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GAVRAS, Konstantinos "Costa-Gavras"

Aquí recopilamos toda clase de material relacionado con un tema o un director concretos.
Konstantinos Gavras, "Costa-Gavras"

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(Wikipedia | IMDb)


Biografía (basada en "Una mirada crítica de nuestro tiempo", IMDb, DivX Clásico, etc.)

    Junto con Gillo Pontecorvo y Francesco Rosi, el cineasta greco-francés Constantin Costa-Gavras ha sido el máximo representante del cine político, corriente surgida a mediados de los años 60 y definida por su carácter marcadamente reivindicativo e izquierdista. Actualmente este autor es conocido por una serie de obras que ponen de manifiesto su ideología política por medio de la aproximación a los diferentes conflictos que han atenazado al mundo durante el siglo XX.

    Respecto a su biografía, a menudo se encuentran datos erróneos (como que nació en Atenas) y confusos, como su nombre. Constantino Gavras nació el 12 de febrero de 1933 en un pequeño pueblo del Peloponeso, Loutra-Iraias (Grecia). En cuanto al nombre (unas veces se le cita como Constantin Costa Gavras, otras como Costa-Gavras, con guión en medio...), aprovechó la rueda de prensa que ofreció en Valladolid para puntualizar y aclarar la confusión. Con su habitual sentido del humor confesó que Constantinos, su nombre original, no le gustaba porque "uno tiene derecho a elegir su propio nombre y yo no quería llevar el nombre de dos reyes, así que decidí llamarme simplemente Kostas. En mi primera película como director, sin embargo, se produjo un error tipográfico, y me pusieron un guión en lugar de la –s final. Como no teníamos dinero para tirar nuevos carteles, se quedó así. Pero prefiero que me llamen Costa".

    La figura paterna es decisiva en su vida y su trayectoria personal. No sólo por los principios éticos que de él aprendió y que han presidido su actividad profesional y personal, sino porque la actividad política de aquél lo empujaría indirectamente al "exilio": funcionario del gobierno y héroe de la resistencia griega frente a la ocupación nazi en el EAM (Frente de Liberación Nacional), de tendencias mayoritariamente de izquierdas, una vez finalizada la guerra y restablecida la monarquía en Grecia, fue acusado de comunista por el nuevo régimen y encarcelado. En un país arrasado por la ocupación y posteriormente inmerso en una guerra civil, la situación familiar sería muy delicada en estas circunstancias. Además, la acusación contra el padre impedía a los tres hijos acceder a la Universidad, pues "exigían un certificado de buena conducta. Eso duró hasta 1954, y fue abolido cuando Karamanlís llegó al poder". De manera que el joven Costas optó por marchar al extranjero a estudiar.

    Esa misma acusación le cierra las puertas de los EE.UU. (en plena era McCarthy), su primera opción, de modo que "la única posibilidad era Francia, porque sabía que allí los estudios eran gratuitos y además se podía trabajar". Se instala en París en 1951, y en 1968 obtendrá la nacionalidad francesa. Empieza a estudiar Literatura en la Sorbona, para ingresar posteriormente en el prestigioso IDHEC de Cinematografía. Sobre su ingreso en este centro, revela otra anécdota curiosa: "hacía falta tener un título universitario para ingresar en el IDHEC y, como yo no lo tenía [Jean Mitry] me dijo que me examinaría de teatro griego, y entonces me di cuenta de que nadie me lo había enseñado nunca, y tuve que leer deprisa y corriendo, muchas biografías y algunas obras para poder examinarme (...) aquello fue un descubrimiento y un gran placer". Sus comienzos no fueron fáciles, pero tuvo la suerte de conocer a personajes como Yves Montand, que se convertiría en su actor fetiche, y su mujer Simone Signoret, el escritor español Jorge Semprún y otros intelectuales de la izquierda francesa. Como reconoce él mismo: "fui aceptado en ese grupo y me sentía como Asterix cayendo dentro de la marmita de la intelectualidad". Acabados los estudios, enseguida empieza a trabajar como Ayudante de Dirección en Francia, con maestros como Renoir, Henri Verneuil ("Un singe en hiver"), René Clément ("Le Jour et l'Heure"), Jacques Demy ("La Baie des anges"), Jean Becker ("Echappement libre"), Jean Giono o Rene Clair, además de convivir con la eclosión de la Nouvelle Vague, que supuso una renovación de la cinematografía europea y de la crítica de cine, con revistas míticas como Cahiers du Cinema o Positif.

    Tras su aprendizaje en los rodajes, debuta en la dirección con un thriller policíaco, más cercano al "polar" francés que del cine negro americano, de donde toma el antihéroe protagonista, más alguna influencia hitchcockiana e, inevitablemente, de la Nouvelle Vague: "Compartiment tueurs" ("Los raíles del crimen", también titulada también "Crimen en el expreso de medianoche", 1965), que obtuvo un relativo éxito. Esta interesante cinta, pese a parecer insólita en la posterior filmografía del autor, apunta ya alguna de las que se convertirán en características suyas, como la narración de una intriga con implicaciones políticas (el asesino se encuentra entre los mismos policías), el partir de una novela, en este caso de S. Japrisot, o la fascinación por los trenes, que reaparecerán convertidos en símbolo en su reciente "Amen". Consciente de sus dificultades para hacerse un hueco en la industria cinematográfica francesa, eligió este proyecto para su debut porque sabía que "hacía falta un film comercial, y los policíacos siempre están amortizados", que le permitiera posteriormente hacer lo que verdaderamente quería. Pero ya desde sus comienzos es perceptible su voluntad de afrontar el género con otra perspectiva, es decir, de no conformarse con el éxito fácil, aunque sin renunciar a él, y buscar siempre la cara oculta del poder. Recurre, por motivos evidentes, a sus amigos, Montand, Signoret y su hija, Catherine Allegret, a quien desde el principio quería como protagonista, y Jacques Perrin, que será fundamental en su carrera. En definitiva, "fue una película hecha desde la amistad".Pero pronto cambiará de registro, buscando un estilo propio. Con la discreta "Un homme de trop" ("Sobra un hombre", 1967), aborda por vez primera un tema que retomará en varias ocasiones: la resistencia frente los nazis, en este caso de los maquis franceses. Si bien en el conjunto de su filmografía se puede considerar una obra menor, no por ello carece de algunos valores. Así, dentro del género bélico sobre la II Guerra Mundial, tan prolífico en el cine, insinúa ya algunas de sus preocupaciones, como la lucha individual contra el poder, contra la injusticia, aunque la victoria sea imposible, la ambigüedad de algún personaje, y la denuncia histórica. Basada una vez más en una novela, lo que más le interesó al director era "el personaje que no toma partido en un periodo en el que no se podía vivir sin tomarlo, lo que le convierte en sospechoso para todo el mundo y acaba literalmente suspendido entre la vida y la muerte". Cinematográficamente, una de las mejores escenas es la del asalto inicial a la prisión alemana, en la que el realizador demuestra su maestría para el cine de acción, aunque no haya seguido en esa línea. Experimental en algunos momentos desde el punto de vista técnico, más tarde abandonará los virtuosismos en aras del montaje, que será fundamental a partir de "Z".

    El Golpe de los Coroneles en su país natal, el 21 de abril de 1967, lo impulsan a llevar a la pantalla la novela de Vasilis Vasilicós, "Z" (1969), que pone al descubierto el asesinato político del diputado Grigoris Lambrakis, en 1963, en un falso atropello accidental. Médico, campeón de atletismo y carismático parlamentario, había organizado una marcha pacifista y diversas manifestaciones contra la instalación de bases americanas en Grecia. Un joven magistrado (Cristos Sartsetakis) asume la investigación y poco a poco descubre que detrás del accidente había una trama en la que estaban implicados altos cargos de la policía y el ejército, aliados con una organización de extrema derecha. Las revelaciones del caso hicieron caer el gobierno de Karamanlís y la condena de los responsables, aunque ridículas, precipitaron el golpe de estado que acabaría con la frágil y corrupta democracia griega. En la adaptación del guión, tuvo un papel fundamental la contribución de su amigo Jorge Semprún, en lo que sería el primer fruto de una larga amistad y colaboración. Sin embargo, toparon múltiples dificultades antes de encontrar productor, teniendo incluso que devolver un anticipo recibido de United Artists. Finalmente, el actor J. Perrin (que personifica al periodista en la cinta) asume la producción para sacar el proyecto adelante, tras dos años paralizado, y el resto de los actores rebajaron sus honorarios con tal de que se llevara a cabo. Obviamente, el rodaje era imposible en Grecia, y tuvo que trasladarse a Argelia. Para la banda sonora quería contar con Theodorakis, a la sazón confinado por los coroneles, y la única manera de contactar con él fue a través de Michelle Ray, la esposa de Gavras, que pudo visitarlo gracias a su pasaporte francés. El músico apenas pudo escribir una nota: "Costa, toma lo que quieras de mi música para la película". Aunque la mayoría de los actores son franceses, se reservó un papel para la griega Irene Papas, cuya breve pero intensa aparición como esposa de Lambrakis, aporta el tono de tragedia que planea sobre el protagonista, que apenas está en pantalla los primeros doce minutos. Para deshacer el posible suspense y centrar la atención en lo que verdaderamente les interesa, que no es la muerte del protagonista sino la investigación de las oscuras tramas que hay tras él, el director traslada sabiamente el peso de la trama del carismático líder pacifista, protagonizado por Montand, al anodino pero implacable juez, encarnado por Jean-Louis Trintignant. Retomando la técnica del thriller policíaco de su opera prima, presenta la investigación paralela del juez y del periodista, que acaba por desenmascarar a las autoridades políticas y policiales. Sin embargo, como hemos dicho, las penas a que fueron condenados los principales responsables fueron irrisorias, y gracias al golpe de los Coroneles apenas pasaron unas semanas en la cárcel. Aunque se evitó cualquier referencia concreta, tanto a la ciudad (Tesalónica), el país o los protagonistas (que son simplemente, "el doctor", "el jefe de policía", "el periodista") los sucesos que narra dejan en evidencia la realidad. Además, al comienzo de la película los autores dejan claro que "cualquier parecido con acontecimientos reales (...) no es fruto del azar. Es voluntario". Su intención era denunciar los hechos que desembocaron en la dictadura entonces instaurada en Grecia, y tenían muy claro su objetivo de llegar a un público amplio, para lo cual adoptan una postura claramente maniqueísta, ridiculizando de manera casi burda a los mandos militares y políticos instigadores del asesinato, así como a sus ejecutores materiales, mientras tanto el diputado como el juez mantienen un tono contenido y digno.

    Evidentemente, lo consiguieron, pues, pese a las dificultades de la preproducción, cuando por fin se estrenó, a principios del 69, tras el agitado 68 francés, cosechó un éxito fulminante, aunque no exento de críticas (por ejemplo, de Cahiers), que se tradujo en una verdadera lluvia de premios, entre ellos el Premio del Jurado y al Mejor Actor en Cannes, el Oscar a la Mejor Película en habla no inglesa y al Mejor Montaje (1970), y otras dos nominaciones a los Oscar. El éxito de la película y su repercusión internacional supuso una clamorosa condena de la Junta de Coroneles. Lógicamente hasta 1974 no pudo estrenarse en Grecia, en España estuvo prohibida hasta 1976, así como en otros muchos países. Con el paso del tiempo se ha convertido en un auténtico hito, que marcó a toda una generación y por el que aún hoy sigue siendo recordado. Con un impactante montaje que rompe la linealidad de la acción, una estructura de cinco partes unidas por medio de raccords, un ritmo interno trepidante subrayado por la banda sonora, y diversos flash-backs, y la doble representación de la muerte del diputado como accidente y como asesinato, "Z" puso de moda en los 70 un género que se bautizó como "cine político", una etiqueta de la que no ha conseguido desembarazarse desde entonces. A la novela de Vasilicós, la película añade un epílogo en el que aparecen en pantalla todas las absurdas prohibiciones de los Coroneles, entre las que aparecen, entre otras muchas "Sófocles, Tolstoi y todos los rusos, el pelo largo, Esquilo, los Beatles, Aristófanes, aprender búlgaro...". Aunque parezca un toque sarcástico, una vez más, la realidad superaba a la ficción... Gavras, por su parte, no reniega de su condición de "autor político", por el contrario, repite una y otra vez que para él todo cine es político. "Como género ha existido siempre y no fui yo quien lo inventó. Lo que causó impacto fue que "Z" tratara sobre el poder, los militares, la justicia, el gobierno, la guerra y la paz a través de un personaje como Lambrakis, que fue víctima de un crimen político".

    Los intelectuales de izquierdas que le aplaudieron y felicitaron por su valiente denuncia en "Z" le denostaron por la misma censura de los regímenes dictatoriales, esta vez comunistas, de su siguiente película "La confesión" (1970), donde, basándose de nuevo en un caso real, el del comunista checo Artur London y con guión conjunto con Semprún, ya expulsado del Partido, aborda una severa crítica del sistema pro-soviético. La sombra autobiográfica de Semprún planea sobre la figura del protagonista y la purga a la que es sometido. Precisamente por venir desde la izquierda y desde la experiencia personal, la crítica contra el comunismo, y más particularmente contra el estalinismo, es demoledora y levantó ampollas en su momento. En los países del Este, obviamente, fue vetada, y en Praga no se estrenó hasta 1990. Pese a todo, London no renegó del comunismo, y la película pretende ser un alegato contra el totalitarismo en general más que una condena de un régimen determinado. Los reproches hacia el autor no se hicieron esperar y le llovieron desde todas las direcciones, desde la izquierda radical al conservador Le Figaro.

    No por ello el cineasta se amilanó. Por el contrario, siguió señalando con sus películas los diversos regímenes dictatoriales. De la Europa del Este salta a América Latina, y en otra de sus obras-cumbre, "Estado de sitio" (1973), protagonizada de nuevo por Yves Montand, desgrana cómo la CIA preparaba en secreto a la policía de países como Uruguay, Brasil y Costa Rica para la represión y la tortura, favoreciendo regímenes dictatoriales de corte fascista en todo el continente (que luego se extenderían a Chile y Argentina). La cinta le costó una nueva denuncia por anti-Americanismo, aunque también reprueba el recurso a la violencia (como hacen los tupamaros), que ilegitima cualquier reivindicación, por justa que sea a priori. Una vez más, partió de un hecho real, el secuestro y asesinato del agente de la CIA Mitrione el 10 de agosto de 1970. A partir de él rastrea la actuación de agencias como la AIT en toda América Latina y su modus operandi. En realidad, aunque cierra una especie de trilogía contra los totalitarismos, en principio no se proponía denunciar las dictaduras latinoamericanas, sino seguir la pista de un peculiar Embajador de los Estados Unidos en Grecia, que ayudó a la victoria del conservador Karamanlís los años 50, y que de allí fue enviado a Guatemala. Sospechosamente, por donde pasaba este personaje se producía un golpe de estado militar. Siguiendo, pues, su pista fue descubriendo la manera de intervenir los EE.UU. en la política interna de los países a los que era enviado. "Descubrí que la técnica era ya otra, no tan directa como la que habían empleado antes, sino que los norteamericanos utilizaban a los "consejeros". Consejeros de pequeñas agencias, como la AIT y otras muchas. Y el nuevo ejemplo era Mitrione". El rodaje transcurrió en Chile, con numerosas dificultades que se solventaron gracias a la intervención personal del Presidente Allende. La ubicación geográfica de la acción, no obstante, se apunta muy sutilmente en detalles casi imperceptibles, como las escalerillas de los aviones, que ayudan al espectador a seguir el periplo del protagonista por los diversos países sudamericanos. En el montaje se suceden los flash backs, pero desde el principio evita el suspense (arranca con el hallazgo del cadáver y los funerales oficiales) para centrarse en las causas y argumentos de los secuestradores. De nuevo, la figura de un periodista independiente y respetado (homenaje a Carlos Quijano, fundador del semanario independiente uruguayo Marcha) actúa como hilo conductor de la investigación. Como en un mosaico, las diversas piezas de la sociedad uruguaya se reflejan en la película, desde la lucha clandestina, a las clases privilegiadas que viven en un mundo aparte, idílico, y llevan a sus hijos a colegios americanos, las barriadas humildes y los trabajadores que acuden de madrugada a las fábricas en coches destartalados, los funerales en la catedral, la trastienda del periódico, las agencias americanas que actúan como tapadera, las señoras de la alta sociedad, y el endeble Parlamento, donde a pesar de todo se levantan algunas voces críticas, como la del diputado Fabbri, cuyo discurso corresponde a la denuncia real de la tortura que hizo el senador E. Erro, por el que tuvo que buscar asilo político en el extranjero. Pese a la posible simpatía que parecen inspirar los tupamaros en la población, como se ve en la escena del secuestro inicial y probablemente en sectores de la izquierda europeo, la denuncia del asesinato, que los convierte en terroristas, es incontestable. Como deja claro el autor: "el film pretende mostrar esa especie de autodestrucción revolucionaria, el paso de una fase no violenta de revolución -que yo creo imposible- a una fase violenta, que no estaba suficientemente preparada y quizá tampoco era necesaria. En Uruguay había un sistema democrático, y por lo tanto había libertad; la decisión de pasar al terrorismo no estaba justificada. Existían otros métodos para hacerse oír. En un país en el que están garantizadas determinadas libertades, el paso al terrorismo es autodestructivo".

    Por si le faltaran enemigos, en "Sección especial" (1975) aborda el más que espinoso tema de la Francia colaboracionista. De nuevo el punto de partida es un libro, basado en un hecho real: la creación de un tribunal especial por el gobierno de Vichy para tranquilizar a los ocupantes por el asesinato de un oficial de la marina alemana en 1941. La aplicación de la ley con carácter retroactivo y los poderes extraordinarios de la Sección especial, cuyas sentencias estaban dictadas de antemano, y los mezquinos motivos que impulsan a sus integrantes, ponen en enticho la imparcialidad del sistema judicial en un gobierno entregado y colaboracionista. Dividida en tres partes y sin un protagonista individual, la estructura dramática condensa los sucesos de una semana de agosto de 1941 en diversos planos superpuestos, que reflejan la alta sociedad francesa, ajena al drama de la guerra, las intrigas de los magistrados y las luchas internas en el seno del gobierno, las acciones terroristas de la resistencia y la desmesurada represión del Tribunal, que condena a muerte a unos pobres diablos elegidos al azar como chivos expiatorios. Al margen de lo anecdótico, por más que fuera real, lo que le interesa al cineasta, una vez más, es desenmascarar los mecanismos del poder que actúan injustamente aplastando a los individuos. El que un griego y un español (de nuevo Semprún) se permitieran criticar el papel desempeñado por el régimen de Vichy era más de lo que los franceses estaban dispuestos a digerir. Cinematográficamente hablando, sin embargo, no es una de sus mejores obras, aunque recibió el Premio al Mejor Director en Cannes.

    Tras esto da un inesperado giro con una película de corte sentimental e intimista: "Clair de femme" (1979), protagonizada por Yves Montand y Romy Schneider, basada en la novela homónima de Romain Gary. Los dos protagonistas se hallan sumergidos en una crisis existencial y su encuentro se enmarca en la desesperación y la reflexión pesimista sobre la muerte, las perspectivas vitales y las relaciones humanas. Más allá de las tragedias personales, la película exalta sutilmente la ternura, la pareja y la voluntad de superar un destino adverso. Como es habitual, un cierto tono humorístico evita el tono demasiado dramático y trágico, con la presencia de la muerte y el abandono planeando constantemente sobre la pareja. Uno de los mayores aciertos de la cinta es la elección de Somy Schneider para interpretar a la atormentada Lidia. Nadie como ella para transmitir esa sensación de fragilidad, de dolor contenido y de amor entregado e imposible. Poco después, ella también se suicidaría, tras la trágica pérdida de su hijo...

    Tras esta película insólita en su filmografía, Gavras da el gran salto a América y nos regala una de esas obras emocionantes e inolvidables: "Missing", "Desaparecido". En su primera película americana, "Missing" (1982), Costa Gavras pone sobre el tapete la hasta entonces no reconocida implicación de la CIA en el golpe de Pinochet. Basada en un caso real, el asesinato del periodista americano Charlie Horman, y la desesperada búsqueda que emprende su padre, Ed Horman, junto a su nuera en Chile, refleja magistralmente el choque paulatino pero brutal del americano medio conservador con la realidad. Su periplo en busca de noticias de su hijo por todo Santiago es un auténtico descenso a los infiernos, que choca con la indiferencia de todas las instancias oficiales y una burocracia deshumanizada. Con una soberbia interpretación de Jack Lemmon, de nuevo cosechó numerosos premios, entre ellos la Palma de Oro en Cannes, el Oscar al mejor guión adaptado y tres Nominaciones, se ha convertido en una obra clásica y de referencia ineludible pero, sobre todo, es una película que sigue conmoviendo e indignando al espectador. Aunque se ha convertido en un clásico del cine llamado "político" o de denuncia, lo cierto es que al autor lo que más le interesaba era el aspecto "sentimental", es decir, reflejar la angustia de los familiares ante la falta de noticias de un ser querido. El caso de Charlie Horman le dio pie para de paso indagar en la eliminación sistemática de miles de personas en las dictaduras del cono sur americano, y la utilización de la desaparición como arma de terror. El propio cineasta había vivido una situación similar cuando su mujer Michele fue secuestrada por el Vietcong en 1967, cuando cubría como periodista el conflicto, aunque afortunadamente fue liberada al cabo de cinco semanas. Gavras conocía bien la sensación de impotencia y la agonía de los familiares que sintieron los Horman, y esa terrible incertidumbre es la que quiso trasladar a la pantalla. Como era de prever, la cinta no estuvo exenta de polémica: pese a no ser citado expresamente, el Embajador de los EE.UU. en Chile en la fecha del golpe puso una demanda desorbitada a la productora, pero el juez desestimó las acusaciones con una sentencia ejemplar. Aun así, el caso Horman sigue abierto 30 años después, y Joyce Horman sigue luchando sola por esclarecer el asesinato de su marido, tras la muerte de su suegro en 1993. Con los vientos que corren actualmente, el propio cineasta ha reconocido que filmar una película así sería hoy día imposible en los EE.UU.

    En su siguiente obra, "Hanna K" (1983) aborda la situación palestina. Fue un rotundo fracaso de taquilla, pues apenas consiguió distribución. Por ello también es una de las más queridas por el autor. Drama político escrito en clave simbólica, sobre el motivo de la casa como hogar usurpado y como territorio patrio, 20 años después de su rodaje sigue más vigente que nunca y, por desgracia, con pocas perspectivas de paz en la región. Hannah Kaufman, es una abogada judía americana que tiene que defender a un joven palestino, Selim, acusado de terrorismo, del que se enamora. Atrapada en una situacíon política y personal desastrosa, la protagonista siente que ha perdido su identidad y solo se siente Hanna, sin apellido.

    Con "Consejo de familia" (1985) nos deleita con una curiosa comedia "familiar", adaptación de una novela policiaca de Michel Deville. El padre, ladrón profesional (Johnny Halliday), retoma de nuevo sus actividades delictivas tras una condena de cinco años, junto a un fiel amigo Max, y la familia prospera económica y socialmente. Pronto se suma al trabajo el hijo, Fransois, excepcionalmente dotado para la apertura de cajas fuertes. Sin embargo, cuando se hace adulto, descubrirá el amor y su verdadera vocación. Con el fin de devolverlo al camino "correcto", la familia va a convocar una asamblea. Obligado a continuar su carrera delictivo, el hijo delatará a su padre para recuperar su libertad.

    Tras un primer contacto con la industria americana, Gavras se adentra en la América profunda para analizar las raíces del fascismo y la violencia racial en "Betrayed", "El sendero de la traición" (1987). Katie, una joven agente del FBI, se enamora de Gary, un granjero, que bajo su apariencia de hijo y padre perfecto encubre un peligroso criminal fanático y racista. A medida que va descubriendo la verdad se ve atrapada en el dilema entre sus sentimientos y su deber. Si el americano medio recibió con inculidad la posibilidad de que existieran fuerzas paramilitares extremistas en su propia sociedad, los hechos posteriores por desgracia se han encargado de sacarlas a la luz. Una vez más, el cine, el cine de Costa Gavras en concreto, se anticipaba proféticamente a la más cruda realidad.

    Tras esta experiencia vendría su otro gran éxito americano, "La Caja de música", "Music Box" (1990), en la que retorna al tema de los nazis y su integración en la sociedad americana tras la guerra. Una abogada se verá en la tesitura de tener que defender a su padre, acusado de cometer crímenes de guerra durante la ocupación nazi de Hungría. Persuadida de su inocencia, su convencimiento tendrá que enfrentarse a la evidencia de los testimonios y las pruebas, planteándole un debate entre los principios morales y el afecto paterno-filial de tintes desgarradores.

    Con "Mad City" (1997) plantea con su habitual mordacidad el tema del poder desmesurado que han adquirido los medios de comunicación en una sociedad como la americana y cómo su presencia y su avidez por cazar la noticia antes que la competencia pueden conducir a la tragedia en directo.

    Con "Amen" (2002) retoma un tema ya abordado: el de la ocupación nazi, en una cinta espectacular, a la altura de sus mejores obras. Basada de nuevo en una novela y a su vez en hechos reales, lo que denuncia en este caso es el silencio de la Iglesia Católica frente al exterminio de los judíos. Contrapone dos protagonistas, uno real y otro ficticio, que luchan contra lo inevitable. Aunque escrupulosamente documentada, la polémica era una vez más previsible. Como era de esperar, la cinta desató una furibunda protesta de los sectores ultracatólicos, se enfrentó a vetos y boicots, y una denuncia por el cartel de la misma en Francia.

    Su última película hasta ahora, “Le Couperet” (Arcadia), está planteada como una fábula amarga y corrosiva, que caricaturiza con humor negro y sin contemplaciones, la crueldad laboral del capitalismo y el futuro de precariedad e indefensión, extendida a todos los órdenes de la existencia, a que estamos abocados. La película, trata del descenso a los infiernos del paro, de un alto ejecutivo de una multinacional, que en un ajuste de plantilla, pierde su puesto de trabajo. A diferencia de filmes como los de Ken Loach o "Los lunes al sol", que muestran como el desempleo arruina y destruye las vidas de los obreros que lo padecen, "Arcadia", presenta el problema desde la perspectiva de un técnico que ocupa una buena posición económica. El ingeniero despedido, no tarda en comprobar que su brillante currículo, no sirve de nada frente a un mercado que se muestra insaciable; y su situación cada vez más desesperada y el enfrentamiento feroz con los demás competidores, le llevará a plantearse medidas igualmente extremas. “Mi enemigo es el empresario, pero mi problema, el obstáculo, son los demás candidatos”. A diferencia del Método Grönholm, en que era la empresa la que sometía a los aspirantes a toda clase de indignidades y vejaciones, aquí son los propios trabajadores los que no vacilan en recurrir a cualquier medio, como única forma de romper el círculo vicioso en que se encuentran, y dejar de engrosar la nómina de los perdedores. En un mundo sin solidaridad ni más valores que los económicos, se impone el sálvese quien pueda, sin preocuparse de las consecuencias; en la así denominada sociedad del bienestar no hay sitio para todos, la desigualdad manda, y solo se puede conseguir el premio máximo del empleo a costa de la desgracia ajena. No resulta pues extraño que "Arcadia", la empresa, sea el paraíso en la tierra, y trabajar en ella, la meta soñada, más alta y ambiciosa que puede anhelar cualquier ser humano.

    Un clásico en vida, el más americano de los cineastas franceses y el más francés de los americanos, polémico, comercial, oportunista, traidor, comprometido, político... son muchos los adjetivos, unas veces elogiosos y otras no tanto que se le han adjudicado a Costa Gavras. Pero si algo no se pone en duda es en su buen hacer como cineasta, por un lado, y en saber llegar al público, transmitiendo emociones a la par que plantea cuestiones al espectador que a nadie dejan indiferente. Aunque con toda su filmografía ha compuesto un amplio, complejo y variado mosaico sobre el mundo actual y parte de la historia reciente, como él confiesa modestamente, no pretende hacer películas trascendentes sino simplemente contar historias, historias con un trasfondo real y que despierten emociones. Pero, con ciertos altibajos como es natural, el conjunto de su obra merece un lugar destacado en la historia del séptimo arte, y nos ha regalado momentos inolvidables, cargados de intensidad dramática, interpretaciones memorables como la de Jack Lemmon en Missing, tantas y tantas escenas imborrables y algunas películas que no sólo han pasado a los anales del cine sino que incluso marcaron época. En 2003 recibe el “Premio Honorario del Festival de la Habana”.

Otras referencias:





Filmografía

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    Dirección: Constantin Costa-Gavras
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    Charles Horman, un joven e idealista periodista norteamericano, desaparece de su domicilio en Chile durante el golpe de Estado del general Augusto Pinochet. Su mujer y su padre, que se traslada allí desde los Estados Unidos, intentan averiguar...
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    Hanna Kaufman, judía de origen polaco nacida en EEUU, se convierte en israelita al casarse. Tras abandonar a su marido, vivirá un romance con un poeta y un fiscal general. Su labor como abogada se complica al defender a un palestino...
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    Le couperet
    Largometrajes de ficción. (Francia, España, Bélgica, 2005)
    Dirección: Constantin Costa-Gavras
    Bruno Davert, un ejecutivo despedido víctima de la política de deslocalización, está sin empleo desde hace dos años. Para obtener el puesto al que aspira desesperadamente, Davert concibe un plan maquiavélico para liquidar a sus adversarios...
    Portada
    Eden à l'Ouest
    Largometrajes de ficción. (Francia, 2009)
    Dirección: Costa-Gavras
    Elías es un joven emigrante que debe afrontar numerosos contratiempos para entrar ilegalmente en la Unión Europea. Al igual que en "La Odisea", el Mar Egeo es el escenario de sus aventuras. Después de innumerables peripecias, de una escala en el para...
    Portada
    Le capital
    Largometrajes de ficción. (Francia, 2012)
    Dirección: Constantin Costa-Gavras
    Marc Tourneuil es un cínico empleado de banca, un sector que está en plena crisis económica en todo el planeta. Desde la nada, Marc comenzará un ascenso imparable por los entresijos del mundo de la banca...

Nota Jue Feb 08, 2007 3:22 pm
Resulta muy amena tu presentacion.

Gracias Colin, sigues haciendo historia ;)

Adelante.

Nota Jue Feb 08, 2007 3:29 pm
Muy buena.

Pincho algún enlace.

Muchas gracias

Nota Jue Feb 08, 2007 9:07 pm
Un trabajo estupendo, compañero, como el de todos los que trabajáis las filmografías... Requiere estudio y técnica. Llevaba al menos dos años buscando una versión en castellano de "Z", así que es una alegría para mi videoteca.

Nota Jue Feb 08, 2007 9:47 pm
alguna pincharé que la estaba buscando...


como te lo curras Colin...

Nota Sab Feb 17, 2007 7:19 pm
Es una pena no encontrar por ningún lado los subtítulos de "La confesión". Tengo muchas ganas de ver esa película.

Nota Lun Abr 02, 2007 11:44 pm
Aprovecho que he visto "Amén", de Costa Gavras, para felicitar y dar las gracias a Colin por esta magnifica filmografía.

Un saludo.

Nota Mié Dic 31, 2008 2:10 am
Sos una Bestia!

Añadido el programa de radio Carne Cruda donde Javier Gallego entrevista a Costa-Gavras. Como no podía ser de otra manera, hablan del cine, de política y de Grecia.


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