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Diego Abad de Santillán



Diego Abad de Santillán (Sinesio Baudilio García Fernández) fue uno de los militantes más destacados del movimiento libertario en España y en Argentina. Escribió muchas obras sobre el anarquismo y otros temas históricos, entre ellas El organismo económico de la revolución (1936) y Por qué perdimos la guerra (1940). Fue redactor de varias revistas y colaboró en numerosas publicaciones.

Nació el 20 de mayo de 1897 en Reyero, provincia de León (España). A los ocho años de edad emigró con sus padres, Donato García Paniagua y Ángela Fernández a Argentina. En 1912 regresó a España y desde 1915 estudió Filosofía y Letras en la Universidad de Madrid.

Debido a su participación en la huelga general de 1917 fue encarcelado durante año y medio. Puesto en libertad regresó a Argentina, donde fue miembro activo de la anarcosindicalista Federación Obrera Regional Argentina (FORA) y redactor de su periódico La Protesta de Buenos Aires. En 1922 representó a la FORA en la fundación de la Asociación Internacional de los Trabajadores (AIT) en Berlín. Se había trasladado a esta capital para estudiar Medicina. Conoció allí a destacados anarquistas como Max Nettlau y Rudolf Rocker y también a su futura esposa, Elise Kater, hija del albañil y editor anarquista Fritz Kater.

En 1926 salió de Alemania a instancias de sus amigos argentinos sin terminar sus estudios de Medicina. Colaboró con la Confederación General de Trabajadores (CGT) en México y regresó a Argentina. En Buenos Aires fue de nuevo redactor de La Protesta y dirigió el periódico La Antorcha. En 1930 fue condenado a muerte por intento de sedición contra el Estado. Logró escapar a Uruguay. Cuando se proclamó la República española en 1931 volvió por poco tiempo a su país de nacimiento y, más tarde, de nuevo a Argentina, donde vivió en clandestinidad produciendo varias obras. A finales de 1933 se instaló en Barcelona, donde jugó un papel importante en la Federación Anarquista Ibérica (FAI) y fue secretario del Comité Peninsular en 1935. Fue redactor de la revista Solidaridad Obrera, dirigió la revista Tierra y Libertad y fundó Tiempos Nuevos en 1934. Después del sofocamiento del golpe militar en Barcelona, el 20 de julio de 1936 tomó parte en la organización de las milicias en Cataluña como miembro del Comité de Milicias Antifascistas. El 17 de diciembre de 1936 fue nombrado consejero de Economía en la Generalidad de Cataluña. En 1939, poco antes de la caída de Barcelona, se refugió en Francia y regresó después a Argentina. Vivió allí de nuevo clandestinamente consagrándose entre otras cosas a la compilación de la "Gran Enciclopedia Argentina".

De 1977 hasta su muerte, el 18 de octubre de 1983, vivió de nuevo en Barcelona.





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:arrow: Bibliografía:

 Abad de Santillán, Diego - ¿Por qué perdimos la guerra¿ [1940].pdf  [1.32 Mb]

 Abad de Santillán, Diego - El movimiento anarquista en la Argentina [1930].pdf  [2.97 Mb]

 Abad de Santillán, Diego - La F.O.R.A. [1971].pdf  [651.4 Kb]

 Abad de Santillán, Diego - Ricardo Flores Magón. El Apóstol de la Revolución [1925].pdf  [587.7 Kb]


:arrow: Artículos:

 Abad de Santillán, Diego - Ayer, hoy, mañana [CRI, suplemento nº 7, 1974].pdf  [1.02 Mb]


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NotaPublicado: Dom Ago 01, 2010 4:02 pm 
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fuente: http://www.nodo50.org/tortuga/El-anarqu ... iquetas-de


Citar:
El anarquismo sin etiquetas de Diego Abad de Santillán

Breve recopilación de frases y párrafos de su libro Estrategia y Táctica




Tortuga // 1 de enero de 2008



Sobre Revolución y transformación social

Lo que sigue siendo absoluto, más absoluto que nunca, es el Estado, y sin conquistar un derecho a la secesión, a una vida al margen de su intervención opresiva, de su fiscalización burocrática y de sus exacciones, hablar de liberación humana es una de las tantas maneras de soñar y de engañarnos.

[...]

No se destruye más que lo que se sustituye. Y no será superado el sistema capitalista si no se multiplican previamente las asociaciones libres que ensayen y experimenten otras formas económicas superiores.

[...]

Sin un cambio en la estructura económica y política de la sociedad, la democracia es un engaño y el sufragio universal pura demagogia.

[...]

La máquina de producción puede funcionar sin el apoyo y sin la dirección directa del capitalista, por el solo impulso e interés de los obreros, de los técnicos, de los empleados.

[...]

No hay porqué destruir lo que funciona relativamente para poner en su lugar el caos, el retroceso, la vuelta a un tanteo y a un ensayo que a fin de cuentas redundará en daño de la comunidad, y dará origen a la formación de una nueva oligarquía, de una nueva clase aristocrática, de un nuevo despotismo en manos de la burocracia que administrará la nueva situación.

[...]

Para nosotros, para nuestra norma moral, para nuestra concepción del mundo, la libertad es el bien supremo.

[...]

Para nosotros no es sacrificio el sacrificio del pan para asegurar un margen cada día mayor de libertad; para otros, para muchos todavía, no es ninguna claudicación y ninguna abdicación el abandono de la libertad para la consecución del pan seguro.

[...]

¿Es que podemos confiar en acercarnos a nuestros objetivos lanzando, por un acto de fuerza triunfante o por cualquier otra combinación electoral en el mundo llamado democrático, a los siervos voluntarios a un paraíso en el cual habrán de resolver autónomamente sobre su destino? ¿Es que no nos dice nada y no nos enseña nada el espectáculo del último medio siglo, cuando vemos cómo tantos esclavos de la máquina económica capitalista se han transformado en los mejores y más sólidos puntales de las nuevas tiranías?

[...]

Nosotros queremos, pues, la revolución, la propagamos, le ofrecemos todo lo que está en nuestra posibilidad, pero es una revolución que quiere dejar las puertas abiertas para la organización de la vida, del trabajo, del ocio según los propios impulsos, sin la coacción de monopolios económicos y de opresiones políticas. Nuestra revolución reivindica el derecho de secesión de la ley única, de la forma exclusiva, de la modalidad obligatoria, que se imponen de arriba a abajo, con leyes, úkases, gendarmes, jueces y verdugos. Es decir, no queremos llegar al paraíso arrastrados por la fuerza. O sea que, amantes de la libertad, no queremos otro camino para llegar a ella que el de la libertad.

[...]

La papeleta del sufragio no libera al analfabeto de su ignorancia, ni hace libre al que está formado y conformado para la esclavitud. Contra ese flagelo es contra el que hay que apuntar con todas las armas de la educación y de la conducta.

[...]

En nuestros tiempos, a falta de otros medios alucinatorios, se recurre a la coca o a la marihuana para disfrutar de paraísos artificiales, en vista de que los reales y tangibles están lejos y no son fácilmente alcanzables.

[...]

El movimiento obrero, que era esencialmente una reacción contra la expoliación ilimitada e inhumana y contra el monopolismo capitalista, tiene que buscar su afirmación y su razón de ser ahora, no tanto en el anticapitalismo, todos los anti son negativos e insuficientes, como en el derecho a la libre iniciativa y a nuevas formas posibles de trabajo, de vida y de distribución de los productos.

Mientras sea posible ejercer la libre iniciativa, y lo es en gran parte del mundo, aunque sea a costa de sacrificios y de esfuerzos de toda naturaleza, poco importa que subsistan vestigios más o menos importantes de las formas económicas capitalistas, que al fin y al cabo han mostrado su eficacia, aunque se hayan movido por el motor egoísta de la especulación privada, formas que no serán desarraigadas totalmente más que cuando hayan sido sustituidas. Ya es hora de saber que no se destruye más que lo que se sustituye.

[...]

La libertad y la dignidad del hombre no son valores a los que podamos renunciar. Por lo menos no podemos renunciar nosotros. Esas semillas de redención deben ser sembradas, aunque no haya esperanza de recoger los frutos, incluso sabiendo que no recogeremos nosotros los frutos.

[...]

No pidamos al Estado lo que podamos hacer nosotros mismos, solos o asociados; no sacrifiquemos la libertad por la seguridad; no les digamos a los que tienen listos los grilletes que nos ayuden a salir de algún atolladero o de alguna dificultad a cambio de tolerar el freno y las espuelas, los tributos, las humillaciones y la esclavitud.

[...]

La revolución capaz de cambiar el orden de cosas que nos rodea no es obra de mañana sino de hoy, de ahora mismo, de todos los días y de todos los minutos. El revolucionario que se reserva para mañana, para la gran revolución, no sirve a la revolución, sino al estatismo y a la esclavitud.





Sobre la "dictadura del proletariado"

Sobra ya experiencia para poder decir en alta voz que toda revolución que pretende imponer el paraíso terrestre que anuncia mediante decretos y dictaduras, aunque éstas quieran ser transitorias, no es una revolución libertadora, sino una verdadera contrarrevolución con todas sus consecuencias y alcances.

[...]

No menos antisocial es la concepción de una clase obrera dominante que la de una aristocracia absolutista; no es menos enemiga de la libertad y de la dignidad del hombre la realeza por la gracia de Dios que la dictadura proletaria por la gracia de Marx o Lenin. No es más defendible el monopolio del poder que el monopolio de la riqueza.

[...]

Otro de los grandes engaños de nuestra época fue el capitalismo de Estado total como expresión del socialismo. El abandono gratuito de la libertad y de la dignidad personal por la prometida seguridad mostró ampliamente que lleva también a la pérdida de la seguridad, y sobre todo lleva a un derroche infinito para el sostenimiento de una burocracia monstruosa y para la preparación de la guerra en un nivel muy superior al del clásico capitalismo privado. Ninguno de los paíes donde el capitalismo de Estado se nos ofrece como el paraíso del socialismo, puede compararse en su standart de vida con los países llamados capitalistas, de empresa privada; sin contar con que en éstos todavía se puede hablar de cierto grado de libertad, de respeto humano, hasta de democracia, mientras que en las zonas del capitalismo de Estado ni abunda el pan ni se conoce la libertad y no existe más justicia que la que concibe a su modo y administra la burocracia omnipotente. Tienen tan poco que ver en la cosa pública los trabajadores regimentados allí donde rige la llamada dictadura del proletariado, como los pequeños accionistas en las grandes empresas de los países supercapitalistas.

[...]

La dictadura del proletariado fue un slogan demagógico que surtió efecto en el simplismo de muchos, y no en primer término entre los proletarios. Casi medio siglo de experiencia da derecho a calificarla como una mistificación más, una mistificación venenosa, porque no hay, no hubo tal dictadura del proletariado, sino de dirigentes no proletarios, intelectuales desplazados, militares ansiosos de hacer carrera, funcionarios que buscaban una situación cómoda. El proletariado no entra en el gobierno que se ejerce en su nombre, como no entra el pueblo en los regímenes constitucionales. Votará en los sindicatos por los candidatos que se le presenten, como vota el pueblo en las urnas por los seleccionados por la dirección de los partidos.

[...]

Los herejes políticos fuimos puestos al margen de la ley por el socialismo que se llamó científico unas veces desde el llano, otras veces desde el poder, unas veces con excomuniones, otras con campos de concentración y con fusilamientos sistemáticos. Las exteriorizaciones prácticas han sido diversas, pero el espíritu rector fue siempre el mismo.

Y, sin embargo, no se nos ha convencido. Seguimos creyendo que el socialismo es liberación y dignificación del hombre o no es más que una máscara engañosa.





Sobre el militarismo

La guerra exige soldados adiestrados, domesticados, autómatas que respondan a la voz de mando para cumplir tareas más o menos repudiables, inconscientes, sin saber por qué y para qué.

[...]

Un soldado capaz de pensar por su cuenta no es concebible, como ayer no se concebía la mansedumbre de un esclavo consciente de sus derechos humanos.

[...]

Los hombres libres no irían a la guerra contra pueblos que no conocen, lejanos o próximos, y si van, es porque todavía están espiritual y moralmente en la etapa de la esclavitud, y si son forzados a ir es porque todavía no disfrutan de derechos humanos.

[...]

No podemos alterar ni suavizar la oposición, el rechazo de toda guerra, incluso de aquella en que hemos combatido (se refiere a la guerra civil española). Ninguna guerra lleva a soluciones humanas y a progresos sociales. La guerra es siempre antihumana y antisocial porque no tiene otra medida y otra moral que las de la fuerza y el triunfo de la fuerza no es equivalente al triunfo de la justicia.





Sobre el anarquismo

¿Qué es el anarquismo? No es aquello que pintaron gratuitamente las crónicas policiales, los detractores de derecha e izquierda, ni lo que admitieron incluso muchos que se creían o se llamaban anarquistas. En el uso corriente an-arquía, no gobierno, no autoridad del hombre sobre el hombre, equivalía a caos, a desconcierto, a desorden, porque los amos habían logrado que se identificase la sumisión, la esclavitud, el acatamiento pasivo a su autoridad como orden. Desde Proudhon se llamaron anarquistas los que antes llevaban otras denominaciones o se expresaban con otro vocabulario, pero que, antes y después, fueron los auténticos amigos del orden. Se llamaban anarquistas porque eran amigos del orden con justicia, del orden con libertad, del orden con dignidad.

[...]

El anarquismo no es un sistema político ni un sistema económico, es un anhelo humanista que no culmina en una orientación o en una estructura ideales, perfectas, sin rozamientos de intereses ni ambiciones de poder, en las que el ser humano carecerá de problemas, de desajustes, y en las que la vida transcurrirá mansamente, dulcemente. Esos paraísos terrestres los forjan otros y los presentan otros con la ayuda eficiente de pelotones de ejecución de los desafectos.

[...]

Se ha objetado que esa falta de programa y de concreción es la debilidad del anarquismo, pero esa es su fuerza permanente, su vitalidad, su piedra angular. No agota su vigor en un triunfo eventual, electoral o insurreccional, y se mantiene en su ruta infinita y en su resistencia contra toda forma de opresión de unos pocos o de muchos sobre el hombre.

[...]

El anarquismo es por su esencia noviolento y propicia la noviolencia. Importa poco que, atraídos por la aureola heroica, hayan llegado a los núcleos anarquistas individuos de naturaleza autoritaria y de predisposición al empleo de los medios de fuerza como suprema razón; jamás lograron que el anarquismo dejara de ser una noble concepción de paz, de trabajo, de entendimiento, de solidaridad humana.







fuente: http://www.nodo50.org/tortuga/Diego-Aba ... Estrategia


Citar:
Reseña de Táctica y estrategia, de Diego Abad de Santillán

Retomando las raíces del anarquismo ibérico



Pablo San José

Tortuga // 30 de diciembre de 2007




Recuperamos este título de un clásico del anarquismo peninsular. Se agradece la edición a un precio tan asequible de Voz de los Sin Voz, la editorial del Movimiento Cultural Cristiano, la cual a pesar de la deficiente calidad editorial del librito, que se presenta en un cuadernillo fotocopiado, pone ensayos políticos a nuestro alcance a un precio mínimo, ensayos que, muchos de ellos, son bastante difíciles de conseguir.

Este libro de Abad de Santillán nos parece muy interesante pero muy irregular. Quizá en sus páginas se encuentren párrafos y capítulos enteros que se corresponden con las más altas cotas del pensamiento libertario y que en muchos casos suponen aportaciones y enfoques originales y novedosos. Sin embargo en su último tercio el libro entra en una fase muy repetitiva, menos trabajada a nivel formal y que aborda temas que nos parecen mucho menos interesantes, llegando a despeñarse por una sorprendente pendiente: la admiración del autor por la evolución de la ciencia y el progreso tecnológico de la sociedad de su tiempo (el libro está escrito en 1970). Abad llega prácticamente a sentenciar que este proceso evolutivo científico es la Revolución en sí y pone toda su confianza en la irreversibilidad del avance de la razón merced al progreso científico, que en cuestión de tiempo llevará a la sociedad a una organización armónica basada en las necesidades de la persona humana y en su valor como tal.

A pesar de esta deriva cientifista, quizá propiciada por la era tecnocrática en que se escribió el libro y por la avanzada edad de Abad (tenía 72 años cuando escribió esta obra), el libro ofrece análisis y propuestas que podríamos decir que resumen y amplían lo mejor del pensamiento libertario clásico. Abad, que nunca quiere hablar de un anarquismo que tenga "apellidos", se encuadra en las corrientes que renuncian al jacobinismo y a cualquier toma del poder para imponer una Revolución desde arriba y que apuestan por una transformación social lenta, basada en la sustitución de las estructuras antiguas por otras que se crean como alternativa y propuesta y que acaban suplantando a la antiguas merced a su mayor racionalidad, ética y eficacia.

Son muy interesantes los análisis de la realidad de su tiempo que hace este teórico anarquista, viejo y exiliado en Argentina, veterano de mil batallas. Su punto de vista es privilegiado para juzgar los acontecimientos históricos: el estado de las economías capitalistas, la aparición de las sociedades del bienestar en los países del norte de Europa, el fraude y fracaso de las que él denomina "dictaduras del proletariado", etc. Desde este análisis y desde su propia trayectoria valora y juzga los movimientos transformadores, en especial el libertario con honda sinceridad y visión autocrítica, y se atreve a pronosticar y proponer las líneas de acción de cara a la creación de una sociedad futura.

A pesar de mantener y fundamentar extraordinariamente la tradicional oposición del anarquismo a la institución del Estado, Abad se muestra en esta obra como un anarquista tranquilo, humilde, absolutamente posibilista. Reconocido a clásicos como Proudhon, Kropotkin o Reclús, prefiere ver lo bueno que ofrece cada modelo actual y pasado más que insistir en sus aspectos negativos. Prefiere sumar, apuesta por la paciencia, por la noviolencia, por el proponer más que por el destruir.

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NotaPublicado: Lun Ago 22, 2011 3:12 am 
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Registrado: Mié Sep 06, 2006 11:22 pm
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 Abad de Santillán, Diego - Ricardo Flores Magón. El Apóstol de la Revolución [1925].pdf  [587.7 Kb]

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