DEBORD, Guy (1931-1994)

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» Sab Ene 23, 2010 4:39 am
 
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DEBORD, Guy (1931-1994)

Notapor Duarte » Sab Ene 23, 2010 4:39 am

Guy Debord



imagen28 de diciembre de 1931 – 30 de noviembre de 1994), de nombre completo Guy Ernest Debord, fue un militante revolucionario, filósofo, escritor y cineasta francés, miembro de la Internacional Letrista, del grupo radical de posguerra Socialismo o Barbarie y fundador y principal teórico de la Internacional Situacionista.

Debord era hijo de Paulette Rossi y Martial Debord. Aún joven, tras la II Guerra Mundial, se unió al grupo Socialismo o Barbarie, dirigido por Cornelius Castoriadis, una escisión de la Cuarta Internacional orientada a la crítica de las burocracias como forma de reproducción de la sociedad capitalista.

En términos generales, las teorías de Debord intentaron explicar el debilitamiento de las capacidades espirituales en el curso de la modernización de las esferas tanto privadas como públicas de la vida cotidiana por las fuerzas del capitalismo de mercado durante la modernización de Europa tras la Segunda Guerra Mundial. Los sentimientos de alienación, postuló Debord, podían ser explicados por las fuerzas invasivas del «espectáculo» —la naturaleza seductora del capitalismo consumista. Los análisis de Debord aplicaron la crítica de comercialización de Karl Marx y Georg Lukács a lo que superficialmente se llama «los medios» y proclamó que la alienación era más que una descripción emotiva: el resultado provocado históricamente por el capitalismo. La Internacional Situacionista intentó crear una serie de estrategias que se acercaban directamente a Dadá y el surrealismo.

La membresía de la Internacional situacionista procedía inicialmente de los Letristas —un grupo post-surrealista de escritores y poetas dedicados a la destrucción de los valores burgueses reduciendo la palabra escrita a sílabas onomatopéyicas. Sin embargo, la IS rompió con los propósitos formales de los letristas y, tras incorporar muchos de sus miembros, se establecieron completamente por derecho propio hacia 1965 tras un intenso periodo de análisis teórico, publicaciones y expulsiones de varios miembros.

Con frecuencia se considera a la IS como el principal catalizador teórico de la tentativa de revolución de mayo de 1968 con base en París.

Guy Debord era un apasionado de la cultura española y tradujo al francés Coplas por la muerte de su padre de Jorge Manrique, un poema de García Lorca y también el célebre manifiesto de 1937 de un miliciano anónimo de la Columna de Hierro. Además, participó a principios de la década de 1980 en la difusión de los Comunicados de la prisión de Segovia (es el autor del texto "A los libertarios") que tuvieron gran repercusión y que sirvieron para obtener la liberación de varios prisioneros políticos. Guy Debord vivió durante algunas temporadas, en las décadas de 1960 y 1980, en Sevilla, Barcelona y Cádiz.

Guy Debord se suicidó el 30 de noviembre de 1994 al sufrir una grave enfermedad.





:arrow: Debord en la red:



:arrow: Bibliografía:

 Debord, Guy - Commentaires sur la société du spectacle [1988].pdf  [223.6 Kb]

 Debord, Guy - In girum imus nocte et consumimur igni [1978].pdf  [529.3 Kb]

 Debord, Guy - La sociedad del espectáculo [1967].pdf  [369.5 Kb]


:arrow: Artículos:

 Debord, Guy - A los libertarios [1980].pdf  [157.6 Kb]

 Debord, Guy - Informe sobre la construcción de situaciones [1957].pdf  [240.6 Kb]

 Debord, Guy - Introduction à une critique de la géographie urbaine [1955].pdf  [45.8 Kb]

 Debord, Guy - Sur la Commune [1962].pdf  [590.5 Kb]

 Debord, Guy - Thèses sur la Révolution Culturelle [1958].pdf  [41.7 Kb]

 Debord, Guy, Vaneigem, R. et al. - El urbanismo en la internacional situacionista [2009].pdf  [352.2 Kb]

 Debord, Guy - El planeta enfermo [1971].pdf  [45.0 Kb]


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» Sab Ene 23, 2010 4:41 am
 
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Notapor Duarte » Sab Ene 23, 2010 4:41 am

fuente: http://www.diagonalperiodico.net/De-Azo ... esoro.html


De Azote del Estado a Tesoro nacional



    El pasado mes de marzo, Guy Debord (Francia, 1931-1994) fue declarado “Tesoro nacional” por la ministra francesa de cultura. Debord recibe este título quince años después de su muerte, pero ¿quién era Debord? Y ¿qué era el situacionismo?



RAÚL BURGUETE

Diagonal, lunes 9 de noviembre de 2009, número 112






Todo empezó en París con un grupo de artistas denominados Letristas, fundado por el neodadaísta Isidore Isou, y que proponía sustituir la cortesía por el ruido y la palabra por la letra. Influido por este movimiento, Guy Debord, un prototipo de personaje maldito de formación heterodoxa y autodidacta, que había nacido en París, en 1931, fundó la Internacional Letrista, una revista que presentaba otra alternativa al surrealismo. Pero no fue hasta 1957 cuando se fusionó con una nueva revista, la Internacional Situacionista (IS). Junto a Debord, los principales situacionistas fueron Isou, Michèle Bernstein, Gil Wolman, Asger Jorn y Raoul Vaneigem. En la Internacional Situacionista, Debord pudo por fin presentar su propuesta teórica, incluyendo en ésta a pensadores como Hegel, Marx, Lukács, Feuerbach, Marat y Fourier. La teoría situacionista tomó como principio el concepto alienante del Espectáculo. Enfocando la alienación del trabajador, manifestó que ésta ya no tenía que ver con la explotación laboral sino que había conquistado al ocio que, aparentemente liberado de la producción industrial, tiene como objetivo expropiar el tiempo total de la vida. Los escritos de la IS asestaron un golpe ideológico a la cultura relativamente autosatisfecha y dependiente de la industria del entretenimiento. Debord dio el diagnóstico final, una nueva pobreza en el corazón de la abundancia, una pobreza que la proliferación de mercancías conserva, envuelve y disimula, pero no resuelve. Estos escritos dieron origen a La Sociedad del Espectáculo, publicado en 1967, que se compone de aforismos, sentencias breves y dogmáticas. Meses después de su aparición estalló el movimiento de mayo de 1968, en el que estudiantes y trabajadores reclamaron el derecho a controlar sus vidas. Era el homo ludens en contra del homo faber. Así el situacionismo conoció su auténtica primavera. El Manifiesto Situacionista proponía los principios y el porqué del situacionismo. Estaba en contra del Espectáculo, del arte antiguo, del arte conservador, del fragmentario y del unilateral. Daba énfasis a los momentos vivenciales, a la producción colectiva y al anonimato (en el momento en que te conocieran eras parte del Espectáculo). Quería un arte con diálogo, en el que todos participaran e interactuaran. Se debían diseñar y crear situaciones relevantes para toda la sociedad. Por medio de ellas se suscitaba una reacción en cadena, se liberaba la vida diaria, se creaban pasiones y se generaba una revolución en el comportamiento para darle otro significado a la cultura. Fue una vanguardia artística, pero también un nuevo modo de vida. El arte no debía ser bello, contemplativo o duradero, simplemente debía provocar un impacto y olvidar cualquier pretensión de que la obra llegara a algún museo. El verdadero arte estaba en la vida, en la manera de transformar el mundo, liberar las pasiones, transgredir, convertir los momentos efímeros. El Situacionismo es una actividad cultural desde el punto de vista de la totalidad, como un método de construcción experimental del ser humano.


Incendiar el Louvre

La búsqueda de situaciones era el fondo de todo. Irrumpieron en Cannes durante el festival de cine, promovieron la toma de la Unesco e intentaron incendiar el museo Louvre; crearon antilibros encuadernados en papel de lija; cambiaron las señales de tráfico; alteraron el sentido de los mensajes gubernamentales; complementaron frases en carteles publicitarios; llamaban a conferencias falsas; alteraban el orden en los campus universitarios; pintaban las calles y colocaban estampas con frases situacionistas en cualquier lugar. Por esas acciones y otras fueron considerados como anarquistas, irreverentes, críticos furiosos, tanto del capitalismo como del socialismo, revoltosos, depravados y radicales. La meta de los situacionistas era utilizar la fuerza de manifestaciones culturales conocidas para transmitir mensajes y para despertar la reflexión, la sorpresa, el humor, el deseo de participar y el escándalo. Debord planteaba que la cultura es un sistema que puede ser alterado conscientemente si se entiende de manera profunda. El fin de la IS llegó en 1968. El movimiento se desbordó. Debord intentó dictar nuevas leyes, aunque quiso ir más allá, fue la acción verdadera lo que hizo de los situacionistas el movimiento de ruptura histórica más grande; los estudiantes de México, de Praga, de Alemania, siguieron a este pensador. La utopía de crear una nueva sociedad quedó en el fracaso, pero no las ideas. El arte contemporáneo, el street art, las críticas postmodernistas y los estudios culturales, han retomado las palabras de Debord; no pensar en la obra de arte o en su belleza, pero sí pensar en el acto, “la victoria –dijo– será para aquellos que sepan crear un desorden sin desearlo”.
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» Sab Ene 23, 2010 4:41 am
 
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reseña

Notapor Duarte » Sab Ene 23, 2010 4:41 am

Lectura recomendada sobre Debord

fuente: http://www.diagonalperiodico.net/Un-int ... ficar.html

Contra Debord

Un intento de desmitificar



MANUEL ACEDO

Diagonal, número 20, viernes 5 de mayo de 2006




imagenAutor: FRÉDÉRIC SCHIFFTER

La iconoclastia es un sano y necesario deporte que no se practica demasiado en estos tiempos. Apear de su altar a Guy Debord es lo que sistemáticamente hace Frédéric Schiffter en la primera parte de su obrita. Dice de Debord que actúa por resentimiento y lo tacha de “metafísico” diciendo que ha creado un mundo de valores esenciales pues no soportaba este en el que “los seres humanos han renunciado a ser algo más que sombras”. Según Schiffter, Debord construye su teoría partiendo de una especie de comunismo primitivo, una idea idílica del Antes, que es destruido por el intercambio mercantil y que desemboca en una sociedad disuelta que nos es ofrecida en forma de imágenes parciales. Sólo el devenir histórico hará que a la comunidad humana le sea devuelta su esencia. La mercancía se limitaría, entonces, a demostrar lo absurdo de nuestra vida y la insignificancia de nuestros deseos. Es lo trágico sin maquillajes. Pero se echa de menos que Schiffter no use para sí las mismas herramientas que emplea contra Debord, sobre todo en la segunda parte del libro. Además, para hacer la crítica a una ideología -supuestamente- revolucionaria hay que tener, cuanto menos, la inteligencia de no hacerlo desde otra que parezca mucho más reaccionaria. Hay boutades que resultan graciosas y otras que son muy, muy desafortunadas.
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» Vie Mar 19, 2010 6:15 am
 
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Notapor Duarte » Vie Mar 19, 2010 6:15 am

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» Jue Feb 24, 2011 5:26 am
 
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Notapor Duarte » Jue Feb 24, 2011 5:26 am

Nota: Los miembros del colectivo Wu Ming nos recuerdan que el autor de este texto no es uno de los suyos, sino alguien que ha creído oportuno tomar este nombre.


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fuente: http://rebelion.org/noticia.php?id=61159


Consideraciones en torno al cine de Guy Debord



Wu Ming 6

Cámara Lenta, nº 3, invierno 2007/2008




1. Los espectadores no encuentran lo que desean, desean lo que encuentran

El cine pre-situacionista se inicia en 1951 con "Traité de bave et d'éternité" de Isidore Isou, mesiánico alborotador de la juventud, neodadaísta canalla y cabeza visible de la vanguardia de la vanguardia que era el letrismo. La película era una larga y pretenciosa historia de amor (cuatro horas de metraje) que se desarrolla en la Rive Gauche y que pronunciaba el manifiesto de un cinéma discrépant. Isou anunciaba la destrucción del cine y negaba el aspecto fílmico: usaba fragmentos con la pantalla en negro y el celuloide roto y rayado. Un cine que rompía la unidad entre los dos pilares de una película: el sonido y la imagen presentándolos en divergencia el uno del otro. La película fue exhibida tras una intensa ofensiva de los letristas (Isou era un genio de la autopublicidad) en cada una de las conferencias de prensa del festival de Cannes. “Eva al desnudo” (también figuraban “El crepúsculo de los dioses" y "La jungla de asfalto") ganó el Premio especial del jurado. A Isou, apadrinado por Cocteau, le otorgaron el Priz de L'avant garde.

Tras la algarada de Cannes, Gil J. Wolman, otro insigne letrista, filmó "L’anticoncept", película que poseía todas las características del cine de vanguardia: guión autocronístico interminable, bobina deteriorada a propósito y un contenido visual restringido a esferas blancas enmarcadas en negro. El censor del gobierno, algo contrariado, confundió oscuridad con subversión y prohibió la película. La campaña para proyectarla en el festival fracasó. No obstante, once letristas fueron arrestados por perturbar la paz cinematográfica.

La acción de Cannes indujo al joven Guy Ernest Debord a unirse a los letristas y a encontrarse como en casa en compañía de gente de la peor reputación. Un año después, en 1952, Debord filma "Hurlements en faveur de Sade" ("Aullidos por Sade") que, según él mismo, representaba la superación del cine convencional y del propio cine discrépant de Wolman e Isou. Estrenada en el Musée de l’Homme, en el minuto veinte de metraje (de ochenta en total) la proyección se interrumpió debido a las protestas de algunos letristas que abandonaron con gestos airados la sala. Imaginen: pantalla en blanco, cinco hablantes, tono monótono, argumentos letristas, pantalla en negro y un final feliz de veinticuatro minutos con la pantalla en blanco. Negación de la negación. Una no-película. Cuando fue estrenada en Londres en 1957, el vacío y el silencio surtió el efecto sobre los nervios de los espectadores haciendo finalmente que lanzaran "aullidos por Sade". "En el momento en que la proyección iba a comenzar Guy-Ernst Debord debía subir al escenario. Habría dicho simplemente: No hay cine. El cine está muerto -no puede haber más cine-, pasemos, si lo desean, al debate". Con la proyecciones de "Hurlements", Debord creaba situaciones: alborotos, desmanes e incidentes y, si estas situaciones podían reemplazar el arte como tal, entonces la creación de situaciones podía reemplazar a la vida tal como todos la aceptaban. La película respondía a la toma de conciencia de que en medio siglo de historia "el mundo ya había sido filmado" y de que "se trataba ahora de transformarlo". El cinematógrafo se quedaba viejo.

La Internacional Letrista (Berna, Brau, Debord y Wolman –purgado ya Isou) anunció al mundo su existencia el 29 de octubre de 1952 con la llegada a París de Charles Chaplin, en gira promocional de "Candilejas". Mientras la multitud a las puertas del Hotel Ritz (en el que se iba a celebrar una rueda de prensa) coreaba a Charlot, los letristas repartían panfletos en los que se afirmaban cosas tan agradables para el mito Chaplin como "insecto fascista" y "las luces de los focos han derretido el maquillaje del así llamado brillante mimo y dejado al descubierto al viejo siniestro y transigente". Un directo y claro go home, Mister Chaplin. "Es fácil ver hasta qué punto el principio mismo del espectáculo está ligado a la alienación del viejo mundo: la no-intervención. En cambio vemos cómo las investigaciones revolucionarias más válidas en la cultura han intentado romper la identificación psicológica del espectador con el héroe para arrastrarlo a la actividad, provocando sus capacidades de subvertir su propia vida".


2. Sur le passage de quelques personnes á travers une assez courte unité de temps

Desde el ataque a Chaplin hasta la publicación del primer número de Potlach (el boletín de información letrista), Debord y sus compañeros desaparecen, se autoexilian y practican el autoterrorismo en las catacumbas de la cultura visible durante cinco años. Pero la Internacional Letrista no se escondió en un piso como los jóvenes de "La Chinoise" (J-L. Godard, 1967). Buscaron la fórmula de trastocar el mundo no en los libros sino vagando, en deriva por la ciudad, gestando la psicogeografía (el efecto de los ambientes urbanos en el estado de ánimo). Afirmaban que el ocio es la verdadera cuestión revolucionaria y que todas las revoluciones se han basado en la justicia, no en la felicidad. Abogaban por la supresión del arte, el fin del trabajo, la deriva y el juego.

Cuando el letrismo se queda obsoleto, fundan la Internacional Situacionista (1958-1969), que fue considerada una asociación paneuropea de estetas megalómanos y trastornados, despreciados (cómo no) por la izquierda y taxativamente ignorados por todos los que la rodeaban. En el primer número de su boletín se asevera que el cine es un sustituto pasivo de la actividad artística unitaria que resulta ahora posible. Un espectáculo sin participación.

Debord filma su segunda no-película en 1959, ya como miembro de la I.S., aplicando el utillaje técnico del cine a su propia crítica. En "Sur le passage..." se nos revelan los bares de Saint-Germain-des-Prés como zonas liberadas, a los situacionistas charlando alrededor de una mesa con copas de vino y ceniceros repletos de colillas. Las tres voces en la banda sonora (se especifica que está grabada en la III conferencia de la IS en Mónaco) componen un discurso de enorme densidad poética y conceptual alrededor de la sociedad, el urbanismo y el arte acompañado de imágenes de los barrios de París, de algaradas e intervalos de pantallas en blanco. Lo que Debord presenta en "Sur le passage..." es la promesa de articulación del cine en la construcción de momentos vividos. "La función del cine consiste en presentar una coherencia falsa, aislada, dramática o documental, como sustituto de una comunicación y una actividad que están ausentes". El otro film realizado en los años situacionistas fue "Critique de la séparation" (1961), "uno de los más grandes films de anti-cine de todos los tiempos", reza el rótulo al comienzo mientras la voz de Caroline Rittener presenta la película. Debord, adelantado al cutandpaste recontextualizado, insiste en la construcción de una película plagada de fragmentos de otras películas, de tráilers, de fotografías, de anuncios, pintadas, viñetas, imbricadas con imágenes de bares en los que los situacionistas, agarrados a enormes jarras blancas de cervezas, conspiraban para destruir el mundo del espectáculo. Una crítica de la separación del arte del mundo que deseaban cambiar.


4. La sociedad del espectáculo

Disuelta la I.S. y aún latente la revuelta de mayo del 68 (en las que los situacionistas jugaron un papel decisivo y secreto), Debord filmó las doscientas veintiuna tesis en las que traza el desarrollo de una sociedad moderna en la que "todo lo que una vez fue vivido directamente se ha convertido en una mera representación" convencido de que "no hay tres libros de crítica social tan importantes como el mío en los últimos cien años" (Eisenstein y Godard flirtearon con la idea de filmar El Capital de Marx)". En esta cinta, Debord, aplicando la violencia de los delincuentes en el plano de las ideas, roba a los grandes e incluye varios fragmentos del cine de John Ford, Nicholas Ray, Raoul Walsh, Orson Welles y Sam Wood, así como de cineastas "burocráticos" de los llamados países socialistas.

"Se le podría reconocer algún valor cinematográfico a este filme si el ritmo se mantuviese. No se mantendrá". La originalidad de Debord está en este nuevo lenguaje en el que el decurso visual se somete a la banda sonora y, en ésta, la narración a la lúcida y poética teoría crítica. No hay héroes ni aventureros que "representen" las pasiones humanas (el aventurero no es alguien a quien le suceden las aventuras, sino que es alguien que hace que sucedan), sino fragmentos sustraídos al espectáculo. El saqueo de realidad practicado por la cámara se sustituye por el saqueo de imágenes desviadas por un nuevo montaje. Adelantándose a las luchas por la propiedad intelectual, Debord erige toda una poética de la apropiación que justifica el uso del plagio y de la desviación de mensajes preexistentes. En el cortometraje posterior "Refutación de todos los juicios, tanto elogiosos como hostiles, que fueron inducidos por el film 'La sociedad del espectáculo'" (1975), los comentarios a su versión cinematográfica, aún los favorables, pasan por alto que Debord emplea "este nuevo lenguaje" y afirma de los que no le ha gustado: "Si observamos la pobreza de su vida comprenderemos muy bien la pobreza de su discurso. Sólo basta ver su ambiente y ocupaciones, sus productos y ceremonias; están en cualquier parte. Sólo basta oír estas voces imbéciles que nos dicen que hemos caído en la alienación y que cada dos por tres nos informan con desprecio de quién se ha sumado a ella".


5. In girum imus nocte et consumimur igni

En enero de 1977, Debord firmó un contrato con la sociedad Simar Films para la realización de un nuevo largometraje. Escribiría el texto para la película y rodaría una parte de las imágenes. Producida por el poco ortodoxo Gérard Lebovici, la cinta rodada en 1978, "In girum imus nocte et consumimur igni" (palíndromo latino que se traduce por "Giramos en la noche y somos consumidos por el fuego"), es donde Debord vuelve la vista veinticinco años atrás y se admira de que los desórdenes que partieron de un lugar tan ínfimo y efímero hayan acabado por trastornar el orden del mundo. Nos habla de su propia vida y de la indisoluble unión con su obra como partícipe del mejor programa para la más absoluta subversión de la totalidad de la vida. "In girum...", que comienza con una despiadada crítica del espectador, gira en torno al agua (cita a poetas del fluir de todo como Li Po, Khayam y Heráclito) y al fuego, al esplendor del instante de esos años turbulentos. El discurso, trufado de citas de Bossuet, de Swift, de Marx, de Ariosto, de Saint-Just, fluye acompañado de las ya clásicas imágenes detourneadas y recontextualizadas. Aquí homenajea a "Les enfants du Paradis" (Carné, 1945) -su película favorita, con la figura del bandido letrado Lacenaire-, a "La carga de la brigada ligera" (Curtiz, 1936) y a "Murieron con las botas puestas" (Walsh, 1941). Incluso usa las suyas en un evocación a "Hurlements...". Debord culmina con: "La hora de sentar la cabeza no llegará jamás".


6. Guy Debord, son art, son temps

"Hay épocas donde sólo se debe prodigar el desprecio con economía, debido al gran número de necesitados", escribió Debord citando a Chateaubriand. Poco antes de su muerte de un tiro en el corazón (Debord estaba gravemente enfermo), realiza el documental "Debord, son art, son temps”, junto a Brigitte Cornand, para la televisión francesa, en el que Guy, en su capítulo final, no se rinde. En la primera parte, "Son art...", conmemora a "Hurlements..", al libro Memoires (ese libro encuadernado en papel de lija de modo que cuando se colocara en la estantería destruyera a los otros libros) y a sus compañeros con los que bebió y vivió tanto (no todos). En la segunda, "Son temps": puro anti-cine Debord. Transcurren las imágenes (con un sincero homenaje a Cravan) y los textos en los que repasan despiadadamente los sucesos y momentos vividos por televisión como Tiananmen, Berlusconi, Tapié o la despedida de la niña del Nevado del Ruiz.

¿Por qué alguien que de joven quiso ser tan insoportable en el cine habría de resultar más interesante de mayor?, se preguntaba en "In girum...", muchos años antes de que decidiera prohibir la proyección de sus películas (también debido al acoso mediático que le hacía parte responsable del asesinato de Gérard Lebovici). Hoy Debord, tan banalizado como la publicidad, el marketing y el arte posmoderno, ha banalizado y normalizado el uso del détournement y la deriva, es parte irreductible de la historia secreta del siglo XX y no debe compartir un lugar de honor con Welles o Godard en los museos o manuales de historia del cine, ya que su acercamiento a la expresión libre cinematográfica coloca a aquél en la demolición. No. En sus palabras: "En un futuro más libre y más verídico, será motivo de asombro que los escribanos del sistema de mentiras espectacular hayan podido creerse cualificados para dar su opinión y sopesar tranquilamente los pros y los contras de una película que es la negación del espectáculo, como si la disolución del sistema fuese una cuestión de opiniones" ("Réfutation de tous les jugements...", 1975). Vale.
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