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Textos de combate de Izquierda Anticapitalista (2009-...)

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Textos de combate de Anticapitalistas
(España, 2009-...)

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Introducción


En la introducción al texto nº 1, Mayo del 68, se escribió:1968 en el mundo

La lucha antiimperialista está en el corazón de las movilizaciones de la juventud en varios lugares del mundo a lo largo del año 1968. Esos movimientos de protesta masivos y radicales van a tener, en primer lugar, como objetivo a los EEUU, los cuales están en ese momento perdiendo su guerra contra Vietnam; pero también la URSS, que enviará sus blindados para acabar con la fiebre liberadora del pueblo checoslovaco. En ese mismo momento, movilizaciones progresistas se desarrollan en torno a frentes internos en diferentes países.

En México, los estudiantes se oponen al régimen de partido único amenazando el normal desarrollo de los juegos olímpicos, mientras que en EEUU el pastor Martin Luther King es asesinado, provocando la sublevación de los ghettos negros contra la sociedad racista.

Unidad contra el imperialismo yankee en Vietnam. Desde los acuerdos de julio de 1954, Francia está fuera de Indochina, y Vietnam se ve dividido en dos: en el norte se constituye una república apoyada por la URSS bajo la presidencia de Ho Chi Minh y, en el sur, un estado autoritario pro americano. A partir de 1961, una guerrilla favorable al norte de Vietnam, el Vietcong, amenaza el régimen del sur. Éste, para mantenerse, pide ayuda a EEUU.

De 1962 a 1967, los efectivos americanos en el sur de Vietnam pasan de 3.000 a 530.000 hombres. La guerra que éstos llevan a cabo es verdaderamente una guerra brutal. La ofensiva del Têt, llevada a cabo por el Vietcong, sorprende a los norteamericanos por su amplitud. Entran entonces en una lógica de guerra total: el primero de noviembre de 1968, un millón de toneladas de bombas son lanzadas sobre Vietnam del Norte.

Miles y miles de pueblos acaban siendo la diana favorita de los americanos, como demuestra el ejemplo del pueblo de My Lai, donde una brigada de soldados norteamericanos masacró a 405 civiles el 16 de mayo de 1968. La barbarie del imperialismo yankee federó la movilización internacional. En Francia, centenares de comités contra la guerra de Vietnam son creados, mientras que en EEUU los campus universitarios se movilizan.

En Alemania, en Italia, en Japón, se organizan manifestaciones gigantescas. Este crecimiento por parte de la presión internacional y la resistencia heroica del pueblo vietnamita conducirán al cese de los bombardeos y, en 1973, a la retirada de las tropas americanas de Vietnam.

En la introducción al texto nº 2, Qué es la revolución rusa, se escribió:La Revolución rusa es uno de los acontecimientos políticos fundamentales del siglo XX. Durante mucho tiempo modelo de cualquier estrategia revolucionaria, sigue suscitando hoy la reflexión de los revolucionarios. Ello no quiere decir que cada uno de sus aspectos se repetirá en diversos países; comporta rasgos específicos, rusos, ligados al contexto de principios del siglo XX. Pero proporciona un ejemplo vivo de revolución victoriosa que es importante comprender y del que se pueden extraer algunas lecciones de alcance general.

Mostró que la revolución proletaria era posible, pero que, a su vez, el derrocamiento de la burguesía no conduce necesariamente al socialismo.

Si bien los revolucionarios siempre han tenido tendencia a idealizarla un poco, siempre ha sido caricaturizada por burgueses y estalinistas. Desde el fin de la URSS (1991), se ha producido un verdadero machaque ideológico: Marx = Lenin = Stalin; la Revolución de Octubre no fue más que un golpe de Estado; comunismo = nazismo.

Ninguna de estas afirmaciones es nueva, pero ahora se acompañan de una masa de documentos inéditos que se han vuelto accesibles gracias a la apertura de los archivos.

El hundimiento del muro de Berlín en 1989 y la desaparición de la URSS en 1991 cerraron el siglo inaugurado por la Revolución de octubre de 1917.

Su degeneración no ha dejado de influenciar trágicamente la lucha de los pueblos del mundo por su emancipación y no podemos comprender lo que ha sucedido sin haber estudiado este primer ejemplo histórico de “dictadura del proletariado” victoriosa.

En una palabra, conocer Octubre de 1917 es indispensable para imaginar lo que podrá ser la “revolución socialista del siglo XXI”.

En la introducción al texto nº 3, La crisis económica mundial, se escribió:La lógica del capital El hecho de que el capitalismo tenga una historia tan accidentada, tan plagada de crisis, no es un hecho casual o aleatorio, sino que se deriva de la naturaleza intrínsecamente conflictiva de la lógica del capital. Sintéticamente, la contradicción básica del capitalismo es que mientras que la obtención de rentabilidad es el motor de su funcionamiento, al funcionar tiende a deteriorar las bases que alimentan dicha rentabilidad.

Así, por un lado, en una economía capitalista la inversión (que es lo que determina la producción) depende de que los capitalistas obtengan rentabilidad “suficiente” para seguir invirtiendo y produciendo. No se produce cuando es socialmente necesario, ni se produce lo que es socialmente más importante producir, sino cuando es rentable hacerlo y aquellas mercancías cuya producción va a permitir obtener ciertos beneficios con respecto al capital invertido. Por eso, la tasa de rentabilidad o de ganancia, que es la proporción de beneficios obtenidos respecto al capital inicial invertido, es la variable clave de la economía capitalista. Y, precisamente, debido a lo importante que es para los capitalistas el obtener una determinada tasa de rentabilidad, éstos hacen siempre todo lo posible por aumentarla. El problema es que, para ello, el capital despliega estrategias que son eficaces desde el punto de vista de una fracción determinada del capital, o durante un período de tiempo limitado, pero que tienden a deteriorar las bases mismas del proceso productivo del que se alimentan los beneficios de los capitalistas. Esta tendencia “suicida” del capital, que le lleva a deteriorar lo que para él es más importante, la tasa de rentabilidad, se expresa periódicamente bajo fórmulas diversas. Un ejemplo, que explicaremos con más detalle más adelante, es cómo las medidas neoliberales que se han estado aplicando para intentar contrarrestar la crisis de rentabilidad que se arrastra el capitalismo mundial desde los años setenta y, en concreto, aquellas orientadas a expandir las oportunidades de negocio en el ámbito financiero, se convierten en origen de nuevas crisis.

Esta contradicción básica del capitalismo es a lo que Marx, y en general la teoría marxista, se refiere con la expresión de “ley del descenso tendencial de la tasa de ganancia”, según la cual, la tasa de beneficio de la economía presenta factores estructurales que tienden a reducirla. Conviene no obstante hacer una importante matización: esta contradicción existe y, de hecho, es fundamental para explicar la irracionalidad del sistema capitalista y su recurrente vocación suicida (que se evidencia, como luego explicamos, en las crisis periódicas). Pero hay una multiplicidad de factores (entre los que la lucha de clases ocupa un lugar central) de los que depende que esta contradicción intrínseca del capitalismo termine resultando, o no, en una reducción efectiva de la tasa de ganancia; o que explican por qué los problemas de rentabilidad surgen en un momento histórico concreto y se expresan de una forma específica y no de otra. Lo veremos con más detalle al explicar la crisis de rentabilidad iniciada en los años setenta. [...]

En la introducción al texto nº 4, ¿Qué es el proceso de Bolonia?, se escribió:En los últimos años, hemos visto cómo las reformas universitarias se han convertido en una obsesión de los gobiernos europeos. Lxs ministros de educación anuncian profundas reformas universitarias como condición para convertir Europa en un actor competitivo en la “sociedad del conocimiento”. Esta nueva sociedad parece prometernos un futuro en el que la ciencia será el motor del progreso, en el que el crecimiento será ilimitado y las condiciones laborales serán cada vez más favorables al trabajador. Ante la crisis financiera, las autoridades dicen que hay que aprovechar para avanzar hacia la “sociedad del conocimiento” como única manera de relanzar el crecimiento.

De la universidad de masas a la universidad empresa. La oportunidad parece ser de oro para la Universidad: llamada a estar en el corazón de la futura sociedad, todos los esfuerzos se dirigen a remodelarla, modernizarla y mejorarla. Quienes no ven las enormes ventajas de este cambio son, o bien profesores funcionarios demasiado agarrados a sus privilegios, o bien estudiantes manipulados por grupos antisistema infiltrados.

Ahora bien, si dejamos de lado los discursos liberales utópicos de lxs que mandan, ¿cómo puede explicarse este súbito interés por reformar la Universidad? ¿Y qué efectos puede tener todo esto sobre su funcionamiento, su composición, sus funciones? La única manera de entenderlo es entender las nuevas funciones que la universidad comienza a asumir en el capitalismo del siglo XXI.

De hecho, no es la primera vez que la reforma de la Universidad está a la orden del día. Ya a finales de los años 60, la Universidad fue sometida a un serio proceso de remodelación. En aquella época, un aumento del nivel de vida de la población había permitido un acceso masivo de la juventud a la Universidad. Esta institución, hasta el momento reservada a unas elites sociales bastante restringidas, comenzó a verse obligada a acoger en su seno a jóvenes de clase media e hijos de trabajadores, que no provenían de las elites ni estaban destinados a pertenecer a ellas. Esta masificación del alumnado contrastaba con la estructura vertical, antidemocrática y estamental de las universidades, que fue sometida a una severa crítica en los movimientos estudiantiles de los años 60 y 70.

François Sabado, en el texto nº 5, Elementos centrales de estrategia revolucionaria, escribió:A pesar de que las correlaciones de fuerza a nivel mundial siguen siendo claramente desfavorables para el mundo del trabajo, una serie de factores vuelven a poner a la orden del día una nueva discusión sobre cuestiones estratégicas: la crisis del neoliberalismo, la guerra de Irak y las amenazas de intervención en otros lugares del mundo, la remodelación social-liberal del movimiento obrero y sus contradicciones, la discusión en el seno de la izquierda sobre la participación gubernamental, la profundidad de la crisis social y política en América Latina, los procesos revolucionarios en Venezuela y Bolivia, la discusión impulsada por Chávez sobre el socialismo del siglo XXI... Hay un retorno de las cuestiones estratégicas.

Algunos comentarios sobre la historia de nuestros debates sobre cuestiones estratégicas. La historia de las discusiones estratégicas en la LCR está marcada por dos etapas. La primera, entre mayo del 68 y finales de los años 70, al calor de las situaciones pre-revolucionarias en el sur de Europa. La segunda se caracterizó más bien por la falta de discusión. En esta primera fase, los debates de los años veinte en el seno de la Internacional Comunista, pero también una serie de discusiones en torno a las experiencias revolucionarias, fueron revisitadas. Mayo del 68 había sido analizado como un ensayo general, al modo de las relaciones que guardaban las revoluciones rusas de 1905 y 1917, pero nuestro análisis jamás se redujo a los problemas rusos. Desde los años setenta habíamos distinguido las especificidades de la Revolución rusa y las de las revoluciones en Europa y América Latina. Los encuentros de formación de cuadros de la Liga, impulsados en particular por Ernest Mandel, se habían centrado particularmente en Alemania, Italia, España, Chile, etc…

Estas discusiones estratégicas guardaban una relación directa con un análisis del periodo marcado, como pensábamos en la época, por una nueva actualidad coyuntural de la revolución. Situaciones pre-revolucionarias fueron anunciadas en los cuatro o cinco años siguentes en Europa. En América Latina se decidió adoptar una estrategia de lucha armada en una perspectiva de conquista del poder a corto plazo, en países como Bolivia y Argentina. Para algunos, “la historia nos mordía la nuca”.

El cambio de ciclo que se vivió a finales de los 70 y principios de los 80, con un alejamiento de las perspectivas revolucionarias, frenó esos debates, con la salvedad de alguna que otra incursión durante los encuentros de cuadros de los años 86-87.

Por ejemplo, el Manifiesto que publicó la LCR francesa en 1992 pasaba de puntillas sobre estos asuntos. “La caída del muro obligaba”, se hacía necesario volver sobre nuestra historia –la de la Revolución rusa y la degeneración estalinista– y actualizar nuestras ideas-fuerza. Cuestión de prioridades. Pero perdimos el hilo de la discusión estratégica. La diferencia es clara entre el Manifiesto de 1992 y el de 2005, que retoma, aunque sea modestamente, algunas pistas estratégicas. [...]

Michael Löwy, en la introducción al texto nº 6, Su Europa y la nuestra, escribió:La historia de la “integración europea”, a partir de la creación de la Comunidad Europea del Carbón y el Acero (CECA) en 1951 y, sobre todo, desde el Tratado de Roma de 1957, ha tenido como rasgo predominante el de ser un proceso de construcción de un espacio-mercado común al servicio de las elites dominantes en los Estados firmantes de esos acuerdos, siempre en alianza con la gran potencia estadounidense sobre la base de una firme alianza militar en el marco de la OTAN, creada en 1949. Los genes del neoliberalismo estaban ya en ese mismo Tratado, en el que ya se apostaba por la libre circulación de mercancías, trabajadores, servicios y capitales y por eliminar todo tipo de restricciones al comercio y a los intercambios internacionales, al mismo tiempo que se rechazaba cualquier petición de inclusión de políticas que apostaran por la armonización social entre los países miembros. Ese proyecto –dirigido a modificar la relación de fuerzas entre capital y trabajo a escala europea occidental- pretendía en realidad ir marcando los límites al desarrollo de unos Estados de bienestar que, en función de las diferentes relaciones de fuerzas impuestas por los movimientos obreros de la posguerra, se fueron configurando hasta mediados del decenio de los 70.

Michael Löwy, en la introducción al texto nº 7, ¿Qué es el ecosocialismo?, escribió:El crecimiento exponencial de la contaminación del aire en las grandes ciudades, del agua potable y del medioambiente en general; el calentamiento del planeta, el derritimiento de los glaciales polares, la multiplicación de catástrofes “naturales”; la destrucción de la capa de ozono; la destrucción, a una velocidad creciente, de los bosques tropicales y la rápida reducción de la biodiversidad por la extinción de miles de especies; el agotamiento de tierras, su desertificación; la acumulación de residuos, principalmente nucleares, imposible de manejar; la multiplicación de accidentes nucleares y la amenza de un nuevo Chernobyl; la contaminación de la comida, las manipulaciones genéticas, las “vacas locas”, la carne con hormonas. Se encienden todas las alarmas: es evidente que el curso enloquecido de las ganancias, la lógica productivista y la mercantilización de la civilización capitalista/industrial nos conduce a un desastre ecológico de proporciones incalculables. No es ceder al «catastrofismo» constatar que la dinámica del «crecimiento» infinito inducido por la expansión capitalista amenaza los fundamentos naturales de la vida humana en el planeta.

¿Cómo reaccionar frente a este peligro? El socialismo y el ecologismo —o, por lo menos, algunas de sus corrientes— tienen objetivos comunes que implican un cuestionamiento de la autonomización de la economía, del reino de la cuantificación, de la producción como meta en sí misma, de la dictadura del dinero, de la reducción del universo social al cálculo de márgenes de rentabilidad y a las necesidades de la acumulación del Capital. Ambos defienden los valores cualitativos: el valor de uso, la satisfacción de las necesidades, la igualdad social, la preservación de la naturaleza, el equilibrio ecológico. Ambos conciben la economía como una “pieza” en el medio: social para el algunos, natural para otros.





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