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LÓPEZ PETIT, Santiago

Libros, autores, cómics, publicaciones, colecciones... La lectura refuerza poderosamente la razón.

LÓPEZ PETIT, Santiago

Nota Jue Abr 22, 2010 3:36 pm
Santiago López Petit

Portada
(wikipedia | dialnet | página personal)


Introducción

    Químico y filósofo. Nació en Barcelona en 1950. Fue militante de la autonomía obrera en la década de 1960. Trabajó como químico en una empresa de vidrio recuperada por sus trabajadores y participó en muchos de los movimientos de resistencia social posteriores a la crisis del movimiento obrero. Continúa la tradición de la filosofía sesentayochista francesa (sobre todo Deleuze y Foucault) y del marxismo heterodoxo italiano (los autores del operaismo como Negri, Panzieri y Tronti). Su filosofía se presenta como una crítica radical del presente y pone en juego diversos conceptos -herramientas- con los que profundizar en este sentido. Últimamente ha dedicado su trabajo a la formulación del querer vivir.

    Es uno de los impulsores del colectivo Espai en Blanc y de iniciativas como dinero grátis. Coordina el proyecto "Las luchas autónomas en España". Colaboró en la película "El taxista Ful". Actualmente es profesor de filosofía en la Universitat de Barcelona.

    Es autor de Crítica de la Izquierda Autoritaria en Catalunya 1967-1974, editorial Ruedo Ibérico, 1975 (con el pseudónimo de E. Durán y junto a A. Sala); como parte del Colectivo de Estudios por la Autonomía Obrera (1975-1977), tres títulos: Una estrategia socialista, Ed. ZYX-ZERO, Madrid, 1975, Por la organización autónoma de los trabajadores, Ed. ZYX-ZERO, Madrid, 1977, y Luchas autónomas en la transición democrática, ed. ZYX-ZERO, Madrid, 1977, dos tomos; Entre el Ser y el Poder. Una apuesta por el querer vivir, ed. Siglo XXI, 1994; Horror Vacui. La travesía de la Noche del Siglo, ed. Siglo XXI, 1996; El Estado-guerra, ed. Hiru, 2003; El infinito y la nada. El querer vivir como desafío, ediciones Bellaterra, 2003; Amar y pensar. El odio del querer vivir. Ed. Bellaterra, 2005. Ha participado en libros colectivos con los siguientes artículos: «El sujeto imposible» en M. Cruz (edit.): Tiempos de subjetividad, Paidos, Barcelona, 1996; «Malestar en lo social» en Imágenes del Otro, J. Larrosa y N. Pérez (Comp.), ed. Virus. Barcelona, 1997; «Hacerse cargo u Okupar» en M. Cruz/Aramayo, R.: El reparto de la acción, ed. Trotta, Madrid, 1999; «Bajo la nieve… los adoquines» en Mar Traful: Por una política nocturna, ed. Debate, 2002; «Reivindicación del odio libre para una época global», publicado en M. Cruz (ed.): Odio, violencia, emancipación, Barcelona, 2007; «La relación capital/trabajo durante el Franquismo» en Espai en Blanc (coord..): Luchas autónomas en los años setenta. Del antagonismo obrero al malestar social, ed. Traficantes de Sueños, Madrid, 2008. La revista Archipiélago, en su número 68 (2005), dedicó una carpeta a S. López Petit cuyo título es: «El querer vivir como desafío», con artículos de A. Negri, M. Garcés, D. Sztulwark… Además, ha colaborado con distintos colectivos y también con revistas como El Viejo Topo, Archipiélago, Riff Raff, Futur Antérieur, Posse, entre otras.




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Nota Jue Abr 22, 2010 3:37 pm
:str: Vídeos:

    Digno es todo lo que merece no ser destruido (debate abierto en "OVNI 2009" por Espai en Blanc en el CCCB // Barcelona, mayo de 2009)



    Entrevista (a López Petit en Visión Siete Internacional, canal de la televisión pública argentina, el sábado 5 de septiembre de 2009)

Nota Mar Ago 24, 2010 8:54 pm
fuente: http://nomadant.wordpress.com/bibliotec ... a-politica



¿De qué está hecha una vida política?



Santiago López Petit

Archipiélago, nº 68, 2005




Querer vivir. En toda mi vida no he pensado nada más. El infinitivo de un verbo que aún me interpela como el primer día. Por su carga de ilusión y de malestar, por la zozobra que produce. Querer vivir: queremos vivir. He hecho del querer vivir mi idea única por necesidad. Se piensa siempre por necesidad, se piensa bajo coacción. Bajo coacción de la vida. No es a causa de la muerte sino a causa de la vida que el querer vivir es un querer vivir. Los momentos de plenitud se apagan. Las asambleas también se disuelven… La vida sólo se nos hace presente por su ausencia. Por eso el querer vivir no es palabra sino grito. Es el grito de la vida. El querer vivir no conlleva una economía de la inmanencia o de la pura afirmación. Al contrario, la economía del querer vivir es la ambivalencia. La ambivalencia es el modo de decir que el querer vivir se halla entre la nada que no es soporte y el infinito que le atrae. Nosotros no somos más que una contracción de la ambivalencia, de esa nada e infinito. Todo deriva de aquí. Desde mi concepción del mundo hasta la política que creo factible de hacer. Lo siento por Spinoza y por Nietzsche. No me los creo.

Ciertamente una cosa es verdad: la política es ontología y la ontología, política. Entonces si la política es crítica de la política –que es lo que ha sido en sus mejores momentos– tenemos que desembarazamos asimismo de toda ontología. Artaud tenía razón, el Ser huele a mierda. ¡Fuera de mí ya! Tenemos que empujar el Ser si queremos vivir. Contra el Ser y el cansancio de ser se despliega el querer vivir. No hay por tanto una decisión por el Ser que permita autentificar nuestra existencia tal y como pretendía Heidegger. Aquí el decisionismo se viene abajo, puesto que el querer vivir nada tiene que ver con la decisión. Más exactamente: el querer vivir es únicamente decisión cuando el querer vivir mismo se debilita. Ante la enfermedad, ante la muerte… Yo soy, en cambio, la recomposición que traba mi y el querer vivir. El modo como esta recomposición se realiza. La contracción puede desplegarse. Vivir es eso: cuando el querer vivir se expande.

Hoy se habla mucho de biopoder, de que el capital pone “la vida a trabajar”. Estos análisis son insuficientes porque permanecen en el interior de la economía política, y eso ya no vale cuando la realidad coincide con el capitalismo. Ahora, en el fascismo postmoderno, la vida –quiero decir la vida misma, no una forma de vida– se ha convertido en el auténtico modo de dominio y sujeción. ¿Acaso exagero? En absoluto. Esta pesadilla es la nuestra cuando nos automovilizamos para producir una realidad obvia. Es decir, cuando vivimos. Con la postmodernidad se ha producido un cambio fundamental: la vida ha dejado de ser un dato objetivo, por lo que tenemos que reinventarnos nuestra vida misma si queremos vivir. En otras palabras: para esta realidad capitalista sobramos completamente, a no ser que hagamos de nuestra vida un proyecto inscrito dentro de la automovilización. En eso estamos los que no hemos sido aún expulsados por superfluos, mientras exclamamos resignadamente: “la vida es la vida”. Frase muy ilustrativa, por otro lado, ya que explica muy bien cómo en esta realidad el nihilismo llega hasta su culminación. Ciertamente ya no queda nada de vida. O mejor, únicamente vidas privadas que se buscan a sí mismas, presas de miedo ante el nihilismo que las rodea. Y yo digo que no se encontrarán jamás, porque el fondo de una vida es el querer vivir, y el querer vivir es lo común.

Una idea única: el querer vivir. Un solo objetivo: expulsar el miedo del querer vivir. Este miedo que como un monstruo de mil rostros nos atenaza. Miedo con regusto de esperanza, miedo como necesidad de seguridades, miedo insuficiente al miedo… En El infinito y la nada he hecho de la zozobra un punto de partida. La zozobra era lo que sentíamos cuando nos poníamos ante nuestro querer vivir, pero, justamente por eso, era la vía que nos devolvía el querer vivir. Cada vez más pienso que esa vía no funciona. Es intelectualmente válida pero impracticable colectivamente. ¿Cómo hacer del querer vivir un desafío? ¿Cómo evacuar el miedo del querer vivir para conquistar así una vida política? Para destruirnos en tanto que vida privada y construimos como vida política. Ése es el objetivo.

Creo que sé cómo conseguido. En verdad yo diría que todos lo sabemos si bien disimulamos, porque cuesta hacerse daño a uno mismo, y, además, nos asusta lo que parece políticamente incorrecto. La respuesta es la siguiente: el odio a la vida. El odio a nuestra vida. Si la vida es lo que nos sujeta en lo que somos, la única manera de liberarnos es odiarla hasta estar dispuesto a perderla. Hace años hablábamos de odio de clase como de un odio dirigido no a un capitalista en concreto, sino a la estructura capitalista. Hoy esa estructura que nos oprime y sujeta es la vida. Hay que inventar un odio a la vida que nos libere del miedo. A este odio a la vida que no es prisionero de su objeto de odio le llamo odio libre. Voy a decirlo de una vez: este odio a la vida es lo único que puede salvarnos. La tarea que aquí se anuncia es ingente y nueva. El pensamiento crítico que hace suyos estos planteamientos ya no puede dedicarse a desenmascarar las falsedades, a denunciar las medias verdades. El fascismo postmoderno se halla más allá de la sociedad del espectáculo. Cuando la realidad se ha hecho obvia ya no puede desenmascararse. Sólo puede destruirse. ¿Lo intentamos? Es lo que ya están haciendo todos aquellos que arrancan a la realidad una coyuntura favorable –por ejemplo, haciendo una guerra a la guerra– o aquellos que, aprovechando que el Estado se retira, agujerean la realidad con situaciones en las que poder habitar… En las grietas de la realidad viven las vidas políticas. Acechando.

En verdad todo empieza con el odio a la vida, con este odio a la vida que libera al querer vivir. A partir de aquí el camino está abierto y hay que atreverse a experimentar. Porque un camino no se hace empezando a caminar (obviedad estúpida) sino huyendo del camino. El odio a la vida se plasma como exacerbación y desafío. Dicho de otro manera. ¿De qué está hecha una vida política? De exacerbación de la vida y de desafío al poder. La exacerbación (cuidado que he dicho “exacerbación” y no “afirmación”) se prolonga en el pensar y el amar. Para amar hay que exacerbar la vida. Para pensar también hay que exacerbar la vida. Amamos contra el amor, y pensamos contra el pensar. Desesperadamente. El desafío al poder es también un gesto radical pero, a diferencia del amar y del pensar, se construye sobre la repetición del operador “unilateralización”. Desafiamos al poder cuando conseguimos hacer de la ambivalencia una potencia única. Cuando conseguimos oponer un mundo al mundo del poder. La vida política no tiene la opacidad rebuscada de una vida privada. Al contrario, es absolutamente transparente. Consiste en amar, pensar y luchar. Sí, eso es. Toda ella es lucha.



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