RebeldeMule

BOFF, Leonardo

Libros, autores, cómics, publicaciones, colecciones... La lectura refuerza poderosamente la razón.

BOFF, Leonardo

Nota Mar Dic 01, 2009 3:42 pm


Introducción

    Nacido en Concórdia, Santa Catarina (Brasil), 1938. Estudió filosofía en Curitiba-PR y teología en Petrópolis-RJ. En 1970 se doctoró en teología y filosofía en la Universidad de Munich (Alemania). Ingresó en la Orden de los Frailes Menores, franciscanos, en 1959. Durante 22 años fue profesor de teología sistemática y ecuménica en el Instituto Teológico Franciscano de Petrópolis, profesor de teología y espiritualidad en varios centros de estudio y universidades de Brasil y del exterior, y profesor visitante en las universidades de Lisboa (Portugal), Salamanca (España), Harvard (EEUU), Basilea (Suiza) y Heidelberg (Alemania). Estuvo presente en el comienzo de las reflexiones que generaron la conocida Teología de la Liberación. Es doctor honoris causa en política por la Universidad de Turín (Italia) y en teología por la Universidad de Lund (Suiza), y ha sido galardonado con varios premios en Brasil y en el exterior por su lucha a favor de los oprimidos y de los derechos humanos. El 8 de diciembre del 2001 le fue otorgado en Estocolmo el Right Livelihood Award, conocido también como el Nóbel Alternativo. Entre 1975 y 1985 participó del consejo editorial de la Editorial Vozes. En este periodo formó parte de la coordinación de la colección “Teología y Liberación” y de la edición de las obras completas de C. G. Jung. Ha sido redactor de la Revista Eclesiástica Brasileira (1970-1984), de la Revista de Cultura Vozes (1984-1992) y de la Revista Internacional Concilium (1970-1995). En 1984, en razón de sus tesis ligadas a la Teología de la Liberación expuestas en su libro Iglesia: Carisma y Poder, fue sometido a un proceso por parte de la Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe, ex Santo Oficio, en el Vaticano, entonces presidida por el que más tarde sería papa Benedicto XVI. En 1985 fue condenado a un año de “silencio obsequioso” y depuesto de todas sus funciones editoriales y académicas en el campo religioso. En 1992, tras la amenaza de una segunda punición, renunció a sus actividades sacerdotales. “Cambio de trinchera para continuar en la lucha”: sigue como teólogo de la liberación, escritor, profesor y conferencista, además de ser asesor de movimientos sociales de cuño popular liberador, como el Movimiento de los Sin Tierra y las Comunidades Eclesiales de Base, entre otros. Ha sido profesor de ética, filosofía de la religión y ecología en la Universidad del Estado de Río de Janeiro (UERJ) desde 1993.

    Actualmente vive en el Jardim Araras, región campestre ecológica del municipio de Petrópolis-RJ, y comparte vida y sueños con la educadora/luchadora por los derechos a partir de un nuevo paradigma ecológico, Marcia Maria Monteiro de Miranda, convirtiéndose así en ‘padre por afinidad’ de una hija y cinco hijos. Es autor de más de 60 libros. La mayor parte de su obra ha sido traducida a los principales idiomas modernos.




Ensayo





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Nota Mar Dic 01, 2009 3:43 pm
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    Entrevista (2009)








Nota Mar Dic 01, 2009 3:43 pm
fuente: http://www.servicioskoinonia.org/boff/a ... hp?num=122


Ekklesia-democracia radical


Leonardo Boff

Servicios Koinonía // 24-06-2005




Siempre que hablamos de democracia, nos referimos a la experiencia fundadora de los griegos, en cuyas ciudades los ciudadanos ejercían el poder de decisión de forma directa de acuerdo al principio del predominio de la mayoría. Por más que la idealicemos, especialmente después de las teorizaciones de Platón y Aristóteles, la democracia era en realidad muy restringida. Las ciudades-estado eran pequeñas y solamente 1/6 de su población ejercía la democracia, concretamente, los ciudadanos libres. Las mujeres, los esclavos, los artesanos, los extranjeros y los inmigrantes estaban excluidos. Pero la experiencia griega se convirtió en referencia para toda la reflexión política posterior.

Sin embargo, hay otra experiencia de democracia, mucho más radical que la griega, que fue vivida por las dos primeras generaciones de cristianos. Ésta es paradigmática para todo pensamiento utópico posterior, aunque haya sido abandonada por el cristianismo vigente, que se organizó de forma opuesta. No se convirtió en referencia para el discurso político actual por haber sido realizada en el marco de una experiencia religiosa, poco o nada valorada por el pensamiento laico y laicista. Hoy, a pesar de su nicho religioso, vemos que la democracia cristiana, como cualquier otro fenómeno social, merece consideración especialmente cuando se busca una democracia radical, llevada a todos los campos de la convivencia humana, a los movimientos sociales y también a la economía, es decir, una democracia total.

La experiencia generadora de la democracia radical cristiana fue la práctica de Jesús: absolutamente anti-discriminatoria, anti-jerárquica y de fraternidad universal. San Pablo resume todo diciendo: «Ahora ya no hay judío ni griego, ni esclavo ni libre, ni hombre ni mujer, pues todos son uno en Cristo Jesús» (Gál 3,28). El resultado fue que esclavos, libres, portuarios, mercaderes, abogados, soldados... independientemente de su situación social y de su género, formaban comunidades fraternales que vivían la «koinonía» (comunión), palabra que expresa el comunismo radical de «poner todo en común», repartiendo los bienes materiales «según las necesidades de cada uno». Y como elogio se dice que «no había pobres entre ellos» (Hechos 2 y 3). Esa democracia era verdaderamente radical pues toda la comunidad participaba en la toma de decisiones. La ley básica era: «lo que concierne a todos, debe ser decidido por todos». Eso valía también para el nombramiento de los obispos y de los presbíteros.

Dicha comunidad se llamó «ekklesia» en griego, «ecclesia» en latín e «iglesia» en castellano. El sentido original de «ekklesia» no era religioso, sino político: la asamblea popular. Se escogió ese nombre profano para distinguir la democracia cristiana de otras expresiones religiosas de la época.

Esta memoria se ha perdido en la Iglesia Católica. En cierta ocasión, preguntaron a Juan Pablo II si la Iglesia era una democracia. Respondió: no, es una «koinonia». Ahora bien, «koinonia» es sinónimo de democracia radical, cosa que seguramente el papa no pensó. En efecto, tal como se estructura hoy, no es «koinonia». Es una monarquía absoluta espiritual organizada bajo la herencia de las monarquías del pasado. Como tal, cierra las puertas a la democracia cristiana de los primeros tiempos. O sólo la acepta bajo la forma inocua de la espiritualización. Es importante que rescatemos la memoria revolucionaria escondida en la palabra «Iglesia». ¿No inspira tal vez otra manera de ser cristiano y de ser ciudadano?

Nota Mar Dic 01, 2009 3:44 pm
fuente: http://www.ecoportal.net/content/view/full/61629


La contradicción capitalismo/ecología



Leonardo Boff

Ecoportal // 25-07-2006




La lógica del capital, como modo de producción y como cultura, es ésta: producir acumulación mediante la explotación -de la fuerza del trabajo de las personas, por la dominación de clases, por el sometimiento de los pueblos y finalmente por el pillaje contra la naturaleza-.

Un análisis incluso superficial entre ecología y capitalismo identifica una contradicción básica. Donde impera la práctica capitalista se envía al exilio o al limbo la preocupación ecológica. Ecología y capitalismo se niegan frontalmente. No hay acuerdo posible. Si, a pesar de ello, la lógica del capital asume el discurso ecológico... o es para obtener lucro, o para espiritualizarlo y así vaciarlo, o simplemente para imposibilitarlo y, por tanto, para destruirlo. El capitalismo no sólo quiere dominar la naturaleza, sino arrancar todo de ella, depredarla.

Hoy, por la unificación del espacio económico mundial en los moldes capitalistas, el saqueo sistemático del proceso industrial contra la naturaleza y contra la humanidad, hace al capitalismo claramente incompatible con la vida. Se plantea así una bifurcación: o el capitalismo triunfa al ocupar todos los espacios como pretende, y entonces acaba con la ecología y pone en riesgo el sistema-Tierra, o triunfa la ecología y destruye al capitalismo, o lo somete a tales transformaciones y reconversiones que no pueda ya ser reconocible como tal. Esta vez no va a haber un arca de Noé que nos salve a algunos y deje perecer a los demás. O nos salvamos todos o pereceremos todos.

El capitalismo produjo también una cultura, derivada de su modo de producción, asentado en la exportación y el pillaje. Sin una cultura capitalista que vehicula las mil razones justificadoras del orden del capital, el capitalismo no sobrevivirá. La cultura capitalista exalta el valor del individuo, le garantiza la apropiación privada de la riqueza, hecha por el trabajo de todos, coloca como quicio de su dinamismo la competencia de todos contra todos, intenta maximizar las ganancias con la mínima inversión posible, procura transformar todo en mercancía para tener siempre beneficios, instaura el mercado, hoy mundializado, como el mecanismo articulador de todos los procesos de producción, de competencia y de distribución...

Si alguien busca solidaridad, respeto a las alteridades, compasión y veneración frente a la vida y al misterio del mundo... que no los busque en la cultura del capital. George Soros, uno de los mayores especuladores de las finanzas mundiales y profundo conocedor de la lógica de la acumulación sin piedad (vive de eso), afirma claramente en su libro La crisis del Capital que el capitalismo mundialmente integrado amenaza a todos los valores societarios democráticos, poniendo en riesgo el futuro de las sociedades humanas.

Queremos mostrar cómo el capitalismo, en cuanto modo de producción y en cuanto cultura, inviabiliza la ecología tanto ambiental como social.

Comencemos con la ecología ambiental. A este respecto, las hipótesis acerca del futuro de la Tierra son dramáticas. Grandes analistas confiesan que el tiempo actual se asemeja mucho a las épocas de gran ruptura en el proceso de evolución, épocas caracterizadas por extinciones en masa.

Efectivamente, la humanidad se encuentra ante una situación inaudita. Debe decidir si quiere continuar viviendo, o si prefiere su propia autodestrucción. Por primera vez en el proceso conocido como hominización, el ser humano se ha dado a sí mismo los instrumentos de su propia destrucción. Se creó el principio de autodestrucción que tiene en el principio de responsabilidad y de cuidado su contrapartida. De ahora en adelante la existencia de la biosfera estará a merced de la decisión humana. Para continuar viviendo el ser humano deberá quererlo positivamente.

Los indicadores son alarmantes. Dejan poco margen de tiempo para los cambios necesarios. Estimaciones optimistas establecen la fecha límite del año 2030-2034. A partir de ahí, si no se toman medidas urgentes y eficaces, la sostenibilidad de sistema-Tierra, ya no estará garantizada.

Entre otros, tres son los nudos problemáticos creados por el orden del capital, que deben ser desatados: el nudo del agotamiento de los recursos, el de la sostenibilidad de la Tierra y el de la injusticia social mundial.


1. El nudo de la extinción de los recursos naturales.

Cada día desaparecen para siempre 10 especies de seres vivos. Desde la época de la desaparición de los dinosaurios, 65 millones de años atrás, nunca se ha visto un exterminio tan rápido. Con esos seres vivos desaparece para siempre una biblioteca de conocimientos que la naturaleza sabiamente había acumulado.

A partir de 1972 la desertificación en el mundo creció igual al tamaño de todas las tierras cultivadas de China y de Nigeria juntas. Se perdieron cerca de 480 millones de toneladas de suelo fértil, una superficie equivalente a las tierras cultivables de India y Francia juntas. El 65% de las tierras que un día fueron cultivables, hoy ya no lo son. La mitad de las selvas existentes en el mundo en 1950 han sido tumbadas. Sólo en los últimos 30 años han sido derribados 600 mil km2 de selva amazónica brasileña, el equivalente a la Alemania unida, o a dos veces el Zaire.

Las inmensas reservas naturales de agua, formadas a lo largo de millones y millones de años, en este siglo pasado han sido sistemáticamente bombeados y están próximos a agotarse. El agua potable ya es uno de los recursos naturales más escasos, pues solamente el 0’7% de toda el agua dulce es accesible al uso humano. Va a haber guerras por las fuentes de agua potable.

Tras este proceso de pillaje, se oculta una imagen reduccionista de la Tierra. Es vista sólo como un almacén muerto de recursos a explotar. No es respetada en su alteridad y autonomía ni se le reconoce ninguna sacralidad. Mucho menos todavía es amada como un superorganismo vivo, la Gran Madre de los antiguos, la Pacha Mama de nuestros indígenas y la Gaia de los cosmólogos.


2. El nudo de la sostenibilidad de la Tierra.

¿Cuánta agresión aguanta la Tierra sin desestructurarse? Las 60 mil armas nucleares construidas, si explotaran podrían causar un invierno nuclear. Las finas partículas del humo de los grandes incendios por ellas producidos, junto con los elementos radioactivos inyectados en la atmósfera, oscurecerían y enfriarían la Tierra de forma más intensa que en las eras glaciales del pleistoceno. Habría un colapso de la humanidad y de todo el sistema de vida, consecuencias perversas siempre descuidadas por las potencias militaristas.

Otra amenaza importante es representada por el calentamiento creciente de la Tierra. Es el así llamado efecto invernadero. La quema de petróleo, de carbón y de las selvas, libera el dióxido de carbono que calienta la atmósfera. En el último siglo la temperatura de la tierra ha aumentado entre 0’3 y 0’6† C. Para los próximos 100 años se calcula un aumento de entre 1’5† a 5’5† C. Tales cambios provocarán desastres descomunales, como sequías y deshielo de los cascotes polares. Las inundaciones de las costas marítimas, donde vive el 60% de la población mundial, causarían millones de víctimas.

¿Qué capacidad tiene la tierra frente a tantas agresiones producidas primordialmente por el modo de producción capitalista? Se teme que el efecto acumulativo de las agresiones llegue a un punto crítico tal que quiebre el equilibro físico-químico-biológico de la Tierra.


3. El nudo de la injusticia social mundial.

Pasemos a la ecología social: ¿Cuánta injusticia y violencia aguanta el espíritu humano? Es injusto y sin piedad que, en el actual orden del capital mundializado, el 20% de la humanidad detente el 83% de los medios de vida (en 1970 era el 70%) y el 20% más pobre tiene que contentarse con sólo 1’4% (en 1960 era 2’3%) de los recursos. Este cataclismo social no es inocente ni natural. Es resultado directo de un tipo de desarrollo que no mide las consecuencias sobre la naturaleza y sobre las relaciones sociales. Por eso constituye una trampa del sistema capitalista el llamado «desarrollo sostenible», que evidencia una contradicción en su mismo nombre.

La categoría «desarrollo» está tomada del área de la economía capitalista. El desarrollo capitalista (deberíamos decir el crecimiento) es profundamente desigual: crea acumulación apropiada por unos pocos a costa de la explotación y del perjuicio de las grandes mayorías. Ese crecimiento pretende ser lineal y siempre creciente.

La categoría «sostenibilidad» proviene de otro ámbito: de la biología y la ecología. Significa capacidad que un ecosistema tiene de incluir a todos, de mantener un equilibrio dinámico que permita la subsistencia de la mayor biodiversidad posible, sin explotar ni excluir.

Como se ve, sostenibilidad y desarrollo capitalista se niegan mutuamente; no combinan los intereses de la producción humana con los intereses de la conservación ecológica; al contrario, se niegan y destruyen. Lo que se necesita es una sociedad sostenible que se dé a sí un desarrollo que satisfaga las necesidades de todos, y del entorno biótico. Que el planeta sea sostenible y pueda mantener su equilibrio dinámico, rehacer sus pérdidas y mantenerse abierto a ulteriores formas de desarrollo.

Además de haber sido, en el pasado, suicidas, homicidas y etnocidas, ahora comenzamos a ser ecocidas. El capitalismo, ¿nos llevará a ser, pronto, también geocidas?

Pero una esperanza nos acompaña: en su historia, la Tierra pasó por cerca de 15 grandes exterminios. Siempre salió con más energía y biodiversidad. Ahora no será diferente. Superaremos la enfermedad del capitalismo con la solidaridad, la cooperación y las interdependencias asumidas, pues ellas garantizaron el futuro de la Tierra. Y garantizarán también nuestro futuro.

Nota Lun Abr 05, 2010 6:40 am
fuente: http://www.servicioskoinonia.org/boff/a ... hp?num=117



El MST y la otra humanidad posible



Leonardo Boff

Servicios Koinonía // 20-05-2005




Que el Movimiento de los Sin Tierra (MST) lucha por la reforma agraria todos sabemos. Que para el Movimiento, la Tierra no es sólo, como quiere la cultura capitalista, un medio de producción, sino que es mucho más, es nuestra Casa Común, está viva, con una comunidad de vida única y que nosotros somos sus hijos e hijas con la misión de cuidar de ella y de liberarla de un sistema social consumista que la devasta, esto es lo sorprendente. Este es su mayor sueño, expresión del nuevo paradigma civilizatorio y emergente.

El Movimiento deja atrás el discurso académico que se orienta exclusivamente por la razón instrumental-analítica, funcional al modo de producción actual que está amenazando el futuro común de la Tierra y de la Humanidad. Captar esta novedad del MST y de Vía Campesina es captar su fuerza de convocatoria para Brasil y para toda la sociedad mundial.

Ellos se encuentran a la cabeza de la visión alternativa de que otra humanidad es posible. Con sus prácticas, no obstante aquí y allá, las contradicciones inherentes al proceso histórico, está mostrando su viabilidad. Basta observar, con ojo atento, lo que dicen, cómo se organizan y lo que hacen.

Las víctimas del orden vigente dan sustento a un sueño nuevo. Hace días, yo y mi compañera Marcia, que apoya al MST desde su fundación en el campamento Ronda Alta-.RS, pudimos participar en la marcha de Goiania a Brasilia. Fueron dos días de convivencia y de marcha con los 12.272 caminantes. Se precisa mucha acumulación de conciencia solidaria, de disciplina y de sentido de bien común para hacer funcionar ese proceso popular multitudinario con más perfección que una escuela de samba carioca.

No hablemos de la comida puntualísima, del montaje y desmontaje de las carpas, del agua potable abundante y del servicio sanitario. La preocupación ecológica era casi obsesiva. Si alguien, al día siguiente, quisiese saber dónde acamparon aquellas miles de personas, no sabría porque la limpieza era tan minuciosa que ni siquiera un trozo de papel quedaba atrás.

Entre los objetivos explícitos de la caminata, más allá de la reforma agraria y de la discusión de un proyecto popular para Brasil, había el de “desarrollar actividades de solidaridad para fortalecer la lucha y los sueños del pueblo”. En función de eso, por más de dos horas, a la tarde, se promovían exposiciones transmitidas por la radio interna, seguidas de grupos de discusión. A mí se me solicitó hablar sobre la nueva visión de la Tierra y cómo cuidar de ella, a la luz de las sugerencias de la Carta de la Tierra. Pasando por los grupos vi la seriedad con la que se discutía. Pero no sólo eso. La marcha se propuso “rescatar y promover la cultura brasileña a través de canciones, poemas, teatro y otras manifestaciones típicas del pueblo”. Al ser acogidos en su carpa por el grupo de Paraná (más de 800 personas), oímos canciones y poemas de rara belleza. Una estrofa decía: “oigan la armonía de igualdad del hombre pobre”. Si el sistema nos aturde, por todos los medios, con palabras “acumulación, consumo, riqueza, placer”, aquí, lo que más se oía era “solidaridad, cooperación, justicia, hombre y mujer nuevos, nueva Tierra”. ¿Quién está en el mejor camino?

Yo reflexionaba conmigo mismo: seguramente Marx, Lenin y Mao jamás pensaron en un tipo de revolución que hiciera esta síntesis tan feliz entre lucha y estudio, caminata y fiesta. Un movimiento que incorpora poesía y música será invencible. El MST nos señala que otro mundo está a punto de emerger.



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