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Los años de Allende (Carlos Reyes, Rodrigo Elgueta, 2015)

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Los años de Allende
Carlos Reyes (guión) / Rodrigo Elgueta (dibujo)

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Introducción

    Septiembre era el mes en que los chilenos acudían a las urnas cada seis años para elegir a su presidente. El 4 de septiembre de 1970 fue elegido, por primera vez en la historia, un presidente socialista que proponía un proyecto revolucionario en el marco de la democracia liberal. Las urnas serían las armas para comenzar a cimentar en Chile el socialismo que anhelaban millones de chilenos y chilenas. El proceso que iniciara el Presidente Allende duró apenas mil días. Para algunos, los peores días de la historia de Chile. Para otros, especialmente aquellos que hasta entonces nunca habían sido considerados sujetos de la historia, fueron los más hermosos que haya visto ese lejano país.

    Esta novela gráfica, escrita por el editor, comunicador audiovisual y guionista, Carlos Reyes, y dibujada por el ilustrador Rodrigo Elgueta, narra esos intensos mil días en que los más humildes intentaron alcanzar el cielo con las manos. Lo hace desde la perspectiva de un periodista norteamericano que es enviado a cubrir los acontecimientos que configuraban la denominada "vía chilena al socialismo". Intenta hacerlo con el rigor que permite la evidencia histórica disponible pero con la convicción de que lo que sucedería aquel 11 de septiembre de 1973 sería la destrucción de uno de los más interesantes experimentos sociales en los que los humildes depositaban sus esperanzas: la conciliación entre socialismo y democracia.

Marcela Guzmán conversó con Carlos Reyes en la revista Intemperie el 27 de abril de 2015 donde escribió:Los años de Allende: la novela gráfica de los mil días de la UP

El sueño de la primera experiencia de la llegada del socialismo democrático en América Latina duró tres años, los mismos tres años que retrata Los años de Allende, la novela gráfica de Carlos Reyes (guionista) y Rodrigo Elgueta (dibujante) publicada recientemente por editorial Hueders.

En su elaboración hubo asesoría de un equipo de historiadores y documentalistas, dos años de investigación basada en materiales escritos, gráficos y audiovisuales, y consideraciones personales. “Toda mi vida, y la de todos, ha estado bajo la sombra ineludible de lo que en esos tres años sucedió y que generó en 1973 el golpe de estado y la consecuente dictadura cívico militar”, dice Carlos Reyes. “Los mil días más intensos de la historia de Chile”, desde la elección del presidente Allende hasta el golpe militar que lo derrocó en septiembre del 73, son contados de manera notable en cada una de sus viñetas.

Con brillante lucidez Carlos Reyes nos contó del proceso de creación del libro, de su mirada hacia el pasado y de la relación que establece entre historia, ficción y memoria en una publicación que resulta ser “como un homenaje, como una mirada crítica desde el presente, como un espejo retrovisor de la historia reciente, como un discurso tanto personal como colectivo, como un viaje en el tiempo hacia un hito gravitante en mi vida como chileno”.

¿En qué particulares ejes históricos, políticos y sociales centraste el cómic?

La historieta se centra en una serie de hitos insoslayables que se van desgranando junto a otros hechos que investigamos y que se suceden entre agosto de 1970 y septiembre de 1973. Las reñidas elecciones del 70, el triunfo de Allende, los asesinatos de Schneider, Zujovic, la nacionalización del cobre, la visita de Fidel Castro, el escándalo CIA-ITT y muchos más. Pero también hacemos breves homenajes y guiños a Quimantú, a la Nueva Canción Chilena, a Pablo Neruda y el Nobel, a las brigadas muralistas, a los diseñadores, a los fotógrafos, etc. Hubo que tomar decisiones y dejar mucha información fuera del libro. La que quedó hubo que orquestarla junto con los elementos de ficción que creamos y que dispusimos en una narración visual que jugase con todos esos polos de interés.

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En términos personales y profesionales, qué te hizo abordar esta época tan álgida y decisiva en nuestra Historia…

Todo comenzó cuando Hueders nos ofreció la posibilidad cierta de hacer este libro y luego se le sumó el deseo personal de hablar sobre una época tan fundamental para todo Chile. Es tan poderoso lo sucedido en esos años que nuestro país aún vive atrapado en la onda expansiva de ese momento. Toda mi vida, y la de todos, ha estado bajo la sombra ineludible de lo que en esos tres años sucedió y que generó en 1973 el golpe de estado y la consecuente dictadura cívico militar. Profesional y personalmente fue emocionante para mí escribir Los años de Allende, no solo por la vorágine en que nos sumergimos al investigar ese período, sino también por la enorme responsabilidad que sentimos cuando se nos ofreció hacer nuestro propio abordaje de los hechos, nuestra propia visión del período. Claro, porque aunque en la novela gráfica retratamos cronológicamente situaciones y hechos probadamente acaecidos, el gesto de quitar o dejar, de sumar o restar información, implicó siempre una decisión, un gesto personal, subjetivo. El decidir, junto con Rodrigo Elgueta, la descripción, los textos, el plano y la angulación de cada viñeta, por ejemplo, implicó siempre un acto subjetivo. Y esta subjetividad subyace a toda obra hecha por seres humanos. Así, cada decisión que se toma en la realización de un discurso, un libro o un film -incluso en el documental más veraz que se pueda lograr- es, finalmente, una decisión personal, política y subjetiva, como ya lo ha formulado muy bien la ciencia a través de las investigaciones de Humberto Maturana, por ejemplo. Y es con esa carga que asumimos hacer esta novela gráfica.

¿Cómo definirías tu mirada hacia el pasado, hacia el particular período histórico que abordas en el libro?

Como un homenaje, como una mirada crítica desde el presente, como un espejo retrovisor de la historia reciente, como un discurso tanto personal como colectivo, como un viaje en el tiempo hacia un hito gravitante en mi vida como chileno. Como un mensaje para el futuro, como un documental.

¿Cómo es el retrato de la UP que los lectores pueden encontrar en el libro? Según tu punto de vista, ¿de qué da cuenta?

Da cuenta del retrato vertiginoso de esos años llenos de acontecimientos vistos desde la óptica de un testigo externo, que es este personaje que creamos, el corresponsal norteamericano John Nitsch que es descrito por otro personaje del libro como un “periodista de confianza. Idealista neutral, aunque a ratos Claudia y José (miembros del MIR en la ficción de la historieta) lo tienten a inclinar la balanza”. Nitsch hace un recorrido por todos estos años como testigo clave, siempre está en el lugar justo para retratar lo que ve. Es como un cronista que toma notas, que hace preguntas, que se interroga sobre lo que va sucediendo. En muchas ocasiones, él comenta la acción y nos permitió introducir otros puntos de vista sobre los hechos. Es un vicario nuestro en la narración. Al escribir el guión, a ratos sentí el vértigo de lo que estaba narrando y con Rodrigo tratamos de dar esa velocidad al libro. Si el lector logra conectar con ese vértigo, con ese ritmo frenético de un país fracturado y de un solitario hombre en La Moneda cuando esté leyendo Los años de Allende, parte de nuestros objetivos se habrán logrado.

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¿Cómo ves la figura de Allende en la Historia? ¿Puede tratarse de un héroe, de una víctima, de un canalizador de procesos sociales…? ¿Cómo lo retratas en el cómic?

Allende es el eje central del libro. Si Nitsch es nuestro protagonista más cercano, Allende es el otro protagonista gravitante, omnipresente, situado por sobre todo el proceso que narramos. Nosotros lo abordamos siempre desde lejos, nunca sabemos qué piensa, nunca estamos en su mente, a veces lo intuimos. Lo mostramos reflexivo, meditabundo, enérgico, desafiante, cariñoso, heroico. Es el lector el llamado a sacar sus propias conclusiones a partir de las declaraciones públicas del Presidente y de todos los personajes que lo rodean. Incluso, pienso que si despojáramos a Allende de toda connotación política, de toda lectura partidista, aún así se convertiría en un héroe trágico, en un personaje que se enfrenta a su anunciado destino fatal sin volver jamás la vista atrás y dando batalla hasta el final. De ahí su profundo calado en el inconsciente colectivo de Chile y el mundo. Allende, tras su muerte, por mal que le pese a sus detractores, se ha convertido ya en un arquetipo universal, en una figura trascendente, enorme. Incomparable con los políticos chilenos actuales.

En términos estructurales o de fomato, ¿qué te permitió el cómic en el desarrollo de una historia como ésta?

El cómic por su relación del pictograma con el texto logra una importante inmersión del lector. Sugiere nuevas relaciones entre la palabra escrita y la imagen. Así el lector puede escuchar sonidos donde no los hay, ver movimientos donde son imposibles y hace que este lector juegue un papel activo en la decodificación de sus elementos constituyentes. Por esas mismas características este lenguaje nos permitió visualizar escenas de las que no hubo registro fotográfico o audiovisual, imaginar momentos posibles e incluso poner las declaraciones reales, que antes se podían leer únicamente en diarios o libros, en boca de sus propios protagonistas, gracias al trabajo gráfico de Rodrigo que tiene un gran talento para el dibujo realista y que supimos aprovechar al máximo. En el cómic el tiempo se vuelve espacio, pues la acción temporal se transforma en las viñetas en cada página y eso nos permitió narrar algunos hechos paso a paso, dilatar o contraer algunas de las acciones narradas, sugerir connotaciones, etc. Otra cosa que permite la historieta es que, como todo lenguaje, como todo arte, puede a través del diseño de la página dirigir la mirada del espectador sobre lo que quieres que llame su atención o construir sentido a través de la disposición de los dibujos sobre la página y lograr decir lo que te propones, más allá de lo sugerido por los textos. En muchas páginas usamos el recurso del contrapunto que se logra por la relación de oposición que se establece entre lo que el dibujo muestra y lo que la palabra dice, por ejemplo, y que provoca una tercera idea en el lector. Un ejemplo de esto es cuando mostramos al siniestro Osvaldo Romo infiltrado en Lo Hermida y nuestro periodista dice algo así como que “sin hombres como él, ya no habría esperanza”. Lo que visto a la luz de lo que sabemos hoy sobre Romo, uno de los más terribles torturadores de los servicios secretos de la dictadura, resulta más que solo una ironía. La historieta es un lenguaje riquísimo y tan complejo como la literatura y el cine. Yo los invito a leer Los años de Allende como una obra cualquiera, más allá de si es o no una novela gráfica. Aún hay gente que tiene prejuicios sobre la historieta porque se la asocia solo al tema súper heroico (que lo hay y muy bueno) o a las lecturas infantiles. La historieta chilena hace rato que viene creciendo y está abordando temas cada vez más amplios y diversos en su producción. Se trata de una lectura en sí misma. Completamente auto-suficiente.

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Detrás del relato se nota un trabajo investigativo de datos históricos, referencias periodísticas y visuales (locaciones, publicaciones, gráficas, fotografías, incluso me atrevería a decir registros audiovisuales. ¿Cómo desarrollaron el proceso creativo? ¿Cómo fue la metodología de trabajo? ¿Cuánto tiempo les tomó?

Nos tomó poco más de dos años de trabajo. Con nuestro equipo asesor (Vicuña y Mellado) decidimos los hitos que no podíamos eludir y luego, con mi acostumbrada obsesión, me rodeé de documentación y leí mucho antes de decidirme a comenzar a escribir el guión. Al empezar ya teníamos claro el argumento de las historias de nuestros personajes ficticios y con eso en mente comencé a enviar páginas de guión a Rodrigo en unos e-mails llenos de imágenes y referenciasbcon las que él que empezó a dibujar y a remitirme sus páginas inmediatamente. Así fue como avanzamos todo el tiempo. Ver cómo Rodrigo plasmaba en dibujos mis imágenes mentales fue afectando gratamente el trabajo. Se hizo fácil porque él es un profesional de tomo y lomo y porque ya habíamos trabajado juntos en otras historietas como Heredia Detective de Ramón Díaz Eterovic para LOM y en la revisitación del Dr. Mortis de Juan Marino para Arcano IV, de modo que yo conocía muy bien su profesionalismo y su calidad artística. Hablamos mucho por teléfono y, a veces, nos reuníamos a discutir algunas secuencias. En ese sentido, recuerdo que discutimos mucho la secuencia de Allende en La Moneda el 11 de septiembre. Entre otras cosas decidimos que todo ese momento sería hecho solo con grafito para destacar esa secuencia del resto del libro y como una forma de aumentar el dramatismo gracias un dibujo más orgánico que se exhibe despojado al lector, sin ocultarse detrás del entintado o la aguada. Estoy muy orgulloso de lo que logramos en esas páginas de historieta que creo que son las mejores que Rodrigo ha dibujado en toda su carrera.

¿Cómo es la relación que establecen entre cómic y memoria, en este trabajo donde se integra lo documental y la ficción?

Quisimos integrar documental, memoria, ficción, historia y creo que lo logramos. La relación del cómic, la historieta, la narrativa gráfica con la memoria es exactamente la misma que puede establecer cualquier otra manifestación artística y cultural con ella. Al igual que el cine tenemos la ventaja de que disponemos de la imagen que logra comunicar conceptos complejos de manera simple y efectiva y me atrevo a decir que nuestro libro Los años de Allende tal como ha resultado, no podría ser contado -de la misma forma en que lo hicimos- en otro formato que no fuese el de la historieta. La memoria histórica es algo que no debe ser tomado a la ligera. Recuperar la memoria es para mí una tarea fundamental de construcción del futuro y este libro quiere ser nuestro pequeño aporte para ese Chile que se viene.




Reseñas:


Ficha técnica

    Primera edición: Chile, 2015.
    Idioma original: Español.




Editorial Hueders [cbr]





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