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BENSAÏD, Daniel (1946-2010)

Libros, autores, cómics, publicaciones, colecciones...


Introducción

    Toulouse, Francia, 1946 - París, Francia, 2010. Filósofo marxista. A los catorce años formaba parte de las Juventudes del Partido Comunista de Francia; a los veinte años lo expulsan de ellas por sus posiciones antiestalinistas. A los veintidós años lo encontramos impulsando el Mayo del 68 desde la propia Universidad de Nanterre, participando en la dirección de la Juventud Comunista Revolucionaria, junto a Alain Krivine, prohibida tras el final de la revuelta. En 1969 participa en la formación de la Liga Comunista Revolucionaria (LCR), que actualmente se ha refundado como Nuevo Partido Anticapitalista (NPA). Formando parte de la dirección de la LCR y de la IV Internacional desde entonces, Daniel Bensaïd ha desarrollado un marxismo militante y renovador.

    Es autor de una amplia y extensa obra que incluye más de una treintena de libros. Abarca cuestiones tales como el estudio del pensamiento de Marx (a quien ha dedicado varias obras), Walter Benjamin y el análisis de autores como Bourdieu, Alain Badiou, Derrida o Foucault, las transformaciones de la soberanía, la política y el Estado en el marco del proceso de globalización, el nuevo imperialismo, el balance de la trayectoria del movimiento obrero del siglo XX o el movimiento altermundialista. En sus últimos libros ha polemizado con autores contemporáneos como Antonio Negri o John Holloway o los "nuevos filósofos", como Bernard-Henri Lévy o André Glucksmann, entre otros. Actualmente es profesor de filosofía en la Université Paris VIII y director de la revista Contre-Temps.




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Nota Vie Nov 27, 2009 7:58 pm
fuente: http://www.kaosenlared.net/noticia/entr ... ros-social



Entrevista a Daniel Bensaïd

"Pasamos de la fase de los slogans simpáticos de los foros sociales"



Carta Maior // 5 de noviembre de 2008

Traducción directa desde el portugués de José André Lôpez Gonçâlez.




RÍO DE JANEIRO – Está en Brasil para impartir una serie de conferencias que acompañan el lanzamiento de uno de sus libros –Los Irreductibles, teoremas de resistencia para el tiempo actual (Ed. Boitempo)– el científico político y filósofo francés Daniel Bensaïd. En entrevista exclusiva a Carta Maior, analiza la crisis financiera global y sus posibles desdoblamientos. Durante la conversación, que fue realizada antes de la conferencia realizada el lunes (3) en la Universidad del Estado de Río de Janeiro (Uerj), Bensaïd apuntó las contradicciones de los líderes europeos de derecha que hablan de un “nuevo acuerdo de Bretton Woods” y afirmó –aún sin saber el resultado de las elecciones– que el liderazgo de los Estados Unidos sufre un declive irreversible y que la hegemonía norteamericana solo se sustenta actualmente gracias al poderío militar y político del país.

Célebre teórico trotskista, Bensaïd hizo también duras críticas a la socialdemocracia europea y apuntó la falta de un proyecto de izquierda en Europa. El francés afirma no conocer muy bien la situación en América Latina, pero piensa que los gobiernos de izquierda de la región pueden constituir una alternativa local a la crisis. Afirma también que llegó la hora de decir qué “otro mundo posible” realmente queremos. Lea abajo la entrevista de Daniel Bensaïd, que pronunciará conferencias hoy (5) en Porto Alegre (Memorial Río Grande do Sul, 19 h), mañana (6) en São Paulo (PUC, 19h) y el sábado (8) en Ouro Preto (Casa de la Ópera, 9h30):

Carta Maior – ¿Cuáles son sus impresiones, en líneas generales, sobre la actual crisis financiera mundial? ¿Estamos ante una crisis terminal del sistema capitalista?

Daniel Bensaïd – El capitalismo no va a acabar por sí solo. Esta es una crisis histórica, y no tan sólo una crisis ordinaria, como el capitalismo conoce cada diez o quince años. Esta crisis era también previsible, porque es imposible exigir –como exigen los accionistas– un beneficio sobre sus inversiones del orden del quince por ciento al año frente a un crecimiento que de media, en el caso de los países desarrollados, es de dos o tres por ciento al año. Algunos dicen que la crisis financiera puede llegar a la economía real, lo que es una fórmula un poco absurda porque las finanzas forman parte de la economía, no son irreales, efectivamente. Por detrás de esta crisis financiera ya había una crisis de producción. Al menos para los países europeos –yo no conozco las estadísticas sobre Brasil– la división del valor agregado entre salario y trabajo se trasladó un diez por ciento a favor del capital, es decir, a la ganancia del capital en detrimento del trabajo, lo que provoca una crisis incontrolable. Para continuar vendiendo –porque si existe el producto es necesario venderlo– hubo un aumento totalmente loco del crédito, y no tan solamente del crédito inmobiliario en los Estados Unidos. También aumentó el crédito al consumo, el crédito a las empresas, etc. La crisis, desde este punto de vista, era previsible.

Por otro lado, no es simplemente una fatalidad, es el resultado de decisiones políticas que se habían acumulado en veinte años, porque la desregularización de las bolsas, la libre circulación de capitales, el desarrollo de las ganancias del capital no fiscalizadas, todo esto fue precedido por una serie de medidas legislativas tomadas por los diferentes parlamentos en Inglaterra, en Francia, en Alemania, etc. En lo concerniente a Europa, esto fue sistematizado por los diferentes tratados de la Unión Europea, desde Maastricht en 1992 hasta el Tratado de Lisboa el año pasado, que codificaron el libre mercado europeo. Por lo tanto, esta era una crisis previsible y es muy grave porque es globalizada, este es su carácter inédito. Pero, por detrás de todo esto, yo creo que el capitalismo podrá restablecerse, ya resistió otras crisis. El problema es saber a qué precio y quién va a pagar el precio, pues esta es, a fin de cuentas, una crisis más profunda. En la jerga marxista, podemos decir que la ley del valor actualmente funciona muy mal. Hoy, no podemos medir mediante el tiempo del reloj un trabajo social muy complejo, que cada vez moviliza más conocimiento acumulado, como no podemos tampoco medir la crisis ecológica por la fluctuación de las bolsas de valores.

CM - ¿La crisis ambiental, con el problema del calentamiento global, vuelve la crisis financiera aún más grave? ¿Estamos viviendo una crisis de la humanidad?

DB – Sí, y la crisis ambiental no es un problema cualquiera. Cuando pensamos en las consecuencias, que aparecerán durante siglos o tal vez millares de años, del stock de basura nuclear, de la destrucción de los bosques, de la polución de los océanos y, ahora, de los cambios climáticos, vemos que todos estos problemas no podrán ser controlados simplemente por los mecanismos del mercado que, por definición, son mecanismos que arbitran a corto plazo o de manera instantánea. Está en el centro de lo que llamamos organización social por la práctica de medir toda riqueza, toda relación social, e incluso la relación de la sociedad humana con la naturaleza, por el único criterio del tiempo de trabajo abstracto.

CM – Los países de Europa han tomado la delantera contra la crisis con medidas proteccionistas y fuerte presencia del Estado. El presidente de Francia, Nicolás Sarkozy, afirmó que los países deben caminar hacia un nuevo Bretton Woods. ¿Cómo analiza usted la posición europea?

DB – Existe una contradicción en una crisis como esta. Como la globalización está ahí y es, en parte, irreversible, todo el mundo hoy, e incluso los antes fanáticos antiguos liberales, piensa que es necesario establecer una regulación y nuevas reglas de juego. Todo el mundo habla de una regulación a escala mundial, un nuevo Bretton Woods, o al menos a escala continental como, si tomamos el ejemplo de Europa, la creación del Fondo Soberano Europeo. Estas son las intenciones. Al mismo tiempo, dentro de una crisis grave como esta, cada uno intenta jugar de forma solitaria, y nosotros observamos desde el inicio de la crisis intereses diferentes como, por ejemplo, en Alemania y en Irlanda, que quisieran proteger sus propios capitales y sus propios bancos.

Es demasiado pronto para decir quien va a llevar la mayor parte o si habrá una especie de solidaridad entre capitalistas suficientemente fuerte para crear mecanismos de control de la crisis y de solución para nuestros problemas. O si, por el contrario, vamos a asistir a una agravación muy fuerte de la competencia intercapitalista, interimperialista o entre los grandes bloques. Una crisis como la actual crea también tendencias centrífugas muy fuertes.

CM – ¿Usted piensa que esta crisis consolida el declive de los Estados Unidos como potencia hegemónica mundial?

DB – Desde el punto de vista económico, el declive del imperio americano comenzó hace mucho tiempo, en gran parte, debido a su poderío militar, que representa el 60% de los armamentos y de los dispendios de armamentos en todo el mundo. Y, actualmente, existe un efecto perverso, pues la deuda americana había sido neutralizada por el traslado de capitales de los países productores de petróleo y de China a los EEUU bajo la forma de Obligaciones del Tesoro, es decir, en dólares. Si esos capitales se retiran, hacen caer el dólar y EEUU pierde de todas las maneras. Por tanto, desde el punto de vista económico, existe una especie de mecanismo que deja a los EEUU en la condición de rehén. Mientras EEUU mantenga la hegemonía militar, el escenario actual puede durar, pero se ve muy bien hoy, y se veía incluso antes de la crisis, que el euro –o incluso el yen, pero sobre todo el euro– puede volverse la moneda de reserva en lugar del dólar, que aún guarda su papel de moneda de cambio internacional mucho más por la potencia militar estadounidense que por la solidez de la economía de los Estados Unidos. Por eso, yo creo que hoy el declive de los EEUU es irreversible.

CM – ¿Cuál es su apreciación sobre el posicionamiento de la izquierda frente a la crisis financiera? ¿Piensa usted que los gobiernos de izquierda de América Latina pueden tener un papel importante en la búsqueda de soluciones para la crisis?

DB – Yo no conozco muy bien el contexto de América Latina. No sé cuál va a ser, por ejemplo, la capacidad de Venezuela si el precio del petróleo continua cayendo, por tanto es incluso posible que los efectos de la crisis sean más duros para países como Bolivia o Venezuela que para Brasil, que tiene una exportación más diversificada. Creo que la crisis se hará sentir también en Brasil, pero tal vez con menos fuerza. Ahora, si la reacción a la crisis va a comenzar a partir de un polo bolivariano o a partir de la tentativa del Banco del Sur para volverse autónomo en relación al dólar, si va a ser creada una solidaridad energética y alimentaria entre los países de América Latina, si todo eso va a avanzar o no, la pregunta está aquí y la respuesta está aquí. Yo no tengo respuesta.

CM – Y en Europa, ¿existe un proyecto de izquierda?

DB – La socialdemocracia, que es la mayor fuerza de izquierda en Europa, viene destruyendo metódicamente en los últimos veinte años los mecanismos del Estado-providencia y del Estado de Bienestar Social. Actualmente, ante la brutalidad de la crisis, vemos a dirigentes del Partido Socialista en Francia hablar nuevamente de nacionalización. Lo que hizo Sarkozy no fue ninguna hipótesis de nacionalización de los bancos. Lo que hizo fue dar a los bancos la seguridad del Estado sin solicitar incluso el derecho a voto en los consejos de administración, fue meramente un auxilio a los bancos.

Algunas voces de izquierda piden el relanzamiento de una política de aumento de salarios, pero eso exigiría una política seria a escala europea, porque existe el desafío de hacer a nivel europeo lo contrario de lo que habían hecho los partidos socialistas en los gobiernos nacionales en los últimos veinte años, o sea, reconstruir los servicios públicos europeos, armonizar la fiscalización europea, desarrollar una fiscalización fuertemente progresiva y retomar el poder de compra. Eso significa destruir todos los tratados sobre los que fue construida la Unión Europea desde 1992. No creo que exista ni la voluntad política de hacer eso ni la fuerza social para realizarla. Por una razón, pues a través del proceso que atravesó la socialdemocracia europea perdió mucho de su apoyo popular. Por otro lado, se integró muy fuertemente en la cima, en las empresas privadas y en las finanzas globalizadas. El símbolo de eso es la presencia de dos socialdemócratas franceses como personas de confianza del capital al frente de la OMC (Dominique Strauss-Khan) y del FMI (Pascal Lamy). Eso resume un poco la situación.

CM – El economista François Chesnais afirma que esta crisis es la primera etapa de un proceso muy largo y que no sabemos cómo va a acabar. Usted siempre fue un crítico contumaz tanto del capitalismo y de la globalización financiera como de los regímenes socialistas constituidos bajo la óptica estalinista. ¿Usted piensa que la humanidad está preparada para construir una tercera vía?

DB – La tercera vía no pasa ni por la gestión estatal y burocrática que quebró en los países del Este de Europa, fundamentalmente en la Unión Soviética, ni por el liberalismo. Muchas personas dicen hoy en día que la crisis no fue causada por el capitalismo en sí, sino por los excesos y abusos cometidos. No, la crisis fue causada fundamentalmente por la propia lógica del capitalismo. Pienso que pasamos de la fase de los slogans simpáticos de los foros sociales. Si otro mundo es posible, llegó la hora de decir cuál. Salimos de un siglo que terminó, bajo mi punto de vista, con una derrota histórica de las esperanzas de emancipación. Entramos en el siglo XXI con mucha menos ilusión que nuestros ancestros entraron en el siglo XX, sobre todo los socialistas, que creían en el fin de las guerras y de la explotación.

El problema actual es que estamos en el inicio de una larga reconstrucción, pero, al mismo tiempo, en una carrera contra el reloj, más que nunca, pues vivimos una crisis de destrucción no solamente social, sino también ecológica. Para mí, hay sólo una alternativa: oponer a la competencia y a la lógica de todos contra todos una lógica del bien común, de los servicios públicos y de la solidaridad. Podemos llamar a eso socialismo, comunismo o democracia autogestionaria. Es necesario intentarlo. Si no intentamos cambiar el mundo, nos aplastará.

Nota Sab Ene 16, 2010 12:41 am
Fallece Daniel Bensaïd (ver en Rebelión, Público y Kaosenlared).




fuente: http://www.anticapitalistas.org/node/4742

Daniel Bensaïd, revolucionario intempestivo



Josep Maria Antentas. Miembro de Izquierda Anticapitalista y de la revista Viento Sur.

Izquierda Anticapitalista // 14-01-2010



Este martes 12 de enero murió nuestro amigo Daniel Bensaïd, “Bensa”. Conocedores que la vida de Daniel se apagaba sin remedio, esperábamos con mucho pesar desde hacía semanas una noticia que, aún sabiendo inevitable, luchamos siempre por creer que no iba a producirse. Con Daniel se va una de las figuras más destacadas de la izquierda anticapitalista europea. Daniel Bensaïd fue uno de los fundadores de la JCR francesa en 1966 y de la Liga Comunista en 1969 (posteriormente rebautizada LCR en 1973 después de su ilegalización). Animador de Mayo del 68 desde el Movimiento 22 de marzo permaneció fiel a su compromiso revolucionario hasta el final de su vida, contrariamente a tantos nombres ilustres de su generación convertidos en “rebeldes arrepentidos”.

Dirigente de la LCR hasta comienzos de los años noventa, jugó un papel clave en la vida y desarrollo de la que se convertiría en una de las formaciones más emblemáticas de la izquierda revolucionaria europea. Militante internacionalista, fue dirigente de la IV Internacional durante un largo periodo y consagró gran parte de su actividad política al trabajo internacionalista, desempeñando un papel clave en su construcción en varios países. En sus memorias publicadas en 2003, Une lente impatience, señalaba, humildemente: “Dirigir me inspira una santa repulsión: prefiero hacer que hacer hacer. Esto podría pasar por una virtud igualitaria. También puede ser, igualmente, el signo de una incapacidad desorganizadora para delegar y hacer confianza”

Daniel Bensaïd marcó a varias generaciones de militantes revolucionarios, en Francia y en todo el mundo. Para mi generación, para aquellas y aquellos que nos sumamos a la misma corriente y proyecto que Daniel en los años 2000, él fue una referencia insustituible. Para nosotros, las y los militantes de Izquierda Anticapitalista forjados al calor del movimiento antiglobalización, del movimiento estudiantil, de los campamentos de jóvenes revolucionarios, de la referencia de la LCR francesa, de los debates de la izquierda anticapitalista europea..., Daniel fue nuestra figura internacional más querida y respetada.

Sentimos enseguida una atracción irrefrenable por un tipo capaz de escribir sobre Walter Benjamin o discernir sobre la política de alianzas de la LCR, de publicar una obra sobre Juana de Arco o de hablar de los dilemas de la izquierda brasileña ante Lula, de simpatizar con el pensamiento de Derrida o de Auguste Blanqui. En Daniel Bensaïd convergían un hombre de acción, un dirigente político internacional y un intelectual de primer nivel. Una combinación de cualidades que hacen de él algo muy excepcional en el panorama de la izquierda internacional y una de esas figuras de impronta duradera.

El Daniel Bensaïd que algunos conocimos era un hombre ya de salud precaria y de apariencia frágil, “espectral” como él diría, pero de una fuerza y una voluntad incombustibles. Daniel era un buen tipo, una persona amable y afectuosa, modesto, de trato cercano, siempre dispuesto a escuchar y a charlar un rato. Siempre que pudimos le invitamos en las ocasiones más especiales. La última vez que estuvo con nosotros fue para participar en Madrid y Barcelona en los actos de conmemoración del cuarenta aniversario de mayo del 68 que organizamos bajo el título “Mayo 1968-Mayo 2008, continuamos el combate”.

Desde los años noventa, enfermo y con una salud precaria, dedicó sus esfuerzos al trabajo teórico e intelectual, retirándose de las tareas de dirección política, sin por ello renunciar al trabajo militante, y a sus múltiples compromisos, charlas y viajes. En un momento de renuncias, capitulaciones y desconcierto, su voz ayudó a mantener una referencia imprescindible para seguir adelante. Acometió una inmensa tarea de renovación y revitalización del pensamiento marxista, dejando una vasta obra escrita e innumerables libros, publicados con una frecuencia que no dejaba de sorprendernos. Aprovechar las reuniones militantes en París para pasar por la librería La Brèche y llevarme lo “último” del Bensa se convirtió en estos años en una de mis rutinas militantes más placenteras. Daniel animó también proyectos editoriales, colecciones, y un ingente trabajo de discusión intelectual y búsqueda de convergencias entre diferentes tradiciones críticas al frente de la revista Contre-Temps.

Dedicó gran parte de su obra al estudio del pensamiento de Marx en obras como Marx l’intempestif (1995), o su volumen complementario La Discordance des temps (1995), ambas resultado de un trabajo docente y de estudio durante los años ochenta, desde su posición de profesor de filosofía en la Université Paris VIII, en un momento de retroceso y declive del pensamiento de izquierdas. Publicadas, sin embargo, en vísperas de las huelgas de noviembre-diciembre de 1995 contra el Pla Juppé que marcarían el retorno de la movilización y de la cuestión social, ambas obras presentaban una estimulante lectura de Marx, liberada de dogmas y fetiches. Son, posiblemente, sus obras más significativas.

Continuaría su estudio de Marx en múltiples libros. En 2001 publicaría Pasión Karl Marx, una cuidada biografía, con reproducciones de la correspondencia entre Marx y Engels e imágenes e ilustraciones de la época, donde buscaba “poner en escena el espíritu crítico de una época, insistiendo en las resonancias entre la globalización de entonces y ahora” y nos proponía leer El Capital como “la elucidación dialéctica de los misterios del capital a la manera del caballero Dupin de Edgar Poe o de Sherlock Holmes: se ha cometido un crimen; han robado la plusvalía; y el botín pasa de mano en mano, se reparte entre encubridores, truhanes, blanqueadores de dinero sucio, hasta olvidar su origen...”.

Publicó también estudios sobre aspectos concretos del pensamiento de Marx, como su completa edición crítica de Sobre la cuestión judía (cuya aparición en castellano en Gedisa está prevista para este 2010), un estudio de los escritos de Marx sobre el robo de leña, Les Dépossédés (2007), tomado como punto de partida para analizar la dinámica de la globalización contemporánea, o una desarrollada análisis del pensamiento político de Marx, Penser l’Inconnu (2008), una edición crítica de los textos de Marx y Engels sobre la Comuna. En ella mostraba a un Marx “analista brillante de las coyunturas y un virtuoso de la política, no como un simple efecto o reflejo de determinaciones económicas y sociales, sino como el arte de las mediaciones”.

Recientemente, publicó la presentación de uno textos de Marx sobre las crisis económicas (publicado por la editorial Sequitur en castellano: Karl Marx. Las crisis del capitalismo), donde repasa la intepretación de Marx sobre la naturaleza de las crisis, y aborda una discusión estratégica sobre el pensamiento de Keynes y el de Marx al respecto, buscando sus puntos de confluencia y divergencia: “Como proyecto político de conjunto, y no como suma de medidas parciales, el programa de Keynes, como abiertamente proclama, pretende salvar el capital de sus propios demonios. El de Marx pretendre derrocarlo”.

Uno de sus últimos libros fue una amena introducción a Marx, Marx, mode d’emploi (2009), publicada con ilustraciones del dibujante Charb, muy bien recibido por los militantes del NPA y por los jóvenes ávidos de adentrarse en la “aventura crítica” del pensamiento de Marx. Concebido como “una invitación al descubrimiento y a la controversia”, no pretende “restablecer el verdadero pensamiento de un Marx auténtico” sino “proponer uno de sus modos de empleo posibles”, repasando las ideas de Marx sobre la lógica del capitalismo, el comunismo, la organización política, el internacionalismo, la relación entre el ser humano y la naturaleza...

Gran parte de su obra está atravesada por su preocupación por cuestiones de estrategia, por repensar una estrategia revolucionaria para el siglo XXI. Dedicó muchas de sus reflexiones al análisis de las “transformaciones espaciales y temporales de la actividad política” en el marco de la globalización capitalista. En Le Pari Mélancolique (1997) abordaba las “metamorfosis y los desajustes del mundo” al filo de la globalización, defendiendo la necesidad, ante un “siglo que termina sobre las ruinas de sus esperanzas inaugurales”, de una política del compromiso y de una “apuesta por la revolución” basada “en el actuar, no en la evidencia de la solución asegurada, sino en la contingencia irreductible de la hipótesis”. Una revolución que “sin imagen ni mayúscula permanece pues necesaria en tanto que idea indeterminada de este cambio y brújula de una voluntad. No como modelo, esquema prefabricado, sino como hipótesis estratégica y horizonte regulador” .

En Le Sourire du spectre: nouvel esprit du communisme (2000), se interrogaba al filo del entonces recién 150 aniversario del Manifiesto Comunista sobre las posibilidades de reaparición del “fantasma del comunismo”, en un momento donde despuntaban ya las resistencias a la globalización que enterraron los discursos del “fin de la historia” de Fukuyama y el triunfalismo neoliberal. Sus Les irréductibles. Théorèmes de la résistance à l'air du temps (2001) presentaban en forma de cinco teoremas elegantemente escritos un ataque contra la “retórica cínica de la resignación”, y una defensa de la “fuerza irreductible de la indignación, que es exactamente lo contrario de la costumbre y la resignación. Incluso cuando se ignora lo que podría ser la justicia del justo, queda la dignidad de la indignación y el rechazo incondicional de la injusticia. La indignación es un comienzo. Una manera de levantarse y ponerse en marcha. Uno se indigna, se subleva, y después ya veremos. Uno se indigna apasionadamente, antes incluso de encontrar las razones de esta pasión”.

Ilustrada por divertidos topos de Pierre Wiaz, Résistances. Essai de Taupologie générale (2001, publicado en castellano por El Viejo Topo, Resistencias: ensayo de topología general) prosigue esta búsqueda de una política de resistencia, a través de la figura del topo, “metáfora de quien camina obstinadamente, de las resistencias subterráneas y de las irrupciones repentinas”. Empezando en la globalización victoriana y atravesando críticamente el pensamiento de Althusser, Badiou, Derrida, Negri, el libro se interroga por las condiciones de una política revolucionaria y desarrolla la “noción estratégica de crisis”, entendida como “un momento de decisión y de verdad, cuando la historia duda entre un punto de bifurcación”.

La reflexión estratégica ocupa también un lugar central en Éloge de la politique profane (2009, publicada en castellano por Península, Elogio de la Política Profana) una importante obra donde analiza las transformaciones de las categorías políticas básicas de la Modernidad, el “eclipse de la política” y de la “razón estratégica” al filo de la ofensiva neoliberal, y discute las diversas “utopías contemporáneas”, propias de los periodos posteriores a las grandes derrotas, “donde lo posible y lo necesario ya no tienen puntos en contacto”.

En el marco de esta preocupación por la estrategia, entró también con pasión a escribir sobre el movimiento “antiglobalización” y las controversias en su seno, polemizando con autores como Negri o Holloway, en obras como Changer le monde (2003, publicado en castellano por La Catarata, Cambiar el mundo), o analizando el significado histórico del movimiento en Le nouvel internationalisme (2003). Participó en debates significativos en varios Foros Sociales Mundiales y Europeos y en innumerables encuentros y seminarios internacionales e iniciativas ligadas al movimiento “antiglobalización”.

A pesar de este gran esfuerzo intelectual siguió acompañando la vida de la LCR y la IV Internacional y los avatares de la izquierda internacional. Dedicó también gran parte de su obra a discutir sobre cuestiones de orientación política en Francia, criticando a la izquierda plural de Jospin en Lionel, qu’as-tu fait de notre victoire? (1997), a adentrarse en los debates identitarios en el contexto de la crisis de la V República francesa, en Fragments Mécreants (2005, de próxima aparición en castellano en la editorial Icaria), y polemizó con personajes como Bernard-Henri Lévy y los “nuevos filósofos” contra quien escribió Un nouveau théologien: Bernard-Henri Lévy (2007).

En el año 2003 publicó sus memorias, Une lente impatience, trazando su itinerario personal, político e intelectual. Modestamente, definía su libro como un “simple testimonio para ayudar a comprender lo que hemos hecho y lo que queremos”. Mirando retrospectivamente afirmaba: “Nos hemos equivocado a veces, incluso a menudo, y sobre bastantes cosas. Al menos, no nos hemos equivocado ni de combate ni de enemigos”. Un combate que él escribió con su habitual prosa de gran calidad literaria y que nos sumergió, mientras devorábamos ávidamente las páginas del libro, en los acontecimientos de Mayo del 68 y sus postrimerías, la guerra de Argelia, los tiempos “en que la historia nos mordía la nuca”, la lucha contra la dictadura franquista, los avatares de la izquierda en Latinoamérica, la restauración neoliberal, el auge del altermundialismo o el estado del pensamiento marxista contemporáneo...

La memoria, la transmisión y la herencia ocuparon gran parte de los escritos y preocupaciones militantes de Daniel Bensaïd. Polemizó con François Furet y los autores del Libro Negro sobre el Comunismo y sus falsificaciones históricas, y consagró su obra Qui est le juge? (1999) a cuestionar el “tribunal de la Historia” y las “tentaciones de apelar a los viejos fetiches, la Historia o la Humanidad”, más que a la aceptación “de la frágil incertidumbre del juicio humano” y “descrifrar la subtilidad del juego a tres, entre juicio judicial, juicio histórico y juicio político”.

Entre sus variadas y múltiples influencias intelectuales destaca Walter Benjamin, a quien consagró el libro Walter Benjamin, sentinelle messianique (1990), parte de una trilogía iniciada con Moi, la revolution (1989), publicado en ocasión del bicentenario de la Revolución francesa, y finalizada con Jeanne de Guerre lasse (1991), dedicada a Juana de Arco. Si la trilogía podía parecer alejada de Marx, Daniel indicaba en su biografía que en realidad “se trataba –las fechas lo muestran- de un camino paralelo, para volver mejor a la cuestión del comunismo, por el camino montaraz de las herejías, por el rodeo de la racionalidad mesiánica, por el sendero escarpado de una lógica del acontecimiento”.

Él mismo, convertido en una autoridad moral e intelectual incuestionable, actuó de transmisor, de puente entre dos épocas distintas proporcionando una referencia político-intelectual impagable para quines nos incorporamos a la militancia finalizado ya “el corto siglo XX”. Nunca faltó a su cita en las Universidades de Verano de la LCR o en los campamentos de jóvenes revolucionarios, cuyas charlas de formación fueron siempre el momento estelar que todos esperábamos. En Les Trotskismes (2002, publicado en castellano por El Viejo Topo, Trotskismos) trazó la trayectoria de una corriente minoritaria en la historia del movimiento obrero, al filo de la entrada en el nuevo siglo, “que no se hará sin un esfuerzo de puesta al día teórica y práctica”, reivindicando “un cierto trotskismo” cuya “herencia sin modo de uso es, sin duda, insuficiente, pero no menos necesaria para deshacer la amalgama entre estalinismo y comunismo, liberar a los vivos del peso de los muertos y pasar la página de las desilusiones”.

Participó en el alumbramiento del NPA, acompañando el paso de la LCR al nuevo proyecto. Poco antes de su creación escribía en su obra Penser Agir (2008): “a medida que se acerca el momento del paso del testigo entre la Liga y el nuevo partido, algunos preguntan con más y más insistencia a las decenas de 'veteranos', fundadores de la Liga en 1969 o de la organización de juventud expulsada de los estudiantes comunistas, la JCR, si no sentimos nostalgia en el momento de verla desaparecer para transcrecer en una fuerza nueva. Para responderles yo diría que tenemos más bien el sentimiento (y un poco de orgullo, reconozcámoslo) del trabajo realizado y del camino recorrido. Fue mucho más largo de lo que imaginamos en el entusiasmo juvenil de los años sesenta y no es fácil permanecer tanto tiempo siendo ‘revolucionarios sin revolución’”.

Daniel ha muerto apenas un año después de la creación del NPA, donde habría tenido un gran papel que jugar en la formación de sus militantes, en la consolidación del armazón estratégico y programático del partido y en la transmisión de una herencia “sin modo de empleo” a las nuevas generaciones militantes. Resumió mejor que nadie los objetivos del nuevo proyecto, el de crear: “un nuevo partido, tan fiel a los dominados y los desposeídos como lo es la derecha a los poseedores y a los dominadores, que no se excusa por ser anticapitalista y querer cambiar el mundo”. En vísperas de su fundación publicó con Olivier Besancenot Prenons Parti! Pour le socialisme du XXIème siècle (2009), un buen libro para armar de ideas, propuestas y perspectiva estratégica a los militantes anticapitalistas.

La última vez que vi a Daniel fue en la primera universidad de verano del NPA, en Port Leucate en agosto pasado, donde impartió varias charlas y presentó la Société Louise Michel, cuya fundación animó con el objetivo de crear un espacio plural de reflexión teórica y de debate. Hablamos del NPA, de nuestra recién campaña a las elecciones europeas, y de la posibilidad de publicar en castellano su libro Marx, mode d’emploi, y de su edición crítica de los textos de Marx sobre las crisis económicas. A pesar de la enfermedad persistente, y de que se le veía débil y cansado, nada hacía presagiar un trágico desenlace como éste tan sólo unos pocos meses después.

Cuesta asumir que Daniel no está ya entre nosotros. Su muerte es un duro golpe para todos aquellos y aquellas que hicimos de su presencia, de sus libros y sus charlas, uno de los elementos más estimulantes de nuestra aventura militante.

Nota Mar Jul 13, 2010 5:57 pm
Entrevista con Daniel Bensaïd



Por Mariano Fernández Enguita

Realizada el 30 de junio de 1976. Entregada a Cuadernos para el Diálogo. No publicada.




Con motivo de la presentación en Madrid del libro Portugal: lecciones de Abril, obra escrita conjuntamente por Daniel Bensaïd, Carlos Rossi y Charles-André Udry, ha pasado por esta ciudad el primero de sus autores. A pesar de su juventud, D. Bensaïd, cuya militancia en el PC francés se inicia en 1962, fue miembro del buró político de la Jeunesse Communiste Révolutionnaire (disuelta por De Gaulle en junio de 1968) y forma parte en la actualidad del equipo dirigente de la Ligue Communiste Révolutionnaire (sección francesa de la IV Internacional), la organización más importante con diferencia de la extrema izquierda del país vecino, siendo el director de su órgano central de prensa, el diario Rouge. Dentro de unos meses aparecerá en España otro libro suyo, La revolución y el poder, que acaba de ser editado en Francia.

El libro sobre Portugal del que es coautor, editado en su país antes del 25 de noviembre de 1975, no recoge, lógicamente, la evolución de los acontecimientos portugueses a partir de esta fecha histórica, pero sí revela las condiciones anteriores en las que se gestaron éstos. En este sentido, constituye un valioso análisis del proceso revolucionario portugués y los orígenes del 25 de Abril para continuar con la naturaleza del MFA, el desarrollo de una situación de dualidad de poder y los errores y aciertos cometidos por la izquierda, que tuvo en sus manos la iniciativa entre marzo y noviembre de 1975. Su presentación el día 24 en la facultad de Ciencias Políticas y Sociología se convirtió en un animado debate sobre el proceso y la actual situación política de Portugal, especialmente tras el 25 de noviembre, lo que ocupa también la primera parte de la entrevista que pudimos hacerle casi en la escalerilla del avión.


- ¿Cómo analizas las consecuencias del 25 de noviembre?

- Se trata de una derrota indudable pero limitada de la clase obrera portuguesa. Si la comparamos con la de julio de 1917 en Rusia o la de enero de 1919 en Alemania, es una derrota mucho más limitada, pero hay otra diferencia: que no existe un partido revolucionario suficientemente implantado capaz de reorganizar y recuperar las fuerzas derrotadas en base a unos planteamientos claros. Lo importante es sacar las secciones necesarias del error de los grupos de extrema izquierda al sobreestimar el desarrollo de proceso de autoorganización de las masas. Es cierto que estaban muy desarrolladas y extendidas las comisiones de trabajadores y de "moradores", y que también se hallaban organizados en cierta medida los soldados (aunque los SUV eran más bien una organización clandestina), pero este desarrollo no se había concretado aún en una Asamblea de esas comisiones y otros organismos similares que constituyera una alternativa de poder a la Asamblea Constituyente. No se podía plantear el asalto al poder sólo con unas comisiones no coordinadas cuando la mayoría de la clases obrera había dado sus votos a los partidos reformistas, PC y PS, en las elecciones a la A.C. La misma gente que estaba y confiaba en las comisiones para tareas concretas, algunas de tanta envergadura como el control obrero sobre las empresas, militantes socialistas y comunistas entre ellos, no tenían conciencia de la necesidad de plantear una alternativa de poder político, seguían creyendo en las instituciones democráticas tradicionales y en los partidos socialista y comunista. Era preciso que esos trabajadores tomasen conciencia del problema del poder, lo que todavía no era el caso el 25 de noviembre. Por eso su actitud fue fundamentalmente pasiva.


- Cuando esta entrevista pueda ver la luz, ya conoceremos los resultados de las elecciones presidenciales. ¿Cuál va a ser su significación?

- Hay que considerar este punto en el marco del cambio en la correlación de fuerzas a favor de la burguesía y la derecha que ha tenido lugar después del 25 de noviembre: reconstrucción del poder del Estado, eliminación de los soldados izquierdistas del ejército, resurgimiento del CDS, fortalecimiento del PPD y consolidación momentánea del PS. El candidato con más posibilidades es Eanes, que cuenta con el apoyo de los tres grandes partidos. El hecho de que la dirección del partido socialista se niegue a presentar un candidato obrero y apoye la candidatura de un militar derechista es la continuación de una política basada en la colaboración de clases y el oportunismo, pero es probable que una buena parte de su base prefiera dar los votos a Pinheiro.

Lo mejor ante esto hubiera sido presentar una candidatura obrera apoyada por el PC y la extrema izquierda, con un programa discutido previamente por las comisiones, los sindicatos y los partidos obreros que permitiese expresar la resistencia de clase obrera a la normalización derechista representada por la candidatura Eanes y su disposición a defender las conquistas de la revolución y a recuperar la iniciativa perdida, al menos en parte. Esto no fue posible y ahora existen dos candidaturas de izquierda: la de Pato, apoyada por el PC, y la de Otelo, apoyada por casi toda la extrema izquierda. En un principio pudo pensarse que sería Pato quien, como representante del partido obrero más importante de la izquierda, recogiese los votos que expresaran esa resistencia. Los acontecimientos, sin embargo, parecen mostrar que no va a ser Pato, sino Otelo, quien aglutine la mayor parte de esos votos. El probable fracaso de la candidatura del PC es el precio de una política de oscilaciones sectarias (los ataques al PS en julio de 1975, la resistencia a la unidad de acción con la extrema izquierda) y oportunistas (su permanencia durante dos años en un gobierno de colaboración de clases en el que tenía poco peso, especialmente su permanencia tras el 25 de noviembre), que hace que incluso buena parte de sus propios militantes y electores prefiera la candidatura de Otelo, que representa la continuidad del proceso abierto el 25 de abril e interrumpido el 25 de noviembre, y cuenta con un gran carisma. Pero las diferencias entre ambos candidatos no son sólo de popularidad, sino también programáticas. Mientras la campaña del civil Pato se justifica como una forma de no dividir al ejército (como si no lo estuviera ya desde el golpe fallido del 11 de marzo y, especialmente, desde el 25 de noviembre) y se centra en la pretensión de un gobierno PC-PS al que el segundo no está dispuesto, Otelo advierte a los oficiales que quieran defender los intereses de los trabajadores que deberán tomar una opción decidida al lado de éstos en los enfrentamientos decisivos, aunque sean sólo una pequeña parte del ejército, e insiste en el reforzamiento de las organizaciones de base y en la defensa y profundización de las nacionalizaciones y la reforma agraria. A pesar de su pasada actitud vacilante y contradictoria, 60.000 manifestantes en Oporto y 30.000 en Setúbal (feudo tradicional del PC, donde Pato sólo reunió 5.000) son una buena muestra de la progresión de su campaña.


- A ti, que has seguido de cerca el proceso portugués y que diriges un diario, ¿qué opinión te merece el proceso de la ocupación del diario República?

- Es complicado. El asunto ha sido presentado por el PS como una operación del PC para ahogar su derecho de expresión. Pero ni República era un órgano del PS ni ese era el objetivo original de los trabajadores. El origen está en la resistencia de los trabajadores a aceptar los numerosos despidos que pretendía la dirección en un momento en el que había disminuido la tirada del diario. El error de los trabajadores estuvo en mezclar este problema con la pretensión del derecho a censura sobre la redacción (apoyado también por parte de ésta), problema que estalló a partir de la tergiversación de los acontecimientos del Primero de Mayo que pretendía ofrecer la dirección. Otra cosa distinta, y plenamente justa, es el derecho de los trabajadores y redactores a la contrainformación en las páginas del mismo periódico cuando se tergiversan acontecimientos en contra de los intereses de su clase. Pero el problema que trasciende a todo el asunto, y a mi juicio lo más importante, y el más importante, es el de asegurar en una fase de transición la libertad de prensa. En este fase, los medios de información nacionalizados, tanto las fábricas de papel como las imprentas, la prensa y la radiotelevisión deben repartirse en su utilización a todos los partidos políticos y colectividades sociales sin discriminación. En Chile, el gobierno de la Unidad Popular cometió el error de dejar los medios de comunicación en manos de la derecha (el 95% de las estaciones de radio, por ejemplo), lo que permitió no sólo el falseamiento y la utilización contrarrevolucionaria de la información, sino también cosas tan escandalosas como que el diario Tribuna publicase todos los días los nombres de los comerciantes y transportistas que no seguían la huelga reaccionaria promovida y financiada por la CIA, convirtiéndolos así en blanco del terrorismo de la ultraderecha. Los medios de comunicación actuales tienen además un alto coste, lo que convierte la nacionalización en el único medio para evitar su monopolio y utilización por el gran capital.

fuente: http://www.librered.net/?p=3570



Entrevista con Antentas

“Bensaïd defendía una izquierda comprometida con un cambio radical de sociedad”



Libre Red // 22 de enero de 2011


Este mes de enero se cumplió un año de la muerte del filósofo y académico marxista francés Daniel Bensaïd, fundador de la Liga Comunista Revolucionaria (LCR) y uno de los principales teóricos de izquierda de ese país.

Nacido el 25 de marzo de 1946 en la ciudad de Toulouse, Bensaïd participó en numerosos movimientos sociales, y se desempeñó como maestro en la Universidad de París VIII, espacio desde el cual concretó más de 30 obras de filosofía y debate político.

Militante revolucionario desde su adolescencia, el académico participó en la fundación de la Juventud Comunista Revolucionaria (JCR) junto con Alain Krivine en 1966, antes de convertirse en un actor fundamental durante el mayo del 68 francés y crear la Liga Comunista Revolucionaria en 1973.

Durante muchos años, Bensaïd también se desempeñó como colaborador de las revistas Critique communiste y Contretemps, y trabajó en la Fundación Louise Michel y en la formación del Nuevo Partido Anticapitalista (NPA), órgano político de izquierda surgido en 2008.

Como motivo del primer aniversario de su muerte, LibreRed.net entrevistó a Josep Maria Antentas, profesor de sociología de la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB), quien hizo un balance de la obra escrita y el activismo político de Bensaïd. Según Antentas, esa doble faceta del francés, una síntesis entre teoría y praxis revolucionaria, lo convirtió en un referente para la izquierda anticapitalista.





Recordando a Daniel Bensaïd
(Entrevista con Josep Maria Antentas, profesor de sociología en la Universidad Autónoma de Barcelona, por LibreRed, el 20 de enero de 2011)



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