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BEEVOR, Antony

Libros, autores, cómics, publicaciones, colecciones... La lectura refuerza poderosamente la razón.

BEEVOR, Antony

Nota Dom Jul 20, 2008 7:03 pm
Antony Beevor

Portada
(Wikipedia | Dialnet)


Introducción

    [fuente] (14 de diciembre de 1946) es un historiador británico, autor de varios ensayos convertidos en superventas.


    Datos biográficos

    Está relacionado con una larga sucesión de mujeres escritoras, ya que es hijo de Carinthia "Kinta" Beevor (1911 – agosto de 1995), ella misma hija de Lina Wakefield, y descendiente de Lucie Duff-Gordon (autora de un carné de viaje a Egipto). Kinta Beevor es por su parte la autora de A Tuscan Childhood ("una infancia toscana").

    Estudió en el Winchester College y en la Real Academia de Sandhurst. Siguiendo las huellas de uno de los más célebres historiadores sobre la Segunda Guerra Mundial, John Keegan, Beevor es autor de numerosas obras que para algunos son controvertidas, e innovadoras para otros, en particular sobre las batallas de la Segunda Guerra Mundial (Stalingrado, Berlín y Creta), pero también una historia de la Guerra Civil española que ha recibido igualmente críticas, por parte de la derecha española, u otras obras sobre el siglo XX en general.

    En tanto que antiguo oficial del 11º Regimiento de Húsares del Ejército británico, ha tenido acceso, tanto para la batalla de Stalingrado como para la de Berlín, a los archivos soviéticos, inaccesibles para los investigadores hasta 1991. De este modo ha renovado en profundidad la Historia militar y política de la Segunda Guerra Mundial.

    Sus trabajos más conocidos, los superventas Stalingrado y Berlín 1945. La caída, explican batallas de la Segunda Guerra Mundial entre la URSS y la Alemania nazi. Han sido celebrados por su estilo vibrante y preciso, y por el uso de los archivos soviéticos recientemente puestos a disposición de los investigadores para su consulta. Por el libro Stalingrado recibió el Samuel Johnson Prize, el Wolfson History Prize (1998) y el Hawthornden Prize (1999).

    Sus obras hablan de las atrocidades cometidas por ambas partes en conflicto, pero resultan especialmente remarcables por su estudio prácticamente exhaustivo de los crímenes menos conocidos cometidos por el Ejército Rojo desde su entrada en territorio alemán, incluyendo el pillaje y la violación masiva y sistemática de mujeres alemanas.

    Otro de sus libros trata sobre Creta durante la guerra: Crete: The Battle and the Resistance (Creta: la batalla y la resistencia), y por el que recibió el Runciman Prize. Mientras que en El día D. La batalla de Normandía, sostiene que, tras el desembarco, la inhumanidad de los nazis (ejecución de prisioneros, mutilaciones, quema con lanzallamas de paracaidistas atrapados en los árboles) fue contestada por los aliados con igual «salvajismo», denunciando así las matanzas sumarísimas de alemanes y los bombardeos aéreos indiscriminados sobre poblaciones normandas, que acabaron con miles de civiles franceses.

    En septiembre de 2003 relevó a Philip Pullman como presidente de la Sociedad de Autores. En julio de 2004 recibió el título honorífico de Doctor de Letras de la Universidad de Kent.

    Es miembro del comité de la Biblioteca de Londres y profesor invitado de las Cátedras de Historia, Ciencias de la Antigüedad y de Arqueología en la Universidad Birkbeck de Londres.

    Está casado con Artemis Cooper, nieta de Lady Diana Cooper.




Ensayo



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Nota Lun Jul 21, 2008 4:12 pm
Sobre La Guerra Civil española, de Antony Beevor

Compré este libro después de leer un post del compañero Manu García en Libros sobre la guerra civil en alasbarricadas, lo reproduzco a continuación, pero podéis visitar el enlace, luego nos tiramos otro ratillo hablando más del libro:

Señoras y señores: estamos de enhorabuena. Por fin, tras más de 20 años, se ha editado en castellano el libro de Antony Beevor La guerra civil española. He aquí su reseña en El País de hoy a cargo del historiador Santos Juliá, poco sospechoso de simpatías por el anarcosindicalismo y habitual adorador de la "república de orden" y del "gobierno de la victoria" de Negrín:

Al final, habremos salido ganando. Ya era raro que una estimable historia de la Guerra Civil española, muy crítica del estalinismo, muy comprensiva hacia el anarquismo, escrita por un británico y publicada en 1982, no hubiera encontrado en España quien la tradujera y editara. Saturación, tal vez; o quizá sospecha de que las historias generales habían agotado sus posibilidades o, como afirmaba Stanley Payne, que la Guerra Civil ya no atraía a primeras figuras de la historiografía mundial, o por la razón que fuera, lo cierto es que The spanish civil war, de Antony Beevor, pasó inadvertida para los editores españoles.

Pero como no hay mal que por bien no venga, "La Guerra Civil española" que ahora se ofrece -por cierto, en una excelente traducción- es una versión sustancialmente mejorada de la que apareció en inglés hace más de veinte años. Beevor ha incorporado a su anterior trabajo nueva documentación, procedente sobre todo de archivos rusos y alemanes, ha seguido con encomiable atención lo que él mismo califica de inmenso trabajo de historiadores españoles en archivos locales y ha escrito así, manteniendo su estructura y matizando y enriqueciendo sus análisis políticos, un libro nuevo, basado en un amplísimo manejo de fuentes y vacunado por completo de las patrañas del sedicente "revisionismo" que tanta mentira ha acumulado en años recientes.

Un libro que se lee, y esto no sorprenderá a quienes conozcan sus tan celebrados "Stalingrado" y "Berlín, la caída", extraordinariamente bien, tanto por nuevos lectores como por los ya familiarizados con la inmensa bibliografía sobre la Guerra Civil. Así es porque, desde el primer momento, Beevor recrea el clima político de la época como si fuera un presente que a todos interpela, en el que se debaten problemas y se juegan destinos que a todos nos afectan y nos importan. La estructura del libro, el ritmo de la acción, los apuntes sobre los personajes, el terror blanco y el terror rojo, la revolución, las pugnas entre partidos, la intervención extranjera: todo, aunque pertenezca a "otro país", vuelve a hacernos presente la guerra como si aún subieran llamas de los incendios de aquellos años.

Pero es en el relato y en el análisis de las acciones militares donde brilla el mejor Beevor, el que sigue día a día, hora a hora, el desarrollo de la acción y el que elabora el balance definitivo sobre la estrategia de los militares profesionales republicanos, apoyados, hasta la ruptura final, por el partido comunista. La República, como ya aconsejó su presidente al nuevo Gobierno nombrado en mayo de 1937, no tenía más alternativa que fortalecer su defensa en el interior para no perder la guerra en el exterior y forzar así una paz negociada. El Estado Mayor, y muy particularmente el general Vicente Rojo, con la aprobación y el impulso de Juan Negrín y -hasta su salida del Gobierno- de Indalecio Prieto, intentaron una y otra vez la ofensiva que rompiera por el centro el frente enemigo para aliviar la presión sobre otras zonas en peligro. Fue un error catastrófico. Primero, Teruel, después el Ebro, dan la razón a Beevor cuando afirma que para dirigir la guerra de modo eficaz la República tenía que haber combinado una estrategia defensiva con ataques cortos, rápidos, de tanteo, en puntos distintos, que hubieran sembrado la confusión en el enemigo.

No fue así: los dirigentes políticos y militares de la República prefirieron lanzar ofensivas en campo abierto, para romper el frente y aprovechar la ventaja de la sorpresa, sin tener en cuenta su evidente inferioridad aérea y su escaso equipamiento de artillería. De esta forma, cuando el avance llegaba al punto máximo y quedaba paralizado, grandes contingentes de soldados se ofrecían como fácil blanco a los aviones italianos y alemanes y a la superior artillería del enemigo. Porque, y éste es otro de los convincentes análisis de Beevor, Franco tampoco sabía hacer más guerra que la del carnero, la de acometida frontal: al cabo, todos dependían de la doctrina militar francesa. La lentitud de su avance, la exasperante -para sus aliados: Hitler, Mussolini- capacidad para desaprovechar ocasiones favorables, habría podido servir a los intereses de la República si un ejército reconstruido por el Gobierno de Negrín hubiera forzado, gracias a una defensa inexpugnable, una salida negociada a la guerra.

Que la estrategia militar republicana no fue la mejor de las posibles queda claro en su quiebra final y en la terrorífica construcción de "la España nueva". Beevor acierta de nuevo al no cerrar su historia con el desfile de la victoria de los insurgentes y al dedicar los últimos capítulos al "gulag de Franco", a las cárceles, la represión y el exilio, a eso que el autor llama "guerra inacabada". La guerra, en efecto, no terminó el 1 de abril de 1939, que fue sólo el día de la victoria de los generales insurrectos. Como Dionisio Ridruejo escribirá en Le Monde a propósito del "delito continuado" que sirvió de pretexto para llevar a Julián Grimau en 1963 ante un pelotón de fusilamiento, España sufrió durante años sin fin un "état de guerre continu", un estado de guerra continuado: quien quiera saber por qué no perderá el tiempo leyendo este libro, llamado a ocupar un lugar de primera línea entre las historias generales de la Guerra Civil.


Otra reseña en La Malatesta donde lo puedes comprar:

Antony Beevor
904 Pgs. 16 x 23 cm. Tapa Dura. ISBN: 84-8432-665-9

Desde la muerte del general Franco se han publicado muchos estudios sobre aspectos parciales de la guerra civil española, pero ninguna gran síntesis general que pudiera reemplazar a las obras que un día fueron famosas y que hoy, ante el considerable avance realizado por las investigaciones históricas, están desfasadas.

El primer mérito de este nuevo libro de Antony Beevor es, precisamente, el de basarse en un serio esfuerzo de documentación que recoge hasta los resultados más recientes de las investigaciones realizadas en España, y fuera de ella, en las últimas décadas, a lo que añade además una serie de informaciones procedentes de documentación hasta ahora desconocida de los archivos soviéticos y alemanes, como las que proceden del diario de guerra privado del coronel Von Richthofen.

Es cierto que el de la guerra civil española es un campo en que, como dice el propio autor, «todavía nos rondan los fantasmas de las batallas de propaganda que se libraron hace setenta años», y que nadie escapa a sus efectos. Pero, al margen de representar su propia toma de posición en unos debates que dividen todavía hoy a la sociedad española, este libro va a convertirse, por sus aportaciones, en una obra de referencia indispensable para el conocimiento de nuestra guerra civil. Sin olvidar que está escrito con la garra de narrador que ha convertido a Antony Beevor en el mejor cronista de los hechos de guerra de nuestro tiempo.

Este producto esta en nuestro catálogo desde lunes 27 noviembre, 2006.


He leído con el mismo título a otros hispanistas extranjeros, pero éste es el mejor. Todo, con lujo de detalles.

A destacar los capítulos "El terror rojo" y "El terror blanco", ahora que parece que lo que importa son las personas asesinadas, Beevor pega un buen repaso a la represión de ambos grupos. Pero que nadie se lleve a engaño, del propio libro:

La naturaleza de la represión nacional no tuvo nada que ver con la de la violencia en zona republicana. En primer lugar hay que tener presente que la idea de hacer «limpieza» formaba parte de los planes golpistas. Ya Mola, en la instrucción del 30 de junio relativa a Marruecos, ordenaba «eliminar los elementos izquierdistas: comunistas, anarquistas, sindicalistas, masones, etc.».1 Pero Queipo de Llano, que calificó a su «movimiento» de «depurador del pueblo español», ya no hablaba de anarquistas o comunistas, sino de cualquiera que simpatizara «con corrientes sociales avanzadas o simples movimientos de opinión democrática y liberal».2 Los nacionales, en efecto, tenían que llevar a cabo una represión dura e intensa para arrancar de cuajo la experiencia democratizadora de la Segunda República e impedir que volviera a intentarse. Lo expresó muy bien uno de los jefes de prensa de Franco, el capitán Gonzalo de Aguilera, en la entrevista que le hizo el periodista norteamericano John Whitaker: hay que «matar, matar y matar» a todos los rojos, «exterminar un tercio de la población masculina y limpiar el país de proletarios».3 Es decir, que la represión que llevaron a cabo los nacionales no fue tanto consecuencia de los enfrentamientos como uno de los requisitos del golpe de estado.4 Entre julio de 1936 y comienzos de 1937 los nacionales permitieron la matanza «a discreción», bajo el bando de guerra, pero luego la represión se planificó, dirigió y se realizó metódicamente, alentada por las máximas autoridades militares y civiles y bendecida por la Iglesia católica.. (pp. 118-119)

Ahora la derecha lo quiere dejar en que hubo muchos muertos en ambos bandos y que es mejor no menearlo, nada más lejos de la realidad, Queipo de Llano dijo que matarían diez republicanos por cada nacional muerto, y eso es lo que hicieron.

Un buen libro para imprimir, completo y ameno que en eMule parece que está entero.


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