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VIÑAS, Ángel

Libros, autores, cómics, publicaciones, colecciones... La lectura refuerza poderosamente la razón.

VIÑAS, Ángel

Nota Mar Jun 11, 2013 10:16 pm


Introducción

    [fuente] Ángel Viñas Martín (Madrid, 2 de marzo de 1941) es un economista, historiador y diplomático español, conocido por sus estudios de carácter histórico y económico sobre la Guerra Civil española y el franquismo.


    Notas biográficas y académicas

    Doctor en Ciencias Económicas, se formó en Madrid, en la Universidad de Hamburgo, en la de Glasgow y en la Libre de Berlín, donde fue testigo directo de la construcción del Muro de Berlín y de la división y diferencias entre Alemania Occidental y la República Democrática Alemana. Pese a su participación en la oposición al régimen franquista y la significación de sus compañeros, dicha experiencia le llevó a no contemplar su ingreso en el principal partido organizador de dicha oposición, el Partido Comunista de España. Ha sido catedrático de Economía Aplicada y de Historia en distintas universidades (Valencia, Alcalá de Henares, UNED y Complutense), así como profesor de la Escuela Diplomática y miembro de la junta de gobierno de la misma. Fue premio extraordinario en la licenciatura y en el doctorado en Ciencias Económicas en la Universidad de Madrid y accésit al Premio Nacional Fin de Carrera.

    Comenzó su carrera durante la dictadura franquista como técnico comercial y economista del Estado (desde 1968), con el número uno de su promoción y tras unos meses en el Ministerio de Comercio, como jefe de sección de las zonas de librecambio, pasó al Fondo Monetario Internacional en Washington (1969-70) y como agregado comercial a la embajada en Bonn (1971-1973). Este último año defendió su tesis doctoral sobre los antecedentes económicos, políticos y comerciales de la intervención alemana en la guerra civil. Enrique Fuentes Quintana, director del Instituto de Estudios Fiscales y futuro vicepresidente del Gobierno, le encargó el estudio del asunto del Oro de Moscú. El libro fue secuestrado inmediatamente y no se desbloqueó hasta el año siguiente, tras las primeras elecciones democráticas. En 1982 fue nombrado catedrático de Economía Aplicada en la Universidad Complutense. Previamente había sido ayudante del mencionado Fuentes Quintana y de José Luis Sampedro.

    Antes de la incorporación de España a la Unión Europea en 1986, ocupó el puesto de asesor ejecutivo del ministro de Asuntos Exteriores, Fernando Morán, y luego pasó a distintos cargos diplomáticos en las instituciones europeas entre los que destaca el de embajador de la Unión Europea ante Naciones Unidas, en Nueva York. En Bruselas ha sido, también en la Unión, Director General de la Comisión Europea para Asia y América Latina, así como de democratización, relaciones multilaterales, seguridad y derechos humanos.

    En su faceta de historiador, ha desarrollado una amplia producción historiográfica sobre Europa, y singularmente España, en especial el periodo comprendido entre la Segunda República Española -defendiendo la actuación durante la guerra de Juan Negrín y el PCE- y la Transición.

    El 16 de febrero de 2010 se le concedió la Gran Cruz de la Orden del Mérito Civil. En noviembre de 2010 es designado por el Ministerio de Cultura vocal del Patronato del Centro Documental de la Memoria Histórica. En la actualidad es catedrático emérito en la Universidad Complutense de Madrid, colabora con el diario El País a través de artículos de opinión y es presidente de la Asociación Española de Historia Militar. Desde enero de 2014 mantiene un blog sobre temas de historia, en Editorial Crítica, en el que publica regularmente con la intención de revelar lo que hay detrás de ciertos mitos que todavía pasan por historia.

Sebastiaan Faber, sobre Tierras de sangre españolas: Ángel Viñas, historiador de combate, en SinPermiso, escribió:“No hay uno solo de de los historiadores neoconservadores o neofranquistas que no manipule o distorsione la evidencia histórica. Lo que venden son mentiras descaradas. Esto suena duro, lo sé, pero lo he demostrado una y otra vez. En España, los mitos propagados por el franquismo han sobrevivido, convenientemente actualizados, y se movilizan en los conflictos políticos de hoy. Si la Guerra Civil es todavía origen de controversia, se debe a que la derecha no desea remover un pasado sangriento que la hace aparecer bajo una luz negativa. Solo por dar un ejemplo, uno de los biógrafos más serviles de Franco es miembro de la Real Academia de la Historia [Luis Suárez]. Como si fuera lo más normal del mundo”.

Ángel Viñas no tiene miedo de decirlo tal y como son las cosas y tiene poca paciencia con la estupidez. Uno de los historiadores más prolíficos de las últimas dos décadas, Viñas ha emprendido ingentes proyectos de investigación y ha cruzado su espada con poderosos adversarios. Con todo, dado que poca de su obra está disponible en inglés, Viñas es menos conocido fuera de España de lo que su envergadura justifica. Su energía parece no tener límites: en los últimos diez años ha publicado o dirigido más de una docena de libros substanciales sobre la Guerra Civil. Entre ellos se cuenta una historia en cuatro volúmenes, 2.600 páginas, de la Segunda República asediada (2006-2009) [1] que Helen Graham ha llamado “magistral”, y que Gabriel Jackson describió en estas páginas como “sin duda, los estudios de archivo más detallados y plenamente documentados sobre las reacciones diplomáticas y militares internacionales que siguieron al estallido de la Guerra Civil”. Cuando en 2011, la Real Academia de la Historia publicó los primeros 25 volúmenes de su controvertido Diccionario Biográfico Español, financiados con fondos públicos —y cuyos textos estaban plagados de errores y nunca fueron adecuadamente revisados; la entrada sobre Franco no caracterizaba al Generalísimo como dictador —, fue Viñas quien congregó a un equipo de historiadores para elaborar rápidamente una recopilación alternativa más rigurosa. El contradiccionario de 976 páginas, titulado En el combate por la Historia [Pasado y Presente, Barcelona, 2012] se publicó en abril. Este pasado octubre el profesor Viñas interrumpió brevemente los muchos proyectos que se acumulan sobre su mesa de trabajo en Bruselas—entre ellos, nuevas investigaciones sobre el bombardeo de Guernica y una reedición española de la obra pionera de Herbert Southworth —para hablar con The Volunteer.

La historiografía como campo de batalla, el historiador como combatiente por la verdad: la imagen parece adecuada para el campo de de los estudios de la Guerra Civil hoy en día y para la obra de Viñas en particular. Nacido en 1941, Viñas se considera un historiador a la vieja usanza. A lo largo de su carrera, ha insistido en la necesidad de investigar rigurosamente tomando como base las evidencias de primera mano del periodo, lo que llama evidencia primaria relevante de época. Su principal objetivo está bien definido. Quiere descubrir qué sucedió realmente, por qué sucedió y explicarlo tan claramente como pueda a un público lo más amplio posible. “En mi opinión,” dice Viñas, “el único modo de avanzar lo constituye la investigación primaria, para abrir nuevas rutas, señalar nuevas direcciones y mejorar anteriores interpretaciones del pasado. La investigación primaria abre puertas, no las cierra. Por supuesto, no es la única forma de escribir Historia. Aplicar nuevos paradigmas también puede deparar nuevos resultados. Pero yo soy un historiador al que le gusta estar cerca de realidades concretas, tratando de encontrar nuevas respuestas a viejas preguntas”.

Viñas combinó en un principio su investigación con la carrera diplomática. Se enamoró de los archivos a finales de los años 60, cuando como joven diplomático destinado en Bonn le pidieron que escribiera un artículo sobre la financiación nazi del esfuerzo de guerra franquista. “Cuando entré en los archivos del Auswärtiges Amt (Ministerio de Asuntos Exteriores)”, recuerda, “supe que se trataba de un flechazo”. Este proyecto de investigación se convirtió en la tesis doctoral y el primer libro de Viñas, publicado en 1974 (La Alemania nazi y el 18 de julio, Alianza Editorial, Madrid). A continuación afrontó el tan mistificado episodio del “Oro de Moscú”—la controvertida transferencia a la Unión Soviética, por parte de las autoridades republicanas, de parte del Tesoro español. Viñas trabajó después sobre relaciones internacionales, sobre todo en torno a la alianza entre Franco y los Estados Unidos de los años 50, pasó veinte años trabajando para la Unión Europea, y cinco años de embajador en las Naciones Unidas en Nueva York. Vive actualmente en Bruselas. Y felizmente: “Estoy lejos del barullo de España. Vivir aquí me permite concentrarme en escribir, que es lo que hago doce horas al día, siete días a la semana”.

La obra de Viñas es una lectura que revigoriza. Escribe una prosa directa, combativa, con pocas cautelas. No teme introducir una nota ocasional de divertida malicia. En La conspiración del general Franco (Crítica, Barcelona, 2012), por ejemplo, reconviene al conocido y prolífico historiador norteamericano Stanley Payne por su falta de rigor. Payne y Viñas llevan dándose topetazos durante algún tiempo. En años recientes, Payne ha hablado desdeñosamente de los historiadores académicos españoles mientras abogaba por aficionados “revisionistas” de derechas como Pío Moa o César Vidal. Resulta interesante, señala Viñas, que Payne, que “ha extendido su manto protector para cubrir algo que es verdadera pornografía histórica”, casi nunca haya utilizado más que fuentes secundarias.

Desde luego, la clave de la solidez de Viñas reside en el amplio uso que hace de fuentes primarias de una gran cantidad de archivos españoles y extranjeros. Igual importancia tiene su insistencia en que ningún aspecto del conflicto puede explicarse sin tener en cuenta el complejo contexto internacional de la guerra, un contexto determinado por poderosos intereses tanto políticos como económicos. Al reconstruir los intensos esfuerzos diplomáticos que preceden y siguen inmediatamente al estallido de la guerra, por ejemplo, no deja dudas acerca de la tremenda diferencia entre el rechazo categórico por parte de las potencias occidentales a respaldar a la acosada República y la casi inmediata disponibilidad de los regímenes fascista y nazi a comprometer ayuda militar. Basándose en amplia evidencia, Viñas explica esa diferencia primordialmente en función de cómo se percibe el interés nacional y político...





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