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PÉREZ OROZCO, Amaia

Libros, autores, cómics, publicaciones, colecciones...

PÉREZ OROZCO, Amaia

Nota Sab Jul 01, 2017 11:37 pm
Amaia Pérez Orozco

Portada
(Dialnet)


Introducción

    [fuente] Es doctora en economía y participa activamente en movimientos sociales y feministas. Ya desde la acción militante, ya desde su actividad profesional, trata de aplicar una mirada feminista a la economía. Entre sus obras destacan Perspectivas feministas en torno a la economía. El caso de los cuidados (2006, CES) y, con Silvia L. Gil, Desigualdades a flor de piel. Cadenas globales de cuidados (2011, ONU-Mujeres).




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Re: PÉREZ OROZCO, Amaia

Nota Dom Jul 02, 2017 12:03 am
entrevista a Amaia Pérez Orozco
(en Fundación de los Comunes, el 9 de septiembre de 2015)







entrevista a Amaia Pérez Orozco
(en 'Burgos Dijital', el 20 de diciembre de 2014)


Re: PÉREZ OROZCO, Amaia

Nota Dom Jul 02, 2017 12:15 am
fuente: https://www.diagonalperiodico.net/globa ... emocratica



entrevista a Amaia Orozco, economista feminista

“Deberíamos plantearnos qué idea de vida merece la pena ser vivida de manera colectiva y democrática”


Portada




Diagonal // 7 de marzo de 2013



Cuidar, lavar, cocinar, planchar, educar, limpiar, hacer la compra… Este conjunto de verbos y muchos más están relacionados con las mujeres de todo el mundo. Las tareas vinculadas a lo doméstico que realizan a lo largo del día son muchas, muy variadas y la sociedad da por supuesto que el sexo femenino es quien las debe hacer. Todo un conjunto social se ve favorecido por los trabajos, nunca remunerados ni reconocidos, que siempre realizan las mujeres.

La economía feminista trabaja para que esto cambie, para que se valoren y se pongan a escena pública todas esas funciones que son invisibles para la sociedad en su conjunto pero sin las cuales sería mucho más complicada la vida diaria (y la economía de un país). Amaia Pérez Orozco, economista feminista indaga y reflexiona sobre la teoría y la práctica más cotidiana de esta disciplina con el fin de que se estime, considere y recompense la ocupación de la mujer en la sociedad. Hablamos con ella para conmemorar de algún modo el Día Internacional de la Mujer.


Diagonal: ¿Qué es la economía feminista?

Amaia Pérez Orozco: La economía feminista se caracteriza por tres puntos que, aunque presentan aplicaciones y formas diferentes, todos tienen algo en común.

Uno establece que economía no es sólo lo que ocurre en los mercados, que no sólo es flujo de dinero y que el trabajo no es sólo lo que se paga, sino que economía son los procesos que sostienen la vida, que generan los recursos necesarios para el bienestar físico y emocional de las personas y que esto implica también muchos trabajos que no se pagan. Por lo tanto es recuperar esa dimensión invisibilizada de los trabajos no remunerados que forman parte de la generación cotidiana del bienestar.

Un segundo punto establece que la economía está vinculada con las relaciones de género de desigualdad donde existe un reparto injusto de los trabajos y de los recursos y, encima, el sistema económico construye y redibuja esa desigualdad. De ahí que para entender realmente cómo funciona la economía necesitamos aplicar una mirada feminista ligada a las desigualdades entre mujeres y hombres.

El tercero, intentar ver, analizar y pensar la economía para transformarla; es decir, no hacer economía desde una posición de asépticas, de expertas, sino que la economía es política y queremos dar una mirada comprometida para lograr mejores condiciones de vida para el conjunto de la población con el fin de acabar con las desigualdades entre hombres y mujeres.


D.: ¿Cómo se unen la ciencia económica con las ideas políticas de los feminismos?

A.P.O.: La economía feminista es una rama académica y también es movimiento social. En Europa se ha adjudicado al trabajo que determinadas economistas feministas están haciendo en la academia, pero en América Latina, sobre todo, es la forma en que las mujeres abordan su vida económica. Así, se puede decir que a su vez es un ámbito de estudio y de movimiento social desde donde se construyen las relaciones económicas.

Yo descubrí la economía feminista junto con la ecológica en el último curso de carrera, con una asignatura sobre metodologías alternativas. Pero desde siempre ha habido miradas feministas al modelo socioeconómico, aunque el término como tal surge en los años '90. Aún así, aunque yo me vinculé más con ella por la vía académica, apostaría porque la economía feminista se convirtiera en un movimiento social y de alternativa política.


D.: ¿Cómo aplicar la teoría de la economía feminista a la práctica cotidiana de la vida?

A.P.O.: En América Latina hay más experiencias que en Europa. Una idea es combinar la economía solidaria con visiones feministas, la cuestión es cómo poner en marcha esto ya que en la práctica habría que atravesar distintos niveles: cómo organizamos nuestra vida socioeconómica día a día, a qué le damos importancia, qué redes tenemos, qué objetivos vitales buscamos, cómo distribuimos los trabajos, por ejemplo. Otro nivel sería transformar las relaciones socioeconómicas en la cotidianeidad: cómo luchar por una distribución justa de los trabajos, por unos modelos de bienestar distintos, cuestionarnos el consumismo, etc. Luego habría otro nivel más comunitario donde tendríamos que poner en marcha otras experiencias como el banco del tiempo, trueques, el compartir cosas, etc. Y además, tener en cuenta el nivel más macro de las políticas públicas, de los presupuestos, a qué se dedica el gasto público del Estado, qué forma toma el Estado del Bienestar, qué sistema impositivo tenemos, etc.

Pero lo que plantearía el feminismo es que a todos estos niveles deberíamos plantearnos la idea de “vida que merece la pena ser vivida”.

Es decir, cuál es el objetivo social de desarrollo de país a nivel macro y también a nivel comunitario, y cuál es nuestra propia idea del bienestar. Para ello, habría que reconocer los trabajos y recursos necesarios para lograr ese nivel de bienestar, y no sólo los que mueven dinero; es decir, dar valor real a todos los procesos invisibles como el trabajo no pagado en las casas, lo explotado y no valorado en lo comunitario o la economía invisible de los cuidados de lo que se “libra” el Estado.


D.: ¿Qué significa exactamente “vida que merece la pena ser vivida”? ¿Bajo qué perspectiva y para quién sería merecida vivirla?

A.P.O.: En primer lugar hay que reconocer que la vida es vulnerable y precaria, que hay que cuidarla; pero también, dejar de pensar que solas podemos hacerlo ya que siempre estamos en relaciones de interdependencia con el resto. Para ello es fundamental combinar esa idea de la interdependencia con la de autonomía, porque las mujeres a lo largo de la historia no han tenido autonomía, dando siempre su propia vida por el bienestar ajeno.

Otra idea clave es que la vida que merece la pena ser vivida tiene que respetar siempre dos principios éticos irrenunciables. El primero es la universalidad ya que no se trata lo que yo individualmente entiendo por “vida que merece la pena ser vivida” sino que es algo colectivo, como la vida a la que vamos a responder y responsabilizarnos, es decir, tiene que ser para todos y todas y no podría, por ejemplo, ser el buen vivir de unas personas a costa del mal vivir de otras. El segundo principio es la singularidad ya que la vida es una experiencia individual y también hay que respetar las diferencias de cada quien. Es reconocer la diversidad, posibilitarla y vivirla, no negarla.

La vida que merece la pena ser vivida ha de tener claro las dimensiones materiales pero también las emocionales y afectivas. No sólo preguntarnos por el tipo de vivienda que merezco sino también si tengo espacios de libertad para compartir la vivienda con quien yo quiera, por ejemplo, debates que no siempre se plantean en las agendas políticas.

Y por último, habría que romper con el binarismo sexual. No por nacer con una biología estamos condenadas a vivir un lugar en el mundo. Dar libertad a nivel sexual y de género sería esencial. Pero en todo caso, la idea de “vida que merece la pena ser vivida” no es lo que yo entienda o tú entiendas, sino lo que colectiva y democráticamente decidamos y con la que nos responsabilicemos. Tenemos que definir qué es bienestar para hacernos colectivamente responsables de este nivel de bienestar.


D.: El día de hoy (8 de marzo) sirve para reflexionar, entre otras muchas cosas, sobre la división sexual del trabajo, que relega a las mujeres a un papel secundario en la sociedad, ¿cómo surge esto y por qué?

A.P.O.: Me parece irrelevante preguntarse por los orígenes de la división sexual del trabajo, lo que me parece interesante es preguntarnos por los mecanismos que lo perpetúan. Así, el derecho a maternidad y el derecho a paternidad es un derecho que perpetúa la división del trabajo; el tener un mercado laboral que sigue exigiendo el trabajador champiñón, plenamente disponible y flexible para el mercado laboral, perpetúa dicha división sexual del trabajo; el que los sindicatos no se tomen en serio el trabajo no remunerado también lo perpetúa; el que los movimientos sociales sólo valoren el trabajo más público y no el de mantenimiento cotidiano es otra forma de división sexual del trabajo; el no enseñar a los chavales en clase a cuidarse a sí mismos perpetúa la división del trabajo; el régimen discriminatorio del empleo del hogar o los mecanismos de regularización de la población inmigrante también perpetúan esta división porque dificulta la reunificación y hace que haya mujeres solas que dejan en su país de origen a personas dependientes para que sean otras mujeres, normalmente sus madres, tías, hijas mayores o vecinas, las que se hagan responsables y cargo de ello... Todos estos mecanismos son relevantes y preguntarse esto es más útil que preguntarse por los orígenes.


D.: ¿Qué papel presentan los movimientos feministas dentro de esta economía y de sus miradas?

A.P.O.: Para el conjunto de movimientos sociales “el cambio va a ser sí o sí, lo importante es si queremos gobernarlos con criterios de justicia o con criterios de mercado”, que dice el movimiento ecologista. Creo que las cosas están cambiando a un ritmo vertiginoso. El riesgo es normalizar las condiciones de degradación de vida y las condiciones sociales. Es el momento justo para cuestionarlo en lugar de normalizarlo.

Pero es cierto que es un momento de oportunidad para el movimiento feminista aunque no me atrevo a decir si lo está aprovechando. Hay gente que está apostando mucho por la unidad y las relaciones con otros movimientos como el ecologista, el decrecimiento, con otros feminismos de lugares donde no hay mucha relación como los de Grecia, Portugal, Italia o América Latina. Por lo que necesitamos una conferencia a nivel global y una mayor relación del movimiento feminista con otros movimientos críticos.


D.: ¿Cómo aplicar e introducir todas estas ideas a las prácticas del desarrollo de los pueblos desde la perspectiva de la cooperación internacional?

A.P.O.: Hay gente que está haciendo esfuerzos interesantes. La cooperación asistencialista y cuestionadora de los modelos de desarrollo se puede abordar desde una manera técnica, como una receta que se aprende y se aplica al terreno, a una manera mucho más política y crítica donde la mirada de género implique revisar con más profundidad los objetivos del proyecto y su desarrollo.

El problema es que esa visión más crítica no ha tenido tanto éxito porque la cooperación ha tenido una óptica asistencialista o ha metido en el mismo modelo de desarrollo a quienes no estaban metidos en él.

Otro apunte interesante es que no sólo tenemos que abordar los procesos de empoderamiento con las mujeres con las que trabajamos sino también nosotras, las trabajadoras, partiendo de la idea de cómo es el proceso de dicha labor. Ahí no se ha llegado y, precisamente, empezar a ver el género como algo técnico es un problema enorme porque le quitas el componente político, que es la esencia.


D.: Teniendo en cuenta este Día Internacional de la Mujer que muestra que aún no se ha conseguido una situación de igualdad en ninguna parte del mundo y que debemos seguir luchando y trabajando para conseguirlo, ¿cómo ves este camino?, ¿hacia dónde se dirigen los feminismos?

Es crucial respetar la diversidad y no seguir la bandera de una misma línea dentro de los diversos feminismos. Reconocer la pluralidad de los feminismos, tomarse muy en serio una visión global con otros feminismos de otros lugares, ponerse en red y, en concreto, que los de los países del Norte compartan mucho con los del Sur.

Hacer conexión también con otros movimientos críticos que están preguntándose cuál es la vida que merece la pena ser vivida y cómo la organizamos. Confluir mucho y el ecofeminismo es una de las líneas que me parece más potente y que está trabajando el fondo de esta cuestión.

Re: PÉREZ OROZCO, Amaia

Nota Dom Jul 02, 2017 12:41 am
fuente: https://www.diagonalperiodico.net/globa ... ierda.html



entrevista a Amaia Pérez Orozco, economista feminista

“Se puede ser pobre teniendo múltiples empleos de mierda


Portada




Diagonal // 12 de febrero de 2015



Diagonal: ¿Qué esconden las estadísticas de empleo?

Amaia Pérez Orozco: Las estadísticas oficiales de empleo tienen dos problemas. El primero, que no llaman trabajo a todo lo que es trabajo, por lo que hay un montón de tareas que se quedan fuera y no sabemos qué está pasando con ellas. Lo que sí sabemos por estudios de corte más cualitativo es que hay una gran sustitución por trabajo no remunerado de lo que ya no se puede comprar en el mercado o de cosas que el Estado ya no da a través de servicios públicos.


D: ¿Cómo funciona este proceso de sustitución en el día a día?

A.P.O.: Si son más caros los productos en el supermercado, dedicas mucho más tiempo a buscar ofertas y se te multiplica el tiempo dedicado a las gestiones. O si compras elementos menos elaborados, tienes que trabajar más tiempo en casa. O si ya no hay clases de apoyo escolar, tendrás que hacer el apoyo escolar en casa. O si te traes al abuelo de la residencia a casa, tendrás que dedicar mucho más tiempo a cuidarlo. O si te ventilan antes del hospital, pues tendrás que hacer el trabajo de cuidados en casa. También hay gente que le compensa quedarse en casa, porque tiene una mierda de curro, en caso de tenerlo, y la guardería cuesta un montón de dinero. El tema del trabajo remunerado no es sólo una cuestión de tiempo. A veces se intensifican tareas y tienes que hacer más en menos tiempo: no es sólo el aumento de horas, sino la intensificación de los trabajos. Sabemos que han aumentado las horas de trabajo no remunerado, al mismo tiempo que se han intensificado y empeorado las condiciones en las que se realizan. Por ejemplo, con la pobreza energética, se degradan las condiciones en las que se hace el trabajo no pagado. Todo eso se lo deja fuera la Encuesta de Población Activa.


D: ¿Qué supone ignorar todo este trabajo invisible?

A.P.O.: Hay más horas de trabajo no pagado que horas pagadas, no nos estamos dejando una partecita, nos estamos dejando el grueso a lo que la gente dedica su vida para poder sostener la sociedad, al conjunto social. Y esto es fundamental, porque tendemos a creer que es un ratito y no es un ratito. Por otro lado, aunque las encuestas laborales al uso han estado cambiando, han estado construidas en torno a la experiencia masculina en los mercados como de plena dedicación. Hay un montón de situaciones laborales que se dejan fuera. Por ejemplo, toda la gente que está hasta el moño de buscar curro y no encontrarlo desaparece como desempleada y pasa a ser inactiva, cuando realmente le gustaría tener un curro. A esto le llaman el paro desanimado. O gente que está cosiendo o haciendo tartas en casa para sacar dos duros... no se puede decir que no tengan ningún tipo de empleo remunerado, pero tampoco que esté empleada. Estas figuras intermedias –en los márgenes de actividad, inactividad, empleo, desempleo– han estado históricamente ocupadas por mujeres, pero con la flexibilización del mercado laboral se han generalizado. En parte por esto hemos hablado de la feminización del trabajo. El empleo se parece cada vez más al tipo de trabajo hecho generalmente por mujeres. Categoría tradicionales como el desempleo dejan de ser la única referencia para medir la falta de un empleo digno. Puedes tener un empleo, pero que sea una mierda de empleo o estar subocupada.


D: Se da la posibilidad de que tengas trabajo pero que seas pobre...

A.P.O.: Trabajadores, pero pobres. Lo venimos viendo desde hace mucho tiempo, ya no es sólo pobre el que no tiene empleo, también se puede ser pobre teniendo múltiples empleos de mierda.


D: ¿Qué es eso del “trabajador champiñón”, una fórmula que usas a menudo?

A.P.O.: Las empresas, pero en general el mundo de lo público –y si me apuras también el mundo militante– exigen a las personas cuando se insertan en la empresa que vengan libres de toda responsabilidad que interfiera con su curro y que aparezcan con sus necesidades resueltas, no les importa ni cómo ni dónde solucionan sus necesidades, ni quién se hace cargo de las responsabilidades que deberían asumir, como el cuidado de los menores o la gestión de su propio hogar. Piden personas que no tengan ni responsabilidades de cuidados ni necesidades, es decir, como si brotarán de una seta, de una nada, brotan cuando aparecen en el ámbito público, de la empresa, y desaparecen cuando salen de ahí. Para las empresas, el resto de la vida da igual. Pasa lo mismo con la gente migrante, de ahí la frase “Queríamos mano de obra y vinieron personas”.


D: ¿Qué consecuencias tienen los recortes en dependencia en el acceso de las mujeres al trabajo remunerado?

A.P.O.: Te obliga a dedicarte por completo a los cuidados. Pero ya habían hecho una trampa antes, con lo que en Andalucía llamaban “la paguilla”, entre 300 y 500 euros, por ser cuidadora de una persona en situación de dependencia, 24 horas al día, siete días a la semana... Y ya se consideraba que estabas ocupada. ¿Esto es un empleo? En muchos casos se hacía sin firmar el convenio especial previsto de la seguridad social. Sin derechos laborales, sin derecho a vacaciones, pero se te consideraba como empleada.


D: En diciembre de 2014 salió un informe de la OIT que volvía a hablar de la diferencia salarial entre hombres y mujeres, situada en un 17%. ¿En qué se concreta esta desigualdad?

A.P.O.: Por un lado hay desigualdades en la cantidad de tiempo trabajado en el mercado, con contratos a tiempo parcial en vez de a tiempo completo. Y por otro está la diferencia en el salario recibido. Si queremos tener en cuenta las posibilidades de vivir una vida autónoma deberíamos mirar los ingresos laborales totales donde las diferencias son mucho mayores. Con respecto al salario por hora, te encuentras con la minusvaloración de los trabajos históricamente asociados con las mujeres. Luego están las diferencias salariales relacionadas con las posibilidades de promoción profesional. Por ejemplo, dos personas tienen el mismo curro, pero una de las dos hace horas extras y la otra no, porque tiene responsabilidades de cuidados. Y luego está la discriminación salarial pura: dos personas, un hombre y una mujer están en el mismo puesto, haciendo las mismas funciones, con la misma cualificación cobrando distinto y esa también existe.

Pero esto no es todo, la discriminación salarial en base al género tiene que complementarse con las desigualdades intragénero. En este contexto las desigualdades entre mujeres eran todavía mayores que entre los hombres. Hay un problema enorme que es lo que se llama el suelo pegajoso: para muchísimas mujeres el principal problema es que no pueden despegar de empleos temporales, a tiempo parcial, en muy malas condiciones, que no dan ingresos suficientes para vivir. El grueso de las mujeres está concentrado en los tramos más bajos de ingresos.


D: ¿Crees que se ha dado una involución en los derechos laborales y sociales de las mujeres, en la autonomía económica de las mujeres?

A.P.O.: Sin duda. No se puede mirar a las mujeres como si fueran un colectivo único, pero creo que sin duda ha habido un retroceso. Hay que romper la idea de que existe una senda lineal del progreso, donde si haces bien los deberes irás a más y mejor. Con la crisis está habiendo una marcha atrás en términos de niveles de vida para la mayoría de la población y en términos relativos está siendo peor para las mujeres.

Re: PÉREZ OROZCO, Amaia

Nota Dom Jul 02, 2017 1:40 am
fuente: http://www.eldiario.es/economia/igualda ... 71553.html



entrevista a Amaia Pérez Orozco

"Queda bonito hablar de igualdad en el mercado laboral y no plantearse quién limpia el váter en casa"


Portada



Ana Requena Aguilar

El Diario.es // 10 de agosto de 2014




Amaia Pérez Orozco es una de las referentes de la economía feminista, o de "las miradas feministas sobre la economía", como ella prefiere llamala. Pérez Orozco es economista, participa activamente en movimientos sociales y acaba de publicar "Subversión feminista de la economía", editado por Traficantes de Sueños. En el libro, hace una crítica profunda del sistema e insiste sobre el concepto "sostenibilidad de la vida". "Mucha gente dice que eso de poner la vida en el centro no es feminista, que es de sentido común. Sería maravilloso que todo el mudo lo hiciera, pero no es así. Además, es feminista en sentido genealógico porque se vincula con debates históricos del feminismo, entre ellos el de lo personal es político, porque intenta poner en relación las macroestructuras con la vida", defiende.



Ana Requena Aguilar: ¿Qué es la economía feminista?

Amaia Pérez Orozco: Es diversa pero podríamos decir que tiene tres elementos definitorios: por un lado, desplazar a los mercados como el eje analítico y de intervención política, es decir, que el centro de atención dejen de ser los flujos monetarios y la creación de valor de cambio y pasen a ser los procesos de sostenibilidad de la vida. Eso implica sacar a la luz todos los trabajos normalmente invisibilizados que están sosteniendo a la vida y que en el sistema capitalista heteropatriarcal permanecen ocultos y están históricamente asociaciados a las mujeres y la feminidad. El segundo elemento es situar el género como una variable clave que atraviesa el sistema socioeconómico, es decir, no es un elemento adicional, sino que las relaciones de género y desigualdad son un un eje estructural del sistema, el capitalismo es un capitalismo heteropatriarcal. El tercer elemento es no creer en la objetividad como neutralidad valorativa: creer que todo conocimiento del mundo está relacionado con una determinada posición política, explicitar tu posicionamiento y crear conocimiento con una clara vocación de transformar el sistema.


A.R.A.: Cada cierto tiempo organismos como el FMI hacen informes hablando sobre lo bueno que sería para la economía que las mujeres se incoporaran al mercado laboral, pero al mismo tiempo imponen condiciones que imposibilitan que la igualdad sea real. ¿Qué tiene eso de feminista?, ¿es una forma de añadir el término mujeres porque conviene sin cuestionar el sistema?

A.P.O.: Es otro elemento más de la retórica del discurso hegemónico: declaradamente los objetivos son unos pero los reales son los que no se declaran. Con el tema de la igualdad creo que hay una mezcla, que hay gente bienintencionada en esos organismos que cree realmente que la igualdad es posible y buena en términos de crecimiento dentro del sistema capitalista. Lo que pasa es que el análisis que hacemos es que el sistema capitalista es estructuralmente desigual, se construye en base a la desigualdad.

Además, ¿de qué mujeres hablamos al decir eso? Pueden existir márgenes de mejora para determinados sujetos bien situados en el sistema capitalista pero es a costa de otros. Si entendemos el feminismo como un proceso de liberación de todas o de ninguna, entonces es incompatible con esa idea. Se sigue enfocando el asunto hacia los mercados, entonces la incorporación de las mujeres al mercado puede mejorar algunos índices económicos pero eso no significa que la vida mejore porque seguirá habiendo impactos negativos ocultos que se trasladan a otros sujetos, en general a otras mujeres. No se habla, por ejemplo, de las condiciones de vida de las mujeres migrantes.


A.R.A.: La apuesta por la incorporación plena de las mujeres al mercado laboral formal ha sido muy fuerte, pero, una vez incorporadas, las desigualdades siguen: brecha salarial, sectores feminizados y desvalorizados, precariedad... ¿Por qué continúa esta situación?, ¿ha sido un error centrarse en ese objetivo sin poner otros sobre la mesa, como el reparto de los cuidados?

A.P.O.: La estrategia feminista de emancipación a través del empleo ha sido una apuesta fuerte y eso ha llegado a límites insuperables. Un primer límite es que lo Celia Amorós llama la política de 'tierra quemada': cuando no hay un cuestionamiento de las relaciones de desigualdad entre mujeres y hombres, los derechos que adquieres están previamente vacíos de contenido, accedes al empleo cuando ha dejado de ser una fuente segura de ingresos y derechos sociales.

Por otro lado, está el límite de la reformulación de la divisón sexual del trabajo: no es que no se incida en la parte oculta de la economía, es que si las prioridades siguen siendo supeditar el conjunto de las vidas al proceso de acumulación de los mercados capitalistas, eso ataca la vida. Es una lógica que exige que haya trabajados invisibilizados, que no tengan acceso a la ciudadanía, que no reciban remuneración o que ésta sea mísera... Aunque algunas mujeres puedan salir a realizar trabajos socialmente mejor valorados, ¿qué pasa con el resto de trabajos socialmente imprescindibles que necesariamente tiene que permanecer ocultos? Que se adjudican a otras mujeres o bien las mujeres siguen realizando una doble función y volviéndose locas.


A.R.A.: De hecho, tú introduces el concepto de "vida que merece la pena ser vivida", ¿es un cambio de enfoque?

A.P.O.: Hay un punto donde el debate es qué entendemos por vida que merece ser la pena vivida, para qué queremos vivir, cuestionar a disposición de qué y de quién pones tu tiempo, tu energía, tu cabeza, tu cuerpo. ¿A disposición de un empleo cuyos resultados me son ajenos, expropiados, que no tiene un significado en términos de bienestar o de utilidad social? Entonces, el objetivo ya no es el empleo entendido como un trabajo alienado, que haces porque te pagan, no porque tenga un sentido. La pregunta es cómo reformular la organización del trabajo de forma que el trabajo responda a las necesidades de la vida y no a las necesidades del proceso de acumulación. Hay un cambio de dónde poner los objetivos de liberación, pero eso se enfrenta a dos tensiones: por un lado, que hoy en día es necesario tener un trabajo para poder vivir y tener autonomía, y, por otro, que no hay que idealizar el mundo fuera del empleo, lo que muchas veces llamamos los cuidados.


A.R.A.: Entonces, ¿cuál debería ser la estrategia, cómo combinar los objetivos, qué hacer?

A.P.O.: Las estrategias no tienen que ser de un único nivel, tenemos que jugar al nivel reformista, de conseguir mejoras en la vida de la gente a día de hoy, desprecarizar la vida y frenar la exclusión, pero al mismo tiempo tenemos que ser capaces de mirar más allá, de ver hacia dónde queremos ir como conjunto, qué queremos como sociedad. Creo que a futuro el trabajo asalariado debería desaparecer, no el trabajo pagado, sino el que haces porque necesitas un salario para vivir y no por su sentido social. Por otro lado, también hay que ir hacia la destrucción de la cara oculta, de los cuidados, entendidos como el conjunto de trabajos residuales invisibilizados, que está asociados a la construcción de la feminidad y que se hacen para garantizar que la vida continúa en un sistema que la ataca.


A.R.A.: ¿Y a corto plazo?

A.P.O.: A día de hoy, el empleo es imprescindible pero no es lo mismo fomentar la economía social y solidaria que el autoempleo sometido a la lógica de obtención de beneficios. Tampoco es lo mismo sacar fuera de las casas el cuidado de personas dependientes en residenciaa públicas que en privadas. Necesitamos un doble proceso: garantizar ingresos y apostar por los servicios públicos, que el estado vuelva a recuperar responsabilidades sobre el bienestar de la gente. También se pueden cuestionar los modos consumistas de vivir que tenemos. La otra parte sería tomarnos muy en serio la visibilización de los trabajos ocultos. Es muy bonito abogar por la igualdad de género en el mercado laboral y no replantearse quién limpia el váter en casa. Hay que pensar en cómo gestionamos nuestra vida cotidiana, cómo se reparten los trabajos, qué trabajos se valoran y cuáles no, cuáles están sistemáticamente asociados a los hombres y cuáles a las mujeres... Hasta que no nos replanteemos cómo nos entendemos como hombres y mujeres no hay crítica al capitalismo.


A.R.A.: ¿Qué hacer hoy en día con los cuidados, con ese trabajo oculto, sacarlo fuera de las casas?

A.P.O.: La pregunta de qué hacer con los cuidados es la pregunta de qué hacer con la econmía, porque los cuidados son al final lo que está ajustando el ciclo económico: pasan una serie de cosas en los mercados y en las instituciones y todo lo demás necesario para que la vida siga adelante son los cuidados. Diría que hay que dar un vuelco sistémico y que la economía tiene que estar al servicio de la gente y no la vida de la gente al servicio de los procesos de acumulación de los mercados. Los cuidados no son una parte más, es donde se juega la responsabilidad de sostener la vida, por eso no pueden ser el último punto del programa electoral ni del manifiesto.

Dentro de los cuidados hay un montón de tareas a las que hay que ir dando respuestas distintas. Por ejemplo, permisos de paternidad y maternidad iguales e intrasferibles, educación infantil, reparto equitativo de las cosas que se hacen en casa entre toda la gente que viva junta y que eso sea un objetivo político de primera magnitud. Así, muchos sujetos que no se enfrentan al problema de qué hacer con todo eso tengan que hacerlo y vean lo dificil que es compatibilizarlo con tener un empleo en el que brillas o al que dedicas cuerpo y alma o con tener una proyección publica fuerte. Un montón de tareas que se hacen dentro de las casas tienen que ir saliendo fuera, como la atención a la dependencia.


A.R.A.: Pero por mucho que se saquen los cuidados fuera de las casas siempre quedará algo de trabajo dentro, ¿qué hacer con eso?, ¿cómo asegurar que se redistribuye?

A.P.O.: Eso no se puede asegurar a través de leyes o instituciones, sino de un cambio social radical. No puede haber una revalorizción de los cuidados si no los haces, y no los vas a hacer si no los tomas en serio. Revalorización y redistribución van de la mano. Hay que educar, transformar los valores sociales, pero también actuar en la parte material. Los permisos de maternidad y paternidad iguales pueden ser una estrategia importante pero los sindicatos tienen que meterse en la cabeza que lo suyo no es solo incidir en el reparto del trabajo de mercado sino también en el reparto del trabajo no remunerado: el cómo está organizado el primero está en intimísima relación con el reparto del trabajo de fuera del mercado, no puedes incidir en uno sin incidir en el otro.

Pensemos, por ejemplo, en qué tipos de militantes y candidaturas políticas está habiendo ahora: el candidato que está siempre disponible, que sabe de todo, que está siempre ahí. ¿Qué pasa con el resto de su vida, quién le hace la comida, quién limpia su casa, quién se hace responsable de los cuidados que esa persona debería asumir y que no puede hacer porque está siempre disponible para lo otro? Tenemos que preguntarnos si queremos fomentar eso o si cuando apostamos por candidaturas electorales distintas también hay que poner en cuestión eso: para que esos sujetos estén plenamente disponibles hay una ingente cantidad de trabajo oculto que alguien está haciendo sin recibir nada a cambio.


A.R.A.: ¿Y crees en la idea el salario del ama de casa, de pagar por ese trabajo oculto?

A.P.O.: No. Silvia Federici argumenta que más allá de la viabilidad práctica de la medida conseguía mucho consenso y movilización. A mí no me lo parece, así que en términos de estrategia política para llevar el asunto a primera línea de debate no me parece útil. En términos de si eso es deseable, creo que no lo es en una sociedad donde el dinero siga siendo un medio de acumulación. Este debate tiene que ir acompañado de otro sobre el papel del dinero, si queremos que siga un medio de acumulación o un medio de intercambio. Mientras no nos lo replanteemos, remunerar todos los trabajos es imposible.


A.R.A.: ¿Qué hacer con el empleo doméstico?

A.P.O.: Está resolviendo necesidades muy distintas, así que lo que hacer depende de cada una. Lo que tiene que haber en general es un cuestionamiento de los horarios laborales -que se adapten a las necesidades de la vida y no la vida a las necesidades de las empresas-, de los servicios públicos disponibles y reivindicar condiciones laborales dignas para el empleo de hogar en línea con lo que piden las asociaciones de empleadas. Pero a futuro, el empleo doméstico debe desaparecer: es esa amalgama de trabajos mal reconocidos y mal pagados que están resolviendo todas las necesidades de la vida cuando la gente que se lo puede permitir está dedicando su vida a cosas más importantes. No voy a decir que se prohíba mañana, y menos si supone que vuelvan a ser las mujeres las únicas que lo hagan, pero hay que insistir en que el reparto equitativo de las tareas de cuidados debe ser una prioridad política.


A.R.A.: ¿Estás de acuerdo con la reivindicación de una renta básica para todo el mundo?

A.P.O.: Me parece una forma de plantear las reivindicaciones que no pone en primera línea los debates más relevantes. Tiene dos debilidades grandes: no cuestiona el nexo entre calidad de vida y dinero individual, no está hablando de construir una responsabildiad colectiva para poner los medios para vivir sino de que a cada quien se le de un dinero para que invidualmente se las apañe. No cuestionar ese nexo y volver a poner las soluciones en términos indiviualizados de acceso al mercado me parece un problema.

Tampoco cuestiona en qué mercados vamos a consumir, a dónde vamos a ir buscar los bienes y servicios que necesitamos para vivir. Me parece mucho más potente tener servicios públicos fuertes, incluidas cosas que ahora no se consideran como tal, como la vivienda, el transporte, la promoción de la autonomía de las personas con diversidad funcional. Además, puede haber muchos elementos contraproducentes, por ejemplo, puede ser una manera de bajar sueldos: tú das 800 euros y la mayoría de personas no va a vivir solo con eso, así que se fomenta que la gente vaya a trabajar por otros 800.


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