es más que una constatación histórica, no un eslogan a favor de la violencia, que es lo que Bunge atribuye a Marx.

En fin, amigo Bunge, te recomiendo que, pertrechado con toda tu sabiduría pero también con un poco de humildad, te leas, si más no, el primer tomo de El Capital.



fuente: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=104702

fuente: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=110207



Marx y los marxistas



Mario Bunge

Rebelión // 23 de julio de 2010




En su artículo “Mario Bunge”, publicado en un número reciente de la revista Rebelión, el Doctor Jordi Soler Alemà sostiene que concuerda con mi filosofía de la ciencia, pero critica algunas de mis afirmaciones sobre Marx. Comentaré brevemente algunas de sus críticas.

La más seria de las acusaciones de mi crítico es que cometo la “falacia” de afirmar que algunos de los artículos que publicó el New York Daily Tribune con la firma de Karl Marx fueron escritos por su colaborador, amigo y benefactor Friedrich Engels. Confieso que yo no obtuve esta información consultando los tomos 38 y 39 de la versión inglesa de las obras completas de Marx y Engels. La saqué de la biografía de Engels, tan bien documentada como objetiva, debida a Tristram Hunt, Marx’s General (New York: Henry Holt, 2009), pp. 196-197.

Otra acusación del Doctor Soler es que confundo a Marx con los marxistas y que, como muchos de éstos, sólo uso fuentes secundarias. Admito que no he leído los 50 tomos de la obras completas de Marx y Engels. Pero sí he leído las más conocidas de ellas, y traduje al castellano el grueso tomo de la correspondencia escogida de ambos pensadores, así como la segunda mitad de la Dialéctica de la naturaleza, de Engels. También impartí el primer el curso sobre filosofía marxista en la universidad canadiense McGill. En este curso me limité a algunas obras de Marx, Engels y Lenin. No lo repetí porque encontré que muchos estudiantes estaban más familiarizados que yo con la hagiografía marxista. Por ejemplo, algunos habían leído a Louis Althusser, a quien yo no trago. En resumen, aunque no soy hagiógrafo de Marx, tampoco lo desconozco tanto como presume el Doctor Soler.

El Doctor Soler me reprocha el no haberme ocupado de la alienación, tema de su tesis doctoral. Es verdad, y el motivo es que, si bien se ocuparon de este tema el joven Marx, así como Rousseau y Hegel, en mi opinión dejó de ser un problema filosófico, para convertirse en un problema científico, en cuanto nació la psicolgía social. En 1974, cuando coincidí en un congreso mundial de sociología con el director del Instituto de Sociología de la ex-URSS, le pregunté qué problemas estaban investigando. (Este instituto, organizado recién en 1957, formaba parte del Instituto de Filosofía, y sus miembros habían estudiado flosofía, no sociología.) Me contó que el problema que más les interesaba en ese momento era el de la alienación que sentían los jóvenes cuando pasaban del colegio secundario al Mercado de trabajo. Esa transición era traumática, porque la realidad que enfrentaban en el trabajo estaba muy lejos de los nobles ideales que les habían enseñado sus profesores. El investigador de marras agregó que este hecho falseaba la hipótesis de Marx, de que la alienación es característica de la sociedad de clases, de modo que no debiera existir en la URSS, por ser una sociedad socialista. Mi interpretación era que la hipótesis falsa era la de que la sociedad soviética fuese socialista.

Pero dejemos las recriminaciones y vayamos a algo más interesante: mis principales discrepancias con Marx, el gran economista y activista social. Ellas son las siete siguientes, que he expuesto en detalle o esquemáticamente en varios de mis libros.

    1. Dialéctica. He sostenido que las llamadas leyes de la dialéctica, tales como fueran formuladas por Engels y Lenin, son falsas en la medida en que son inteligibles. La primera “ley”, de la lucha y unidad de los opuestos, es falseada por la existencia de cosas simples, tales como los electrones y los fotones. Y no todas las cosas complicadas, tales como los seres vivos y las empresas, están divididas en mitades que “luchan” entre sí. Por ejemplo, que yo sepa, el Doctor Soler no es esquizofrénico. La segunda “ley”, de la “negación” de la “negación”, es incomprensible mientras no se aclare qué se entiende por “negación” ni por “sublación” (Aufhebung) en el plano óntico. Dudo que mis nietos sepan que son dobles negaciones de su abuelo. Finalmente, la tercera “ley” dialéctica, la de la “transformación de cantidad en cualidad”, no tiene sentido en esta formulación, ya que toda cantidad física es cantidad de algo (agua, hierro, o lo que fuere) que posee ciertas cualidades (propiedades). Lo que sí tiene sentido y es verdadera es la afirmación de que hay puntos críticos o cambios de fase, o incluso de especie, tales como la evaporación y la transmutación de elementos. En todo caso, una ontología seria no puede resumirse en tres enunciados, menos aun si están formulados en un lenguaje impreciso. Pero no hay por qué angustiarse por esto ya que, según me aseguró un filósofo soviético, Marx emplea la palabra ‘dialéctica’ solamente seis veces en su obra maestra.

    2. Admiración por Hegel. Tanto Marx como Engels y Lenin sintieron siempre una admiración desmesurada por Hegel, a quien yo considero como el más hermético y pernicioso de los filósofos de la Contra-Ilustración. Engels examinó la ciencia de su tiempo para corroborar su conjetura de que Hegel había sido su profeta. Y Lenin declaró que “la dialéctica es el álgebra de la revolución” y desperdició todo un año de su exilio en Zürich estudiando y anotando la “gran” Lógica de Hegel, en lugar de estudiar y criticar la sociología que estaba naciendo al mismo tiempo. El culto de Hegel fue parte de la ideología comunista hasta hace poco. Irónicamente, mientras Alemania estuvo dividida en dos, hubo una Hegel Gesellschaft, con su anuario correspondiente, en cada una de ellas. Es verdad que Marx y Engels criticaron el idealismo de Hegel, pero se les escapó su culto del absurdo y su rechazo de toda la ciencia moderna. Engels incluso repitió la afirmación de Hegel, de que las leyes de Newton se deducen de las de Kepler. Ni él ni Hegel sabían que lo particular no puede implicar a lo general. Este desprecio de los marxistas por la lógica formal tuvo dos consecuencias nefastas. Una fue el ataque a los primeros matemáticos rusos que se atrevieron a hacer lógica moderna. La otra consecuencia fue la tesis, que comparte el Doctor Soler, de que la “lógica dialéctica” es la teoría del cambio, mientras que la lógica matemática es estática. Esta tesis es triplemente absurda. Primero, porque confunde lógica con ontología, lo que es explicable en un idealista objetivo como Hegel, pero inadmisible en un materialista. Segundo, porque el estudio científico del cambio no es apriorista sino que tiene un componente empírico. Tercero, porque la lógica dialéctica no existe fuera de un libro del difunto filósofo mexicano Eli de Gortari.

    3. Dualismo economía/cultura. En su Anti-Dühring Engels dividió la sociedad en dos partes: la infraestructura material, o economía, y la superestructura ideal (todo lo demás). Yo sostengo que esta es una transposición del dualismo cuerpo/mente, de la psicología precientífica a la ciencia social. Un materialista consecuente distinguirá distintos subsistemas en toda sociedad (p. ej., economía, política y cultura), pero concebirá cada uno de esos subsistemas como un sistema material, por estar constituído por entes materiales: personas y artefactos.

    4. Economismo. Entiendo por ‘economismo’ la tesis de que la economía es el primer motor de la sociedad. Marx y Engels defendieron esta tesis, y hoy día es compartida por Gary Becker y otros influyentes miembros de la Escuela de Chicago. Yo creo que vale a veces, pero otras no. Por ejemplo, la secularización, la alfabetizaciónn masiva y la democracia política (o “formal”) fueron tan revolucionarias como los cambios de modo de producción y de régimen de propiedad. Y nadie niega la potencia de las grandes innovaciones generadas por ciertos inventos, pero los marxistas aun debaten la cuestión de si la tecnología pertenece a la infraestructua o a la superestructura.

    5. Pragmatismo. En la más famosa de sus tesis sobre Feuerbach, y que figura en su loa sepulcral, Marx afirmó que ya era hora de que los filósofos pasasen, de “interpretar” el mundo, a cambiarlo. Yo interpreto este enunciado ambiguo como un llamado a la praxis social sin ciencia social y, en particular, sin sociología. Imagino que los exégetas de Marx proponen interpretaciones diferentes. Pero el hecho es que, en el curso del último siglo, las ciencias sociales se desarrollaron casi exclusivamente fuera del marco marxista. Las excepciones fueron la antropología y la arqueología rusas y los historiadores marxistas británicos de la segunda mitad del siglo pasado. En particular, el derrumbe de la URSS tomó por sorpresa a los estudiosos marxistas dentro y fuera de esa nación. porque se habían especializado en criticar al capitalismo, no en investigar las graves fallas del llamado “socialismo realmente existente”. O sea, la adhesión dogmática a unas ideas que fueron originales en siglo XIX les impidió ver lo que pasaba delante de sus narices.

    6. Planeación. Yo sostengo que ni Marx ni Engels ni Lenin esbozaron planes para después de la revolución proletaria. Creían que ésta sería una consecuencia automática de la “rebelión del modo de producción contra la forma de intercambio”, como escribió crípticamente Engels hacia el final de su Socialismo utópico y científico (1880). La planeación le pareció cosa de los socialistas utópicos. Y Lenin llegó a decir que sería tan simple como un juego de niños. El resultado es que los bolcheviques no empezaron a reconstruir la sociedad sino una década después, cuando se inició el Primer Plan Quinquenal, que tuvo un éxito sensacional. Creo que esta tardanza se explica por tres motivos: la necesidad de pelear contra las 14 fuerzas invasoras extranjeras, sí como contra los enemigos internos, tanto reales como imaginarios; la creencia en el determinismo histórico de Hegel y Marx; y el hecho de que el único revolucionario comunista con experiencia empresarial fue Engels, muerto dos décadas antes de la Revolución de Octubre. Todos los revolucionarios de Octubre fueron, o bien intelectuales, o bien revolcionarios profesionales.

    7. Dictadura del proletariado. En 1848 Marx, con ayuda de Engels, inventó el comunismo moderno al concebir el Manifiesto Comunista. Pero lo abortó en 1875 cuando criticó el programa de Gotha, del partido socialista alemán. El primer documento (que no tuvo la menor influencia en su tiempo) proclamó la necesidad e inevitabilidad de la “emancipación universal”, en tanto que el segundo criticó las libertades “burguesas” y propuso que, al subir al poder, los socialistas debían implantar la “dictadura del proletariado”. Tanto Marx como sus sucesores aseguraron que esta dictadura se “marchitaría” con el tiempo, pero no explicaron el mecanismo de semejante marchitamiento: su afirmación fue uno de los tantos dogmas de Marx y sus sucesores. Lo peor del caso es que la dictadura es lo opuesto de la socialización, y que la socialización de las fuerzas productivas es imposible bajo una dictadura. Socializar es compartir, y no hay comunidad allí donde una pequeña minoría, tal como un partido político, impone sus intereses y sus ideas a la mayoría de la gente.

    Marx remplazó su noble idea inicial, de emancipar a todo el mundo y construir una sociedad de socios, por la idea siniestra de la dictadura del proletariado. Ya sabemos que ésta acabó en desastre y, para peor, desacreditó al socialismo.

Termino. Los socialistas tienen dos caminos posibles. Uno es repetir los crímenes del socialismo estatista y los renuncios de la socialdemocracia o socialismo municipal. El otro camino es repensar y rehacer el socialismo como una ampliación de la democracia política, que incluya a todos los subsistemas de la sociedad: la economía, la política y la cultura. Esta es una de las tesis de mi Filosofía política (Barcelona y Buenos Aires: Gedisa, 2009).


Aquí me han llamado la atención varias simplezas impropias de alguien como Bunge al que se le supone aceptablemente informado. Concretamente en su intento de refutación de la dialéctica:

1. Dice Bunge: «La primera “ley”, de la lucha y unidad de los opuestos, es falseada por la existencia de cosas simples, tales como los electrones y los fotones.» No sé de dónde sacará Bunge la idea de que los electrones y los fotones son cosas simples, desde luego no de la mecánica cuántica, que es la rama de la ciencia que los estudia. Y llegados aquí no sé a qué llamará Bunge «cosas simples», pero me sospecho que no se refiere a cosas sino a conceptos en cuyo análisis no desea o no puede profundizar.

2. Sigue Bunge: «Y no todas las cosas complicadas, tales como los seres vivos y las empresas, están divididas en mitades que “luchan” entre sí. Por ejemplo, que yo sepa, el Doctor Soler no es esquizofrénico.» Lo primero que habría que decir es que nadie, excepto Bunge, ha pretendido nunca que la división sea en mitades, ni siquiera que sea entre dos elementos. Pero, prescindiendo de este despiste anecdótico, lo grave del asunto es que Bunge da por buena la idea de individuo (no dividido) para el ser humano, esto es un puro prejuicio. El ser humano es cambiante y contradictorio porque es complejo, eso sin necesidad de llegar a la esquizofrenia.

De estas joyas está plagado el escrito de Bunge. Valga por ejemplo cuando despacha a Althusser diciendo que "no lo traga". Yo tampoco trago a Bunge, pero eso no significa nada, hay que refutar sus teorías, no su persona.

fuente: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=110395



Aclaraciones al doctor Mario Bunge



Jordi Soler Alomà

Rebelión // 29 de julio de 2010




He leído atentamente la réplica publicada en Rebelión (23/07/2010) a mi artículo “Mario Bunge” por parte del homónimo Doctor. Lamentablemente, debo observar que su lectura de mi crítica no ha sido tan atenta, por lo que su réplica incurre en errores debidos a malentendidos.

El Dr. Bunge empieza diciendo que “la más seria de las acusaciones de mi crítico es que cometo la “falacia” de afirmar que algunos de los artículos que publicó el New York Daily Tribune con la firma de Karl Marx fueron escritos por su colaborador, amigo y benefactor Friedrich Engels”. Pues bien, en ningún momento niego yo que eso sea cierto, la falacia que le adjudico al Dr. Bunge es tratar de deteriorar la imagen de Marx con esa aducción, al no especificar que fue el propio Engels quien le pidió a Marx realizar esas contribuciones, en un momento en que Marx tenía trabajos mucho más urgentes e importantes que llevar a cabo.

Comparto con el Dr. Bunge su visión de Althusser, y de la hagiografía marxista, pero estoy convencido, porque es lo que infiero de la naturaleza de sus comentarios sobre Marx (típicos de quienes no han profundizado en su pensamiento), de que no ha leído cabalmente el primer tomo de Das Kapital (especialmente el primer capítulo, en lo cual, a su pesar, coincidiría nada menos que con ¡Althusser!).

Mantengo, por otro lado, mi tesis de que el Dr. Bunge confunde a Marx con los marxistas; pues sus imputaciones a Marx de errores de otros (Engels, Lenin, etc.) no hace más que corroborarlo.

El concepto de alineación en Marx no tiene nada que ver con los alienistas: es, simplemente, la escisión de nuestra especie y la asunción de este hecho como lo natural, pasando a formar parte del contenido a priori de la ideología. Por otro lado, no sé qué tiene que ver la URSS con Marx (otro tópico en el que incurre el Dr. Bunge sistemáticamente).

El Dr. Bunge prosigue su réplica de modo indirecto, exponiendo sus 7 desacuerdos con Marx. El primero no es con Marx, sino con sus “seguidores”, por lo tanto, ya son 6. El segundo es, simplemente, falso: Marx no era ningún devoto de Hegel; la prueba es que fue quien más aplaudió a Feuerbach cuando se atrevió a cuestionar al “gran maestro”, además de que Marx ejerció una dura crítica y la llevó a cabo la negación de la dialéctica hegeliana. Quedan 5.

El tercero es sobre Engels (quedan 4).

Sobre el cuarto, cabe aducir la famosa cita de que una idea se transforma en una fuerza material cuando prende en las masas (quedan 3).

Add 5: efectivamente, Marx dijo que lo más urgente era transformar la realidad, pero también dijo que sin una buena teoría no puede haber una buena práctica (quedan 2).

Add 6: Marx bastante trabajo tuvo con gestionar la Internacional y diseccionar el capitalismo en su Das Kapital como para tener que diseñar la sociedad del futuro. Por lo que hace a las afirmaciones de Engels, no son imputables a Marx (queda 1).

Add 7: el típico tópico de confundir el concepto de dictadura del proletariado con las dictaduras unipersonales u oligárquicas (como la financiera que rige ahora el mundo entero) con lo que vigió, por ejemplo, durante el período de la Comuna de París: Francia nunca ha conocido mayor grado de democracia. “Dictadura del proletariado” simplemente significa que el proletariado (que no se trata de una camarilla o de un partido) debe tomar medidas para que la reacción no vuelva a tomar el poder, tal como trágicamente sucedió con la Comuna, puesto que la dictadura del proletariado fue demasiado blanda, y no actuó a tiempo para evitar el ataque de los versalleses ayudados por Bismark; mutatis mutandis, es lo que sucedió, también, en Chile o en España: las fuerzas progresistas no fueron lo suficientemente ágiles para actuar a tiempo contra la reacción (sin olvidar, por supuesto, que ni los fascistas chilenos ni los españoles estaban solos).

Quedan 0.

En consecuencia, el Dr. Bunge no discrepa de Karl Marx, sino quizás de su fantasma (que aún “recorre Europa”).

Re: BUNGE, Mario

Nota Jue Jun 16, 2011 7:51 pm
Sabes si se puede conseguir los volumenes de Treatise on Basic Philosophy,?


Volver a Biblioteca

Antes de empezar, un par de cosas:

Puedes usar las redes sociales para enterarte de las novedades o ayudarnos a difundir lo que encuentres.
Si ahora no te apetece, puedes hacerlo cuando quieras con los botones de arriba.

Facebook Twitter
Telegram YouTube

Sí, usamos cookies. Puedes ver para qué las usamos y cómo quitarlas o simplemente puedes aceptarlo.