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BUJARIN, Nikolái (1888-1938)

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Introducción

    [fuente] La Revolución Rusa se devoró a sus mejores hijos, los bolcheviques de 1917. Nicolás Bujarin, 'el favorito de todo el partido', según Lenin, pereció a manos del estalinismo. Fue una alternativa de democracia comunista, distinta del clasismo abstracto del trostkismo y de la crueldad autocrática de Stalin.

    Avanzaban por sendas ignoradas, con aciertos y errores, era la primera experiencia revolucionaria triunfante. Todos argumentaban, buscaban los caminos, discutían, se peleaban y se reconciliaban. En ese conjunto de revolucionarios, Nicolás Bujarin brilló con luz propia.

    Su vida, su obra como economista político, su militancia y compromiso revolucionario y su trágica muerte permiten analizar sus ideas como pensador y dirigente comunista. Consumido en el termidor estalinista, este revolucionario fue reivindicado en la Unión Soviética en los años '80. Había sido rehabilitado privadamente, en 1962, y ante sus familiares, por el entonces Comité Central del Partido Comunista. Y en los '80, por el Pleno de la Corte Suprema de Justicia de la URSS, que anuló la sentencia condenatoria que lo había llevado al cadalso en marzo de 1938.


    Teórico y político

    Bujarin, 'el favorito de todo el partido', según Lenin, había sido miembro originario de la conducción revolucionaria y del politburó del partido hasta 1929. Periodista y publicista, fue director de Pravda y durante casi una década teórico oficial y Jefe de la Internacional Comunista.

    Después de la muerte de Lenin, su rol tuvo particular importancia como codirigente, junto a José Stalin, en el desarrollo de la política interior soviética que perseguía la modernización económica y el socialismo.

    Sus tesis contra Trotski, y luego contra Stalin, lo convirtieron en un dirigente independiente que intentó un camino socialista distinto para la Unión Soviética de los años 20 y 30.


    Días y obras de Bujarin

    La mentalidad de Bujarin no es totalmente comprensible separada de su personalidad. Amable, abierto, agudo en la crítica, siempre de buen humor, transmitía su carácter bohemio, casi de estudiante. Contrastaba así con la petulancia de Zinoviev, el personalismo de Trotski y la frialdad de Stalin.

    Rosa Meyer-Leviné, que lo conoció en los círculos de emigrados de Viena en 1913, recordaba que en 'Bujarin se destacaba una cualidad suya peculiar. Su cara abierta con la enorme frente y sus ojos claros y brillantes carecía a veces casi de edad en su callada sinceridad'. La gente joven, los obreros, los intelectuales se encontraban cómodos con él y decían que 'era bondadoso, amable, expansivo y entusiasta'.

    Nunca personalizaba en sus disputas, jamás rendía a su adversario. Esta es la imagen, concordante, que sus contemporáneos, amigos y adversarios, han transmitido. En ello coincidieron Víctor Serge, Lenin, Carlos Radek, e historiadores como Isaac Deutscher y Stephen F. Cohen. El propio Stalin, que lo condenó a muerte, había afirmado en 1925: 'Somos y seremos partidarios de Bujarin'.

    Paradójicamente, la colaboración de Bujarin con Stalin había comenzado dentro del partido, tempranamente. En enero de 1913, a instancias de Lenin, colaboró con el georgiano en su tesis sobre El marxismo y el problema de las nacionalidades. Recién una década después, Bujarin volvería sobre el tema del nacionalismo revolucionario y reconocería la concepción leninista sobre los 'movimientos de liberación'. Eso fue a partir del análisis concreto de las clases sociales en la Rusia soviética, a propósito del papel del campesinado en su alianza con la clase obrera industrial y la lucha de las naciones oprimidas contra el colonialismo.


    Constructor del socialismo

    El Bujarin maduro de los primeros años de la década del 20 se había transformado de teórico y revolucionario en constructor del socialismo. En esta empinada cuesta, Bujarin elaboró varias obras: La economía mundial y el imperialismo, La economía política del rentista, El ABC del comunismo (en colaboración con Eugenio Preobrazhenski), Sobre la acumulación socialista y La teoría económica del período de transición.

    Esta última obra, mereció un análisis de Lenin, quien mediante notas hizo un estudio interno del libro, coincidiendo en líneas generales con el mismo.


    Materialismo histórico y revolución científico-técnica

    Bujarin realizó un aporte al campo de la filosofía marxista: La teoría del materialismo histórico, un libro desigual de divulgación que si bien recibió críticas de Lukács y Gramsci, quienes adujeron un cierto mecanicismo en el pensador ruso, hoy debe ser analizado a la luz del pensamiento completo del autor, particularmente su ensayo La doctrina de Marx y su significación histórica, escrito en 1933, y su comunicación al Congreso Internacional de historia de la ciencia y la Tecnología, de junio de 1931, en Londres, titulado "La reestructuración de la dirección y los problemas del mantenimiento científico y técnico de la industria". Allí, el pensador ruso realizó novedosos aportes a la metodología y a la teoría de planificación de la ciencia, a la luz del marxismo.

    El 'delfín' de la Revolución no fue un pensador de gabinete. Desde el primer momento hizo su aporte a la construcción del socialismo soviético.


    Las 'masas no pertenecientes al partido'

    A partir de 1931 la atención de Bujarin se centró en las 'masas no perteneciente al partido' y su antiguo entusiasmo por la coacción revolucionaria -en tiempos del 'comunismo de guerra'- cedió ante la necesidad de persuadir y educar. Fue cuando vislumbró que era necesario romper el aislamiento entre el partido y las masas, combatiendo las formas burocráticas. El antídoto, para Bujarin, era desplegar 'cientos y miles de sociedades, círculos y asociaciones voluntarias, pequeñas y grandes de rápida expansión' que proporcionarían el 'apoyo de las masas', fomentarían la 'iniciativa descentralizada' y constituirían colectivamente un 'mecanismo de transición' a través del cual el partido podía influir en la opinión pública y también recibir influencia de ella. Para Bujarin significaba un 'crecimiento de la estructura social soviética', potencializada en la ' iniciativa de las masas', en oposición a la 'estatización'. Así desarrolló su plan a través de un artículo del Pravda del 28 de agosto de 1921.


    La Nueva Política Económica (NEP)

    Ésta fue la filosofía de la Nueva Política Económica (NEP) alentada por Lenin y encabezada por Bujarin. Su propuesta era la 'paz civil bajo el mando del proletariado', donde consolidado el poder soviético sobre las clases antiguas, la nueva lucha no se deducía de la violencia, sino de la competencia pacífica de mercado entre la economía privada y socialista, así como en los frentes cultural e ideológicos.

    No era el gradualismo del reformismo menchevique, la dudosa limonada del socialismo en cómodas cuotas. Decía Bujarin, desde el Pravda, el 3 de diciembre de 1922: 'No podremos cumplir nuestro cometido a base de decretos ni de medidas obligatorias. Se requerirá un proceso orgánico prolongado. Un proceso de transformación real al socialismo. Los revisionistas, que no desean ningún tipo de revolución, sostienen que ese proceso ocurre ya en el seno del capitalismo. Nosotros afirmamos que solamente empieza junto con la dictadura del proletariado', es decir, la democracia socialista.

    Ante el sectarismo trotskista y su clasismo abstracto, Bujarin denunció que estos eran incapaces de digerir la enseñanza de Lenin acerca del bloque obrero-campesino y que 'por muchos años aún tenemos que cabalgar sobre un flaco caballo campesino, que tan sólo de esta manera salvaremos nuestra industria y aseguraremos una base sólida para la dictadura del proletariado'. Bujarin dio los fundamentos teóricos a la proposición del socialismo 'en un solo país', esto lo hizo ante la crisis y paralización de la revolución en Europa y con fundamentos y objetivos distintos a los que aplicó Stalin mediante la colectivización forzosa y el socialismo de cuartel.

    Por eso enfrentó a Stalin, cuestionó sus métodos crueles, la falta de democracia interna en el partido y de legalidad democrática en la sociedad soviética. Finalmente sucumbió en uno de los 'procesos' estalinistas, pero su ejemplo servirá de base a las nuevas generaciones revolucionarias en este comienzo del nuevo milenio. En la vida, dijo Goethe, 'Hay que conquistar y mandar, / o perder y servir, / sufrir o triunfar, / ser yunque o martillo'.




Ensayo





Artículos





Sobre N. I. Bukharin (artículos)





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Nota Dom Feb 20, 2011 1:41 am
fuente: http://www.ucm.es/info/eurotheo/hismat/ ... ujarin.htm



Nikolai Bujarin



José María Laso Prieto

Universidad de Oviedo




Nikolai Ivanovitch Bujarin nació el 9 de octubre de 1888 en Moscú en el seno de una familia de profesores. En el Instituto (Liceo) tomó ya contacto con el marxismo. Durante la Revolución de 1905 participó activamente en la lucha política y en 1906 ingresó en el Partido Obrero Socialdemócrata Ruso (POSDR). Estudió en la Facultad de Derecho de la Universidad de Moscú (sección de Economía), militó como propagandista y organizador en la sección moscovita del POSDR. Fue detenido varias veces antes de ser deportado a Onega de donde se fugó al extranjero.

En el otoño de 1912 Bujarin conoció a Lenin, quien se aseguró su colaboración para el periódico bolchevique Pravda y la revista Prosvéchtchénié. Bujarin se vinculó al movimiento obrero en el extranjero y redactó los informes y discursos para el grupo bolchevique de la Duma, al mismo tiempo que militaba en los círculos socialdemócratas de Viena. Fue en esta época cuando emprendió sus estudios de economía. Lenin acertó al ver en él a "un economista marxista de excelente cultura".

Durante la I Guerra Mundial, Bujarin manifestó ciertas divergencias con Lenin sobre temas como el Estado, la relación entre la lucha por la democracia y el socialismo, etc.

Acerca del derecho de las naciones a la autodeterminación, la posición de Bujarin estaba más próxima a la de Rosa Luxemburgo que a la de Lenin. Lenin no sobrestimó la importancia de sus discrepancias teóricas con Bujarin, ya que consideraba que sus ideas "debían madurar". Por ejemplo, si evocaba los “pequeños errores” de Bujarin, en el problema del Estado, por el contrario, fulminaba "la gran mentira y el envilecimiento del marxismo por Kautsky". Por ello, Lenin aceptó elaborar un prefacio para el libro de Bujarin La economía mundial y el imperialismo (1916). Ello le sirvió para tomar posición contra Kaustky e, indirectamente, contra los errores del propio Bujarin.

Sin embargo, ciertas observaciones y conclusiones de Bujarin sirvieron de ayuda al Lenin que trabajaba en la elaboración de El imperialismo, etapa superior del Capitalismo. Todo ello sin contar que tener un adversario de la talla de Bujarin estimulaba el pensamiento de Lenin, como se puede comprobar en una serie de escritos preparatorios de otra obra cásica de Lenin, El Estado y la Revolución.

A raíz de la Conferencia de las secciones del POSDR (b) en el extranjero (Berna, febrero de 1915), Bujarin se opuso a la reivindicación del derecho de las naciones a la autodeterminación y, más generalmente, contra toda exigencia de programa mínimo. En el fondo, las divergencias, como lo subrayaba Lenin, se producían en torno al tema de que "el socialismo era imposible sin la lucha por la democracia" y que era poco razonable excluir del Programa (del Partido) una de las reivindicaciones democráticas. Lo importante era menos la cuestión del derecho de las naciones a la autodeterminación que el método de análisis del problema. Lenin, como luego haría en lo que se denominó su "testamento", reprochaba a Bujarin su falta de sentido dialéctico.

En octubre de 1916, Bujarin se desplazó a América. En Nueva York, colaboró activamente en el periódico Nuevo Mundo. En una carta a Alejandra Kollontai, Lenin se mostró muy satisfecho de la batalla que entonces Bujarin libraba contra la derecha y contra Trotsky. Al mismo tiempo Bujarin contribuía a la organización del ala izquierda zimmerwaldiana, del movimiento socialista americano, que debía constituir más tarde el núcleo del Partido Comunista de los EE.UU.

Después de la Revolución de Febrero de 1917, regresó a Rusia. Allí apoyó las "Tesis de Abril" de Lenin. En agosto de 1917, en el VI Congreso del Partido, fue elegido miembro del Comité Central, por mandato del cual redactó el Manifiesto del citado Congreso. Bujarin participó activamente en los acontecimientos revolucionarios de Moscú, donde luchó contra los mencheviques y los social-revolucionarios. Asimismo desempeñó una función importante en la campaña contra el general golpista Kornilov. Como miembro del Comité Central, tomó posición contra las indecisiones que se produjeron en el mismo respecto a la insurrección armada y la conquista del poder. Después de la victoria de la Revolución de Octubre en Petrogrado, fue uno de los dirigentes de la insurrección armada de Moscú. En enero de 1918, en nombre de los bolcheviques, Bujarin hizo uso de la palabra en la Asamblea Constituyente.

La perspectiva que Bujarin formuló en el VI Congreso del POSDR (b), acerca de la “llama” de la revolución mundial, reflejaban un punto de vista muy ampliamente difundido. Ello no le exime de responsabilidad por las acciones políticas negativas que cometió a comienzos de 1918, los cuales se apoyaban en puntos de vistas obsoletos ya en aquella época. Mantuvo una posición errónea sobre una cuestión entonces fundamental para el destino de la joven república soviética. Es decir, la de la paz con Alemania. Bujarin, que se apoyaba en viejas ideas, reivindicaba la guerra revolucionaria. Sobre ello sostuvo: "No tenemos más que la vieja táctica, la táctica de la revolución mundial". Sobre ello manifestó Lenin: "La desgracia radica en que precisamente los moscovitas (incluido Bujarin) quieren mantenerse sobre una vieja posición táctica y rehúsan obstinadamente comprender que se ha modificado y que se ha creado una nueva posición objetiva".

A pesar de las divergencias teóricas entre Lenin y Bujarin durante la guerra civil, ambos encontraron un lenguaje común acerca de muchas cuestiones políticas. Por ejemplo, a raíz del VIII Congreso de los Soviets de Rusia (1920), Bujarin defendió las ideas de Lenin sobre eventuales concesiones a empresas extranjeras. No era fortuito que ambos criticasen a Trostky sobre tal tema. Bujarin hizo mucho, en su calidad de redactor de Pravda y de propagandista, para sostener las posiciones de Lenin. Muchos simpatizantes que se adhirieron al Partido después de la Revolución de Octubre, pudieron descubrir sus ideas en El ABC del comunismo que Bujarin escribió conjuntamente con Preobrajenski. A fines de 1920, Lenin dijo respecto a tal libro: "Tenemos un programa del Partido, remarcablemente comentado por los camaradas Preobranjensky y Bujarin, en un libro precioso al mayor nivel".

En su conjunto, de 1918 a 1929, las posiciones de Bujarin se manifestaban como un "romanticismo revolucionario" y por el izquierdismo de sus posiciones políticas. En cierto sentido, expresaba el espíritu del "comunismo de guerra", que era más o menos propio del Partido en aquella época. En 1920, en pleno "comunismo de guerra", Bujarin publicó una obra teórica, La economía en el período de transición. Bujarin procedió a una generalización y, en una cierta medida, erigió en absoluta la práctica política y económica del "comunismo de guerra". Bujarin cometió sobre el tema errores de carácter teórico, aunque al mismo tiempo reflejó las ideas que por entonces estaban en boga dentro del PC(b)R. Hay que tener en cuenta que la concepción de la Nueva Política Económica (NEP) no había sido todavía plenamente formulada, mientras que la línea fundamental del PC(b)R, después de su IX Congreso, preconizaba una transición inmediata al socialismo.

El estudio de las notas que Lenin escribió en los márgenes del libro La economía del periodo de transición muestran una identidad entre los puntos de vista de Lenin y Bujarin. Ello no impidió que Lenin insistiese acerca de los errores de Bujarin que no estribaban en el énfasis sobre la "coerción proletaria". De hecho, en sus notas marginales, Lenin reveló las raíces gnoseológicas de los errores pasados y futuros de Bujarin, aunque ese no fuese su objetivo de entonces. En todo caso, Lenin reveló los errores teóricos, los elementos de escolástica y sus distanciamientos del método dialéctico, que se daban en Bujarin.

Los años 1921-1927 fueron para Bujarin, como político, un periodo de auge. En 1924, fue elegido miembro del Buró Político del PC(b)R y asumió diversas funciones dirigentes no sólo en el Comité Central del Partido sino en el Comité Ejecutivo Central de la URSS y en el Comité ejecutivo de la Internacional Comunista, de la cual fue designado presidente en sustitución de Zinoviev. Bujarin participó activamente en los trabajos del Komsomol, del Consejo Central de los sindicatos soviéticos, de la Internacional Sindical, del Instituto de Profesores Rojos, de la Academia Comunista, del Instituto Marx y Engels, así como de otros establecimientos sociales, culturales, científicos y de enseñanza. Además, representó frecuentemente al Partido en el extranjero. Paralelamente, prosiguió sus actividades de redactor-jefe de Pravda y de la revista Bolchevique, así como de otras publicaciones. Bujarin fue el autor de toda una serie de documentos del Partido, así como de numerosos informes y discursos pronunciados en Congresos, conferencias y otras reuniones.

Después del fallecimiento de Lenin, una áspera lucha política sacudió al PC(b)R. Diferencias ideológicas de fondo se mezclaron con enfrentamientos personales. Eminentes figuras del Partido, como Trotsky, Zinoviev y Kamenev, de una parte, Stalin y Bujarin, de otra, se enfrentaron, en una parte u otra, de las barricadas. Bujarin tenía entonces una aversión fundamental por las interpretaciones izquierdistas de la edificación del socialismo. Todas sus obras de entonces están dirigidas contra el trotskismo. Fue precisamente esa posición fundamental la que hizo de Bujarin el aliado de Stalin. La intransigencia ideológica, de unos y otros, hizo imposible el trabajo colectivo.

Stalin, que adoptó una posición centrista, maniobró hábilmente para consolidar sus propias posiciones políticas. Sucesivamente Trotsky, Zinoviev y Kamenev fueron excluidos de la dirección en beneficio del Bloque Bujarin-Stalin. Sin embargo, tal bloque no podía durar, ya que los puntos de vista teóricos y políticos de Stalin estaban, sobre algunas cuestiones fundamentales, mucho más próximas a las de su adversario político, Trotsky, que a las de su aliado provisional, Bujarin.

La década del 20 fue para Bujarin un período de trabajo teórico serio, que le condujo a revisar muchas de sus ideas anteriores. Bujarin promovió activamente la línea leninista de la unión de la clase obrera y el campesinado como fundamento del poder soviético y condición obligatoria para la edificación del socialismo. Indudablemente, Bujarin retuvo las lecciones que le dio Lenin en 1918-11921 y reconsideró resueltamente las posiciones "izquierdistas" que le habían caracterizado en el pasado. Sin embargo, sus puntos de vista filosóficos habían cambiado poco. Así lo demuestra su obra Teoría del materialismo histórico, muchas veces reeditada en la década del 20, y que le produjeron vivas críticas por parte de algunos teóricos marxistas.

Se deben a Bujarin los nuevos desarrollos de la concepción leninista de la NEP. En 1923 y 1924 afinó sus posiciones sobre la teoría y la práctica de la Nueva Política Económica en sus enfrentamientos con la oposición. Combatió las concepciones estrechas de la NEP, según las cuales ésta sería sólo un retroceso, aunque cometió el error de estimular a los campesinos con la consigna "¡Enriqueceos!". Fue en una obra fundamental, para su evolución política y teórica, La vía al socialismo y la alianza obrero-campesina (1925) en la que Bujarin formuló su punto de vista sobre "la gran ruta hacia el Socialismo". El esquema teórico de Bujarin, acerca de la edificación del socialismo, determinó en buena parte la acción del PC(b)R en la segunda mitad de la década del 20. Esta obra fundamental de Bujarin constituyó una tentativa de proporcionar un fundamento teórico a la edificación del socialismo en un sólo país sobre la base de la NEP. En ese sentido, Bujarin obtuvo el mejor resultado de las ideas de Lenin de tender puentes y de adoptar medidas transitorias para conducir al socialismo a un país de pequeña economía rural. La concepción de Bujarin debió mucho a la idea leninista del socialismo como un "régimen de cooperativistas civilizados".

Paralelamente se planteaba un problema. ¿Cómo conjugar la libertad para la pequeña producción mercantil y los objetivos de una industrialización necesaria para que la URSS pudiese defenderse tanto económica como militarmente?

En 1925 el problema se planteó prácticamente en términos de "bombeo". Es decir, del cambio no equivalente entre la ciudad y el campo. No obstante, la cuestión se complicaba por el hecho de que el avituallamiento de las ciudades era concebido en términos de mercado y que se había liberado la actividad productiva de los pequeños campesinos individuales. Las relaciones económicas de contabilidad normal y de una economía equilibrada excluían el cambio no equivalente o, más exactamente, establecían límites importantes si se quería evitar una amenaza de crisis.

El aspecto dramático de la cuestión estribaba precisamente en que, para garantizar el "bombeo", a fin de obtener los medios necesarios para la industrialización del país, manteniendo las explotaciones campesinas individuales, hacían falta esfuerzos constantes del Partido para mantener sus compromisos políticos. Tal había sido la vía inicialmente elegida por el Partido, que estaba lejos de haber adquirido conciencia de su complejidad. En la etapa de 1925-1927, la política reposaba sobre la tesis de Bujarin de que los koljoces no constituían la gran ruta hacia el socialismo.

Sin embargo, la creciente crisis cerealista, creada a consecuencia de las indecisiones ocasionadas por el dilema descrito, llevó a Stalin a preconizar la coerción en el campo y, en consecuencia, a lanzar la colectivización masiva mediante la sustitución por koljoces y sovjoces de las explotaciones campesinas individuales. Aunque ni Bujarin ni ningún otro miembro del Buró Político se oponían a la política de "bombeo", los debates se suscitaron acerca de las formas y los limites del impulso hacia adelante. Tales cuestiones se exacerbaron a medida que las practicas de Stalin divergieron crecientemente de las resoluciones del XV Congreso del PC(b)R y de los principios leninistas de las relaciones entre la clase obrera y el campesinado. Las discrepancias entre Bujarin y Stalin se fueron gradualmente agudizando hasta que Bujarin fue expulsado del PC(b)R. Finalmente, en el curso de los grandes procesos contra la oposición a la línea política de Stalin, Bujarin fue procesado bajo la acusación de formar parte "del bloque trostkista de derecha antisoviética". El juicio se inició el 2 de marzo de 1938 y finalizó con la ejecución de Bujarin. Nikolai Bujarin fue rehabilitado en la fase final de la política de "perestroika".

El Comité Central del PCUS, "considerando la inconsistencia de las acusaciones políticas formuladas contra Bujarin en el momento de su exclusión del Partido, su rehabilitación judicial, y considerando también sus méritos hacia el Partido y el Estado soviético, se decide reintegrar a Nikolai Bujarin en las filas del PCUS a título póstumo".

Respecto a las aportaciones específicas de Bujarin a la teoría del materialismo histórico, su obra más directa es la titulada Teoría del Materialismo Histórico. Ensayo popular de Sociología marxista. La obra fue publicada en Moscú en 1921 y, junto a algunas valoraciones positivas, recibió numerosas críticas. La obra consta de una introducción y de los siguientes capítulos:

I. Materialismo histórico: La causa y el fin de las ciencias sociales (causalidad y finalismo).
II. Determinismo e indeterminismo (necesidad y libre albedrío).
III. Materialismo dialéctico.
IV. La sociedad.
V. El equilibrio entre la sociedad y la naturaleza.
VI. El equilibrio entre los elementos de la sociedad.
VII. Ruptura y restablecimiento del equilibrio social.
VIII. Las clases y la luchas de clases.

Aldo Zanardo, en un trabajo titulado El Manual de Bujarin visto por los comunistas alemanes y por Gramsci, publicado como prólogo a la citada obra de Bujarin editada por Siglo XXI de España editores, realiza una síntesis de las críticas que recibió el Manual de Bujarin. Así, por ejemplo, dice: "En 1927 Kautsky juzga al manual de Bujarin como una de las expresiones más burdas del materialismo económico y observa que casi todos los marxistas rusos son materialistas". Ahora bien, el propio Zanardo sostiene que "Las adhesiones que obtuvo el Manual de Bujarin las consiguió en la medida en que prevaleció en el juicio el punto de vista político. Lo que importaba, según este punto de vista —en el medio de una lucha que imponía la movilización rápida y continua de grandes masas— era no tanto la coherencia y riqueza interna de una posición ideal, cuanto el hecho de ser instrumento de esa movilización, de expresar del modo más simple la ruptura con la II Internacional, reconduciéndose a la posición original, específica, exclusiva, del proletariado en la historia". Hermann Duncker, que comenta el libro de Bujarin en dos revistas, indica su aspecto positivo en el antirrevisionismo radical, en la adhesión abierta a la concepción materialista de la realidad (que es además una adhesión genuina a las posiciones de Marx, Plejanov y Mehring). El hecho de que Bujarin no discuta los problemas del conocimiento significa simplemente que el marxismo es ajeno a los planteamientos neokantianos. Duncker, con todo, recalca algunos puntos presentes efectivamente en el manual pero que no fueron desarrollados: el materialismo de Marx no es mecanicista; la ideología no es mera apariencia: hay reciprocidad entre base y superestructura; materialismo no significa fatalismo. En parte, pero sólo en parte, difiere el comentario de Fritz Rückert. Rückert se basa no ya en el materialismo, sino en la dialéctica, en el segundo de los aspectos que sirven para la polémica filosófica contra la socialdemocracia. Es justamente la dialéctica, la admisión de que en la sociedad y en la naturaleza existen saltos, revoluciones, la que sirve para distinguir el comunismo de la socialdemocracia. "El marxismo es una doctrina de la realidad, de la vida viviente, de la acción: el hombre no es ciego instrumento de la suerte, sino elemento activo en el necesario proceso de desarrollo de la sociedad". Pero estos motivos están desarrollados a continuación del texto de Bujarin, y está sin desarrollar la otra implícita concepción, es decir, la implícita crítica al determinismo.

Por su parte, Lukács, en el comentario crítico que hace del libro de Bujarin, recalcaba especialmente que se trataba de un manual de una tentativa de popularización y sistematización y, dentro de estos limites, hacía algunas consideraciones positivas. Pero el resto es prevalentemente crítico. Y justamente, en cuanto a la popularización —según Lukács—, el Manual quiebra la tradición de Plejanov y Mehring, que habían indicado cómo se pueden unir popularización y cientificidad. La posición filosófica de Bujarin es la del materialismo vulgar, intuitivo. Este materialismo es una comprensible reacción al idealismo de los socialdemócratas, desde Berstein a Cunow, pero excluye el método marxista de todos los elementos que provienen de la filosofía clásica alemana y en particular excluye la dialéctica, que es la que hace inteligible el proceso histórico. Para Lukács, Bujarin transforma la dialéctica, que es un método, en una ciencia objetiva y positivista; admite una causalidad irresuelta, una objetividad por la objetividad fetichista. Pero para el marxismo es esencial "remitir todos los fenómenos de la economía y la sociología a relaciones sociales de los hombres entre sí". Típica de la posición objetivista, materialista vulgar, es la afirmación de Bujarin de que la técnica es determinante para las relaciones de trabajo. Pero el elemento único y decisivo de las transformaciones técnicas es, en cambio, la economía, la estructura económica de la sociedad, es decir, las relaciones sociales de los hombres entre sí en el proceso productivo y, sólo secundariamente, las transformaciones técnicas influyen en la superestructura. La argumentación se vale del conocido capítulo sobre el fetichismo de la mercancía, un texto esencial para Lukács y que interpreta como negación de la objetividad histórica, aparente, del tipo de mercancía y de la objetividad más general, propia del materialismo filosófico. Otro motivo central de la posición de Lukács (como de la de Gramsci) es la crítica de la doctrina de la previsión; afirma, fundándose en algunas tesis de Lenin, que existe una imposibilidad metodológica de prever un hecho con absoluta certeza: la estructura de la realidad no es la exactitud, la matemática, sino la tendencia, la posibilidad, el movimiento. Las leyes del marxismo son tendenciales, no estáticas. Así Bujarin se ha colocado fuera de la gran tradición del marxismo (Marx, Engels, Mehring, Plejanov, Luxemburgo): en lugar de criticar las ciencias de la naturaleza con el método del materialismo dialéctico, aplica el método de esas ciencias —el materialismo vulgar— al estudio de la sociedad. Sobre las deficiencias dialécticas de Bujarin, la definición más rotunda fue la de Lenin, en los textos que se consideraron como el testamento del dirigente soviético. Lenin escribía: "En lo que respecta a los miembros jóvenes del Comité Central, quiero decir unas palabras sobre Bujarin y Piatakov. Son, en mi opinión, los hombres más sobresalientes (entre los más jóvenes) y en relación con ellos no habrá que perder de vista lo siguiente: Bujarin no es sólo el teórico más valioso y destacado del Partido, sino que además es considerado, merecidamente, el preferido de todo el partido. Sin embargo, sus conceptos teóricos sólo pueden ser considerados, desde todos los puntos de vista, marxistas con la mayor reserva, porque hay en él algo de escolástico (no ha estudiado nunca y pienso que jamás ha entendido del todo la dialéctica)".

Para Zanardo, en última instancia, la crítica de Gramsci a Bujarin supera tanto a la crítica de los comunistas alemanes como a la del mismo Lukács. Según él, el grueso de la crítica filosófica de Gramsci a Bujarín se entrelaza en torno de los problemas de la sociología y del materialismo filosófico con todas sus implicaciones (previsión, regularidad de los eventos, determinismo, ciencias naturales...) en torno al problema de la ubicación histórica del materialismo histórico de Bujarin. Su Manual parte de la distinción rígida entre lo general y lo particular, entre teoría e historiografía y quiere ser una indagación, primero de lo que es general en la realidad natural y humana, después de la vida de la sociedad y en particular de la sociedad moderna. Primero trata de los principios universales, los conceptos metodológicos de la sociología: regularidad, causa, libertad, necesidad, caso, transformación; después construye la sociología verdadera y particular: la sociedad, los estados de equilibrio, desequilibrio y reequilibrio entre la sociedad y la naturaleza, entre los distintos elementos de la sociedad. Para Gramsci, la sociología era entonces una extensión indebida de los métodos de las ciencias naturales a la ciencia de la sociedad, "un intento de obtener experimentalmente las leyes de evolución de la la sociedad humana, del modo de prever el futuro con la misma certeza con la que se prevé que de una bellota se desarrollará una encina...".

Para concretar más la crítica de Gramsci a Bujarin, conviene citar directamente al filósofo italiano en algunos párrafos de su amplio trabajo titulado Notas críticas sobre la tentativa de Ensayo Popular de sociología. Gramsci entonces escribía en uno de dichos párrafos: "En el Ensayo Popular tampoco está justificada coherentemente la premisa implícita en la exposición y explícitamente esbozada en algún lugar: causalmente, la de que la verdadera filosofía es el materialismo filosófico y de que la filosofía de la praxis es una pura 'sociología'” (Gramsci denominaba "filosofía de la praxis" al marxismo en sus Cuadernos de la Cárcel). ¿Qué significa realmente esta afirmación? Significa que si fuera verdadera, la teoría de la filosofía de la praxis sería el materialismo filosófico. Pero, en tal caso, ¿qué significa que la filosofía de la praxis es una sociología? ¿Y qué sería esta sociología? ¿Es una ciencia de la política y de la historiografía? ¿O tal vez un conjunto sistematizado y clasificado según un cierto orden de observaciones puramente empíricas sobre arte político y de cánones exteriores de investigación empírica? Las respuestas a estas preguntas no se hallan en el libro, a pesar de que sólo así se podrá hablar de teoría. Así no está justificado el nexo entre el título general Teoría, etc. y el subtítulo Ensayo Popular. El subtítulo sería el término más exacto, si al término "sociología" se le diese un significado más circunscripto [...]. La reducción de la filosofía de la praxis a una sociología ha representado la cristalización de una tendencia vulgar ya criticada por Engels (en las cartas a dos estudiantes publicadas en Social Akademiker) y consistente en reducir una concepción del mundo a un formulario mecánico, que da la impresión de meterse toda la historia en el bolsillo. Ella ha sido el mayor incentivo para las fáciles improvisaciones periodísticas de los "genialoides". La experiencia en la que se basa la filosofía de la praxis no puede ser esquematizada: es la historia misma en su infinita variedad y multiplicidad, cuyo estudio puede dar lugar al nacimiento de la "filología" como método de la erudición, en la verificación de los hechos particulares, y al nacimiento de la filosofía, entendida como metodología general de la historia [...]. En el Ensayo, toda la polémica contra la concepción sujetivista de la realidad, con el "terrible" problema de la "realidad del mundo exterior" está mal encarada, peor conducida y, en gran parte es fútil y ociosa (me refiero también a la Memoria presentada al Congreso de Historia de las Ciencias, realizado en Londres en junio-julio de 1931). Desde el punto de vista del Ensayo Popular, dicha tarea responde más a un prurito de pedantería intelectual que de una necesidad lógica. El público popular no cree siquiera que pueda plantearse tal problema, el problema de si el mundo existe objetivamente [...].

En el Ensayo se juzga el pasado como 'irracional' y 'monstruoso' y la historia de la filosofía se convierte en un tratado histórico de teratología, porque se parte de un punto de vista metafísico (en cambio en el Manifiesto se halla contenido el más alto elogio del mundo que va a morir)".





Bibliografía

    - N. Bujarin, Teoría del materialismo histórico. Prólogo de Aldo Zanardo. Siglo XXI Madrid, 1976.
    - Stephen F. Cohen, Bujarin y la revolución bolchevique. Siglo XXI, editores. Madrid, 1973.
    - N. Bujarin, Crítica a la teoría marginalista. Ediciones de Cultura Popular. México, 1975.
    - N. Bujarin, El ABC del comunismo. Ediciones Júcar. Madrid, 1977.
    - N. Bujarin, El imperialismo y la economía Mundial. Cuadernos de Pasado y Presente. Córdoba (Argentina), 1971.
    - N. Bujarin, Problemas de la edificación socialista. Editorial AVANCE. Barcelona, 1975.
    - N. Boukharine, OEuvres choisies en un volume. Editions du Progrés. Moscú, 1988.

Nota Dom Feb 20, 2011 1:42 am
fuente: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=49933


Reseña de Cómo empezó todo de Nikolái Bujarin (Editorial Pre-Textos)

La forja de un revolucionario



Jesús Aller

Rebelión // 21-04-2007
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Nikolái Ivánovich Bujarin (1888-1938), protagonista y víctima de la Revolución Rusa, entretuvo los últimos meses de su vida en prisión elaborando una autobiografía que quedó incompleta a su muerte. Éste es el texto que en una traducción de Rubén Darío Flórez Arcila viene a sumarse ahora a las obras de este autor disponibles en castellano, que tratan en general sobre política y economía. La novela nos relata los primeros años de la vida de Bujarin, que transcurren sobre todo en su Moscú natal y en Besarabia, en la frontera con Rumanía, donde su familia vivió algún tiempo, y conocemos en ella a su padre, un maestro de escuela culto y bromista reconvertido después en funcionario, y a toda su familia y amigos. El tono realista de la narración retrata a la perfección la existencia cotidiana de aquella clase de modestos funcionarios en la Rusia que veía nacer el siglo XX, pero muestra también la difícil vida del pueblo ruso en la misma época, la miseria de las aldeas, la corrupción de la burocracia y el desprecio de las minorías étnicas, con lo que todo un cuadro verídico y demoledor de la Rusia de aquel tiempo se dibuja ante nosotros. A pesar de esto, el interés principal del relato se centra en su protagonista, Kolia Petrov, alter ego de Bujarin, un muchacho al que desde muy joven apasionan la naturaleza y todos sus seres. El libro nos revela su vida e ilusiones de niño, sus estudios y el despertar de sus aficiones, el madurar de su personalidad y también su toma de conciencia política hasta que la narración se ve bruscamente interrumpida.

Tras su arresto en 1937, Bujarin fue encausado en el juicio de los veintiuno, fase final de los procesos de Moscú que sirvieron a Stalin para la eliminación política, y en bastantes casos física, de los protagonistas principales de la revolución. Recrear los años de su infancia y juventud supuso sin duda para él una evasión en aquellos momentos difíciles en los que estaba en juego no sólo su destino, sino también el de la obra de transformación social a la que había dedicado su vida. Hoy día, esas mismas páginas dibujan para nosotros un retrato de una época crucial de la historia rusa, al tiempo que nos acercan al hombre que fue Nikolái Bujarin.

Nota Dom Feb 20, 2011 1:42 am
Testimonio de Anna Larina
fragmento del capítulo "1917, Bandera roja" de la serie documental de la BBC "Gentes de nuestro siglo" (BBC, 1995)


Nota Dom Feb 20, 2011 1:43 am
fuente: http://www.kaosenlared.net/noticia/test ... as-bujarin



El "testamento" de Nicolás Bujarin



Pepe Gutiérrez-Álvarez

Kaos en la Red | 13-12-2006




imagenLa vida y la obra de Bujarin es un eslabón capital en la historia del comunismo de los años heroicos y creativos, y su defensa y correcta explicación deviene una exigencia moral cuando la escuela de falsificación estaliniana todavía encuentra portavoces.

Allá por finales de los años ochenta, la rama barcelonesa de la Fundación Andreu Nin tuvo a bien editar un amplio “dossier” de documentos de todo tipo [1] sobre la “rehabilitación” de Bujarin, con la conciencia de que éste era un concepto formal, que se refería a que el PCUS retirara toda la basura que se había vertido contra uno de los dirigentes bolcheviques más influyentes e inquietos de su tiempo... El “dossier”, al tiempo que traducía al castellano el Testamento de Bujarin, ofrecía un conjunto de opiniones sobre un hombre y también sobre una de las corrientes del comunismo que por entonces se expresaba muy vivamente a través de toda clase de ediciones, como se podrá ver en la bibliografía adjunta, ediciones en algunos casos ligadas al PCE-PSUC, o a importantes grupos de filiación maoísta. Conviene añadir que el “bujarinismo”, si bien nunca llegó a tener una presencia estable en la historia española, tuvo una cierta incidencia en la Federación Comunista Catalano-Balear que lideraba Joaquín Maurín, al menos hasta 1932, año en el que Maurín opera un notable giro hacia la izquierda (influido por los acontecimientos en Alemania), y también en la Agrupación Comunista madrileña que encabezaban Juan Portela y Julián Gorkin, dos formaciones que convergerán, primero en el Bloque Obrero y Campesino (BOC), y años más tarde en el POUM.

Poca gente sabe que Jruschev tenía en cartera la “rehabilitación” de Bujarin, Rikov y Tomski, pero el secretario general del partido comunista francés, el histórico Maurice Thorez, cogió un avión y se trasladó a Moscú para obstaculizar el gesto, argumentando que después del XX Congreso del PCUS y de los acontecimientos del Octubre húngaro su partido había perdido casi la mitad de sus miembros y temía que, por este camino, la cosa se agravaría. Thorez no dudaba de que los tres eran inocentes, pero era plenamente consciente de todo lo que el aparato de propaganda de su partido había perpetrado contra ellos y temía quedar más en evidencia. Era el mismo Thorez que cuando estalla la insurrección argelina sigue defendiendo la “Unión Francesa”.

En el texto introductorio se indicaba que Bujarin había nacido el 27 de septiembre de 1888 en Moscú; fue ejecutado el 13 ó 14 de marzo de 1938, también en Moscú.

Hijo de enseñantes, Bujarin se unió a los bolcheviques en 1906. Luego de ser por tercera vez arrestado en Moscú, huyó al extranjero en 1911 y se estableció en Viena, donde realizó un estudio critico (1927) de la escuela económica austriaca del beneficio marginal. De­portado a Suiza en 1914, asistió a la conferencia antibélica bolchevique de Berna en febrero de 1915. En este período disintió de Lenin a propósito del apoyo de este último al derecho de autodeterminación nacional. No obs­tante, en 1915 Lenin escribió una elogiosa introducción a La economía mun­dial y el imperialismo, en la que Bujarin sostenía que la competencia interna capitalista estaba siendo progresivamente reemplazada por la lucha entre los “trusts capitalistas estatales”. En 1916, Bujarin escribió artículos en los que, al tiempo que aceptaba la necesidad de un Estado proletario de transición, urgía la «hostilidad en principio hacia el Estado» y denunciaba al “Estado imperialista ladrón” que tenia que ser “volado” (gesprengt). Tras las obje­ciones iniciales de Lenin, estas ideas se reflejaron al año siguiente en la obra de éste El estado y la revolución. Rosa Meyer-Leviné, que lo conoció en los círculos de emigrados de Viena en 1913, recordaba que en “Bujarin se destacaba una cualidad suya peculiar. Su cara abierta con la enorme frente y sus ojos claros y brillantes carecía a veces casi de edad en su callada sinceridad. La gente joven, los obreros, los intelectuales se encontraban cómodos con él y decían que era bondadoso, amable, expansivo y entusiasta”.

Paradójicamente, la colaboración de Bujarin con Stalin había comenzado dentro del partido, tempranamente. En enero de 1913, a instancias de Lenin, Bujarin colaboró con el georgiano en Viena, y le ayudó a traducir textos de Bauer, Strasser y otros teóricos austromarxistas de cara a su tesis sobre El marxismo y el problema de las nacionalidades, texto al que –como recordaba hace poco Michael Löwy– Lenin apenas citaba, ya que no distinguía entre el nacionalismo de los opresores y el nacionalismo de los oprimidos [2]. Sin embargo, Bujarin fue bastante reacio a este aspecto de las ideas leninistas, y tendió más bien hacia los criterios propios del “luxemburguismo”, que priorizaba el internacionalismo proletario por encima de lo que el joven Bujarin consideraba una concesión a la pequeña burguesía.

Después de sendos periodos en Escandinavia y los EEUU, Bujarin retor­nó a Moscú en mayo de 1917, tras la Revolución de Febrero. Elegido para el Comité Central del partido tres meses antes de la Revolución de Octubre, permaneció como miembro pleno hasta 1934, pasando a ser candidato de 1934 a 1937. Fue editor del diario del partido, Pravda, desde diciembre de 1917 hasta abril de 1929. En 1918, Bujarin encabezó a los “comunistas de iz­quierda” que se oponían a la firma del tratado de Brest-Litovsk con los ale­manes y apelaban a la guerra revolucionaria. En el debate del partido sobre el papel de los sindicatos, en 1920-1921, estuvo a favor de la incorporación de los sindicatos a la maquinaria estatal. Tras la implantación en 1921 de la Nueva Política Económica, que permitió el libre comercio dentro de la Rusia soviética, Bujarin emprendió un reexamen completo de sus ideas. A partir de finales de 1922 abogó por una estrategia gradualista de “desarrollo hacia el socialismo” por parte de Rusia. Anticipó la teoría del “socialismo en un solo país”, enunciada primeramente por Stalin en diciembre de 1924, y se convir­tió en su más destacado protagonista ideológico. Abogó en favor de conce­siones a los campesinos y por un amplio y equilibrado intercambio entre la economía campesina y la industria socialista. Su propuesta era la 'paz civil bajo el mando del proletariado', donde consolidado el poder soviético sobre las clases antiguas, la nueva lucha no se deducía de la violencia, sino de la competencia pacífica de mercado entre la economía privada y socialista, así como en los frentes culturales e ideológicos.

Según Cohen, "No era el gradualismo del reformismo menchevique, la dudosa limonada del socialismo en cómodas cuotas. Decía Bujarin, desde el Pravda, el 3 de diciembre de 1922: 'No podremos cumplir nuestro cometido basándose en decretos ni de medidas obligatorias. Se requerirá un proceso orgánico prolongado. Un proceso de transformación real al socialismo. Los revisionistas, que no desean ningún tipo de revolución, sostienen que ese proceso ocurre ya en el seno del capitalismo. Nosotros afirmamos que solamente empieza junto con la dictadura del proletariado, es decir, la democracia socialista'”.

En 1928-1929, al abandonar Stalin esta política en apoyo de una acelerada industrialización financiada por una ascendente “contribución” del campesinado, Bujarin se opuso a él. Atacado públicamente como desviacionista en 1929, fue relevado de la dirección de Pravda, de su tarea en la Internacional Comunista que había desempeñado desde 1926 y, posteriormente, del Politburó. Conviene recordar que Bujarin realizó un aporte al campo de la filosofía marxista: La teoría del materialismo histórico, un libro desigual de divulgación que, si bien recibió críticas de Lukács y Gramsci, quienes adujeron un cierto mecanicismo en el pensador ruso, hoy debe ser analizado a la luz del pensamiento completo del autor, particularmente su ensayo La doctrina de Marx y su significación histórica, escrito en 1933, y su comunicación al Congreso Internacional de Historia de la Ciencia y la Tecnología, de junio de 1931, en Londres, titulado "La reestructuración de la dirección y los problemas del mantenimiento científico y técnico de la industria". Allí, el pensador ruso realizó novedosos aportes a la metodología y a la teoría de planificación de la ciencia, a la luz del marxismo.

De 1934 a 1937 fue director de Izvestia. En 1935 desempeñó un papel im­portante en la comisión que proyectó la nueva Constitución soviética (apro­bada en 1936). En 1937 le expulsaron del partido, y un año más tarde fue juzgado.

Sin duda alguna, el más importante tratado biográfico sobre Bujarin es el de Stephen F. Cohen del que, en su momento, se publicaron dos reseñas, ambas con enfoque diferente. En el número 27 de la desaparecida revista Tiempo de Historia, apareció un trabajo de Manuel Pérez Ledesma, muy en la línea del más breve de Paramio que hemos reproducido. Ledesma cita la crítica de Marcel Liebman, que define el libro de Cohen -muy apreciado al parecer por Gorbatchev- como el "anti-Deutscher". También es bastante conocido el estudio sobre Bujarin de Löwy publicado en Grijalbo con un incisivo prólogo del inolvidable Manuel Sacristán. Este prólo­go aparece también en la reciente recopilación de escritos de Manuel publicada por Icaria. Aunque, desde nuestro punto de vista, la cues­tión de la historia soviética no era uno de los "puntos fuertes" del fallecido teórico marxista, Sacristán toma buena nota de los errores y de los abusos de Löwy, al tiempo que señala el interés de conjunto de la obra, posiblemente el mejor estudio del pensamiento de Bujarin.

La notable editorial argentina Cuadernos de Pasado y Presente, animada por José Aricó, publicó en la mitad de los años setenta algunas de las obras más conocidas de Bujarin como Teoría del materialismo, en cuyo prólogo se toma buena nota de las críticas efectuadas en su día por Lukács, Gramsci y otros, del "mecanicismo" de Bujarin en La teoría económica en el período de transición y La economía mundial y el imperialismo. Sobre estas dos últimas cuestiones tratan también las dos recopilaciones en las que Bujarin tiene un papel importante, Sobre la acumulación primitiva socialista y El debate soviético sobre la ley del valor (ambas en Ed. Alberto Corazón, en la col. Comunicación), y L'imperialisme et la acumulation du capital (EDI, París, 1977). Un am­plio eco de las ideas de Bujarin sobre el imperialismo lo encontramos en Teorías del imperialismo, de José Mª Vidal Villa (Anagrama de bolsillo, 1976), Villa era un militante de OCE-BR muy ilustrado y muy abierto, y continuó siendo un marxista crítico hasta su muerte. A anotar también Sobre el imperialismo, de Jacques Valier y otros (Comunicación 26, Madrid, 1975).

En su colección de clásicos del socialismo, Fontamara publicó su Lenin marxista (que ya había sido publicada en París por Tribuna So­cialista, revista del POUM), y una versión más completa y más cuidada de El ABC del comunismo, obra ya célebre, escrita junto con Eugene Preobrazhenski. La Editorial Roca de México, afín al partido comunista del país, ofreció una versión en la que sólo aparece el nombre de Bujarin. Esta misma edi­torial tenía en su catálogo La teoría de la revolución permanente de Trotsky, la contribución de Bujarin a la campaña de creación de un cuerpo doctrinario "marxista-leninista" después del fallecimiento de Lenin y en oposición al "trotskismo". Otra polémica famosa con Trots­ky está recogida en el volumen La revolución china, en una edición de Richard Thorton (Ed. Crisis, Buenos Aires, 1973), que reúne textos de ambos bolcheviques. También hay textos de Trotsky y Bujarin -así como de otros autores y protagonistas- en la edición de Pierre Broué, La question chinoise dans l'Internationale Communiste (EDI, París, 1976). Otras obras suyas publicadas son La economía política del ren­tista (Ed. Laia, Barcelona, 1978) y la recopilación Le socialisme dans un seul pays (Ed. 10/18, París, 1974).

La revista eurocomunista francesa Dialectiques publicó en su nº 13 una recopilación bujariniana sobre La revolution culturelle, una cuestión en la que también manifestó sus dotes como teórico. Dicha revista participó en la campaña por la "rehabilitación" de Bujarin y publicó un "dossier" que fue traducido al catalán por Taula de Camvi en su nº 15 con el título de "Per Bukharin" y con artículos de Iuri Bukharin y Roy Medvedev, entre otros.

A título de curiosidad -no exenta de significación- señalemos la singular aparición de Bujarin -tratado como una especie de ambicioso príncipe intelectual florentino- en el film norteamericano de 1943 "Mission to Moscow", de Michael Curtiz, basado en las memorias del em­bajador norteamericano Joseph E. Davies -magníficamente interpretado por Walter Huston-, y que nos presenta los "procesos" de Moscú como algo legítimo y necesario y la alianza con Stalin como un acierto y como el principio de un mundo mejor que se alumbra en los últimos fo­togramas de la película en el mejor enfoque "socialrealista". Otro film que trata sobre Bujarin, y de forma muy diferente, es el "Caro Gorbaciov", de Carlo Lizzani –veterano militante del PCI- que fue presentado en un Festival de Venecia sin mucho éxito. Lizzani estaba ya muy lejos de los tiempos de películas como "Crónica de los amantes pobres".

Algunos días antes de su arresto en 1937, Bujarin escribió una carta dirigida “a la futura generación del partido” que pudo hacer llegar a su compañera Anna Mijailova Larina y que fue dada a conocer por el historiador y disidente Roy Medvedev en Le Stalinisme (Éditions du Seuil, París, 1972), y en cuyo texto íntegro se puede leer:

    La vida se acaba. Inclino mi cabeza bajo el hacha del verdugo que no es la del proletariado, que no debe de temblar pero tampoco estar sucia. Me siento completamente impotente delante de esta máquina infernal que, sin duda, a través de métodos medievales, ha adquirido un poder gigantesco, fabrica la calumnia en cadena, se mueve con audacia y seguridad.

    Dzerjinski ya no está aquí; las tradiciones preciosas de la Cheka han sido poco a poco olvidadas. Cuando era el ideal revolucionario lo que inspiraba sus actos, lo que justificaba su crueldad hacia los enemigos, protegía al Estado contra la reacción en todas sus formas. Fue de esta manera como la Cheka se aseguró su autoridad, la confianza, el respeto y la estima de todos. Actualmente, la mayoría de los pretendidos servicios de la NKDV es una organización degenerada de burócratas-imbéciles, corrompidos, generosamente pagados, que usan la antigua autoridad de la Cheka para saciar la pasión mórbida de Stalin por la delación (por no decir más) en una lucha sin tregua por el ascenso y la gloria, tramando sus abyectas maquinaciones sin comprender que se destruyen ellos al mismo tiempo, ya que la Historia no tolera los testimonios innobles.

    Todo miembro del Comité Central, todo miembro del partido puede ser eliminado en cualquier momento por esos "servicios que hacen maravillas", o bien ser tratado como traidor, como terrorista, como desviacionista, como espía. Suponiendo que Stalin hubiera tenido dudas en cuanto a su propia acción, ha debido ser inmediatamente animado para continuarla.

    Nubes de tormenta se han levantado por encima del partido. Mi propia cabeza, inocente de todo lo que se me acusa, implicará la caída de otras cabezas. Como les hace falta inventar una organización, la organización bujarinista -que de hecho no sólo no existe actualmente -tengo que decir que desde hace seis años no tengo el más mínimo desacuerdo con el partido-, sino que ni siquiera existe tampoco en el momento la Oposición de derecha. En cuanto a las organizaciones secretas de Riutin y de Ouglanov, no tengo el menor conocimiento. Rikov, Tomski y yo mismo siempre habíamos presentado nuestros puntos de vista con toda franqueza
    [3].

    Estoy en el partido desde la edad de 18 años y el fin de mi existencia ha sido siempre el de luchar por los intereses de la clase obrera, por la victoria del socialismo. En nuestros días, el diario que lleva el sagrado nombre de 'Pravda', imprime la mentira innoble de que yo, Nicolás Bujarin, he querido impedir la victoria de Octubre y restablecer el capitalismo. Esta insolencia sin precedente, esta mentira, puede ser comparada por la traición a la confianza del pueblo que la representa, a otra del tipo de: se ha descubierto que el zar Nicolás Romanov había consagrado toda su vida contra el capitalismo y la monarquía, por el cumplimiento de la revolución proletaria. Sí, más de una vez he comprendido los errores sobre los métodos a emplear para edificar el socialismo, que la posteridad me juzgue no más severamente que como ya lo hizo Vladimir Illich Lenin. Por entonces marchábamos hacia un solo y único fin por primera vez y la ruta no estaba aún trazada. Eran otros tiempos, otras costumbres. La 'Pravda' consagraba toda una página a los debates; todo el mundo discutía en busca de mejores métodos y medios, nos disputábamos y nos reconciliábamos y todo el mundo marchaba junto.

    Os llamo a vosotros, futura generación del partido, que tendrá la tarea histórica de hacer una autopsia de esta monstruosa nube de crímenes que prolifera ahogando al partido, abrasándolo como una llama.

    ¡Llamo a todos los miembros del partido! En estos días que pueden ser los últimos de mi existencia, tengo la confianza de que tarde o temprano la Historia sabrá limpiar esta ignominia con la que se me cubre. Nunca he sido un traidor; yo habría dado sin dudarlo mi vida por Lenin; apreciaba a Kirov; nunca he atentado contra Stalin. Pido a la nueva generación joven y nueva del partido que lea mi carta en el pleno del partido, de disculparme y de reintegrarme de nuevo en sus filas. Sabed, camaradas, que sobre la bandera que llevaréis en la marcha victoriosa hacia el comunismo hay también una gota de mi sangre.


    Firmaba: Nicolás Bujarin, el mismo al que se le atribuía toda clase de crímenes y de “representar” una vía “de restauración capitalista” en tanto que Stalin se otorgaba el papel de garante del socialismo. Bujarin fue de los que no capitularon totalmente, incluso llegando a calificar a Stalin de "genio maligno de la revolución rusa"; aún no había cumplido los 50 años cuando fue fusilado por orden expresa de Stalin. El pleno del tribunal supremo de la URSS del pasado 13 de junio lo rehabilitó".

De todo ello se habla en otro artículo del autor de estas notas aparecido en Kaosenlared: "Bujarin ante la Inquisición estalinista".






Notas al pie de página

    [1] En estos momentos se está preparando otro “dossier” para la web de la Fundación.

    [2] Löwy es el autor de una obra clásica sobre El marxismo y la cuestión nacional de la que Revolta Global tiene pendiente la reedición.

    [3] Martemián N. Riutin, viejo bolchevique, comisario en una unidad del ejército rojo, combatió contra las tropas de Kolchak en Siberia. en 1924 fue secretario del comité distrital de Moscú. en el XV congreso fue elegido miembro suplente de comité central. en los años del "gran viraje" apoyó a la derecha (Bujarin, Rikov y Tomski).

Portada


Aunque está pendiente de corregir algunas frases, aquí pongo el enlace a la excelente y muy valiosa biografía de Bujarin escrita por el historiador norteamericano Stephen F. Cohen:

[Editado por el comité de RBM para incluir el enlace en el primer mensaje. Muchas gracias, compañero kanewelles.]

Tiene algunas erratas, y no están todas las notas a pie de página, aunque la mayoría no aportan más que la fuente de donde se ha obtenido la información y son menos las que añaden información al texto central. Aún así tiene más de 1000 notas, estamos hablando de una biografía de casi 600 páginas en formato libro.

La tesis fundamental de Cohen es que bolchevismo y stalinismo son universos políticos muy diferentes y que, al igual que Deutscher hiciera lo mismo con Trotsky, Bujarin representó una alternativa digna frente a los horrores cometidos en la URSS durante los años treinta y, sobre todo, a una economía estatalizada que desde el principio se vio afectada por la irracionalidad, el derroche y la ineficiencia. Algo que a la muerte de Stalin y hasta 1991 se tradujo en un intento por reformar un sistema que era más capaz de colocarun satélite en el espacio que de garantizar el suministro de carne en un mercado.

El stalinismo no fue ni inevitable ni el desarrollo natural de las ideas de Lenin. Cuando tantos se han mostrado tan persistentes en difundir esta tesis, un libro como el de Cohen resulta ser una bocanada de aire fresco y necesario.

Para esto último, un artículo muy importante publicado por el autor en los años 70:

[Editado por el comité de RBM para incluir el enlace en el primer mensaje. Muchas gracias, compañero kanewelles.]

Nota: aunque la portada es la edición en inglés, la que he publicado es obviamente la traducción al castellano.

Nikolai I. Bujarin, Teoría del materialismo histórico. Ensayo popular de sociología marxista [1921], 1974.

[Editado por el comité de RBM para incluir el enlace en el primer mensaje. Muchas gracias, compañero gramsciategui.]

Nota Sab Oct 25, 2014 12:02 pm
Gracias por este aportazo, gramsciategui.


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