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CAMACHO, Marcelino (1918-2010)

Libros, autores, cómics, publicaciones, colecciones... La lectura refuerza poderosamente la razón.
Marcelino Camacho

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Introducción

    [fuente] Osma-La Rasa, Soria, 21 de enero de 1918 - Madrid, 29 de octubre de 2010. Fue un destacado sindicalista y militante político español. Fue fundador y primer secretario general de Comisiones Obreras (CCOO) entre 1976 y 1987, y diputado comunista por Madrid entre 1977 y 1981.

    El 2 de febrero de 1935 se afilió al Partido Comunista de España (PCE) y posteriormente a la Unión General de Trabajadores, a la que también perteneció su padre, guardagujas en la Estación de Osma-La Rasa (Soria). Tras el golpe de Estado militar, junto a otros ferroviarios cortó las vías del tren para impedir el avance fascista. Cruzó andando la sierra madrileña para unirse al bando republicano en el que luchó durante la Guerra Civil española (1936-39). En los últimos días de la Guerra fue encarcelado por la Junta de Casado (Gobierno que pactó la entrega de Madrid a Franco). Se escapó, estuvo unos meses en la clandestinidad y fue denunciado por alguien que le reconoció. Fue juzgado por ir voluntario a defender la República y condenado a trabajos forzados en diferentes campos para terminar finalmente en Tánger.

    En 1944 se fuga del campo y viaja al exilio a Orán (Argelia). Al pasar la frontera del entonces Marruecos francés fue detenido por la policía francesa y conducido a Orán, una ciudad que entonces tenía una enorme colonia de inmigrantes españoles. Algunos se encontraban desde antes de los años treinta desplazados por motivos económicos y otros eran refugiados políticos republicanos emigrados tras la guerra civil (los últimos barcos con exiliados republicanos salidos del puerto de Alicante días antes del fin de la guerra se dirigirían precisamente a esta ciudad). Entre los exiliados que reclamaron y consiguieron su libertad estaba Josefina Samper (1927, Fondón, Almería), con la que se casaría el 22 de diciembre de 1948.

    En 1957, tras ser indultado, regresaría a España para desempeñar su profesión de obrero metalúrgico en Perkins Hispania. Fue elegido representante de los trabajadores de su empresa y fue uno de los impulsores de Comisiones Obreras (CCOO), sindicato de clase y de inspiración comunista infiltrado en los sindicatos verticales del régimen franquista. Por sus actividades sindicales y políticas fue encarcelado en 1967, pasando nueve años en la cárcel de Carabanchel. A la salida de la prisión, el líder soriano, casi como una premonición, anunciaría: «ni nos domaron, ni nos doblegaron, ni nos van a domesticar». Salió indultado tras el famoso Proceso 1001, en el que la dictadura juzgó a los principales dirigentes de CCOO a finales de 1973.

    En 1976 las Comisiones Obreras se constituyen en confederación sindical y Marcelino Camacho es elegido secretario general. En ese momento ya era miembro del Comité Central del Partido Comunista de España (PCE). Fue elegido diputado por Madrid en las elecciones constituyentes de 1977 y reelegido en las elecciones de 1979. Dimitió como diputado por desacuerdo con las normas laborales que aprobó el Parlamento con el apoyo del PCE.

    Dirigió CCOO hasta 1987, siendo reelegido por abrumadora mayoría en los cuatro primeros congresos del sindicato. En este periodo Comisiones Obreras se convirtió en la primera central sindical española y le convocó la primera huelga general al gobierno de Felipe González en 1985. Además, tuvo una destacada presencia en las movilizaciones contra la OTAN de 1986 y en las estudiantiles del curso 86/87. En 1987 pasó a ocupar el cargo honorífico de Presidente, al ser sustituido en el cargo de secretario general por Antonio Gutiérrez. Desde antes del 5º Congreso (1991) mantuvo enfrentamientos con la dirección encabezada por Gutiérrez (favorable al pacto social o a la disolución del PCE en Izquierda Unida), lo que culminó con su dimisión como Presidente en 1995 al estar en desacuerdo por el alejamiento de la dirección de CCOO del PCE y su continuo giro a la derecha. En el 6º Congreso (1996) el sector mayoritario oficialista votó en contra de la candidatura a presidente para el que, el Sector Crítico había propuesto a Marcelino Camacho, por 366 votos a favor, 571 en contra, 43 abstenciones, 12 en blanco y 3 nulos.

    Hasta su muerte continuó siendo militante del PCE y miembro de su Comité Federal, así como afiliado de IU. Su carnet de miembro de CCOO era el n.º 1.




Ensayo





Sobre M. Camacho (artículos)





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    El patito de Lolo Rico entrevista a M. Camacho (emitido en La Bola de Cristal el 7 de marzo de 1988)

fuente: http://www.larepublica.es/spip.php?article21824



Entrevista a Marcelino Camacho

"Mientras haya capitalismo, habrá lucha de clases"



María José Esteso

LaRepública.es // 2006




¿Cómo será la III República en nuestro país?

Será un sistema basado en la libertad. Está claro que entre una República y otro régimen (la monarquía), el primero lo elegimos, el segundo nos viene impuesto y es hereditario. Yo creo que el ser humano por el hecho de nacer debe tener la vida asegurada, desde que nace hasta que muere. Tenerla asegurada con pleno empleo, porque sólo el trabajo crea riqueza. Por eso, la III República debería darnos trabajo, paz, libertad, igualdad y el máximo de democracia. Considero que una democracia es lo que tenemos, pero la igualdad en el sistema que reina en nuestro país no está tan clara, porque no elegimos al jefe del Estado. Las medidas que se tomaron en la II República hace ahora 75 años iban en esa dirección: el derecho a voto de las mujeres, separación de poderes, reforma agraria, sanidad pública, educación para todos y todas, en fin, un Estado moderno, igualitario con las mujeres y que quitaba protagonismo a la iglesia. Hoy podemos decir que en España existe democracia, sí, pero, ya sabéis, de la democracia, el “demos” es una cosa, y la “cracia” la tiene la banca, que limita las libertades y no tiene nada que vaya hacia la igualdad, el socialismo, todo lo contrario. Creo que es necesario no perder la memoria histórica y que se tenga en cuenta que hemos vivido una etapa muy breve, pero muy avanzada, que fue la II República. En la última fase de ésta se sublevaron el gran capital, los aparatos militares, y tuvieron el apoyo del fascismo italiano y otros sectores que determinaron la derrota de los defensores de la libertad. Y muchos hombres y mujeres lucharon y dejaron sus vidas en la defensa de la República.


¿Cómo empieza su militancia política?

Mi origen social siempre ha sido obrero. Mi padre era ferroviario, guardagujas en la Estación de La Rasa, Soria, y era militante de UGT, y en esa línea de trenes trabajé durante un tiempo. Yo preparaba la enseñanza primaria y aprendía el oficio en la estación con mi padre. En 1934 se desencadenó la Revolución de Octubre, en Asturias, allí tuvo un carácter de lucha armada y en otras partes del país se apoyó con una huelga general. Uno de los participantes de la huelga en Sevilla, el compañero Ramón Laguna Toribio, que era un factor del ferrocarril, fue castigado y lo trasladaron a la estación de La Rasa donde estaba mi padre. Él me dio los primeros materiales, por ejemplo, El Manifiesto Comunista de Marx y Engels, o la Aportación a la Crítica de la Economía, yo ya leía El Origen de la Familia. Me encontraba en posiciones de izquierdas, pero oscilaba sin concretar mis ideas. No estaba en ningún partido y gracias al compañero Ramón me planteé entrar en el Partido Comunista, e ingresé en el año 35, y hasta ahora, con 88 años, sigo militando, y acudo a todas las asambleas de Izquierda Unida de mi barrio.


¿Cuándo se fundó Comisiones Obreras?

A pesar de mi militancia en UGT al principio, consideraba que las posturas que tenía no eran del todo correctas. Naturalmente los sindicatos deben ser, en primer lugar, la fuerza de los trabajadores y trabajadoras asalariadas, porque somos la mayoría de la población. Y, en segundo lugar, porque producimos todo lo que hay, la riqueza del país. Somos imprescindibles. La patronal tiene una sola organización y los sindicatos estamos divididos. Entonces el objetivo era, es y sigue siendo unirse. Me di cuenta que estando en UGT no había manera de conseguir eso, y es cuando, con otros compañeros, analizamos la posibilidad de fundar un sindicato. Todo empezó en la mina La Gamocha, en Asturias. Allí se les daba a los mineros un saco de carbón todos los meses, y al quitarles la empresa ese carbón lo que hicieron fue crear una comisión para defenderse. Al final, tuvieron que devolverles la dotación. Bajo esta forma de comisión se hizo frente a otros problemas. La Comisión de la Gamocha estaba integrada por militantes de muchas ideologías, socialistas, comunistas, curas e incluso gente de derechas. Entonces nosotros, desde Madrid, nos planteamos estudiar qué era aquello, y nos dimos cuenta que esa forma de lucha nueva era necesaria. Y a partir de ahí creamos Comisiones. Durante un período actuamos como movimiento, y después se transformó en la organización sindical más importante de nuestro país, que es la que tenemos ahora.


¿Qué recuerda de sus años de cárcel y exilio?

Entre prisiones y campos concentración he estado 14 años preso. Me ha tocado hacer nueve huelgas de hambre, reivindicaciones que luego eran castigadas con 20 días de celda de castigo. En la cárcel los presos políticos estábamos separados de los presos comunes, normalmente. Bueno, en Francia he estado en los calabozos, pero donde he estado en la cárcel ha sido aquí. Al final de la Guerra Civil me procesaron y me condenaron a doce años y un día, aunque luego me rebajarían la pena. Tres años después, en el 1942 me mandaron al 94 Batallón Disciplinario de Trabajadores Penados en Guipúzcoa, allí cogí una infección muy fuerte que me tuvo internado en el hospital de Zumaya. Cuando me recuperé al cabo de un mes, me trasladaron al 93 Batallón de Penados en Peñaranda de Bracamonte, Salamanca. En ese tiempo se produce el desembarco de los aliados en el norte de África y me envían allí. Del campo de concentración de Tánger, enfermo de paludismo, me ingresan en el Hospital de Larache. En esos días tan duros me enteré que detuvieron a mi hermana, trabajaba para el Partido Comunista. Como estaba en las oficinas del campo de concentración un día me dijo un capitán: “me piden un informe tuyo, quieren llevarte otra vez a la cárcel". Y entonces lo que hice fue escaparme con otros tres compañeros. Al llegar a la calle los franceses que mandaban en toda esa zona, nos dieron un uniforme del ejército francés y salimos a la calle, y buscamos refugio en Argelia. Conseguí asilo político en Orán y me hice fresador. Allí conocí a Josefina, y cuando Franco reconoció que tenía que cambiar el estilo fascistoide, dio un indulto para todas las personas que se habían evadido de los campos de concentración. Para entonces yo ya me había casado y habían nacido mis dos hijos, Yenia y Marcel. Volví en el 57 a España a petición de mis compañeros. Al llegar a Madrid busqué trabajo en la empresa Perkins, como oficial fresador; no ganaba mucho, pero íbamos tirando. En el 67 me detuvieron otra vez, y salí de Carabanchel en el 72, en marzo, y en junio de ese mismo año de nuevo me mandaron a prisión.


Durante el proceso 1.001 vinieron organizaciones internacionales de derechos humanos que se entrevistaron con usted.

Sí, me cayeron 20 años, “los diez procesados suman un total de más de 161 años sin libertad”, decía el sumario. Entonces, llegaron a nuestro país representantes de Amnistía Internacional y la Organización Internacional del Trabajo (OIT) y, aunque no les dejaban, se entrevistaron con nosotros en la cárcel. Conseguimos que no hubiese ningún policía durante las conversaciones. Después sacaron un informe que no gustó nada. En noviembre de 1975, el indulto del Rey nos devuelve la libertad, y a la calle. Fueron años muy duros, pero no dejamos de organizarnos y mandar cartas a las fábricas para alentar a los trabajadores.


¿Siente que ha merecido la pena tanto sufrimiento?

Bueno, yo creo, ya sabes, que ni el trabajo, ni el pan, ni la libertad, nunca nos han regalado nada. Todo es el resultado de nuestra lucha. Naturalmente, si estamos unidos, si nos movemos, y nos organizamos, si damos alternativas, habrá merecido la pena. No se trata de negociar sin más. Nuestra fuerza debe ser nuestra bandera. Es decir, como hay clases hay lucha, y la lucha de clases tiene diferentes formas. No es que seas hábil negociando, es que sepas que en la fábrica, en tu lugar de trabajo, cuentas con el apoyo de los trabajadores.


¿Cómo se siente después de tantos años de lucha por la libertad?

Tengo 88 años, me siento físicamente bien, con algunos achaques, pero procuro no pasarme con las comidas. Desde hace muchos tiempo, Josefina y yo cenamos un yogourt y fruta, hago gimnasia todas las mañanas, pongo la manta en este pequeño espacio del comedor, porque esta casa tiene 70 metros cuadrados, llevo viviendo aquí desde 1960. Tengo muchas condecoraciones, me han nombrado Excelentísimo Señor de cinco países diferentes, tengo la Orden del Mérito Constitucional, del rey, soy Doctor Honoris Causa por la Universidad Politécnica de Valencia. He sido recibido por muchos presidentes de todo el mundo, parlamentario durante dos legislaturas, y dejé de serlo porque mi vocación era defender a los trabajadores desde mi cargo de Secretario General, pero por encima de todo me sigo considerando un obrero. Nunca he recibido el salario del sindicato, siempre de mi trabajo, he sido fresador y ahora vivo de mi paga de jubilado.


¿Cree que las movilizaciones de los jóvenes y los sindicatos en Francia pueden ser un ejemplo para España?

Sí, por supuesto. La negociación, mientras exista el capitalismo, es un elemento que forma parte de la lucha de clases. De lo que se trata es de no negociar con debilidad en el apoyo. En la economía, el valor de un producto es igual al trabajo socialmente necesario para su obtención, luego en el mercado, el precio de ese producto se vende más caro, no por lo que ha costado producirlo, eso se llama plusvalía, y la plusvalía es lo que el capital se lleva, es trabajo no pagado.


¿Qué opina de Comisiones Obreras, el sindicato que usted fundó?

Hombre, yo creo que podría, que debería, movilizarse más. Además, debería reforzarse la unidad. Es cierto que algunos documentos los firman UGT y CCOO, pero, ¿por qué tenemos que tener siete sindicatos y los patronos uno nada más?, ¿queremos la división? Hace falta unirse y tener en cuenta que debemos movilizarnos. Es necesario negociar, pero mientras exista el capitalismo hay lucha de clases, y la correlación de fuerzas es decisiva. No hay que tirar bombas, hay que conseguir mejores condiciones con la lucha pacífica de masas y clases. Si creemos que sólo negociando por muy hábil que se sea les vas a hacer que te suban el salario... Habéis visto que en Francia quieren echar a la juventud a los 26 años porque les de la gana. ¿Dónde están los derechos de los trabajadores y trabajadoras? A los jóvenes españoles les diría que el botellón no va a solucionar sus problemas, tienen que organizarse.


Usted ha viajado varias veces a Latinoamérica, ¿cómo ve los cambios de gobierno que se están dando en este continente?

Bueno, yo creo que, en primer lugar, en el mundo hay una crisis, el capital está en crisis y las crisis son cíclicas, inciden en el sistema capitalista. Hay una lucha por los mercados feroz, por la riqueza. Es decir, la explotación colonial hace que haya esas diferencias, esa lucha de clases, y en esas guerras, lo que quieren las multinacionales es seguir esquilmando toda la riqueza. Por ejemplo, la deuda externa es un gran crimen contra estos países. Al mismo tiempo existe una gran crisis, Estados Unidos tiene una deuda de cerca 70.000 millones de dólares. El capitalismo no planifica, porque cada uno lucha por ahogar al otro. Y las guerras son la lucha por apoderarse de las riquezas del otro. Si se le deja, el capital tratará de explotar a los trabajadores al máximo. Dependerá de los trabajadores, del grado de organización, de movilización. Si se es débil, el patrón tendrá más beneficios, y si es más fuerte el trabajador asalariado, la trabajadora asalariada, tendrá mejores condiciones.


¿Qué le parece la guerra de Iraq?

Es una atrocidad, una barbaridad. La guerra de Iraq no debió de hacerse, es un crimen de Estado, no tiene vuelta de hoja, es una masacre. Estados Unidos está cometiendo un delito, sencillamente.


¿Qué papel ha tenido el Partido Comunista de España? ¿Puede seguir transformando la sociedad?

Yo creo que el Partido Comunista ha sido la fuerza más combativa, no la más grande, el partido socialista ha tenido más gente que el partido comunista. Lo que sucede es que el sistema electoral nos ha dado menos diputados en el parlamento, nos perjudica, y los recursos, las radios, los periódicos, las televisiones están dominados por ese gran capital.


Usted ha firmado el Manifiesto por la República, ¿qué le ha parecido esta iniciativa que han tomado escritores, artistas e intelectuales de nuestro país?

Me parece muy positivo que se revindique lo que significa la República. Yo soy partidario de que todos elijan, que se elija a gente que esté al lado del pueblo y que pueda hacer cosas. Creo en la República siempre que nada esté dominado por nadie, nada más que por los que el pueblo elijan. No es por casualidad que el rey haya visitado Francia estos días. Dice un editorial de la prensa: “estos son tiempos de reconciliaciones y este es un rey casi republicano de visita oficial en una república casi monárquica...”. Es decir, que las piruetas de esta gente, ciertos gestos, no son por casualidad. Durante la República se deban pasos que avanzaban hacia el socialismo, y por eso se sublevaron los militares, no se sublevaron por nada, sino porque las medidas que iba tomando el Frente Popular caminaban hacia la igualdad, hacia la justicia.

fuente: http://www.publico.es/espana/183097/fid ... izquierdas



ENTREVISTA A MARCELINO CAMACHO

"Fidalgo no es de izquierdas"



P. Rusiñol

Público // 14 de diciembre de 2008




Sigue donde siempre: en Carabanchel, en un piso de 60 metros que compró hace 58 años por 173.000 pesetas, con su esposa y compañera inseparable, Josefina Samper. Viste, como siempre, la ropa que ella le teje, jersey, pantalón: todo.

Y a punto de cumplir 91 años, Marcelino Camacho, el histórico fundador de Comisiones Obreras, piensa como siempre: "Hay clases y la lucha de clases sigue vigente", explica, antes de dar su receta para el momento: "Los trabajadores deben unirse porque se ha avanzado mucho en democracia, pero poco en igualdad".

Si la salud le acompaña, Marcelino Camacho dirigirá el miércoles un saludo a sus camaradas de Comisiones Obreras en el arranque del IX congreso. No es seguro: tiene un aspecto espléndido, sin apenas arrugas. "Esto se explica por el jugo de zanahoria que le preparo cada mañana", asegura, orgullosa, Josefina, pero se mueve con mucha dificultad y la cabeza no siempre le funciona con la precisión de antaño.

"Es duro, pero no nos quejamos: vamos tirando con la ayuda y el calor de amigos y familiares", explica Josefina. Entre ambos suman 1.500 euros de pensión y se apañan bien, acostumbrados como están a toda una vida de austeridad y militancia.

Marcelino Camacho pasó en total 14 años de prisión durante la dictadura y el próximo 20 de diciembre se cumplen 35 años del Proceso 1.001, el célebre juicio en los estertores del franquismo que arrancó el mismo día en que asesinaron a Carrero Blanco. Lo tiene muy presente: entre los papeles que están sobre la mesa destaca la explicación que del proceso da Wikipedia, la enciclopedia libre de Internet. Se la trajo hace poco una estudiante: el papel está subrayado y le ha dado el visto bueno. "Me gusta porque me han dicho que esta enciclopedia es gratuita", sonríe.

"En aquellos años luchábamos por la paz, la libertad y la democracia y, naturalmente, me parecía muy bien. Pero siempre quise agregarle algo: la igualdad", repite con voz pausada una y otra vez. Su conversación parece deshilachada, la edad y la enfermedad no perdonan, pero siempre tiene coherencia. La igualdad es su hilo conductor: "Hemos avanzado muchísimo en democracia y estoy muy orgulloso de ello, pero nos queda pendiente la igualdad desde muchos puntos de vista: para los trabajadores, para las mujeres, etcétera. Y para lograrlo es muy importante la educación".

El humilde piso familiar, un cuarto sin ascensor, se ha convertido en una auténtica casa-museo. Hay una habitación minúscula atiborrada de papeles, libros y condecoraciones. Y por el comedor y toda la casa se amontonan los recuerdos: fotografías, cuadros, regalos y periódicos recientes, muy subrayados. De su bolsillo saca orgulloso un carné: el de diputado comunista por Madrid en 1977. Y asegura que tiene otro en el mismo escondite, pero ni siquiera lo muestra, no sea que vaya a estropearse: el carné de militante número uno de Comisiones Obreras. "Mientras viva, continuaré con esta militancia", recalca.

Camacho está orgulloso del sindicato que fundó: "Comisiones, hoy, sigue luchando por lo mismo de siempre". Esto pesa mucho más que las discrepancias que mantuvo con sus sucesores, Antonio Gutiérrez, primero, y José María Fidalgo, después, y que le llevaron a alinearse con el sector crítico de Agustín Moreno, vinculado al Partido Comunista de España (PCE). "Marcelino siempre dijo que se jubilaría con la edad, pero algunos tenían demasiada prisa", explica Josefina. Y añade: "Siempre consideró como a un hijo propio a Agustín Moreno y seguimos apoyándole, aunque naturalmente ya no tenemos salud para ir a las reuniones". Marcelino escucha y asiente.

Ante el interrogante si se ha derechizado Comisiones Obreras, la respuesta es tajante: "Nosotros somos de izquierdas. Hay clases y lucha de clases. Los patronos tienen intereses distintos al nuestro y en el sistema capitalista se explota a los trabajadores", argumenta el viejo sindicalista, tajante. Pero no elude la polémica. ¿Cree que José María Fidalgo es de izquierdas? "No es de izquierdas", afirma con sonrisa pícara, antes de añadir: "Es neutro. Tampoco diría que es de derechas".

"Hemos luchado mucho y a veces nos preguntamos si ha servido de algo", interviene Josefina. "Lo único que queríamos era asegurar la vida y el trabajo de la gente. En cambio, vemos que la cosa está cada vez peor". "Incluso vemos por televisión los despidos en Perkins, la empresa en la que trabajó Marcelino, y nos parece que las cosas se están poniendo realmente mal".

"Sin duda, sí", contestan al unísono cuando se les pregunta si mereció la pena tanto esfuerzo. Y Josefina muestra su satisfacción porque sus dos hijos hoy ya jubilados también se sumaron a la lucha "sin que nadie se lo pidiera". "He tenido un buen trabajo y mucha suerte con Josefina y la familia. Ahora tengo dificultades físicas, pero, ¿qué más puedo pedir?", agrega Marcelino.

Aunque sus familiares y amigos les visitan, la vida cotidiana es cada vez más complicada. Josefina tiene 81 años y está agotada. Y la salud de Marcelino se deteriora. En casa, cuentan con la colaboración de una amiga y barajan pedir alguna ayuda social. Pero ahí continúan, cada día, cuidándose el uno al otro. "Entre nosotros, sólo peleamos por una cosa y no ha cambiado, sigue como siempre", se queja Josefina. No es por Lenin, cuyo busto sigue presente en el comedor, ni por el eurocomunismo, ni por la política sindical. La pelea es por el uso del baño y no tiene tregua. "Marcelino se encierra allí y no sale hasta mucho después, cuando está bien limpio y afeitado. ¡Y sólo tenemos un baño!".

La rutina cotidiana es sencilla: alguna visita, leer, ordenar papeles y la casa, comer de forma muy frugal, "hace años que por la noche sólo comemos fruta", explica Josefina, que lo considera una de las claves de la longevidad, una siesta... Todo en el mismo lugar de siempre; día tras día, año tras año.

Cuando estaba de novia, Marcelino era muy delgado, demasiado: "pesaba sólo 45 kilos", rememora Josefina.

"Nunca fui de comer mucho y en esos años había dificultades", aclara Marcelino.

"Mis amigas me decían: ¡Cuidado que vas a enviudar antes de casarte!".

Han pasado más de 60 años y no han muerto ni sus ideas.

fuente: http://www.publico.es/espana/344138/mar ... la-persona



Marcelino Camacho, la persona



Agustín Moreno. Secretario de Acción Sindical de CCOO de 1978 a 1996.

Público // 29 de octubre de 2010



La figura de Marcelino Camacho como líder sindical de CCOO y como dirigente comunista es más conocida y está siendo glosada tras su fallecimiento: es uno de los grandes protagonistas de la Historia de España del último medio siglo, fue una pieza clave en el resurgir del movimiento sindical tras la gran derrota de la Guerra Civil. También es conocida la parte biográfica y la familiar, por ser una persona absolutamente transparente tanto en sus ideas como en su forma de vida.

Querría apuntar algunos rasgos del rico prisma de su personalidad. Personifica la mejor tradición obrera; históricamente fueron los más honestos, austeros, cualificados, sobrios, autodidactas y con mayor conciencia de clase son los que organizan los sindicatos. Marcelino reunía estas cualidades.

De una honestidad a prueba de bombas, vivió casi toda su vida en un pequeño pisito sin ascensor en el barrio obrero de Carabanchel, manteniendo una relación muy cordial con sus vecinos. Él nunca buscó el enriquecimiento o el medro personal. Por eso y por su solidez ideológica fue impermeable a los halagos del poder, esos cantos de sirena que encandilan y echan a perder a más de un dirigente.

Era muy austero, vestía con modestia y son conocidos aquellos jerséis de cuello vuelto y cremallera que Josefina le tejía para la cárcel; comía de forma frugal, nunca fumó y lo más fuerte que bebía era zumo de limón como recuerdo de las enfermedades que pasó en Argelia. Físicamente siempre se cuidó, porque sabía que para hacer la revolución hay que estar en forma y hay que durar, que la cosa iba para largo, andaba y no perdonaba su tabla de gimnasia al amanecer. Desde que tuvo que abandonar la presidencia del sindicato en 1996, se movía por Madrid en el metro y los autobuses o gracias a algunos compañeros que le acercábamos a las reuniones o manifestaciones.

Buen trabajador, aplicaba aquella máxima de "primero cumplir y luego reclamar". Fresador y ayudante de ingeniero, bien valorado por sus compañeros y jefes en la fábrica, estaba orgulloso de su competencia profesional. Era una persona inteligente y muy lúcida. Formado por su cuenta y en la cárcel, siempre leyendo, subrayando, páginas, interesado por los temas de la actualidad. Nunca perdió el norte, supo orientarse ante los cambios y siempre tuvo claro que hay que apostar por los trabajadores, por la clase obrera como sujeto histórico del cambio, ya que el mundo no está hecho a la medida de los más débiles.

Su gran fuerza es la de sus ideas y sus convicciones. Maestro de obreros, tenía mucha fuerza cuando explicaba las cosas, y éstos siempre le escuchaban con gran atención sus análisis globales y concretos, de didáctica insistente y apasionada para intentar convencer. Nunca persiguió a ningún discrepante, porque no los consideraba ninguna amenaza y porque siempre estuvo muy sobrado de autoridad moral, tanto ante los amigos como ante los enemigos. De ahí su talento para sumar y no para restar.

Como era una figura tan conocida e identificable por su aspecto y buena mata de pelo blanco muchas personas le saludaban y él se paraba a darles la mano a todos (antes al conserje que al ministro) y a conversar con ellos; era un espectáculo verle, armado de paciencia, intentando convencer a su interlocutor por alejado que estuviera de sus ideas, porque siempre confió en la fuerza del diálogo.

Tuvo una gran capacidad de sacrificio ante los costes de su lucha (la cárcel, el despido, la marginación). Por ello es mítico su coraje y voluntad de hierro para no rendirse ni tirar la toalla nunca y seguir combatiendo el desorden del sistema. En las últimas semanas, desde la cama del hospital, seguía diciendo a sus nietos: "siempre adelante, hay que seguir luchando, si uno se cae hay que levantarse".

Marcelino superó todas las pruebas ante las decisiones difíciles, al defender la independencia de CCOO en momentos claves como la tramitación del Estatuto de los Trabajadores, la tarde-noche del 23 de febrero de 1981 que compartimos en un comité de enlace con la UGT, ante la concertación social y en muchas otras ocasiones.

Tenía un pensamiento avanzado y arriesgó en muchos campos. Recuerdo, por ejemplo, al ver la foto de la primera Ejecutiva Confederal, su apuesta valiente por la juventud y la renovación de la dirección del sindicato. Era increíble que, a finales de los años 70, chavales de veintitantos años compartiéramos responsabilidades y trabajásemos codo con codo con alguien que para nosotros era ya un auténtico mito y que sería nuestro maestro y un padre sindical y político.

Coherente hacia fuera y hacia dentro, fue fiel a su clase y a sí mismo. Exigió la democracia en el país en plena dictadura y defendió la democracia interna en las organizaciones donde ha militado, con posiciones libres aunque se quedase en minoría y ello tuviera consecuencias. De entre la multitud de homenajes y premios que ha recibido, uno de los que más le enorgullecían era el premio a la Coherencia de Guardo. Premio que, como de coherencia se trata, compartía con su querida compañera Josefina Samper.

Pero, sobre todo, Marcelino era bueno. Resaltaba muy especialmente su calidad humana, que se expresa en la bonhomía y en un carácter cariñoso. Sin doblez y sin rencor hacia nadie, ni siquiera hacia los pocos que no le trataron bien. Tenía una grandeza personal que impresionaba y que él tapaba con su sencillez. Era capaz de preocuparse por los demás, por su situación personal, sus sentimientos o problemas. Ese Marcelino que en plena negociación del Acuerdo Nacional de Empleo llamaba a altas horas de la noche para preocuparse por la otitis de mi hija y asesoraba sobre la aplicación de calor seco con una bombilla y un cucurucho o daba consejos a una embarazada sobre las más recientes técnicas del parto sin dolor. Fíjense en las fotos: casi siempre nos sonríe y la mirada franca es una puerta abierta. Amable y afable, no tenía un mal gesto y sí palabras de ánimo, de felicitación y de condolencia en toda suerte de bodas, bautizos y funerales en los que siempre aparecía. Castellano viejo era parco en la expresión de sentimientos, pero en los últimos años era más piel que cabeza y desarrolló una gran capacidad de afectividad.

Hace unos años llevé a Marcelino al instituto a Fuenlabrada y antes les dije a los chicos: buscadle en Internet, en el Larousse y cuando venga aquí, si veis a un abuelo apacible, no hagáis caso de las apariencias. Marcelino Camacho es importante, muy importante, aunque no es rico, vive modestamente y hoy no tiene poder sindical ni político directo. Pero es un personaje histórico y una persona indomable, que no se ha plegado nunca ante nadie. Sólido y próximo, concreto y con la línea del horizonte en su mirada, no les defraudó. Aquellos pocos alumnos saben quien es Marcelino, pero si hoy les preguntamos a muchos otros no sabrían quien era, aunque quizá conozcan al Che Guevara a Mandela y seguro que a las alineaciones de los equipos de fútbol.

En estos momentos tristes hay que preguntarse: ¿qué estamos enseñando? ¿qué país es aquel que no reconoce a sus mejores hombres? Marcelino siempre educó en valores y lo hizo con su testimonio. A nosotros nos queda su ejemplo en estos tiempos difíciles, donde además de referentes políticos necesitamos, sobre todo, referentes morales. Quizá por eso hoy (personalidades aparte) quienes han venido a despedirle son trabajadores y trabajadoras, jubilados, parados, también jóvenes, gentes del pueblo llano que quiere darle las gracias.

[Comunicado del PCE]

Con profundo dolor y consternación acabamos de recibir la noticia del fallecimiento de nuestro querido camarada Marcelino Camacho.

Militante del PCE desde 1935, Marcelino, revolucionario, sindicalista, luchador antifranquista, internacionalista, dirigente del PCE, Secretario General y Presidente de CC.OO. dedicó su vida a la lucha por la mejora de las condiciones de vida de los oprimidos y oprimidas, por la libertad, el socialismo y el comunismo hasta el último minuto de su vida con una coherencia que hacen de él un ser excepcional.

El PCE manifiesta su cariño y solidaridad con Josefina, su inseparable compañera sin la que su obra no hubiera sido posible, con Yenia y Marcel sus hijos, con Vicenta su hermana, con sus nietos y demás familia a los que tiene muy presentes en estos momentos de dolor y tristeza.

El PCE llama a toda su militancia, a sus amigos y amigas y a los trabajadores y trabajadoras a expresar sus condolencias por tan irreparable pérdida visitando la capilla ardiente que se instalará en el auditorio Marcelino Camacho, junto al local de la USMR de CC.OO. y participando en la despedida pública que se realizará en la Puerta de Alcalá y sobre cuyos detalles informaremos desde la página web del PCE.

NOTA: la capilla ardiente se abrirá a las 10,00 a.m. en el auditorio Marcelino Camacho C/ Lope de Vega, 40 de Madrid. El sepelio será el sábado a las 12,00 horas



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