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SOLANAS, Valerie (1936-1988)

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Valerie Solanas

Portada
(Wikipedia)


Introducción

    [fuente] Según varias biografías, sabemos que Valérie Jean Solanas nació un 9 de abril de 1936 en Ventnor, Nueva Jersey. Hija de Louis y Dorothy Bondo Solanas. Durante su infancia fue víctima de abusos sexuales paternos. En el año 1940 sus padres se divorciaron y Valérie se mudó a Washington junto a su madre, que en 1949 contrajo segundas nupcias con Red Moran.

    Según algunas biografías, Valérie era testaruda y rebelde y se negaba a asistir a sus clases en una escuela secundaria católica. Para obligarla a asistir su abuelo le daba azotes.

    A la edad de 15 años Valérie se encontró completamente sola y en la calle. Comenzó a salir con un marinero y, según algunas fuentes, quedó embarazada y tuvo un hijo llamado David que dio en adopción. Gracias a su tesón logró graduarse y terminar los estudios de secundaria en 1954. Tras graduarse asistió a la Universidad de Maryland donde demostró ser un buena estudiante. Para pagarse sus gastos trabajó en el laboratorio de animales del departamento de psicología y colaboró con un periódico estudiantil en el que publicaba una columna donde argüía que las mujeres podían procrearse sin la ayuda de los hombres y que deberían hacerlo.

    Tras licenciarse estuvo a punto de completar un año de trabajo de postgrado en psicología en la Universidad de Minnesota pero abandonó los estudios para viajar por el país; mendigando y prostituyéndose para mantenerse hasta recalar en la legendaria Greenwich Village en 1966. Fue allí donde escribió su primera obra de teatro Up your ass ("Que te den por culo") que trata sobre una prostituta y mendiga que odia a los hombres. En una versión, la mujer asesina al hombre, en otra versión una madre estrangula a su hijo.

    A comienzos de 1967 Solanas se acercó al estudio de Andy Warhol, The Factory (la fábrica), para ver las posibilidades de producir su obra y le entregó una copia del manuscrito. En ese mismo año Solanas escribió y editó su Manifiesto Scum. Mientras vendía copias xerografiadas de su Manifiesto por las calles conoció al editor francés Maurice Girodias de la Editorial Olympia Press. Girodias se especializaba en publicar obras de autores “malditos” como William Burroughs, Henry Miller y Jean Genet entre otros. El texto de Solanas le interesó y le pagó un adelanto para escribir una novela basada en su Manifiesto. Con ese dinero Solanas viajó a San Francisco.

    En mayo de 1967, después de que Warhol hubiese regresado de un viaje a Francia e Inglaterra, Solanas le exigió que le devolviera su manuscrito. Warhol le dijo que lo había perdido. Aparentemente, Warhol nunca tuvo la intención de producir Up your Ass ni como obra teatral ni como película; el manuscrito sencillamente se perdió entre el montón de textos que recibía en su estudio. Solanas comenzó a telefonearle insistentemente, exigiendo que Warhol le pagara algo por su obra. En julio de 1967 éste le pagó 25 dólares por actuar en “I, a man” un largometraje que estaba produciendo con su socio Paul Morrissey y en el mismo año la volvió a contratar para que apareciera en “Bikeboy”, otra de sus películas. Warhol parecía contento con la actuación de Solanas y ella a su vez se sentía lo bastante satisfecha con su actuación como para invitar a su editor Girodias a ver la edición final de la película.

    Tras sus intervenciones en ambas películas Valérie fue entrevistada por varios medios. En una de estas entrevistas Solanas habla sobre el contrato que había firmado con Girodias. Según Solanas, al firmar ese contrato había cedido todos los derechos sobre lo que escribiera en el futuro. En su mente, Warhol se había apropiado de su obra “Up your Ass”, y ahora pretendía que Girodias le robara toda su obra para su uso exclusivo sin pagarle un centavo a ella.

    En la primavera de 1968, Solanas se acercó para pedirle dinero a Paul Krassner, editor de un periódico underground (The Realist), diciendo “quiero pegarle un tiro a Girodias”. El dinero le fue concedido y Valérie compró una pistola.

    El 3 de junio de 1968 Solanas se dirigió al Hotel Chelsea donde Girodias se alojaba. Él no estaba y no iba a regresar hasta el cabo de unos días. Solanas esperó unas horas y luego se dirigió a La Fábrica a esperar a Warhol. Allí su socio, Paul Morrissey, le dijo que Warhol no estaba pero ella insistió y continuó esperándolo a pesar de que en varias ocasiones Morrissey insistiera en que se marchara ya que Warhol no vendría. Su paciente espera dio frutos pues dio con Warhol en el ascensor. Juntos se dirigieron a su oficina. Al verla Morrissey la amenazó duramente para que se largara pero Solanas no cejó en su empeño. Morrissey tuvo que salir de la oficina mientras Warhol atendía una llamada, momento en que Solanas le disparó tres tiros al artista. Falló los dos primeros tiros pero el tercero impactó en su pecho. Mientras Warhol se desangraba en el suelo, Solanas le disparó dos veces a Mario Amaya, un crítico que estaba esperando entrevistarse con Warhol. Éste se escapó y le tocó el turno a Fred Hughes, el representante de Warhol. Valérie le puso la pistola en la cabeza y disparó, pero ésta se encasquilló y no salió el tiro. En ese momento se abrieron las puertas del ascensor y el aterrado Fred le dijo que por qué no entraba en el ascensor y se largaba. Valérie aceptó su oferta.

    Por la noche Solanas se entregó voluntariamente a un policía en Times Square y le comunicó que acaba de dispararle a Andy Warhol. Cuando la encerraron los periodistas la recibieron con muchísimas preguntas. Al preguntarle “¿por qué lo había hecho” ella replicó: “Tengo muchas razones. Leed mi Manifiesto y os dirá quién soy”.

    En la vista judicial dijo que ella se representaría a sí misma y que no se arrepentía de nada. El juez ordenó que la trasladaran al Hospital Psiquiátrico de Bellevue bajo observación. El 13 de junio de 1968 Solanas tuvo su juicio y fue representada por una abogada feminista, Florynce Kennedy. A pesar de sus alegatos para que fuera puesta en libertad y no permaneciera encerrada, en contra de su voluntad, en un hospital psiquiátrico, el juez dictó que siguiera en Bellevue. A finales de junio Solanas fue acusada de intento de homicidio, asalto y tenencia ilícita de armas. Dos meses más tarde fue declarada inhabilitada legalmente y enviada el Hospital Ward Island.

    Justo en este mismo periodo, la editorial Olympia Press publicó el Manifiesto Scum con comentarios de Maurice Girodias y Paul Krassner. Ninguna biografía menciona que su autora haya recibido ningún pago por la venta de la obra... La “paranoia” de Solanas tal vez era totalmente justificada...

    En junio de 1969, tras declarase culpable, Valérie fue sentenciada a tres años de prisión, el año que pasó en el hospital psiquiátrico fue tenido en cuenta. Se ha sugerido que la negativa de Warhol a testificar sirvió para que tuviera una condena bastante breve.

    En septiembre de 1971 Solanas salió en libertad pero fue arrestada nuevamente en noviembre por enviar cartas y hacer llamadas amenazantes a diversas personas, incluyendo a Warhol. Durante el año 1973 entró y salió de hospitales psiquiátricos y en 1975 pasó un periodo de ocho meses en el hospital South Florida.

    A partir de esa fecha, Valérie concede algunas entrevistas pero no se vuelve a saber mucho de ella. Ediciones de Feminismo, la primera editorial española que publica su manifiesto en España rastrea su paradero hasta dar con ella para expresar su firme interés en publicar su obra en castellano. Tras muchas conversaciones Solanas accede. Según las compañeras que trabajaban en el colectivo Vindicación Feminista en esos años, la autora solía llamar y en ocasiones cambiaba la voz, haciéndose pasar por una amiga, o por su agente. No le interesaba cobrar derechos, lo más importante para ella era que dentro del colectivo hubiese lesbianas. En sus conversaciones siempre ocultó su paradero dando informaciones contradictorias con el fin de no ser localizada de nuevo.

    El 26 de abril de 1988, Valérie Solanas fallece de bronconeumonía a la edad de tan sólo 52 años, sola y sin dinero en un asilo benéfico en San Francisco. Según diversas fuentes, era drogadicta y continuaba prostituyéndose para pagar su adicción. Su cuerpo fue enterrado en el cementerio de la Saint Mary’s Catholic Church, Virginia, EEUU.




Ensayo





Relacionado:


fuente: http://www.sindominio.net/karakola/anti ... s/scum.htm



Carmen Alcalde, en la presentación de SCUM, en Ediciones de Feminismo, primera edición, noviembre de 1977, escribió:Un impacto de agravio – dice en su prólogo Ana Becciu – es lo que quiere producir Valérie Solanas en su Manifiesto dolorido y asqueado para la Exterminación del Hombre. Agravio no sólo verbal sino que trasciende al impulso, deseado e incontrolado, de herir a muerte, físicamente, al Hombre, encarnado en el director de cine Andy Warhol.

Por agredir con el verbo y con la acción, al macho, la sociedad machista se venga, la excluye, la encarcela y la interna. Desarrollado en su más alto grado de la furia del animal herido, el macho revuelca a su agresora en un postrer estertor, la enfanga y la abisma en la profundidad de un vacío manicominial que no la deja emerger. Por agredir con dos disparos al macho que la ha estafado, el Macho grita que Valérie es altamente peligrosa para el Sistema y pretende eliminarla matándola de agonía lenta en un asilo de locos.

Algunos, tras el episodio de guerra contra el Hombre declarada por Valérie, la creen muerta; otros, desaparecida. Se la ha atado en camisa de fuerza y amordazado con el crespón de la venganza. Pero su SCUM, el primer poema maldito capaz de enervarla y enervanos a todas, hasta cometer agravio de muerte, crece y se reproduce sobre los restos disecados de todos los Hombres, como una ola gigante que arrastra fatalmente el océano de mujeres de ira.

El SCUM llega con retraso a nuestro océano. Su eco, sin embargo, nos tenía, a muchas, transidas. Ahora, ¿con regocijo? sentiremos, a través del cordón umbilical que nos une al grito de Valérie, el estertor y el asco de su revulsiva vomitada. Y nos poseerá su clamor poético que nos conducirá a la acción de su verbo encarnado en el furor.

Ana Becciu, en el prólogo a su traducción de SCUM para Ediciones de Feminismo, primera edición, noviembre de 1977, escribió:Nuestra sociedad es la carcasa, que desvela, a medida que el germen de la corrosión avanza, el núcleo opaco donde Nada y Nadie crían sus huevos. Esta sociedad genera a sus parias y a sus excéntricos, los encargados de mostrar la otra cara, maldita, del paraíso occidental. Desgraciadamente, estos elementos muchas veces sólo sirven para que el paraíso, en su forma más aterradora, subsista y se eternice.

Los ex-céntricos son aquellos que, como la palabra lo indica, han sido apartados del centro, están afuera, no se les permite entrar, pero tampoco desean entrar. El centro es el kibutz encarnación del bien, la deliciosa sociedad de consumo inventada para que todo sea posible, todo lo menos peligroso, es decir, todo lo carente de imaginación y de creatividad; así, no seria falso asociar esta imagen del centro con el recuadro del televisor que adorna cada hogar respetable y amante del bien.

Larga es ya la trayectoria de las mujeres que han levantado su voz contra el orden imperante (entendámonos, el desorden imperante) en el cual ellas han sido, desde los comienzos de nuestra civilización, las excéntricas por definición.

En los últimos veinte años hemos visto al gran país del Norte producir las manifestaciones de muchos y de muchas que reclamaron para sí la condición de ex-céntricos. Los más no hicieron sino asimilarse oportunamente al sistema (la mayoría de los artistas pop) y otros, pocos, desaparecieron del sistema, quedaron afuera, suicidados, o, en el mejor de los casos, reventados (Janis Joplin, Valérie Solanas).

Cada día, con mayor claridad, sabemos que hablamos solos (pero, a pesar de ellos, al hablar solos hablamos con todos – me refiero a los que utilizan la expresión y hacen de ella una obligación de manifestarse –). Nadie nos escucha, somos un ruido sordo que cruza la historia hasta convertirse en carne abierta, vibrante. Nadie dice nada. Lo que decimos es nada. Esta nada brilla. Nombra la ausencia en la historia: la ausencia del hombre. El hombre, dijo una vez Michel Foucault, es un invento de hace sólo doscientos años, pero un invento ya viejo, puesto que no hace más que señalar nuestra finitud, somos esta finitud, y lo que llamamos las ciencias humanas no hacen más que demostrar esta nada prematura que somos. ¿Para qué hablar entonces? El sembrador, el hablador, planta las oquedades de un futuro sin forma, un futuro que es un presente de carencia.

Las palabras de Valérie Solanas sirven en la medida en que están ahí, revolviendo el estómago de todos con su verbo exagerado.

Su Manifesto es el grito de una ex-céntrica. Y algo más. La metáfora, fundada en los términos del horror, del grito general alojado en la garganta de la humanidad. Su voz no podía provenir de otra parte que de la América del Norte. Porque los Estados Unidos sostienen como un bastión la excrementicia medida que ‘oscila entre el tiempo (el reloj y el calendario) y el dinero (la mierda abstracta). Protagonizan el macabro espectáculo que condena a todos los hombres y mujeres del planeta a vivir en libertad provisional, temerosos de su erotismo intrínseco, de su deseo, que no es otro que el deseo de vida, de vida presente, porque la futura, ya se sabe, no es nuestra, ni nos interesa.

El horror ha sido y es una de las características persistentes en las manifestaciones underground provenientes de los Estados Unidos. Este horror aparece aquí, en el texto de Valérie Solanas, enfatizado con la agresividad verbal, la vulgaridad deliberada; todo ello sin duda corresponde a la voluntad de la autora de producir un impacto de choque en el lector, de agravio.

No describe al hombre/macho: lo diseca, con rabia y con espanto ante la realidad que supone la mujer actual. Señala, recargando las líneas de sus rasgos, incluso generalizando hasta extremos intolerables, su inútil situación en el mundo actual (y en el anterior) cuando ya no es posible seguir sosteniendo una guerra de oposiciones, de postergaciones, y de anulaciones entre los sexos. Y el hombre/macho parece no haberse dado cuenta del peligro que lo acecha y de la necesidad imperiosa que tiene de ser persona antes que macho.

Las palabras agrias y vehementes de Valérie Solanas intentan resaltar la historia de una perdición. Al leer la descripción de la situación de la mujer con respecto a la del hombre, la inferioridad con respecto a la superioridad, el lector quedará perplejo al descubrir que la víctima real, propiciatoria del horror de la automatización, según la autora, es el hombre. La mujer, a pesar de los siglos de marginación y escarnio, ha conservado la fuerza de la restauración, la fuerza que le permitirá crecer y protagonizar (en el futuro, para Valérie Solanas, existe un futuro con mujeres a la cabeza). De ahí que al final de este Manifiesto, el hombre (visto siempre como lo inacabado y lo sin recursos) deje paso a la mujer.

La dicotomía planteada aquí entre pasividad y actividad debe ser bien entendida, si bien, tal como la expresa la autora, corre el riesgo de ser generalizada y hasta ingenua. La actividad y la pasividad son parte constitutiva de cada una de las criaturas del universo; dentro de la especie humana esta actividad y esta pasividad se resuelve en la androginia (mental) que nos mueve a cada uno, hombres y mujeres, a dar, en cuanto personas, libre curso a nuestra obra, es decir, a nuestro inalienable tender hacia, vector emergente que no es más ni menos que la pulsión del deseo.

La conclusión que el lector extrae de este Manifiesto es la siguiente: no es a la mujer a quien hoy tenemos que compadecer, sino al hombre, pues ha sido él quien ha montado las estructuras de su propia perdición; y la mujer, siempre mantenida al margen, en su calidad de ex-centrica, está hoy mejor condicionada para defenderse del horror circundante y participar en la reconstitución de una sociedad más viva, creativa y lúcida.

fuente: http://www.alasbarricadas.org/noticias/node/36626



¡SCUM! Y que usted lo pase bien



Acratosaurio rex

A las Barricadas // 3 de julio de 2016




Tenía ganas de hablar alguna vez del SCUM [1]. El manifiesto de la ESCORIA. Este panfleto es el ajuste de cuentas de una mujer creativa, una obra literaria de mérito encuadrada en el esperpento y la caricatura, un llamamiento político a la insurrección de las mujeres. Una obra de arte que recomiendo a los que hacen manifiestos fundacionales, para que comprendan que una cosa bien escrita, sobrevive a sus autores.

Cuando abrí el SCUM por primera vez, allá por los finales de los setenta, sin saber apenas inglés, quedé conmocionado. Sus palabras retumbaron en la vacía oquedad de mi cráneo con un acento español horroroso: "Life in this society being, at best, an utter bore and no aspect of society being at all relevant to women, there remains to civic-minded, responsible, thrill-seeking females only to overthrow the government, eliminate the money system, institute complete automation and destroy the male sex". ¡To-ma cas-ta-ña! ¿Quién escribió eso?

Lo primero, cuando se acerca uno a una serpiente venenosa, es conocer a cómo se la ha parido. Nace la autora, Valerie Solanas en 1936, el año de la Revolución Española. Es una joven estadounidense, de Nuevo Jersey. Inquieta, inteligente, creativa, con quince años huye del hogar para evitar las violaciones de su padre. Vive en la calle, donde se las apaña prostituyéndose. ¡Y sigue estudiando hasta que se licencia! Prosigue vagabundeando, buscándose la vida de lumia, o sabe dios cómo, hasta que se afinca en el año de 1966 en el barrio de Greenwich Village de Nueva York. Un ambiente cultural de la hostia, café, tabaco, todo muy interesante. Quiere ser escritora, guionista, conmocionar la sociedad con sus ideas.

Escribe entonces un guión de cine: "Up your ass". Es un manuscrito mecanografiado, única copia, y se lo entrega a Andy Warhol para que se lo produzca. ¿Qué hizo Warhol? Pues perder el manuscrito. ¡Perdió el manuscrito! [2]. En una época en la que las fotocopias brillaban por su ausencia, Valerie, pobre, sometida a la violencia del patriarcado, entró en cólera, ira roja, se agenció un revólver y se lió a tiros con Warhol, que quedó malherido, y con sus acompañantes. No murió nadie, no sé si por fortuna. Después de eso Valerie se pasaría la vida entrando y saliendo de la cárcel, de establecimientos psiquiátricos, hospitales y hogares de beneficencia, hasta su muerte en San Francisco, en 1988. Una desgracia. En fin, comento brevemente ese panfleto [3].

SCUM toca –como decía al principio– el palo del esperpento, estilo literario en el que se deforma de manera grotesca el mundo con objeto de realizar una crítica social. Pero, aunque retorcida, la realidad es reconocible, igual que en una caricatura se reconoce al personaje distorsionado. Y está muy bien escrito.

En SCUM Valerie muestra su absoluto desprecio por los hombres en general, a los cuales desea el exterminio más completo, la aniquilación absoluta, mediante el asesinato muy violento a ser posible. Esta idea de acabar con los hombres no es una idea nada descabellada. En un futuro mundo mejor, es más que posible que se decida democráticamente y en asamblea la eliminación del sexo masculino, o su disminución a la mínima expresión. Al fin y al cabo una mujer puede producir montones de hijos, pero un hombre no puede parir ninguno. Se acabaría la molesta división de géneros.

En su manifiesto, Valerie nos predice muchas más maravillas: la eliminación de los hombres permitiría un mundo mejor, sin gobierno ni estado, sin jerarquía ni opresión, en el que liberados de los apetitos masculinos, la especie humana –representada por las mujeres– vencería la necesidad, la enfermedad y la muerte. El programa de acción es acojonante.

Por todo ello SCUM es el horror de los machistas recalcitrantes, que lo señalan como violento, genocida y supremacista. SCUM –dicen– no es "verdadero feminismo". Cualquiera medianamente culto que os hable de la conspiración de las feministas machorras para oprimir a los hombres, acaba mencionando el SCUM. Os aseguran de que es igual que el nazismo.

Nunca hubo un asesinato en nombre del SCUM, ni hicieron campos de exterminio, ni lanzaron las feministas bombas atómicas, ni organizan desfiles militares, pero eso no importa. Los machistas temerosos ven por doquier, hordas de mujeres gordas con bigote y flequillo, afilando la navaja en las oficinas del Ministerio de la Igualdad. Para ellos el feminismo bueno es el que no les molesta, el que no les cuestiona, el que no les perjudica el ego masculino. El SCUM rezuma odio... Yo solo veo una obra de arte emocionante y divertida, la protesta de una mujer maltratada, y un ejercicio de provocación.

Señoras, si algún les da por exterminarnos para acabar con el Gobierno, destruyendo al Estado, instaurando la automatización absoluta y venciendo a la muerte, adelante muchachas. Pas de guerre à moitié. Acabad la faena. No pienso pedir piedad. Me enfrentaré sereno a la aniquilación, como un hombre, corriendo como un galgo por los barrancos.

¡SCUM! Y que usted lo pase bien.





Notas a pie de página



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