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¿Quiénes hicieron la huelga del 70? (A. Quitián, 2011)

Conferencias, charlas-debate, monólogos, discursos. Si Mahoma no va a la montaña...
¿Quiénes hicieron la huelga del 70?
Antonio Quitián (España, 2013)

Portada


Sinopsis:


En "Huelga de la construcción de 1970", en Mapa de la Memoria Histórica de Granada, en 2014, se escribió:Quizá el acontecimiento más tristemente famoso relacionado con el movimiento obrero granadino fue la huelga de la construcción de 1970. Su origen se encuentra en las reivindicaciones que el sector de la construcción realizó para el anteproyecto del convenio colectivo que debía debatir la Comisión Deliberadora provincial de la construcción. En ella estaban representados los principales dirigentes de las CCOO, Pepe Cid de la Rosa, Pedro Girón, Juan Verdejo y Luis Afán de Rivera, entre otros, así como algunos miembros del apostolado obrero de Granada como Antonio Quitián, José Godoy, Antonio Ganivet o Francisco Javier Prieto.

La negativa de la patronal a aceptar las mejoras propuestas por los trabajadores (reducción de los abanicos salariales, ocho horas de trabajo, 300 pesetas diarias para el peón, eliminación de horas extras y destajos, reducción de la eventualidad y despidos); terminó con la adhesión de los aproximadamente cuatro mil albañiles concentrados en asamblea a la propuesta de huelga.

La dirección de la misma recayó en las CCOO y algunos militantes de la HOAC, se inició el 21 de julio y fue la primera que se hacía en Granada desde la Guerra Civil. Rápidamente se extendió a todos los tajos de los barrios periféricos de Granada (Zaidín, Cartuja o la Virgencica), así como en los pueblos de alrededor.

Como es bien sabido, concluyó de manera trágica. La carga policial provocó la muerte de tres obreros frente al entonces edificio del sindicato vertical: el marmolista Cristóbal Ibáñez Encinas y los peones de albañil Manuel Sánchez Mesa, y Antonio Huertas Remigio.

La prensa del movimiento lanzó un ataque inmediato contra el clero granadino, acusándolo de haber provocado la huelga. El 28 de julio, el arzobispo de Granada, Benavent Escuin, publicó una carta pastoral en la que condenaba la brutalidad de la policía y defendía a los sacerdotes obreros que habían sido atacados por los diarios franquistas. Tras el encierro en la Catedral, el conflicto duró hasta el 29 de julio. Unos días más tarde, se firmó el convenio colectivo con algunas concesiones de la patronal (el salario del peón se fijó en 175 pesetas, el del oficial de primera en 195 pesetas y se consiguió una jornada laboral de 48 horas semanales), consituyento uno de los mejores convenios colectivos de España, superando a los establecidos en Madrid o en Sevilla.

Alejandro Ruiz Morillas, quien introduce la charla, en otra parte escribió:La huelga del 70 es muy importante por varias cuestiones. Primero, por los aprendizajes de cómo se funciona con un sindicato no institucionalizado, y sin liberados, que fue capaz de organizar una huelga provincial de seguimiento masivo. Segundo, porque actualmente los militantes no tenemos las cosas tan fáciles en nuestra relación con la gente; la mayor parte de los participantes de aquella huelga, aunque trabajaban en tajos distintos, vivían en barrios similares, y el trabajo de lo común, de lo compartido, de la conciencia de clase al fin, no lo habían hecho en el tajo, sino en el barrio (muchos militantes vivían en La Virgencica y eso era una célula por sí misma), y eso abre una cuestión fundamental: es necesaria la organización de la vida más cotidiana para poder facilitar los saltos sindicales, a la hora de sostener luchas de largo plazo (en las de corto es posible la lucha sindical sin más).


Ficha técnica


Intervenciones:

  • Antonio Quitián. Sacerdote católico aún en funciones y militante de la HOAC.




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fuente: https://interprofesionalgranada.wordpre ... dad-obrera



Seguir aprendiendo de la Huelga del 70. Solidaridad obrera



Asamblea Interprofesional de Granada

20 de julio de 2018




Por aquel tiempo los ramos más característicos de la economía en Granada eran la agricultura y la construcción. El tejido industrial era muy limitado. A este respecto cabe mencionar a Puleva, con toda la vasta red de vaquerías de que se servía; las Cervezas Alhambra, las minas de hierro de Alquife, se cuenta también con la fábrica Santa Bárbara (hoy General Dynamics) o, en la costa, la Celulosa Motrileña (hoy Torraspapel).

Las diferencias entre las rentas del trabajo y las del capital eran enormes. Granada era una de las provincias con un reparto de las rentas más desigual entre trabajadores y capitalistas y de menor nivel dentro de la misma clase trabajadora. De ello da cuenta la pérdida de población que viene sufriendo la provincia. Se estima que entre 1950 y 1970 la provincia de Granada perdió casi 300.000 habitantes por medio de la emigración forzada.

En esos años el sector de la construcción está en auge y va cobrando un elevado peso específico dentro de los distintos ramos de la economía. La demanda de fuerza de trabajo era elevada en un sector de uso extensivo de la mano de obra como característica. Esto contribuye a una fuerte llegada de mano de obra del campo que se instala en la periferia de la ciudad con condiciones de vida paupérrimas, con condiciones de habitabilidad insalubres y con apenas infraestructura urbana básica. Esta clase obrera recién urbanizada se encuentra en una dinámica de mayor mercantilización y mayor dependencia del trabajo asalariado, por tanto, en condiciones de mayor supeditación al capital. Pero en modo alguno significa por ello que reine la resignación entre los subordinados a los patronos. Alguna otra parte de la población obrera de la ciudad, en concreto del Albaicín, también es trasladada a estos barrios. Se genera un fenómeno de cierto barraquismo urbano que culmina en la creación de barrios obreros como el de la Virgencica. Estamos en los albores de la aparición de la Chana, Cartuja y demás barrios que junto a poblaciones como Maracena conformarán el cinturón rojo de la capital. Resaltar que las condiciones de vida son calamitosas. Están ligadas a unas condiciones laborales miserables.

Este es el paisaje de aquellos tiempos en la ciudad y su área metropolitana más próxima. Sobre los escombros de esta sociedad se iba a desarrollar el proceso social, político y económico que culmina con una importante huelga que deja una impronta que aún se conserva en la memoria viva de muchos trabajadores y trabajadoras.

La Huelga del 70 fue la primera gran movilización laboral en la provincia de Granada desde 1936. Apenas unos meses antes, en Sevilla, tuvo lugar la primera huelga sectorial de la construcción en dicho periodo. Este hecho, junto a otros, permite conectar la Huelga del 70 con un fenómeno que iba más allá de las condiciones de vida y trabajo concretas de la clase obrera granadina. No se puede pasar por alto la dura represión de capital con el gobierno fascista en el poder y, dentro de ese contexto de fuertes antagonismos, nos encontramos con una elevada capacidad de organización, que si bien no podía destacar aún por su combatividad, ya que se desarrollaba en condiciones de clandestinidad, sí que lo hacía por su firmeza, compromiso, unidad, espíritu militante, solidaridad de clase y una perspectiva de clase.

Más allá de historia concreta (con nombres y apellidos, aventuras y desventuras) acerca de la organizaciones sindicales, obreras y populares existentes, lo que cabe destacar por encima de las singularidades es la existencia de una práctica obrera y sindical a ras de suelo, a pie de tajo, en la calle. Esta práctica era habitual en las pocas organizaciones obreras y populares que existían. En condiciones de clandestinidad y con gran carestía de medios, el espíritu militante de muchos trabajadores y trabajadoras, con la vista puesta más allá del horizonte del sindicalismo y las cuestiones de primera necesidad, hacía que no hubiese excusa posible para lograr unir a la clase en sus demandas. A través de esas prácticas la clase trabajadora iba resolviendo dudas y problemas sobre la marcha. Esas organizaciones eran herramientas útiles a la clase y eso para muchísimos trabajadores y trabajadoras era una evidencia del tamaño del sol.

Los problemas acerca de cómo y cuánto los patronos explotan a los trabajadores, por tanto las fatigas para sobrevivir, la carestía de la vida, etc., no eran las únicas preocupaciones. No eran el único foco de atención, por más que imperasen los problemas económicos de primera necesidad. En algunas de las reivindicaciones de la huelga del 70 este sentido social y político (que trasgrede lo económico) también se hace notar. A este respecto, a modo de ejemplo, sirva señalar que la petición de prohibición de las horas extras no sólo está ligada a rebajar la tasa de explotación, ni porque o bien no se pagarán o se “malpagarán”. La petición de prohibición de las horas extras estaba ligada a la preocupación por el resto de compañeros que no podían trabajar, estaba ligada a la reducción del paro, que a su vez, conducía a la emigración.

Podría destacarse que en el proceso social, político y económico que rodea a la Huelga del 70 subyace un movimiento obrero y popular muy amplio que demanda derecho de reunión, asociación y expresión y huelga no sólo por escrito. Lo demanda a través de la reunión, la asociación, la expresión y la huelga.

El trabajo a pie de campo no sólo se hacía desde una instancia y con un horizonte económico, por más vital que son este tipo de necesidades. Se venía haciendo un trabajo a pie de campo desde otras instancias sociales y políticas, que contribuyen a modelar el instinto de clase y formar la conciencia de clase en amplias capas de trabajadores. Así, desde instancias sociales, ideológicas o políticas se contribuye a crear un clima de unidad y solidaridad entre los únicos que pueden y deben ser libres, iguales y fraternos, que es la clase obrera. ¿A qué nos referimos con otras instancias? Nos referimos, por poner un ejemplo, al trabajo colectivo y comunitario de base que se venía haciendo; por ejemplo, obras que tenían por objetivo satisfacer necesidades materiales básicas de la clase obrera en sus barrios, construyendo infraestructuras básicas que van desde escuelas, obras de pavimentación o instalación de darros. Esto contribuirá a reforzar la idea de un "nosotros" entre los trabajadores frente a los patronos. Además, pone en demostración nuestra capacidad de construir para nosotros, nuestra capacidad para trabajar sin el lucro como objetivo, ni la explotación como medio.

Prácticas como estas involucraban a amplias capas y sectores de la clase trabajadora. Un elemento clave para que se percibiesen a sí mismo como una clase. Esto sirve para que la clase obrera se mueva como una. El que en la huelga del 70 el hecho de que las mujeres de los obreros y otros “vecinos” del barrio o de la clase figuraran también en primera línea no es una anomalía en absoluto, sino que es un reflejo de una lucha con carácter de clase, y que moviliza a la clase. La patronal no jugaba con el pan de los trabajadores de la construcción. La patronal jugaba (y juega) con el pan de la clase trabajadora.

Amplias capas de la clase trabajadora junto a la clase obrera configuraban un movimiento obrero que estaba politizado y contaba con una marcada orientación de clase. A su vez, el movimiento obrero se organizaba como un engranaje de una lucha más amplia que se articulaba políticamente y socialmente en las asociaciones de vecinos y en las organizaciones populares ilegales.

A este respecto, decir que en 1967 militantes de la HOAC consiguen legalizar la asociación de vecinos de la Virgencica, que jugará un papel relevante en la formación y organización de muchos trabajadores que llevarán a cabo la Huelga. El movimiento obrero empezaba a trabajar a la ofensiva y con una acción de masas operando en clandestinidad y habiendo sido capaz de introducirse en las estructuras del sindicato vertical. En el caso de Granada, las Comisiones Obreras aparecen en 1965 y se sigue esta táctica infiltración dentro del sindicato vertical. De esta manera la representatividad de los trabajadores en esta instancia sindical del estado capitalista y su gobierno fascista es copada por militantes de las Comisiones Obreras y del Partido Comunista en las elecciones de 1966. En octubre de 1967 habían aparecido por primera vez de forma pública las Comisiones Obreras en Granada en una jornada de lucha convocada a nivel estatal.

En resumidas cuentas: el movimiento obrero comenzaba a mostrar su músculo tras años de entrenamiento con nocturnidad. En condiciones de persecución, represión y clandestinidad, el trabajo de masas no encontró límite en la precariedad de medios. La campaña de acción sindical que sirvió para generar las condiciones de posibilidad de la huelga se realizó con gran dificultad pero con diligencia en toda la provincia.

Volviendo a uno de los aspectos que hicieron posible el desarrollo de aquellos acontecimientos con el protagonismo de un número importante de efectivos de la clase obrera, cabe destacar el trabajo a pie de obra y de barrio para conocer, compartir, sintetizar y socializar los problemas, necesidades y demandas. Para la preparación de las posiciones que se defenderían frente a la patronal en la negociación del convenio se llevó a cabo un proceso de participación de masas en la elaboración de un borrador mediante encuestas a pie de tajo y en los barrios. También se empezaron a organizar colectivamente protestas ralentizando, por ejemplo, los ritmos de trabajo en las obras. Prácticas tan simples como éstas, llevadas a cabo en colectivo, hacen sentir todo aquello como algo propio, como algo nuestro, como algo de nuestra clase.

Otro de los aspectos esenciales a señalar, y que nombrarlo ahora quizás parece hasta infantil, es que la huelga se hacía en los tajos, frente a los patrones y en la calle. No desde la casa, ni desde el bar. Menos aún pidiendo días de vacaciones, días de libre disposición y otras artimañas para no dejar de percibir un jornal… Estas prácticas son nefastas, hacen daño tremendo y contribuyen a dividir a la clase trabajadora y a que se vuelva recelosa.

Otro de los aspectos relevantes de la huelga del 70 es la asamblea. Cuando decimos asamblea nos referimos tanto a la asamblea general como a la asamblea particular de cada tajo que se da a las 7 de la mañana entre unos pocos compañeros antes de entrar a la obra. Cuando se señala la importancia de una asamblea con miles de trabajadores (que la tiene y no poca), también hay que señalar los límites operativos de esta, así como los límites que impone a la participación y su vulnerabilidad a la manipulación. Más allá de su forma, las asambleas entonces eran determinantes a la hora de tomar las decisiones por su contenido, es decir, porque eran asambleas obreras y de masas. En ellas se condensaba en un lugar concreto, no sólo meses sino años de penurias y trabajo y preparación, para llegado el momento concreto ir a la acción con determinación. Se realizaron asambleas de masas y en masa. No sólo destacamos a algunas de aquellas asambleas por el número de trabajadores que movilizan, sino que destacamos a todas ellas por el carácter masivo. Asambleas se realizaban antes de entrar al tajo, después al salir, en las concentraciones ante la patronal y en la propia jornada de huelga. En los días 20 y 21 de julio de 1970, las crónicas hablan de asambleas con una participación de entre 500 y 1000 trabajadores, pero asambleas se realizaron en tajos de toda la provincia, y a la interconexión de las mismas servían los enlaces sindicales.


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