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HAN, Byung-Chul

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HAN, Byung-Chul

Nota Vie Jul 28, 2017 9:44 pm
Byung-Chul Han

Portada
(Wikipedia | Dialnet)


Introducción

    [fuente] Byung-Chul Han nació en 1959 en Seúl, donde estudió metalurgia. Posteriormente decidió ir a Alemania para estudiar literatura, aunque una vez allí se interesó por la filosofía. Se doctoró en 1994 con una tesis sobre Martin Heidegger y comenzó su carrera como profesor universitario. Actualmente es profesor de filosofía en la universidad de las Artes de Berlín.

    Byung-Chul Han ha centrado su estudio y obras en la crítica a las sociedades capitalistas contemporáneas y en los retos planteados por las nuevas formas de esclavitud neoliberales y por las nuevas tecnologías. En estas sociedades basadas en la inmediatez, el multitasking y en lo superficial no hay lugar para la reflexión, la ciencia o la teoría. Además, Byung-Chul Han también estudia las nuevas enfermedades del mundo moderno como la depresión o el TDAH. Por otro lado, nos encontramos ante una sociedad hipervisible en la que los sujetos están en constante exposición donde también se generaliza el rechazo de la negatividad, ejemplo paradigmático sería el archiconocido “me gusta” (“El neoliberalismo es el capitalismo del ‘me gusta’”, Byung-Chul Han).

    En sus estudios hace múltiples referencias a otros autores, a los que critica a la vez que dialoga, como Foucault, Agamben, Heidegger, Marx, Baudrillard, Adorno, Esposito o Sennett, entre otros.




Ensayo





:str: Vídeos

    Introducción de Ernesto Castro a Byung-Chul Han en el CSO La Traba (Madrid), el 9 de abril de 2017.


    Reflexiones en torno a Byung-Chul Han, en el programa de la UNED en La 2 de TVE, como parte de la serie "Filosofía y Voces del Pensamiento, emitido el 20 de enero de 2017.


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Re: HAN, Byung-Chul

Nota Vie Jul 28, 2017 10:18 pm
fuente: https://www.pagina12.com.ar/16621-el-alquimista


Byung-Chul Han

El alquimista



Ignacio Navarro

Página 12 // 29 de enero de 2017



    Sus ensayos breves, intensos y fulgurantes tratan acerca de complejos problemas teóricos que, sin embargo, afectan a todas las personas en tanto consumidores, trabajadores sometidos a alta presión, nómades digitales, habitantes de megalópolis, seres de todo el planeta amenazados por la angustia y la depresión. Nacido en Seúl, Corea, estudió letras y filosofía en Alemania donde actualmente reside en la ciudad de Berlín y donde se especializó en Heidegger. Byung-Chul Han, cuyos libros empezaron a publicar en Argentina editoriales como Herder y Caja Negra, es un filósofo de culto al que vale la pena comenzar a conocer.



La búsqueda constante de optimización. Pensamientos positivos y autosuperación personal. El cuidado del cuerpo y la salud. El horror al vacío y al aburrimiento: para Byung-Chul Han son expresiones de una época dominada por el exceso de positividad. La tesis general que guía los libros del filósofo surcoreano denuncia la saturación de lo positivo en un mundo que ya no tolera rastro alguno de negatividad. En su diagnóstico se propagan males como la depresión, los trastornos de atención y el suicidio. Patologías que se extienden como una epidemia desde comienzo de siglo y tienen como denominador común desatar una guerra al interior de cada individuo quien, fatalmente, terminará luchando contra sí mismo.

La sociedad del rendimiento y la autoexplotación voluntaria es para Han el resultado de un cambio de paradigma de dimensiones ontológicas que también se expresa en el arte, la política, el erotismo, la comunicación y se inmiscuye en cada recoveco del alma humana. A lo largo de sus libros, que son muchos y breves como estocadas, Han se aboca a analizar las diversas consecuencias engendradas por esta nueva sociedad del rendimiento y la positividad: “La sociedad disciplinaria de Foucault, hecha de prisiones, hospitales, centros penitenciarios, cuarteles y fábricas ya no es un reflejo de la sociedad contemporánea. En su lugar, ya hace mucho tiempo que ha surgido una sociedad de torres de oficina de cristal, shoppings, centros de fitness, estudios de yoga y clínicas de belleza. La sociedad del siglo XXI no es una sociedad disciplinaria, sino una sociedad de rendimiento”, advierte en Topología de la violencia, uno de sus últimos libros publicados en español


HEAVY METAL

Nacido en 1959, en Seúl, una megalópolis tecnológica de más de diez millones de habitantes, Byung-Chul Han hoy vive y escribe en la algo más tranquila Berlín, donde también dicta sus clases en la Universidad de Artes y es uno de los filósofos vivos más traducido, leído y discutido. A diferencia de otros autores, con sus intervenciones Han logró hacer trascender su obra más allá de los encorsetados círculos académicos. Por ejemplo, La Sociedad del cansancio, traducido a varios idiomas, agotó numerosas ediciones y se transformó de inmediato en un best-seller filosófico.

La carrera de Han es meteórica y brillante si además se tiene en cuenta que durante buena parte de su juventud se dedicó a estudiar metalurgia en la Universidad de Seúl. Abandonó después de provocar accidentalmente una explosión que casi lo mata -o por lo menos lo deja ciego- durante un experimento casero con sustancias químicas. Han era un nerd que se la pasaba investigando con materiales y en alguna entrevista (de las poquísimas que concedió)- reconoce que la tarea del filósofo y la del alquimista guardan estrechos y explosivos vínculos. Luego del accidente, a los 26 años y sin saber el idioma, llegó a Alemania con el pretexto de continuar sus estudios en metalurgia, siguiendo el mandato familiar. Pero sus planes en verdad eran otros: mintió a sus padres y se puso a estudiar Literatura Alemana y Teología en la Universidad de Munich. Su ritmo de lectura, algo ralentado, lo obligó a pasarse a Filosofía en la Universidad de Friburgo, donde, en 1994, finalmente se doctoró con una tesis sobre Martin Heidegger, junto a Nietzsche, uno de los autores centrales en los desarrollos de Han, que en sólo nueve años adoptó un idioma hasta entonces desconocido y comenzó una prolífica carrera en pleno desarrollo.

“El lamento del individuo depresivo, Nada es posible, solamente puede manifestarse dentro de una sociedad que cree que Nada es imposible”. Han observa cómo mientras se enaltecen la hiperactividad, la aceleración, el rendimiento, la exposición y el no límite de la productividad, también crecen, a ritmo constante, el cansancio de la información, la fatiga de la atención, el burn out laboral, los trastornos de la personalidad y la depresión generalizada. En Topología de la violencia, traza una genealogía física que culmina, en la actualidad, con una descripción de los males provocados por la interiorización de la violencia bajo la sociedad de rendimiento: “La decapitación en la sociedad de la soberanía, la deformación en la sociedad disciplinaria y la depresión en la sociedad del rendimiento son estadios de la transformación topológica de la violencia. La violencia sufre una interiorización, se hace más psíquica y, con ello, se invisibiliza. Se desmarca cada vez más de la negatividad del otro o del enemigo y se dirige a uno mismo”. Para Han, la sociedad disciplinaria descrita por Michel Foucault, donde todavía rige el no, ya no da cuenta del estado actual de cosas: “Su negatividad genera locos y criminales. La sociedad de rendimiento, por el contrario, produce depresivos y fracasados”.

En La sociedad de cansancio describe cómo la fatiga infinita que acosa al hombre contemporáneo se origina cuando cada sujeto, bajo la apariencia de la libertad, de manera voluntaria, emprende un intensivo proceso de autoexplotación. Detrás del “Impossible is nothing”, del “¡Sí, se puede!” global, una maquinaria invisible diseñada como libertad empuja a cada individuo hacia la autoexplotación. Para Han, la consolidación del neoliberalismo reside en que el exceso de positividad, manifestado como un uso desinhibido de la libertad, ofrece infinitos incrementos en la tasa de rendimiento. El capital, expandido “psicopolíticamente” en la mente de cada individuo, sería ampliamente más poderoso y rendidor que cualquier forma de coacción externa, disciplinaria.

Así, arrojado de manera carcelaria a su propia y obligada libertad, el sujeto de rendimiento contemporáneo implosiona ante una carrera absurda por la mejora, el consumo y la atención sobre sí. La libertad tan anhelada, se transforma en un nuevo esclavismo bajo la sociedad neoliberal, que la convierte en su principal insumo. La sociedad de rendimiento prescinde de cualquier tipo de negativa coerción externa: los sujetos de rendimiento se abalanzan gustosos y convencidos hacia su propia autoexplotación: “La positividad del poder es mucho más eficiente que la negatividad del deber”, advierte.

Atrapado en su rueda de hamster narcisista, donde gira cada vez más rápido sin saber bien hacia dónde ni por qué, el sujeto de rendimiento, un Yo hipertrofiado, sufre la violencia de la positividad que se expresa en aquellas enfermedades, cada vez más frecuentes, que provienen del propio sujeto. Al respecto, Han advierte que un severo “trastorno en la estructura de la gratificación”, asociado a la ausencia de un “otro”, obliga a producir cada vez más. Se trabaja “en lo abierto”, sin formas conclusivas que detengan la curva de optimización que devora el corazón de los autoexplotados. Como resultado, el Yo se hunde en una repetición narcisista y nunca se encuentra satisfecho: “En esta sociedad de obligación, cada cual lleva consigo su campo de trabajo forzado. Y lo particular de este último consiste en que allí se es prisionero y celador, víctima y verdugo a la vez”.

“Para incrementar la productividad, no se superan resistencia corporales, sino que se optimizan procesos psíquicos y mentales. El disciplinamiento corporal cede ante la optimización mental.” Las cada vez más difundidas técnicas de mejora neuronal (“neuroenhancement”) encubren la existencia de una verdadera “sociedad del dopaje” en la cual el ser humano es constantemente provocado a la optimización. Su contrapartida: la sociedad del cansancio y la depresión.


EL PODER AMABLE

En La sociedad de la transparencia, Byung-Chul Han toma la fórmula de Jean Baudrillard y señala “el infierno de lo igual” para denunciar una época dominada por un pornográfico estado de exhibición permanente bajo los dictados de la visibilidad. Para Han nos encontramos bajo el “dataísmo”, una “segunda ilustración” apuntalada en la técnica cuya nueva deidad es el Big Data, que, al positivizar en forma de datos cualquier comportamiento humano,"anuncia el fin de la persona y la voluntad libre" y vislumbra la ambición totalizante y despótica de la sociedad de la transparencia. Para Han, el Big Data es la reencarnación positiva del Big Brother orwelliano: la sociedad de la transparencia obliga a hacer cada vez más visible cada región de lo existente. Su objetivo es transformar en información cada elemento existente al punto que el pensamiento comienza a confundirse peligrosamente con el cálculo.

La transparencia es para Han un “dispositivo neoliberal” que de forma violenta “vuelve todo hacia el exterior para convertirlo en información”. La enajenante y agresiva búsqueda de aceleración ilimitada de los procesos de intercambio subyuga todo lo existente bajo un lenguaje funcional que no resiste ningún tipo de opacidad, ambigüedad o fisura. “La sociedad de la transparencia es un infierno de lo igual”, sentencia. Bajo el imperio de la transparencia, exposición es sinónimo de explotación: “El capitalismo agudiza el proceso pornográfico de la sociedad en cuanto lo expone todo como mercancía y lo entrega a la hipervisibilidad”.

“La libertad y la comunicación ilimitadas se convierten en control y vigilancia totales. Cuando apenas acabamos de liberarnos del panóptico disciplinario, nos adentramos en uno nuevo aún más eficiente”. El panóptico digital “no nos impone ningún silencio. Al contrario: nos exige compartir, participar, comunicar nuestras opiniones, necesidades, deseos y preferencias; esto es, contar nuestra vida. Este poder amable es más poderoso que el poder represivo. Escapa a toda visibilidad”. Para Han, en redes como Facebook o Twitter, “la exhibición pornográfica y el control panóptico se compenetran”.

Bajo el totalitarismo digital y la dictadura de lo idéntico, “la trascendencia de lo absolutamente otro queda sustituida por la transparencia de lo mismo”. Las redes asumen la forma de un torbellino de egos que, gracias a su hipercomunicación, se vigilan mutuamente.

Como el turista, que no deja de profanar cada rincón del mundo volviéndolo accesible, la hiperconectividad genera un intolerable torrente de imágenes y posibilidades que se amontonan tras la retina de los sujetos de rendimiento y empujan su ojo hasta retorcerlo sobre sí mismo. “Con el crecimiento de la transparencia crece también lo oscuro”, advierte Han.


LENTITUD Y EROTISMO

En El aroma del tiempo, analiza las consecuencias de una temporalidad absolutamente capturada por el exceso de positividad bajo la lógica del rendimiento: “Cuando el intervalo espacio-temporal solo está ligado a la negatividad de la pérdida y el retraso, todos los esfuerzos se concentran en hacer que desaparezca”. El desasosiego posmoderno, expresado en la constante búsqueda de eliminación de los tiempos muertos y la imposibilidad de cualquier demora contemplativa, representan para Han la muerte de la narración y un creciente empobrecimiento semántico y ontológico del mundo. “La multitud de posibilidades y alternativas hace que uno no tenga la obligación ni la necesidad de demorarse en un lugar. Demorarse largo y tendido solo provocaría aburrimiento”.

Para Han lo que actualmente se percibe como una aceleración del tiempo, en verdad está vinculado a una incapacidad para acabar y concluir. “Solo las formas temporales del final generan, contra la terrible infinitud, una duración, un tiempo pleno, lleno de significado”. La continua discontinuidad del tiempo, la imposibilidad de “concluir con sentido”, provoca un insomnio mortificador en donde el presente se reduce a “picos de actualidad”. De ahí provienen el ajetreo y nerviosismo actual: un zapping vital en donde no es posible llegar hasta final de ninguna posibilidad. Han detecta que esa supuesta aceleración de los tiempos contemporáneos, en realidad, se trata de una “inquietud nerviosa que da tumbos de una posibilidad en otra”. Recuerda que, en otros tiempos, Dios se ocupaba de darle una “gravitación” al tiempo, como un estabilizador. Ahora, “el tiempo se precipita como una avalancha porque ya no cuenta con ningún sostén en su interior”.

En el tiempo de la sociedad de rendimiento, cosido por puntos, atomizado, el intervalo entre cada evento se presenta como una duración vacía, un entretiempo que debe ser neutralizado constantemente con novedades y radicalismos. Hecho de presentes como puntos intermitentes, para Han, el tiempo del capital, sin narración ni tensión dialéctica, pierde su aroma: “El tiempo se precipita, se agolpa para equilibrar una falta de Ser esencial, aunque no lo consigue, porque la aceleración por sí misma no proporciona ningún sostén. Solo hace que la falta de Ser resulte incluso más penetrante”.

En La agonía de Eros, analiza como el erotismo, que descansa en la ambigüedad, el secreto y presupone la negatividad del misterio, queda abolido por el ascenso de la hipernitidez de la pornografía y sus sucedáneos. El exceso de oferta de otros bajo el infierno de lo igual, conduce a una crisis del amor, una erosión de la alteridad del otro y a una desaparición de la experiencia erótica. Para el narcisista sujeto de rendimiento contemporáneo, “todo es aplanado para convertirse en objeto de consumo” y el mundo sólo se presenta como una proyección de sí mismo. “No es capaz de conocer al otro en su alteridad y de reconocerlo con esta alteridad”. “Deambula por todas partes como una sombra de sí mismo, hasta que se ahoga en sí mismo”.

El amor se positiviza como sexualidad y cae bajo la lógica del rendimiento: “la sensualidad es un capital que hay que aumentar”. Para Han, sin negatividad, en la sociedad de rendimiento, donde todo es posible, donde todo es iniciativa y proyecto, no hay acceso al amor como herida, pasión y desgarro: “La ausencia total de negatividad hace que el amor hoy se atrofie como un objeto de consumo y de cálculo hedonista. El deseo del otro es suplantado por el confort de lo igual. Se busca la placentera, y en definitiva cómoda, inmanencia de lo igual”.


LAS MULTITUDES DIGITALES

Para Han, las clases y la lucha de clases son categorías históricamente superadas. En su lugar asciende lentamente la figura del panóptico digital, un enorme enjambre de individuos hipercomunicados pero aislados, “una multitud sin interioridad”. Frente a proposiciones más combativas, sostiene: “Cuando la víctima y el verdugo coinciden ya no es posible resistencia alguna”. “Quien fracasa en la sociedad neoliberal del rendimiento se hace a sí mismo responsable y se avergüenza, en lugar de poner en duda a la sociedad o al sistema. En el régimen neoliberal de la autoexplotación uno dirige la agresión hacia sí mismo. Esta autoagresividad no convierte al explotado en revolucionario, sino en depresivo”.

Como salida a la encrucijada narcisista de la psicopolitica neoliberal y la sociedad de rendimiento, Han propone rehabilitar la vida contemplativa como remedio frente a la compulsión al trabajo y la optimización. La contemplación, la demora y el Eros, con su efecto vinculante con un otro, se ofrecen como mecanismos de desinteriorización del Yo, que aislado en sí mismo, saturado, se ahoga. En el prólogo a La sociedad de cansancio, distingue la fatiga infinita del sujeto de rendimiento de aquel cansancio curativo que cierra las heridas: “Tal cansancio no resulta de un rearme desenfrenado, sino de un amable desarme del Yo”.

En Shanzhai, El arte de la falsificación y la deconstrucción en China, enseña cómo en el arte chino no existe la idea de original del mismo modo que en occidente: “El pensamiento chino no se caracteriza por concebir la creación a partir de un principio absoluto, sino por el proceso continuo sin comienzo ni final, sin nacimiento ni muerte”. No hay realidades inmutables, sino constelaciones en plena transformación. Frente a la verdad, el Ser inmutable, Han contrapone la “des-creación” del pensamiento chino: un proceso “poliforme y heterogéneo”, cambiante, des-subjetivado y ajeno a la “acción héroica del yo” que domina el pensamiento occidental.

En Filosofía del budismo Zen, confronta sus puntos de vista filosóficos esenciales con los fundamentos de autores como Heidegger, Nietzsche y Platón. Ajeno a cualquier estructura narcisista, subjetividad interior o voluntad individual, en el budismo, todas esas condiciones más que carencias representan una fortaleza: el vacío es un medio de amistad entre todas las cosas, la posibilidad de restituir una “afabilidad arcaica”. Para el budismo Zen, cualquier ser constituye un centro, “nada se retira a un aislado ser para sí”. “Libre de la coacción de la identidad”, para Han, el vacío o la nada budista es una “afirmación suprema del Ser”. Un “recogimiento sin interioridad” que, en virtud de su vacío, puede albergarlo todo.

Breves, claros, contundentes, los ensayos de Byung-Chul Han parecen mensajes lanzados por un náufrago que ha visto algo terrible más allá del horizonte. Reclama con vehemencia la que para él es la principal misión de la contemporaneidad: rehabilitar la capacidad de incorporar la negatividad como instancia constructora de un otro a través de la restitución de la “vida contemplativa”. En Humano, demasiado humano, Nietzsche ya había advertido: “Por falta de sosiego, nuestra civilización desemboca en una nueva barbarie”.

Re: HAN, Byung-Chul

Nota Vie Jul 28, 2017 10:44 pm
fuente: https://elpais.com/cultura/2014/03/18/a ... 55811.html


Aviso de derrumbe



Francesc Arroyo

El País // 22 de marzo de 2014




No es extraño que Alemania, el país que ha producido mentes como las de Kant, Hegel, Nietzsche o Marx, tenga devoción por la filosofía, lo inusual es que la nueva revelación del pensamiento alemán —tronco inevitable del pensamiento occidental moderno— sea un autor oriental que cuando era un treintañero cambió Corea del Sur por Europa. Hoy los libros de ese autor, Byung-Chul Han, son prestigiosos superventas en un país que todavía discute apasionadamente a sus filósofos vivos, sean Jürgen Habermas, Peter Sloterdijk o Richard David Precht. Han ya es uno de ellos.

Byung-Chul Han nació en 1959 en Seúl y allí estudió metalurgia, pero pronto llegó a la conclusión de que con aquello no iba a ninguna parte. La carrera ni siquiera le interesaba. Decidió instalarse en Alemania y estudiar literatura, aunque acabó interesado en la filosofía. En 1994 se doctoró por la Universidad de Múnich con una tesis sobre Martin Heidegger y poco después se estrenó como profesor universitario tras haber obtenido la habilitación en Basilea. Actualmente enseña Filosofía en la Universidad de las Artes de Berlín después de ejercer en la Escuela Superior de Diseño de Karlsruhe al lado de Sloterdijk, que no ha evitado polemizar con el que muchos consideran su sucesor en el trono simbólico de la filosofía germana.

En los últimos meses se han publicado en España dos libros de Han —La sociedad del cansancio y La sociedad de la transparencia—, en abril aparecerá un tercero —La agonía de Eros (en la editorial Herder, como los anteriores)— y varios más serán traducidos pronto. En ellos analiza los males del presente: el hombre contemporáneo, sostiene el filósofo, ya no sufre de ataques virales procedentes del exterior; se corroe a sí mismo entregado a la búsqueda del éxito. Un recorrido narcisista hacia la nada que lo agota y lo aboca a la depresión. Es la consecuencia insana de rechazar la existencia del otro, de no asumir que el otro es la raíz de todas nuestras esperanzas. Más aún, solo el otro da pie al eros y es precisamente el eros el que genera el conocimiento.

La entrevista se celebra en el Café Liebling, situado en la berlinesa Raumerstrasse, en Prenzlauer Berg, un barrio que ha pasado en poco tiempo de bohemio a aposentado. Suena una música ambiental suave que los camareros no tienen problema en suavizar aún más para evitar interferencias en la grabación de la charla. Han es puntual a la cita. Se sienta y pide café. La primera pregunta es sobre la relación directa que él establece entre el eros y el pensamiento. Mira al entrevistador, se mira las manos, se mesa el cabello, calla. Al cabo de unos segundos empieza a hablar: “Creo que para responder a eso necesitaría antes pensar durante un par de semanas”. En apariencia deja el asunto de lado, aunque lo abordará al final de la entrevista. No tiene prisa. Se toma su tiempo. Para todo. “Cuando llegué a Alemania, ni siquiera conocía el nombre de Martin Heidegger”, cuenta. “Yo quería estudiar literatura alemana. De filosofía no sabía nada. Supe quiénes eran Husserl y Heidegger cuando llegué a Heidelberg. Yo, que soy un romántico, pretendía estudiar literatura, pero leía demasiado despacio, de modo que no pude hacerlo. Me pasé a la filosofía. Para estudiar a Hegel la velocidad no es importante. Basta con poder leer una página por día”.

Cualquier cosa menos volver a la metalurgia que había dejado en Corea. “Al final de mis estudios me sentí como un idiota. Yo, en realidad, quería estudiar algo literario, pero en Corea ni podía cambiar de estudios ni mi familia me lo hubiera permitido. No me quedaba más remedio que irme. Mentí a mis padres y me instalé en Alemania pese a que apenas podía expresarme en alemán”.

Inició un proceso de aprendizaje del idioma y de nuevas materias que le permitieran comprender los problemas que aquejan al hombre de hoy. Explicarlo es el objetivo de sus libros. A diferencia de lo que ocurría en tiempos pasados, cuando el mal procedía del exterior, ahora el mal está dentro del propio hombre, subraya Han: “La depresión es una enfermedad narcisista. El narcisismo te hace perder la distancia hacia el otro y ese narcisismo lleva a la depresión, comporta la pérdida del sentido del eros. Dejamos de percibir la mirada del otro. En uno de los últimos textos que he escrito insisto en que el mundo digital es también un camino hacia la depresión: en el mundo virtual el otro desaparece”. ¿Hay posibilidades de vencer ese estado depresivo? “La forma de curar esa depresión es dejar atrás el narcisismo. Mirar al otro, darse cuenta de su dimensión, de su presencia”, sostiene. “Porque frente al enemigo exterior se pueden buscar anticuerpos, pero no cabe el uso de anticuerpos contra nosotros mismos”.

Para precisar lo que sugiere recurre a Jean Baudrillard: el enemigo exterior adoptó primero la forma de lobo, luego fue una rata, se convirtió más tarde en un escarabajo y acabó siendo un virus. Hoy, sin embargo, “la violencia, que es inmanente al sistema neoliberal, ya no destruye desde fuera del propio individuo. Lo hace desde dentro y provoca depresión o cáncer”. La interiorización del mal es consecuencia del sistema neoliberal que ha logrado algo muy importante: ya no necesita ejercer la represión porque esta ha sido interiorizada. El hombre moderno es él mismo su propio explotador, lanzado solo a la búsqueda del éxito. Siendo así, ¿cómo hacer frente a los nuevos males? No es fácil, dice. “La decisión de superar el sistema que nos induce a la depresión no es cosa que solo afecte al individuo. El individuo no es libre para decidir si quiere o no dejar de estar deprimido. El sistema neoliberal obliga al hombre a actuar como si fuera un empresario, un competidor del otro, al que solo le une la relación de competencia”.

Retomando la idea hegeliana de la dialéctica del amo y del esclavo, Byung-Chul Han denuncia que “el esclavo de hoy es el que ha optado por el sometimiento”. Y lo ha hecho a cambio de un modo de vida escasamente interesante, “la mera vida, frente a la vida buena”, dice, casi pura supervivencia. A cambio de eso, el hombre cede su soberanía y su libertad. Pero lo más llamativo es que el propio amo ha renunciado también a la libertad al convertirse en explotador de sí mismo. Ha interiorizado la represión y se ve abocado al cansancio y la depresión. Pero el cansancio y la depresión no se pueden interpretar como alienación, en el sentido tradicional marxista. “Solo la coerción o la explotación llevan a la alienación en una relación laboral. En el neoliberalismo desaparece la coerción externa, la explotación ajena. En el neoliberalismo, trabajo significa realización personal u optimización personal. Uno se ve en libertad. Por lo tanto, no llega la alienación, sino el agotamiento. Uno se explota a sí mismo, hasta el colapso. En lugar de la alienación aparece una autoexplotación voluntaria. Por eso, la sociedad del cansancio como sociedad del rendimiento no se puede explicar con Marx. La sociedad que Marx critica, es la sociedad disciplinaria de la explotación ajena. Nosotros, en cambio, vivimos en una sociedad del rendimiento de autoexplotación”. El hombre se ha convertido en un animal laborans, “verdugo y víctima de sí mismo”, lanzado a un horizonte terrible: el fracaso.

Como todo buen romántico, Han encuentra la solución en el amor. Hay que negar el presente represivo y aceptar la existencia del otro y, de su mano, la posibilidad del amor. Un buen ejemplo es la película "Melancolía", de Lars von Trier. En ella aparece Justine, un personaje deprimido “porque es incapaz de amar. La depresión aparece como una imposibilidad de amor. Pero Justine alcanza a salir de la depresión gracias a la aparición de un planeta que va a destruir la Tierra. Es la amenaza de esa catástrofe la que le permite curarse de la depresión porque la hace capaz de percibir la existencia del otro. Primero, el otro es el planeta y luego los demás. Y al salir de la depresión se siente capaz de amar, de recuperar el sentimiento del eros”. Y es que “el eros es la condición previa del pensamiento. Sin el deseo hacia un ser amado que es el otro, no hay posibilidad de filosofía”.

Hay una relación directa entre eros y logos que pasa por descubrir al otro. Sin eso no hay posibilidad de verdad. El eros tiene una relación vital con el pensar. El logos sin eros sería pensamiento puro. Así termina La agonía de Eros, recuerda: “El pensamiento en sentido enfático comienza bajo el impulso de eros. Es necesario haber sido amigo, amante para poder pensar. Sin eros, el pensamiento pierde la vitalidad y se hace represivo”. Ahí está el ejemplo de Alcibíades, que accede al conocimiento gracias a la seducción que Sócrates ejerce sobre él. “Siempre se había pensado que el eros estaba excluido, pero es condición para el pensamiento”, insiste. “Es el amigo el que introduce una relación vital que hace posible el pensar”. Por el contrario, “la falta de relación con el otro es la principal causa de la depresión. Esto se ve agudizado hoy en día por los medios digitales, las redes sociales”. La soledad, la incapacidad para percibir al otro, su desaparición.

No hay, sin embargo, que confundir la seducción con la compra. “Creo que no solo Grecia, también España, se encuentran en un estado de shock tras la crisis financiera. En Corea ocurrió lo mismo, tras la crisis de Asia. El régimen neoliberal instrumentaliza radicalmente este estado de shock. Y ahí viene el diablo, que se llama liberalismo o Fondo Monetario Internacional, y da dinero o crédito a cambio de almas humanas. Mientras uno se encuentra aún en estado de shock, se produce una neoliberalización más dura de la sociedad caracterizada por la flexibilización laboral, la competencia descarnada, la desregularización, los despidos”. Todo queda sometido al criterio de una supuesta eficiencia, al rendimiento. Y, al final, explica, “estamos todos agotados y deprimidos. Ahora la sociedad del cansancio de Corea del Sur se encuentra en un estadio final mortal”.

En realidad, el conjunto de la vida social se convierte en mercancía, en espectáculo. La existencia de cualquier cosa depende de que sea previamente “expuesta”, de “su valor de exposición” en el mercado. Y con ello “la sociedad expuesta se convierte también en pornográfica. La exposición hasta el exceso lo convierte todo en mercancía. Lo invisible no existe, de modo que todo es entregado desnudo, sin secreto, para ser devorado de inmediato, como decía Baudrillard”. Y lo más grave: “La pornografía aniquila al eros y al propio sexo”. La transparencia exigida a todo es enemiga directa del placer que exige un cierto ocultamiento, al menos un tenue velo. La mercantilización es un proceso inherente al capitalismo que solo conoce un uso de la sexualidad: su valor de exposición como mercancía.

Lo propio ocurre en la exigencia de transparencia en la política: “La transparencia que se exige hoy en día de los políticos es cualquier cosa menos una demanda política. No se pide la transparencia para los procesos de decisión que no interesan al consumidor. El imperativo de transparencia sirve para descubrir a los políticos, para desenmascararlos o para escandalizar. La demanda de transparencia presupone la posición de un espectador escandalizado. No es la demanda de un ciudadano comprometido, sino de un espectador pasivo. La participación se realiza en forma de reclamaciones y quejas. La sociedad de la transparencia, poblada de espectadores y consumidores, es la base de una democracia del espectador”.

La exigencia de transparencia, acompañada del hecho de que el mundo es un mercado, hace que los políticos no acaben siendo valorados por lo que hacen, sino por el lugar que ocupan en la escena. “La pérdida de la esfera pública genera un vacío que acaba siendo ocupado por la intimidad y los aspectos de la vida privada”, afirma. “Hoy se oye a menudo que es la transparencia la que pone las bases de la confianza. En esta afirmación se esconde una contradicción. La confianza solo es posible en un estado entre conocimiento y no conocimiento. Confianza significa, aun sin saber, construir una relación positiva con el otro. La confianza hace que la acción sea posible a pesar de no saber. Si lo sé todo, sobra la confianza. La transparencia es un estado en el que el no saber ha sido eliminado. Donde rige la transparencia, no hay lugar para la confianza. En lugar de decir que la transparencia funda la confianza, habría que decir que la transparencia suprime la confianza. Solo se pide transparencia insistentemente en una sociedad en la que la confianza ya no existe como valor”. Un ejemplo de esta contradicción es el Partido Pirata que se presenta a sí mismo como el de la transparencia, lo que en realidad equivale a una propuesta de despolitización. “Se trata, en realidad, de un antipartido”, afirma Han.

Y se ha diluido también la “verdad”, porque en la sociedad de la transparencia lo que importa es la apariencia. Parte de su discurso recuerda el de los situacionistas franceses de los sesenta, que sostenía que la historia podía explicarse por el predominio de los verbos que explican las cosas. En la antigüedad, lo importante era el ser, pero el capitalismo impuso el tener. En la actual sociedad del espectáculo, sin embargo, domina la importancia del parecer, de la apariencia. Así lo resume Han: “Hoy el ser ya no tiene importancia alguna. Lo único que da valor al ser es el aparecer, el exhibirse. Ser ya no es importante si no eres capaz de exhibir lo que eres o lo que tienes. Ahí está el ejemplo de Facebook, para capturar la atención, para que se te reconozca un valor tienes que exhibirte, colocarte en un escaparate”. Y el mundo de la apariencia se nutre de las aportaciones de los medios de comunicación. Pero hay una gran diferencia entre el saber, que exige reflexión y hondura, y el conocer, que no aporta verdadero saber. “La acumulación de la información no es capaz de generar la verdad. Cuanta más información nos llega, más intrincado nos parece el mundo”.

Re: HAN, Byung-Chul

Nota Sab Jul 29, 2017 12:54 pm
fuente: https://hipermediaciones.com/2014/12/08 ... copolitica



Byung-Chul Han: transparencia, cansancio y psicopolítica (I)


Portada



Carlos A. Scolari

Hipermediaciones // 8 de diciembre de 2014




Podemos decirlo sin temores: Byung-Chul Han es el filósofo de moda. Nacido en 1959 en Corea del Sur, este pensador ha desarrollado toda su carrera académica en Alemania en diálogo permanente con un amplio abanico de intelectuales, desde Heidegger hasta Marx, Foucault, Baudrillard y Benjamin. Gracias a un estilo simple -que se expresa en libros más bien breves y de fácil lectura- Byung-Chul Han se ha convertido en un referente para pensar las transformaciones sociales y políticas que atraviesan las sociedades contemporáneas. A continuación algunos apuntes que extraje después de leer sus cinco volúmenes hasta ahora publicados en castellano. Como se podrá ver, hay mucho “food for thought” en sus páginas y unas cuantas polémicas para seguir conversando. Todos los textos de Byung-Chul Han dialogan entre sí. A menudo sus argumentos se repiten, saltan de un volumen a otro y afloran en las páginas a lo largo de toda su obra. Para ordenar mínimamente este post seguiré los títulos de sus libros pero esto no significa que cada volumen esté exclusivamente dedicado a tal o cual argumento.


LA SOCIEDAD DEL CANSANCIO (2012 – edición original: 2010)

En este volumen Byung-Chul Han sostiene que el modelo “viral” y la metáfora de la invasión bacterial -que reina en nuestra sociedad desde al menos el siglo XIX- ha ido perdiendo fuelle para ser reemplazada por otras metáforas y enfermedades. Según el filósofo surcoreano enfermedades como la depresión, el trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH), el transtorno límite de la personalidad (TLP) o el síndrome de desgaste profesional (SDO o “síndrome de burnout) “definen el panorama patológico de comienzos de este siglo” (p. 11). La era inmunológica ha sido abandonada en favor de otro paradigma donde ha desaparecido “la otredad y la extrañeza” y solo reina la “diferencia” (p- 14). Byung-Chul Han ubica en el fin de la guerra fría el momento inicial de esa transición.

El viejo paradigma inmunológico -fundado en el concepto de “negatividad” (“lo otro inmunológico es lo negativo que penetra en lo propio y trata de negarlo”, p. 17)- no es compatible con la globalización ni con la disolución de las fronteras. En este volumen Byung-Chul Han también introduce una cuestión que desarrollará en otros libros (como La sociedad de la transparencia): la superación del modelo foucaultiano del panóptico.

“La sociedad disciplinaria de Foucault, que constaba de hospitales, psiquiátricos, cárceles, cuarteles y fábricas, ya no se corresponde con la sociedad de hoy en día. En su lugar se ha establecido desde hace tiempo otra completamente diferente, a saber: una sociedad de gimnasios, torres de oficinas, bancos, aviones, grandes centros comerciales y laboratorios genéticos. La sociedad del siglo XXI ya no es disciplinaria, sino una sociedad del rendimiento” (p. 25).

El sujeto del rendimiento no sufre una explotación externa: es dueño de sí mismo y se auto-explota. Más adelante volveremos sobre este tema, uno de los leitmotivs de Byung-Chul Han. El sujeto auto-explotado hace del multitasking una práctica que “modifica radicalmente la estructura y economía de la atención. Debido a esto la percepción queda fragmentada y dispersa” (p. 34).

El multitasking y otras prácticas como los videojuegos nos llevan a un estado de atención superficial, lo cual según Byung-Chul Han genera una regresión similar al estado de vigilancia de los animales salvajes: “Los logros culturales de la humanidad, a los que pertenece la filosofía, se deben a una atención profunda y contemplativa” (p 35). Este estado de contemplación es imposible de alcanzar en el mundo del multitasking y la hiperatención.


LA SOCIEDAD DE LA TRANSPARENCIA (2012 – Edición original: 2012)

La utopía de una sociedad o una persona transparente no es más que eso: una utopía. El sujeto necesita espacios para estar consigo mismo, lo cual exige una membrana impermeable que lo aísle del entorno. Según Byung-Chul Han “es imposible establecer una transparencia interpersonal. Y esto tampoco es deseable. Precisamente la falta de transparencia del otro mantiene viva la relación” (p. 15).

La sociedad de la transparencia lleva a la información total, “no permite lagunas de información ni de visión” (p. 17) y se acelera rechazando todo tipo de negatividad. De frente al avance del Big Data y la avalancha de datos empíricos -que amenaza con arrasar con toda teoría- Byung-Chul Han reivindica el pensamiento negativo: “la teoría como negatividad hace que la realidad misma aparezca en cada caso y súbitamente de otra manera, bajo otra luz” (p. 20). La sociedad de la transparencia también amenaza a la política, un tipo de acción estratégica que incluye una dimensión o esfera secreta. Si toda la política se reduce a una escenificación de la transparencia, el “final de los secretos sería el final de la política” (p. 21).

Pero volvamos al repliegue de la negatividad en la sociedad contemporánea: “el veredicto general de la sociedad positiva se llama ‘me gusta’. Es significativo que Facebook se negara consecuentemente a introducir un botón de ‘no me gusta’. La sociedad positiva evita toda modalidad de juego de la negatividad, pues esta detiene la comunicación. Su valor se mide tan solo en la cantidad y la velocidad del intercambio de información. La masa de la comunicación eleva también su valor económico. Veredictos negativos menoscaban la comunicación. Al ‘me gusta’ le sigue con más rapidez la comunicación conectiva que al ‘no me gusta’. Sobre todo, la negatividad del rechazo no puede valorarse económicamente” (p. 23). El “Yes, We Can” de Barack Obama también forma parte de esta hegemonía de lo positivo.

La sociedad de la transparencia valora la exposición. Cada sujeto “es su propio objeto de publicidad. Todo se mide en su valor de exposición. La sociedad expuesta es una sociedad pornográfica” (p. 29). Vivimos en un mundo que tiende a la hipervisibilidad, un espacio sin secretos ni misterios ocultos. A la sociedad de la transparencia “toda distancia le parece una negatividad que hay que eliminar: constituye un obstáculo para la aceleración de los ciclos de la comunicación y del capital” (p. 32).

En sintonía con los argumentos de Eli Pariser (autor de The Filter Bubble) Byung-Chul Han denuncia la construcción de burbujas de información personalizadas por los algoritmos. Estos sistemas -como el PageRank de Google- “presenta(n) al participante tan solo aquellas secciones del mundo que le gustan. Así, desintegra la esfera pública, la conciencia pública, crítica, y privatiza al mundo” (p. 69). Para terminar este volumen Byung-Chul Han se interna en territorios foucaultianos y nos habla del nuevo panóptico digital, un dispositivo que “carece de perspectiva en el sentido de que no es vigilado desde el único centro por la omnipotencia de la mirada despótica. Desaparece por completo la distinción entre centro y periferia, que era constitutiva para el panóptico de Bentham (…) los que habitan el panóptico digital se creen que están en libertad” (p. 88).


LA AGONÍA DEL EROS (2014 – Edición original: 2012)

En este volumen Byung-Chul Han retoma la desaparición de la negatividad para decir que “vivimos en una sociedad que se hace cada vez más narcisista. La libido se invierte sobre todo en la propia subjetividad” (p. 11). El sujeto narcisista del rendimiento “está abocado, sobre todo, al éxito” y su enfermedad es la depresión (“una enfermedad narcisista”) (p. 11). El sujeto depresivo del rendimiento “se hunde y ahoga en sí mismo” (p. 12).

Más adelante Byung-Chul Han vuelve a la carga con las transformaciones en las formas de dominación: la sociedad del rendimiento “está dominada por el verbo modal poder, que formula prohibiciones y utiliza el verbo deber. A partir de un determinado punto de productividad, la palabra deber se topa pronto con su límite. Para el incremento de la producción es sustituida por el vocablo poder. La llamada a la motivación, a la iniciativa, al proyecto, es más eficaz para la explotación que el látigo y el mandato. El sujeto de rendimiento, como empresario de sí mismo, sin duda es libre en cuanto no está sometido a ningún otro que le mande y lo explote, pero no es realmente libre, pues se explota a sí mismo, por más que lo haga con entera libertad. El explotador es el explotado” (p. 19).

Este nuevo tipo de explotación es mucho más eficiente que la anterior porque “va unida al sentimiento de libertad. Con ello la explotación es posible sin dominio” (p. 20). El neoliberalismo entiende al sujeto como proyecto y no como explotado. De esta forma el fracaso lo asume el sujeto: “no hay nadie a quien pueda hacer responsable de su fracaso” (p. 21). Esta idea rebate la concepción de Benjamin (“el capitalismo es una religión”): el capitalismo no es ninguna religión porque “toda religión maneja las categorías de deuda (culpa) y desendeudamiento (perdón). El capitalismo es solamente endeudador” (p. 22). El resultado es la depresión y el síndrome del agotamiento.

En la última parte de La agonía del eros Byung-Chul Han arremete contra el Big Data y la supuesta “muerte de la ciencia” y de la teoría anunciada por la revista Wired en el año 2008. La correlación de datos habría sustituido a la causalidad. Byung-Chul Han sostiene que la teoría es “más que un modelo o una hipótesis que pueda verificarse o declararse falsa en virtud de experimentos (…) No hay un pensamiento llevado por los datos. Sólo el cálculo es llevado por los datos” (p. 74). La teoría, en otras palabras, es una “donación previa”, “trasciende la positividad de lo dado y hace que esto, de pronto, aparezca bajo otra luz” (p. 74). Byung-Chul Han no duda: “la masa de datos e informaciones, que crece sin límites, aleja hoy la ciencia de la teoría, del pensamiento” (p. 75). La ciencia que proponen Google y Wired es aditiva, no narrativa o hermenéutica. Le falta “tensión narrativa” (p. 75).

Para terminar, Byung-Chul Han concluye: “la tremenda cantidad de información eleva masivamente la entropía del mundo, y también el nivel de ruido. El pensamiento tiene necesidad de silencio. Es una expedición al silencio” (p. 75).


Apuntes alrededor de Byung-Chul Han

Si bien este post continuará con una segunda parte dedicada a otros dos libros de Byung-Chul Han (Psicopolítica y En el enjambre) podemos ir adelantando algunos comentarios a su obra. Como suelo decir, en un entorno donde escasea el pensamiento crítico siempre son bienvenidas las miradas que encarnan una filosofía “negativa” y apuntan a los aspectos más cuestionables de la sociedad del siglo XXI.

En este contexto los libritos de este filósofo son un soplo de aire fresco… aunque algunos de esos aires nos recuerdan a cosas ya escritas a lo largo del siglo veinte respecto a la cultura de masas, desde el apocalipticismo de Adorno y Horkheimer hasta las “transparencias” de Baudrillard. Me resultó interesante la hipótesis según la cual el modelo inmunológico estaría en fase de superación -algo muy posible- pero no la termino de compaginar con el día a día de nuestra sociedad. La reciente crisis del ébola en España nos demuestra que el miedo al Otro (en este caso un virus que, además, viene de… África) sigue vivito y coleando. Sin embargo no creo que sea una pérdida de tiempo seguir con atención la evolución de estos modelos de control en la cultura contemporánea.

Por otra parte, estoy seguro de que el asalto al panóptico tradicional de Foucault que Byung-Chul Han propone dará lugar a unos cuantos debates. Donde Byung-Chul Han despliega una mirada muy interesante es en la cuestión del avance de la positividad y la instalación de un sistema de auto-explotación en el neoliberalismo. Sus reflexiones sobre el nuevo “sujeto del rendimiento” me parecen más que útiles para comprender los modos de producción simbólica y las nuevas formas de explotación en un capitalismo post-industrial donde reina la exposición y la hipervisibilidad.

La crítica de Byung-Chul Han -un ataque en toda regla al corazón de esa ideología nacida en un garaje de California y alimentada a golpe de start-ups exitosas en Silicon Valley- sirve para comprender mejor las tensiones entre lo privado y lo público, entre el tiempo del trabajo y el tiempo del ocio, y otras oposiciones que marcaron a la sociedad industrial y hoy están en vías de desaparición. Hay que decirlo claramente: no todos pueden ser emprendedores exitosos. La revolución digital esconde miles de trabajadores hiperexplotados de la manera más tradicional en las líneas de producción (no solo en China) y una buena cantidad de especialistas flexibles que se auto-explotan y viven al borde del síndrome del burnout. Byung-Chul Han se encarga de reflexionar sobre esta segunda figura.

Tampoco resulta difícil disentir con Byung-Chul Han cuando critica a las burbujas de información personalizada que los algoritmos nos construyen a medida. Es evidente que este entorno informacional construido a nuestra imagen y semejanza introduce una cuña profunda en el concepto de “opinión publica” y las formas de hacer política y construir hegemonía (ver la entrevista “Los partidos políticos, los sindicatos y la escuela son interfaces en crisis. Hay que resideñarlas” que me hizo Diana Fernández Irusta para La Nación).

La lectura crítica que hace Byung-Chul Han del conocimiento nacido al calor del Big Data, en cambio, me parece superficial y se merecería un análisis más extenso. Si bien nadie puede creerse “el fin de la teoría” augurado por Chris Anderson en Wired, las posibilidades que ofrecen las humanidades digitales no pueden liquidarse en un par de párrafos. Desde mi perspectiva hermenéutica y Big Data pueden entablar un diálogo fecundo. Para terminar, me queda zumbando en el oído el recurrente reclamo de Byung-Chul Han a parar la máquina, hacer silencio y desacelerar el pensamiento. Esta idea tan romántica y decimonónica -que propone volver a un pasado idealizado donde aparentemente reinaba la tranquilidad, el silencio y el slow time, y por lo tanto se podía pensar en paz– me recuerda demasiado a las críticas de Theodor Adorno a las “síncopas perturbadoras” y a los “monótonos estímulos” del jazz… En breve: creo que necesitamos intelectuales que sean capaces de pensar no sólo sobre sino también desde las condiciones culturales de la sociedad contemporánea. O sea, necesitamos intelectuales -como Alessandro Baricco, Agustín Fernández Mallo, Eloy Fernández Porta, Vicente Luis Mora, Jorge Carrión o Alejandro Piscitelli- que piensen desde el multitasking, la hiperatención y la fragmentación entrópica.

Re: HAN, Byung-Chul

Nota Sab Jul 29, 2017 2:24 pm
fuente: https://hipermediaciones.com/2014/12/21 ... dummies-ii



Byung-Chul Han: ¿filosofía para dummies? (II)


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Carlos A. Scolari

Hipermediaciones // 21 de diciembre de 2014




Comenzamos a despedir este 2014 con la segunda y última parte de la reseña dedicada a la obra de Byung-Chul Ha, el filósofo de moda en España. Si en la primera parte del post presentamos tres de sus libros –La sociedad del cansancio, La sociedad de la transparencia y La agonía del Eros– y avanzamos algunos comentarios críticos, aquí analizaremos otras dos obras –En el enjambre y Psicopolítica- y concluiremos con una reflexión general sobre los aportes de este pensador.


En el enjambre (2014 – Edición original: 2012)

Este es el texto donde Byung-Chul Han se ocupa a fondo del mundo digital. Desde ya se los digo: es la obra con la que menos sintonizo. En este volumen la mirada crítica del filósofo surcoreano se convierte en un garrotazo apocalíptico a todo lo que huela a silicio. Según Byung-Chul Han estamos en presencia de un “enjambre digital” formado por individuos que “no desarrollan ningún nosotros”, “no se manifiesta en una voz. Por eso es percibido como un ruido” (p. 27). Los modelos colectivos fundados en las nuevas tecnologías digitales “son muy fugaces e inestables, como en los rebaños constituidos por los animales. Los caracteriza la volatilidad” (p. 29). Byung-Chul Han busca diferenciarse tanto de la visión tradicional de la “masa” como de la “multitud” de Hardt y Negri.

Para los que estudiamos los procesos de comunicación resulta sorprendente leer a Byung-Chul Han cuando sostiene que en la comunicación digital “las informaciones se producen, envían y reciben sin mediación de los intermediarios. No son dirigidas y filtradas por mediadores. La instancia intermedia es eliminada para siempre (…) Medios como blogs, Twitter o Facebook liquidan la mediación de la comunicación, la desmediatizan” (p. 33-34). No estoy para nada de acuerdo con este análisis. Más que un estado de desintermediación total como sugiere Byung-Chul Han asistimos al desarrollo de nuevas instancias de (ciber)intermediación (ver el post "Producción y distribución del conocimiento en la Era de la Ciberintermediación", el cual retoma algunas investigaciones que realizamos con Hugo Pardo Kuklinski y Cristóbal Cobo al respecto). Por otra parte… ¿Cómo se puede sostener que Twitter o Facebook no mediatizan la comunicación? ¿Acaso son interfaces neutras que no afectan las formas que asumen los intercambios entre los usuarios? Las plataformas digitales -desde Facebook hasta Amazon- generan un “efecto de desintermediación”, cuando en realidad son sus algoritmos los que modelan el consumo y las interacciones de los usuarios (ver mi post "The filter bubble. Alguien te está mirando sobre los algoritmos de Google").

Más interesantes son las reflexiones de Byung-Chul Han sobre los movimientos políticos nacidos al calor de los tuits. Lejos de Manuel Castells y otros teóricos de la sociedad-red movilizada Byung-Chul Han no ve con claridad las movidas indignadas de la última década: “La indignación digital no … es capaz de acción ni de narración. Más bien, es un estado afectivo que no desarrolla ninguna fuerza poderosa de acción” (p. 22). La creciente presión de desmediatización “se apodera también de la política. Pone en apuro a la democracia representativa. Los representantes políticos no se muestran como transmisores, sino como barreras. Y así, la presión de desmediatización se presenta como exigencia de más participación y transparencia. Precisamente a esta evolución medial debe su éxito inicial el Partido Pirata” (p. 35). Algo parecido podría decirse de Podemos en España. Ahora bien, que los nuevos movimientos políticos cuestionen a la “casta política” no significa que estemos de frente a un proceso de desmediatización de la política: lo que Podemos y otros movimientos similares proponen son nuevas formas de mediatización.

Una digresión antes de seguir: como habrán visto, Byung-Chul Han comienza hablando de “mediación” y en un momento determinado pasa a “mediatización”. Ignoro si se trata de un error en la traducción de alemán o de un uso superficial de ambos conceptos. Es obvio que “mediación” no significa lo mismo que “mediatización”. Sobre este tema les recomiendo la lectura de La Semiosis Social II de Eliseo Verón, un texto donde desgrana y define claramente ambos conceptos. Fin digresión.

En esta obra Byung-Chul Han vuelve a los temas tratados en sus otros libros, desde la excesiva velocidad de la vida social hasta la fragmentación y la positividad que definen a la sociedad contemporánea. Estas características se expresan en ciertos objetos. El siguiente párrafo es un buen ejemplo de su visión anti-gadget: “el smartphone es un aparato digital que trabaja con un inputoutput pobre en complejidad. Borra toda forma de negatividad. Con ello se olvida de pensar de una manera compleja. Y deja atrofiar formas de conducta que exigen una amplitud temporal o una amplitud de mirada. Fomenta la visión a corto plazo. Fomenta el corto plazo, y ofusca la larga duración y lo lento. El me gusta sin lagunas engendra un espacio de positividad” (p. 43). Los gadgets de silicio no le caen bien a Byung-Chul Han: “los aparatos digitales traen una nueva coacción, una nueva esclavitud. Nos explotan de manera más eficiente por cuanto, en virtud de su movilidad, transforman todo lugar en un puesto de trabajo y todo tiempo es un tiempo de trabajo. La libertad de la movilidad se trueca en la coacción fatal de tener que trabajar en todas partes” (p. 59). El pensamiento negativo de Byung-Chul Han no perdona: “la comunicación digital hace que se erosione fuertemente la comunidad, el nosotros. Destruye el espacio público y agudiza el aislamiento del hombre” (p. 75). Y culmina: “el exceso de información hace que se atrofie el pensamiento” (p. 88-89). Pasemos a otro libro.


Psicopolítica (2014 – Edición original: 2014)

A diferencia del anterior, este es libro de Byung-Chul Han que más me gusta. Si no tienen ganas de leerse todos los volúmenes (cinco hasta ahora) les recomendaría comenzar por este. ¿Por qué? Porque en cierta manera retoma y resume sus principales ideas. Byung-Chul Han comienza hablando de la ilusión de libertad (“el sujeto del rendimiento, que se pretende libre, es en realidad un esclavo”) y la absolutización del trabajo (“el sujeto neoliberal como empresario de sí mismo no es capaz de establecer con los otros relaciones que sean libres de cualquier finalidad” p. 12-13). Después retoma a Marx para darle una vuelta de tuerca al materialismo dialéctico: “el capitalismo industrial muta en neoliberalismoo capitalismo financiero con modos de producción posindustriales, inmateriales, en lugar de trocarse en comunismo” (p. 16). Y remata: “El neoliberalismo, y no la revolución comunista, elimina la clase trabajadora sometida a la explotación ajena. Hoy cada uno es un trabajador que se explota a sí mismo en su propia empresa. Cada uno es amo y esclavo en una persona. También la lucha de clases se transforma en una lucha interna consigo mismo” (p. 17).

En cierto momento Byung-Chul Han se aleja de Marx para acercarse a Foucault: la libertad y la comunicación ilimitadas “se convierten en control y vigilancias totales” (p. 21). Además, el “neoliberalismo convierte al ciudadano en consumidor … sólo reacciona de forma pasiva a la política, refunfuñando y quejándose, igual que el consumidor antes las mercancías y servicios que le desagradan” (p. 23). Como síntesis de estos cambios “nos dirigimos a la época de la psicopolítica digital. Avanza desde una vigilancia pasiva hacia un control activo” (p 25). La psicopolítica tiene sus instrumentos. El Big Data es uno de ellos, uno muy importante, ya que “permite adquirir un conocimiento integral de la dinámica inherente a la sociedad de la comunicación. Se trata de un conocimiento de dominación que permite intervenir en la psique y condicionarla a un nivel prerreflexivo” (p. 25). Con el Big Data “el futuro se convierte en predecible y controlable” (p. 25).

Si la dominación tradicional se basaba en la demografía y la estadística, la psicopolítica se funda en el Big Data. Como ya les dije en este contexto algunos gadgets (el smartphone en primer lugar) se convierten en “objetos de devoción”, ocupando el mismo lugar que el rosario en la tradición católica. El “me gusta” es el “amén digital” y Facebook, “la iglesia, la sinagoga global de lo digital” (p. 26) …y “el neoliberalismo es el capitalismo del me gusta” (p. 30). La biopolítica de Foucault -la forma de gobierno de “la sociedad disciplinaria”- es cosa del pasado: es “inadecuada para el régimen neoliberal que explota principalmente la psique” (p. 38). Byung-Chul Han lo dice claro: “Foucault no realizó el giro a la psicopolítica” (p. 40).

En otros capítulos Byung-Chul Han no ahorra críticas al cuerpo estetizado, los libros de autoayuda, el consumismo, la ludificación y la hegemonía de un pensamiento que pone las emociones por encima de cualquier otro tipo de vivencia, para terminar en un concepto que atraviesa toda su obra: la emergencia del “panóptico digital” (p. 62). De frente a tanto libro e investigación sobre lo emocional Byung-Chul Han no duda y clava el cuchillo en lo más profundo: “las emociones son esencialmente fugaces y más breves que los sentimientos… En el capitalismo del consumo se venden significados y emociones… La emoción se convierte en medio de producción” (p. 70). Para terminar Byung-Chul Han vuelve al Big Data y arremete contra la supuesta “muerte de la ciencia” (y “de la teoría”) anunciada por Chris Anderson en Wired, un tema que el filósofo surcoreano ya había tratado en el volumen La agonía del Eros (ver la primera parte de la reseña).


Apuntes finales

Como dije al final del primer post, en un entorno donde el pensamiento negativo tiende a ser tapado por millones de “me gusta” y discursos cargados de positividad (“Sonríe, te estamos registrando”), las miradas críticas son más que bienvenidas. También dijimos que los pequeños volúmenes de Byung-Chul Han son un soplo de aire fresco pero cargado de aromas de la crítica del siglo XX a la cultura de masas (desde Adorno y Horkheimer hasta Foucault y Baudrillard). En ese sentido creo que las obras de Byung-Chul Han están escritas más bajo el signo de la continuidad que de la ruptura.

Pero Byung-Chul Han está más que atento a los cambios de la sociedad digital post-industrial, desde las nuevas formas que adopta la auto-explotación hasta la emergencia del llamado “panóptico digital”. En este contexto Byung-Chul Han se presenta como una especie de Foucault 2.0 y abre líneas de reflexión muy interesantes y útiles en un entorno donde todavía se consume -a menudo de manera bastante acrítica- la versión original Foucault 1.0 (ver mi post "¿Bibliografía del oprimido?").

Algunas ideas de Byung-Chul Han me parecen interesantes (por ejemplo su crítica al “panóptico digital”, la “auto-explotación” y la hegemonía del pensamiento positivo y emocional); otras no me terminan de convencer, sobre todo cuando entra en cuestiones digitales, desde el tema del Big Data hasta la vida de los sujetos en las redes sociales. Lo reconozco: cuando Byung-Chul Han se pone a reflexionar sobre lo digital me aburre. Su mirada es unidireccional, sólo ilumina una dimensión de las tecnologías digitales -la negativa- y termina generando una fuerza que se anula con la de los discursos positivos sobre las “nuevas tecnologías” digitales. Si sumamos Negroponte + Byung-Chul Han el resultado siempre será cero (“0”). Estoy convencido de una cosa: necesitamos otro tipo de miradas que escapen a esta “razón dualista” (Jesús Martín Barbero dixit) que bloquea cualquier comprensión profunda del “enjambre digital”.

Una cosa me llamó poderosamente la atención: si bien Byung-Chul Han critica la configuración que está adoptando la sociedad contemporánea, desplegando una mirada que nos recuerda a la de los pensadores nacidos en el siglo XIX que se confrontaron con la naciente cultura de masas, su producción está más que en sintonía con los ritmos, polifonías y fragmentaciones de ese mundo. Me explico: sus libros son breves y de fácil lectura, hilvanados con frases cortas, casi tuits, que vuelven una y otra vez sobre los nudos conceptuales de su pensamiento: el panóptico digital, la auto-explotación, la fragmentación, la positividad, la falta de silencio… Byung-Chul Han critica el caos y la velocidad acelerada de las sociedades contemporáneas pero compone textos totalmente adaptados a ese ecosistema. Si bien encarna un espíritu adorniano, a la hora de escribir Byung-Chul Han se acerca mucho a McLuhan -el gran creador de aforismos/tuis sobre la cultura de masas- pero aún más a los bárbaros de Baricco. ¿Filosofía para dummies?

Re: HAN, Byung-Chul

Nota Dom Ago 27, 2017 4:58 am
La expulsión de lo distinto
Die Austreibung des Anderen
Byung-Chul Han

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Los tiempos en los que existía el otro han pasado. El otro como amigo, el otro como infierno, el otro como misterio, el otro como deseo van desapareciendo, dando paso a lo igual. La proliferación de lo igual es lo que, haciéndose pasar por crecimiento, constituye hoy esas alteraciones patológicas del cuerpo social. Lo que enferma a la sociedad no es la alienación, la sustracción, la prohibición ni la represión, sino la hipercomunicación, el exceso de información, la sobreproducción y el hiperconsumo. La expulsión de lo distinto y el infierno de lo igual ponen en marcha un proceso destructivo totalmente diferente: la depresión y la autodestrucción. Este nuevo ensayo de Byung-Chul Han rastrea el violento poder de lo igual en fenómenos tales como el miedo, la globalización y el terrorismo, que son los que caracterizan la sociedad actual.







[Editado por el comité de RBM para incluir el enlace en el primer mensaje. Muchas gracias, compañero Ivanjoe.]


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