RebeldeMule

SACRISTÁN, Manuel (1925-1985)

Libros, autores, cómics, publicaciones, colecciones...
Manuel Sacristán

Portada
(wikipedia | dialnet)


Introducción

    [Fuente: Francisco Fernández Buey: "En recuerdo de Manuel Sacristán" en Diagonal, número 22, miércoles 15 de marzo de 2006] Hace ahora 20 años que murió Manuel Sacristán. Nacido en Madrid en 1925 y formado en los años que siguieron a la Guerra Civil, Sacristán fue una personalidad intelectual irrepetible. Ejerció una gran influencia en la vida cultural y política barcelonesa durante tres décadas: desde la época de la revista ‘Laye’, en la que colaboraron varios de los más conocidos exponentes de la llamada generación de los 50, hasta los años en que escribió en las revistas ‘Materiales’ y ‘Mientras tanto’.

    En la obra de Sacristán hay unos cuantos rasgos permanentes: una tensión constante entre tradición y modernidad; aspiración a un nuevo clasicismo, a “dar calor de hoy a la llama de siempre” y cierto optimismo histórico-racionalista que en su caso emanaba de convicciones morales profundas. Él supo pintar bien de negro la pizarra del presente que le tocó vivir para luego hacer destacar sobre ella, con tiza blanca, como alternativa, la razón apasionada de los de abajo, de los proletarios de la época.

    Como traductor y como escritor, Sacristán contribuyó a la difusión en el Estado español de las principales corrientes del pensamiento europeo de la segunda posguerra. Como filósofo con pensamiento propio, representó entre nosotros la negación de la división del saber en compartimentos estancos. Fue un humanista que trabajó con método, rigor e inteligencia en varios campos del saber, sin ninguna infatuación.

    Crítico literario Desde joven Sacristán hizo crítica literaria y la hizo muy bien. Fue comentarista agudo de la dramaturgia norteamericana de la postguerra. Dedicó páginas interesantísimas al desvelamiento de la crisis cultural de entonces, a lo que de ella pensaron Salinas, Orwell o Thomas Mann. Escribió una de las más hermosas aproximaciones al Alfanhuí de Ferlosio que se hayan escrito nunca. Y publicó un par de ensayos de germanista sobre la veracidad de Goethe como poeta y como científico y acerca de la conciencia vencida en Heine. Además, iluminó aspectos sugestivos de las obras de Brossa y de Raimon.

    A principios de los ‘70, Sacristán fue pionero en nuestro país en un campo muy poco cultivado entonces, el de la lógica formal. Su manual de Lógica ha quedado como el primer libro riguroso de introducción al análisis formal publicado en el Estado español. Tuvo una visión amplia y aguda de la historia de la filosofía y de la ciencia. En 1958 escribió una panorámica de la filosofía contemporánea después de la segunda guerra mundial que aún se recuerda como ejemplo de síntesis, capacidad pedagógica y erudición. Enseñó a varias generaciones a leer sin anteojeras ni prejuicios a algunos de los grandes de la filosofía contemporánea: a Antonio Gramsci y su filosofía de la praxis, desde luego, pero también a Martin Heidegger y a Simone Weil, a Bertrand Russell y a Karl Popper (distinguiendo entre el Popper metodólogo y el Popper filósofo social), a Quine y a Lukács. Dejó versiones admirables de algunos clásicos de la historia de las ciencias formales, naturales y sociales.

    Un teórico marxista Fue, además, el primer teórico marxista de altura que ha dado este país en la segunda mitad del siglo XX. Tradujo los primeros textos de Marx que se publicaron legalmente en el Estado español después de la Guerra Civil. Dirigió, en la editorial Crítica, la primera edición rigurosa que aquí se hizo de los escritos de Marx y de Engels. Y dio a conocer entre nosotros a un conjunto de autores sin cuya lectura no hubieran sido lo que han sido muchos de los estudiantes y profesores universitarios de varias generaciones: Theodor Adorno, Antonio Labriola, Antonio Gramsci, Georg Lukács, Karl Korsch, Galvano della Volpe, Robert Havemann, Herbert Marcuse, Ágnes Heller, E. P. Thompson... También como marxista fue Sacristán un pensador original, innovador y, por tanto, incómodo: un comunista con una vena libertaria, acentuada en sus últimos años.

    Como docente, fue un universitario creativo y riguroso al que muchos de sus alumnos recuerdan todavía, con razón, como un maestro. Entre 1956 y 1965 impartió clases de lógica y filosofía en la Universidad de Barcelona. Durante los siete años siguientes las autoridades franquistas le excluyeron de la docencia universitaria por sus ideas comunistas. Volvió a impartir clases en la Universidad de Barcelona a partir de 1976 y enseñó metodología de las ciencias sociales en la Facultad de Económicas hasta 1985 y durante un par de años en México, en la UNAM. Era un docente de los que se preocupan por reflexionar acerca de los problemas formales y materiales de la docencia: escribió sobre el lugar de la filosofía en los estudios superiores, sobre lo que podría ser una universidad democrática en un estado multilingüístico y plurinacional, sobre universidad y división del trabajo, sobre reformas de los planes de estudio y sobre la sindicación de los profesores universitarios.

    Sacristán fue un trabajador intelectual, un intelectual productivo que aspiró sobre todo a servir a los anónimos. Su filosofar fue siempre filosofía de la práctica, filosofía para cambiar el mundo en un sentido revolucionario. Entre 1956 y 1969, como dirigente del PSUC, colaboró en la revista Nous Horitzons y fue uno de los impulsores del Primer Congreso de Cultura Catalana. Fue el redactor principal del Manifiesto por una Universidad Democrática, que se leyó en la asamblea constituyente del Sindicato Democrático de los Estudiantes de la Universidad de Barcelona (1966). Intervino en la Asamblea de Intelectuales de Montserrat contra los consejos de guerra de Burgos (1970). Formó parte del grupo de educadores en las tareas de alfabetización de trabajadores en Hospitalet. Contribuyó a impulsar el movimiento de profesores no numerarios y las Comisiones Obreras de la Enseñanza (1972-1977). Fue miembro fundador del Comité Antinuclear de Cataluña, una de las primeras organizaciones ecologistas del país, a mediados de los setenta. Y, finalmente, destacó como teórico y activista del primer ecologismo socio-político y del pacifismo que empezó a cuajar en España en la década de los ochenta. En sus últimos escritos defendió el derecho a la autodeterminación de las naciones sin estado, se manifestó en favor de una España ‘pequeña’ y propugnó una cultura federalista.

    ______


    Comprender a Sacristán

    De sus contemporáneos, unos, los mandamases de entonces, le hicieron la vida imposible; otros, muchos de los que luchaban contra Franco y por un mundo más libre, más igualitario y más habitable, se hubieran dejado cortar una mano por él (como recordaba hace poco Juan Antonio Méndez de su hermano Alberto, autor de Los girasoles ciegos).

    Para entender por qué, lo mejor que se puede aconsejar a los más jóvenes es que lean su obra. Los Libros de la Catarata publicó el año pasado un libro con algunas de las entrevistas que Sacristán concedió. Y, más recientemente, la editorial El Viejo Topo ha publicado seis conferencias suyas que no tienen desperdicio. Por ahí se puede empezar.




Ensayo





Artículos





Sobre Sacristán (ensayos)





Relacionado:



[ Add all 23 links to your ed2k client ]

Homenaje a Manuel Sacristán
(con Paco Fernández Buey, Jacobo Muñoz y José María Ripalda, presentados por César Rendueles, en el Círculo de Bellas Artes, 2005)


Desde 2005 hasta la fecha se están reeditando numerosos textos del filósofo marxista español Manuel Sacristán (1925-1985), y se multiplican los libros y actos sobre su figura. Sin embargo, en medio de este maremagnum de antologías, elegías, autopsias y descuartizamientos varios, hay una curiosa ausencia –salvo inadvertencia por mi parte-: siempre parecen escamoteados los textos que dedicó a Ulrike Meinhof, militante de la organización armada alemana Fracción del Ejército Rojo y presa el día de su muerte en la prisión de alta seguridad de Stannheim. (1)

No dudo de que la ausencia de estos textos en medio de tan copiosa e interesante literatura se deba a la casualidad. Pero no por casual esta ausencia es menos desafortunada. Es lugar común una cantinela sobre el perfil político de Sacristán: Sacristán como una especie de san Juan Bautista teórico que bautiza en el Jordán de su sabiduría, como sucesores genuinos, a los nuevos movimientos sociales –o al movimiento antiglobalización, o a los foros sociales mundiales... -, después de haberse desengañado con el autoritarismo de países y partidos comunistas. Esta visión se refleja en el título de una de las antologías más difundidas –"De la primavera de Praga al marxismo ecologista"-, en la que tampoco se reeditan los escritos sobre Meinhof (pese a que forman parte del arco temporal referido por el título).

Los escritos a que me refiero y que aquí transcribo no desmienten esta cantinela, pero sí desentonan con ella. Digamos que lo que cuenta Sacristán sobre las vicisitudes de la izquierda alemana en los años 60 muestra que los "nuevos movimientos sociales" –ecologismos y pacifismos de base diversos- ni son tan nuevos ni inventan nada; que mientras el mochilero antiglobalización de turno sube al inter-rail a experimentar "nuevas formas de acción", esa izquierda de los 60 ya había bajado; que la situación en tiempos de Sacristán (y no digamos ahora) no es tan distinta de la que llevó a muchos protagonistas de la izquierda alemana de los 60 (entre ellos Ulrike Meinhof) a hacer balance y tomar las armas en los 70.

En realidad, el mochilero antiglobalización no puede ignorar a estas alturas que la fiesta terminó, y que ocho años después de la eclosión de "el movimiento antiglobalización" el balance no da para muchas ilusiones. Hasta uno de sus oráculos impresos se lo recuerda ya en letras de molde(2) : en Francia, uno de los principales escenarios del movimiento, la respuesta de la sociedad a ocho de años de campañas y campañitas ha consistido en respaldar en las urnas a la derecha imperialista, la candidatura de Sarkozy que busca acabar con la independencia de Francia –respecto a Estados Unidos- en política exterior.

Según la reflexión de Sacristán presente en estos textos, puesto que una sociedad capitalista -por definición- no puede estabilizarse en lo económico, debe estabilizarse en lo político bajo una forma vieja o nueva de fascismo. Quizás puede añadirse que no sería difícil en tiempos como los nuestros que una nueva forma de fascismo se implantase por vía electoral, y de la mano de una humanidad como la mencionada por el editor Giacomo Feltrinelli(3) -en una carta que envió en 1958, desde la Italia del "milagro económico", al disidente soviético Boris Pasternak-:

En estos tiempos en que los valores humanos se olvidan, en que los seres humanos son reducidos a máquinas, en que la mayoría de las personas sólo tratan de huir de sí mismas y de resolver los problemas de su ego viviendo en el estress y mortificando lo que queda de la sensibilidad humana, 'Doctor Zhivago' ha sido una enseñanza que no se podrá olvidar. (4)

Desde luego, cualquier activista puede tener la tentación de imputar alguna de sus desgracias, como la victoria en Francia de Sarkozy, a una plaga de sadomasoquismo como la sentida por Feltrinelli. Al menos, si es un tipo leído y se fía de "Le Monde diplomatique": la conclusión de tanto frenesí de campaña por 'otro mundo posible' es que "Sarkozy y la derecha parecen haber ganado la batalla de la hegemonía cultural incluso en amplios sectores de las clases populares. La perspectiva del triunfo individual, aún en detrimento de de los menos favorecidos, moviliza más que la invocación de las solidaridades colectivas... El horizonte cultural de las categorías populares... se aleja de las perspectivas de progreso generadas por la acción colectiva, y se repliega en los valores del ethos capitalista impulsados por los grupos sociales dominantes: trabajo individual, reducción de los impuestos... remuneración del mérito... transmisión del patrimonio". La conclusión o una de las conclusiones: otra son más de seiscientos mil muertos en Iraq, tras las "grandes movilizaciones mundiales contra la guerra".

Volviendo a la Alemania (o Europa) de los 70, Sacristán no sacaba las mismas conclusiones que Ulrike Meinhof; a su juicio, la respuesta viable a la previsible restauración del fascismo pasaba por "grandes concentraciones antifascistas cuya definición política global, como su contenido, tenga poco perfil", y no por la vía armada. En su tiempo, Sacristán vio como ejemplos de estas concentraciones, en España, al movimiento antinuclear y a las campañas por el "No" a la OTAN –está última conoció su fracaso electoral el año siguiente del de la muerte de Sacristán-. Posteriormente, muchos han valorado que las sucesivas campañas de turno contra algo o las distintas terapias de grupo de los movimientos "de base" cumplían la misión demandada por Sacristán.

Estoy más de acuerdo con Sacristán que con Meinhof: pero también estoy de acuerdo con Sacristán en que "no hay ninguna razón para presentar esta situación eufóricamente". Pienso que muchos de los recientes albaceas de Sacristán incurren, si no en euforia, si en una interpretación algo empalagosa de la situación –que les permite incluso cantar las alabanzas de una película como "Salvador", la edulcorada biografía de Salvador Puig Antich-; pienso también que los escritos sobre Ulrike Meinhof ponían negro sobre blanco (y lo hacen más en la actualidad) las razones por las que no debe caber la euforia.

Dispongo de los textos de Sacristán y no de los textos de Ulrike Meinhof a los que servían de prólogo. Siendo Ulrike Meinhof y su gente las personas a las que realmente interesa recordar, el ratón de biblioteca que los suba a la red será benemérito de verdad.

[Editado por el comité de RBM para incluir el enlace en el primer mensaje.]

===
(1) A lo sumo, se alude a la relación entre Ulrike Meinhof y Sacristán –coincidieron en la universidad de Münster- como episodio biográfico sentimentaloide digno de una nota al pie.
(2) Las ilusiones perdidas de la izquierda de la izquierda. Le Monde diplomatique (edición en castellano), julio de 2007, pág 4.
(3) Feltrinelli fue un editor italiano con una trayectoria pareja a la de Ulrike Meinhof, también en lo poco claro de su muerte.
(4) Carlo Feltrinelli, Senior Service : biografía de un editor. – 2003, Tusquets.

He tenido un libro de Ulrike Meinhof en castellano, supongo que será del que hablas. Lo buscaré por las estanterías, si lo encuentro lo miraré para ver la posibilidad de escanearlo y ponerlo en la red.

En todo caso, no me parece que la RAF sea un ejemplo a seguir, demasiado despegado de las masas.


Volver a Biblioteca

Antes de empezar, un par de cosas:

Puedes usar las redes sociales para enterarte de las novedades o ayudarnos a difundir lo que encuentres.
Si ahora no te apetece, puedes hacerlo cuando quieras con los botones de arriba.

Facebook Twitter
Telegram YouTube

Sí, usamos cookies. Puedes ver para qué las usamos y cómo quitarlas o simplemente puedes aceptarlo.