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TRUMBO, Dalton (1905-1976)

Aquí recopilamos toda clase de material relacionado con un tema o un director de cine concretos.

TRUMBO, Dalton (1905-1976)

Nota Mié Oct 24, 2018 3:40 am
Dalton Trumbo

Portada
(wikipedia | IMDb)


Introducción

    [propia] Panadero formado en las letras en buena parte de manera autodidacta, se metió a guionista, oficio en el que despuntaría en la Historia del cine estadounidense con películas como "Johnny cogió su fusil", "Espartaco" o "Papillon", aunque, por su convicción política comunista, sería purgado durante el macartismo y pasaría buena parte de su vida profesional en la clandestinidad.

En Decine21 se escribió:Nacido en Montrose, Colorado, el 9 de diciembre de 1905, James Dalton Trumbo era hijo de Orus, dependiente de zapatos, y de Maud Tillery. Su abuelo, Millard F. Tillery, fue uno de los últimos sheriffs del lejano Oeste, en la localidad de Montrose County, allí vivió hasta que Dalton cumplió los 20 años, e inspiró claramente algún personaje suyo posterior, sobre todo el comisario que interpretó Walter Matthau en "Los valientes andan solos".

Se matriculó en la Universidad de Colorado en Boulder, mientras trabajaba para un periódico local como reportero. Pero se vio obligado a dejar sus estudios universitarios, por la delicada situación económica en la que quedó su familia tras el despido de su padre. Después, volvió a estudiar durante un tiempo en la Universidad del Sur de California (USC), pero su progenitor falleció prematuramente, por lo que tuvo que renunciar de nuevo a seguir la carrera.

Durante los nueve años siguientes a la muerte de su padre, Dalton Trumbo trabajó por las noches en el horno de una panadería. Durante este tiempo se aficionó al cine, escribió 88 relatos cortos y hasta seis novelas, pero no consiguió que nadie le publicara este material.

Empezó su carrera como profesional de la escritura con artículos para la revista Vogue. En 1934 se convierte en lector de guiones de Warner, y firma uno, el del olvidado drama "Road Gang". Pero le despiden por negarse a abandonar el Sindicato de Guionistas, organización entonces de tendencia izquierdista. No sólo no se da de baja, sino que se integra también en otros diversos comités de carácter marcadamente combativo, como la Liga Antinazi o el Comité de Refugiados Antifascistas.

Por esta época logra publicar su primera novela, The Eclipse, hecho que propicia que le contrate como guionista RKO, necesitada de autores. Para esta compañía escribe guiones valiosos, como el de "Volvieron cinco", de John Farrow, en torno a la odisea de los supervivientes de un accidente aéreo, que contra todo pronóstico obtuvo un enorme éxito, o "Espejismo de amor", de Sam Wood, por el que Dalton Trumbo recibe una candidatura al Oscar que le sitúa en la primera línea de los libretistas de Hollywood del momento, y también de los mejor pagados, con filmes como "Dos en el cielo" o "30 segundos sobre Tokio".

También aumenta progresivamente su prestigio en el campo de la Literatura. En 1939 publica su famosa obra Johnny cogió su fusil, con la que ganó el Premio Nacional del libro, a pesar de lo inoportuno de su mensaje antibelicista en un momento en el que Hitler invadía Polonia. Se inspiraba en la historia real de un soldado canadiense que perdió sus extremidades durante la Gran Guerra. Aunque por la polémica ocasionada, se retiró el libro de los establecimientos de venta, numerosos lectores llegan a escribir al propio Trumbo para pedirle ejemplares. El FBI actúa, solicitándole las cartas de estas personas, y él acaba entregándolas, para que no se cuestione su apoyo al bando de los aliados.

Más o menos por esta época contrajo matrimonio con Cleo Fincher, con la que tendría tres hijos. Uno de ellos, Christopher Trumbo, seguiría los pasos de su padre como guionista.

Tras el estallido de la II Guerra Mundial, Dalton Trumbo se muestra muy crítico con una posible entrada de Estados Unidos en el conflicto. En un momento de su novela "Andrew notable", el fantasma de Andrew Jackson, séptimo presidente de los Estados Unidos, aparece para advertir al país de que no debe luchar contra los nazis. En 1943, Dalton Trumbo se afilió al partido comunista, y se convirtió en colaborador activo de The Daily Worker, diario oficial del mismo.

La carrera de Dalton Trumbo dio un vuelco por culpa del sobreproteccionismo comprensible aunque a todas luces excesivo de la madre de Ginger Rogers. La buena mujer le denunció ante el Comité de Actividades Antiamericanas, suspicaz porque su hija protagonizó "Compañero de mi vida", de Edward Dmytryk, escrita por Trumbo. Le había escamado el título, originalmente "Tender Comrade" ("tierno camarada"), que le olía a comunismo, aunque estaba sacado de un poema de Robert Louis Stevenson. También sospechaba de algunas frases del guión ("Repartir, repartir todo equitativamente. Eso es la democracia"), a pesar de que por lo demás se trataba de un film bastante inofensivo.

Así, en 1947, Dalton Trumbo fue citado a declarar junto con otros nueve escritores y directores, apodados Los Diez de Hollywood por la prensa de la época (también estaba Dmytryk, el realizador Herbert Biberman y otros). Pero al negarse a facilitar información, fue condenado por desacato al Congreso. Además de ser incluido en la tristemente célebre lista negra, lo que le imposibilitaba para seguir trabajando en el cine, en 1950 le encarcelaron durante nueve meses.

Cuando sale en libertad, Dalton Trumbo se traslada con su familia a México, junto con el también represaliado Hugo Butler y su esposa. En esa época, gracias a la ayuda de sus conocidos –por ejemplo, Kirk Douglas se prestó a echarle una mano–, Trumbo siguió trabajando de incógnito en el cine de los grandes estudios, pero le pagaban a precios de miseria, tenía que utilizar pseudónimos y requería la ayuda de personas que actuaban de tapadera (el film de Martin Ritt con Woody Allen "La tapadera" (1976) ilustra este lamentable episodio histórico).

Paradójicamente, en la época en la que Trumbo lo pasa peor, y permanece en el exilio, empieza a escribir (como Richard Bosley, Sam Jackson, Marcel Klauber, Ben Perry, Les Crutchfield, C. F. Domaine, Edward H. North, James Leicester o Sally Atubblefield) sus mejores guiones, para películas como "El demonio de las armas", de Joseph H. Lewis, "El merodeador", de Joseph Losey y "Cowboy", de Delmer Daves. Con tan alto nivel de calidad no resulta extraño que la Academia se fije en sus trabajos. Primero gana el Oscar en 1952 por el inolvidable clásico "Vacaciones en Roma", de William Wyler, pero Ian McLellan Hunter, que ha firmado el libreto, recoge el trofeo. Cinco años más tarde le cae una segunda estatuilla por "El bravo", que escribe como Robert Rich. Pero nadie sale a llevarse el premio, lo que despierta el interés de los periodistas, que descubren que el tal Rich es en realidad el sobrino del productor del film, y jamás ha escrito ni una línea para una película.

Finalmente, las aguas se calman. En 1960, Otto Preminger decidió no pasar por el aro y poner a Dalton Trumbo como le correspondía en los títulos de crédito de su película "Éxodo", adaptación de una novela de Leon Uris. Poco después vuelve a intervenir Kirk Douglas, que en aquel momento estaba muy dolido porque William Wyler había preferido contratar a Charlton Heston como protagonista de "Ben-Hur" (1959), en lugar de a él. Decide montar como productor su propio péplum, "Espartaco", y anuncia a bombo y platillo que el guionista va a ser Dalton Trumbo. Un entonces jovencísimo Stanley Kubrick fue el encargado de poner en imágenes un guión especialmente inspirado de Trumbo, que compuso una diatriba contra la represión de la libertad, en la que algunos críticos también han querido ver una metáfora de la revolución comunista –visión un tanto forzada–.

Desde aquel momento, Trumbo pudo volver a firmar con tranquilidad sus valiosos trabajos para títulos como "El último atardecer", de Robert Aldrich, "Los valientes andan solos", de David Miller, "Castillos en la arena", de Vincente Minnelli, y "Orgullo de estirpe", de John Frankenheimer.

En 1964 había coescrito con Luis Buñuel una versión para la pantalla de su novela Johnny cogió su fusil, que iba a filmar el aragonés, aunque finalmente abandonó el proyecto. El propio Trumbo finalmente se sienta en la silla del realizador en 1971, dando lugar a un film bizarro e inclasificable que en aquel momento se toma como un alegato en contra de la Guerra de Vietnam.

Se despide del cine escribiendo "Acción ejecutiva" y "Papillon". En 1975 la Academia de Hollywood acertó al reconocerle como ganador del Oscar por "El bravo", y se le otorga la estatuilla. Poco después, un ataque al corazón dio al traste con la vida de Dalton Trumbo –que tenía 70 años–, el 10 de septiembre de 1976. 17 años más tarde, la Academia también le otorgó a título póstumo su premio por "Vacaciones en Roma".





Biografía. Para conocer al compañero

    Portada
    Trumbo
    Largometrajes de ficción. (EEUU de América, 2015)
    Dirección: Jay Roach
    Dalton Trumbo es un guionista cinematográfico de prestigio. Y es militante del Partido Comunista. El fin de la alianza entre EEUU y la URSS supondrá para él y los suyos que sean tratados como los disidentes que en efecto son por el macarthismo...




Filmografía como director

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    Johnny Got his Gun
    Largometrajes de ficción. (EEUU de América, 1971)
    Dirección: Dalton Trumbo
    Joe Bonham es un soldado que ha sufrido grandes heridas durante un combate de la Primera Guerra Mundial. No tiene brazos ni piernas, no puede hablar ni oir, no tiene ojos ni rostro alguno. Los médicos que se han hecho con lo que queda de él piensan...




Filmografía como guionista

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    I Married a Witch
    Largometrajes de ficción. (EEUU de América, 1942)
    Dirección: René Clair
    René Clair pone en solfa las convenciones sociales (los arquetipos del bien y el mal) y políticas (el sarcástico retrato de las elecciones a gobernador no tiene precio) de la época, en una de las mejores comedias de su etapa norteamericana...
    Portada
    He Ran All the Way
    Largometrajes de ficción. (EEUU de América, 1951)
    Dirección: John Berry
    Nick Robey, un delincuente de poca monta que convive con una madre alcohólica, se ve arrastrado a cometer un atraco que sale mal. Presa del pánico, mata a un policía y se refugia en una piscina municipal, en la que conoce a Peg...
    Portada
    The Prowler
    Largometrajes de ficción. (EEUU de América, 1951)
    Dirección: Joseph Losey
    Un policía descontento con su trabajo, que culpa a los demás de sus problemas en el departamento, es designado para investigar el caso de un merodeador que ronda la casa de una mujer casada espiándola por la ventana del cuarto de baño...
    Portada
    Spartacus
    Largometrajes de ficción. (EEUU de América, 1960)
    Dirección: Stanley Kubrick
    Un esclavo tracio llamado Espartaco, a punto de ser condenado a muerte por desobediencia al poder romano, es conducido a una escuela de gladiadores. Desde allí, se convertirá en el adalid de una insurrección por parte de los oprimidos....
    Portada
    The Fixer
    Largometrajes de ficción. (EEUU de América, 1968)
    Dirección: John Frankenheimer
    Rusia zarista, principios de siglo. Los contratiempos se acumularán en la vida de Yakov, quien debe hacer frente a la acusación de haber asesinado a un niño por el simple hecho de que los habitantes de la zona en la que se emplea como talador...
    Portada
    Largometrajes de ficción. (EEUU de América, 1973)
    Dirección: Franklin J. Schaffner
    Henri Charriere, apodado "Papillon" debido al tatuaje que lleva en su pecho, es sentenciado a cadena perpetua por un crimen que afirma no haber cometido. Se le trasladará a la Guayana Francesa, a un centro penitenciario en terribles condiciones...




Relacionado:

    Portada
    Monografías. (EEUU de América, 1943-1954)
    : M. Curtiz, L. Milestone, E. Dmytryk, F. Lang, J. Tourneur, J. Larkin, E. Kazan, J. Negulesco, W. Wyler, D. Daves, R. Rossen, J. Dassin, G. S. Kaufman, J. Losey, J. Huston, A. Polonsky, J. Berry, D. Daves, H. J. Biberman
    Repaso a un cine que intentó investigar, analizar y mostrar las miserias de una sociedad y un país, la corrupción, la falta de libertades, la manipulación y la intolerancia y que sirvió como pretexto para la famosa caza de brujas en Hollywood...

Alberto Gordo, en "Y Trumbo perdió su piscina", en El Cultural, el 13 de noviembre de 2015, escribió:

Fueron diecinueve los cineastas citados en 1947 para declarar frente al Comité de Actividades Antiamericanas del Congreso. Diez de ellos, los Diez de Hollywood, se acogieron a la Primera Enmienda -la que garantiza la libertad de expresión- y se negaron a abrir la boca. Uno era Dalton Trumbo (1905-1976), el guionista mejor pagado del país. "Trumbo era millonario, vivía en una gran mansión, pero entendió que debía renunciar a todo ese lujo porque ni quería inculparse a sí mismo ni quería inculpar a los demás", dice José Luis Piquero, traductor de Dalton Trumbo (Navona), de Bruce Cook, biografía publicada en 1977 que ahora llega, por fin, a las librerías españolas.


Cárcel, exilio y triunfo

Cook narra en su libro el triunfo, la caída y el posterior y definitivo ascenso de un hombre cuya integridad constituye, junto a la del citado grupo de insumisos, una excepción dentro de aquella izquierda estadounidense que, como dejó dicho Orson Welles, "se traicionó a sí misma para salvar sus piscinas". Los Diez de Hollywood fueron condenados a un año de cárcel por desacato y casi todos tomaron al salir el camino del exilio. Trumbo (como, entre otros, Michael Wilson, guionista de "El puente sobre el río Kwai" y, según Cook, “uno de los pocos que puede medirse de tú a tú con Trumbo”) dio lo mejor de sí durante esos años, siempre con seudónimo, primero desde la cárcel y más tarde desde México, adonde llegó, explica Piquero, con "bastantes ínfulas".

Cruzó la frontera con algunos colegas de oficio que, como él, habían sido laminados por sus ideas. "En México se fue a vivir a una mansión y contrató un servicio -detalla el traductor-. Pensaba que no tendría dificultades para encontrar trabajo en la industria cinematográfica mexicana, pero no fue así. Entonces, por necesidad, volvió a escribir para Hollywood, aunque no podía firmar sus guiones". Lo extraordinario es que Trumbo, sobre cuya figura se estrenará el próximo 15 de enero un biopic protagonizado por Bryan Cranston ("Breaking Bad"), ganó entonces dos Oscar (Vacaciones en Roma y El Bravo) que nunca llegaría a recoger: la industria premiaba su trabajo sin sospechar que lo premiaba a él.

Era su singular modo de librar, desde el exilio, la batalla de las ideas. Unas ideas, por cierto, que según dice su hijo en Trumbo y la lista negra, el documental de Peter Askin, estaban mucho más lejos del comunismo que de la Constitución americana. Según Piquero, "él creía que el problema debían solucionarlo los represaliados desde dentro, rompiendo la lista negra a fuerza de inundar el mercado de guiones escritos por los innombrables".

Nacido en un pequeño pueblo de Colorado, Trumbo comenzó trabajando de panadero, fue crítico de cine, colocó algunos relatos en revistas y, antes de firmar sus primeros guiones, se fogueó como "negro" de un tal barón Friedrich Von Reichenberg, que le contrató para escribir una biografía de Metternich; Trumbo la terminó en seis semanas, cobró y pasó a otra cosa: "No soy el mejor guionista de Hollywood -dijo años después-. Pero soy, sin discusión, el más rápido".


"Lenin tenía razón"

Cook desvela también algunas interioridades del Partido Comunista estadounidense bajo el liderazgo de Earl Browder, un moderado al que desalojaron por blando después de que el muy influyente Jacques Duclos lo señalara en un artículo. "Entre los que, como Trumbo, ingresaron en las filas del Partido, había sin duda marxistas pero también liberales de izquierdas, activistas sindicales y personas sinceramente comprometidas con un cambio social del sistema", señala Piquero. "La cuestión es esta -terció una noche, en una discusión, el guionista-: si Lenin tenía razón, entonces Earl Browder estaba equivocado... y viceversa. Prefiero creer que Lenin tenía razón".

Con todo, Trumbo no fue de los peor parados durante la Caza de Brujas: al menos pudo ejercer de nuevo. En los sesenta "recuperó" su identidad, volvió a ser Dalton Trumbo (depuso sus al menos trece seudónimos, incluido el de Robert Rich, oscarizado guionista ficticio), en parte por la insistencia de Otto Preminger, que exigió su inclusión en los créditos de "Éxodo". Por aquella época, ya rehabilitado, firmó el guion de "Espartaco", de Kubrick, y recuperó su anterior estatus de estrella. "Así desenmascaró la hipocresía de Hollywood -dice el traductor-, algo que hubo de reconocer hasta el presidente Kennedy, que vio la película y le gustó, lo que supuso todo un espaldarazo".

Sin embargo, según se desprende de esta biografía, una gran frustación lo acompañó hasta el final: la de no ser reconocido como un gran novelista. Aunque ahí está, entre otras menos conocidas, Johnny empuñó su fusil, que a principios de 2015 recuperó también Navona. Publicada poco antes de la invasión nazi de Polonia, se trata, según Piquero, "es el mayor alegato antibelicista de una época que no tardaría en contemplar las hogueras de Hiroshima y Nagasaki, de Auschwitz y Treblinka". Trumbo dirigió su adaptación en 1971, pero no funcionó. Dos años después reescribió, con el rodaje ya en marcha, el guion de "Papillón" ("un puto libro aburrido", dijo), obra de Lorenzo Semple Jr., con el fin de que Dustin Hoffman tuviera un papel a su medida. Iba escribiendo las escenas que se rodarían al día siguiente. "Es una muestra de cómo trabajó siempre", concluye el traductor. Más viejo, y otra vez rico, siguió trabajando hasta que en 1976, a los setenta años, murió de un ataque al corazón.

Paula Corroto, en "Dalton Trumbo, ese rojo pacifista que escribió Espartaco", en Jot Down, el 25 de septiembre de 2014, escribió:

Hay un par de escenas de la película "Espartaco" (Stanley Kubrick, 1960) que se han repetido hasta la saciedad y sobre las cuales se han elucubrado todo tipo de teorías: la de las «ostras y caracoles» y «yo soy Espartaco». La primera, prohibida durante el franquismo por su alusión a la homosexualidad, y la segunda, por ser una metáfora de la solidaridad revolucionaria en tiempos en los que en EE. UU. el comunismo estaba peor visto que en su día lo fuera Sadam Husein o ahora Bashar Al Assad.

Sin embargo, el rodaje de aquella película, de la que Stanley Kubrick nunca se sintió muy satisfecho —lo cierto es que la cogió a mitad de metraje después de que Anthony Mann fuera despedido—, supuso mucho más que aquellas dos escenas. Principalmente porque su guion partía de Dalton Trumbo, que estaba en las listas negras del macartismo, y porque solo el hecho de que figurara en los créditos significó un puñetazo en la mesa de Hollywood frente a los temerosos de Marx. Eso sí, más de una década después de que el universo cinematográfico hubiera sucumbido con todo tipo de delaciones. Como dijo Orson Welles: «Lo malo de la izquierda americana es que traicionó para salvar sus piscinas. Somos pocos quienes no hemos traicionado nuestra postura, los que no hemos dado nombres de otras personas».

Kirk Douglas, el actor del hoyuelo que a estas alturas ya nos parece eterno, ha decidido contar ahora qué pasó exactamente en aquel rodaje en el libro Yo soy Espartaco (Capitán Swing), que cuenta con un prólogo entusiasta de George Clooney—por eso de que el clan Obama de Hollywood sabe apoyarse bien entre ellos—. Y lo hace porque, según él, ahora EE.UU. está incluso más dividido que en los cincuenta y sesenta, con el estallido de la caza de brujas. Douglas pretende contarnos un relato sobre la solidaridad y sobre el poder del diálogo para cuadrar nuestras diferencias. Y, además, no se corta un pelo (a los noventa y cinco años no hay ninguna necesidad de ello) en señalar el desastre que supuso el macartismo: «Hombres, mujeres y niños inocentes vieron arruinada su vida debido a esta catástrofe nacional», escribe. No obstante, algo se echa en falta: ¿por qué el señor Douglas no nos ha contado algo más sobre Dalton Trumbo, el verdadero héroe de esta historia? ¿Por qué al final parece más una historia sobre el carácter heroico de este actor y productor? ¿Por qué queda la sensación de que fue Douglas, él solito, quien acabó con aquella censura? Al fin y al cabo también lo ha escrito él y cada uno cuenta las cosas como le apetece, que para algo es el autor.

Este péplum que tenemos en la cabeza comenzó su producción en 1957. Diez años antes, el Comité de Actividades Antiestadounidenses había condenado a diez guionistas y directores de cine a la cárcel y a no trabajar más en Hollywood por sus ideas comunistas. En aquel tribunal se encontraba, por otra parte, un joven Richard Nixon. Y enfrente, entre los acusados, Dalton Trumbo, conocido entonces por novelas como "Johnny cogió su fusil".

Si se mira una foto de Trumbo en aquella época se ve a un hombre de rostro delgado, fino, con gafas de pasta y ese bigote tan años cuarenta. No parece haber demasiada peligrosidad, aunque sí determinación. De hecho, en aquel tribunal él no delató a otros compañeros y, por supuesto, no se declaró culpable de sus ideas. Poco nos cuenta Douglas, no obstante, de lo que sucedió después del juicio. Trumbo fue a parar a prisión y ahí acaba la pista (no resurgirá hasta años después con "Espartaco").

Pero sí podemos ahondar en su vida a través de otros archivos como el documental que se filmó en 2007, Trumbo y la lista negra, en el que aparecen todo tipo de imágenes, cartas, obras escritas que reflejan quién fue este personaje que ganó dos Óscar —por "Vacaciones en Roma" y "El bravo"— aunque sin figurar en los créditos, y que también firmó otro filme de denuncia de la violencia como fue "Papillon", en 1973.

Trumbo nació en Montrose, Colorado, en 1905, hijo de emigrantes francosuizos y en su adolescencia se pasó noches trabajando en una panadería y viendo películas. Antes de cumplir los treinta ya escribía reportajes y pequeñas historias para Vanity Fair y Hollywood Spectator. De hecho, en 1934 se convirtió en editor de esta revista, que le llevó directamente a los estudios Warner.

Fue en esa época cuando comenzaron sus simpatías hacia el Partido Comunista. Él se definía como pacifista y por ello se mostraba contrario a que Estados Unidos participara en la II Guerra Mundial de la mano del Reino Unido. En 1939 escribiría la novela Johnny cogió su fusil, completamente antibelicista, aunque no pudo dirigir su adaptación al cine hasta 1971. Del libro se pueden escoger algunas de las frases que destrozan cualquier lema de la Legión Extranjera.

No existe nada noble al morir. Ni siquiera cuando mueres por honor. Ni siquiera cuando mueres como el mayor héroe que el mundo haya visto. Ni siquiera cuando eres tan grande que tu nombre nunca será olvidado y, ¿quién es así de grande? Lo más importante es su vida muchachos. Ustedes no son nada muertos, excepto para los discursos. No los dejen burlarse más. No pongan atención cuando les den palmadas en los hombros y les digan, ven con nosotros tenemos que pelear por la libertad o cualquier palabra que usen, porque siempre hay una palabra.

Ustedes no son nada muertos, excepto para los discursos. Algo así también se puede encontrar en los libros de Arturo Barea, quien participó como soldado en la famosa guerra del Rif y posterior desastre de Annual, y a quien aún se le deben bastantes homenajes en España.

Pero volvamos a Trumbo. En 1943 se afilia al Partido Comunista donde permanece hasta 1948. Un año antes fue condenado a once meses de prisión y a no volver jamás a Hollywood. De hecho, cuando sale de la cárcel se marcha con su familia a México, donde seguirá escribiendo guiones. Y ahí es cuando, en 1953, surge esa maravillosa película llamada "Vacaciones en Roma", un cuento de hadas que aborda, no obstante, un tema que ahora borbotea por todos los periódicos: el derecho a nuestra privacidad. Trumbo, que tuvo que firmar como Ian McLellan Hunter, escribió una historia casi de espías y chantajistas que se aprovechan de la información que saben del otro. Casi como lo que a él le ocurrió cuando fueron investigadas sus propias actividades. La película se recuerda hoy por sus imágenes de Roma, por la química entre Audrey Hepburn y Gregory Peck, pero sin ser una obra maestra, también tiene un trasfondo político: hay información que no debe hacerse pública porque permanece en el ámbito de la intimidad, aunque te puedan decir aquello de «No está vedado cazar princesas». Trumbo obtuvo el Óscar por este guion, pero no pudo subir al escenario para recibirlo.

A finales de los años cincuenta, la caza de brujas ya estaba renqueante. Es entonces cuando entra en escena Kirk Douglas y todo lo que relata en el libro Yo soy Espartaco. En realidad, la aparición de Trumbo en su vida fue casi por casualidad, ya que en un primer momento no iba a ser el guionista, sino que este trabajo había recaído en el autor de la novela Espartaco, Howard Fast. Pero todo salió mal. El guion no gustó a nadie, y mucho menos a Universal, el estudio encargado de poner la mayor parte del dinero para la producción. Fue a Eddie Lewis a quien se le ocurrió que podrían llamar a Sam Jackson, otro nombre ficticio de Trumbo para trabajar. Y aceptó.

Caracoles, ostras, Yo soy Espartaco… Muchas frases han quedado para la historia de este extraordinario guion que, de alguna manera, se venga de lo que Trumbo pasó en los años cuarenta con el macartismo. ¿No quieres comunismo? Toma dos tazas: «Solo un hombre que se sabe libre es capaz de liberarse de la esclavitud», «Volveremos y seremos millones». ¿No quieres conductas inmorales? Toma caracoles o esa otra sentencia que Douglas le suelta a Jean Simmons, que interpreta a Lavinia: «Nunca he estado con ninguna mujer». Una frase que, por otra parte, el actor temía que el público se tomara a risa dada su faceta de gigoló durante años.

No es improbable pensar que Trumbo estuviera pensando en personas muy determinadas cuando escribió este texto. Quizá en el propio Nixon, sin saber que una década después sería el presidente de los EE.UU.: «Si castigáramos a todos los jefes de milicia que se han puesto en ridículo, no quedaría nadie con grado superior al de centurión», suelta Graco, interpretado por Charles Laughton. O lo que es lo mismo: bofetada a la mediocridad de los líderes. El conocido «quien llega arriba es porque es un mediocre y fácil de manejar», que hoy todavía resuena con fuerza, escrito con mucha más clase y elegancia.

Pero, ¿por qué logra Trumbo salir del abismo del exilio? ¿Por qué llega a figurar en los créditos de "Espartaco"? No es, desde luego, solo la mano ejecutora de Douglas, aunque también lo impulsara y estuviera de acuerdo. En 1960, con la película a punto de estrenarse, ya había un nuevo presidente en la Casa Blanca: el carismático John Kennedy. Poco quedaba de la época anterior y el Technicolor comenzaba a tomar fuerza desde los televisores: «A new life has come». Un murmullo burbujeante se oía ya en las calles que poco después estallaría en la forma de las manifestaciones por los derechos civiles, contra la Guerra de Vietnam, etc. Colocar a Trumbo en los créditos era subirse a la nueva ola. Era molar. Y, además, estaba muy bien.

Eso también lo pilló Otto Preminger, el director de "Éxodo", que había contado en el guion con Trumbo, y que decidió que este apareciera por primera vez con su nombre real en los créditos. Así, entre uno y otro, hicieron que en 1960 todo cambiara porque, en realidad, todo había cambiado ya. De repente, hasta había un presidente que iba al cine a ver "Espartaco".

Quien nunca se movió un ápice de su sitio fue el singular guionista. Al menos, así lo dicen sus trabajos posteriores. Ya con la gloria sobre sus hombros, no permitió que su pluma temblara y se plegara al poder (que ahora estaba de su parte), por lo que en 1973 escribió uno de sus guiones más memorables y con el que volvió a ajustar cuentas con su pasado: "Papillon". La película, dirigida por Franklin J. Schaffner e interpretada por Steve McQueen y Dustin Hoffman es una denuncia brutal de las condiciones en las que pueden llegar a estar los presos, siendo estos además inocentes. Posiblemente sea uno de los filmes más duros sobre la temática, con escenas de tortura en las que arrancar uñas de cuajo quizá sea de lo más flojo. La atrocidad hecha carne humana y un desbordado anhelo de libertad.

Fue por lo que Trumbo luchó toda su vida y lo hizo mediante las palabras, que eran el arma que él tenía. Hay que aplaudir hoy a Kirk Douglas que nos recuerde, aunque sea desde su atalaya, quién fue este hombrecito y qué supuso para la historia del cine y de los que fueron a ver sus películas. Murió en 1976 de un ataque al corazón dejando incompleta su novela —publicada de manera póstuma— La noche del uro, que ha sido reeditada recientemente por Plataforma. A través del personaje de un oficial nazi, en ella el escritor sondeó los mismos entresijos humanos que le habían obsesionado siempre: «Esa oscura ansia de poder que acecha en todos nosotros, esa perversión del amor que es secuela inevitable del poder, el perverso, exquisito placer del poder absoluto». Él sabía muy bien de lo que hablaba.

Pepe Gutiérrez-Álvarez, en "Dalton Trumbo, un comunista en Hollywood", en Kaos en la Red, el 6 febrero de 2016, escribió:

El pasado siempre vuelve, ni tan siquiera es pasado, decía William Faulkner. Como es sabido, Faulkner fue guionista y un día se vio metido en una cacería con Clark Gable. Cuando éste le preguntó sobre quién era, él le respondió: "¿Y usted quién es?". No hay duda de que habrá muy poca gente que no sepa quién era Gable, lo mismo que debe de haber muy poca que sepa quién fue Dalton Trumbo (Montrose, Colorado, 1905-Los Ángeles, California, 1976); sin embargo, nadie debería dudar que la contribución de éste último a la historia del cine es muy superior a la del que fue Rhett Butler.

El pasado vuelve con Trumbo a través de una película que anuncian desde diarios y revistas. Se trata de una biografía escrita por Bruce Cook que Navona ha publicado en castellano adaptada para la gran pantalla por el temido Jay Roach (realizador de las sagas de "Austin Powers" y "Los padres de ella"), interpretada por Bryan Cranston, en uno de sus primeros papeles tras el fin de "Breaking Bad" con la compañía de otros actores no menos sólidos: Diane Lane y Elle Fanning como esposa e hija, amén de Helen Mirren, Louis C.K., John Goodman… De momento está teniendo buenas críticas, por lo tanto cabe esperar que dicho estreno permita que el nombre Dalton Trumbo vuelva a ser reconocido y apreciado como el de alguien que fue comunista en Hollywood, que aprendió con tanta fortuna que figura, si no como el mejor, sí como el más rápido de los guionistas de su tiempo. Alguien que trabajó en una industria imperial.

¿Quién fue este Dalton Trumbo? De entrada: hijo de un sheriff (cabe recordar algunos tan peculiares como el que encarnaba Walter Matthau en "Los valientes andan solos"), abandona la universidad; luego, ulteriores dificultades económicas le fuerzan a un trabajo nocturno en una panadería. Permanece en la Davis Perfection Bakery por espacio de casi nueve años, hasta 1933. Durante este período, inicia colaboraciones esporádicas en diversas revistas, trabajos que él mismo recordará con cierta ironía… Por aquel tiempo, un artículo propuesto a Hollywood Spectator, “Boot legging for Junior”, le facilita el ingreso en la misma, pero un año después la revista quiebra. Son malos tiempos, los de la Depresión: el capitalismo muestra su cara oscura, su incapacidad para cubrir las necesidades de la humanidad que trabaja.

Nuevamente sin trabajo es contratado por la Warner Brother como lector. En 1937 trabaja para la Columbia. Warner lo despide por no haber querido dimitir de la Screen Writers Guild. De este período data la edición, en Gran Bretaña, de su primera novela, The Eclipse. Gracias a su prestigiado como novelista, es llamado por la RKO, la más pequeña de las majors, para escribir guiones. Las razones de su contratación evidencian la concepción literaria del lenguaje cinematográfico que tenían los productores norteamericanos. A pesar de ser la causa de su despido continúa colaborando en la Screen Writers Guild y se integra en diversos comités cuya acción era tan sugestiva y evidente como sus propias siglas: Anti-Nazi League, Joint Anti-Fascist Refugee Committee, Hollywood Writers Mobilization, Committee for the Defense of Harry Budges, etc. Trumbo participa activamente también en los diversos comités de ayuda a los republicanos españoles.

En 1938 escribe la novela Y Johnny cogió su fusil, uno de los mayores alegatos antimilitaristas que se recuerden (y que aquí editó Bruguera al calor de la versión fílmica). Es también el momento de su primer “escenario” importante, “A man to remember”. Film catalogado de serie B, escrito en dos semanas y rodado en quince días. En este guión y en el de "Espejismo de amor" (Kitty Foyle, 1940), Dalton Trumbo logra un oportuno y remarcable empleo del flash-back. Fue dirigida por Sam Wood, un interesante “artesano” conservador que más tarde ejercerá como un “chivato” anticomunista y contra el cual Trumbo publicará un famoso panfleto. Entre 1940 y 1942 redacta numerosos guiones para la RKO, Columbia, Paramount, Universal, MGM, etc., que no añaden nada nuevo a su carrera.

Esto momento coincide con su integración plena en el engranaje industrial de Hollywood. Engranaje que obliga a tan ridículos manejos como los acontecidos con el film “The remarkable Andrew” que dirigió Stuart Heisler (1942). Trumbo propone para esta producción un escenario y la productora (Paramount) condiciona su rodaje a que previamente se publique una versión literaria del mismo. Aparece el libro y quedan abiertas las posibilidades de filmación. Disensiones en el rodaje provocan un ofrecimiento para que sea el propio Trumbo quien dirija el film. Rechaza la oferta. Luego llega la muy famosa, y un tanto ñoña "Compañero de mi vida" ("Tender Comrade"), que sería dirigida por Dmytryk con un reparto que reunía a Gingers Rogers y Robert Ryan. Su contenido cribado por contener una escena en la que se dice que ser “camaradas” significa “compartir”, algo tan general que hasta el cardenal Rouco lo habría aceptado. Trabaja con Victor Fleming en "Dos en el cielo" ("A guy named Joe", 1943), con Spencer Tracy, título sobre el cual Steven Spielberg realizó un remake que figura sin duda como lo peor de su filmografía; vuelve a hacerlo con Spencer Tracy, pero esta vez con Mervyn Le Roy en "Treinta segundos sobre Tokio" (1944), ambas por lo demás, apologías del ejército norteamericano al que retrata cmo mandan los cánones, tan noble como invencible. En 1944, con ocasión de la campaña presidencial, se convierte en el National Chairman of Writers for Roosevelt. Al año siguiente es corresponsal de guerra en el Pacífico y consejero en la Organización y Fundación de las Naciones Unidas. Es igualmente redactor-jefe de The Screenwriter fundada por la Screen Writers Guild.

En octubre de 1947, Dalton compareció ante el Comité de Actividades Anti-norteamericanas de la Cámara de Representantes. Preside el siniestro J. Parnell Thomas de New Jersey, y por el lugar manda también el no menos siniestro Richard Nixon de California. Ya en marzo de aquel mismo año, la Comisión había anunciado su intención de realizar una encuesta secreta sobre el comunismo en el cine. El principal motivo de sospecha que regía contra Trumbo se basaba en una antigua defensa del líder sindicalista de portuarios de San Francisco, Harry Bridges. En efecto, Trumbo había redactado el panfleto que, lanzado por la Liga Americana de Guionistas, se opuso a la expulsión del australiano Bridges. Con todo, la razón legal de su encarcelamiento fue su mantenida negativa a responder a la preguntas del Comité: "¿es o ha sido miembro del partido comunista?", así como: "¿pertenece a la Screen Writers Guild?". Mostrando su integridad, los llamados Diez de Hollywood argumentaron en favor de su silencio el derecho fijado en la enmienda primera a la Constitución: “El Congreso no podrá aprobar ninguna ley conducente al establecimiento de religión alguna, ni a prohibir el libre ejercicio de ninguna de ellas. Tampoco aprobará ley alguna que coarte la libertad de palabra y de prensa…”.

Trumbo, además de su obligada participación en los interrogatorios, envió una carta a Parnell J. Thomas en la que, dentro de unos moderados argumentos liberales, criticaba la actuación del Comité por atentar a la libertad individual y a la libre iniciativa de la empresa privada, transgrediendo derechos fundamentales constitucionalmente reconocidos. De 1946 a 1960, Dalton escribe cerca de treinta y cinco guiones, en condiciones económicas de las más variadas. Alvah Bessie, brigadista de la Lincoln en España, lo cita como uno de los que lograron mantener con mayor continuidad su labor.

Tres años más tarde el Tribunal se negaba a revisar su caso. Trumbo con otro comunista, John Howard Lawson, fueron los más duramente penados. El primero lo estuvo a doce meses de prisión que por buena conducta se redujeron a diez. Es a partir de 1950 cuando inicia su trabajo como guionista clandestino.

A raíz de su ingreso en la Federal Correctional Institution de Ashland en el estado de Kentucky, la Metro rescinde su contrato. Su último guión de esta época será “The prowler” (1950), película vista aquí en TVE2 y dirigida por Joseph Losey con Van Heflin y Evelyn Keyes, que puede considerarse como una de las primeras (si no la primera) película norteamericana que aborda sin titubeo la historia de un policía corrupto y fascista, y con Huston como productor. Hugo Butler y Don Weis concluyeron el trabajo iniciado por él. Trumbo tiene que marchar por pies a Méjico con Albert Maltz. La ausencia de Hollywood se prolongará por espacio de cinco años, durante los cuales su nombre resulta casi borrado del mapa.

El hecho de que varios de los encartados pudieran continuar trabajando en el propio Hollywood patentiza una actitud contradictoria y muy poco consecuente por parte de los industriales y políticos del cine. ¿Razones? Quizás lo fuera el intento de asegurar políticamente el mercado occidental para sus productos. En plena guerra fría, la actitud del gobierno norteamericano para con sus trabajadores del cine garantizaba un rigor ideológico acorde con las necesidades del momento. Mientras se mantuviera esta “imagen de marca” poco importaba que secretamente volvieran a colaborar los comprometidos en la persecución del Comité. Trumbo fue uno de ellos. Un remake de "Me perteneces" (“You belong to me”, 1941), realizado en 1950, cita a Trumbo en los genéricos. No obstante, él no interviene en esta nueva versión del exitoso film de Wesley Ruggles que en su día interpretaron Bárbara Stanwyck y Henry Fonda.

En 1956 se concede el Oscar al mejor guión a un tal Robert Rich. Alguien que cuando se le nombra a la hora de los premios no comparece en la entrega. Una serie de litigios por plagio en contra de los productores del film, los hermanos King, obliga a descubrir la identidad del guionista: Dalton Trumbo. Otros blacklisted que ganaron Oscars fueron Michael Wilson y el actor Ned Young que firmó, bajo seudónimo, el guión de "Fugitivos" (“The Defiant Ones”), la notable metáfora antirracista de Stanley Kramer con Sidney Poitier y Tony Curtis. Durante esta etapa clandestina trabaja con Michael Wilson, el guionista de la mítica "La sal de la tierra" (“Salt of the Earth”, 1952). El seudónimo Richard Bosley esconde a Wilson como Richard y a Dalton Trumbo como Bosley. Otros seudónimos establecidos fueron Robert Rich (“The Brave One”, aquí estrenada en TVE como "El bravo", y resulta una entrañable e ingenua apología “animalista” dirigida por el anodino Irving Rapper), Sam Jackson ("Espartaco"), hasta que se destapó. De hecho, Espartaco le proveerá de su mayor prestigio. Desde entonces, se le reconocerá plenamente.

Como literato, Trumbo alcanza reconocimiento público al aparecer “McCall’s” bajo la firma de C.F. Demaine, C.F. eran las iniciales de su esposa.

De este período data una carta enviada a varios intelectuales, gran parte de ellos literatos, en demanda de solidaridad con los afectados por la lista negra. Entre los destinatarios figuraron William Faulkner, Ernest Hemingway, William Saroyan, John Steinbeck y Tennessee W. Williams. Al primero le escribió en enero de 1957 las siguientes líneas: «durante el otoño de 1947, después de una serie de audiencias tenidas por la Comisión de Actividades Anti-norteamericanas se ha establecido una lista negra, en el seno de la industria cinematográfica. En los nueve años que han seguido, más de trescientos escritores, directores, actores, músicos y técnicos han sido alejados de su oficio y desposeídos de su pasaporte que les habría permitido trabajar en el extranjero (…) Aquellos que permanecen en la profesión trabajan bajo vigilancia de grupos privados, un representante permanente de la Comisión en Hollywood y una organización administrativa que certifica el patriotismo del artista. La “lista negra" que se creó por un momento producto eventual de un período borrascoso, se ha institucionalizado. El cine, vigilado y censurado por las autoridades federales, se ha convertido en un arte oficial. ¿Puede usted, como escritor con obras adaptadas a la pantalla, quizás por las mismas personas en nombre de las cuales formuló esta solicitud, dirigirme una declaración condenando la lista negra de Hollywood? Y autorizándome a publicarla en la prensa, pues esto será una tentativa suplementaria para destruir esta condenable empresa antes de que ella nos aplaste a todos».

Luego su historia es mucha más conocida. En 1958 Kirk Douglas contrata a Trumbo para que escriba el escenario de “Spartacus”. La Universal se opone a que su nombre aparezca en los títulos de crédito, pero el posterior anuncio de que Preminger había llamado a Trumbo para redactar el guión de “Exodus” y su estreno sin problemas animó a la Universal a reconocer la titularidad del guión. Ya anteriormente los actores británicos de la película de Kubrick-Douglas, Laurence Olivier, Charles Laughton y Peter Ustinov habían hecho afirmaciones en este sentido. Está claro que Espartaco no fue uno de los mejores guiones de Trumbo, aunque no está claro hasta que punto influyó en la historia Douglas como productor, y el director, que, por ejemplo, con la crucifixión viva final, hace de “Spartacus” un mártir cuando el guión inicial pretendía dar la imagen del líder. La película resulta sobre todo por algo que ya contenía la novela, y que al parecer reclamaba el ambiente creado por el movimiento de los Derechos civiles. A saber: el inteligente aprovechamiento de unos elementos pensados como gran espectáculo y aparentemente “inofensivo” pero que permitían una intencionalidad mucho más profunda que, además, llegó a calar entre los espectadores, sobre todo entre los más jóvenes.

Su trabajo en "Éxodo" tiene empero una significación casi opuesta. Apresurado por Preminger terminó el escenario en cuarenta y cuatro días, condicionado siempre por el antecedente novelístico del muy reaccionario Leon Uris, que no duda en glosar y “comprender” las fracciones más terroristas. Auténtica apología sionista que escamotea toda las complicidades de las “democracias occidentales” con la Shoah y que, aunque escapa al maniqueísmo habitual, lo cierto es que el trato fílmico dado a los árabes (el único bueno es un colaboracionista interpretado por John Derek, que había sido Josué en "Los diez mandamientos", acaba siendo colgado por los suyos) no deja de poner en evidencia el gran horror de la película: que los árabes estaban en sus tierras y que no habían tenido nada que ver con el judeocidio. El error de Trumbo lo fue también de la mayor parte de las izquierdas norteamericanas, sobre todo entre los elementos de procedencia hebrea.

En 1962 trabaja en un singular y torvo western para Robert Aldrich, "El último atardecer" (“The Last Sunset”, 1962), que, aunque los resultados no convencieron al propio guionista, lo cierto es que se trata de una gran película, injustamente subestimada, con notables interpretaciones de Rock_Hudson, Kirk Douglas, Dorothy Malone, Carol Lynley y Joseph Cotten. En "Los valientes andan solos" (“Lonely are the brave”, 1962), Trumbo adapta la novela de un conocido escritor anarquista que desarrolla toda una metáfora “primitivista” a través de un cowboy, Jack Burns (Kirk Douglas), el típico cow-boy individualista y frenético de su libertad que opone a las instituciones del naciente industrialismo su lucha y su huída. Antes Trumbo también escribió el guión de otra gran película sobre los vaqueros, "Cow-boy" (1958), seguramente el mejor western de Delmer Daves que sobresalió especialmente en este género. El lector recordará el juego entre los dos protagonistas, el veterano y el novato, magníficamente representados por Glenn Ford y Jack Lemmon.

Luego llegaría "Castillo de arena" ("The Sandpipers” (1965), que crea nuevos conflictos a la labor de Trumbo con Vincente Minnelli, y de éste con las exigencias de la “diva” Elizabeth Taylor, un tanto molesta por el tipo de papel adjudicado y de otra un Minnelli con ideas muy personales sobre el problema a tratar. En este film vuelve a reunirse con Michael Wilson. Sus últimos trabajos fueron sumamente interesantes aunque de aplicación irregular, como son los casos de "El hombre de Kiev" ("The Fixer", 1968), adaptación de la novela de Bernard Malamud sobre un caso muy similar al de Dreyfus sobre el que el marxismo ruso desarrolló una gran labor (Lenin escribió bastante sobre esta historia), y "Orgullo de estirpe" ("The Horsemen", 1970), adaptación de la novela de Joseph Kessel, y ambos dirigidos por John Frankenheimer, lejos de sus registros más próximos. Cabe citar además "Hawaii", de George Roy Hill, que sufre de problemas de montaje, y finalmente de "Papillon", otra adaptación literaria ilustre que fue dirigida por Franklin Schaffner, y que cuenta con sus partidarios.

Independientemente de su actividad estrictamente política, Trumbo se nos aparece como un guionista cómodo para el sistema de producción de Hollywood. Cómodo por su concepción de la obra cinematográfica como un trabajo parcelario. Finalizada su tarea como guionista se desentiende de las posteriores manipulaciones del guión. Manipulaciones que sólo empiezan a darse en sus últimos trabajos con directores conscientes de la necesaria originalidad de su labor. Dentro de su larga carrera, su tarea ha consistido en adaptar a las necesidades del cine obras de autores tan opuestas en su momento como Leon Uris y Howard Fast, aunque al final de la obra de éste, las diferencias no eran tantas: ambos eran sionistas, uno de izquierdas, el otro de extrema derecha aunque llegarían a gobernar juntos con el tiempo.

Al final de su vida cinematográfica, Trumbo adapta su propia novela novela, Johnny got his gun, que se había editado tres días antes de la declaración de la II Guerra Mundial. No es hasta 1964 que acepta una de las repetidas propuestas para ceder los derechos a una productora, concretamente a del mexicano Alatriste, productor de los films de Buñuel. Trumbo trabaja con Buñuel durante dos semanas en Méjico. Regresa a su país para concluir el guión, pero durante este intervalo, surgen dificultades entre Alatriste y Buñuel durante el rodaje de "Simón del Desierto", y el proyecto se queda en el escritorio. Finalmente será su amigo S. Lazarus, uno de los productores de La sal de la tierra, quien con ayuda de varios amigos comunes logra el capital necesario para la filmación. La sociedad productora es bautizada Robert Rich Production, recordando el seudónimo con el que ganó el Oscar en 1956. Johnny es un soldado mutilado de la Gran Guerra. Sin piernas, sin brazos, mudo, sordo, ciego con las sensacionales tácticas como único sentido, además de su cerebro. A través de ellos recuerda, sufre, imagina e intenta comunicarse. Los médicos que lo atienden lo conservan artificialmente para estudiar su cuerpo como materia ajena a toda posible consciencia de sufrimiento. Como rata de laboratorio, aislada de todo contacto. Sólo la enfermera conseguirá relacionarse con él.

La trama no deja lugar para el sentimentalismo ni la hipocresía. Johnny recuerda, imagina y percibe su presente. Recuerda su primer amor y la relación con su padre, que Trumbo reconoce en muchos aspectos autobiográfica. En el cuerpo descubre el horror de la guerra y sueña su exhibición de feria en feria como testimonio de la misma y de sus consecuencias. Como enfermo desea la muerte. Trumbo se vale de los flash-back para explicar los sueños y recuerdos de Johnny. Flash-back que son rodados en color a diferencia del blanco y negro de las secuencias del hospital. Si bien algunos son inoportunos, la necesidad de otros es evidente. El director procura huir del horror visual para poder elevar el nivel de su crítica a planteamientos más elaborados. No sólo hay afecto para el personaje sino también consciencia de un absurdo (la guerra) y crítica a unos interesados responsables, o sea a los amos del mundo.

Por lo cual, se puede afirmar que Dalton Trumbo combatió por la libertad y la igualdad hasta el final aunque a veces se equivocó totalmente de barricada.


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