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JACOBS, Jane (1916-2006)

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JACOBS, Jane (1916-2006)

Nota Mié Ene 13, 2016 6:05 pm
Jane Jacobs

Portada
(Wikipedia)


Introducción

    [fuente] Jane Butzner Jacobs (Scranton, Pensilvania, 4 de mayo de 1916 — Toronto, 25 de abril de 2006) fue una divulgadora científica, teórica del urbanismo y activista sociopolítica canadiense, nacida en Estados Unidos.

    Su obra más influyente fue The Death and Life of Great American Cities (1961), en la cual critica duramente las prácticas de renovación urbana de la década de 1950 en Estados Unidos, cuyos planificadores (planificación urbanística, diseño urbano) asumían modelos esquemáticos ideales que según ella condujeron a la destrucción del espacio público. Utilizando métodos científicos innovadores e interdisciplinares (procedentes tanto de las ciencias sociales como de las ciencias naturales), la autora identificaba las causas de la violencia en lo cotidiano de la vida urbana, según estuviera sujeta al abandono o, por el contrario, a la buena alimentación, la seguridad y la calidad de vida.

    Sus ideas sobre la autoorganización espontánea del urbanismo fueron aplicadas en el posterior concepto de sistemas emergentes.

    Además de por su obra literaria, Jacobs destacó por su activismo en la organización de movimientos sociales autodefinidos como espontáneos (grassroots), encaminados a paralizar los proyectos urbanísticos que entendía que destruían las comunidades locales. Primero en Estados Unidos, donde consiguió la cancelación del Lower Manhattan Expressway; y posteriormente en Canadá, a donde emigró en 1968 y donde consiguió la cancelación del Spadina Expressway y la red de autopistas que pretendían construirse.




Ensayo


Re: JACOBS, Jane

Nota Mié Ene 13, 2016 6:24 pm
fuente: http://elpais.com/diario/2006/04/27/age ... 50215.html



Su libro sobre la planificación de las grandes ciudades es todo un clásico

Jane Jacobs, teórica y activista del urbanismo humanista



Sandro Pozzi

El País // 27 de abril de 2006




Jane Jacobs era una pensadora brillante y una revolucionaria en su disciplina. Sus teorías fueron claves para entender la gestión urbanística de ciudades como Nueva York y otros grandes núcleos urbanos en Norteamérica.

El pasado martes, 25 de abril, Jacobs falleció en un hospital en Toronto (Canadá) a los 89 años, donde vivía desde 1968, tras abandonar Estados Unidos para evitar que sus hijos fueran alistados en el Ejército para ir a la Guerra de Vietnam. Le irritaba saber que sus impuestos servían para financiar el conflicto, hasta el punto de que se cuestionó su lealtad.

El próximo 4 de mayo iba a cumplir 90 años, pero su salud era delicada. Nacida en la ciudad minera de Scranton (Pensilvania), Jane Jacobs no tenía una formación académica en la disciplina que dominaba.

Pero como decía el alcalde de Toronto, David Miller, sus contribuciones y conocimientos cambiaron la forma en la que se desarrollan las grandes ciudades norteamericanas. Su trabajo más conocido se titula The Death and Life of Great American Cities, publicado en 1961, todo un clásico y referente en el mundo de la arquitectura urbana.

Era una persona exuberante, original, amable y con una mente privilegiada, genial. Su magia estuvo en transformar la visión tecnócrata que tenían los planificadores urbanísticos de la época, para que se fijaran más en las cuestiones humanas de las ciudades y en sus comunidades.

Y de esta manera se opuso frontalmente a la expansión descontrolada de las urbes, a la construcción de grandes autovías que tejieran los núcleos urbanos, a los coches como símbolo del progreso, a la separación de los barrios o a la idea de que las calles vacías eran una garantía de seguridad.

En su particular visión de la ciudad, Jacobs intentó cambiar las reglas que dominaban en su tiempo y trató de imponer nuevos principios, para hacer de las calles y de los barrios lugares vibrantes para vivir y trabajar, llenos de gente, con comercio, a la vez que se preservaba su naturaleza distintiva, atendiendo a sus raíces históricas. Y en esta nueva realidad que proponía, la iniciativa de la autoridad local jugaba un papel primordial frente a una burocracia centralizada. "Inspiró una especie de revolución", dijo su editor, Jason Epstein.

Antes de trasladarse a Toronto, Jane Jacobs, casada con el arquitecto Robert Jacobs, vivió durante algunos años en Nueva York. Su marido falleció en 1996. La ciudad de los rascacielos no es la única que se han impregnado de sus teorías y conocimientos. Hay otras menos conocidas, como Hércules (California) y Civano (Arizona) que han seguido las guías hacia el nuevo urbanismo surgidas del ingenio de esta pensadora.

Entre los numerosos galardones que recibió Jacobs por su obra están el que concede la National Building Foundation en Washington o la Orden de Canadá.

fuente: http://manueldelgadoruiz.blogspot.com.e ... rio_4.html



Banqueros y urbanistas



Manuel Delgado

Fragmento del prólogo a Muerte y vida de las grandes ciudades (ed. Capitán Swing, 2006)




Jane Jacobs tenía razón cuando escribía que “los banqueros, al igual que los urbanistas, tienen sus propias teorías sobre las ciudades en que operan. Esas teorías las han bebido en las mismas fuentes en que sorben los urbanistas”. La realidad futura de las ciudades da más razón a la autora que la que le otorgaba su propio presente. Y lo mismo valdría para otras muchas de sus intuiciones. Los únicos con derecho a hacer planes, concebir y organizar espacios, continúan siendo los planificadores profesionales; el punto de vista de los planificados por descontando que continua sin ser relevante. Las calles siguen siendo pensadas oficialmente para servir tan solo para que la gente vaya y venga de trabajar y cuando se peatonalizan es para hacer de ellas centros comerciales “al natural” o parques temáticos para el ocio hipercontrolado, dos paradigmas de esa tendencia a la zonificación que tanto deploraba la autora.

En cuanto a la automovilización –el imperio de los vehículos motorizados y el privilegio de las calzadas sobre las aceras– ni que decir tiene que ya se ha impuesto en todas las ciudades del mundo, incluso en países menos desarrollados en los que circular a pie es un signo de depreciación social. Se ha agudizado la tendencia a acuartelar a los niños para “protegerlos” de una calle que había sido uno de los instrumentos clave para su socialización. Y, por supuesto, no han hecho más que crecer las razones para que los afectados por el egoísmo de los poderosos y la estupidez de sus empleados proyectadores continúen sus luchas, aunque ya no puedan contar –como en tantas ocasiones– con Jane Jacobs a su lado y en la calle.

Las ciudades están rodeadas de un tipo de conglomerados urbanos que está en las antípodas de aquellos que Jacobs deseaba y que no eran una utopía, puesto que existían y demostraban sus beneficios estructuradores para la vida comunitaria. Una especie de caos urbano ha seguido proliferando en zonas periurbanas y está suponiendo un verdadero desmoronamiento de lo urbano como forma de vida a favor de una ciudad difusa, fundamentada en asentamientos expandidos de espaldas a cualquier cosa que se pareciese a un espacio realmente socializado y socializador. Son esas casas unifamiliares aisladas o adosadas en que tiene lugar una vida privada que desprecia la calle como lugar de encuentro, que depreda masivamente territorio, que abusa del automóvil y para la que los únicos espacios públicos son poco más que los shoppings y las áreas de servicio de las autopistas; morfologías residenciales segregadas y repetitivas que vemos extenderse en las periferias metropolitanas o en núcleos atractores aislados consagrados a la práctica desconflictivizada del consumo y del ocio de masas, que funcionan como colosales máquinas de simplificar y sosegar ese nerviosismo consustancial –como notara Simmel y entendiera tan bien Jacobs– a cualquier definición de la vida urbana. Es decir, configuraciones socioespaciales que desactivan las cualidades que tipificaban tanto la ciudad como morfología como lo urbano en tanto que manera específica y singular de estar juntos.

Re: JACOBS, Jane

Nota Mié Ene 13, 2016 6:51 pm
fuente: https://www.diagonalperiodico.net/movim ... iarla.html



Urbanismo transformador

Caminar en colectivo para repensar la ciudad y cambiarla




Jose Durán Rodríguez

Diagonal // 30 de abril de 2015




    El Paseo de Jane vuelve a recorrer un año más las calles de Madrid. Esta iniciativa ciudadana propone recorridos urbanos para repensar la ciudad. Será en Chamberí y Arganzuela los días 2 y 3 de mayo.



Pasear la ciudad y pensarla. Pensar la ciudad y pasearla. Son algunas de las motivaciones que empujan al Paseo de Jane, una travesía anual para caminar con los pies, pero también con los ojos y oídos, que cada mes de mayo tiene lugar en varias urbes mundiales.

Esta iniciativa ciudadana en memoria de la divulgadora y urbanista Jane Jacobs se celebra desde 2007. A Madrid llegó en 2010 y este fin de semana, 2 y 3 de mayo, recorrerá los distritos de Chamberí y Arganzuela.

"En el paseo del año pasado en Tetuán participaron vecinas y vecinos de Chamberí, les gustó la experiencia y plantearon que en 2015 se hiciera por su distrito", explica a Diagonal Susana Carmona, promotora de la edición madrileña del Paseo de Jane.

Las caminatas urbanas discurren por un itinerario que se decide en asambleas abiertas desde el mes de enero. En los recorridos del fin de semana hay hitos, momentos para la observación, la conversación y discusión de las problemáticas que afectan al barrio.

"Tienen un carácter reivindicativo. Se aprovecha para mostrar qué se quiere en el barrio, qué se necesita", afirma Carmona, quien adelanta que los paseos de este año "durarán unas siete horas, son largos pero tranquilos".

Esa calma del caminar en grupo no está reñida con el conflicto. Así, en Arganzuela el paseo de Jane reflexionará sobre las actuaciones municipales en el Mercado de Legazpi, la operación Mahou-Calderón, la memoria industrial del distrito o la influencia del modelo de cultura que propone el Matadero. En el trayecto por Chamberí se hablará del Frontón Beti-Jai, las cocheras y de la privatización del Canal de Isabel II.

Portavoces de distintos colectivos vecinales que operan sobre el terreno explican durante las paradas que se van haciendo las situaciones que se viven allí.

"Durante los recorridos también surgen cosas porque se va incorporando gente, además hay quienes vienen de otros barrios, y las señoras mayores, sobre todo, se paran al vernos y nos preguntan", resume Carmona entre risas.

Madrid no es la única ciudad española en la que Jane pasea el primer fin de semana de mayo de cada año. Bilbao, Zaragoza y Córdoba son otras en las que ha cundido el ejemplo.

fuente: http://www.eldiario.es/cultura/libros/i ... 12348.html



La importancia de tener vecinos



Marta Peirano

El Diario.es // 29 de abril 2015




El invierno que Bob Dylan tocó por primera vez en el Village, un grupo de vecinos se manifestaba contra el plan de dividir el parque de Washington Square de lado a lado con una autopista elevada de diez carriles. El plan era de Robert Moses, considerado el gran arquitecto de la metrópolis moderna norteamericana. Moses se había hecho fuerte en Nueva York después de la Gran Depresión, sobre todo desde que el alcalde William O'Dwyer le hiciera "coordinador de construcción" en 1946.

Sus grandes pasiones incluían los puentes, los estadios, las piscinas y, sobre todo, las grandes autopistas cuyos peajes gestionaba con gran generosidad para consigo mismo pero también para la ciudad. Entre sus enemigos estaban los parques, los espacios públicos donde se concentraban los inmigrantes y las funciones de Shakespeare in the Park, donde las compañías de teatro llevaban al parque las producciones del Bardo de manera gratuita para el público general.

Su estrella empezó a apagarse en los años sesenta, cuando intentó tapar una zona de árboles del Central Park para ponerle garaje a un restaurante de lujo llamado Tavern-on-the-Green. Pero, sobre todo, cuando la cabecilla de los vecinos del Village publicó Muerte y vida de las grandes ciudades norteamericanas, recién publicado en castellano por Capitán Swing.

Su autora, Jane Jacobs, no era arquitecta, ni ingeniera, ni sabía nada del negocio de la construcción. Era periodista y canadiense, vecina del Village y tenía ojos en la cara. Lewis Mumford, al que Jacobs atacó por su romántica visión del barrio ideal como un suburbio urbano para vecinos que no se rozan, dijo generosamente: "Aquí había un nuevo tipo de experto, y uno muy refrescante para los círculos actuales de planificación urbana donde las mentes fascinadas por sus ordenadores se limitan cuidadosamente a hacerse sólo la clase de preguntas que sus ordenadores pueden responder y que son completamente negligentes con sus contenidos y resultados a nivel humano".

Ella fue la que reunió a los vecinos contra Robert Moses y la que le ganó el pulso al final, convencida de que la ciudad moderna no tenía nada que ver con el proyecto higiénico de grandes bloques que sugerían los tecnócratas.


Todo para el barrio, pero sin el barrio

A pesar de la avaricia sociopática de Moses, la mayor parte de los planificadores tenía buenas intenciones. Ahora que había dinero para mejorar los espacios, querían aliviar el tráfico, desconcentrar los focos de gran densidad y diversificar los barrios, que tendían naturalmente hacia la concentración racial. Veían los conflictos y querían solucionarlos, modernizando las infraestructuras para dejarlos respirar. Pero eran "todo para el barrio, pero sin el barrio".

A través de sus proyectos, por ejemplo, los "barrios étnicos" se fueron disolviendo hacia el extrarradio, a veces motivados por ayudas y viviendas de protección oficial, otras veces porque la renovación urbana encarecía la vida y les empujaba hacia las afueras. Este es el proceso que ahora llamamos tranquilamente gentrificación.

Jane Jacobs fue la primera persona que entendió el proceso y que lo valoró de manera negativa. La renovación superponía un orden artificial, superficial y centralista sobre la vida de los barrios que, explicó, funcionaban con un orden mucho más complejo, causa y fuente de su diversidad. Los nuevos planes eran bienintencionados pero los volvían monótonos, estériles y vulgares. Jacobs creía que había mejoras necesarias pero su fórmula era exactamente la opuesta: mejorar los barrios desde las bases y de abajo arriba, tolerando sus idiosincrasias y valorando sus conflictos como fuente de riqueza cultural.

Es la misma que propone gente como Ada Colau, más de 50 años más tarde. Pero, si estas cosas nos parecen obvias en el 2015, es precisamente gracias a Muerte y vida de las grandes ciudades. Este libro lo cambió todo, de la misma manera que Sexual Politics cambió las políticas de género, La otra América cambió la políticas de ayuda social y Silent Spring cambió nuestra relación con el planeta. El mundo en el que vivimos es hijo directo de sus autores.


La densidad como foco de gérmenes culturalmente productivos

Jacobs fue también la primera en defender las manzanas cortas y las aceras largas, las plazas para dejarse ver y los rincones oscuros donde esconderse. Fue la gran promotora de los movimientos vecinales y definió los espacios públicos como un derecho de la comunidad donde se generan vínculos que no se parecen a los de ningún otro espacio social.

Jacobs hablaba de la privacidad y la seguridad que se consiguen en la multitud, y del barrio urbano como un lugar donde puedes "encontrarte con toda clase de gente sin caer en compromisos inconvenientes, sin aburrirte o buscar excusas, explicaciones, el miedo a ofender al otro (...) y toda esa parafernalia que puede acompañar relaciones menos limitadas". De esta densidad desprovista de compromiso pero cargada de encuentros surgen los cafés, los restaurantes, las salas de jazz y las tiendas de discos de segunda mano que convirtieron el Village en un distrito histórico en el Registro Nacional de Lugares Históricos.

Aquel Village, un espacio lejano que se pobló cuando Nueva York sufrió una epidemia de fiebre amarilla en 1822 y muchos neoyorquinos huyeron al extrarradio, era entonces -junto con la Bahía de San Francisco- el lugar donde pasaban las cosas. Allí escapaban los Don Drapers a fumar porros en los locales donde tocaba el joven Dylan, paraíso de la contracultura de la costa este, cuna de la Generación Beat y pocos años más tarde, de Stonewall y el movimiento de liberación gay, el teatro alternativo y The Weather Underground. Ese es el modelo que ha regenerado ciudades desahuciadas como Seattle, Berlín o Portland. La calle, lo decía William Gibson, siempre encuentra sus propios usos para las cosas.


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