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IGLESIAS TURRIÓN, Pablo

Libros, autores, cómics, publicaciones, colecciones... La lectura refuerza poderosamente la razón.

IGLESIAS TURRIÓN, Pablo

Nota Vie Mar 26, 2010 12:19 am
Pablo Iglesias Turrión

Portada
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Introducción

    Madrid, 1978. Profesor de Ciencia Política en la Universidad Complutense de Madrid, por la que se doctoró en 2008 (con mención doctor europeus) con una tesis sobre la acción colectiva postnacional. Tras licenciarse en Derecho (2001) y Ciencia Política (2004, premio extraordinario) fue investigador visitante en varias universidades de América Latina, Europa y Estados Unidos. Ha realizado asimismo cursos en el postgrado de humanidades de la Universidad Carlos III de Madrid en la especialidad de estudios culturales y de filosofía de los media en el European Graduate School (Suiza), donde ha estudiado teoría política, cine y psicoanálisis con Slavoj Zizek, Giorgio Agamben, Michael J. Shapiro, Judith Butler, Jacques Rancière o Michael Hardt, entre otros.

    Ha dirigido o participado en cursos sobre "Acción colectiva y movimientos antisistémicos: "Del largo 68 a los movimientos globales. Perspectivas espaciales y políticas" (Madrid, 2005), "Neoliberalismo, Globalización y reacción social" (Caracas 2006), "Geografía política y geopolítica de América Latina" (Venia Docendi, 2006/2007), "Geografía política" (Venia Docendi 2006/2007), "Cine y violencia política" (Octubre/Diciembre 2006), "Neoliberalismo, Globalización y reacción social" (Caracas, 2007, Ministerio del Poder Popular para las Telecomunicaciones y la Informática), "Geografía política y social" (cursos de licenciatura, 2008-2009), "Bolivia: Historia, Política y Revolución" (2008-2009), "Cine y conflicto político" (2009-2010).

    Vinculado desde siempre a los movimientos sociales, ha participado, entre otros grupos, en el MRG de Madrid, en Arde Madrid, el Colectivo Universitario Contrapoder, la Universidad Nómada y la Fundación CEPS. Fue observador internacional acreditado por la R.A.Z. en los Campamentos civiles por la paz de las bases de apoyo del E.Z.L.N. "Guadalupe Tepeyac" y "La Realidad" en Chiapas, en distintos momentos de 2002.

    Es realizador y presentador de los programas La Tuerka y Fort Apache. Es el impulsor del proyecto político Podemos.




Ensayo





Artículos





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fuente: http://blog.sindominio.net/blog/el_gest ... ndo_obrero



Renovación de la izquierda: ¿De qué estamos hablando?

[Artículo rechazado por Mundo Obrero]



Pablo Iglesias Turrión

El gesto de Antígona // 31 de agosto de 2008




    [El presente artículo le fue solicitado al autor por Juan Iglesia, secretario general de la UJCE, para el número de septiembre del periódico Mundo Obrero. La tarde del 3 de septiembre, Juan Iglesia se puso en contacto con el autor para informarle de que la redacción de este periódico, a través de su director Ginés Fernández, había rechazado el artículo por considerarlo escasamente propositivo y por contener referencias no justificadas a Felipe Alcaraz]



Mi viejo amigo y compañero Juan Iglesia, secretario general de la UJCE, me pidió hace unas semanas que escribiera un artículo para MO a propósito del debate que se está manteniendo en este periódico sobre “la renovación de la izquierda”. Juan me sugirió que leyera algunos de los artículos y documentos ya publicados por MO, cosa que disciplinadamente hice, para darme cuenta enseguida de que todos se referían a IU, al PCE y a la situación interna de ambas formaciones.

Considero, sin embargo, que una discusión sobre la renovación de la izquierda dista mucho de ser un debate sobre el PCE, IU y sus respectivas vidas internas. Por otro lado, titular así el tema que nos ocupa, lleva necesariamente a cuestiones globales, históricas y teóricas distintas a las que aparecen en los artículos, entrevistas y documentos de Julio Anguita, Enrique Santiago, Felipe Alcaraz o de mis amigos Jaime Pastor y Manolo Monereo, que Juan me sugirió leer. A quien le interese realmente el tema de la renovación de la izquierda, le aconsejo la lectura del último artículo de Lucio Magri en la New Left Review “Flying Lessons for the Left”, pero verán que allí se habla de otras cosas. Nuestra discusión, en cambio, debe plantearse en términos más sencillos, a saber, la necesidad de un referente electoral de izquierda radical en el Estado español.

El primer elemento a dilucidar es, por tanto, si entendemos viable y necesaria una formación política sin aspiraciones a gobernar en coalición con formaciones de perfil moderado, en especial el Partido Socialista, al menos en el nivel estatal. Que nadie se confunda en este punto. A pesar del fracaso de Bertinotti en Italia y del proyecto de Llamazares en España, resulta perfectamente razonable, a la vista de cómo terminó el siglo XX, que muchos sectores asuman que el único papel de una formación “a la izquierda del centro izquierda” sea actuar como partido bisagra de los gobiernos socialistas, para cerrar el camino a la derecha y para favorecer políticas sociales. El planteamiento es más que legítimo y respetable y, por mi parte, siempre preferiré a los pragmáticos honestos antes que a los maniobreros y transformistas, capaces de pasar de la más gris realpolitik a los más incendiarios discursos.

Pero en lo que respecta al Estado español, entiendo que, tras los últimos resultados electorales de IU, los pragmáticos (honestos o no tanto) debieran seguir el camino de Nueva Izquierda e integrarse en el PSOE. Al fin y al cabo, siempre será preferible un Partido Socialista con López Garrido, Rosa Aguilar, Gaspar Llamazares e incluso con, el últimamente tan rojo, Felipe Alcaraz. No parece que el PSOE hubiera de tener dificultades para integrar las aportaciones ideológicas y programáticas del hasta ahora sector hegemónico de IU y el PCE, como hemos visto en la última legislatura.

Sin embargo, para los que consideramos que una formación política de corte anticapitalista (con líneas de intervención menos centradas en la coyuntura estatal y más en los problemas locales-globales) puede ser un instrumento útil y con viabilidad electoral en el Estado, los problemas a resolver son otros.

En primer lugar, es necesario asumir que la izquierda radical en el Estado español es, por suerte, mucho más que IU y el PCE, aún cuando solo IU sea un referente electoral estatal. La notable diferencia que, a finales de los 70 y principios de 80, existía en términos organizativos, en el número de militantes y en el nivel de los cuadros, entre el PCE y la extrema izquierda, es algo que se fue diluyendo a los largo de los años. Lo único que hoy tiene IU y de lo que carecen todos los sectores a su izquierda es la representación institucional, así como ciertos cuadros preparados en tareas de gestión local y regional (elemento este de más valor que el primero, a medio plazo).

Por lo tanto, renovar debe significar hacer confluir a diferentes grupos del conjunto de la izquierda radical en un experimento electoral nuevo. Algunos de ellos procederán, sin duda, de la propia IU, pero otros muchos, muchísimos, no. La clave para ello no es tanto sumar siglas de pequeñas casas de muñecas con aspiraciones de partido-vanguardia varios, como cartografiar los procesos de lucha social que se han dado en los últimos años para atraer así, en un nuevo proyecto, a todo un capital disperso de militantes, colectivos, media-activistas, intelectuales, gentes de la cultura, etc. que, unidos en torno a un objetivo específico, seguramente podrían dar muchas sorpresas en la arena política mediático-estatal.

Las próximas elecciones europeas, por diferentes motivos que van desde el sistema electoral a la posible centralidad de un discurso sobre los derechos de los migrantes en la Unión (que serán la clave de la fuerza de trabajo colectiva europea para la acción político-sindical en el futuro), abren muchas posibilidades de experimentación.

Pero un proceso de confluencia como este requería de mucha generosidad. Por una parte, aquellos que han luchado y luchan por un giro a la izquierda del PCE e IU, quizá debieran entender que la organización y las siglas son instrumentos de los que, ante determinadas circunstancias, conviene desprenderse. Por otra, los que, desde la más torpe miopía política, pudieran sentirse atraídos por aventuras de auto-reforzamiento orgánico aprovechando la coyuntura de debilidad de IU, no debieran olvidar que el resultado de SC en Italia fue ridículo (por mucho que se quiera relativizar), que en el Estado español no hay espacio para una franquicia de la LCR y asumir el papel de interfaz entre izquierda política y social que les corresponde, antes que convertirse en una casa de muñecas más con unos cuantos cientos (o unos pocos miles) de votos.

Pero, sobre todo, los activistas sociales y sus colectivos, que desde diferentes ámbitos de la izquierda social llevan haciendo la guerra durante años y formando a los mejores cuadros con los que hoy contamos, deberían asumir su mayoría de edad y la importancia de construir un referente electoral.

La renovación, sin duda, pasará por muchos militantes del PCE e IU, pero la gran mayoría de sus protagonistas vendrán de otros ámbitos; basta pensar en las movilizaciones de los últimos ocho años para darse cuenta de ello.

fuente: http://www.kaosenlared.net/noticia/izqu ... decisiones

Izquierda: es tiempo de decisiones

(Una respuesta a Pablo Iglesias)



Pablo Fernández. Militante de Revolta Global-EA.

Kaos en la Red // 8-9-2008



imagenParece que el artículo "Renovación de la izquierda: ¿de qué estamos hablando?" ha conseguido enfurecer a unos cuantos en el sí de la izquierda del Estado español.

También discrepo con parte de lo expuesto por su autor, pero le agradezco sus reflexiones, que dan pie a la circulación de una serie de ideas que pueden ser provechosas.

Me referiré a los siguientes puntos que aborda Pablo en su artículo:

    1. ¿Son los debates internos en IU y el PCE un factor determinante de cara a la renovación de la izquierda en el Estado español (EE)?

    2. ¿Tiene sentido que IU siga siendo "partido bisagra" del PSOE o sería mejor seguir el camino de "Nueva Izquierda" y entrar en el Partido Socialista?

    3. ¿Es hoy fundamental un referente electoral de izquierda radical en el EE?

    4. Un nuevo partido anticapitalista: a partir de quién, cómo, cuándo.


1. Básicamente estamos de acuerdo. Por desgracia el debate previo a la próxima Asamblea Federal de IU está marcado por el enconamiento entre posiciones políticas en el cual ninguna de ellas prioriza poner IU al servicio de quienes sufren las consecuencias de este modelo económico y social. No hay una oposición interna medianamente potente y organizada que ponga la movilización desde abajo por encima de cualquier otra contingencia. Es una lástima que una organización que cuenta con alrededor de un millón de votos certifique que tal apoyo electoral no está basado en una base ilusionada y organizada en torno a proyectos transformadores, ya sea por el proyecto general de la misma IU como de corrientes internas con un mínimo de envergadura. Por tanto a día de hoy no hay signos que apunten en la línea de que tal debate pueda avivar el proceso de renovación de la izquierda en el EE.

2. Esta es la cuestión que menos me importa. A tenor de las políticas que ha defendido la dirección de IU no sería de extrañar que viéramos en un corto período de tiempo a parte de sus cuadros en el PSOE. A la pregunta: ¿Es legítimo y respetable que IU actúe como partido bisagra de los gobiernos del PSOE para cerrar el camino a la derecha y así favorecer políticas sociales? Dicho así, sí, claro que es legítimo, el problema es cómo interpretamos los contenidos de las políticas sociales del PSOE. Aquí en Catalunya sabemos bastante bien sobre las políticas sociales del gobierno tripartito PSC-ERC-ICV. Aún reconociendo la situación calamitosa de la izquierda organizada que está por la pelea, no parece que la mejor solución sea llevar nuestra debilidad al penoso terreno de reconocer como algo propio de nuestra tradición de lucha las medidas sociales del PSOE.

Las políticas sociales del PSOE se concentran en determinados colectivos: gays, mujeres, ley de dependencia, exhumación de fosas de antifranquistas… medidas que no son desdeñables. En cambio su política económica es similar a la de la derecha tradicional: cierres de FRAPE, SIMON, despidos en SEAT, negar dos días de descanso semanal a los conductores de autobuses de Barcelona (TMB)… Digamos que en este momento los mercados se pueden permitir algunas cesiones, con la condición de que ninguna de ellas toque en lo más mínimo los preceptos sagrados de la religión neoliberal: generación de excedente, acumulación, plusvalía.

En este sentido llama la atención que Pablo Iglesias se refiera en tono positivo a los "cuadros de IU preparados en tareas de gestión regional". Supongo no se referirá a la escuela de aprendizaje de los cuadros dirigentes de ICV-EUiA, que respaldaron el “secuestro” de manifestantes protagonizado por los Mossos de Esquadra en recientes movilizaciones en Barcelona. Ir a una manifestación rodeado por los cuatro costados de policías antidisturbios que no te dejan abandonar el cortejo hasta que ellos lo decidan no parece un buen aval para la "gestión regional de izquierdas". Tampoco dar apoyo a las cargas en las cocheras del Triangle contra los conductores de TMB en huelga.

Pasarse al PSOE puede ser un problema para muchos concejales y alcaldes de municipios que son de IU y que siguen defendiendo honestamente los valores de la izquierda. A un nivel más amplio, ya sea regional o estatal, pasarse al PSOE no causará un trauma a casi nadie, a la hora de la verdad las diferencias, no tanto en la retórica sino en la práctica, no son grandes.

3. En este punto estoy completamente de acuerdo. Sí, hace falta un referente electoral de la izquierda radical en el EE. Hay que dar urgentemente expresión política por la izquierda al descontento social. Cualquiera que esté un poco informado sabrá de las conversaciones que, a nivel europeo, se están manteniendo entre los grupos de extrema derecha para dar una respuesta electoral conjunta a la crisis. Ellos lo harán, ya veremos con que éxito y a qué coste para inmigrantes, sindicalistas, gays, militantes de izquierdas… si la izquierda radical no lo hacemos quedaremos sentenciados por la historia.

En las actuales circunstancias no tener en cuenta la táctica electoral como un factor básico de construcción de la izquierda política, es como no tener en cuenta al cucurucho antes de tomarte un helado con una bola arriba.

Es seguro que a medida se acerquen las próximas elecciones europeas (junio de 2009) se repetirán llamamientos a la unidad entre la izquierda radical. Hay quien entiende por unidad la suma algebraica de las siglas de todos los pequeños grupos de extrema izquierda. La unidad así entendida sería un fiasco. La idea de presentar una alternativa anticapitalista no consiste en ser avalados por sopas de letras. Lo fundamental será comprobar qué tipo de apoyos se tienen y qué tipo de alternativas políticas ofrecen esas siglas.

4. Pablo explícitamente se refiere a las elecciones europeas como un espacio "que abre muchas posibilidades de experimentación". Estoy de acuerdo también. Llama a la generosidad entre tres sectores que han de confluir:

    A) Quienes han luchado y luchan por un giro a la izquierda de IU y el PCE. Según el artículo estos compañeros/as "debieran entender que la organización y las siglas son instrumentos de los que, ante determinadas circunstancias, conviene desprenderse". Ojalá hagan caso a esta observación. Por desgracia el romanticismo de las siglas históricas sigue pesando sobre demasiados militantes del PCE, y a otro nivel también de IU.

    B) Los activistas sociales y sus colectivos. El artículo confiere especial importancia a quienes trabajan en los movimientos sociales. Se dice que "deberían asumir su mayoría de edad y la importancia de construir un referente electoral". De acuerdo también.

    C) Aquí comienza su más sonoro reparto de mandobles. Según Pablo Iglesias las posiciones propias o cercanas a Espacio Alternativo sufren patologías diversas: miopía política, aventurerismo en pos de un auto-reforzamiento orgánico y vanas intentonas de construir "franquicias" de la LCR francesa. También arremete contra los recientes resultados de Sinistra Critica en las recientes elecciones en Italia, tildándolos de "ridículos".

    En realidad no habla explícitamente de Espacio Alternativo, lo cita de manera implícita. Un detalle feo. Qué menos que algo de proyección pública cuando te condenan a elegir entre ser "interfaz entre izquierda política y social" o "casa de muñecas con unos cuantos cientos (o unos pocos miles) de votos".

Vayamos del cuadro grande al pequeño:

    - Los compañeros/as de la LCR francesa, tras estar en primera línea de las luchas contra los contratos precarios, las reformas de las pensiones, las leyes de educación o la Constitución europea, entre otras, lanzaron la idea de construir con muchos otros un Nuevo Partido Anticapitalista (NPA) en el cual se disolverán. El partido revolucionario más potente y con más influencia de Europa deja de lado la construcción propia en aras de un reagrupamiento mayor de las fuerzas anticapitalistas. En enero de 2009 nacerá formalmente una organización sobre la cual ya se lanzan al cuello los mass-media afines a la derecha y al Partido Socialista, en Francia y ya también a este lado de los Pirineos, no vaya a ser que cunda el ejemplo...

    Qué bueno sería seguir al menos algunos de los pasos recorridos por una organización nacida al calor de las movilizaciones en Mayo del 68, que ha sobrevivido a períodos terribles para la izquierda, comprometida con la construcción de los movimientos sociales, que sigue enarbolando la bandera del marxismo revolucionario, del internacionalismo, de la pluralidad interna… ¡qué pueril resulta la expresión “franquicia” en estos momentos! No se trata de un copia y pega, sí de construir una izquierda anticapitalista europea, que en el caso del Estado español irá necesariamente de la mano de su vecino geográfico, es decir, del nuevo partido anticapitalista y de su primer núcleo impulsor, del cual nos sentimos orgullosos de compartir militancia en la IV Internacional, la LCR.

    En la pasada Universidad de Verano de la LCR los debates sobre la construcción de la izquierda anticapitalista europea fueron muy visibles. La construcción de un referente en el Estado español es percibido como una necesidad, como una contribución vital para anclar firmemente al NPA en el internacionalismo. Nadie defiende construcciones "mímesis" de carácter filial, en cambio sí deben estar basadas en un proceso dialéctico, interrelacionado e internacional por definición.

    - Valorar como "ridículos" los resultados de Sinistra Critica (SC) en las pasadas elecciones generales italianas define más a quien hace la valoración que a los propios compañeros de SC. Tras años como corriente interna de Rifondazione Comunista, de oponerse a la dirección del partido en materias como legislación laboral o la intervención italiana en la guerra de Afganistán, Sinistra Critica dio un valiente paso al frente para empezar a construir una alternativa de izquierda que haga lo mismo que predica, enmarcando su actividad en la necesidad de un proceso constituyente anticapitalista lo más amplio posible. No es fácil manejarse con las prisas en que se vieron obligados a trabajar: la decisión de ir a las elecciones fue tomada con sólo tres meses de vida autónoma fuera de Rifondazione. Se decidió sólo 50 días antes de la cita electoral. Conseguir 170.000 votos en esas circunstancias sólo puede ser fruto de la convicción y determinación con que trabajaron las militantes de Sinistra Critica. Lo más importante no era el número de votos: lo fundamental era empezar a andar, visibilizar una alternativa anticapitalista coherente en el discurso y en la práctica.

    Quienes pudimos asistir a la 25º edición de los campamentos de jóvenes revolucionarios en Besalú (Girona) comprobamos "in situ" qué significan esos conceptos: convicción, determinación.

    Fue inspirador ver tanta gente joven, tantas mujeres jóvenes, con ese entusiasmo y convencimiento en el trabajo que están realizando. Cualquier cosa menos "ridículo".

    - Aquí en el Estado español, Pablo Iglesias sentencia a Espacio Alternativo a convertirse en una "casa de muñecas con unos cientos (o unos pocos miles) de votos" en el caso que decida presentarse a las próximas europeas. Puede que sea el desconocimiento, puede que sea el temor a que se abran experiencias, tal vez exitosas, sobre las que se tiene poco ascendente, ve a saber… en cualquier caso la referencia a diminutos seres inanimados que comparten techo para divertimento de las más pequeñas no parece la mejor manera de referirse al tipo de proceso de recomposición de la izquierda por el que EA lleva tiempo apostando. En mi opinión, que es la de un militante de EA más, para ir a las europeas hará falta saber previamente si una parte significativa de la izquierda social con la que trabajamos está dispuesta a dar pasos para convertirse también en izquierda política. No puede ser un proceso a espaldas de las luchas que se vienen dando en los últimos años.

    Un proceso de diálogo franco y abierto, donde los interpelados sean, entre otros, los trabajadores en lucha de la sanidad madrileña, las precarias del McDonalds que ganaron en Granada, los conductores de autobuses que ganaron en Barcelona, todas aquellas corrientes activas de izquierda sindical como la que encarnan Cándido y Morala y otros significados luchadores, los que pelearon contra los despidos en Miniwatt, en SEAT, quienes lo hacen en Telefónica, en Simon, en Correos, los vecinos que luchan por su barrio en el Gamonal de Burgos... un proceso de debate con la izquierda de los movimientos sociales, la ecologista, feminista, pacifista… un diálogo del cual sólo pueden salir cosas positivas, sea cual el resultado, pues ya es un logro que se pueda realizar tras tanto tiempo en que las luchas sociales han estado desligadas de referentes políticos. Eso sí, referente político que deberá llevar grabado en su composición genética que ésa y sólo ésa es su razón de ser: reforzar y servir de apoyo a las luchas de las/los de abajo.

Por otra parte, cuando se intensifica un debate político de estas características renacen determinados "freelance" de la política que golpean desde su atalaya "de izquierdas". Ya sea desde la columna de un periódico, las o­ndas de una emisora de radio o como ilustre prócer de algún departamento universitario, en ocasiones arremeten de manera excesivamente agresiva contra quienes, al revés que ellos, sí que están construyendo organización. Y no lo olvidemos, esa labor de construcción es la más importante.

Estos días hay en cartelera una maravillosa película: "Calle Santa Fe". La podéis ver en los cines Maldà de Barcelona y en los Renoir Pl. España de Madrid.

Durante una secuencia uno de los ex-militantes del MIR chileno comenta: "lo teníamos claro, lo importante era construir el partido revolucionario".

Más allá de analizar los aciertos y errores del MIR, lo cierto es que en el interior de los grandes avances de la humanidad, es decir, de los procesos revolucionarios, actuaron de manera conjunta grupos de militantes que lucharon por la política revolucionaria que les unía; ya fueran los jacobinos, los bolcheviques o las militantes del POUM en la Guerra Civil española...

Espacio Alternativo está construyendo una organización revolucionaria. Continúa el hilo rojo de aquellos luchadores contra el franquismo de la LCR del Estado español, quienes a su vez retomaron el hilo que se remonta a la lucha contra la grotesca versión del socialismo protagonizada por quienes en 1938 fundan la IV Internacional. Estamos construyendo organización sin romper con la historia, sin enterrar conceptos que siguen vigentes: clase, organización, partido.

Las/os militantes de Espacio Alternativo llevan mucho tiempo trabajando en los movimientos sociales, al mismo tiempo que no se han desligado con la idea de construir organización política, algo que no muchos pueden decir. En su seno da cabida al pluralismo, a las diferencias gestionadas de manera democrática, algo que desgraciadamente no es muy común en las organizaciones políticas de la izquierda radical.

Sus campamentos de jóvenes revolucionarios en Besalú y meses atrás los Encuentros Estatales en Barcelona mostraron cómo se va consolidando una organización revolucionaria que está llamada a jugar un papel importante en el desarrollo del conjunto de la izquierda del Estado español.

En tiempos de individualización social, de sálvese quien pueda, falta de compromiso, escasez de constancia y de cultura militante, de poco trabajo político e incluso asociativo, conviene fijarse en quienes apuestan a contracorriente por construir mediante el debate democrático, tomando las decisiones colectivamente y poniéndolas en práctica también de manera colectiva.

Las ideas son armas para cambiar el mundo, pero por sí solas no son suficientes, hace falta mucha gente luchando de manera cohesionada por ellas.

Pablo Iglesias hace unos juicios de valor críticos con el desarrollo de una organización como EA, entrar en ese terreno es legítimo, respetable, pero debe acompañarse por el balance y perspectivas del trabajo propio, la descripción del proceso de construcción en el que se está inmerso, si es que se está en alguno, para así poder debatir políticamente en igualdad de condiciones.

La historia de aquellos que lucharon contra el capitalismo está marcada por fuertes debates. Es mucho lo que nos jugamos y por tanto es lógico que la conversación pueda endurecerse. Al mismo tiempo que discutimos nuestras diferencias hemos de ser capaces de trabajar juntos sobre las muchas cosas que nos unen. En los próximos meses se intensificará el debate sobre la necesidad de construir referentes anticapitalistas en el Estado español. Espero que Pablo Iglesias, Espacio Alternativo y muchas personas, colectivos y organizaciones de izquierdas respondamos positivamente a los retos que tenemos por delante.

Seremos duramente juzgados si fracasamos en cumplir las esperanzas que se están despertando.

Con los mejores deseos.

En camaradería.

fuente: http://www.kaosenlared.net/noticia/cuan ... lternativo

Cuando Guillermo de Baskerville pidió el voto para Espacio Alternativo

(Diálogo con Pablo Fernández de Revolta Global)



Pablo Iglesias Turrión

Kaos en la Red // 13-9-2008




Videmus nunc per speculum et in aenigmate



imagenAllá por los siglos XIII y XIV, la "extrema izquierda" de los franciscanos, los llamados espirituales o fraticelli, plantearon el debate de si Jesucristo había sido o no propietario de sus ropas. Muchos lectores de Kaos en la red juzgarán esta cuestión de las ropas de Cristo como escolástica (nunca mejor dicho) e inútil, pero tras ella estaba nada menos que la puesta en entredicho de las estructuras jurídicas de propiedad que garantizaban el poder de la Iglesia Católica en el mundo de la época. Casi nada. No es de extrañar que los espirituales fueran despojados de sus hábitos, desterrados, torturados y que muchos de ellos ardieran en las hogueras de la cristiandad oficial.

Quien eche una ojeada a buena parte de los comentarios que han suscitado tanto mi artículo que no tuvo a bien aceptar Mundo Obrero, como la inteligente reacción al mismo de Pablo Fernández (ambos en Kaos en la red), encontrará argumentos muy valiosos, pero también, ahora sí, elementos propios de discusiones escolásticas inútiles. Entre ellas podrían citarse el debate sobre las expectativas electorales del PCPE o el problema de si el marxismo de Mandel es revolucionario o no (tiene narices). Hay alguna frase además que no me resisto a entrecomillar: "este es el camino, sólo el marxismo-leninismo nos da las verdaderas razones y guía para el combate y por qué combatir, lo demás son zarandajas socialdemócratas de toda laya y estirpe; que sólo buscan subir a la poltronica y olvidarse de los explotados". Digno de todo un dominico.

Pero volvamos a nuestros fraticelli. En ese ambiente de luchas intestinas en la Iglesia del siglo XIV sitúa Umberto Eco su conocidísima novela El nombre de la rosa. El protagonista, el franciscano Guillermo de Baskerville (que fue encarnado después en el cine por el escocés Sean Connery), es una especie de Sherlock Holmes que, mediante racionalidad y empirismo flemático propios de un seguidor de Roger Bacon, trata de desentrañar una trama que encierra asesinatos, pasiones carnales entre monjes, secretos de archivística y complejos debates intelectuales, en una abadía benedictina del noroeste italiano. La astucia de Guillermo tiene una de sus máximas expresiones en su capacidad para provocar a los otros monjes usando sus conocimientos de teología para obtener informaciones que sirvan a su investigación.

En el artículo que Mundo Obrero no quiso publicarme traté, dentro de los estrechos límites de mis posibilidades intelectuales, de disfrazarme un poco de Baskerville lanzando una serie de provocaciones. Una de ellas, cuyo alcance no medí, me valió la censura de Ginés Fernández que garantizó, sin embargo, un impacto a mi artículo que, de otro modo, no habría tenido. Otra, quizá la mas importante y más meditada, iba dirigida a los militantes de Espacio Alternativo. El artículo en el que Pablo Fernández me entra al trapo es la mejor prueba del éxito de esta técnica de provocación baskervilliana. (Para la polémica pendiente sobre la cuestión nacional con mi amigo Raimundo, viejo en el apellido y en el manejo de las artes de la retórica, la dialéctica y la sofística, todavía tengo que terminar de urdir mi plan).

Hace unas semanas, a propósito de algo que escribí sobre el baloncesto y Lenin, mi amigo y compañero de la Universidad Nómada Raúl Sánchez me escribía con ironía: lamento no compartir tu retórica de "hombre de izquierda", me da la impresión de que te haces mayor... Como dice nuestro común compañero Luca: "marxisti, non di sinistra", o Virno con anterioridad: "comunisti, quindi non di sinistra". No se trata de abandonar el operador izquierda/derecha, sino, pienso yo, de abandonar la retórica hispánica del "hombre de izquierdas" para recobrar los asideros subjetivos e institucionales nuevos del operador. En el siglo XIV, el bueno de Raúl habría ardido en las hogueras de la Inquisición, precisamente por abandonar del todo los códigos discursivos del resto del clero (algo que a Luca, por cierto, nunca le hubiera pasado). La "retórica hispánica" de nuestra izquierda radical es, a fin de cuentas la que es y si uno quiere discutir de cosas serias con la gente del Espacio Alternativo nada mejor que mentarles la madre y la hermana (o sea la LCR y Sinistra Critica) en vez de entrar en disquisiciones sobre si preferimos el modelo de los ciclos económicos de Mandel o el de Arrighi, por ejemplo.

El guante que ha recogido Pablo Fernández ha dejado el debate planteado en los términos que yo quería. Este autor lo ha organizado en cuatro puntos que voy a seguir.

La primera cuestión a dilucidar, razona Fernández, es si los debates internos en IU y el PCE son un factor determinante de cara a la renovación de la izquierda en el Estado español. Como bien señala el autor, parece que estamos de acuerdo en que, de alguna forma, es así. Sin embargo, parece que yo tiendo a pensar que es importante que una parte considerable de la militancia (y los cuadros) de IU y el PCE forme parte del nuevo proceso de reconstitución de la izquierda radical estatal (en caso de que éste se llegue a producir) mientras que Fernández se lamenta de que no hay una oposición interna medianamente potente y organizada que ponga la movilización desde abajo por encima de cualquier otra contingencia y señala que el proyecto de IU no está basado en una base ilusionada y organizada en torno a proyectos transformadores. Sin duda el compañero de Revolta Global conocerá mejor que yo la situación interna de Izquierda Unida y a su militancia, puesto que su organización estuvo integrada allí hasta hace bien poco y algunos de sus militantes siguen afiliados a la coalición. Pero entonces, si admitimos que en IU y el PCE los cuadros y militantes válidos son escasísimos, habrá de reconocerse que la estrategia mantenida durante los últimos años por Espacio Alternativo, que trataba de contribuir a generar un bloque de izquierdas en el interior de IU, o bien era errónea (como creo que piensan muchos nuevos militantes de Espacio) o bien fue un fracaso. Admitir tanto lo uno como lo otro dejaría el prestigio de Espacio Alternativo (a mi juicio de los menos cuestionables entre los grupos de izquierda radical en el Estado español) en una situación muy precaria. Daría la impresión de que tras años de una estrategia errónea y fracasada, el proceso de putrefacción de IU habría aupado a los jóvenes castores al control de EA, encaminándoles hacia un entusiasta proyecto extraparlamentario. Pero cuidado, la política, a diferencia del entusiasmo, genera procesos de larga duración que conviene enfrentar con calma.

Por el contrario, considero que la estrategia histórica de Espacio Alternativo, trabajando dentro de IU, fue correcta, del mismo modo que lo ha sido su paulatino alejamiento de las estructuras de la misma. Pero este último sólo tendrá sentido en la medida en que sirva para aglutinar a sectores amplios. La experiencia de Corriente Roja, en la que no me cabe duda que participaban muchos activistas honestos con las mejores intenciones, debe ser una llamada de atención para los cuadros de Espacio.

La segunda cuestión planteada por Pablo Fernández es si tiene sentido que IU siga siendo "partido bisagra" del PSOE o sería mejor seguir el camino de "Nueva Izquierda" y entrar en el Partido Socialista. En mi primer artículo no planteé una disyuntiva entre esos dos elementos (partido bisagra o integración) sino que simplemente señalé que la entrada en el PSOE me parecería una solución muy coherente para buena parte de los dirigentes de Izquierda Unida. Hablaba sólo de coherencia ideológica (siempre respetable). En cualquier caso, estará de acuerdo Fernández en que, aunque no nos reconozcamos en lo que el PSOE o el tripartito de Cataluña llaman "políticas sociales", las consecuencias de las mismas sobre la vida de la gente (y también sobre las posibilidades de nuestra propia actividad política) no son las mismas según quién gobierne. A pesar de las fechorías del tripartito catalán, reconocerá el compañero ciertas diferencias respecto, por ejemplo, al Gobierno de Aguirre en Madrid. Debería sobrar decir que esta constatación de la realidad no implica simpatía alguna por los llamados "pactos de progreso".

Pablo Fernández se refería también a mis alusiones positivas a los cuadros de IU preparados en tareas de gestión regional. Y añadía: supongo no se referirá a la escuela de aprendizaje de los cuadros dirigentes de ICV-EUiA, que respaldaron el "secuestro" de manifestantes protagonizado por los Mossos de Esquadra en recientes movilizaciones en Barcelona. Ir a una manifestación rodeado por los cuatro costados de policías antidisturbios que no te dejan abandonar el cortejo hasta que ellos lo decidan no parece un buen aval para la gestión regional de izquierdas. Le aseguro a mi querido Pablo que de abusos policiales sabemos en Madrid tanto o más que en Barcelona (las razones por las que la militancia en Madrid es más vulnerable a la represión que en otros lugares son de sobra conocidas) y, de hecho, algunos de nosotros hemos dedicado años de militancia a idear y practicar formas de enfrentar ese tipo de dispositivos represivos con no pocos riesgos para nuestro pellejo. Que en Cataluña el jefe de los represores sea un dirigente de ICV es sin duda una prueba de hasta qué punto puede llegar la estupidez de lo que Fernández llama gestión regional de izquierdas. Sin embargo, ello no resta importancia al hecho de que aspirar a la representación en ámbitos locales y regionales debe llevar aparejada una voluntad de gestión en una dirección transformadora. Pero para ello, la capacitación y la experiencia son esenciales, como bien saben los militantes de Espacio Alternativo que han ejercido cargos públicos, como representantes de IU, en algunos ayuntamientos.

El tercer elemento señalado es la necesidad de crear un referente electoral de la izquierda radical en el Estado español. Como bien señala mi interlocutor, aquí nuestro acuerdo es total. Fernández apunta además un elemento central que también yo traté de recalcar en mi artículo: Hay quien entiende por unidad la suma algebraica de las siglas de todos los pequeños grupos de extrema izquierda. La unidad así entendida sería un fiasco. Como señalaré a continuación, es en este punto donde Espacio Alternativo puede jugar, a mi juicio, un papel crucial, al ser quizá la única organización con capacidad para actuar de manera diferente a la del resto de letras de la sopa (eso que llamaba ser interfaz entre la izquierda política y la social). Espero no decepcionarme.

Llegamos al cuarto punto, el central, sobre las elecciones europeas y el papel a jugar en ellas por Espacio Alternativo. Aquí es donde mentamos a la madre y a la hermana.

Pablo Fernández está de acuerdo con los llamamientos que hago a los militantes del PCE e IU y a los activistas de la izquierda social. Los problemas vienen con mis alusiones o sonoro reparto de mandobles a Espacio Alternativo.

Para Fernández esta muy mal no referirme explícitamente a Espacio Alternativo: Qué menos que algo de proyección pública cuando te condenan a elegir entre ser "interfaz entre izquierda política y social" o "casa de muñecas con unos cuantos cientos (o unos pocos miles) de votos". Respecto a esta cuestión, he de decir que no mencionar explícitamente a Espacio Alternativo era del todo intencionado. Pretendía con ello limitar el número de invitados al debate, tratando así de circunscribirlo a los militantes de Espacio que no necesitaban de mayores especificaciones para sentirse aludidos (como, de hecho, hemos visto). Si se observan los comentarios al artículo, vemos que la técnica surtió efecto; las únicas referencias a Espacio son las de los propios activistas de este grupo, mientras que el resto de comentaristas pasan por encima de esta cuestión.

En todo caso, para que no se me acuse de tener un mal detalle y en pro de la merecida proyección pública que exige Fernández, he incluido el nombre de Espacio Alternativo en el título de este nuevo artículo (nada menos que junto al de Guillermo de Baskerville) así como la militancia de mi interlocutor en Revolta Global, en el subtítulo. Enviaré también un anagrama de Espacio Alternativo a Kaos en la red, para que se incluya como imagen asociada al título.

Tras esta exigencia de proyección pública (que esperamos haber satisfecho) Fernández narra las virtudes y la trayectoria heroica de la LCR francesa y se refiere al lanzamiento del llamado Nuevo Partido Anticapitalista (NPA) en el que habrán de disolverse los neo-trotskistas franceses. A pesar del tono ligeramente grandilocuente de Fernández -una organización nacida al calor de las movilizaciones en Mayo del 68, que ha sobrevivido a períodos terribles para la izquierda, comprometida con la construcción de los movimientos sociales, que sigue enarbolando la bandera del marxismo revolucionario, del internacionalismo, de la pluralidad interna- damos la descripción por buena. Es al fin y al cabo normal que los militantes de partidos se enorgullezcan y se recreen en sus tradiciones y su historia. Lo hemos visto en el PCE y quizá se justifique con más razón en la LCR y en las organizaciones de tradición trotskista (no seré yo quien desarrolle el tema de si las diferentes familias comunistas de la izquierda histórica comparten o no alguna que otra patología freudiana a la hora de hablar de sí mismos). Por otra parte, la propuesta del NPA parece muy interesante y, desde luego, muy relevante para nuestro debate sobre la necesidad de un referente político radical en el Estado español.

No voy a entrar tampoco en la cuestión de si en Francia (o ¿Estado francés?) los militantes de la LCR representarán un tercio o una décima parte de ese nuevo partido, pero de lo que no me cabe la menor duda es de que, en caso de que se produzca un proceso semejante en el Estado español, el papel que pueda jugar Espacio Alternativo, aún cuando lo considero central, no podrá ser equivalente al de la LCR francesa. En primer lugar porque la realidad y la historia política de la izquierda radical en nuestro Estado son muy distintas de las francesas y, en segundo lugar, porque la fuerza de Espacio Alternativo está a años luz de compararse con la de la LCR, por mucho que compartan militancia en la IV Internacional.

Comportarse como una franquicia (espero que se me disculpe la "puerilidad" de la expresión, dado que yo he disculpado la, quizá no demasiado madura, grandilocuente prosa de mi interlocutor al hablar de la LCR) es precisamente pretender trasponer el proceso francés al Estado español y tratar de convertirse en el referente estatal de una suerte de partido europeo hegemonizado por la LCR francesa. Estoy convencido de que los cuadros de Espacio serán lo suficientemente inteligentes para no cometer este error pero, por si acaso, no quiero privarme de sugerírselo. Hablar, como hace Fernández, de esa dinámica de creación de un referente europeo como un proceso dialéctico, interrelacionado e internacional por definición, es aclarar poco las cosas.

Vamos ahora con Sinistra Critica, cuyos resultados electorales valoré como ridículos. Fernández se empeña en dar a entender que aplico el calificativo "ridículo" a los militantes de esta antigua corriente de Rifondazione Comunista. Termina con un reproche moral terrible, refriéndose a los jóvenes militantes de Sinistra Critica que participaron en el campamento internacional de Besalú: Fue inspirador ver tanta gente joven, tantas mujeres jóvenes, con ese entusiasmo y convencimiento en el trabajo que están realizando. Cualquier cosa menos "ridículo". No pongo en duda ni el entusiasmo ni el convencimiento de la gente joven y de las tantas mujeres jóvenes de SC (me pregunto a qué responderá esta precisión de género). Es más, seguro que los compañeros de SC, además de ejemplares militantes, son una gente estupenda y han leído a Umberto Eco. Seguro que además fueron un ejemplo de arrojo para el, tradicionalmente algo puritano, trotskismo mundial, al participar, de nuevo con entusiasmo y convencimiento, en los juegos experimentales nocturnos oficiados por el abad MU en Besaú... Pero no estamos hablando de eso (ya me hubiera gustado a mí gozar de esas veladas de internacionalismo proletario cuya leyenda ha atravesado todos los rincones de Lavapiés) sino de los resultados electorales de Sinistra Critica. Sobre estos Fernández sólo dice que conseguir 170.000 votos en esas circunstancias sólo puede ser fruto de la convicción y determinación con que trabajaron las militantes de Sinistra Critica. Con todo, pido disculpas y rectifico el provocador epíteto de "ridículos". Me limitaré a calificar los resultados de poco satisfactorios (¿así está mejor?) a pesar la convicción y la determinación de los militantes de SC.

Pero aquí los cuadros de EA debieran estar atentos. Aunque no les guste, la realidad de la izquierda italiana se asemeja más a la nuestra que la francesa y más en el caso de SC que durante años, al igual que EA, trató de hacer política dentro de RC. Su salida de Rifondazione, su fracasado intento de formar un frente de izquierdas (como la Costituente Anticapitalista en la que participó mi compañero Luca al que aludíamos antes y en la que sugirió a los organizadores un nombre algo más erótico) y el resultado electoral, deberían llevar a la reflexión a los militantes de Espacio y hacerles aspirar a algo más que a recibir elogios por su convicción y determinación. Lo diré más claro, si tras años de lucha dentro de IU, una aventura electoral en solitario dejara a EA con unos pocos miles de votos, se estarían haciendo muy mal las cosas.

Llegamos ya al Estado español. Para Fernández, debido a mi desconocimiento o a mi temor a que se abran experiencias tal vez exitosas, sobre las que tengo poco ascendente, sentencio a Espacio a convertirse en una casa de muñecas con unos cientos (o unos pocos miles) de votos en el caso que decida presentarse a las próximas europeas. Decir que temo al éxito de Espacio Alternativo por mi falta de ascendente hace suponer que lo tengo sobre alguna otra organización. Sin embargo, los únicos grupos en los que he participado, desde la disolución de Arde Madrid en 2005, son el Colectivo Universitario Contrapoder, la Universidad Nómada y la Fundación CEPS, todos ellos muy heterogéneos ideológicamente y sin aspiraciones electorales (aunque sí construyen organización, querido Pablo). Paradójicamente, el grupo con ese otro tipo de aspiraciones con el que más me identifico (como saben muchos de sus miembros de Madrid) es Espacio Alternativo y, precisamente por ello, gasto mi tiempo redactando artículos en los que trato de lanzarles el guante de la discusión sobre el futuro de la izquierda. Ver como detractor a un partidario exterior define bien lo que llamaba en mi artículo miopía política (incapacidad para ver lo que está más allá de nuestras narices). Eso sí, que nadie espere que de mi simpatía se derive que vaya a escribirle un poema a Olivier Besancenot (aunque los guisos y los vinos de uno de sus equivalentes estatales bien merecerían unos versos de amor) o que vea nuestra Guerra Civil a través de los ojos de Julián Gorkin, de George Orwell o de Ken Loach.

Por desgracia, Pablo Fernández no se queda ahí y añade que cuando se intensifica un debate político de estas características renacen determinados "freelance" de la política que golpean desde su atalaya "de izquierdas". Ya sea desde la columna de un periódico, las o­ndas de una emisora de radio o como ilustre prócer de algún departamento universitario, en ocasiones arremeten de manera excesivamente agresiva contra quienes, al revés que ellos, sí que están construyendo organización. Desconozco la trayectoria de militancia de Fernández (como veo que le ocurre a él con la mía) pero estoy seguro de que merece todo mi respeto y admiración. Pero ese párrafo que cito atraviesa los límites de la camaradería a la que al final alude su autor y por ello no voy a atenderlo con palabras escritas. Estoy seguro de que en el cara a cara que más tarde o más temprano se dará entre nosotros, sabremos disculparnos si hemos cometido una ofensa injustificada. Ya nos veremos.

Por último, señala Fernández con gran acierto que para ir a las europeas hará falta saber previamente si una parte significativa de la izquierda social con la que trabajamos está dispuesta a dar pasos para convertirse también en izquierda política. No puede ser un proceso a espaldas de las luchas que se vienen dando en los últimos años. Toda la razón. Me temo, sin embargo (y tengo buenas razones para hacerlo), que no todos los cuadros de Espacio tienen esto tan claro y sospecho que algunos de ellos no verían con malos ojos una candidatura propia a la que se le añadieran algunos amigos a modo de comparsa que, aún cuando no sirviera para lograr una representación (que yo juzgo fundamental y posible) sí podría contribuir a la consolidación orgánica de Espacio Alternativo, aunque sólo se saquen unos miles de votos. Como se podrán imaginar los lectores, este tipo de argumento no es fruto de mi imaginación sino que lo he escuchado en alguna discusión con compañeros de EA.

Precisamente porque estoy completamente de acuerdo con la última reflexión de Fernández, estaré encantado de seguir participando en un debate que me parece crucial para el futuro de la izquierda radical en el Estado español… Aunque tenga que imitar las astutas artes provocativas de un detective franciscano y jugar con espejos y enigmas.

Omnia sunt communia!

fuente: http://raimundoviejovinhas.blogspot.com ... masas.html


La perorata del militante sin masas

un par de notas sobre la "refundación de la izquierda"



Raimundo Viejo Viñas

On the wobbly's road // setembre 13, 2008




imagenNuestro implacable Pablo Iglesias (Turrión) ha vuelto a abrir otro frente deliberativo, esta vez con un artículo bajo el ingenioso título Cuando Guillermo de Baskerville pidió el voto para Espacio Alternativo publicado por Caos en la red. Este texto es a su vez desarrollo de otra intervención anterior censurada por Mundo Obrero (¡sólo a Pablo se le ocurre confiar sus letras al Santo Oficio!) intitulada "Renovación de la izquierda: ¿De qué estamos hablando?". Los argumentos de Pablo, tan discutibles como los de cualquiera, pero bastante más y mejor razonados que los de algunos de sus interlocutores (menuda paciencia!), resultan de una trayectoria que, más allá de su singularidad irreductible como activista y politólogo (en rigor, esa extraña fusión, engendro de ambas cosas que somos), es compartida por un segmento importante de su generación (la generación de aquellos que se iniciaron en el activismo y comenzaron a madurar ideas, conceptos y argumentos, al calor de la revuelta zapatista, Seattle y todo lo que ha llovido después).

Para acabar de presentar las notas que siguen, quizás deba saber quien leyere estos bytes que el que esto suscribe fue coordinador del área de juventud de Esquerda Unida (organización gallega de IU, posteriormente coaligada electoralmente en dos ocasiones con la nacionalista Unidade Galega y más adelante escindida en Esquerda de Galicia y IU-EU); y todo ello desde su creación hasta su primera gran crisis (ya no recuerdo exactamente el año --quizás el 93 o el 94--, pero sí el contexto: expulsión del PDNI, sucesión de Anguita, ruptura con UG, etc.). Un par de años más tarde (algo así como desde 1996 en adelante) el que ahora teclea fue impulsor de Galiza Alternativa (colectivo gallego de Espacio Alternativo) y algunos años más tarde uno de los seis miembros de la Secretaría Confederal de Espacio Alternativo entre los III Encuentros (de cuya ponencia política fue redactor) y su dimisión como último no trotskista, tras Concha Denche, de aquel órgano de coordinación a partir de entonces entregado ad maiorem gloria del profeta y la organización de campamentos de verano. El colectivo Galiza Alternativa, de entre otros no partidarios de la neotrotskistización de Espacio Alternativo, se disolvió en la multitud durante la última ola de movilizaciones (creo que en el verano de 2002) generando una red más amplia y todavía existente llamada Alternativas Nómadas (ahora ya en su versión 2.0).

Hechas las presentaciones, en fin, dejo paso a mis improvisadas notas confiado en que más allá del gusto de escribirlas puedan ser de interés.


Déjà vu (o cómo mirar atrás para empezar a dejar de morderse la cola)

A decir verdad nada resulta más fatigoso que ver pasar los años y repetirse prejuicios, patologías, ideologemas, neurosis y tantos otros síntomas de un debate que no es tal, a saber: el debate sobre la refundación de la izquierda. Al hilo de un nuevo empuje de la política del movimiento tras los años del Descontento (referéndum sobre la OTAN, movida estudiantil del curso 1986-87, campañas antimili, huelga del 14-D, etc.), a mediados de los años ochenta algunos activistas participamos de una "primera" refundación de la izquierda a nivel estatal (con IU como referente). Desde entonces ya han llovido bastantes piedras (neoliberales las más, de manifestantes alguna que otra), pero poco o nada ha cambiado el discurso de ese extraño objeto de deseo llamado "izquierda".

En rigor, ya por aquel entonces, en la segunda mitad de los ochenta, se trataba de alguna enésima refundación inscrita en una prolongada historia de encuentros y desencuentros de las redes sociales que sostienen la política del movimiento y sus extraños compañeros de viaje, los políticos profesionales. Tal y como se demostraría más adelante con los conatos refundadores de Espacio Alternativo o Corriente Roja, las refundaciones se ponen al orden del día en cuanto se sobrepasa el punto de inflexión de la fase a la baja de la ola de movilizaciones correspondiente. Así, IU (pero también, por ejemplo, el BNG) es hija de la ola de movilizaciones de la transición (su fundación coincide, de hecho, con el reinicio de una pequeña ola de movilizaciones a mediados de los ochenta) y Espacio Alternativo (aunque también Corriente Roja y otros zombies más o menos neoleninistas como el propio PCE, cuya alma, por cierto, en vez de transmigrar anguitianamente prefirió producir un poltergeist en la casa de IU) se constituyen al hilo de la ola de movilizaciones que se origina entre la Declaración de la Selva Lacandona y la contracumbre de Seattle. No es de extrañar, por lo tanto, que en estos días que corren se esté repitiendo el mismo interminable debate de ocasiones anteriores.

Primer error del discurso, pues, denominar "refundación" a lo que apenas son más que realineamientos de redes y cambios discursivos operados ante el imperativo de seguir adelante en un contexto de deserción generalizada (dicho sea con todo el orgullo desertor de la variante izquierda del militarismo: el "militantismo"). Aquí no se refunda nada. Lo que en rigor se hace es reproducir, ampliar ligeramente (si se puede) y federar redes de activistas sin por ello necesariamente revisar la cultura política sobre la que se desarrolla toda esta actividad. Ni siquiera se puede hablar, a la vista de la pervivencia del PCE en IU o de la sección correspondiente de la IV Internacional en Espacio Alternativo (por poner dos ejemplos que no por militancias ajenas me son desconocidos en sus efectos), de una "refundación" organizativa propiamente dicha (cabría hablar más bien de extensión de redes bajo maquinarias hegemonistas preconstituidas, por lo que las organizaciones derivadas carecen de carácter constituyente). Quien de verdad quiera comprender en qué consiste la retórica de la refundación habría de preguntarse más bien por la composición de las redes activistas, los cambios en los repertorios de acción colectiva, el desarrollo de los procesos políticos antagonistas, etc... pero en modo alguno habría de perder el tiempo asumiendo que algo se refunda, pues tal refundación, sencillamente, no existe; en realidad, la refundación apenas es algo más que un ideologema al servicio de las viejas prácticas militantes hegemonistas de toda la vida.

En nuestros días, el ejercicio de la crítica (o quizás ya sólo del sentido común), especialmente tras los innumerables fracasos de las refundaciones pasadas y venideras (tiempo al tiempo, ya veremos en qué acaba el experimento francés que tanto elogian los neotrotskistas de a uno y otro lado de los Pirineos) apunta más bien a comprender la crisis del discurso político en sus dimensiones globales que no a persistir en el ideologema refundador. De lleno en la postmodernidad, persistir en morderse la cola discursiva de la izquierda refundada equivale a dejarse llevar en círculo por el sumidero de las olas de movilización.


Refundación de la izquierda, la insoportable levedad del judeocristianismo

El concepto izquierda tiene su origen moderno en el surgimiento del asamblearismo revolucionario francés de 1789, pero se ancla firmemente en una Weltanschauung de origen judeocristiano predominante en el mundo occidental. Debido, precisamente, a que la Revolución Francesa no fue capaz de superar dicho marco categorial, la "izquierda" acabó prefigurando las limitaciones emancipatorias de su propio discurso. En nuestros días asistimos a sus estertores y por más que la "izquierda" como campo de identidad guste de vincularse a la crítica y a la autocrítica, no parece que ésta esté operativa en su discurso.

Pero vayamos por partes. Conocido es que la concepción judeocristiana del mundo construye todo un aparato categorial en el que se han inspirado los productores de discurso emancipador para desplegar sus agenciamientos del devenir histórico en las sociedades occidentales. Al judeocristianismo se debe, por ejemplo, la concepción historicista que ha inspirado a los izquierdistas de uno y otro cuño a lo largo de los últimos siglos. La creencia en el nexo causal, empero, tal y como señaló Ludwig Wittgenstein en el Tractatus Logico-Philosphicus, es la superstición ("Der Glaube an den Kausalnexus ist der Aberglaube"). Incluso un ideólogo liberal como Karl Popper pudo desmontar con facilidad las erradas bases epistémicas del judeocristianismo en su Miseria del Historicismo (aunque a cambio no pudiera ofrecer nada más decepcionante que el pobre juego de palabras entre verificar y "falsar"). Por desgracia, no parece que la "izquierda" quiera acusar recibo del giro epistémico que comportaron en el siglo XX la filosofía del lenguaje, la deconstrucción y demás referentes del saber contemporáneo.

Así, la creencia supersticiosa en que del conocimiento "científico" de un estado de cosas presente se puede inferir un estado de cosas futuro sigue marcando la producción discursiva de las redes activistas de la "izquierda". Más aún, sobre esta superstición se funda la convicción de que un estamento privilegiado de conocedores de las leyes del desarrollo socioeconómico pueden "dirigir" no ya sólo a las gentes, sino incluso ¡la historia! Lo más impresionante de la persistente ceguera de la "izquierda" ante algo que se ha demostrado falso en todos y cada uno de los ejemplos empíricos que podamos buscar (a empezar por la hecatombe de la experiencia soviética) reside en su obstinación en pensar que se puede operar desde un paradigma tal precisamente en un contexto como el de hoy en día, donde ya ningún actor político (ni siquiera los Estados, las multinacionales o los grandes organismos globales) dispone de la información necesaria para elaborar una decisión tan perfecta (caso de que algo así hubiera sido posible en algún momento histórico, claro).

En este orden de cosas, recomendaría leer a Franco Berardi, Bifo, en su libro La Fábrica de la infelicidad. Allí apunta análisis tan certeros como el que sigue: "Desde Maquiavelo hasta Hobbes, desde Hegel hasta Lenin, la voluntad pretende gobernar la historia, la generación de los acontecimientos sociales. El humanismo moderno estableció también la convicción soberbia de que el saber científico es la base de una potencia técnica sin límites, capaz de penetrar en los mecanismos de la naturaleza y de someterlos a los fines del hombre" (p. 155).

Pero ya se sabe que la ecología política no es el fuerte de la "izquierda" española.

Pero volvamos sobre la "izquierda" como parte del aparato categorial judeocristiano. Su surgimiento como concepto político es debido a la disposición de los diputados en la Asamblea Nacional francesa (a la izquierda de la presidencia) y aunque en su momento rivalizó con otros, sin duda mucho más evocadores (por ejemplo, sans-culotte, montagnards, etc...), al final se impuso en la lógica del discurso de la dominación como la parte complementaria (e irreductible) de la derecha (que no por nada era asociada categorialmente a lo y al derecho) en un universo de discurso que se replegaba así tras la apertura de un horizonte constituyente en 1789. Esta imposición no fue casual y coincide, a su vez, con la consolidación del parlamentarismo como parte del modo de mando liberal que se instituye con el gobierno representativo.

Ahorrémonos los pormenores del viaje de la noción de "izquierda" a lo largo del tiempo y cuya definición es tan categorialmente dependiente de la derecha como ambas lo son, a su vez, de la necesidad de representar el mundo desde un "centro" (eje sobre el que se articula la representación en el parlamentarismo postmoderno, el pensamiento único, etc...) y, por ende, desde el control de la diversidad bajo el dominio pluralista de la democracia liberal. Desde los tiempos de la Perestroika, pero sobre todo tras el derrumbe de la URSS, la "izquierda" se convirtió en un campo de identidad común a numerosas redes de activistas que encontraron aquí el denominador común para referirse a una audiencia de su discurso político. Aunque en el terreno de los contenidos y los repertorios de acción colectiva cambiaron algunas cosas, el peso fundamental y éxito discursivo de "izquierda" como marcador simbólico-cultural (de la cultura que se dice "de izquierdas") consistió básicamente en articular el mencionado campo de identidad.

A partir de aquí, no resulta difícil desintrincar la lógica matricialmente sectaria que atraviesa la configuración de redes activistas y cuya praxis colectiva se centra en una declarada voluntad de representación hegemónica de la izquierda (evidentemente, la izquierda verdadera, única efectuación posible del bien). Segundo error, por tanto, de la perorata del militante sin masas: pensar que la multitud es un cuerpo social ordenado bajo el poder soberano a la manera de un pueblo sobre el que se puede ejercer un gobierno o, peor aún, una gobernanza o régimen de dominación del "otro", el "enemigo". No tan casualmente en Italia se ha hablado, bien que con matices y diferencias, de popolo di sinistra.


Olvidar a Hegel, a Lenin y a Carl Schmitt,
repensar desde Spinoza, Deleuze/Guattari y Foucault.


La izquierda como concepto no es disociable de la tensión que genera como díada junto a la derecha (y de ahí las trampas dialécticas que genera). Junto a bien/mal, alto/bajo, amigo/enemigo, revolucionario/reformista, viejo/nuevo y tantos otros ejemplos configura el maniqueísmo en el que se piensa lo político desde "la izquierda" (y, por ende, aunque en negativo, desde la derecha). Es en esta cosmovisión diádica que nace y se reproduce esa praxis fracasada, remanente y heurísticamente agotada que se conoce como "ser de izquierda". De poco han servido aquí, a la luz al menos de cierto activismo de las dos últimas décadas y media, adjetivaciones a la manera de izquierda alternativa, izquierda transformadora, etc. Acaso sea suficiente con señalar en este sentido la poca valía que tienen estas expresiones, cuando no la simple cobardía intelectual que encubren en boca de quienes quisieran hablar de verdadera izquierda (en lugar de alternativa) o de izquierda revolucionaria (en lugar de transformadora). ¿Qué son sino meros ganchos discursivos que intentan superar el gap generacional?

Llegado este punto seguro que no falta quien, al mejor viejo y patológico estilo de toda la vida, pregunte enchido de razón doctrinal y retórica asamblearia: "¿y tú que propones?" (variante algo más razonable y elaborada del estúpido y demagógico: "hay que hablar a la gente para que nos entienda"). Quien no quiera leer que no lea y se dedique a exigir a otros que lo hagan por ellos y aporten las soluciones que no buscan, pero existen buenas razones para olvidarse de la dialéctica schmittiana del amigo/enemigo y contraponer la estrategia de lo diverso o, si se prefiere, el éxodo de la multitud. Las redes activistas implicadas en el control del campo de identidad "izquierda" siguen pensándose en una normatividad del orden y la media, esperando que la multitud se convierta en ese cuerpo social ordenado en forma de masa o pueblo (de la izquierda o mejor aún gobernano desde ésta) sobre el que poder extender y sustentar su imperio. En este sentido, Foucault sigue siendo a todos los efectos el gran desafío incontestado para pensar la organización fuera de la dominación.

No menores son las razones para pensar que hay que renunciar al leninismo en todas sus declinaciones (estalinistas, maoístas, trotskistas e incluso alguna pretendidamente autónoma, pues hasta de chorradas como "leninismo deseante" se oye hablar en nuestros días). A estas alturas de la Historia para llegar a afirmar cosas del estilo de...

"este es el camino, sólo el marxismo-leninismo nos da las verdaderas razones y guía para el combate y por qué combatir, lo demás son zarandajas socialdemócratas de toda laya y estirpe; que sólo buscan subir a la poltronica y olvidarse de los explotados"

... hay que ser un adolescente inmaduro, un militante dogmático o, sencillamente, un imbécil falsacionista abocado a repetir la barbarie realizada en nombre del "comunismo" (eso sí, ahora quizás bajo la etiqueta "izquierda"). Henos aquí, inmersos de lleno en el valiente debate de Pablo, con un ejemplo sintético de tres patologías bien conocidas de la "izquierda":

    (1) la necesidad de configuración de una identidad política radical propia del activista adolescente (un soy tal o cual, y no yo argumento esto o lo otro). Basta con echar un ojo a los problemas edípicos de algunos militantes de identidades trotskistas, independentistas, etc. y nos asombraríamos de la sorprendente reiteración de pautas. La Escuela de Frankfurt, sin duda, se vanagloriaría de sus herméticos esquemas en el análisis empírico de algunas "familias" de activistas; Deleuze y Guattari, incluso, les podrían echar una mano a comprender el origen de ciertos comportamientos, la necesidad de ciertos referentes, la construcción de un universo tan pobre y circunscrito. Pero no caerá esa breva: el poder del yo no es nada desdeñable en las que C. B. Macpherson denominara sociedades del individualismo posesivo.

    2) El dogmatismo confunde la resistencia política al neoliberalismo con la obcecación en la validez incontrastada de una doctrina y se niega a comprender la deserción de las "masas" en el enjambre de la multitud, los cambios en la composición de clase en el postfordismo, la mutación de las subjetividades en un mundo que ya no distingue dentro y fuera, etc... Careciendo de cualquier opción estratégica frente a la desesperación, ni más conceptualización de lo político que aquella que se deriva del modo de mando (la izquierda que no es nada sin derecha), se afirma en dar vueltas y vueltas (siempre a la izquierda, claro está) cual zurullo en el sumidero del váter de la historia.

    3) En la postmodernidad, el falsacionismo histórico se ha convertido en una gran moda historiográfica y no sólo en la extrema derecha. A menudo deriva del autorreferencialismo identitario, de la lógica maniquea de pensarse en el bando de los buenos y de dedicarse a releer los acontecimientos históricos con una paranoide obsesión por conseguir que la razón histórica esté de parte de uno. Se lee el pasado como una sucesión de errores y aciertos de buenos y malos que configuran una lectura moral y holística del desarrollo social: se está con Marx contra Bakunin (o al revés), con Lenin contra Bernstein o Kautsky (Luxemburg, siempre tan esquiva como el tercero que es multitud), con Trotsky o Mao contra Stalin, etc., etc. Por supuesto, al final siempre hay un yo y un tú, un nosotros y un ellos, los amigos y los enemigos (de nuevo la alargada sombra de Carl Schmitt) que confiere sentido a los acontecimientos dentro del relato redentor que separa a los revolucionarios de los reformistas, a los socialdemócratas de los... ¡lo que toque con tal de que no sean esos traidores!

Al final, una y otra vez, vemos emerger recurrentemente la lógica de la dialéctica, a la manera de la concepción del cambio revolucionario en Trotsky, para quien la escisión del poder soberano siempre era la antesala de la reductio ad unum, de la recomposición de su particular modo de mando, la dictadura del proletariado. No es casual que los leninistas de uno y otro cuño participen tan activos en la política del movimiento, a la espera de que estos consigan el nivel de movilización suficiente que provoque la escisión del poder soberano... ¡Como si este fuera hoy el mismo que en 1917! La cultura golpista de la izquierda, heredada de Louis Auguste Blanqui y tan presente en los acólitos de todas las facciones más o menos neoleninistas, decae bajo las formas reticulares de dominación, pero se mantiene viva como fetiche ideológico de figuras como el adolescente, el dogmático y el falsacionista.

La paradoja de nuestros días radica en que, mientras estos líderes revolucionarios de imaginarios psicopatológicos viven en su mundo de fantasía ajenos a todo principio de realidad, la política del movimiento progresa produciendo instituciones, articulando redes sociales y dando expresión política a los contrapoderes de la multitud. Todo a pesar de estas moscas cojoneras del movimiento insisten en entorpecer con su imposible construcción de jerarquías (si al menos leyeran a Lenin en serio, sabrían distinguir obviedades como que el partido de vanguardia nunca será operativo en la organización empresarial post-taylorista). En el horizonte político que inaugura la política del movimiento, por el contrario, deviene posible no ya una izquierda otra, sino, sencillamente, la emancipación de facto.


¿Y el interfaz representativo?

El hundimiento electoral de IU es una mala noticia, por más que un proceso conocido desde que a mediados de los noventa comenzara a difundirse, con indudable éxito de crítica y público, la denominación satírica "izquierda hundida". La pérdida de aliados eventuales de la política movimiento en las instituciones del gobierno representativo no beneficia la creación de estructuras de oportunidad política favorables a la movilización social y, por consiguiente, en nada beneficia al activismo ni a la política del movimiento.

Porque se origina en la fuga, esta política necesita pensarse transversal al modo de mando. Evidentemente, no transversal para regresar al modo de mando (a la manera del entrismo trotskista, por ejemplo), sino transversal a fin de desplegar una producción institucional autónoma. En este despliegue estratégico es necesario pensar el interfaz representativo.

De hecho, uno de los errores de la autonomía, sobre todo en sus variantes libertarias más esquemáticas y primitivas, radica en la no comprensión de lo que es una institución (a menudo confundidas con el conjunto de organizaciones de Estado) y menos aún el diseño institucional del régimen político en que se opera muy mayormente el propio activismo. No es por ello infrecuente (así se demuestra, por ejemplo, en el actual debate sobre la okupación de Barcelona) que se tienda confundir con autonomía con los espacios residuales de las sociedades de la opulencia. La única manera de afrontar el Estado, se deduce equivocadamente, es desde un "afuera" que, en rigor, no es tal, sino más bien el simulacro de lo que otrora fueron espacios nacidos al hilo de las luchas antagonistas en un tiempo en que tales afuera todavía eran posibles (inmejorable a estos efectos la reflexión de Hakim Bey en su Zona autónoma temporal). A la vista de cómo proceden algunos activistas en sus espacios grupusculares (por ejemplo, por medio del mobbing afectivo o ejerciendo juicios sumarísimos sobre la conductas de otrxs activistas, a la manera de las sectas, sin la menor garantía procesal), el Estado de derecho sigue siendo un auténtico avance histórico y la democracia liberal, un universo de garantías individuales.

Así las cosas, ya va siendo hora de experimentar nuevas vías, de explorar opciones distintas a las conocidas y pensar alternativas a lo conocido. Buscar y producir desde la autonomía espacios de negociación seguros a fin de influir en la mutación de los diseños institucionales del régimen de poder en que vivimos es hoy una prioridad del activismo político. Para ello es necesario un interfaz representativo.

Este interfaz, va de suyo, no necesariamente tiene porque ser IU; sobre todo mientras esta organización no sepa lo que es el federalismo más allá de la retórica identitaria y una praxis forzada por las circunstancias (paradójicamente, IU ha sido la única formación parlamentaria federal, gracias a su unión con ICV) y siga sin distinguirse gran cosa del PP respecto a la cuestión nacional y la política del reconocimiento. A modo de ejemplo: ERC e ICV en Catalunya; BNG en Galiza; Aralar, Nafarroa Bai y lo que la judicatura del estado de excepción permita para la ocasión en Euskal Herria; etc., etc., son todos ellos espacios de poder sobre los que los activistas debieran pensar en incidir. Otro tanto cabe decir de las grandes estructuras sindicales y asociativas. Ciertamente, no desde la reproducción de las lógicas estatocéntricas de todas estas organizaciones, sino desde la persuasión, la presión o la política de influencias.

Y la cosa, se puede asegurar, funciona: quienes nos aplicamos a todo esto con las mismas ganas de toda la vida, hace ya tiempo que dejamos de martirizarnos con las refundaciones de la izquierda.

Nota Vie Mar 26, 2010 1:38 am
No llegó a darme clase, pero sí que le conocí porque era profesor de varios compañeros en la Complutense. Le tenían martirizado al pobre, un buen tipo, echó una buena mano con el tema de Bolonia, el año pasado incluso dio un par de clases abiertas los días de huelga, en el hall de la facultad de Sociología.

No he leído de él más que los artículos que has colgado, pero pincho algún otro, que me ha dejado la curiosidad.
Cada duda es una bala, una barricada en cada respuesta
SEARCH AND DESTROY

He modificado y añadido el enlace eD2k del libro "Maquiavelo frente a la gran pantalla".


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