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BERLIN, Lucia (1936-2004)

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BERLIN, Lucia (1936-2004)

Nota Vie Sep 08, 2017 12:11 pm
Lucia Berlin

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(Wikipedia | Luciaberlin)


Introducción

    [fuente] Lucia Berlin fue una escritora americana natural de Juneau, la capital del estado de Alaska, Estados Unidos. Nació en 1936 y murió en 2004, a los 68 años, afectada de un cáncer de pulmón que la mantuvo años pegada a un tanque de oxígeno.

    Su niñez la pasó cambiando de hogar (Idaho, Montana, Arizona, Chile) dada la profesión de su padre, ingeniero minero. Se casó con su primer marido a los 17 años y estudió en la Universidad de Nuevo México con la pretensión de ser escritora o periodista. Allí conocería al poeta Edward Dorn.

    En 1958 publicó sus primeros cuentos con el apellido de su segundo marido, Lucia Newton. Volvió a casarse en 1961, y adoptó el definitivo nombre de Lucia Berlin. Aunque también se separó pronto de Buddy Berlin, no volvió a casarse.

    A los 30 años se había casado tres veces y tenía cuatro hijos, todos a su cargo. Para salir adelante trabajó de recepcionista, ayudante de enfermería o limpiadora, y muchas de estas experiencias se vieron reflejadas en sus cuentos. También su adicción al alcohol y los periodos en centros de desintoxicación.

    En 1994 Dorn le ofreció trabajo en la Universidad de Colorado, donde impartió clases hasta que en 2001 tuvo que retirarse por un cáncer de pulmón.

    Olvidada por un tiempo por la historia, el lanzamiento póstumo de Manual para mujeres de la limpieza la convirtió en una de las autoras más destacadas de 2015. Sin embargo, durante su vida publicó más de una decena de libros. El primero de ellos vio la luz en 1981, Angels Laundromat.

    En 1991 se hizo con el premio American Book por Homesick y en 2015 fue finalista del Kirkus Prize.




Narrativa


fuente: http://www.laizquierdadiario.com/Manual ... ervivencia



Reseña - Literatura

Lucia Berlin: 'Manual para mujeres de la limpieza', decálogo de supervivencia


Portada



Clara Mallo

La Izquierda Diario // 14 de octubre de 2016




Lucia Berlin (1936 – 2004) empezó a escribir desde muy joven, pero a publicar muy tarde. Publicó toda su obra, seis libros de relatos, entre las décadas de los ‘60 y ‘80, todos ellos en pequeñas editoriales. Su compilación de relatos A Manual for Cleaning Ladies (Manual para mujeres de la limpieza) se publicó por primera vez en 1977. En 1991, Homesick, una selección de sus historias, logró el American Book Award, uno de los premios literarios más populares en Estados Unidos, sin embargo, nunca llegó a conectar con el gran público y terminó cayendo en el olvido. Los lectores hispanohablantes descubrimos tardíamente a Berlin. En 2016 se publica su primer libro en castellano, Manual para mujeres de la limpieza (Alfaguara), que ha tenido ya un enorme éxito.

La autora tiene una vida de esas que tanto gustan a las editoriales y productoras. Vidas que, como la de músicos country como Dave Van Ronk o los autores de la generación beat como Kerouac, han estado lejos del ideal de escritor, músico o poeta de éxito. Vidas marcadas por relaciones sentimentales poco convencionales, el consumo de drogas y alcohol. Experiencias más relacionadas con los barrios marginales, trabajos precarios y ambientes decadentes que con la voluntad de triunfar profesionalmente o formar una familia.

Lucia Berlin ha sido definida por la crítica como una de esas autoras "malditas". Su éxito literario tardío hizo que su vida se centrara en algo más parecido a la supervivencia. Ella nació en Juneau, Alaska, en 1936 y hasta su muerte en 2004 en la ciudad de Los Ángeles vivió en distintos lugares de Estados Unidos, México y Chile. Esta itinerancia le brindó a Berlin incontables vivencias que veremos reflejadas en sus relatos. A los treinta y dos años tenía cuatro hijos y estando divorciada tuvo que dedicar todo su esfuerzo para sacarlos adelante.

Trabajó limpiando casas, fue profesora en una cárcel y se empleó como enfermera en urgencias, recepcionista en hospitales y telefonista. No creció en una de las mejores familias. Su madre la odiaba, le tenía una gran envidia a ella y a su hermana, como cuenta en uno de sus relatos, Mamá. En lo que respecta a su vida sentimental, sus experiencias no fueron las mejores. No acató la norma y su vida estuvo marcada por los divorcios: tuvo tres maridos y con todos terminó de modo infeliz. Tuvo cuatro hijos e infinidad de problemas con el alcohol.

Si no conociéramos su vida podríamos imaginar a Lucia como una de esas escritoras snob con apartamento en Nueva York y sus relatos no perderían ninguna fuerza. Sus pequeños relatos por sí mismos vibran. Aunque la vida de Berlin impregna a los personajes y escenarios de estas historias, no necesitamos que alguien nos diga que ocurrieron de verdad, que los personajes formaron parte de la vida de Berlin. Pero la verdad es que lo que cuenta, nos atrapa, conecta con nosotros. Historias normales, sensacionales para editoriales, no son más que reales para tantos y tantas. Que un éxito de ventas como es hoy Lucia Berlin tuviese que limpiar apartamentos de otros para sobrevivir es un hecho sensacional para un editor, pero el lector lo puede sentir más cercano, de ahí el éxito de Manual para mujeres de la limpieza.

Lucía Berlin es dueña de su propia biografía y nos relata su vida sin drama. Consigue naturalizar lo que los críticos definen como "pura miseria". En Manual para mujeres de la limpieza Berlin nos presenta episodios de amores y grandes desamores, vidas atrapadas por la droga y el alcohol, desprecios. Berlin evita el sentimentalismo, algo que no le resulta difícil, logrando con ello que las emociones lleguen hasta muy adentro. La espontaneidad de Berlin nos acerca, no tanto por lo que cuenta sino cómo lo cuenta. Escribió sus historias no porque creyese que fueran particulares sino simplemente porque eran las suyas.

En el capítulo que da nombre al libro, Manual para mujeres de la limpieza, Lucia Berlin presenta una especie de decálogo de la supervivencia. Un decálogo para aquellas mujeres de la limpieza que siempre están en el punto de mira de las señoras que las contratan, cuestionadas, observadas y juzgadas. Pero al fin y al cabo se convierte en un decálogo universal que muestra cómo las relaciones que se establecen no son siempre lo que aparentan. En éste y otros relatos, Berlin nos muestra lo que hay bajo la superficie, algo poco amable, y el hecho es que Berlin lo hace desde su punto de vista, el de la mujer de la limpieza.

fuente: http://cuentospendientessre.blogspot.co ... za-de.html



Manual para mujeres de la limpieza, de Lucia Berlin


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Señor E.

Cuentos Pendientes // 24 de enero de 2017




Desconfío de los nuevos Raymond Carver, los nuevos Bukowskis, los escritores a los que nunca leyó nadie en vida pero a quienes descubren y redescubren después de su muerte, los autores de relato americano que llegan a España con avisos de sus editores informándonos de que son la última joya oculta de la narrativa americana. Desconfío también de los libros del año de Babelia y de las solapas en las que se destaca el número de hijos de la autora, si bebía demasiado o qué trabajos alimenticios tuvo que ejercer. Desconfío de los libros con una frase en la portada como: “En la profunda noche oscura del alma, las licorerías y los bares están cerrados”, una frase que me recuerda a aquella famosa cita de Charles Bukowski, aquella de: “Dios es un local vacío donde no hay filetes”. Me imagino que no soy el único lector al que se la ha recordado.

Todo esto para empezar la reseña diciendo que desconfiaba profundamente del libro, de este Manual para mujeres de la limpieza, de Lucia Berlin. Y la sigo alegrándome por no haberme dejado vencer por mis prejuicios. Esta colección de relatos, auténticos pedazos de vida, es un libro fantástico. Como tanto se ha destacado, cada historia parece salida de las entrañas de su autora, Lucia Berlin, pero no creo que haya que mirar si realmente salieron de su vida, porque como bien deberíamos saber ya, lo más importante es que esas historias suenen reales, se lean como un pedazo de historia personal, no que le hayan pasado, o no, a su autora.

Manual para mujeres de la limpieza se sitúa en esa línea de autores americanos que descienden de Chéjov después de pasar por una licorería a por una botella de whisky. Lucia Berlin recuerda a Carver y a Wolff. Sus protagonistas son infelices que no saben qué han hecho mal para estar donde están y que se esfuerzan por sobrevivir. Hay mucha clase obrera, gente que está siempre en la precariedad o al borde de la misma. Hay estados fronterizos con México, y parecen a veces casi estados del alma más que territorios. La prosa de Berlin, siendo cortante y fibrosa, no lo es tanto como la de Carver. Y esto lo digo como una virtud. Me parece que su escritura eleva a veces el vuelo y busca imágenes potentes, algunas metáforas que queden en la cabeza de quien las lee. No todo es laconismo, y eso, la emparenta, dentro de mis lecturas americanas, con Lorrie Moore, que se mete en las vidas difíciles de sus compatriotas sin olvidarse nunca de tratar de hacer poesía con ella. También veo esa mirada melancólica de quien perdió los sueños al terminar la adolescencia, si no incluso antes, que recuerdo de los relatos de Carson McCullers, aunque hace años que los leí.

Los relatos reunidos en Manual para mujeres de la limpieza son auténticos, es cierto, pero no lo fían todo a eso tan difícil de concretar que es la autenticidad, y que no siempre tiene por qué ser una virtud. Los relatos de Manual para mujeres de la limpieza son también cuentos que demuestran un muy buen dominio de la técnica, y un cierto estudio de las estructuras y las construcciones antes de abordarlos. Y es que, no olvidemos que por mucho que la editorial haya destacado tanto que Lucia Berlin se casó a los 17 años y fue madre de 4 niños y trabajó limpiando casas (y no quiero meterme en el clasismo que desprende una afirmación así por parte de los editores, pero creo que clama al cielo), también fue profesora de Letras y de Escritura Creativa en algunas universidades.

Uno de los relatos que más me ha gustado es precisamente un juego metaliterario, un ejercicio teórico – práctico de construcción de un relato, titulado Punto de vista. Hay muchos hospitales, muchas desintoxicaciones y muchas enfermedades. Hay internos y hay personal sanitario. Hay drogas y hay bebida. Hay relatos en los que todo eso aparece como elemento central, como en Mi jockey, Su primera desintoxicación o Apuntes de la sala de urgencias, 1977 o Paso.

Hay viajes a México, y frontera. Hay hasta una estudiante universitaria chilena en la universidad de Nuevo México, en el relato Querida Conchi, que como su título sugiere, toma forma de relato epistolar. Hay mucha rebeldía adolescente, en general explosiva y poco productiva, que Berlin retrata magníficamente, en relatos como Doctor H. A. Moyniham, Buenos y malos o Gamberro adolescente. La autora es muy hábil convirtiendo en material narrativo interesante sus rutinas, algo que hace en Volver al hogar o en Lavandería Ángel, el relato que abre la colección.

De esa rutina también se alimentan dos relatos que hablan directamente de las mujeres de la limpieza, utilizando a una como voz narrativa y como personaje principal. Esos relatos son Luto y el que da título al libro, Manual de mujeres para la limpieza, que toma una original estructura de consejos que una descreída veterana le da a las que se incorporen al servicio doméstico. Tal vez sean dos de mis relatos preferidos de todo el libro, junto con Triste idiota, una melancólica celebración de un cumpleaños más, del paso de la vida.

Todos los relatos del libro tienen un punto de lúcida melancolía y una prosa fluida, bien trabajada. El ritmo es ágil y hay metáforas muy buenas. Hay historias que quieres releer y otras que piensas mejor antes de pasar a la siguiente. Deja un regusto triste pero también abre los ojos de quien lo lee a vidas que a veces quedan fuera de los focos narrativos. No obstante, creo que los editores y periodistas deberían evitar recomendar el libro basándose en que su autora fuera mujer, en su clase social o en los trabajos alimenticios que desarrolló, porque todos esos énfasis suenan condescendientes, y este es un libro duro que sabe defenderse perfectamente solo, gracias a que está lleno de literatura.

Seguiremos leyendo y comentándolo.

Felices lecturas.


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