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ALQUATI, Romano (1935-2010)

Libros, autores, cómics, publicaciones, colecciones... La lectura refuerza poderosamente la razón.
Romano Alquati

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(wikipedia)


Introducción

    [traducción propia de la entrada en italiano de la wikipedia] Clana, 11 de febrero de 1935 – Turín, 3 de abril de 2010. Escritor, militante e intelectual italiano, destacado exponente del pensamiento "operaista" (obrerista, precursora de la autonomía) y estudiante de la subjetividad y la composición de clase.

    Romano Alquati se formó políticamente en Cremona en la década de 1950 en el grupo de los "investigadores descalzos" (ricercatori scalzi), que en aquel entonces era parte del movimiento obrero y sindical, conjugando la visión marxista con un enfoque ligado a la sociología crítica y una perspectiva fenomenológica de la subjetividad.

    Cremona era en aquellos años una ciudad en la que convivían las experiencias de lucha del proletariado agrícola con la rápida industrialización del boom económico. Entre los amigos de Alquati se contaban el psicólogo laboral Renato A. Rozzi y el comunista heterodoxo Danilo Montaldi, que fueron responsables de su incorporación a la militancia.

    A los veinticinco años, Alquati se trasladó a Turín, donde entró en la redacción de los Quaderni Rossi, en los que ya colaboraba, entre otros, Raniero Panzieri.

    En 1963 se pasó a la revista Classe operaia, junto a Mario Tronti y Toni Negri, forja de lo que fue definido como "operaismo" y de una nueva forma de aproximarse a la clase obrera, alejada del viejo movimiento obrero, para lo cual había elaborado el método de la conricerca. Este método, nacido en los primeros sesenta en la Fiat Mirafiori y otras fábricas piamontesas, como la Olivetti y la Lancia, compaginaba la encuesta con la partipación activa del investigador, para propiciar una transformación recíproca entre el investigador y los obreros como objeto de estudio. Estas encuestas fueron importantes en el ciclo de lucha inaugurado en Turín en julio de 1962 en Piazza dello Statuto, precursor del movimiento del '68 en Italia.

    En los primeros años de la década de 1970, en una sociedad en transformación, Romano Alquati salió de la fábrica y se acercó a entornos universitarios medios para ampliar sus investigaciones al proletariado intelectual, con la idea de superar una lectura social puramente obrerista, para el cual servirían nuevos instrumentos. Para esto, se acercó a Zygmunt Bauman, a su concepto de "sociedad líquida", y a las teorías de Alain Touraine, desarrollando el concepto de hiperindustrialización.

    En la década de 1980, prosiguió su actividad como docente militante en la universidad de masas, con el objetivo de producir en masa un conocimiento crítico. Los años siguientes fueron de aislamiento intelectual, porque se amplió aún más la distancia entre la izquierda oficial y los antiguos militantes del obrerismo y la autonomía.

    Bibliografía: R. Alquati, Sindacato e partito, Stampatori Università, Turín, 1974; R. Alquati, Sulla Fiat e altri scritti, Feltrinelli, Milán, 1975; R. Alquati, "L'Università e la formazione l'incorporamento del sapere sociale nel lavoro vivo", en Aut Aut, Florencia, julio-agosto de 1976, nº 154; R. Alquati, N. Negri, A. Sormano, Università di ceto medio e proletariato intellettuale, Stampatori, Turín, 1978; R. Alquati, G. Lodi, Donna, famiglia, servizi nel territorio della provincia di Cremona, Amministrazione provinciale di Cremona, 1981; R. Alquati, Dispense di sociologia industriale, Il Segnalibro, Turín, 1986-1992, 4 vol.; R. Alquati, Sul comunicare, Il Segnalibro, Turín, 1993; R. Alquati, Sacre icone, Calusca Edizioni, Padua, 1993; R. Alquati, Per fare conricerca, Velleità Alternative, Turín, 1993; R. Alquati, Cultura, Formazione e Ricerca. Industrializzazione di produzione immateriale, Velleità Alternative, Torino, 1994; R. Alquati, M. Pentenero, J. L. Wessberg, Sul virtuale, Velleità Alternative, Turín, 1994; R. Alquati, Camminando per realizzare un sogno comune, Velleità Alternative, Turín, 1994; R. Alquati, Lavoro e attività. Per una analisi della schiavitù neomoderna, Manifestolibri, Roma, 1997; R. Alquati, Nella società industriale d'oggi, trabajo de investigación no publicado, Turín, 2000/2003; R. Alquati, Sulla riproduzione della capacità umana vivente oggi, trabajo de investigación no publicado, Turín, 2001/2003.




Ensayo


Nota Vie Nov 18, 2011 2:45 pm
Fuente: Altamira, César. "El obrerismo italiano" (capítulo 2) en Los marxismos del nuevo siglo. Ed. Biblos, 1ª ed., 2006, páginas 125-127.



Romano Alquati, la subjetividad obrera y Classe Operaia



Dando continuidad a los grupos de estudio iniciales de Panzieri, Classe Operaia prolongó la tarea de investigación con relación al comportamiento de la clase obrera apoyada en los estudios de Alquati. En efecto, Romano Alquati y otros, en particular quienes trabajaban en ciudades con altas concentraciones obreras -Milán, Turín, Porto Maghera-, intentaron comprender la dinámica de los movimientos de los trabajadores y prevenir los tiempos de huelgas y revueltas como manera de poder establecer conexiones entre ellos. Se trataba de un pensamiento netamente obrerista puesto al servicio de la recomposición de clase.

En su primera contribución a la revista, Alquati focalizó su estudio en las huelgas salvajes de Fiat de 1963, portadoras de una nueva y compacta vanguardia de masas en movimiento. La característica más importante de estas luchas se asentaba en el rechazo a jugar cualquier rol mediatizado por las normas de las relaciones industriales establecidas. En este contexto, las luchas se volvieron impredecibles mientras excluían al sindicato como dirección de las mismas. Por lo demás, Alquati tampoco compartía aquella idea que asignaba a las formas de las luchas características transicionales hasta tanto se alcanzaran nuevas modalidades de organización.

Los aspectos más interesantes del informe de Alquati "Lucha en la Fiat" están relacionados con su explícito rechazo a la ideología de la autoadministración y sus intentos por identificar el hilo que recorre las formas de lucha abierta, como la huelga salvaje, a las formas de resistencia más subterráneas. Para Alquati las suspensiones y los paros en la línea de producción eran significativos de los deseos y la conciencia revolucionaria de los trabajadores, expresión sobre todo del rechazo a toda demanda del patrón. Tales acciones independientes eran demostrativas de que los trabajadores habían comenzado a afrontar metas enteramente diferentes de las planteadas por la CGIL. Esto es, la organización en la perspectiva de una autoadministración política por fuera de la producción capitalista y contra el poder político del capital en general.

Desarrollando la temática de la composición de clase a partir de esta concepción, el grupo de Tronti tendía a rechazar toda noción de conciencia de clase como un agregado externo a la filosofía de vida de cada trabajador. La lucha era vsita como el mejor educador de la clase obrera, en la medida en que ligaba a los diversos estartos de la fuerza de trabajo y transformaba al conjunto de las fuerzas de trabajo individuales en una masa social, el obrero masa. Era precisamente la lucha la que diferenciaba la autonomía de la clase de los movimientos del capital, así como de la articulación objetiva de la fuerza de trabajo. Decía Negri: "La clase obrera se presenta cada vez más cerca y compacta internamente y busca, en sí misma, articularse con mayores niveles de unidad en la organización. [...] Hoy el conjunto de la clase obrera en lucha es la vanguardia" [10]. Sin embargo, los límites de esta aproximación teórica de Classe Operaia se mostraban evidentes cuando argumentaba que "la espontaneidad de la pasividad debía ser entendida como una instancia del antagonista de clase, una forma de organización sin organización" (Tronti, 2001: 271).

De cualquier manera, los argumentos de Alquati plantearon la contradicción que recorrería el obrerismo clásico. La insistencia, por un lado, en la naturaleza del permanente antagonismo de la fuerza de trabajo en las relaciones de producción capitalista mientras simultáneamente se hablaba, por otro lado, del camino tecnológico de la represión (Negri, 2002: 14), por el cual el capital podía exitosamente destruir la calidad política de las concentraciones de poder alcanzadas de la clase obrera. A diferencia de muchos marxistas, los editores de Classe Operaia nunca creyeron que la constitución de la clase obrera en una formación social particular fuera un acontecimiento acotado a un período. Era más bien el resultado del desarrollo de un interjuego entre las articulaciones de la fuerza de trabajo producidas por el desarrollo capitalista y las luchas de la clase obrera para superarlas. Pero, ¿cuál de los elementos era más fuerte: la continuidad de la lucha o la habilidad del capital para descomponer el antagonismo? La reorganización productiva que seguía a todo conflicto industrial, ¿implicaba la destrucción del sujeto político? ¿O nos encontrábamos frente a una criatura monocelular que podía ser infinitamente dividida mientras mantenía su código genético? ¿Era suficiente plantear junto con Negri y Tronti en esa época que la reestructuración del capital simplemente desplazaba el conflicto hacia niveles cada vez más elevados de socialización? Finalmente, ¿qué rol, si alguno debía jugar, se asignaba al problema de la memoria en la reproducción del antagonismo de clase? Estos interrogantes habrían de alcanzar suma importancia al final de la década siguiente.

Hacia mediados de los 60, sin embargo, la mayoría de los obreristas consideraban suficiente plantear, de manera reduccionista, una determinada relación entre la articulación material de la fuerza de trabajo en la composición orgánica del capital, es decir, la composición técnica de clase, y su lucha para sobrepasar tal subordinación tras nuevos epsacios de unidad política. Sin embargo, Alquati, ya en los Quaderni Rossi, había ido más allá de tal reduccionismo relacionando la hostilidad inherente del trabajo hacia el capital con los problemas que planteaba el amplio distanciamiento cultural entre los millones de nuevos trabajadores producidos por el milagro italiano y la vieja mano de obra industrial. En Classe Operaia Alquati profundizará su comprensión de la cultura de fábrica al poner especial énfasis en la importancia que los filtros y las transmisiones de la memoria entre generaciones sucesivas de trabajadores proporcionaban a la experiencia inmediata de la producción. A partir de los estudios realizados en Classe Operaia Alquati comenzó a alejarse tanto de la convencional noción leninista de organización de la vanguardia como de la simplificadora caracterización de una clase obrera como masa única y homogénea tan propia de aquella publicación. De esta forma, su temática de formas invisibles de organización de la clase adquirió sustancia al resaltar aquellos elementos de resistencia obrera que, basados en la organización del trabajo y redes sociales, habían sido explorados por algunos norteamericanos radicales. La clase obrera italiana no podía ser abordada como una masa social compacta desde una mirada donde tal homogeneidad fuera una meta a alcanzar y por la que luchar.

La lectura de Alquati era diametralmente opuesta a la del viejo consejalismo comunista. A partir de la categoría "fábrica social" argumentaba que ningún aspecto de la vida del obrero podía escapar al alcance de la dominación capitalista directa. Sin embargo, juntamente con ello la resistencia de Classe Operaia sobre la centralidad del trabajo productivo en el proceso de producción directo plantearía serias restricciones a las lecturas sobre las relaciones de clase por fuera del mundo de la producción inmediata.





Notas al pie de página:

    [10] T. Negri, "Obreros sin aliados", Classe Operaia, 3 de marzo de 1964, citado en S. Wright (2002).


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