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WOLLSTONECRAFT, Mary (1759-1797)

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Mary Wollstonecraft

Portada
(Wikipedia | Dialnet)


Introducción

    [fuente] [...] Forzada a la autonomía y la entereza

    Poco se sabe de los primeros años de la vida de Mary Wollstonecraft, poco más allá de que nació en 1759, puede que en Londres, puede que en Epping Forest. No obstante, los datos disponibles no ofrecen un cuadro especialmente agradable. Parece que a la pobreza económica hay que sumar la emocional: un padre despótico, torpe y egoísta y una madre sumisa con él pero igualmente tiránica con sus hijos, excepto con su ojito derecho, Edward. Ninguno de sus progenitores mostraba ni aptitudes ni inclinaciones intelectuales ni un especial interés por la educación de sus hijos.

    Mary no tardó en abandonar el domicilio familiar. Tenía diecinueve años cuando entró al servicio de Mrs. Dawson, una viuda acaudalada. Tampoco este periodo de su vida está documentado. En cualquier caso, la joven Wollstonecraft se abrió paso hacia la independencia económica muy joven y sola: no conocía a nadie en Bath, donde residía Mrs. Dawson.

    A finales de 1781, después de tres años atendiendo las necesidades de la viuda Dawson, regresó al domicilio familiar para cuidar de su madre, gravemente enferma. Elizabeth, la madre, aceptó y agradeció inicialmente como un favor la asistencia de su hija, pero no tardó en comportarse como si el favor fuera en realidad una obligación.

    En la primavera del año siguiente, tras la muerte de su madre, Mary se fue a vivir con unos vecinos, los Blood. Ya antes de irse a Bath, la hija de esta familia, Fanny, era su mayor consuelo y estímulo. Los Blood, aunque humildes, habían procurado una educación razonablemente buena a su hija, que mostró interés por la literatura y las artes desde la infancia. Así, a pesar de que Fanny era sólo dos años mayor que ella, Mary encontró en la hija de los Blood no sólo una íntima amiga, sino también un modelo. Ella y Mr. Clare, un excéntrico capellán de gran cultura con el que ambas habían trabado amistad, acompañaron a Mary en sus primeros pasos en el mundo intelectual compartiendo lecturas e inquietudes.

    No obstante, el feliz cambio de rumbo en la vida de la joven duró apenas un año. Un misterioso episodio vino a interrumpirlo. Eliza, su hermana menor, necesitaba ayuda. Nadie sabe hoy de qué se trataba, pero algo iba mal. Mary se llevó a Eliza de la casa de su marido y las dos permanecieron escondidas un tiempo. Al cabo de unos meses las hermanas se pusieron en contacto con Fanny para proponerle fundar una escuela. Lo hicieron en Newington Green, donde entraron en contacto con el reverendo Richard Price, líder de la intelectualidad progresista local. El reverendo Price ejerció una notable influencia en Mary y en su círculo entró en contacto con Joseph Johnson, su futuro editor.


    De maestra a ensayista, de polémica a sacrílega

    Tras un año en Newington Green, la joven maestra emprendió un viaje en barco para visitar a Fanny, que esperaba su primer hijo en Lisboa, donde acababa de instalarse tras su matrimonio con un joven comerciante. La vida parecía sonreírle nuevamente y la escuela marchaba tan bien que no parecía ir a suponer un problema que se ausentara un par de meses. Pero volvía tratarse de una sonrisa breve. Fanny y su hijo murieron poco después de la llegada de Mary y a su vuelta a Inglaterra la escuela comenzó suponer una fuente de gastos antes que de ingresos.

    Su situación económica apenas mejoró cuando poco después Johnson accedió a publicar su primer libro, De la educación de las hijas, de 1787. El texto constituía una guía práctica dirigida a una emergente clase media en busca de una identidad y unas costumbres contrapuestas a las aristocráticas. Se trataba de un género de moda: los libros de conducta. Cada año se publicaban en Inglaterra decenas de libros que ofrecían nuevos consejos acerca de asuntos tales como la forma correcta de vestirse y comportarse en reuniones. El de Mary hacía exactamente lo mismo, pero contenía algunas reflexiones poco comunes. Así, por ejemplo, atacaba la tendencia a educar a las niñas para sentirse bellas, derrochar dinero en ropa y convertirse en adornos sociales para los hombres y defendía la necesidad de que adquieran, como los niños, cultura y conocimientos útiles para comprender el mundo y ganarse la vida.

    Los escasos ingresos que la publicación de su primer libro le reportaron no sirvieron para reflotar la escuela y la inestabilidad económica le acompañó durante años. Tras esta primera publicación trabajó como asistente editorial en la redacción de Analytical Review, la revista cultural que Johnson dirigía. Durante este periodo realizó una considerable cantidad de traducciones y redactó para Analytical Review recensiones sobre poesía, novelas, biografías, crónicas de viajes, ensayos y tratados de teología, moral, arquitectura o música. A finales de la década de los ochenta era pues una autora de temas estéticos y morales apenas conocida.

    No obstante, en 1790 publicó un libro que rápidamente alcanzaría varias ediciones convirtiéndola en una polémica y conocida escritora política. El libro, Vindicación de los derechos del hombre, surgió como respuesta al ataque conservador de Edmund Burke al reverendo Richard Price en su libro sobre la revolución francesa. Wollstonecraft ataca en este texto el clasismo y tradicionalismo de Burke, critica la institución monárquica y los valores aristocráticos e insiste en la irracionalidad del discurso sexista que autores como él enarbolan con la intención de privar a las mujeres de la acción en la esfera pública y a la esfera pública de la acción de las mujeres. El libro, obviamente, se le atragantó a la mayoría conservadora.

    Al año siguiente, con la publicación de Vindicación de los derechos de la mujer, Mary pasó de ser tenida por meramente polémica a ser considerada sacrílega: ¡cómo podía ocurrírsele a nadie plantear que el matrimonio consistía en una mera relación de propiedad y que las mujeres eran educadas para la sumisión, la dependencia y la infelicidad!

    En 1792 Mary viajó a la Francia revolucionaria, donde conoció a Gilbert Imlay, novelista, diplomático y hombre de negocios. Su relación fue dolorosa desde el principio. Mary se sentía engañada y rechazada. No obstante, vivieron cuatro años en París y El Havre y tuvieron una hija, Fanny.

    Tras su ruptura definitiva, en marzo de 1796, Mary regresó a Inglaterra. Solo viviría ya poco más de un año. A lo largo del mismo mantuvo una relación amorosa con William Godwin, con el que llegaría a casarse. Mary declaró que sólo su amor por William había sido capaz de inducirle a acatar una institución que deseaba abolir. Se casó embarazada y pocos meses después murió al dar a luz a su segunda hija, Mary Wollstonecraft Shelley.




Ensayo





Narrativa





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